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Esculturas del Diquís de nuevo en la ruta

He pasado los últimos días consumida en un tema postergado desde hace varios años. Había dedicado mucha energía, dinero y tiempo al análisis de un conjunto de fragmentos de esculturas del Diquís que fueron encontradas mediante una excavación científica por arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, en el 2012.Debido a que me hacía falta tener objetos con datos de contexto, solicité el permiso para analizar este conjunto e incorporalo a mi tesis de doctorado. Por múltiples razones familiares y personales dejé todo ese trabajo en el limbo, sabiendo que ahí había un tesoro de información científica y una deuda académica.

En vista del trabajo que me espera, compré un nuevo mouse y un mouse pad de gamer. Me he dado a la tarea de limpiar imágenes, ordenar datos y procesar información. Avanzo y otra vez me siento embriagada de emoción, llena de energía y, especialmente me vuelvo a sentir llena de ganas de saber y con preguntas renovadas.

Fragmento de esculturas el sitio Batambal, Costa Rica.

Cada imagen que veo, cada fragmento, cada escultura rota me generan nuevas miradas y me inquietan los sentidos para ver lo no visible; para ver lo que generó esas rupturas y esa manera de hacer y usar los objetos.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-8 / Procedencia: 84N 28W superficie. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. MNCR ft dic2012.

La escultura en piedra del Diquís es extraña, diferente y singular. Mi tarea ahora, en este doctorado postergado, es clasificarla, ponerla en orden académico y estudiar una serie de temas interesantes que la hacen aún más singular y a la vez universal. Tengo capítulos incompletos, bases de datos para analizar e interpretar y cientos de imágenes y formularios con descripciones y medidas.

Veo y veo y encuentro fragmentos de cuerpos escultóricos incompletos, objetos de memoria guardados y luego depositados, cosas que fueron una cosa y luego fueron convertidas en otra. Un mundo de relaciones entre personas, objetos y lugares con las esculturas de piedra materializando esas relaciones.

Fotos Rodrigo Rubi. Escultura sitio Batambal, Diquís

Aquí estamos de nuevo en ruta. Nunca hay que desistir. Lo quebrado vuelve a estar completo.

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Sobre el arte de sanar una esfera de piedra

Las piedras se enferman. Aunque son materiales inorgánicos, las piedras sufren por los cambios bruscos de temperatura, por el crecimiento de microorganismos, por el fuego, por el maltrato humano y de la naturaleza. Por eso se enferman.

Las piedras, que son viejas de por sí, envejecen y se deterioran; pierden capas, se fragmentan, se disgregan, cambian y a veces se vuelven otras. La lluvia, el sol, la nieve, los sismos, el paso del tiempo…Todo afecta de una u otra manera a las piedras y, en gran medida, gracias a eso tenemos arena en el mar, suelos, cuevas, montañas y muchas cosas hermosas y útiles.

Las rocas han sido parte fundamental de nuestra vida. Foto: Diego Matarrita.

Aunque ahora las piedras nos parecen lejanas y solo útiles para decorar o construir, ellas siempre han estado vinculadas a nosotros. De la piedra salieron las primeras herramientas para cortar, para cazar, para abrir claros en el bosque, para construir viviendas, para prender fuego y procesar alimentos.

De la piedra también salieron armas, muchas letales y efectivas para producir dolor y muerte. Las piedras han sido mucho, y casi todo, en buena parte de la historia de la humanidad.

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Puñal de piedra. Colección Museo del Jade y la cultura precolombina. Foto: Diego Matarrita.

En tiempos recientes hemos ido abandonando a las piedras y cada vez estamos mas lejos de ellas. Por eso no las percibimos cercanas y hasta hablamos de ellas como insensibles, sin alma, sin ser.

Sin embargo, hay piedras que tienen alma, que tienen un ser. Estas rocas con alma son aquellas que han sido escogidas para plasmar pensamientos e ideas; aquellas que fueron transformadas en útiles que sirvieron para dar o quitar vida. Son aquellas rocas que han eternizado el pensamiento y las capacidades humanas.

En el mundo de la piedra transformada hay un grupo al que le he dedicado buena parte de mi vida. Son las esculturas de tiempos precolombinos fabricadas y usadas en el Diquís. Mas que estudiarlas, mi relación con ellas ha sido de cercanía familiar. Esta cercanía, especialmente con las esferas de piedra, me ha permitido sentir su deterioro, los riesgos y peligros por su exposición a las condiciones medioambientales y al des-cuido humano.

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

Desde 1991, año en que inicié mis investigaciones en el delta del Diquís, empezó mi vínculo emocional con las esferas de piedra. Encontrar algunas de ellas en su lugar original; ver el estado de abandono y darme cuenta que eran invisibles en la arqueología y en la protección patrimonial, generaron en mí un compromiso que no tuve anteriormente con otros objetos.

Desde entonces, siendo funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y luego como arqueóloga independiente, he mantenido la preocupación constante por las esferas. Preocupación que en algunos casos se convirtió en dolor, en sentimiento de culpa y en frustración.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2009.

Uno de mis mayores dolores, desde que la encontré en 1991, ha sido la esfera del sitio El Silencio. Esta es la más grande de todas. Tiene un diámetro de dos metros con sesenta y seis centímetros y su peso se calcula en 24 toneladas. Es la esfera emblema. La madre-esfera.

A pesar de haber sido fabricada en un sólido bloque de roca ígnea (granodiorita, según los análisis especializados), esta esfera estaba muy deteriorada desde que la encontramos. Este deterioro se fue acrecentando con el tiempo hasta convertirse en una real amenaza de perdida total de su superficie esculpida.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2015. Foto: Diego Matarrita.

La esfera de El Silencio- evocador nombre dado desde tiempos inmemoriales al lugar donde se encuentra- ha sufrido mucho. En 1991, en sus alrededores hacían quemas para sembrar arroz y otros alimentos. Por el fuego y su misma composición geológica fue debilitándose y perdiendo capas (laminaciones o exfoliaciones) que amenazaban su forma escultórica.

Estaba agrietada, y por la exposición a la intemperie y a los cambios bruscos de temperatura la pérdida de capas se fue haciendo mas pronunciada a lo largo del tiempo. Además, por el clima tropical crecían múltiples microorganismos sobre ella que de una otra manera la afectaban. El deterioro parecía no tener fin.

En junio del 2014, el sitio arqueológico El Silencio y su esfera emblema fueron incluidos en la declaratoria de los Asentamientos precolombinos cacicales con esferas de piedra del Diquís como patrimonio mundial de la UNESCO. Este sitio y otros tres mas (Finca 6, Batambal y Grijalba) fueron reconocidos como parte del patrimonio de la humanidad. Esto cambió su suerte.

Al convertirse el sitio El Silencio en parte del patrimonio mundial sucedió algo muy importante: había que garantizar la conservación de los bienes patrimoniales incluidos en la declaratoria. Esta responsabilidad era una tarea del estado costarricense, pero ayudar en la conservación de los mismos, también era responsabilidad de los países miembros de la UNESCO.

Gracias a esta declaratoria, el Museo Nacional de Costa Rica -ente estatal encargado de administrar este sitio de patrimonio mundial- buscó colaboración internacional para atender la restauración y la conservación de la esfera del sitio El Silencio. Esta colaboración la encontró en México, un país con una larga y probada trayectoria en conservación del patrimonio arqueológico.

Después un proceso de estudio y documentación de tres años que permitió hacer un diagnóstico y definir los tratamientos, en abril del 2019 un equipo de especialistas inició la restauración de la esfera.

La esfera enferma iba a ser sanada y tratada de acuerdo a los protocolos internacionales. La roca dañada sería intervenida y sus enfermedades y achaques curados o mitigados.

La Dra. Isabel Medina, experta en restauración y conservación, junto a Javier Fallas y Alfredo Duncan del Museo Nacional de Costa Rica retocan los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto Diego Matarrita

El conocimiento experto de la Dra. Isabel Medina, arqueóloga y especialista en restauración y conservación, dio la pauta para llevar adelante el proceso de restauración de la esfera de El Silencio. Ella, junto con un equipo de especialistas del Museo Nacional de Costa Rica y con el apoyo de otras instituciones tuvieron la responsabilidad de restaurarla y sanarla.

Alfredo Duncan y Javier Fallas en labores de restitución cromática de los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto: Diego Matarrita.

Después de limpiarla y eliminarle los microorganismos y la suciedad que la cubrían, empezaron a sanar sus heridas, a rellenar los puntos débiles con una mezcla de cal y arena previamente probada y a pegar fragmentos desprendidos. Ya curada, le hicieron retoques de pintura (restitución cromática) para que la mezcla de cal y arena adherida no contrastara con el acabado natural.

A lo largo de un mes de trabajo, la esfera del sitio El Silencio y el empedrado de cantos rodados que está asociada a ella fueron intervenidos. Por primera vez se hacía un trabajo integral de restauración de una esfera conservada en su lugar original.

A mitad de mayo, cuando ya casi estaban por acabar el proceso de restauración pedí permiso para visitar el sitio y documentar parte del proceso. Entrevisté a la Dra. Medina y le pedí que nos dejará filmar su explicación del proceso. En el video adjunto podrán escucharla. Diego Matarrita, quien me acompañó a la gira fue quien lo grabó y lo editó.

El proceso de restauración de la esfera de piedra del El silencio tuvo gran cobertura mediática. Diversos medios de comunicación nacionales e internacionales informaron sobre el mismo. Fue todo un acontecimiento en la arqueología nacional.

Para mí, la restauración de la esfera de El Silencio constituyó un alivio y, en cierta medida, una liberación. Verla reparada y atendida como a una enferma que merecía un trato especial me dio mucha alegría.

Esfera del sitio El Silencio días después del proceso de restauración. Foto: I Quintanilla.

Yo inicié este blog en el 2012 y lo llamé “El Drama de las esferas“. Lo llamé así en gran medida por el drama de la esfera de El Silencio y sus enfermedades no atendidas. Hoy una parte de ese drama se ha subsanado, sin embargo quedan muchas esferas, muchos sitios arqueológicos necesitados de atención, cuido y conservación. La tarea no ha terminado.

Las esculturas de piedra llevan el alma de quienes la labraron, de la época y de las motivaciones con las que fueron hechas.  Cargan con el paso del tiempo. Es nuestra responsabilidad cuidarlas y garantizar que esa alma siga viva.

=======================================================================Mas información en el siguiente enlace:

p://www.museocostarica.go.cr/boletin/entrevistas/461-profesionales-de-costa-rica-y-méxico-se-unen-para-conservar-y-restaurar-la-esfera-de-piedra-precolombina-más-grande-del-pa%C3%ADs.html#sthash.OjDFn4V8.dpbs

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Extraño personaje de piedra con bastones y serpientes

Actualmente tenemos una visión muy simple sobre los especialistas en el mundo indígena. Mucha gente habla sobre chamanes o sukias para referirse a las personas dedicadas a la medicina tradicional y a las labores relacionadas con el mundo espiritual. También se habla de los caciques para designar a quienes ocupan un rol importante en términos políticos y económicos. Sin embargo, el mundo de los especialistas indígenas y sus roles en la organización política, económica y social ha sido, y es, mucho mas compleja de lo que pensamos.

Ayer leí un artículo que escribió la antropóloga María Eugenia Bozzolli donde habla sobre los cargos tradicionales entre los indígenas bribris. El artículo se llama La posición social entre los especialistas en la medicina aborigen de Talamanca y es un interesante texto donde explica los diferentes cargos y su relación con la jerarquía social. Habla sobre los seis tipos de cargos conocidos ( Useköl, Jtösköl, BLu’, Awá, BikakLa, y Óköm), los procesos de aprendizaje por el que pasan para acceder a estos cargos, sus rasgos característicos y cómo se diferencian en sus tareas uno del otro.

Antonio Saldaña (izquierda) fue rey de Talamanca por 30 años.
Antonio Saldaña, último “rey” de Talamanca con un bastón en su mano y un colgante con águilas de oro.

 Un elemento muy relevante de lo que menciona doña María Eugenia es el uso de bastones por algunos de ellos, especialmente los de mayor rango. El uso de bastones es algo universal en términos de la materialización de poder y los especialistas talamanqueños no son la excepción en su uso.

Entre los talamanqueños, los bastones son objetos eminentemente masculinos. Hechos de madera por ellos mismos, muchas veces son pintados y usados como portadores de relatos o de atrapador de seres como los que provocan las enfermedades. Los bastones ayudan a los especialistas en sus prácticas rituales y los acompañan a donde van denotando su cargo.

En el mundo talamanqueño existe un estrecho vínculo entre los bastones que llevan en sus manos los especialistas y las serpientes. Estos objetos no se pueden poner en el suelo porque se convierten en serpientes peligrosas que causan daño. Sobre esto existen varias historias que los etnógrafos, como doña María Eugenia, han recopilado y que son el sustento de la cosmovisiçon bribri y cabécar,

Después de leer el artícuo de doña María Eugenia me acordé de una de las esculturas del Diquís que mas me ha impresionado. Aquí les comparto fotos de ellas.

Esta escultura forma parte de la extraordinaria colección de objetos que resguarda el Museo Nacional de Costa Rica en sus depósitos. No tiene datos de procedencia precisos, pero está registrada como del Diquís.

Su cabeza es redondeada y no tiene pelo. El rostro es una mezcla de humano y de saurio o felino. Tiene grandes y notorios dientes y boca; sus labios son gruesos y están claramente marcados. Probablemente tuvo colmillos pero esa parte de la boca se perdió antiguamente.

Este personaje tiene orejas que son inexpresivas cabezas humanas hechas mediante un prominente alto-relieve.

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De su cabeza, en la parte dorsal, y como si fuera una cesta por la larga banda que lo rodea, cuelga un ser humano con los piernas hacia arriba. Las piernas semi-dobladas se apoyan sobre la cabeza del personaje. La cabeza del ser colgado, que es desproporcionadamente grande, se apoya en la espalda del cargador.

Está escultura parece corresponder a un cazador con su presa: una presa humana que cuelga mientras él sostiene los bastones /serpientes en sus manos. Probablemente corresponda a un personaje mítico del que no sabemos nada, porque esta tradición escultórica no tiene un correlato etnográfico.

Esta escultura es muy  singular aparte de sus características formales por otras dos cosas. Una de ellas es que tiene restos de pigmentos de color crema y rojo lo que indica que estuvo pintada. Además, en la parte de la cara que perdió hicieron un retoque para afinar los puntos angulosos de la fractura. Esto indica que la escultura se siguió usando a pesar de “haberse dañado“.

No podemos interpretar esta escultura del Diquís dentro del contexto etnográfico bribri o cabécar de la Cordillera de Talamanca. Sabemos que las cosmovisiones indígenas del sur de Centroamérica tienen un sustrato común y por eso podemos relacionarlas. Es muy probable que esta práctica de uso de bastones y la simbología de las serpientes corresponda a una antigua cosmovisión que los talamanqueños todavía mantienen.

En el delta del Diquís tenemos objetos de piedra que nos recuerdan lo que pudo haber sido esa cosmovisión. Esta escultura es un buen recordatorio y una muestra de la piedra domesticada mediante el trabajo escultórico que nos dice cosas del pasado que nos llegan fragmentadas. Por suerte, doña María Eugenia con su trabajo nos ayuda a entender mejor este pasado.

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Nota: el artículo que menciono de doña María Eugenia Bozzoli está publicado en el libro: La mirada antropológica de María Eugenia Bozzoli 1960-1985. Editorial UNED. 2015. Este libro contiene diversas publicaciones de ella que fueron recopilados por Olga Echeverría y Margarita Bolaños en un esfuerzo por poner a disposición de todos la obra  de la gran pionera de la antropología de Costa Rica. Los invito a que lo adquieran y disfruten y aprendan del aporte de esta gran señora.
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Barriles de piedra de la Gran Chiriquí: ¿por qué nunca hablamos de ellos?

Hace cuatro años empecé a escribir un texto para este blog sobre los barriles de piedra del sur de Costa Rica y el Oeste de Panamá. Por alguna razón lo dejé abandonado y hoy creo que es el día para acabarlo.

Me ha motivado lo que escribió un amigo de un amigo de facebook en una publicación. Transcribo lo que escribió el señor, aunque un poco editado: Hay una pregunta que me hago..en 1958,59, en la zona de San Vito, Las Brisas, yo vi un círculo de Barriles de piedra y más hacia abajo lo que llaman La Maravilla vi otro círculo de estos Barriles, yo tenía como siete años. Y nunca oigo nada de estos Barriles..alguien me puede decir algo”.

Como Luis Figueroa, el amigo de FB, me etiquetó yo le respondí lo siguiente a Néstor, el señor amigo de Luis: “Nestor: usted fue un privilegiado si pudo ver estos círculos. Tristemente, los barriles al igual las esferas de piedra han sido removidos de sus lugares originales. Sabemos que los barriles son característicos y únicos en lo que se llama la Gran Chiriquí. Es una región arqueológica que se extiende entre el sur de Costa Rica y Panamá Oeste. Los barriles se han encontrado en la cuenca del río Coto Brus y en las cercanías del Volcán Barú en Panamá”.

Tiene razón Nestor al decir que nunca oye hablar sobre los barriles. No sé porqué nunca hablamos de ellos. Esto es curioso porque los barriles, al igual que las esferas de piedra son únicos dentro de la arqueología americana y ambos están asociados. De hecho, las esferas mas antiguas, las de hace unos 1500 años, se fabricaron al mismo tiempo que los barriles.

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Esta foto la tomó Mauricio Ordoñez hace mucho años. Son dos barriles de piedra que estaban expuestos de esta manera en la vieja exhibición del Museo del Jade en San José.

Los Barriles de piedra fueron hechos hace unos 1500  y se dejaron de hacer  hace unos 1000 años. Están relacionados a un período que en la arqueología del sur de Costa Rica se conoce como Aguas Buenas. Al igual que las esferas, los barriles son un tipo de representación de una forma abstracta:  son cilindros.

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Vista frontal de los mismos barriles de piedra de la colección del Museo del Jade, San José. Foto de Mauricio Ordoñez.

Aunque son figuras cilíndricas, se les llama  “barriles” en alusión a los contenedores o toneles de la misma forma. Sin embargo, el nombre de barriles que se le dio a estas esculturas no tiene nada ver con contenedores, ya que no son huecas.

Básicamente consisten en rocas graníticas o andesitas talladas en forma de cilindros. Algunos son de tipo columnar y otros son más redondeados en la parte central. En los extremos planos y en el resto del cuerpo tienen grabados en alto y bajo relieve. Los diseños consisten tanto en motivos abstractos como figurativos.

La información sobre los cilindros de piedra del período Aguas Buenas es muy escasa. La primera fuente publicada corresponde a Mathew Stirling quien en 1950 evaluó el sitio Barriles, un yacimiento ubicado cerca del Volcán Barú en Panamá. Sin embargo, es poco lo que dice respecto a estas esculturas. Por él y otros autores sabemos que en este sitio también se elaboraron unas escultura singulares. Son las estatuas Barriles, únicas y excepcionales en la América precolombina.

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Escultura del sitio Barriles en Panamá. Los barriles de piedra están asociados a este tipo singular de esculturas humanas. Foto: Tomás Mendizabal.

La mayor parte de barriles que se conocen provienen de la zona  de Coto Brus, en las faldas de la Cordillera de Talamanca, en el lado pacífico de esta. Laura Laurencich de Minelli  habla de ellos en una publicación de 1963.

En 1992 John Hoopes encontró dos barriles de piedra en los sitios Costa Purruja y Obando, en la zona del Golfo Dulce. Este hallazgo es muy importante porque estos barriles estaban junto con esferas en sitios habitacionales. Además son sitios situados en la costa, algo que vino a ampliar la distribución de los barriles, ya que la mayoría se habían encontrados en tierras del interior, al pie de la Cordillera de Talamanca.

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Barriles de piedra hallados en el sitio Costa Purruja, en Golfito, por el arqueólogo John Hoopes en 1992. Estaban junto con una esfera de piedra en un lugar donde vivía gente hace unos 1200 años.

En el 2002, un equipo de la Universidad de Costa Rica estudió el sitio Java cerca de Paso Real, camino a San Vito de Coto Brus y documentaron barriles junto con esferas de piedra en un sitio arqueológico con montículos habitacionales y estatuas.

Los barriles no se pueden considerar esculturas monumentales pero, por el tipo de piedra en que fueron fabricados (andesitas y gabros), resultan muy pesados. Se ha calculado que algunos de ellos pesan entre 200 y 250 kilos.

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Barriles y esfera partida del sitio Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Los barriles tienen figuras de personas y animales (monos y tortugas) grabadas en alto y bajorrelieve en los extremos planos. Llama la atención el severo desgaste que presentan los diseños, o el acabado incompleto de algunos de ellos. Esto es algo que se dio en ambos extremos de los objetos.

A la fecha no hay certeza sobre el uso que se le dio a los barriles. Se ha propuesto que son asientos, pero no hay ninguna evidencia de esto. De ser así, cada vez que se sentaban se movían mucho y rítmicamente hasta lograr el desgaste casi total de algunos grabados.

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Faceta plana de un barril con figura grabada y muy desgastada. Colección Museo Nacional de Costa Rica

A la fecha se conoce la existencia de cerca de 50 barriles, sin embargo no hay un inventario completo de ellos. Hace falta mas investigación acerca de ellos y especialmente, hace falta cuidar los que están sin desplazar en los pocos sitios arqueológicos que aún los conservan.

Es llamativo que en otras partes de América se han registrado esculturas que también tienen forma cilíndrica, pero son distintos a los barriles de la Gran Chiriquí. No son muchos los registros que hay sobre ellos. Uno de los más destacables es el que Mathew Stirling hizo de uno que se halló en México.

En 1963 Stirling publicó una escultura de forma cilíndrica hallada en un sitio olmeca, del que no logro encontrar el nombre ahora mismo. Como se ve en la imagen es un cilindro con una concavidad que pudo haberse usado como contenedora o para sostener algo. 

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Escultura cilíndrica publicada por M. Stirling en 1963. Estaba en un contexto de la cultura olmeca en México.

No podemos decir que cilindros como este tengan relación con los de Costa Rica y Panamá porque la escultura olmeca es muy diferente, además de la distancia que hay tanto en términos geográficos como cronológicos. La cultura olmeca es más antigua que las ocupaciones de Costa Rica con esferas y barriles. Hay casi mil años de diferencia y cientos de kilómetros entre una y otra.

Es importante saber que las esferas, la estatuaria barriles, los cilindros llamados barriles y otras esculturas son creaciones locales. Son innovaciones, son obras generadas por los grupos que vivían en esto que hoy llamamos Gran Chiriquí. Su singularidad es parte de lo que caracteriza a estos pueblos que hicieron de la piedra un medio de expresión excepcional.

Para terminar este breve texto quiero retomar el cierre de mensajes con el señor Nestor. Él escribió después de mis mensajes:

Claro, ahora me libras de un sentimiento extraño..Y un recuerdo de mi pasado con mi madre en un viaje hecho de San Vito a Paso Real, por la trochavieja, en Las Brisas estaban los primeros, y en La Maravilla, cerca del río, estaban los otros…
Gracias..
Algo que recuerdo, que dijeron ..Era que esos barriles eran de extraterrestres, y eran círculos guías, porque de ellos salía energía…
Para mi fue como si un chino me hablará, pero si me impresionaron mucho…encontrar una forma geométrica formada por barriles en medio de la montaña…”.

Son raros los recuerdos. Las evocaciones al pasado, los viajes con la familia, la mirada de niño. Me alegra que el señor Nestor haya recordado lo que vio en 1958 o 1959. Al recordar él me ha hecho recordar a mí que tenía este texto pendiente. Espero haberle aclarado sus dudas.

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Adjunto dos enlaces relacionados con los barriles de piedra:

Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Costa Purruja: una esfera y dos barriles de piedra entre restos de pescados y moluscos

 

 

 

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Sobre el arte de hacer figuras de piedra entre los bribris

Hace unos meses publiqué en este blog un texto sobre la idea tan arraigada en el sur de Costa Rica de que los indígenas fundían la piedra para fabricar esculturas. Esta idea la comparten indígenas de distintas etnias y campesinos no indígenas, que la han incorporado a su bagaje, quizá de oírla de sus vecinos.

Ayer estaba revisando unos viejos libros y encontré una narración que recopiló la antropóloga MªEugenia Bozzolli en Amubri, un pueblo bribri del Caribe Sur de Costa Rica. El relato lo hizo Albir Morales en 1986. Como me gusta la historia, he decidido transcribirla tal cual está publicada:

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MEMORIA DE CÓMO SE HACÍAN FIGURAS DE PIEDRAS

Narrador: Albir Morales (Clan Dojkwak, Amubri), 1986

En aquel tiempo, en Blo’bta, lugar en Alto Lari, había un hueco en la tierra, especie de túnel que se convierte en horno para hacer la materia de hacer figuras. Este sitio estaba por la cabecera del Río Dpari.

Del río se sacaban veinte o treinta piedras y se llevaban a un fuego que se enciende en el horno de tierra. Estas pìedras eran/wiñe/, piedras macho alargadas. Cuando estaban ardiendo se echaban en el agua y se enfriaban. Se volvían a poner al horno.

Cuando esto se había hecho cuatro veces, había ocurrido /ák Wíköl dwö/, había muerto el espíritu de la piedra. Entonces se llevaban a una piedra de moler y se convertían en polvo. Ese polvo se mezclaba con una tierra roja pegajosa que se conseguía en ese lugar. La arcilla era /alaki/ hembra. De la mezcla, se esculpían las figuras. Cuando se estaba haciendo la mezcla, el polvo de piedra, que es azul, cambiaba el color de la arcilla roja y lo enfriaba, dejando la argamasa con un tono grisáceo oscuro o azulado.

Hacer las figuras de esta mezcla se llamaba /iyi wiköl ywöie/, hacer animalitos y otros seres de las historias. Algunas eran /sorkula diököl/, por ejemplo, tigre, gavilán y monos congos.

Tomado de: Tradición Oral Costarricense. ¿1995?. Volumen III, Año III, Nº 3-4: 50. Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, San José.

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Para nadie es un secreto que el trabajo en piedra precolombina de lo que ahora llamamos Costa Rica es impresionante en términos tecnológicos e iconográficos. En esta parte del mundo no sólo se tallaron esculturas de diversas formas; también se tallaron, a veces de manera exquisita, objetos utilitarios como los metates o piedra de molienda.

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Metates precolombinos finamente esculpidos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Fotos: Diego Matarrita.

Es muy interesante, que los bribris, un pueblo que habita tanto en la estribación Caribe como la del Pacífico de la Cordillera de Talamanca, guarde una historia y conserve una concepción sobre la manera en que se hacían las figuras de piedra.

Piedras con espíritu. Piedras con adscripción de género. Piedras vivas que se transforman. Seres humanos capaces de fundirlas y modelarlas. Es historia oral que es verdad por ser eso: historia transmitida de generación en generación para explicar el mundo y sus cosas.

A través de la investigación arqueológica la información acerca de la fabricación de los objetos escultóricos nos dan otros datos. Sin embargo, la manera en que la gente indígena los entiende y mantiene la memoria acerca de ellos, es tan importante como nuestros resultados. Y es que nuestros resultados son para nosotros, que también necesitamos entenderlos y tener nuestro propio relato.

La piedra y su transformación para crear objetos fue fundamental en el mundo indígena anterior a la introducción del hierro y otros metales duros por los conquistadores europeos. América precolombina tuvo en la piedra el soporte para el mundo doméstico. Igualmente, encontró en la piedra un medio para plasmar un rico y complejo mundo simbólico. La piedra estuvo siempre presente en la vida indígena. Ahora, la piedra es cosa del pasado hasta para los mismos indígenas.

Necesitamos muchas maneras de hacer memoria. No se nos puede olvidar que en gran parte somos seres humanos porque hicimos cosas de piedra.

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Este es el enlace del texto anterior sobre la técnica de fundir piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/06/13/acerca-de-la-tecnica-de-suavizar-la-piedra-y-la-escultura-precolombina/

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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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Hermosa curvatura de piedra

Bahía BallenaDa gusto ver una esfera así. Para los que gustan de la simetría, de las formas hermosas. Con su musgo, sus líquenes, sus cianobacterías y demás micro-organismos. Con su tropicalidad.

Esta esfera yace plácidamente abandonada junto con otras cuatro en el centro del pueblo de Bahía Ballena, en Uvita. Casi invisible por el descuido, no es percibida en su perfección ni en su fino acabado.

Yace invisible mientras cientos de turistas entran al parque marino Ballena. Quizá mejor así que con gente subida sobre ella, o posando para la foto. No sé… cada vez tengo menos cosas claras con esto del turismo que consume cultura. Por ahora mejor mostrarla en fotos. Fotos como esta que re-encontré y que tomó Diego Matarrita el año pasado. La comparto hoy para que no se nos olvide que está ahí y así.