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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

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De rebeldías, manglares y patrimonio mundial

Hoy, 22 de agosto, se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. Él murió un domingo por la noche y como buena familia de raíz campesina decidimos velarlo en la casa y no en una fría funeraria. La noche de la vela fue larga y triste, con poca gente y un solo borracho que llegó para alegrar las largas horas de la madrugada.

Mientras velábamos a mi papá estaba pasando algo que era importante en mi vida, en la de él y en la de Costa Rica. En el lejano Qatar se estaba celebrando la 38 sesión anual del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esta reunión había comenzado el 15 de junio y el 23 era uno de los últimos días de sesiones. En la madrugada de Costa Rica, mientras Berny nos contaba historias hilarantes de morirnos de risa y papi estaba en su ataúd, se decidía que cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra postulados por el gobierno de Costa Rica eran declarados patrimonio mundial de la UNESCO.

En un momento de esa madrugada entré al facebook y leí la noticia de la declaratoria. No podía celebrar, ni hacer gran cosa. Mi cabeza y mi corazón estaban llorando la perdida de mi papá. Lo único que se me vino a la mente fue una pelea monumental que tuve con él en diciembre de 1990 cuando le dije que iba a empezar un proyecto en Palmar Sur, en las tierras de las antigua Compañía Bananera, y en las montañas de Sierpe y Ciudad Cortés.

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Casas del cuadrante de Finca 6. Ahí vivió mi papá parte de su vida bananera en los años 40 y 50. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se enojó mucho, renegó de mi y de todo el esfuerzo que había hecho para que fuera a la universidad. Renegó de mi licenciatura en arqueología recién recibida y de mi trabajo como funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica.

Estaba muy enojado, bravo, furibundo. Él, que había estado ahí, que conocía la bananera, el clima, los vicios, lo duro del lugar, no podía aceptar que su hija universitaria y estudiada se fuera a trabajar al lugar que él había dejado atrás, en 1957, después de 15 años de juventud gastada en la plantación bananera.

Él, que había cruzado montañas caminando y arrastrando el miedo del adolescente casi huérfano que emigraba buscando algo en un país y tierra extraña; él, que había trabajado tanto y tan duramente, no quería aceptar que parte de su esfuerzo se devolviera y que su hija se fuera a gastar como él en la Zona Sur.

Para mi papá en la Zona Sur solo me esperaba un color amarillento en la piel, violencia, reumatismo y un trato de cocinera o prostituta. Estaba decepcionado de mí por no buscar un cómodo escritorio, por no aceptar los placeres de la burocracia.

A pesar de la pelea y los reclamos, mi papá sabía que yo no cambiaría de idea. Esa parte tan nica, ese carácter duro, empecinado, que servía de tabla de supervivencia, yo lo tenía muy adentro y, al igual que él, lo usaría para cumplir mis metas, para ejercer mi libertad, para liberarme aunque fuera de él y de todo lo demás.

El 23 de julio del 2014 cuatro sitios con esferas de piedra del Diquís fueron declarados patrimonio de la humanidad. Tres de ellos –El Silencio, Batambal y Grijalba– los encontré en la primer temporada de trabajo de campo, en 1991, cuando ya  no había nada que discutir con mi papá. El proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba” daba sus frutos y se sembraba la semilla de esa declaratoria. En 1993, Finca 6 -el otro sitio de la declaratoria- consumía mis energías y las de un grupo de estudiantes de la Universidad de Costa Rica. Ahí quedaba otra semilla que hoy florece espléndidamente.

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Vista del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se murió y no pudo celebrar ni decirme nada sobre la declaratoria de la UNESCO. Yo tampoco he celebrado porque ya no tengo con quien pelearme, no tengo a quien retar para seguir adelante, no tengo a quien decirle que sí valió la pena, que había que ir al Sur, adonde casi nadie quería ir. Yo fui por mi propia voluntad, por amor a la arqueología y a los manglares, y quizá en lo más profundo de mi ser fui para encontrar a mi papá y a lo que dejó allá.

Mi papá se equivocaba en 1990, aunque tenía razón desde sus propias vivencias. Hoy, dos meses después de su muerte, me hubiera peleado igual por irme al Sur. Así nos relacionábamos, y así nos queríamos y respetábamos.

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Piedras con nombre propio

Hace unas semanas escuché a la antropóloga Carmen Murillo decir que el patrimonio no es lo que nombran o identifican los funcionarios de la cultura. Explicaba que el patrimonio es lo que la gente identifica como propio, como algo que le pertenece y que es a la gente a la que hay que escuchar para identificar, proteger y poner en valor eso que llamamos patrimonio cultural.

Muchas veces escuchamos algo y luego ese algo retorna ante una imagen o un recuerdo. Recordé lo que Carmen dijo mientras pensaba en una piedra que siempre he querido estudiar. Es una piedra que llaman “mano de tigre” y que está a la orilla de la carretera que va de Térraba a Boruca, allá en el Sur de Costa Rica.

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Piedra “mano de tigre“.

La piedra “mano de tigre” pasa desapercibida para cualquiera que no sea indígena. Es una piedra relativamente grande, está sola en el camino y no parece haber sido modificada por la acción humana. Sin embargo, esta roca tiene un gran significado para la gente de Térraba y la de Boruca, dos pueblos indígenas distintos étnicamente que han compartido espacio territorial en los últimos 300 años.

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Detalle de la huela de la “mano del tigre”. Foto: I .Quintanilla.

La piedra “mano de tigre” conserva la huella de un tigre. Esta huella no sabemos si fue tallada o si se formó por causas naturales. Lo importante es que las concavidades que conserva han sido interpretadas y dotadas de sentido por dos comunidades indígenas. Por lo tanto tiene un significado especial para ellos en términos de sus identidades y de sus memorias.

Esta piedra constituye un límite territorial no explícito entre Térrabas y Borucas. Estos pueblos han tenido sus diferencias durante los siglos que han tenido que compartir territorio por obligación colonial. Han tenido conflictos, han intercambiado cosas, se han casado entre ellos y han sufrido de la misma manera un proceso violento de colonización occidental. En todo esto hay una piedra que los une, que ambos pueblos reconocen, a pesar de que podría ser una piedra más a la orilla de una carretera.

Mientras escribía este texto leí en Facebook un comentario de Melvin Kamel González Rojas, un gran pintor y movilizador cultural boruca. Ponía Kamel un texto con una foto.

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Piedra “Mamran”. Foto: Kamel González.

Dice Kamel: “Piedra llamada MAMRAN. En este lugar hacía su aparición el espíritu del agua Di^Sujcra a veces como hombre a veces como nutria y a veces como espíritu, nutria y hombre. Aki nace la historia de las MAMRAN hijas del Di^Sujcra. Mitos de nuestro pueblo brunkajc de tiempos precolombinos“.

Es bonito que las piedras tengan nombres. Esto les da identidad, las humaniza y las hace diferentes. Si además de nombre tienen historias y son parte de la memoria pues mucho mejor aun. Son piedras naturales con valor social y eso las convierte en algo muy importante.

Con el ejemplo de estas dos piedras naturales con nombre propio, quisiera volver a lo que planteaba Carmen.

El patrimonio no solo son los bailes, las tradiciones gastronómicas o artesanales, o los objetos que los atestiguan. El patrimonio de un pueblo, además de eso, tiene como base su territorio y el territorio tiene nombres, lugares, piedras, montañas, ríos, cuevas, cielo, estrellas…

Cuidar todo lo que tenga significado social, cultural e histórico -no solo los objetos- debería de ser una tarea fundamental de quienes se ocupan de los temas patrimoniales. Es necesario volver los ojos al territorio, no solo para buscar atractivos turísticos y desarrollar el etnoturismo como se plantea para los pueblos indígenas, sino para revalorizarlo y para que la gente se reconozca y se reconstruya como parte de un pueblo con historia.

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Patrimonio olvidado

Patrimonio olvidado
Casona y esferas de Bahía Ballena, Uvita, Osa. Foto Diego Matarrita.

Una casona histórica declarada patrimonio histórico-arquitectónico según la ley 7555 y unas esferas de piedra que son patrimonio arqueológico y que quizá sean declaradas “símbolos de la patria”.
Una casa abandonada que se destruye ante la mirada de turistas y vecinos en Bahía Ballena, Uvita. Unas esferas descuidadas e invisibles como muchas otras. ¿Es esta la manera de cuidar nuestro patrimonio? ¿Es qué no podemos hacer nada?

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La casona de Bahía Ballena se encuentra en un lamentable estado de conservación. En lo que fueron los jardines de la casona hay Cinco esferas precolombinas. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Yo creo que si se puede hacer algo y lo primero es decir que esto está pasando. Lo segundo es actuar y tomar decisiones. La inacción del estado no puede condenar el patrimonio cultural al olvido y a la destrucción. Todos tenemos responsabilidad y todos debemos actuar.

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De cuando Villachica pidió una esfera, y se la dieron

La mayoría de la gente ve las esferas de piedra, y poco saben sobre sus historias; sobre las razones que provocaron que estén en determinado lugar, que estén deterioradas o cuidadas, que se conserven en el último lugar donde la dejaron los indígenas precolombinos, o que estén decorando un jardín o tiradas en medio campo.

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Esfera de Bahía Ballena, Uvita, Osa. El dulce encanto del abandono. Foto: I. Quintanilla, abril del 2014.

De la historia particular de cada esfera poco se conoce porque no se han estudiado ni conservado como objetos con historia. Han sido vistas como “bienes muebles“, como cosas que se llevan de un lugar a otro, donde cada traslado hace que se pierda su historia anterior. Y es que la historia de un objeto dice mucho sobre él, pero también de la gente que le dio vida mediante el uso o el desuso, de la gente que lo apreció, lo abandonó y hasta lo destruyó.

Hoy quiero contar una triste historia. Es la de una esfera “invisible“, de una de esas esferas que están ahí y que pocos ven, y si las ven es para una foto rápida.

La esfera de la historia tuvo una vida “gloriosa” hace unos 50 años. Sin embargo, hace unos 10 años fue “degradada” y enviada a un lugar donde no fue pedida, ni buscada, ni apreciada por la gente con las que hoy convive.

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Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto Diego Matarrita, abril del 2014.

La esfera de la historia mide cerca de 160 cm de diámetro, está fabricada en roca de tipo gabroide, como la mayoría de esferas del Diquís y también, al igual que la mayoría de esferas de esta región, es de forma simétrica y de acabado fino.

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Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Esta esfera tuvo sus días de gloria cuando la administración de la Compañía Bananera de Costa Rica -el nombre para el país de la United Fruit Company– decidió extraerla de una de las fincas bananeras donde formaba parte de un sitio arqueológico hoy desconocido y colocarla en la entrada de la “zona americana” de Palmar Sur.

En cada área de plantación, la United, tenía una “zona americana“. Era el espacio exclusivo para los altos mandos de la administración bananera. Era zona de acceso restringido para el resto de los mortales, salvo para cocineros, jardineros y para el servicio en general. En la “zona americana” estaban las casas grandes, el club con su cine, su bar, los grandes y cuidados jardines; ahí se concentraba el poder. Un poder encerrado en un mundo blanco, simétrico, limpio que se ejemplificaba en un paisaje tropical dominado por el orden y el progreso.

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Antiguo club social de la zona americana de Palmar Sur. Ahí había un gran salón con bar y cine, tenía un “bowling” o boliche y era el lugar de encuentro para la administración bananera. En el 2009 la Municipalidad de Osa lo restauró y ahora se usa para actividades sociales y culturales. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahí, en la entrada principal de la “zona americana” de Palmar Sur, estaba la esfera de la triste historia. Una esfera admitida en el mundo blanco, que decoraba y marcaba el lugar. No tengo a mano una foto de este tiempo de gloria. Tampoco la tengo de su período de “decadencia” cuando la Compañía Bananera se fue de la región y la “zona americana” dejó de ser lo que era.

Desde 1985, cuando la Compañía Bananera se fue, hasta el 2005 la esfera estuvo en la misma base de cemento que le habían construido en los años sesenta. A veces los jardines circundantes estaban cuidados; otras veces la vegetación crecía y la ocultaba un poco, pero ahí seguía como un recuerdo vivo de una parte de su historia, de la historia de Costa Rica y también del mundo capitalista y sus procesos.

En el 2005 la vida de la esfera de la triste historia cambió. Según parece, los funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica encargados de proteger el patrimonio cultural del país necesitaban equipo pesado para mover y trasladar una serie de esferas que consideraban que estaban en riesgo. El alcalde municipal de ese momento -un señor de apellido Villachica del pueblo pequeño de Sierpe- les facilitó la maquinaria y pidió a cambio, o como favor, una esfera para su pueblo.

A Villachica no le dieron una de las que estaban en riesgo -seguro eran pequeñas o estaban rotas o agrietadas- No, le dieron una grande y bonita. No estaba en riesgo, sólo estaba un poco abandonada, pero a diferencia de la gran mayoría de esferas tenía una base de cemento y estaba incorporada al paisaje de Palmar Sur. Eso no importó para tomar la decisión. Cuando se es funcionario público, se tienen “potestades de imperio” y principalmente si se tiene un cargador, cadenas de acero y un alcalde complaciente todo se decide con facilidad.

Dicen mis amigos de Sierpe que ellos solo vieron llegar una vagoneta y que en unos momentos había una esfera depositada en el parque. Nadie la esperaba. Ni una base de cemento, ni un parque adaptado para lucirla y recibirla. Tampoco estaban los niños de la escuela para la foto, ni las fuerzas vivas del pueblo para aplaudir y agradecer el regalo. Ahí la dejaron, sin mediar palabras ni condiciones y se olvidaron de ella.

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Otra vista de la esfera del parque de Sierpe. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahora, en abril del 2014, la esfera de la triste historia luce cada vez más abandonada. Nadie recuerda sus tiempos de gloria en la “zona americana“, ni nadie pide cuentas de por qué está ahí y así. Bueno, yo estoy pidiendo cuentas.

Por suerte los objetos, las esferas de piedra, viven en nosotros y somos nosotros quienes les damos sentido y significado. Por eso, porque me da pena y porque la esfera no tiene alma, ni voz para gritar por la injusticia cometida es que escribo esto hoy. Y es que desde el 2005 estoy atragantada por este desatino y porque cada vez que voy a Sierpe no dejo de mirar esta triste y abandonada esfera que no merece el trato que se le ha dado.

 

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Un largo camino de transformación: de la piedra amorfa a la esfera perfecta

Hace unas semanas me enviaron un pequeño documento escrito por dos especialistas del LANAMME (Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales de la Universidad de Costa Rica-UCR) con los resultados de un prueba que hicieron para medir y documentar una esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la misma universidad. El estudio lo hicieron usando un scanner láser -un aparato de alta precisión- y obtuvieron un resultado impresionante: la esfera de 195 cm de diámetro es casi perfecta al compararla con una esfera ideal del mismo tamaño.

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Esfera de 195 cm de diámetro localizada hoy día en un jardín de la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la UCR, en San Pedro. Es la esfera de mayor tamaño trasladada hacia la capital desde Osa. Foto: Diego Matarrita.

Salvo pequeños sectores, esta gran esfera -la más grande que hay en San José- es una escultura simétrica, casi, casi perfecta. A simple vista lo parecía, pero ahora con el uso de esta tecnología se ha corroborado.

A ojos de simples mortales, carentes del ojo y de la mano del escultor, o de la inquietud de los amantes de las medidas, quizá parezca una simpleza decir que las esferas precolombinas son casi perfectas. Y es que decir que estas esculturas de forma esférica tienen gran simetría equivale a decir muchas cosas.

Primero que todo equivale a decir que fueron manos expertas, con gran conocimiento y experiencia, las que se encargaron de tallar y de orientar el proceso.

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Es largo el camino de transformar una roca amorfa en una esfera perfecta. Rocas naturales de gabro en Quebrada Olla Cero, Osa, una de los posibles lugares de aprovechamiento de rocas para hacer las esferas del delta del Diquís y alrededores. Foto: Diego Matarrita.

En segundo lugar implica aceptar que el uso de la tecnología utilizada posibilitó conseguir estas formas perfectas. Y es que la tecnología que se usó  fue la de la piedra, la de usar otros instrumentos rocosos de gran dureza y de formas variadas -mazas, cinceles, punteros, martillos, entre otros- para esculpir piedras sin forma, o de formas dadas por la naturaleza, hasta conseguir lo deseado: la esfera perfecta y de acabado fino.

No fueron metales – el oro y el cobre eran muy blandos para domar la dureza de la piedra-; fueron otras piedras trabajadas previamente y convertidas en instrumentos las que acompañaron los miles de golpes que fueron necesarios para eliminar lo no deseado y encontrar lo buscado.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.
Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

En tercer lugar tenemos otra implicación: quienes organizaron la manufactura de las esferas precolombinas usaron sistemas de medidas y de control. No tenemos los instrumentos que usaron, pero el no tenerlos no implica que nos los usaron. La evidencia más directa de esto nos la dan las esferas en si mismas, especialmente las de tamaño monumental.

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No siempre se alcanzó la simetría y la perfección. O quizá se consiguió pero en el transcurso del tiempo la esfera perdió fragmentos y hubo que retrabajarla quedando su forma tocada y deformada. Esfera colocada en uno de los jardines del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Algo impresionante, y que pasa a veces desapercibido por la terrible destrucción de los contextos arqueológicos donde estaban las esferas, es que no sólo hicieron grandes esferas casi perfectas, sino que también hicieron esferas gemelas casi perfectas. Es el caso de las dos esferas de 190 cm de diámetro que están en Finca 6 o las dos de 210 cm de diámetro que están en el Colegio de Palmar Norte.

Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad d estas esculturas de gran valor simbólico. Foto Diego Matarrita.
Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es una esfera gemela. Probablemente correspondan a las dos que documentó Samuel K. Lothrop en Finca 4, sección 36, aunque él les asigna una medida de 200 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita.

Un cuarta implicación es la que tiene que ver con los pensamientos de quienes las hicieron y de quienes las usaron y cuidaron. No se buscaban piedras redondas; buscaban, querían, invertían grandes esfuerzos en conseguir esculturas esféricas de gran calidad. Y es que si lo pensamos bien y nos situamos en la mente de la gente de las esferas debemos aceptar que había un gran sentido estético, una idea, un concepto, una forma, un algo buscado y conseguido.

Mas allá de los significados y sentidos de las esferas precolombinas lo que podemos decir es que esa gente trabajó duró y logró alcanzar cientos de veces su objetivo. Hacer esferas perfectas, o casi perfectas y sacar de la piedra deforme la idea, la forma deseada, requirió un gran esfuerzo colectivo. Fue un proceso de transformación, de vencer la naturaleza y de vencerse a ellos mismos.

Don Méjico posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.
Esfera C de Finca 6, un ejemplo de perfección. Foto: I. Quintanilla.

No solo era conseguir la forma perfecta; era conseguir que la forma llegara a los lugares elegidos para ser usadas por la comunidad. Mover esos cuerpos de varias toneladas, sacarlos de las quebradas o bajarlos de las montañas, llevarlos a lo largo de kilómetros en zonas boscosas, lodosas, luchar contra la lluvia o el sol abrasador… todo eso fue trabajo, coordinación, habilidad, experiencia, esfuerzo, comunidad, deseo y lucha.

La forma perfecta, la esfera de piedra perfecta, solo es un indicador de todo un complejo entramado social. Sin gente, sin artistas, sin escultores expertos, sin decisión colectiva no habrían esferas. Ellas en si mismas no son nada. Son lo que son por quienes las hicieron y por las circunstancias en que se hicieron. Sin esto sólo son piedras redondas y eso no es importante para la historia.

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.