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Sobre el arte de sanar una esfera de piedra

Las piedras se enferman. Aunque son materiales inorgánicos, las piedras sufren por los cambios bruscos de temperatura, por el crecimiento de microorganismos, por el fuego, por el maltrato humano y de la naturaleza. Por eso se enferman.

Las piedras, que son viejas de por sí, envejecen y se deterioran; pierden capas, se fragmentan, se disgregan, cambian y a veces se vuelven otras. La lluvia, el sol, la nieve, los sismos, el paso del tiempo…Todo afecta de una u otra manera a las piedras y, en gran medida, gracias a eso tenemos arena en el mar, suelos, cuevas, montañas y muchas cosas hermosas y útiles.

Las rocas han sido parte fundamental de nuestra vida. Foto: Diego Matarrita.

Aunque ahora las piedras nos parecen lejanas y solo útiles para decorar o construir, ellas siempre han estado vinculadas a nosotros. De la piedra salieron las primeras herramientas para cortar, para cazar, para abrir claros en el bosque, para construir viviendas, para prender fuego y procesar alimentos.

De la piedra también salieron armas, muchas letales y efectivas para producir dolor y muerte. Las piedras han sido mucho, y casi todo, en buena parte de la historia de la humanidad.

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Puñal de piedra. Colección Museo del Jade y la cultura precolombina. Foto: Diego Matarrita.

En tiempos recientes hemos ido abandonando a las piedras y cada vez estamos mas lejos de ellas. Por eso no las percibimos cercanas y hasta hablamos de ellas como insensibles, sin alma, sin ser.

Sin embargo, hay piedras que tienen alma, que tienen un ser. Estas rocas con alma son aquellas que han sido escogidas para plasmar pensamientos e ideas; aquellas que fueron transformadas en útiles que sirvieron para dar o quitar vida. Son aquellas rocas que han eternizado el pensamiento y las capacidades humanas.

En el mundo de la piedra transformada hay un grupo al que le he dedicado buena parte de mi vida. Son las esculturas de tiempos precolombinos fabricadas y usadas en el Diquís. Mas que estudiarlas, mi relación con ellas ha sido de cercanía familiar. Esta cercanía, especialmente con las esferas de piedra, me ha permitido sentir su deterioro, los riesgos y peligros por su exposición a las condiciones medioambientales y al des-cuido humano.

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

Desde 1991, año en que inicié mis investigaciones en el delta del Diquís, empezó mi vínculo emocional con las esferas de piedra. Encontrar algunas de ellas en su lugar original; ver el estado de abandono y darme cuenta que eran invisibles en la arqueología y en la protección patrimonial, generaron en mí un compromiso que no tuve anteriormente con otros objetos.

Desde entonces, siendo funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y luego como arqueóloga independiente, he mantenido la preocupación constante por las esferas. Preocupación que en algunos casos se convirtió en dolor, en sentimiento de culpa y en frustración.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2009.

Uno de mis mayores dolores, desde que la encontré en 1991, ha sido la esfera del sitio El Silencio. Esta es la más grande de todas. Tiene un diámetro de dos metros con sesenta y seis centímetros y su peso se calcula en 24 toneladas. Es la esfera emblema. La madre-esfera.

A pesar de haber sido fabricada en un sólido bloque de roca ígnea (granodiorita, según los análisis especializados), esta esfera estaba muy deteriorada desde que la encontramos. Este deterioro se fue acrecentando con el tiempo hasta convertirse en una real amenaza de perdida total de su superficie esculpida.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2015. Foto: Diego Matarrita.

La esfera de El Silencio- evocador nombre dado desde tiempos inmemoriales al lugar donde se encuentra- ha sufrido mucho. En 1991, en sus alrededores hacían quemas para sembrar arroz y otros alimentos. Por el fuego y su misma composición geológica fue debilitándose y perdiendo capas (laminaciones o exfoliaciones) que amenazaban su forma escultórica.

Estaba agrietada, y por la exposición a la intemperie y a los cambios bruscos de temperatura la pérdida de capas se fue haciendo mas pronunciada a lo largo del tiempo. Además, por el clima tropical crecían múltiples microorganismos sobre ella que de una otra manera la afectaban. El deterioro parecía no tener fin.

En junio del 2014, el sitio arqueológico El Silencio y su esfera emblema fueron incluidos en la declaratoria de los Asentamientos precolombinos cacicales con esferas de piedra del Diquís como patrimonio mundial de la UNESCO. Este sitio y otros tres mas (Finca 6, Batambal y Grijalba) fueron reconocidos como parte del patrimonio de la humanidad. Esto cambió su suerte.

Al convertirse el sitio El Silencio en parte del patrimonio mundial sucedió algo muy importante: había que garantizar la conservación de los bienes patrimoniales incluidos en la declaratoria. Esta responsabilidad era una tarea del estado costarricense, pero ayudar en la conservación de los mismos, también era responsabilidad de los países miembros de la UNESCO.

Gracias a esta declaratoria, el Museo Nacional de Costa Rica -ente estatal encargado de administrar este sitio de patrimonio mundial- buscó colaboración internacional para atender la restauración y la conservación de la esfera del sitio El Silencio. Esta colaboración la encontró en México, un país con una larga y probada trayectoria en conservación del patrimonio arqueológico.

Después un proceso de estudio y documentación de tres años que permitió hacer un diagnóstico y definir los tratamientos, en abril del 2019 un equipo de especialistas inició la restauración de la esfera.

La esfera enferma iba a ser sanada y tratada de acuerdo a los protocolos internacionales. La roca dañada sería intervenida y sus enfermedades y achaques curados o mitigados.

La Dra. Isabel Medina, experta en restauración y conservación, junto a Javier Fallas y Alfredo Duncan del Museo Nacional de Costa Rica retocan los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto Diego Matarrita

El conocimiento experto de la Dra. Isabel Medina, arqueóloga y especialista en restauración y conservación, dio la pauta para llevar adelante el proceso de restauración de la esfera de El Silencio. Ella, junto con un equipo de especialistas del Museo Nacional de Costa Rica y con el apoyo de otras instituciones tuvieron la responsabilidad de restaurarla y sanarla.

Alfredo Duncan y Javier Fallas en labores de restitución cromática de los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto: Diego Matarrita.

Después de limpiarla y eliminarle los microorganismos y la suciedad que la cubrían, empezaron a sanar sus heridas, a rellenar los puntos débiles con una mezcla de cal y arena previamente probada y a pegar fragmentos desprendidos. Ya curada, le hicieron retoques de pintura (restitución cromática) para que la mezcla de cal y arena adherida no contrastara con el acabado natural.

A lo largo de un mes de trabajo, la esfera del sitio El Silencio y el empedrado de cantos rodados que está asociada a ella fueron intervenidos. Por primera vez se hacía un trabajo integral de restauración de una esfera conservada en su lugar original.

A mitad de mayo, cuando ya casi estaban por acabar el proceso de restauración pedí permiso para visitar el sitio y documentar parte del proceso. Entrevisté a la Dra. Medina y le pedí que nos dejará filmar su explicación del proceso. En el video adjunto podrán escucharla. Diego Matarrita, quien me acompañó a la gira fue quien lo grabó y lo editó.

El proceso de restauración de la esfera de piedra del El silencio tuvo gran cobertura mediática. Diversos medios de comunicación nacionales e internacionales informaron sobre el mismo. Fue todo un acontecimiento en la arqueología nacional.

Para mí, la restauración de la esfera de El Silencio constituyó un alivio y, en cierta medida, una liberación. Verla reparada y atendida como a una enferma que merecía un trato especial me dio mucha alegría.

Esfera del sitio El Silencio días después del proceso de restauración. Foto: I Quintanilla.

Yo inicié este blog en el 2012 y lo llamé “El Drama de las esferas“. Lo llamé así en gran medida por el drama de la esfera de El Silencio y sus enfermedades no atendidas. Hoy una parte de ese drama se ha subsanado, sin embargo quedan muchas esferas, muchos sitios arqueológicos necesitados de atención, cuido y conservación. La tarea no ha terminado.

Las esculturas de piedra llevan el alma de quienes la labraron, de la época y de las motivaciones con las que fueron hechas.  Cargan con el paso del tiempo. Es nuestra responsabilidad cuidarlas y garantizar que esa alma siga viva.

=======================================================================Mas información en el siguiente enlace:

p://www.museocostarica.go.cr/boletin/entrevistas/461-profesionales-de-costa-rica-y-méxico-se-unen-para-conservar-y-restaurar-la-esfera-de-piedra-precolombina-más-grande-del-pa%C3%ADs.html#sthash.OjDFn4V8.dpbs

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Las esferas pintadas de Pejibaye de Pérez Zeledón

Durante  muchos años fue una práctica común en Costa Rica decorar los jardines de las casas, los parques públicos o la parte frontal de los templos católicos o las instituciones públicas con esferas de piedra precolombinas. Eran esferas extraídas de sitios arqueológicos del sur del país que, sin ningún cuidado ni control científico, eran sacadas de sus lugares originales.

Las esferas se convirtieron en elementos decorativos, sin valor científico ni patrimonial y sin significación histórica. Ubicadas en un nuevo paisaje y en otro contexto social e histórico, quedaban sujetas a las decisiones de sus nuevos poseedores.

En su nueva vida, muchas de estas esferas fueron a sometidas a nuevos sentidos estéticos y a nuevas formas de presentación pública.

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Esfera extraída de algún sitio arqueológico ubicado en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur y que hoy día está situada en el parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hace varios años visité el pueblo de Pejibaye de Pérez Zeledón para estudiar un conjunto de esferas precolombinas. Cuando llegué al centro del pueblo me encontré con  la sorpresa de cuatro esferas colocadas en las esquinas de la plaza de fútbol, todas ellas pintadas de color verde con rosado.

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Esfera precolombina pintada a tono con un monolito que sostiene una placa conmemorativa moderna. Plaza de deportes de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla

Ellas, a tono con las bancas y otras obras de la plaza, habían perdido su identidad indígena y su cualidad de piedra labrada en tiempos antiguos. Ahora eran nuevas y coloridas esferas, irreconocibles a menos que alguien le dijera a una que eran de manufactura precolombina y que habían sido halladas en las cercanías.

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Pejibaye se ubica en un hermoso valle del interior de la cordillera Costeña. Esfera ubicada en una de las esquinas de la plaza del pueblo. Foto: I. Quintanilla

Es probable que la motivación de pintar las esferas en Pejibaye haya tenido relación con el hecho de que esas esferas fueron fabricadas en roca arenisca. Quizá les parecían feas, poco acabadas, sin brillo, o puede que haya sido un asunto estético, tan común en el campo costarricense, donde gustaban, y gustan, las cosas pintadas con colores llamativos.

El  actual pueblo de Pejibaye está asentado sobre dos sitios arqueológicos –Tenorio y Pejibaye– registrados en los años noventa el siglo pasado, pero que han sido poco estudiados. Estos dos sitios arqueológicos son antiguos asentamientos indígenas de hace por lo menos 1500 años. Ahí se han registrado once esferas de piedra junto con montículos artificiales, cerámica y otros restos culturales.

Un aspecto muy relevante de la zona de Pejibaye es la considerable cantidad de esferas registradas. Esto es especialmente relevante porque es un pequeño valle de la cordillera Costeña y no un sitio principal del delta del Diquís, que es donde se han documentado los mayores conjuntos de esferas dentro de un mismo yacimiento.

Otro aspecto significativo del hallazgo de esferas en la zona de Pejibaye es que nueve de ellas fueron fabricadas en arenisca, que es un tipo de roca sedimentaria de grano fino, medio o grueso que difícilmente adquiere brillo y que se deteriora con relativa facilidad.

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Esfera fabricada en arenisca, un tipo de roca sedimentaria poco utilizada en la fabricación de esferas precolombinas. Esfera ubicada en la iglesia del pueblo de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I.Quintanilla.

Los registros de esferas precolombinas fabricadas en roca sedimentaria, como las areniscas de Pejibaye, son escasos. De hecho, las nueve de  Pejibaye son un caso especial, ya que la mayoría de las esferas del Diquís fueron fabricadas en rocas ígneas de tipo gabroide o granitoide, que tienen como cualidad su dureza y su capacidad de ser labradas y de adquirir brillo mediante abrasión.

Cuando revisé una a una las esferas pintadas de Pejibaye me sentí muy triste y frustrada. Estaban totalmente cubiertas de pintura acrílica industrial -un material muy difícil de remover sobre piedras porosas como las areniscas- y parecía que no era la primera vez que las pintaban porque se observaban capas anteriores.

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Esfera fabricada en roca arenisca y decorada con pintura acrílica en tiempos recientes. Plaza de Pejibaye de Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla.

Lo de la pintura era triste. A esta acción tan irracional había que agregarle la remoción de su lugar original, porque aunque estaban en el mismo pueblo donde fueron halladas, no se conservó ningún dato de la ubicación exacta del hallazgo, ni de los materiales a los que estaban asociadas. No quedaron fotos, ni mapas, ni detalles escritos del momento en que las movieron y trasladaron a la plaza ¡Eso si que era terrible!

A la fecha, solo hay una esfera en su lugar original en el pueblo de Pejibaye. Es una hermosa esfera de unos 120 cm de diámetro que se encuentra en la propiedad del Colegio Técnico de Pejibaye. Fue fabricada en gabro y parece ser muy simétrica y tener un acabado muy pulido.

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Esfera en su contexto original en Pejibaye de Pérez Zeledón. Así se miraba en el 2003. Foto: I. Quintanilla.

Yo espero que la esfera del Colegio Técnico de Pejibaye siga enterrada. Lo ideal sería estudiarla a ella, a sus hermanas y a todo el conjunto arqueológico de Pejibaye. Sería una pesadilla saber que esta esfera corrió la misma suerte de sus hermanas verderosaceas, o que ya no está ahí donde la registré en el 2003.

Pensando en las esferas de Pejibaye, me da mucha pena que haya tantas esferas sin identidad, sin estudiar ni proteger. Todos los sitios arqueológicos con esferas, así como  las esferas sacadas de contexto, merecen tanta atención como  los cuatro sitios arqueológicos de Osa declarados patrimonio de la humanidad por sus esferas de piedra.

Me duelen las esferas pintadas; igual me duelen todas las demás esferas y todos los sitios arqueológicos del país que no tienen ninguna protección, ni son sujetos de investigación ni son valorados patrimonialmente.

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En el 2003 esta esfera de arenisca con acabado irregular estaba abandonada en una propiedad a un costado de la plaza de deportes de Pejibaye. Foto: I. Quintanilla.

Hay que remover la pintura del desamor, de la falta de compromiso con el patrimonio arqueológico de este país. Quizá sea hora de ir a despintar y de limpiar la conciencia colectiva por cada brochazo de pintura lanzado contra este ignorado patrimonio.

Quizá sea hora de dejar de ser gente a la que le gustan las cosas bonitas y pintadas puestas en museos; ya toca ir al campo; ya toca ir a proteger lo que está abandonado y no para extraer y volver a pintar, sino para que nadie más pinte nuestro patrimonio a juego con los muebles, ni decore sus casas con él, ni construya sobre él, ni pase sobre él.

 

 

 

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Lo natural y lo creado: de la diferencia entre lo esférico y lo redondeado

Hace unas semanas estuve en Isla del Caño haciendo un pequeño trabajo. Estando ahí, conocí a una agradable pareja de voluntarios alemanes que me ayudaron con varias tareas importantes. Una de estas tareas fue la de fotografiar y documentar los materiales arqueológicos que hay en la isla.

Hoy recibí los archivos con las fotos y el inventario de los materiales arqueológicos que hicieron. Dentro de todo lo que me enviaron encontré una imagen que me gustó mucho. Quiero compartirla porque muestra algo a veces difícil de explicar.

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Esfera precolombina de 38 cm de diámetro junto con canto rodado sin modificar. Isla del Caño. Foto: Andreas Rosenberger.

Esta foto muestra a una de las dos esferas precolombinas que hay en la isla junto con un canto rodado que no ha sido modificado. Ambas rocas fueron llevadas allá en tiempos precolombinos por la gente indígena que vivió ahí. Muy probablemente son rocas extraídas del río Grande de Térraba y de algún afloramiento rocoso  de la Cordillera Costeña, en Osa.

Estos dos piedras muestran algo muy importante: exponen la diferencia entre ser una roca redondeada -en este caso por la acción del arrastre en un río a través de largas distancias junto con otras rocas-,  y ser una roca esférica como resultado del trabajo escultórico.

La esfera es una escultura basada en un canto rodado como el que está a la par u otro tipo de bloque de piedra. En ella hay trabajo, conocimiento e intencionalidad.

El canto rodado es una esfera en potencia. En él también hay trabajo porque fue extraído desde un río y llevado hasta la isla; lo que no se observa son huellas que atestigüen que fue modificado por la acción humana.

La roca redondeada es producto de la naturaleza; la roca esférica es producto de la acción humana. Una lleva a la otra; pero no son lo mismo.

Nota: Para leer mas sobre Isla del Caño y sus ocupaciones precolombinas: El Atlas precolombino de isla del Caño

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Mi profundo agradecimiento a Andreas y Veronica por su gran ayuda y espíritu de colaboración.

 

 

 

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El Atlas precolombino de isla del Caño

Uno de los mitos clásicos del mundo occidental es el de Atlas. Este titán fue castigado por los dioses a cargar la bóveda celeste infinitamente. Al respecto dice Judith Marquez (http://sobreleyendas.com/2010/11/06/atlas-el-pilar-del-firmamento/) lo siguiente:

“Atlas, el más fuerte de los Titanes, era hijo de Jápeto y Clímene, titán y ninfa respectivamente. Prometeo, su hermano, fue castigado por los dioses por haberles robado el fuego  y llevárselo a los hombres. Su otro hermano, Epitemeo, se casó con la curiosa e imprudente Pandora, la responsable de abrir la caja que contenía todos los males de la humanidad. El tercero, Menecio, murió por un rayo de Zeus y acabó en el Tártaro, el infierno de la Antigüedad.

Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, fue Atlas quien los lideró, posicionándose a favor de Cronos. Por otra parte, Prometeo y Epimeteo se aliaron con el enemigo. Esta guerra duró diez largos años, al final de los cuales los Titanes fueron derrotados y desterrados al Tártaro. Todos menos Atlas, para el que Zeus, que tenía mente retorcida, preparó una castigo ejemplar: cargar con la bóveda celeste para toda la eternidad y ser responsable del correcto movimiento de las estrellas.”

Atlas cargando la bóveda celeste.

Hace unos días hice una visita a isla del Caño con un grupo de guías de turismo a quienes estaba capacitando en temas de arqueología del Pacífico Sur de Costa Rica. Fuimos a la isla porque, además de su importante riqueza natural, también posee una importante ocupación humana de mas de 3000 años de antigüedad.

Llegamos, nos bajamos del bote y nos registramos con Alfredo y Olger, los guardaparques. Mientras charlábamos y comentábamos con ellos sobre las antiguas ocupaciones indígenas de la isla, Alfredo dijo que nos iba a mostrar algo. Ese algo es lo que podríamos llamar “el Atlas de isla del Caño”.

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Personaje cargando una esfera. Figura modelada en arcilla cocida. Procedencia: isla del Caño. Fotografía cortesía de Flaubert Quirós.

Hasta ahora no había visto ninguna representación de una personaje cargando una esfera. Este hallazgo en isla del Caño es único, a la vez que es muy significativo porque en la isla hay dos esferas que fueron trasladadas desde tierra firme -a mas de 17 kilómetros de distancia- en tiempos precolombinos.

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Esta es la esfera de mayor tamaño que hay en isla del Caño. Está en la parte alta de la isla a una altitud de 100 metros sobre el nivel del mar. Fue trasladada vía marítima y subida a la parte plana de la isla probablemente con mucho esfuerzo. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Erróneamente se insiste en decir que isla del Caño era un lugar usado únicamente como cementerio de gente importante que vivía en tierra firme. Según la versión popular, a la isla llevaban a enterrar a personajes importantes y, en algunos casos, hasta se insiste en decir que era un cementerio sagrado.

Lo que tenemos documentado a través de las investigaciones arqueológicas es que la isla, además de haber sido usada como sitio funerario, fue principalmente un lugar donde vivió gente indígena por mas de 3000 años. Esta antigüedad es muy importante porque indica que se había desarrollado un sistema de navegación que permitía llegar hasta la isla desde las tierras costeras.

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En isla del Caño se encuentra abundantes fragmentos de vasijas de cerámica y objetos de piedra como piedras de moler, fragmentos de esculturas, entre otros. Estos restos son testigos a las antiguas ocupaciones precolombinas. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Los abundantes restos de cerámica, las piedras del río Grande de Térraba dispersas por la parte llana de la isla, los múltiples objetos de piedra y otro restos indican que la gente que vivía ahí mantenía un fuerte vínculo con la gente del delta de Sierpe-Térraba, en Osa, y otros lugares vecinos.

Isla del Caño formó parte del circuito de pueblos con esferas de piedra del Diquís. El gran esfuerzo que supuso subir hasta la parte alta, a 100 metros sobre el nivel del mar, una esfera de mas de 500 kilos muestra que esta filiación era fuerte y relevante.

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En isla del Caño se encuentran diversos restos de objetos de piedra y cerámica, así como  rocas sin modificar extraídas del río Grande de Térraba. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Sabemos que uno de los usos de las esferas es el de elemento de identidad y de afiliación étnica y cultural. No todos los pueblos del sur tenían esferas. De los mas de 1500 sitios arqueológicos registrados en la región, solo en 59 tenemos registros de esferas. Que isla del Caño sea uno de ellos es relevante y es un claro indicio de su filiación cultural.

Hay muchas cosas que decir sobre la arqueología de isla del Caño. Por ahora nos quedamos con que llevaron esferas hasta allá, entre otras cosas, y que alguien decidió plasmar en barro una forma de traslado. Muchas cosas se han perdido en la isla; por dicha ese pequeño fragmento está guardado. Que se quede ahí. Así hay un pretexto para volver.

 

 

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Iluminando la mirada de las esferas de piedra precolombinas

Hace diez años estaba preparando el libro sobre las esferas de piedra precolombinas. En ese tiempo no sabía casi nada de fotografía y pensaba que las fotos ilustraban lo que se decía en un texto.

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Portada del libro “Esferas precolombinas de Costa Rica” publicado en el 2007 por la Fundación de los Museos del Banco Central de Costa Rica gracias al aporte de la empresa Holcim.

No pensaba que la fotografía podía decir algo en sí misma. Mi pensamiento era muy arqueológico y estaba atado a las imágenes de informe de trabajo o de artículo científico; ilustrativa y apegada al contenido escrito.

El libro que estaba preparando permitía poner fotos a color, grandes y libres. Sin embargo, no tenía imágenes potentes para colocar en toda una página o a doble página. Las que tenía eran diapositivas tomadas por mi misma o pedidas en préstamo al Museo Nacional de Costa Rica y a otras instituciones. Eran imágenes de documentación arqueológica, muchas veces tomadas en circunstancias difíciles y con poca destreza técnica

Había contratado a un fotógrafo, sin embargo por falta de experiencia, tiempo y medios el resultado fue muy limitado. En el momento del diseño del libro se necesitaba ilustrar las esferas y lo que tenía eran fotos de esferas planas, sin textura ni volumen. En un arrebato decidí buscar a alguien que me hiciera unas nuevas fotos y lo que me pagaron por hacer el libro lo gasté en el fotógrafo que me recomendaron.

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Esfera del colegio Técnico Profesional de Osa en Palmar Norte. Así lucía en el 2007. Foto: Diego Matarrita.

Debo decir que nunca me arrepentiré de esa decisión porque eso significó no solamente tener fotos hermosas y expresivas, sino que mi mirada cambió y creo que la de otras personas también.

Conocí a Diego Matarrita que se dedicaba a la fotografía comercial y a algunos proyectos de investigación personales. Nos reunimos, hablamos, y a los dos días íbamos rumbo a Osa llenos de equipo de fotografía y acompañados de un asistente, algo que me sorprendió porque en mi ignorancia me parecía innecesario.

Yo le pedí a Diego que las esferas mostraran texturas, color y el entorno. Decidimos hacer fotos de noche e iluminarlas. Supongo que para los conocedores eso es elemental; sin embargo desde nuestra arqueología esto no era habitual, salvo para los montajes de las exposiciones internacionales de piezas extraordinarias.

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Esfera en el jardín de Hacienda Victoria, osa. Foto: Diego Matarrita.

En tres días hicimos un trabajo enorme, a pesar de la lluvia y de la complicada logística que implica trabajar en el campo. Los resultados fueron hermosos y el libro de las esferas pudo tener varias fotos primorosamente hechas

Curiosamente, dos las imágenes causaron el disgusto inicial de una de las personas involucradas en el proyecto de edición del libro.

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Perfil de la esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Esa persona manifestó que esas fotos eran poco científicas. Que llevaban a otras interpretaciones de las esferas y que esa no era la intención del libro. Eran fotos que insinuaban cosas pseudo-científicas que le podían dar alas a los especuladores de las esferas. A mi me sorprendió esa reacción y me enojó, debo decirlo.

Ahora lo veo en perspectiva y entiendo que estábamos entrando a otro lenguaje, a otra manera de comunicar y eso no era habitual. Al final siempre pusimos las fotos en el libro y fueron muy apreciadas. El diseñador las usó en la portada y contraportada y su diseño fue todo un éxito.

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Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hoy he tenido ganas de escribir esto porque he estado pensando en las miradas que tenemos sobre las cosas y cómo las construimos. También, he estado pensando en cómo otras miradas nos limitan y nos impiden conocer otras facetas de las cosas. Igualmente, he pensado en todo lo que nos enriquecen otras miradas y cómo descubrimos otros sentidos en las cosas desde otro crisol.

Ver las esferas de noche e iluminadas nos mostró otra faceta de ellas. Nos permitió imaginarlas desde otras miradas. Quizá eso no sea arqueología, y la verdad es que tampoco es tan importante si no lo es. A fin de cuentas alguna libertad podemos darnos de vez en cuando. Es que si no todo se vuelve muy aburrido.

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Conocer para defender, cantar para celebrar, luchar para conservar

El pasado sábado 24 de junio celebré los tres años de la declaratoria de patrimonio mundial de los sitios con esferas de piedra del Diquís de una manera especial. Me fui de tour con un grupo de gente que vive sobre y alrededor de la antigua Finca 4, uno de los sitios arqueológicos con esferas de piedra mas importantes de Osa.

Primero fuimos a la quebrada Olla Cero donde están los bloques naturales de gabro y que pudo haber sido uno de los puntos de extracción de materia prima para fabricar las esferas.

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Recorrido entre los bloques de piedra de la quebrada Olla Cero. Foto: Gorka Izurzu.

Entre los bloques de piedra hablamos sobre los sistemas de traslado de las esferas, los problemas que enfrentaron los indígenas para moverlos y los criterios de selección para hacer las esferas de gran tamaño. Hablamos sobre tecnología, saberes ancestrales y organización del trabajo. Se sorprendieron de que en el tiempo en que hicieron los esferas, los indígenas no tenían ni caballos, ni bueyes ni carretas para trasladarlas. Todo, en esa época, era a pura fuerza humana e ingenio y, principalmente, buena organización del trabajo.

En medio de tanta explicación técnica, hubo espacio para el tambor y la guitarra y para cantar a viva voz entre las piedras y los árboles

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Cantando después de una larga explicación. Foto: Gorka Izurzu.

Después de Olla Cero nos fuimos a ver el sitio El Silencio y su gran esfera. Palabras de admiración, tristeza, silencio…, de todo brotó mientras veían por primera vez la mas grande de todas: la esfera emblema… la mas afectada y enferma de todas.

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Esfera del sitio El Silencio. Foto: Gorka Izurzu.

Estaban sorprendidos por el tamaño de la esfera y dolidos al ver las profundas huellas que han quedado por la perdida de fragmentos que dejan los cambios bruscos de temperatura. Practicaron la palabra exfoliación que les enseñé para que enriquecieran el vocabulario. Se disgustaron por lo feo de la estructura construida con hierro alrededor de la esfera y por la falta de información y de protección para la esfera y su entorno.

De El Silencio nos fuimos al sitio Grijalba. Aprovechamos la carretera de acceso, la zona de parqueo recién construida y el nuevo sendero para llegar a la zona de estructuras precolombinas. Caminamos con cuidado entre las piedras; jugamos a estar dentro y fuera de cada vivienda, de movernos entre las áreas de paso entre estructuras que se marcan por los desniveles.

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Recorrido entre las estructuras habitacionales del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Gorka Izurzu.

Subimos al mirador, es decir la loma desde donde se puede ver todo el conjunto arquitectónico y desde ahí probamos la acústica maravillosa del sitio. Fabian y Juan tocaron el tambor y la guitarra y cantaron. Arriba los escuchábamos como si los tuviéramos a la par. Sonrisas, asombro, alegría y emoción por el sonido, por el almuerzo al aire libre, por estar ahí.

Desde el primer momento todos se enamoraron del sitio Grijalba. Estar en un pueblo antiguo, ver las bases de las casas, los dos montículos, el terreno modificado para adaptarlo  a lo que necesitaban. Todo era motivo de comentario. Algunos querían irse a vivir ahí, otros se extrañaban de no haber conocido este lugar antes.

Fuimos a ver la esfera semi-enterrada. Discutimos sobre el estado de conservación y me preguntaron porqué estaba así; si se iba a romper del todo, si esas grietas se harían mas grandes. Fue una sesión intensa sobre lo que implica una declaratoria de patrimonio mundial en términos de la conservación y restauración.

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La esfera del sitio Grijalba se encuentra muy deteriorara por grietas y fisuras que la cruzan en distintas direcciones. Foto Diego Matarrita, 2015.

Después del agradable rato en Grijalba nos fuimos al sitio Batambal. Fue llegar y ver cabezas y cuerpos girando. La perspectiva de 360º fue la gran sorpresa. Ver el delta en toda su extensión, isla Violín, isla del Caño, las serranías de Osa, el puente del río Térraba, la fila Grisera. ¡Todo desde un mismo punto con solo girar el cuerpo! También se enamoraron de Batambal.

Hablamos de lo extraño que es el sitio en su configuración, salieron hipótesis acerca de su ubicación estratégica, se imaginaron el delta inundado por una crecida del río y la gente de la llanura refugiada en esa loma. Hablamos sobre el mito de las esferas dinamitadas, que no es mas que mito porque hasta ahora no se ha encontrado ninguna evidencia sobre esto.

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Recorrido entre las esferas y las estructuras arquitectónicas del sitio Batambal. Foto: Gorka Izurzu.

Después de caminar, hablar e imaginar vino el acto revolucionario del tour. De espaldas al delta y con una gran manta en la mano se hizo la fotografía del grupo. Una fotografía con un mensaje claro: una fotografía para decirle No a la expansión de las plantaciones de piña hacia Osa y Sí al patrimonio arqueológico. Todo esto estuvo matizado por música, manos levantadas y espíritu guerrero.

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La foto de grupo desde el sitio Batambal.Foto: Gorka Izurzu.

Ya teníamos muchas horas de recorrido y la energía del grupo seguía intacta, o mas bien se había despertado. Nos fuimos al parque de Palmar Sur a ver esferas. Aunque no están en su lugar original se puede aprender mucho de ellas y eso lo aprovechamos. Pudimos tocar, sentir, percibir la forma esférica, las texturas, los cambios de coloración.

La esfera estrella fue la fabricada en caliza. Para ellos, era sorprendente ver una esfera blanca y mas sorprendente era descubrir los fósiles de conchas y ver los cortes y pulidos que tuvieron que hacer los indígenas para que quedara esférica.

esfera caliza con perro
Esfera de caliza colocada en 1999 en el parque de Palmar Sur. Aunque el perro orine sobre ella, no es el culpable de las irregularidades que presenta. Foto: I. Quintanilla,

Las esferas de caliza que se conocen provienen de Finca 4, el sitio arqueológico sobre el que vive la mayoría de ellos. En 1996 tuvimos que mover seis de ellas a una esquina, a la orilla de la carretera que conduce a Sierpe. Se hizo para protegerlas de las actividades agrícolas. Hace unas semanas el Museo Nacional trasladó cuatro de ellas a Finca 6 y eso generó gran molestia entre los vecinos.

Hubo denuncia pública, cruce de acusaciones, disculpas de la directora del Museo Nacional por no haber informado a la comunidad. Entre el grupo que me acompañaba estaba la persona que denunció y se plantó ante el traslado. Se lo agradecí. Le comenté que esa acción había generado conciencia de la importancia de informar y coordinar. Que estaba en su derecho de protestar. Me sonrió levemente y bajó la cabeza.

Dice Fabian, quien nos acompañó con su tambor y su voz, que las luchas hay que hacerlas con alegría. Que hay que cantar mientras se defiende. Nunca había hecho un viaje tan alegre, tan emotivo y tan lleno de esperanza como este del 24 de junio.

tour esferas palmar sur
Recorrido final por Palmar Sur. Foto: Gorka Izurzu.

Enseñar para que puedan defender. Compartir para luchar con mas fuerza. Así hay que celebrar que en el delta del Diquís hay un sitio de patrimonio mundial cultural de la UNESCO. Así hay que celebrar que la comunidad de Osa pertenece a un lugar donde hay una historia antigua que ha sido reconocida como de gran valor para toda la humanidad.

Esta gente de Finca Changuena y Finca Térraba, de Cootraosa tienen años de estar luchando por tierra y por vivir dignamente como campesinos. Ahora tienen otra lucha más: cuidar y defender el patrimonio arqueológico. Lo van a hacer mejor que nadie porque saben lo que es luchar. Y ya tienen canciones para cantar cuando sea necesario salir a la calle.

 

 

 

 

 

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¿Qué es un D1 de arqueología y cómo determina las decisiones sobre el patrimonio de Costa Rica?

Hace pocas semanas la Secretaria Técnica Nacional (SETENA) aprobó la viabilidad de una nueva plantación de piña en el delta del Diquís a la empresa PINDECO. En este delta y en sus alrededores inmediatos se localizan las cuatro propiedades que conforman el sitio de patrimonio mundial de la UNESCO denominado “Los Asentamientos Cacicales Precolombinos con esferas de piedra del Diquís, Costa Rica“. En el mismo delta está el humedal de Sierpe-Térraba, un sitio RAMSAR, que es la máxima categoría otorgada a un humedal. Independientemente de estas declaratorias, el delta y sus alrededores son de gran riqueza natural, cultural e histórica.

La viabilidad ambiental para la siembra de 600 hectáreas de piña en el delta del Diquís plantea una serie de dudas acerca del instrumento usado para otorgar esta viabilidad. En términos de la SETENA este instrumento se conoce como D1. El mismo se compone de distintos D1 de varios campos. En vista de que el D1 de arqueología presentado adolece de una serie de deficiencias que hubieran permitido una valoración mas objetiva de las implicaciones de esta plantación extensiva, he escrito el siguiente texto.

Es para quienes quieran saber más y entender que es un D1 de arqueología y sus implicaciones.

¿Qué es un D1 de arqueología? Una breve explicación

 

La viabilidad ambiental del componente arqueológico en un proyecto que se presenta a la SETENA se da a partir de un D1. En términos de procedimientos, el D1 de arqueología es una valoración sobre la presencia, o no, de restos arqueológicos de origen precolombino en el área del proyecto. Con esta valoración se emiten recomendaciones sea para decir que no hay impedimentos para el proyecto o si se deben llevar a cabo acciones para investigar, proteger o rescatar patrimonio arqueológico que será afectado por el mismo.

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El delta del Diquís posee una riqueza arqueológica extraordinaria. Entre los sedimentos aluviales y a lo largo de mas de 900 hectáreas hay restos de los lugares de habitación, de enterramiento, de los espacios de uso público, de caminos, esferas de piedra y otros elementos de gran valor histórico y cultural. Muro de un montículo precolombino del sitio  Finca 4.

El D1 de arqueología lo desarrolla un profesional contratado directamente por el desarrollador del proyecto. En principio, el D1 de arqueología implica una visita al área del proyecto, la revisión de la base de datos oficial sobre sitios arqueológicos de Costa Rica – http://origenes.museocostarica.go.cr/ y la revisión bibliográfica del área. A partir de esto se rellena el formulario, se redacta un informe con la información ampliada del formulario y se emiten una serie de recomendaciones que se integran al D1 general que se le presenta a la SETENA.

Con la visita al campo se determina si hay restos arqueológicos visibles en superficie. Esta visita no está regulada por la Comisión Arqueológica Nacional (CAN), que es el ente que regula la investigación en el país y que vela por el cumplimiento de la ley 6703 de patrimonio arqueológico. La metodología que se seguirá en el campo para inspeccionar el terreno la determina el mismo profesional contratado. En principio, no se contempla el desarrollo de excavaciones de prueba para conocer lo que hay en el subsuelo, sin embargo algunos profesionales lo hacen. Esto es algo que ha estado bajo discusión, porque de hacerse remociones de suelo para estudiar el subsuelo se debería de contar con una propuesta aprobada por la CAN.

La inspección de campo para un D1 no establece un límite en cuanto a la intensidad de la inspección, el tamaño del área a abarcar, ni del tipo de muestreo. Asimismo, se realiza de manera indistinta para un proyecto a desarrollar en un área de 100 m² o en otro de 600 000 m². Depende absolutamente del criterio del profesional contratado qué se hace, o no, para determinar y valorar la presencia de restos arqueológicos.

La revisión en la base de datos Orígenes del MNCR consiste en verificar si hay sitios arqueológicos registrados previamente en esta base de datos oficial. Orígenes permite visualizar y obtener información básica sobre los sitios arqueológicos documentados desde el siglo XIX hasta el presente. Es información recabada a partir de distintas fuentes. En los últimos 30 años se formalizó el formulario de registro de sitios arqueológicos de Costa Rica que constituye la base de información de este portal al que se accede a través de Internet.

Es importante señalar que Orígenes presenta un serio problema en el sentido de que indica la presencia de los sitios arqueológicos a partir de un punto situado en unas coordenadas puntuales (ver Figura 1). No se da una indicación en términos de una poligonal que muestra el área que abarca el sitio arqueológico. Por lo tanto, esta base de datos es solo una guía y se requiere obligatoriamente hacer una revisión bibliográfica de los informes o publicaciones del área para conocer la extensión de los yacimientos, sus características, su importancia, su estado de conservación y otra información relevante para valorarlo.

hoja Changuena copia

Fig. 1: Hoja topográfica Changuena, escala 1:50 000. Cada punto de color amarillo representa un sitio arqueológico registrado en la Base de datos Orígenes del Museo Nacional de Costa Rica. Tomado de : http://origenes.museocostarica.go.cr/busquedaMapaIndex.aspx

Por otra parte, Orígenes ofrece información de sitios arqueológicos registrados hace 100 años, 50, o en el 2016. Muchos de los sitios registrados, especialmente los más antiguos, adolecen de datos acerca de su ubicación precisa. Su ubicación en los mapas de consulta muchas veces es aproximada y, en la mayoría de los casos, no se ha corroborado con una visita de campo. En este sentido, Orígenes es una guía y no puede ser considerado un criterio absoluto para descartar, o no, la presencia de sitios arqueológicos en un área específica.

La tercer acción de un D1 es la revisión bibliográfica exhaustiva del área de impacto inmediato y sus alrededores. Ante las carencias de la base de datos Orígenes esta acción es fundamental. Esta revisión generalmente se lleva a cabo mediante solicitud de acceso a los informes de investigación, de inspección o de denuncias que resguarda el Departamento de Antropología e Historia (DAH) del MNCR. Este departamento es la base de consulta oficial de la documentación sobre sitios arqueológicos del país.

A la fecha es muy limitada la cantidad de publicaciones sobre sitios arqueológicos y las investigaciones que se han realizado en ellos. Para poder caracterizar un sitio arqueológico, o varios, dentro de un área puntual se requiere consultar la documentación que resguarda el DAH. Esto es fundamental en los casos en los que el proyecto impacta áreas de tamaño significativo que afectan varios sitios arqueológicos, su paisaje y su entorno socio-cultural.

Distribución sitios arqueológicos Delta Sur copiaFig. 2: La consulta a los informes de trabajo y a otra documentación concerniente a los sitios arqueológicos investigados en el país es fundamental. Este ejemplo muestra la extensión de las áreas con restos arqueológicos en el sector Palmar Sur-Sierpe. Desde la base de datos Orígenes no se puede visualizar el detalle que si ofrecen los informes de trabajo específicos. Figura tomada http://www.diquis.go.cr/investigaciones/Informe.Investigacion.Arqueologica.Delta.del.Diquis.(Temporada.2011-2012).pdf

Como resultado de las tres fases anteriores, el profesional contratado rellena el formulario del D1 de arqueología. Este es un formulario muy básico. Consiste en una guía para determinar si hay, o no, presencia arqueológica en el área de impacto del proyecto. Asimismo, se dan las recomendaciones acerca de si no hay impedimentos arqueológicos, o de si es necesario realizar acciones posteriores (evaluación arqueológica, la supervisión de movimientos de tierra, entre otras).

Los criterios para determinar las acciones concernientes al componente arqueológico lo determina el profesional contratado. Las decisiones y recomendaciones de este profesional no son evaluadas por ningún ente de competencia sobre el patrimonio (CAN, MNCR). En caso de que recomiende una evaluación arqueológica y se lleven a cabo otras acciones de rescate arqueológico, demarcación de áreas a proteger, traslado de bienes muebles (petroglifos, esferas, por ejemplo) entonces si se incorporan el Museo Nacional de Costa Rica y la Comisión Nacional Arqueológica.

El D1 en arqueología es la principal herramienta para la toma de decisiones sobre uno o un conjunto de sitios arqueológicos que serán afectados por una obra de infraestructura. El destino del patrimonio arqueológico del país se define en gran medida en este procedimiento. Es por esto que tiene gran relevancia.

sitio Grijaba 1
Los D1 de arqueología pueden determinar la conservación o no de un yacimiento arqueológico. Depende del criterio, de la profesional, de la experiencia y del buen hacer del profesional decidir el futuro de muchos lugares de importancia arqueológica. Foto: E. Volio del sitio Grijalba.

Las acciones para la gestión de los recursos arqueológicos detectados en mediante un D1 de arqueología presentado ante las SETENA son de acatamiento obligatorio para el desarrollador. Asimismo, la “liberación” del área, o de un sector de la misma, también es acatado y permite el desarrollo de un determinado proyecto.

Los D1 de arqueología han sido una herramienta importante para prevenir el impacto arqueológico de los proyectos de desarrollo. Anteriormente (antes de la Ley del Ambiente y la creación de la SETENA en 1996) se contaba con la ley 6703 de patrimonio arqueológico que sólo contemplaba acciones una vez que se detectara patrimonio arqueológico en riesgo. Esto obligaba a detener proyectos en marcha, ocasionaba la destrucción y dejaba en manos de “alguien” que informara al Museo Nacional el hallazgo y el riesgo en que se encontraba un patrimonio X en un lugar X. Asimismo, el Museo Nacional se veía en la obligación de actuar como “bombero” del patrimonio en riesgo, asignando personal y recursos económicos para atender la emergencia.

Con los D1 y los estudios de impacto ambiental se subsanó parcialmente esta manera de actuar sobre el patrimonio arqueológico nacional. Sin embargo, los D1 adolecen de una serie de problemas.

El primero de ellos es delegar la responsabilidad de las decisiones en el profesional contratado por la empresa desarrolladora. Los arqueólogos no tenemos colegio ni ningún órgano regulador. La CAN actúa como regulador mediante la evaluación y aprobación de las propuestas de trabajo para evaluaciones o investigaciones arqueológicas y la posterior aprobación de los informes finales. Al estar los D1 exonerados de cualquier forma de evaluación se corre el riesgo de que las recomendaciones y valoraciones del profesional no sean del todo pertinentes, ni exhaustivas.

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La conservación en su lugar de las esferas y de los objetos y estructuras de los sitios arqueológicos es fundamental en el delta del Diquís. Sin conservación in situ nuestro patrimonio y el conocimiento de la historia precolombina se empobrece. Foto de las esferas alineadas de finca 6. Foto: Diego Matarrita.

Por otro parte, el país no cuenta con una zonificación arqueológica que pueda servir como referencia para la valoración del patrimonio arqueológico. La ausencia de esta zonificación nacional y la ausencia de zonificaciones arqueológicas en los mismos planes reguladores municipales dejan las decisiones sobre el patrimonio arqueológicos al libre alberdrío de los profesionales.

Los D1 en Arqueología se enfocan en el área de impacto directo del proyecto a desarrollar. Esto está provocando una fragmentación de la información, lo que a su vez determina la valoración del patrimonio a afectar o no. En este sentido, la integridad de los sitios arqueológicos se pierde.

Los sitios arqueológicos son remantes de la historia antigua del país que solo se puede estudiar a partir de los restos materiales que se conservan. Los D1 en arqueología están enfocados en identificar esos restos materiales y generalmente las recomendaciones están orientadas a extraer, vaciar esos espacios ocupados antiguamente, para dejarlos libres y que puedan ser usados ahora.

Salvo algunas estructuras consideradas monumentales como los montículos artificiales con muros de piedra, se salvan de ser removidos y se recomienda su conservación y la demarcación de “reservas”. En términos legales, no existe ninguna figura legal que proteja estas reservas. No existen planteamientos para no usar ese espacio por parte de los propietarios del terreno.

El paisaje es un elemento fundamental en la compresión de los sitios arqueológicos. El entorno natural, las modificaciones que se han dado a través del tiempo y sus características actuales, son vitales para el entendimiento de la historia antigua. Como los D1 están enfocados en el área de impacto inmediato del proyecto la perspectiva paisajística no se toma en consideración.

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El entorno natural es fundamental para entender las ocupaciones humanas. El humedal de Sierpe-Térraba fue fundamental en el poblamiento del delta del Diquís.

La ley 6703 del patrimonio arqueológico, y en general la práctica arqueológica del país, está orientada hacia la cultura material que se puede extraer. Los riesgos del patrimonio están enfocados en el saqueo o la destrucción por movimientos de tierra de los objetos. Es por esto que las recomendaciones en la mayoría de los D1 donde se detectan sitios arqueológicos están dirigidos a evaluar y luego a “rescatar” o realizar acciones de salvamento.

La práctica actual de la arqueología que surge a partir de los D1 se orienta a “liberar” terrenos. La arqueología se convierte en una herramienta técnica para permitir el desarrollo de los proyectos amparada en el criterio del salvamento de los objetos y de la información. Esta tendencia a mediano y largo plazo mostrará un país desprovisto de sitios arqueológicos, con información fragmentaria y a un cúmulo de objetos depositados en las bodegas del Museo Nacional sin posibilidades de ser mostrados ni puestos en valor.

 

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Una arqueóloga ajena al espectáculo

El acto más esperado y mas concurrido del pasado Festival de las Esferas fue el concierto de inauguración con el grupo musical Los Ajenos como estrellas. Supongo que sus éxitos musicales Pamela Chu Pamela y Me vale un Cu generaron gritos, risas y alegría entre la gran multitud que se concentró en el parque de Palmar Sur el viernes pasado. Yo no los escuché. No quise. Me fui a tomar una cerveza lejos del ruido, de las luces y para no ver.

Festival de las Esferas 1
Las esferas como protagonistas en una noche de concierto en el Parque de Palmar Sur. Sirvieron como posa botellas, para subirse y ver mejor a Los Ajenos. Fueron mas ajenas que Los Ajenos.

A veces es mejor no ver. Es mejor evitar. ¿Para qué? La voz exhaltada del locutor que amenizaba el concierto antes de la presentación de Los Ajenos me empujó a huir. Sus repetitivas palabras llamando a agradecer al alcalde de Osa el logro de haber traído al Festival de las Esferas a este popular grupo me invitaron a no estar ahí. No por el alcalde -él es un político y hace su trabajo- sino por el contexto, por el lugar, por las esferas perdidas entre la multitud, porque lo que estaba ocurriendo ahí no tenía nada que ver con el patrimonio arqueológico, con su revalorización, con la historia, con nada de lo que me había llevado a colaborar con ese festival. 

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Parte de la experiencia y del recuerdo de la visita al parque de Palmar Sur es fotografiarse junto a esta esfera. Es hermosa; es casi perfecta, mide cerca de 150 cm de diámetro, tiene una superficie pulida. En el pasado festival fue excluida del espectáculo. Supongo que casi nadie se fotografió junto a ella. Foto: I. Quintanilla.

Entiendo a los organizadores. Entiendo que quieran congregar gente. Entiendo que quieran alegrar el patrimonio. Entiendo que se hayan esforzado en no traer aburridos espectáculos culturales. Les respeto que las conferencias las dejen para entre semana. Comprendo que no promocionen los tours a ver los sitios con esferas con la misma vehemencia que lo hacen con la clásica carrera Las Esferas o con los grupos musicales. 

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Estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Osa en la gira para conocer las esferas de cerca. Foto: Carolina Arias.

Lo que no entiendo es cómo entienden los organizadores las esferas y lo que representan. Lo que no entiendo es porqué un festival orientado a la revalorización del patrimonio cultural, de fortalecimiento de la identidad local, de reconocimiento hacia los pueblos indígenas y su gran aporte a la historia colectiva, se vaya convirtiendo en la suma de actos sin contenido ni coherencia.

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La gestión del patrimonio arqueológico requiere sensibilidad, sutileza y coherencia. Quizá esto le esté faltando a los organizadores del Festival de las Esferas de Osa. Foto: Carolina Arias.

Yo tengo un problema. Me invitan a un lugar a hablar sobre las esferas, sobre arqueología o patrimonio cultural y voy. Con comida o sin comida; con buen hospedaje o durmiendo en un camastro; con transporte o sin él. Siempre acepto las invitaciones. Casi nunca, o mas bien nunca, recibiendo pago alguno mas que el agradecimiento de algunas personas.

Aunque mi papá se enojaba por esta tontería mía, siempre he justificado que hay que hacerlo por responsabilidad profesional y por amor a lo que hago. Sin embargo, mi pasada colaboración con el Festival de las Esferas ha sido como una bofetada.  He chocado con mi espejo y me he visto estando en un no lugar; me he visto bailando en un baile que no era para mí, ni para lo que yo hago.

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La visita a Olla Cero a conocer los bloques de piedra como los que se pudieron haber usado para hacer esferas siempre es una grata experiencia. Aquí el grupo que participó en el recorrido.

Fui al festival porque me invitaron los encargados de la parte educativa. Di una conferencia el viernes al mediodía a 15 estudiantes sobre la biografía de los objetos y la escultura en piedra del Diquís. También ofrecí una visita guiada el sábado por la mañana a un grupo de 15 personas que quisieron conocer los secretos de las esferas. Como siempre, fue una grata experiencia compartir mi conocimiento y sentir que hay interés y ganas de saber y conocer más.

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En el recorrido sensorial pudimos sentir, tocar, ver, rodear, escuchar, percibir, aprender y hasta danzar alrededor de las esferas. Eso también es divertido.

Antes de venirme del festival, de regreso a mi casa, llevé las facturas con los gastos de alimentación a los organizadores. ¿Por qué lo hice? Sabía que no lo habían presupuestado y que solo comprometía a quienes se las entregara. La mirada de desconcierto de la coordinadora al verlas -no porque había comido caviar ni nada por el estilo, si no por el simple hecho de cobrar mi alimentación y parte del transporte- me confirmó que no estaba dentro de los planes de los organizadores pagar por mis gastos.

Sé que a Los Ajenos no les faltó la cerveza que pidieron, ni los jugos, ni los chocolates. Mucho menos les faltó el pago por su hora y media de espectáculo. Entonces, ¿por qué hubo una mirada de asombro por las facturas de la comida de la arqueóloga especialista? ¿Por qué no pueden pensar que los que estudiamos eso que les da prestigio como comunidad, de eso de lo que ahora se sirven los políticos, también tiene un valor? ¿Es que mas bien, en mi caso como arqueóloga independiente, debo pagar por estar ahí?

Sabía que mi participación era secundaria. Que ser especialista en el tema no significaba nada. Que compartir y transmitir mi conocimiento sobre el tema principal del festival no podía competir con Los Ajenos ni con ningún otro espectáculo. Que putada, ¿no? Aun así, fui e hice lo que me comprometí hacer.

Soy ajena al poder; soy ajena al mundo del espectáculo. Soy invisible y estoy ausente para los políticos de turno. Pero tengo una voz y un blog. Y como dirían esos catalanes de quienes aprendí a no callar: Perdoneu, pero algú debia de dir-ho. Y ese algú, soy yo, sin pedir perdón.

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Gracias a Carolina Arias que me llevó en su carro y tomó las fotos; a Fito Guevara que me acompañó en el recorrido sensorial e hizo danzar a las chicas del colegio alrededor de las esferas. Gracias al Brunka Lodge que me dio cama para dormir. Gracias al antropólogo Carlos Morales, educador del Museo Nacional. Espero que no tenga que pagar mis facturas.

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Barriles de piedra de la Gran Chiriquí: ¿por qué nunca hablamos de ellos?

Hace cuatro años empecé a escribir un texto para este blog sobre los barriles de piedra del sur de Costa Rica y el Oeste de Panamá. Por alguna razón lo dejé abandonado y hoy creo que es el día para acabarlo.

Me ha motivado lo que escribió un amigo de un amigo de facebook en una publicación. Transcribo lo que escribió el señor, aunque un poco editado: Hay una pregunta que me hago..en 1958,59, en la zona de San Vito, Las Brisas, yo vi un círculo de Barriles de piedra y más hacia abajo lo que llaman La Maravilla vi otro círculo de estos Barriles, yo tenía como siete años. Y nunca oigo nada de estos Barriles..alguien me puede decir algo”.

Como Luis Figueroa, el amigo de FB, me etiquetó yo le respondí lo siguiente a Néstor, el señor amigo de Luis: “Nestor: usted fue un privilegiado si pudo ver estos círculos. Tristemente, los barriles al igual las esferas de piedra han sido removidos de sus lugares originales. Sabemos que los barriles son característicos y únicos en lo que se llama la Gran Chiriquí. Es una región arqueológica que se extiende entre el sur de Costa Rica y Panamá Oeste. Los barriles se han encontrado en la cuenca del río Coto Brus y en las cercanías del Volcán Barú en Panamá”.

Tiene razón Nestor al decir que nunca oye hablar sobre los barriles. No sé porqué nunca hablamos de ellos. Esto es curioso porque los barriles, al igual que las esferas de piedra son únicos dentro de la arqueología americana y ambos están asociados. De hecho, las esferas mas antiguas, las de hace unos 1500 años, se fabricaron al mismo tiempo que los barriles.

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Esta foto la tomó Mauricio Ordoñez hace mucho años. Son dos barriles de piedra que estaban expuestos de esta manera en la vieja exhibición del Museo del Jade en San José.

Los Barriles de piedra fueron hechos hace unos 1500  y se dejaron de hacer  hace unos 1000 años. Están relacionados a un período que en la arqueología del sur de Costa Rica se conoce como Aguas Buenas. Al igual que las esferas, los barriles son un tipo de representación de una forma abstracta:  son cilindros.

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Vista frontal de los mismos barriles de piedra de la colección del Museo del Jade, San José. Foto de Mauricio Ordoñez.

Aunque son figuras cilíndricas, se les llama  “barriles” en alusión a los contenedores o toneles de la misma forma. Sin embargo, el nombre de barriles que se le dio a estas esculturas no tiene nada ver con contenedores, ya que no son huecas.

Básicamente consisten en rocas graníticas o andesitas talladas en forma de cilindros. Algunos son de tipo columnar y otros son más redondeados en la parte central. En los extremos planos y en el resto del cuerpo tienen grabados en alto y bajo relieve. Los diseños consisten tanto en motivos abstractos como figurativos.

La información sobre los cilindros de piedra del período Aguas Buenas es muy escasa. La primera fuente publicada corresponde a Mathew Stirling quien en 1950 evaluó el sitio Barriles, un yacimiento ubicado cerca del Volcán Barú en Panamá. Sin embargo, es poco lo que dice respecto a estas esculturas. Por él y otros autores sabemos que en este sitio también se elaboraron unas escultura singulares. Son las estatuas Barriles, únicas y excepcionales en la América precolombina.

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Escultura del sitio Barriles en Panamá. Los barriles de piedra están asociados a este tipo singular de esculturas humanas. Foto: Tomás Mendizabal.

La mayor parte de barriles que se conocen provienen de la zona  de Coto Brus, en las faldas de la Cordillera de Talamanca, en el lado pacífico de esta. Laura Laurencich de Minelli  habla de ellos en una publicación de 1963.

En 1992 John Hoopes encontró dos barriles de piedra en los sitios Costa Purruja y Obando, en la zona del Golfo Dulce. Este hallazgo es muy importante porque estos barriles estaban junto con esferas en sitios habitacionales. Además son sitios situados en la costa, algo que vino a ampliar la distribución de los barriles, ya que la mayoría se habían encontrados en tierras del interior, al pie de la Cordillera de Talamanca.

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Barriles de piedra hallados en el sitio Costa Purruja, en Golfito, por el arqueólogo John Hoopes en 1992. Estaban junto con una esfera de piedra en un lugar donde vivía gente hace unos 1200 años.

En el 2002, un equipo de la Universidad de Costa Rica estudió el sitio Java cerca de Paso Real, camino a San Vito de Coto Brus y documentaron barriles junto con esferas de piedra en un sitio arqueológico con montículos habitacionales y estatuas.

Los barriles no se pueden considerar esculturas monumentales pero, por el tipo de piedra en que fueron fabricados (andesitas y gabros), resultan muy pesados. Se ha calculado que algunos de ellos pesan entre 200 y 250 kilos.

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Barriles y esfera partida del sitio Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Los barriles tienen figuras de personas y animales (monos y tortugas) grabadas en alto y bajorrelieve en los extremos planos. Llama la atención el severo desgaste que presentan los diseños, o el acabado incompleto de algunos de ellos. Esto es algo que se dio en ambos extremos de los objetos.

A la fecha no hay certeza sobre el uso que se le dio a los barriles. Se ha propuesto que son asientos, pero no hay ninguna evidencia de esto. De ser así, cada vez que se sentaban se movían mucho y rítmicamente hasta lograr el desgaste casi total de algunos grabados.

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Faceta plana de un barril con figura grabada y muy desgastada. Colección Museo Nacional de Costa Rica

A la fecha se conoce la existencia de cerca de 50 barriles, sin embargo no hay un inventario completo de ellos. Hace falta mas investigación acerca de ellos y especialmente, hace falta cuidar los que están sin desplazar en los pocos sitios arqueológicos que aún los conservan.

Es llamativo que en otras partes de América se han registrado esculturas que también tienen forma cilíndrica, pero son distintos a los barriles de la Gran Chiriquí. No son muchos los registros que hay sobre ellos. Uno de los más destacables es el que Mathew Stirling hizo de uno que se halló en México.

En 1963 Stirling publicó una escultura de forma cilíndrica hallada en un sitio olmeca, del que no logro encontrar el nombre ahora mismo. Como se ve en la imagen es un cilindro con una concavidad que pudo haberse usado como contenedora o para sostener algo. 

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Escultura cilíndrica publicada por M. Stirling en 1963. Estaba en un contexto de la cultura olmeca en México.

No podemos decir que cilindros como este tengan relación con los de Costa Rica y Panamá porque la escultura olmeca es muy diferente, además de la distancia que hay tanto en términos geográficos como cronológicos. La cultura olmeca es más antigua que las ocupaciones de Costa Rica con esferas y barriles. Hay casi mil años de diferencia y cientos de kilómetros entre una y otra.

Es importante saber que las esferas, la estatuaria barriles, los cilindros llamados barriles y otras esculturas son creaciones locales. Son innovaciones, son obras generadas por los grupos que vivían en esto que hoy llamamos Gran Chiriquí. Su singularidad es parte de lo que caracteriza a estos pueblos que hicieron de la piedra un medio de expresión excepcional.

Para terminar este breve texto quiero retomar el cierre de mensajes con el señor Nestor. Él escribió después de mis mensajes:

Claro, ahora me libras de un sentimiento extraño..Y un recuerdo de mi pasado con mi madre en un viaje hecho de San Vito a Paso Real, por la trochavieja, en Las Brisas estaban los primeros, y en La Maravilla, cerca del río, estaban los otros…
Gracias..
Algo que recuerdo, que dijeron ..Era que esos barriles eran de extraterrestres, y eran círculos guías, porque de ellos salía energía…
Para mi fue como si un chino me hablará, pero si me impresionaron mucho…encontrar una forma geométrica formada por barriles en medio de la montaña…”.

Son raros los recuerdos. Las evocaciones al pasado, los viajes con la familia, la mirada de niño. Me alegra que el señor Nestor haya recordado lo que vio en 1958 o 1959. Al recordar él me ha hecho recordar a mí que tenía este texto pendiente. Espero haberle aclarado sus dudas.

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Adjunto dos enlaces relacionados con los barriles de piedra:

Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Costa Purruja: una esfera y dos barriles de piedra entre restos de pescados y moluscos

 

 

 

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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

Esfera Parque palmar sur agosto 2014
Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

Mapa distribución de sitios con esferas copia
Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html