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Las esferas pintadas de Pejibaye de Pérez Zeledón

Durante  muchos años fue una práctica común en Costa Rica decorar los jardines de las casas, los parques públicos o la parte frontal de los templos católicos o las instituciones públicas con esferas de piedra precolombinas. Eran esferas extraídas de sitios arqueológicos del sur del país que, sin ningún cuidado ni control científico, eran sacadas de sus lugares originales.

Las esferas se convirtieron en elementos decorativos, sin valor científico ni patrimonial y sin significación histórica. Ubicadas en un nuevo paisaje y en otro contexto social e histórico, quedaban sujetas a las decisiones de sus nuevos poseedores.

En su nueva vida, muchas de estas esferas fueron a sometidas a nuevos sentidos estéticos y a nuevas formas de presentación pública.

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Esfera extraída de algún sitio arqueológico ubicado en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur y que hoy día está situada en el parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hace varios años visité el pueblo de Pejibaye de Pérez Zeledón para estudiar un conjunto de esferas precolombinas. Cuando llegué al centro del pueblo me encontré con  la sorpresa de cuatro esferas colocadas en las esquinas de la plaza de fútbol, todas ellas pintadas de color verde con rosado.

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Esfera precolombina pintada a tono con un monolito que sostiene una placa conmemorativa moderna. Plaza de deportes de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla

Ellas, a tono con las bancas y otras obras de la plaza, habían perdido su identidad indígena y su cualidad de piedra labrada en tiempos antiguos. Ahora eran nuevas y coloridas esferas, irreconocibles a menos que alguien le dijera a una que eran de manufactura precolombina y que habían sido halladas en las cercanías.

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Pejibaye se ubica en un hermoso valle del interior de la cordillera Costeña. Esfera ubicada en una de las esquinas de la plaza del pueblo. Foto: I. Quintanilla

Es probable que la motivación de pintar las esferas en Pejibaye haya tenido relación con el hecho de que esas esferas fueron fabricadas en roca arenisca. Quizá les parecían feas, poco acabadas, sin brillo, o puede que haya sido un asunto estético, tan común en el campo costarricense, donde gustaban, y gustan, las cosas pintadas con colores llamativos.

El  actual pueblo de Pejibaye está asentado sobre dos sitios arqueológicos –Tenorio y Pejibaye– registrados en los años noventa el siglo pasado, pero que han sido poco estudiados. Estos dos sitios arqueológicos son antiguos asentamientos indígenas de hace por lo menos 1500 años. Ahí se han registrado once esferas de piedra junto con montículos artificiales, cerámica y otros restos culturales.

Un aspecto muy relevante de la zona de Pejibaye es la considerable cantidad de esferas registradas. Esto es especialmente relevante porque es un pequeño valle de la cordillera Costeña y no un sitio principal del delta del Diquís, que es donde se han documentado los mayores conjuntos de esferas dentro de un mismo yacimiento.

Otro aspecto significativo del hallazgo de esferas en la zona de Pejibaye es que nueve de ellas fueron fabricadas en arenisca, que es un tipo de roca sedimentaria de grano fino, medio o grueso que difícilmente adquiere brillo y que se deteriora con relativa facilidad.

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Esfera fabricada en arenisca, un tipo de roca sedimentaria poco utilizada en la fabricación de esferas precolombinas. Esfera ubicada en la iglesia del pueblo de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I.Quintanilla.

Los registros de esferas precolombinas fabricadas en roca sedimentaria, como las areniscas de Pejibaye, son escasos. De hecho, las nueve de  Pejibaye son un caso especial, ya que la mayoría de las esferas del Diquís fueron fabricadas en rocas ígneas de tipo gabroide o granitoide, que tienen como cualidad su dureza y su capacidad de ser labradas y de adquirir brillo mediante abrasión.

Cuando revisé una a una las esferas pintadas de Pejibaye me sentí muy triste y frustrada. Estaban totalmente cubiertas de pintura acrílica industrial -un material muy difícil de remover sobre piedras porosas como las areniscas- y parecía que no era la primera vez que las pintaban porque se observaban capas anteriores.

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Esfera fabricada en roca arenisca y decorada con pintura acrílica en tiempos recientes. Plaza de Pejibaye de Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla.

Lo de la pintura era triste. A esta acción tan irracional había que agregarle la remoción de su lugar original, porque aunque estaban en el mismo pueblo donde fueron halladas, no se conservó ningún dato de la ubicación exacta del hallazgo, ni de los materiales a los que estaban asociadas. No quedaron fotos, ni mapas, ni detalles escritos del momento en que las movieron y trasladaron a la plaza ¡Eso si que era terrible!

A la fecha, solo hay una esfera en su lugar original en el pueblo de Pejibaye. Es una hermosa esfera de unos 120 cm de diámetro que se encuentra en la propiedad del Colegio Técnico de Pejibaye. Fue fabricada en gabro y parece ser muy simétrica y tener un acabado muy pulido.

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Esfera en su contexto original en Pejibaye de Pérez Zeledón. Así se miraba en el 2003. Foto: I. Quintanilla.

Yo espero que la esfera del Colegio Técnico de Pejibaye siga enterrada. Lo ideal sería estudiarla a ella, a sus hermanas y a todo el conjunto arqueológico de Pejibaye. Sería una pesadilla saber que esta esfera corrió la misma suerte de sus hermanas verderosaceas, o que ya no está ahí donde la registré en el 2003.

Pensando en las esferas de Pejibaye, me da mucha pena que haya tantas esferas sin identidad, sin estudiar ni proteger. Todos los sitios arqueológicos con esferas, así como  las esferas sacadas de contexto, merecen tanta atención como  los cuatro sitios arqueológicos de Osa declarados patrimonio de la humanidad por sus esferas de piedra.

Me duelen las esferas pintadas; igual me duelen todas las demás esferas y todos los sitios arqueológicos del país que no tienen ninguna protección, ni son sujetos de investigación ni son valorados patrimonialmente.

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En el 2003 esta esfera de arenisca con acabado irregular estaba abandonada en una propiedad a un costado de la plaza de deportes de Pejibaye. Foto: I. Quintanilla.

Hay que remover la pintura del desamor, de la falta de compromiso con el patrimonio arqueológico de este país. Quizá sea hora de ir a despintar y de limpiar la conciencia colectiva por cada brochazo de pintura lanzado contra este ignorado patrimonio.

Quizá sea hora de dejar de ser gente a la que le gustan las cosas bonitas y pintadas puestas en museos; ya toca ir al campo; ya toca ir a proteger lo que está abandonado y no para extraer y volver a pintar, sino para que nadie más pinte nuestro patrimonio a juego con los muebles, ni decore sus casas con él, ni construya sobre él, ni pase sobre él.

 

 

 

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Iluminando la mirada de las esferas de piedra precolombinas

Hace diez años estaba preparando el libro sobre las esferas de piedra precolombinas. En ese tiempo no sabía casi nada de fotografía y pensaba que las fotos ilustraban lo que se decía en un texto.

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Portada del libro “Esferas precolombinas de Costa Rica” publicado en el 2007 por la Fundación de los Museos del Banco Central de Costa Rica gracias al aporte de la empresa Holcim.

No pensaba que la fotografía podía decir algo en sí misma. Mi pensamiento era muy arqueológico y estaba atado a las imágenes de informe de trabajo o de artículo científico; ilustrativa y apegada al contenido escrito.

El libro que estaba preparando permitía poner fotos a color, grandes y libres. Sin embargo, no tenía imágenes potentes para colocar en toda una página o a doble página. Las que tenía eran diapositivas tomadas por mi misma o pedidas en préstamo al Museo Nacional de Costa Rica y a otras instituciones. Eran imágenes de documentación arqueológica, muchas veces tomadas en circunstancias difíciles y con poca destreza técnica

Había contratado a un fotógrafo, sin embargo por falta de experiencia, tiempo y medios el resultado fue muy limitado. En el momento del diseño del libro se necesitaba ilustrar las esferas y lo que tenía eran fotos de esferas planas, sin textura ni volumen. En un arrebato decidí buscar a alguien que me hiciera unas nuevas fotos y lo que me pagaron por hacer el libro lo gasté en el fotógrafo que me recomendaron.

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Esfera del colegio Técnico Profesional de Osa en Palmar Norte. Así lucía en el 2007. Foto: Diego Matarrita.

Debo decir que nunca me arrepentiré de esa decisión porque eso significó no solamente tener fotos hermosas y expresivas, sino que mi mirada cambió y creo que la de otras personas también.

Conocí a Diego Matarrita que se dedicaba a la fotografía comercial y a algunos proyectos de investigación personales. Nos reunimos, hablamos, y a los dos días íbamos rumbo a Osa llenos de equipo de fotografía y acompañados de un asistente, algo que me sorprendió porque en mi ignorancia me parecía innecesario.

Yo le pedí a Diego que las esferas mostraran texturas, color y el entorno. Decidimos hacer fotos de noche e iluminarlas. Supongo que para los conocedores eso es elemental; sin embargo desde nuestra arqueología esto no era habitual, salvo para los montajes de las exposiciones internacionales de piezas extraordinarias.

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Esfera en el jardín de Hacienda Victoria, osa. Foto: Diego Matarrita.

En tres días hicimos un trabajo enorme, a pesar de la lluvia y de la complicada logística que implica trabajar en el campo. Los resultados fueron hermosos y el libro de las esferas pudo tener varias fotos primorosamente hechas

Curiosamente, dos las imágenes causaron el disgusto inicial de una de las personas involucradas en el proyecto de edición del libro.

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Perfil de la esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Esa persona manifestó que esas fotos eran poco científicas. Que llevaban a otras interpretaciones de las esferas y que esa no era la intención del libro. Eran fotos que insinuaban cosas pseudo-científicas que le podían dar alas a los especuladores de las esferas. A mi me sorprendió esa reacción y me enojó, debo decirlo.

Ahora lo veo en perspectiva y entiendo que estábamos entrando a otro lenguaje, a otra manera de comunicar y eso no era habitual. Al final siempre pusimos las fotos en el libro y fueron muy apreciadas. El diseñador las usó en la portada y contraportada y su diseño fue todo un éxito.

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Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hoy he tenido ganas de escribir esto porque he estado pensando en las miradas que tenemos sobre las cosas y cómo las construimos. También, he estado pensando en cómo otras miradas nos limitan y nos impiden conocer otras facetas de las cosas. Igualmente, he pensado en todo lo que nos enriquecen otras miradas y cómo descubrimos otros sentidos en las cosas desde otro crisol.

Ver las esferas de noche e iluminadas nos mostró otra faceta de ellas. Nos permitió imaginarlas desde otras miradas. Quizá eso no sea arqueología, y la verdad es que tampoco es tan importante si no lo es. A fin de cuentas alguna libertad podemos darnos de vez en cuando. Es que si no todo se vuelve muy aburrido.

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Don Rodolfo Rojas y los hombres que cargan a otros en hombros

José Luis Amador ha anunciado la re-edición del libro “Así era Curré: Una visión de la comunidad indígena de Curré de principios del Siglo XX hasta la década de los años 50″. El autor es don Rodolfo Rojas, quien ha vivido en Curré desde siempre.

Rey Curré, Curré o Yimba Cájc está ubicado en la provincia de Puntarenas, en la Zona Sur de Costa Rica. Constituye un lugar especial en la arqueología por su larga historia de ocupación humana, ya que a lo largo de unos 3.500 años ha habido gente indígena viviendo en esa ancha terraza aluvial formada por el río Grande de Térraba.

Hace unos años me encontré a don Rodolfo en una parada de bus en Buenos Aires- de Puntarenas, no de Argentina- y me enseñó el libro. Lo llevaba en una bolsita de plástico muy bien cuidado y como yo no lo tenía le dije que se lo compraba. Aceptó vendérmelo y en una rápida transacción me lo dio y apenas pude pagarle una parte porque mi bus iba saliendo a toda prisa.

Ya sentada en el bus lo abrí y lo leí de un tirón. Disfruté, aprendí y, principalmente, aprecié el esfuerzo de don Rodolfo por transmitir lo que sabía sobre su historia y la de su pueblo.

Hoy he recordado algo que él escribió y que me gustaría compartir por dos razones: la primera es que hace referencia a una práctica que fue común en sociedades en las que el dinero no era la forma de pago, ni el elemento determinante en las relaciones sociales porque no existía. La segunda es porque hay unas esculturas en piedra antiguas que de alguna manera rememoran lo que él cuenta.

Transcribo el capítulo del libro de don Rodolfo que trata sobre  “las juntas” y dice lo siguiente:

“Es muy común la realización de juntas o peonadas. Esto consistía en que, si a un vecino le era posible ofrecer alimentación a cincuenta o sesenta peones, invitaba esa cantidad de personas para un sábado, a trabajar en la preparación de un terreno para sembrar. Ese día los peones gozaban de desayuno, almuerzo, y cena, además de la chicha y baile durante la noche. A esto se le llamaba “juntas”.

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Gran parte de la historia de la humanidad se caracteriza por el trabajo conjunto. Las juntas, “mano-vuelta” y otras formas de trabajo colaborativo como la “jala de piedra” de Talamanca son prácticas ancestrales vitales  para los pueblos indígenas. Foto: Ricado Araya.

“Tanto en las juntas como en las peonadas, que eran de menos cantidad de peones, era muy divertido, pues en el trabajo todos salomaban a tono, decían versos, trabajaban compitiendo en grupos, a ver cual salía antes al fin del corte. Durante el trabajo las “agüeras” deberían andar detrás, o mas bien, delante de los trabajadores, para ofrecerles chicha, así como el almuerzo. En horas de la tarde, cuando el patrón daba hora de salida, todos en forma unida, regresaban a casa del patrón o dueño de la actividad y del trabajo. A unos 200 metros antes de llegar a la casa o lugar de la fiesta, se buscaba un participante que soportara el peso del patrón para llevarlo en hombros hasta su casa. Este hombre con su semejante a cuestas, era rodeado por los participantes, los que a un tono salomaban a mas no dar, acompañados del acordeón. Al entrar al solar de la casa, el patrón era recibido por mujeres que le hacían entrega de banderines, un muñeco de masa llamado almojabano y bienmesabe (masa dulce con leche). Este hombre con su patrón al hombro, tenía que bailar al compás del acordeón un punto y una cumbia que eran las músicas más comunes para los nativos. El patrón y sus participantes bailaban, antes de que se diera por concluida la llegada, posteriormente procedían a la comida, luego se iban para su casa para prepararse para el baile, en el que bailarían hasta altas horas de la madrugada.”

Es interesante esto que relata don Rodolfo sobre el patrón en hombros de uno de los peones. Cuando leí su texto me acordé de unas esculturas muy singulares de la misma región histórica de la que forma parte Curré y el pueblo bruncaj. Son las esculturas de Barriles, un importante sitio arqueológico ubicado en el lado panameño, cerca de la frontera con Costa Rica.

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Estatua del sitio Barriles, Panamá. Foto: Tomás Mendizabal.

Estas esculturas fueron encontradas a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Eran varias, unas dobles -de hombre sentado sobre otro- o individuales, y todas ellas estaban rotas, casi que mutiladas- cuando las encontraron.

Son representaciones de personas de tamaño natural. Las estatuas dobles muestran una clara jerarquía y relación de poder: el que está arriba lleva sombrero cónico, colgantes y, en algunos casos una cabeza trofeo en una mano y un hacha en la otra. Por estar tan arriba estos hombres tienen la mirada dirigida hacia abajo. En el caso del que lo sostiene no tiene ninguno de estos elementos; mas bien sus manos están ocupadas en sostener las piernas del que se posa sobre él.

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Escultura del sitio Barriles con hombre sentado sobre otros. El de arriba lleva una cabeza trofeo y un hacha en sus manos.

Estas esculturas fueron hechas hace unos 1.500 años, casi al mismo tiempo que las primeras esferas de piedra. Este tipo de representación no permeó en la región; mas bien fueron de distribución muy restringida, e irónicamente fueron rotas y enterradas y no se reprodujeron tiempo después.

Como vivo mezclando ideas, recordé una escultura reciente mientras escribía este texto. Se llama Piggyback Justitia y es una obra del danés  Jens Galschiøt.

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Es el mismo concepto aunque con otro sentido. Pasado y presente siempre se unen de alguna manera. Nadie diría que la estatuaria Barriles y el relato de don Rodolfo tienen algo que ver con este danés de extraño nombre. Pero sí: la desigualdad, el poder, el uno sobre otro. Esa injusticia en lo que se convirtió una forma inicial de trabajo colaborativo. Esa injusticia basada en la violencia que ha sido legitimada a través de la historia como si fuera natural.

A veces hay que romper las estatuas; quitarse de encima a quien se cree con derecho de sentarse sobre los hombros de otros. En Barriles lo hicieron, probablemente. De esa historia hay que aprender.

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Por si le interesa saber algo mas sobre el sitio Barriles y sus singulares esculturas en piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2012/08/10/un-metate-excepcional-del-sitio-barriles-o-cuando-la-escultura-en-piedra-no-tiene-limites/

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Costa Purruja: una esfera y dos barriles de piedra entre restos de pescados y moluscos

El 23 de junio se cumplió un año de la declaratoria de cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra como Patrimonio de la Humanidad. Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio son estos cuatro sitios. Todos ellos están ubicados en el Cantón de Osa, en la llanura aluvial y el piedemonde del Delta del Diquís.

Estos sitios fueron escogidos por ser representativos, de una u otra manera, de los otros 52 en los que también se han encontrado esferas y otros materiales de origen precolombino. Sin embargo, hay otros elementos importantes dentro del fenómeno de la arqueología de las esferas y los sitios a los que están asociadas que no se representan en los cuatro sitios de Osa.

En la actualidad, la trascendencia de la declaratoria de los sitios declarados patrimonio mundial opaca al resto de los que tienen esferas, y ni que decir de los que no las tienen. Es por esto, y principalmente porque es necesario entender el fenómeno de las esferas en un contexto amplio, que he decidido dedicar mis próximos textos a los sitios con esferas que no son Patrimonio Mundial.

Sitios con esferas sub-región Diquís
Cada punto rojo representa un sitio arqueológico con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Quiero empezar con un lugar poco conocido pero muy importante: Costa Purruja.  Y ¿por qué empezar con Costa Purruja? Pues por varias razones:

Primero que todo, este es un sitio que estudió el Dr. John Hoopes junto con sus estudiantes de la Universidad de Kansas en 1991. Desde entonces no ha sido estudiado ni protegido. Salvo alguna visita de inspección, hasta la fecha Costa Purruja no ha sido objeto de interés científico. Tampoco cuenta con ninguna medida de protección ni de gestión patrimonial.

Costa Purruja está fuera de Osa. Está en Golfito, en la parte alta de una isla unida a tierra firme por humedales. No es un sitio de llanura; está ubicado  en un fragmento de tierra elevado y de topografía quebrada. En la parte superior más plana se encuentra el yacimiento a 100 msnm. El acceso al área arqueológica implica un ascenso muy duro. ¿Por qué se fueron a vivir ahí y no en tierras llanas y de mas fácil acceso? Esto es parte de lo interesante de este sitio.

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Esfera partida y barriles de piedra del sitio Costa Purruja en Golfito. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

En Costa Purruja se encontró una esfera con un diámetro de 84 centímetros, un tamaño cercano al promedio de todas las que se conocen (±90 cm). Fue fabricada en roca de tipo gabroide, como  la mayoría de la región y su peso se calcula en uno 600 kilos aproximadamente.

La esfera de Costa Purruja está partida debido a una fractura que se generó por un defecto de la roca. En la parte interna de la superficie fracturada se observó una concavidad producida por abrasión. Esto indica que la esfera se partió en tiempos precolombinos, y a pesar de estar fracturada se siguió usando, pero ya no como esfera.

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Muestras cerámicas recuperdadas en el sitio Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Un segundo aspecto importante de Costa Purruja es su ubicación cronológica,  Los estudios de la cerámica encontrada en el lugar y las fechas de carbono 14 indican que fue ocupado en lo que se conoce como período Aguas Buenas, específicamente en la parte tardía del mismo (400 al 800 después de Cristo). Esto quiere decir que es de los lugares con esferas mas antiguos, al igual que Bolas, en el vecino cantón de Buenos Aires.

Sabemos que los sitios con esferas del sur de Costa Rica están asociados con dos períodos culturales: Aguas Buenas y Chiriquí. La mayoría de sitios conocidos tienen materiales cerámicos y otros elementos característicos del período Chiriquí (800d.C. 1550 d.C.).

Costa Purruja, al igual que el sitio Bolas, es muy significativo porque es anterior al período Chiriquí. Esto implica que las esferas en sus orígenes no estaban circunscritas solo a lo que hoy llamamos cantón de Osa y el delta del Diquís, sino a un territorio más amplio del Pacífico Sur del país.

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Detalle de las excavaciones de 1991 en el basurero de Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Un aspecto muy importante,  quizá fundamental, de Costa Purruja es que es un sitio de vivienda. Puede que en el lugar se hayan realizado actividades rituales o ceremoniales -eso no lo sabemos por la falta de estudios-, pero sea lo que sea, ahí vivió gente que desarrolló su vida cotidiana en la misma área donde estaba la esfera.

Cerca de un montículo artificial que ha sido poco estudiado, se encontró un enorme basurero con miles de restos de pescados, moluscos y otros restos de comida.

La gente que estaba viviendo en Costa Purruja comió grandes cantidades de especies marinas y costeras. Los restos de comida los arrojaron en la ladera de la montaña y ahí se acumularon varios metros cúbicos de fragmentos de huesos, conchas, semillas, carbón, utensilios de piedra y cerámica rotos.

Costa Purruja también es importante porque tiene barriles de piedra. Y ¿qué tienen de importante los barriles? Al igual que las esferas, los barriles son característicos y únicos de la región arqueológica Gran Chiriquí. Hace muchos años los barriles se relacionaban principalmente con el lado panameño de esta región. El famoso sitio Barriles, cerca de Volcán Barú en Panamá, se llama así por estos objetos.

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Barriles del Sur de Costa Rica de la Colección del Museo del Jade del Instituto Nacional de Seguros de Costa Rica. Procedencia exacta desconocida. Foto: I. Quintanilla.

Funcionalmente, el nombre que se les dio a estas esculturas no tiene ningún relación con contenedores, ya que no son huecos. Básicamente consisten en rocas graníticas o andesitas talladas en forma de cilindros. Algunos son de tipo columnar y otros son más redondeados en la parte central. Tienen una altura que oscila entre los 50 y los 70 cm de alto y los 40 de diámetro. Por los escasos ejemplares hallados – alrededor de 30- se pueden considerar como objetos raros dentro de la arqueología del continente americano.

En los extremos planos y en el resto del cuerpo tienen grabados en alto y bajo relieve. Los diseños consisten tanto en motivos abstractos como figurativos. Muchas veces estos diseños están muy desgastados y casi borrados. Hasta ahora no se conoce el uso que se les daba.

En Costa Purruja se encontraron dos barriles en superficie y muy cerca de la esfera fragmentada. Este hallazgo es muy significativo porque ha ayudado a clarificar el origen común de estas dos formas escultóricas -esferas y cilindros- en la Gran Chiriquí. Curiosamente, los barriles fueron fabricados y usados durante la parte tardía del período Aguas Buenas y en unos pocos lugares. De manera contrastante, las esferas siguieron siendo fabricadas durante unos 800 años más, y su uso, en lugar de disminuir, aumentó.

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Detalle de uno de los barriles de Costa Purruja. Foto: I. Quintanilla.

Con los estudios en Costa Purruja se amplió el conocimiento de la extensión geográfica de sitios con esferas, barriles y el uso de recursos marinos y costeros. Además, permitió conocer nuevos contextos para el uso de las esferas. Por otra parte, el hallazgo de esferas y barriles de piedra planteó interrogantes sobre la procedencia de la materia prima usada para fabricarlos. Aunado a esto, surgió la duda sobre la existencia de lugares de extracción de piedra ubicados fuera de la Cordillera Costeña.

Costa Purruja ha quedado en el olvido como tantos otros, a pesar de su esfera, sus barriles, su montículo, su gran basurero y muchas otras cosas más que no conocemos. Esto no debería ser así.

Uno de los grandes retos de la declaratoria de los sitios cacicales con esferas de piedra como patrimonio mundial es entender y proteger los otros sitios que forman parte de este fenómeno social. Es necesario -y obligatorio hasta cierto punto- ir más allá de los cuatro sitios declarados.

Costa Purruja amerita mayores estudios. No se pueden entender los sitios con esferas solo mirando el delta del Diquís. Los sitios mas antiguos situados fuera de este delta son fundamentales para entender el inicio de esta tradición escultórica y eso que se define como “sociedades cacicales“. Aquí está el origen, y eso hace necesario dedicar esfuerzos para desarrollar nuevas investigaciones.

Por otra parte hay que proteger lo que fue documentado en 1991, valorar su estado de conservación y tratar de integrar este recurso cultural en el desarrollo de Golfito, un cantón con grandes problemas sociales pero de gran riqueza cultural y natural.

La tarea es grande… nos comprometimos ante el mundo y dijimos que esto era importante y de valor universal. Ahora toca cumplir y Costa Purruja debería estar entre los primeros de la lista.


Nota: agradezco al Dr. John Hoopes las imágenes del sitio que me facilitó para ilustrar este texto.

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Perforaciones sin respuesta, o de cómo convertir las cosas en algo que no son

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Metate con perforación central. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

En los museos casi siempre vemos las cosas de lado, o de frente, y pocas veces las vemos desde arriba. Y la verdad es que según la posición en que miremos vemos más, menos, o a veces nada. Es el caso de este metate. De lado quizá no nos daríamos cuenta de que está perforado y que ese detalle lo convierte en algo distinto a su forma y a su uso original.

Se supone que en su origen fue un metate, un molino, una piedra de moler. Después de haber sido muy usado le hicieron una hermosa perforación con un taladro –de piedra, precolombino– que lo cambió, e hizo de él otra cosa. Pero, ¿qué era esta nueva cosa?

Perforación en metate

Algunos dicen que son piezas matadas, usadas muchas veces como ofrendas funerarias. Yo no creo que haya sido  así. Las perforaron para usarlas de otra manera, no para inutilizarlas. Cuando son “matadas” las rompen y las depositan juntas, o reparten los pedazos. Si ser muy experto se puede ver que esta perforación fue hecha con mimo, y nada parece indicar que haya habido intención de dejar la pieza inservible.

Este metate reconvertido me gusta por su simetría, por la intensidad del desgaste que tiene y, principalmente por las preguntas que me genera. Es una lástima que no tengamos información sobre el lugar exacto donde se encontró, ni tampoco tengamos datos de los otros objetos que lo acompañaban. Es la herencia del saqueo y del coleccionismo del objeto por el objeto mismo.

Hay otros ejemplares como el metate con forma de felino de abajo que también fueron perforados en el centro. Este tampoco quedo “inutilizable“. Quedó diferente y preparado para otro uso, o para un uso complementario al inicial.

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Lo que nos dicen estos metates es que ellos, al igual que la mayoría de los objetos, cambian, se usan de manera diferente a la idea que los concibió, se re-adaptan y asumen nuevos usos, nuevos sentidos y significados.

Lo mismo nos pasa a las personas. Al igual que las cosas, y junto con las cosas, nosotros también cambiamos y asumimos nuevos roles y nuevas vidas.

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Esferas en la playa

Esferas en la playa

Vaya donde vaya encuentro esferas. Unas son auténticas esferas precolombinas, otras son piedras muy redondas esculpidas por la naturaleza y una gran mayoría son réplicas en cemento. La de esta foto es de cemento. Me gustó verla medio decorando, medio demarcando espacios, medio tirada, medio cuidada. Está en un bar de playa, en Guanacaste junto con unas horrorosas creaciones de metates-lagarto, tigres con cabezas colgantes y otras atrocidades en cemento artístico.

Es bueno que haya una estética basada en lo precolombino. Es mucho mas bueno que las esferas estén llegando a Guanacaste y a sus playas, lugares donde nunca estuvieron las precolombinas de verdad. Supongo que ya remiten a algo que debe ser el pasado y la historia; lo indígena y lo que hubo antes. Si solo son decoración pues ni modo. Habrá que dotarlas de contenido y esa tarea nos toca a quienes nos dedicamos a esto del Patrimonio, la Historia y la Memoria.

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Un monseñor al que le gustaban los ídolos de piedra

En una entrada de este blog que escribí el pasado mes de julio comentaba el caso de un fraile – Juan de Dios Campos Diez, de la orden de los Observantes- que dedicó parte de su labor misionera a la destrucción de “idolos de piedra“. Dejó constancia de su tarea en un informe de 1804, una fecha bastante tardía para seguir rompiendo objetos indígenas con fines evangelizadores.

Ochenta años después del informe del fraile exterminador fue escrito otro sobre la misma región, pero esta vez decía algo diferente. Lo escribió Manuel Hidalgo Bonilla y aquí les transcribo una parte de su contenido:

El sábado salieron a la alta mar, el domingo, lunes y martes duró la navegación, en la tarde del 6 de mayo llegamos en frente de Boca Zacate. El miércoles 7 a las 8 de la mañana se hizo el desembarco.

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Vista aerea del extenso humedal de Sierpe-Térraba, el lugar por donde se adentró la expedición hacia tierra firme. Foto tomada de: http://www.google.es/imgres?imgurl=http://www.crhoy.com/wp-content/uploads/2013/02/terraba.jpg

En la playa estaban ya diez indios de Boruca con tres botes aguardando a S. Sia. De Boca Zacate se fueron a Boca Brava pasando por los esteros y pasando Boca Chica. En Boca Brava hubo necesidad de aguardar hasta las ocho de la noche por la marea. Toda la noche anduvimos por el río hasta llegar al Pozo.

En el Pozo quedó la embarcación del pailebote y nos fuimos en las estrechas canoas de los indios. A las 11 estuvimos en el Pozo y a las seis de la mañana llegamos. Inmediatamente se fue S.S. Ilmª con tres a visitar un lugar a dos leguas de distancia llamado las Pilas, en donde se encuentran grandes piedras de los antiguos indios. Encontró cuatro ídolos de piedra de dos varas, uno entero y tres en partes, tres figuras de animales de cuatro a cinco quintales de peso o piedra. Simbolizan venados o dantas o cariblancos. Dio después orden al alcalde de Boruca de sacar estas figuras a Boca Zacate, lo cual los indios de Boruca ejecutaron en la semana del 13 al 17 de mayo. S.S.Ilmª les pagó por la sacada $ 44 y un novillo de $16”.

¿Quien era Su Señoría o Su Ilustrísma, y qué hacía en el Pacífico Sur de Costa Rica?

Su Señoría no podía ser nadie más que el insigne e inquieto Monseñor Bernardo Augusto Thiel, quien viajaba por segunda vez a esta parte de Costa Rica, y lo hacía entrando por vía marítima desde Puntarenas para adentrarse a tierra firme en busca de los aislados y alejados territorios indígenas que la Iglesia Católica sentía como propios, en ausencia de acción del Estado costarricense.

En El Pozo -el viejo nombre de Ciudad Cortés- hizo un descanso para seguir el viaje en bote hasta Lagarto desde donde subiría hasta Boruca y a otros territorios indígenas. En realidad, no descansó -se fue a visitar el lugar del que le habían hablado en su primer visita donde habían restos de los pueblos antiguos que habían vivido en la zona.

Tristemente, el secretario que escribió el informe no dice nada sobre lo que observó y encontró Monseñor Thiel en este lugar. Solamente aporta los datos de lo que pagó para que se llevaran un grupo de esculturas de piedra  a un barco que las transportaría hacia San José, la capital. De lo poco que se dice lo único que se puede deducir es que a Monseñor Thiel le interesaban los restos arqueológicos y que destinaba parte de su tiempo en conocer de primera mano los lugares dónde estaban estos restos.

Figura 9 Claudio Barrantes
Imagen escaneada de la publicación de Claudio Barrantes con dos religiosos posando para la cámara. Como fondo se aprecian dos de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que se conservan en el Colegio Seminario.

El traslado de estas esculturas precolombinas hacia San José fue parte de un proceso que se estaba dando en otras partes del país y del mundo. El coleccionismo y el interés por lo antiguo se estaba instaurando como práctica común entre ciertas élites intelectuales. En Costa Rica, pocos años después del viaje de Monseñor Thiel, se institucionalizaría esta práctica con la creación del Museo Nacional de Costa Rica en 1887.

Thiel 1 copia
Fotografía que se conserva en el Smitsonian Institution en Washington de una de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que todavía se conserva en el Colegio Seminario en San José.

Es curioso. Guardar, en lugar de destruir o dejar destruirse, constituye un cambio de mentalidad radical. Destinar un lugar para guardar cosas, exponerlas a la vista pública y dedicarles cuido y mantenimiento contrasta con el afán violento de las primeras etapas evangelizadoras. Sin embargo -no nos engañemos- el proceso no dejó de ser violento.

Una cosa son las cosas y otra la gente. Y la tarea de colonizar no se detuvo por la magia de unos objetos. No. Esto siguió y sigue. Y, quizá lo más triste de esta historia es que con las primeras recolecciones de objetos arqueológicos, como esta que hizo Monseñor Thiel, se inició otro proceso más violento todavía: la separación física y emocional entre los objetos y los descendientes de quienes los hicieron, los usaron y los dejaron ahí donde estaban en ese momento. Ya nunca más serían de ellos, ni parte de su memoria.

Se podría decir que esta separación entre los objetos y la gente vinculada a ellos fue el comienzo de un camino que no acaba. De un camino de separación intencional, de un camino donde esos objetos ya no son lo que fueron, ni de quienes fueron. Objetos que perdieron su sentido, su significado original y que ahora, con casi 130 años de coleccionismo institucional, forman parte del patrimonio de una nación, de un estado y de un aparato ideológico que los dota de nuevos valores donde lo indígena es accesorio y parte del decorado.

Buho en piedra INS
Búho con cabeza humana colgando de sus garras. Una escultura similar a esta fue recolectada por Monseñor Thiel en Osa, en 1884. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto I. Quintanilla.

Viéndolo en perspectiva no sé que es más trágico. No sé si un fraile rompiendo esculturas es peor que un monseñor que se las lleva para la ciudad. El que las rompía lo hacía porque sentía que significaban algo para los indígenas. Los objetos recibían su rabia porque representaban algo. ¿Significarían lo mismo 80 años después cuando llegó Monseñor Thiel? ¿Brotaría alguna lágrima de los ojos de los borucas que ayudaron a subirlas al barco que las llevó a San José? ¿Hubo rabia o desgarro cuando las vieron desaparecer? o ¿Se pondrían a contar los reales que les dejó Monseñor Thiel, y no tuvieron ojos para lo que se iba? Eso si sería trágico, triste, desgarrador. Pero bueno… eso es la historia y la Historia.

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El enlace para leer mas sobre el fraile exterminador de ídolos:

(https://ifigeniaquintanilla.com/2013/07/07/sobre-un-milagro-indigena-en-el-sur-de-costa-rica/ )

Aquí la fuente de donde extraje la información del texto citado:

Anexo documental, segunda parte, Documento 6: Segunda visita de Monseñor Thiel al sureste de Costa Rica. Fuente:  AHABAT, serie libros Pastorales y Administrativos, Libro IV de Santa Visita del Ilm. Sr. Thiel, folios 62-67. Tomado del libro de escrito por Claudio Barrantes Cartín. Orígenes de la Diócesis de San Isidro del General. Una historia eclesiástica regional 1522-1954.

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Sobre felinos rechonchos en Barcelona y en el Diquís

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El gato de Fernando Botero en la Rambla del Raval, Barcelona. Foto: I. Quintanilla.

Ayer caminaba por la Rambla del Raval y aproveché mi paseo por esta parte vieja de Barcelona para visitar una de mis esculturas mas queridas: el gato gordo de Botero. Me encanta ese gato rechoncho, tan de Fernando Botero, tan exageradamente carnoso.

Me gusta, no tanto porque sea gato ni gordo. Es porque se deja tocar, porque mucha gente se sube a sus lomos, porque le tocan el cascabel -Botero sí pudo ponérselo-, porque posa y posan con él. Es un gato amigable  y afectuoso, a pesar del frío metal.

Gente sobre el gato de Botero
Gente montada sobre el gato de Botero. Es un caso excepcional de interacción entre paseantes y obra escultórica. Foto: Juan Pedro Chuet.

En la Rambla del Raval el gato de Botero encontró su lugar. Muchas personas también sienten que ese es su lugar, aunque estén de paso. Y es que tocarle los bigotes, caminar entre sus patas, tocarle sus grandes testículos hace que uno se sienta parte de ese espacio y de ese lugar. Esto casi nunca sucede con la escultura pública. Al contrario: la escultura pública, especialmente la conmemorativa y la referida a personajes importantes, tiende a alejar, a infundir respeto, marca distancia y segrega el espacio.

La escultura en espacios públicos muchas veces llama a la ira por lo que representa. Si se puede se le destruye; si no hay quien la vigile, cae en desgracia prontamente. No son objetos neutros; dicen mucho y generan distintos sentimientos. Por eso muchas de las esculturas públicas a lo largo de la historia de la humanidad han terminado rotas, descabezadas e inutilizadas.

En el Diquís precolombino hubo un momento en que convivían grandes esculturas públicas -las esferas monumentales- y otras obras escultóricas de pequeño formato. Entre estas pequeñas había unos felinos rechonchos como los de Botero.

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Escultura de felino. Delta del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Son piezas que miden entre 15 y 40 cm de largo y la mitad de alto. Fueron hechas en roca arenisca, y por lo general se han encontrado completas. Se hicieron y se usaron básicamente en el Delta del Dquís y sus alrededores inmediatos. No parecen haber sido hechas en grandes cantidades.

A la fecha se  conocen cerca de 40 esculturas de este tipo, lo que contrasta con las más de 300 esferas que se han documentado.

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Otro felino en piedra del Delta del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas de felinos del Diquís no dan la impresión de representar a seres agresivos, aunque enseñen sus colmillos. Sus cuerpos abultados, las colas pegadas al cuerpo y la inmovilidad  de sus poses dan cuenta de animales que parecen mas domésticos que amenazadoras fieras salvajes. Tampoco simulan la transformación chamánica de hombres y mujeres que se pueden transformar en poderosos felinos, tal y como ha sido registrado en la tradición oral sobre cosmogonías indígenas. No. Estos son más felinos gordos y relativamente amigables que seres creados para castigar y atemorizar.

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Vista frontal de la escultura de un felino del Delta del Diquís mostrando sus colmillos. Foto. Diego Matarrita.

Es curioso comparar las esculturas de bulto con las otras representaciones de felinos que hay en el Diquís. Eso que mucha gente local llama “piedra-tigre“-  y que los arqueólogos llamamos  “metates con efigie de jaguar“, son felinos, pero diferentes. Aquí no hay niños ni adultos con complejo de niños subidos sobre su lomos. Su cuerpo es la base para la molienda. Aquí las mujeres gastaron sus lomos con la diaria tarea de moler. Los de ellas y las del felino. Cada molienda adelgazaba el cuerpo en piedra, y en lugar de engordar perdía volumen cada vez que había que “picar” la superficie del plato de molienda para que “agarrara” mejor el grano, o lo que hubiera que procesar.

Metate Felino Diquís
Metate efigie de felino. Delta del Diquís. Foto: Diego Matarrita.

Unos gordos y otros flacos. Así se podrían describir los felinos en piedra del Diquís. No suena muy académico. Que importa. Lo que importa es que en el Diquís precolombino gustaban de los felinos gordos. Hoy en la Rambla del Raval de Barcelona también gusta un felino gordo que hace feliz a la gente.

Nota: Una crónica hermosa que cuenta el itinerario del gato de Botero en Barcelona hasta que encontró su lugar en la Rambla del Raval:

Historia de un gato gordo por Lluis Anton Baulenas (http://elpais.com/diario/2003/04/23/catalunya/1051060041_850215.html)

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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate “gigante”, monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la “cultura” Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como “región arqueológica Gran Chiriquí”, en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de “atlantes”, es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie “activa” para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para “contener” esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso “plato de molienda” sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los “sostenedores” del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.
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Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas

Una esfera para honrar

Esfera precolombina. Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita

En 1999 la Municipalidad de Osa recibió un gran regalo: el Museo Nacional de Costa Rica decidió ubicar una de las nueve esferas “repatriadas” a Osa en la sede de la Municipalidad. Fue parte de un acontecimiento muy importante, ya que se devolvían a la región Sur, específicamente a Osa, un grupo de esferas que habían sido trasladadas hacia el Valle Central en distintos momentos de los años 60´s y 70´s del siglo pasado.

En la Municipalidad de Osa se ubicó la más grande del grupo. Con sus 175 centímetros de diámetro y sus más de cuatro toneladas, esta esfera constituye uno de los más bellos y mejor conservados ejemplares de la monumentalidad y del fino acabado de las esferas precolombinas fabricadas en gabro.

Su lugar preciso de procedencia arqueológica se perdió porque fue movida sin ningún tipo de control. En San José estuvo ubicada en uno de los jardines de la sede principal de la Caja Costarricense de Seguro Social. Esta institución la cedió al Museo Nacional en 1999 y fue entonces cuando se reinstaló en Osa, en un nuevo espacio y con un nuevo sentido.

Hoy, la Municipalidad de Osa luce este bello ejemplar que se ha convertido en uno de sus símbolos. Ojalá que este privilegio sea honrado y que el gobierno local sepa defender, dignificar y poner en el lugar que le corresponde a este importante patrimonio arqueológico.