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Las esferas precolombinas sí son de alguien

Esferas de piedra de los pueblos originarios del Pacífico Sur de Costa Rica: Siete claves para entenderlas. Ese es el nombre de la conferencia que di el pasado miércoles 19 de mayo del 2021 en el Museo de Jade. Fue una conferencia virtual muy existosa. Se conectaron 200 personas a la plataforma Teams y luego muchas otras personas me escribieron pidiéndo la grabación. Es emocionante, ¿verdad?

La divulgación científica es una tarea muy importante y necesaria. Ayer hablaba con un estudiante de arqueología sobre esto y el poco empeño que se da en la formación académica para que los futuros profesionales sepan compartir el conocimiento y no piensen que este tiene valor solo entre especialistas. Se subestima lo que se hace con “el gran público” y se considera que es algo fácil y de categoría menor. Aquí hay un gran problema.

La gente quiere saber; hay muchas personas con ganas de aprender y quieren hacerlo con los especialistas. Por lo tanto, es una obligación moral y ética compartir, divulgar, transmitir, generar emociones y sensaciones a través del conocimiento y del saber. Pero no solo es una obligación…es algo maravilloso y gratificante. Da sentido a una vida de estudio y aprendizaje.

El miércoles 19 de mayo 200 personas se conectaron a las 3 de la tarde para escuchar una conferencia sobre las esferas de piedra precolombinas. Eso nos dice que el patrimonio importa; que el pasado importa, que hay sed de aprender. También nos dice que debemos ser accesibles y abiertos. Que el saber pertenece a todos y todas.

Dejo aquí la grabación de la conferencia. Les comento que al final termino diciendo que las esferas sí son de alguien: que no son esferas de nadie como se atrevió a titular J.J.Benitez en un especulativo documental. Si son de alguien; fueron y son de los pueblos originarios del Pacífico Sur que viven ahí desde hace milenios.

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Unas esculturas irresistibles

Es la escultura de una mujer. Es de Chiriquí, Panamá. Fue colectada a principios del siglo XX y hoy forma parte de las colecciones de Antropología del Yale Peabody Museum of Natural History, en USA.

Mide 32.4 cm de alto y es uno de los pocos ejemplares de escultura femenina registrada en la región Gran Chiriquí. Estilísticamente, es muy diferente a las esculturas del Diquís, en el lado costarricense de la misma región cultural.

Comparto la foto de la base de datos de la colección del Yale Peabody Museum porque es una escultura realmente impresionante. Y la comparto -no lo voy a negar- porque me emocioné al verla.

Les comparto esta otra que es igual de hermosa y que también forma parte del mismo museo. En la foto yace plácidamente sobre la estructura que la resguarda.

También es una escultura de mujer. Al igual que la otra escultura, la vulva está claramente tallada y leves protuberancias indican los pechos.

Estas dos esculturas tienen una banda en la cabeza y un cinturón que no impide mostrar su sexo. Los brazos y las manos comparten la misma posición, aunque la primera se ve más fuerte, como si se preparara para luchar. La posición de las piernas semi-dobladas les otorgan movimiento y presencia.

No son mujeres en un rol doméstico. Son mujeres desligadas de ese mundo habitual. Son ellas, sin nada más que su corporalidad.

Son interesantes estas esculturas de mujeres de Chiriquí por la manera en que las representan. Es interesante, también, lo diferentes que son de las del vecino Diquís, donde también hay representaciones de mujeres, pero éstas son mas abstractas y muchas veces usan máscaras y muestran colmillos.

En la Gran Chiriquí, la piedra también fue un medio para representar mujeres. A diferencia de la cerámica, donde casi siempre están en roles maternales, cargando niños a los que amamantan o con los parecen estar jugando o levantando en brazos, en la piedra es distinto. En la piedra su rol es otro.

Esto era lo que quería compartir hoy. Espero que se hayan emocionado igual que yo con estas imágenes.

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https://ifigeniaquintanilla.com/2013/03/08/mujeres-de-piedra-del-diquis/

En este enlace pueden lleer un post anterior sobre las representaciones de mujeres en el Diquís.

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Esculturas del Diquís de nuevo en la ruta

He pasado los últimos días consumida en un tema postergado desde hace varios años. Había dedicado mucha energía, dinero y tiempo al análisis de un conjunto de fragmentos de esculturas del Diquís que fueron encontradas mediante una excavación científica por arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, en el 2012.Debido a que me hacía falta tener objetos con datos de contexto, solicité el permiso para analizar este conjunto e incorporalo a mi tesis de doctorado. Por múltiples razones familiares y personales dejé todo ese trabajo en el limbo, sabiendo que ahí había un tesoro de información científica y una deuda académica.

En vista del trabajo que me espera, compré un nuevo mouse y un mouse pad de gamer. Me he dado a la tarea de limpiar imágenes, ordenar datos y procesar información. Avanzo y otra vez me siento embriagada de emoción, llena de energía y, especialmente me vuelvo a sentir llena de ganas de saber y con preguntas renovadas.

Fragmento de esculturas el sitio Batambal, Costa Rica.

Cada imagen que veo, cada fragmento, cada escultura rota me generan nuevas miradas y me inquietan los sentidos para ver lo no visible; para ver lo que generó esas rupturas y esa manera de hacer y usar los objetos.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-8 / Procedencia: 84N 28W superficie. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. MNCR ft dic2012.

La escultura en piedra del Diquís es extraña, diferente y singular. Mi tarea ahora, en este doctorado postergado, es clasificarla, ponerla en orden académico y estudiar una serie de temas interesantes que la hacen aún más singular y a la vez universal. Tengo capítulos incompletos, bases de datos para analizar e interpretar y cientos de imágenes y formularios con descripciones y medidas.

Veo y veo y encuentro fragmentos de cuerpos escultóricos incompletos, objetos de memoria guardados y luego depositados, cosas que fueron una cosa y luego fueron convertidas en otra. Un mundo de relaciones entre personas, objetos y lugares con las esculturas de piedra materializando esas relaciones.

Fotos Rodrigo Rubi. Escultura sitio Batambal, Diquís

Aquí estamos de nuevo en ruta. Nunca hay que desistir. Lo quebrado vuelve a estar completo.

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Sobre el arte de sanar una esfera de piedra

Las piedras se enferman. Aunque son materiales inorgánicos, las piedras sufren por los cambios bruscos de temperatura, por el crecimiento de microorganismos, por el fuego, por el maltrato humano y de la naturaleza. Por eso se enferman.

Las piedras, que son viejas de por sí, envejecen y se deterioran; pierden capas, se fragmentan, se disgregan, cambian y a veces se vuelven otras. La lluvia, el sol, la nieve, los sismos, el paso del tiempo…Todo afecta de una u otra manera a las piedras y, en gran medida, gracias a eso tenemos arena en el mar, suelos, cuevas, montañas y muchas cosas hermosas y útiles.

Las rocas han sido parte fundamental de nuestra vida. Foto: Diego Matarrita.

Aunque ahora las piedras nos parecen lejanas y solo útiles para decorar o construir, ellas siempre han estado vinculadas a nosotros. De la piedra salieron las primeras herramientas para cortar, para cazar, para abrir claros en el bosque, para construir viviendas, para prender fuego y procesar alimentos.

De la piedra también salieron armas, muchas letales y efectivas para producir dolor y muerte. Las piedras han sido mucho, y casi todo, en buena parte de la historia de la humanidad.

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Puñal de piedra. Colección Museo del Jade y la cultura precolombina. Foto: Diego Matarrita.

En tiempos recientes hemos ido abandonando a las piedras y cada vez estamos mas lejos de ellas. Por eso no las percibimos cercanas y hasta hablamos de ellas como insensibles, sin alma, sin ser.

Sin embargo, hay piedras que tienen alma, que tienen un ser. Estas rocas con alma son aquellas que han sido escogidas para plasmar pensamientos e ideas; aquellas que fueron transformadas en útiles que sirvieron para dar o quitar vida. Son aquellas rocas que han eternizado el pensamiento y las capacidades humanas.

En el mundo de la piedra transformada hay un grupo al que le he dedicado buena parte de mi vida. Son las esculturas de tiempos precolombinos fabricadas y usadas en el Diquís. Mas que estudiarlas, mi relación con ellas ha sido de cercanía familiar. Esta cercanía, especialmente con las esferas de piedra, me ha permitido sentir su deterioro, los riesgos y peligros por su exposición a las condiciones medioambientales y al des-cuido humano.

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

Desde 1991, año en que inicié mis investigaciones en el delta del Diquís, empezó mi vínculo emocional con las esferas de piedra. Encontrar algunas de ellas en su lugar original; ver el estado de abandono y darme cuenta que eran invisibles en la arqueología y en la protección patrimonial, generaron en mí un compromiso que no tuve anteriormente con otros objetos.

Desde entonces, siendo funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y luego como arqueóloga independiente, he mantenido la preocupación constante por las esferas. Preocupación que en algunos casos se convirtió en dolor, en sentimiento de culpa y en frustración.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2009.

Uno de mis mayores dolores, desde que la encontré en 1991, ha sido la esfera del sitio El Silencio. Esta es la más grande de todas. Tiene un diámetro de dos metros con sesenta y seis centímetros y su peso se calcula en 24 toneladas. Es la esfera emblema. La madre-esfera.

A pesar de haber sido fabricada en un sólido bloque de roca ígnea (granodiorita, según los análisis especializados), esta esfera estaba muy deteriorada desde que la encontramos. Este deterioro se fue acrecentando con el tiempo hasta convertirse en una real amenaza de perdida total de su superficie esculpida.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2015. Foto: Diego Matarrita.

La esfera de El Silencio- evocador nombre dado desde tiempos inmemoriales al lugar donde se encuentra- ha sufrido mucho. En 1991, en sus alrededores hacían quemas para sembrar arroz y otros alimentos. Por el fuego y su misma composición geológica fue debilitándose y perdiendo capas (laminaciones o exfoliaciones) que amenazaban su forma escultórica.

Estaba agrietada, y por la exposición a la intemperie y a los cambios bruscos de temperatura la pérdida de capas se fue haciendo mas pronunciada a lo largo del tiempo. Además, por el clima tropical crecían múltiples microorganismos sobre ella que de una otra manera la afectaban. El deterioro parecía no tener fin.

En junio del 2014, el sitio arqueológico El Silencio y su esfera emblema fueron incluidos en la declaratoria de los Asentamientos precolombinos cacicales con esferas de piedra del Diquís como patrimonio mundial de la UNESCO. Este sitio y otros tres mas (Finca 6, Batambal y Grijalba) fueron reconocidos como parte del patrimonio de la humanidad. Esto cambió su suerte.

Al convertirse el sitio El Silencio en parte del patrimonio mundial sucedió algo muy importante: había que garantizar la conservación de los bienes patrimoniales incluidos en la declaratoria. Esta responsabilidad era una tarea del estado costarricense, pero ayudar en la conservación de los mismos, también era responsabilidad de los países miembros de la UNESCO.

Gracias a esta declaratoria, el Museo Nacional de Costa Rica -ente estatal encargado de administrar este sitio de patrimonio mundial- buscó colaboración internacional para atender la restauración y la conservación de la esfera del sitio El Silencio. Esta colaboración la encontró en México, un país con una larga y probada trayectoria en conservación del patrimonio arqueológico.

Después un proceso de estudio y documentación de tres años que permitió hacer un diagnóstico y definir los tratamientos, en abril del 2019 un equipo de especialistas inició la restauración de la esfera.

La esfera enferma iba a ser sanada y tratada de acuerdo a los protocolos internacionales. La roca dañada sería intervenida y sus enfermedades y achaques curados o mitigados.

La Dra. Isabel Medina, experta en restauración y conservación, junto a Javier Fallas y Alfredo Duncan del Museo Nacional de Costa Rica retocan los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto Diego Matarrita

El conocimiento experto de la Dra. Isabel Medina, arqueóloga y especialista en restauración y conservación, dio la pauta para llevar adelante el proceso de restauración de la esfera de El Silencio. Ella, junto con un equipo de especialistas del Museo Nacional de Costa Rica y con el apoyo de otras instituciones tuvieron la responsabilidad de restaurarla y sanarla.

Alfredo Duncan y Javier Fallas en labores de restitución cromática de los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto: Diego Matarrita.

Después de limpiarla y eliminarle los microorganismos y la suciedad que la cubrían, empezaron a sanar sus heridas, a rellenar los puntos débiles con una mezcla de cal y arena previamente probada y a pegar fragmentos desprendidos. Ya curada, le hicieron retoques de pintura (restitución cromática) para que la mezcla de cal y arena adherida no contrastara con el acabado natural.

A lo largo de un mes de trabajo, la esfera del sitio El Silencio y el empedrado de cantos rodados que está asociada a ella fueron intervenidos. Por primera vez se hacía un trabajo integral de restauración de una esfera conservada en su lugar original.

A mitad de mayo, cuando ya casi estaban por acabar el proceso de restauración pedí permiso para visitar el sitio y documentar parte del proceso. Entrevisté a la Dra. Medina y le pedí que nos dejará filmar su explicación del proceso. En el video adjunto podrán escucharla. Diego Matarrita, quien me acompañó a la gira fue quien lo grabó y lo editó.

El proceso de restauración de la esfera de piedra del El silencio tuvo gran cobertura mediática. Diversos medios de comunicación nacionales e internacionales informaron sobre el mismo. Fue todo un acontecimiento en la arqueología nacional.

Para mí, la restauración de la esfera de El Silencio constituyó un alivio y, en cierta medida, una liberación. Verla reparada y atendida como a una enferma que merecía un trato especial me dio mucha alegría.

Esfera del sitio El Silencio días después del proceso de restauración. Foto: I Quintanilla.

Yo inicié este blog en el 2012 y lo llamé “El Drama de las esferas“. Lo llamé así en gran medida por el drama de la esfera de El Silencio y sus enfermedades no atendidas. Hoy una parte de ese drama se ha subsanado, sin embargo quedan muchas esferas, muchos sitios arqueológicos necesitados de atención, cuido y conservación. La tarea no ha terminado.

Las esculturas de piedra llevan el alma de quienes la labraron, de la época y de las motivaciones con las que fueron hechas.  Cargan con el paso del tiempo. Es nuestra responsabilidad cuidarlas y garantizar que esa alma siga viva.

=======================================================================Mas información en el siguiente enlace:

p://www.museocostarica.go.cr/boletin/entrevistas/461-profesionales-de-costa-rica-y-méxico-se-unen-para-conservar-y-restaurar-la-esfera-de-piedra-precolombina-más-grande-del-pa%C3%ADs.html#sthash.OjDFn4V8.dpbs

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Las esferas pintadas de Pejibaye de Pérez Zeledón

Durante  muchos años fue una práctica común en Costa Rica decorar los jardines de las casas, los parques públicos o la parte frontal de los templos católicos o las instituciones públicas con esferas de piedra precolombinas. Eran esferas extraídas de sitios arqueológicos del sur del país que, sin ningún cuidado ni control científico, eran sacadas de sus lugares originales.

Las esferas se convirtieron en elementos decorativos, sin valor científico ni patrimonial y sin significación histórica. Ubicadas en un nuevo paisaje y en otro contexto social e histórico, quedaban sujetas a las decisiones de sus nuevos poseedores.

En su nueva vida, muchas de estas esferas fueron a sometidas a nuevos sentidos estéticos y a nuevas formas de presentación pública.

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Esfera extraída de algún sitio arqueológico ubicado en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur y que hoy día está situada en el parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hace varios años visité el pueblo de Pejibaye de Pérez Zeledón para estudiar un conjunto de esferas precolombinas. Cuando llegué al centro del pueblo me encontré con  la sorpresa de cuatro esferas colocadas en las esquinas de la plaza de fútbol, todas ellas pintadas de color verde con rosado.

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Esfera precolombina pintada a tono con un monolito que sostiene una placa conmemorativa moderna. Plaza de deportes de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla

Ellas, a tono con las bancas y otras obras de la plaza, habían perdido su identidad indígena y su cualidad de piedra labrada en tiempos antiguos. Ahora eran nuevas y coloridas esferas, irreconocibles a menos que alguien le dijera a una que eran de manufactura precolombina y que habían sido halladas en las cercanías.

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Pejibaye se ubica en un hermoso valle del interior de la cordillera Costeña. Esfera ubicada en una de las esquinas de la plaza del pueblo. Foto: I. Quintanilla

Es probable que la motivación de pintar las esferas en Pejibaye haya tenido relación con el hecho de que esas esferas fueron fabricadas en roca arenisca. Quizá les parecían feas, poco acabadas, sin brillo, o puede que haya sido un asunto estético, tan común en el campo costarricense, donde gustaban, y gustan, las cosas pintadas con colores llamativos.

El  actual pueblo de Pejibaye está asentado sobre dos sitios arqueológicos –Tenorio y Pejibaye– registrados en los años noventa el siglo pasado, pero que han sido poco estudiados. Estos dos sitios arqueológicos son antiguos asentamientos indígenas de hace por lo menos 1500 años. Ahí se han registrado once esferas de piedra junto con montículos artificiales, cerámica y otros restos culturales.

Un aspecto muy relevante de la zona de Pejibaye es la considerable cantidad de esferas registradas. Esto es especialmente relevante porque es un pequeño valle de la cordillera Costeña y no un sitio principal del delta del Diquís, que es donde se han documentado los mayores conjuntos de esferas dentro de un mismo yacimiento.

Otro aspecto significativo del hallazgo de esferas en la zona de Pejibaye es que nueve de ellas fueron fabricadas en arenisca, que es un tipo de roca sedimentaria de grano fino, medio o grueso que difícilmente adquiere brillo y que se deteriora con relativa facilidad.

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Esfera fabricada en arenisca, un tipo de roca sedimentaria poco utilizada en la fabricación de esferas precolombinas. Esfera ubicada en la iglesia del pueblo de Pejibaye, Pérez Zeledón. Foto: I.Quintanilla.

Los registros de esferas precolombinas fabricadas en roca sedimentaria, como las areniscas de Pejibaye, son escasos. De hecho, las nueve de  Pejibaye son un caso especial, ya que la mayoría de las esferas del Diquís fueron fabricadas en rocas ígneas de tipo gabroide o granitoide, que tienen como cualidad su dureza y su capacidad de ser labradas y de adquirir brillo mediante abrasión.

Cuando revisé una a una las esferas pintadas de Pejibaye me sentí muy triste y frustrada. Estaban totalmente cubiertas de pintura acrílica industrial -un material muy difícil de remover sobre piedras porosas como las areniscas- y parecía que no era la primera vez que las pintaban porque se observaban capas anteriores.

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Esfera fabricada en roca arenisca y decorada con pintura acrílica en tiempos recientes. Plaza de Pejibaye de Pérez Zeledón. Foto: I. Quintanilla.

Lo de la pintura era triste. A esta acción tan irracional había que agregarle la remoción de su lugar original, porque aunque estaban en el mismo pueblo donde fueron halladas, no se conservó ningún dato de la ubicación exacta del hallazgo, ni de los materiales a los que estaban asociadas. No quedaron fotos, ni mapas, ni detalles escritos del momento en que las movieron y trasladaron a la plaza ¡Eso si que era terrible!

A la fecha, solo hay una esfera en su lugar original en el pueblo de Pejibaye. Es una hermosa esfera de unos 120 cm de diámetro que se encuentra en la propiedad del Colegio Técnico de Pejibaye. Fue fabricada en gabro y parece ser muy simétrica y tener un acabado muy pulido.

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Esfera en su contexto original en Pejibaye de Pérez Zeledón. Así se miraba en el 2003. Foto: I. Quintanilla.

Yo espero que la esfera del Colegio Técnico de Pejibaye siga enterrada. Lo ideal sería estudiarla a ella, a sus hermanas y a todo el conjunto arqueológico de Pejibaye. Sería una pesadilla saber que esta esfera corrió la misma suerte de sus hermanas verderosaceas, o que ya no está ahí donde la registré en el 2003.

Pensando en las esferas de Pejibaye, me da mucha pena que haya tantas esferas sin identidad, sin estudiar ni proteger. Todos los sitios arqueológicos con esferas, así como  las esferas sacadas de contexto, merecen tanta atención como  los cuatro sitios arqueológicos de Osa declarados patrimonio de la humanidad por sus esferas de piedra.

Me duelen las esferas pintadas; igual me duelen todas las demás esferas y todos los sitios arqueológicos del país que no tienen ninguna protección, ni son sujetos de investigación ni son valorados patrimonialmente.

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En el 2003 esta esfera de arenisca con acabado irregular estaba abandonada en una propiedad a un costado de la plaza de deportes de Pejibaye. Foto: I. Quintanilla.

Hay que remover la pintura del desamor, de la falta de compromiso con el patrimonio arqueológico de este país. Quizá sea hora de ir a despintar y de limpiar la conciencia colectiva por cada brochazo de pintura lanzado contra este ignorado patrimonio.

Quizá sea hora de dejar de ser gente a la que le gustan las cosas bonitas y pintadas puestas en museos; ya toca ir al campo; ya toca ir a proteger lo que está abandonado y no para extraer y volver a pintar, sino para que nadie más pinte nuestro patrimonio a juego con los muebles, ni decore sus casas con él, ni construya sobre él, ni pase sobre él.

 

 

 

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Lo natural y lo creado: de la diferencia entre lo esférico y lo redondeado

Hace unas semanas estuve en Isla del Caño haciendo un pequeño trabajo. Estando ahí, conocí a una agradable pareja de voluntarios alemanes que me ayudaron con varias tareas importantes. Una de estas tareas fue la de fotografiar y documentar los materiales arqueológicos que hay en la isla.

Hoy recibí los archivos con las fotos y el inventario de los materiales arqueológicos que hicieron. Dentro de todo lo que me enviaron encontré una imagen que me gustó mucho. Quiero compartirla porque muestra algo a veces difícil de explicar.

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Esfera precolombina de 38 cm de diámetro junto con canto rodado sin modificar. Isla del Caño. Foto: Andreas Rosenberger.

Esta foto muestra a una de las dos esferas precolombinas que hay en la isla junto con un canto rodado que no ha sido modificado. Ambas rocas fueron llevadas allá en tiempos precolombinos por la gente indígena que vivió ahí. Muy probablemente son rocas extraídas del río Grande de Térraba y de algún afloramiento rocoso  de la Cordillera Costeña, en Osa.

Estos dos piedras muestran algo muy importante: exponen la diferencia entre ser una roca redondeada -en este caso por la acción del arrastre en un río a través de largas distancias junto con otras rocas-,  y ser una roca esférica como resultado del trabajo escultórico.

La esfera es una escultura basada en un canto rodado como el que está a la par u otro tipo de bloque de piedra. En ella hay trabajo, conocimiento e intencionalidad.

El canto rodado es una esfera en potencia. En él también hay trabajo porque fue extraído desde un río y llevado hasta la isla; lo que no se observa son huellas que atestigüen que fue modificado por la acción humana.

La roca redondeada es producto de la naturaleza; la roca esférica es producto de la acción humana. Una lleva a la otra; pero no son lo mismo.

Nota: Para leer mas sobre Isla del Caño y sus ocupaciones precolombinas: El Atlas precolombino de isla del Caño

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Mi profundo agradecimiento a Andreas y Veronica por su gran ayuda y espíritu de colaboración.

 

 

 

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El Atlas precolombino de isla del Caño

Uno de los mitos clásicos del mundo occidental es el de Atlas. Este titán fue castigado por los dioses a cargar la bóveda celeste infinitamente. Al respecto dice Judith Marquez (http://sobreleyendas.com/2010/11/06/atlas-el-pilar-del-firmamento/) lo siguiente:

“Atlas, el más fuerte de los Titanes, era hijo de Jápeto y Clímene, titán y ninfa respectivamente. Prometeo, su hermano, fue castigado por los dioses por haberles robado el fuego  y llevárselo a los hombres. Su otro hermano, Epitemeo, se casó con la curiosa e imprudente Pandora, la responsable de abrir la caja que contenía todos los males de la humanidad. El tercero, Menecio, murió por un rayo de Zeus y acabó en el Tártaro, el infierno de la Antigüedad.

Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, fue Atlas quien los lideró, posicionándose a favor de Cronos. Por otra parte, Prometeo y Epimeteo se aliaron con el enemigo. Esta guerra duró diez largos años, al final de los cuales los Titanes fueron derrotados y desterrados al Tártaro. Todos menos Atlas, para el que Zeus, que tenía mente retorcida, preparó una castigo ejemplar: cargar con la bóveda celeste para toda la eternidad y ser responsable del correcto movimiento de las estrellas.”

Atlas cargando la bóveda celeste.

Hace unos días hice una visita a isla del Caño con un grupo de guías de turismo a quienes estaba capacitando en temas de arqueología del Pacífico Sur de Costa Rica. Fuimos a la isla porque, además de su importante riqueza natural, también posee una importante ocupación humana de mas de 3000 años de antigüedad.

Llegamos, nos bajamos del bote y nos registramos con Alfredo y Olger, los guardaparques. Mientras charlábamos y comentábamos con ellos sobre las antiguas ocupaciones indígenas de la isla, Alfredo dijo que nos iba a mostrar algo. Ese algo es lo que podríamos llamar “el Atlas de isla del Caño”.

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Personaje cargando una esfera. Figura modelada en arcilla cocida. Procedencia: isla del Caño. Fotografía cortesía de Flaubert Quirós.

Hasta ahora no había visto ninguna representación de una personaje cargando una esfera. Este hallazgo en isla del Caño es único, a la vez que es muy significativo porque en la isla hay dos esferas que fueron trasladadas desde tierra firme -a mas de 17 kilómetros de distancia- en tiempos precolombinos.

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Esta es la esfera de mayor tamaño que hay en isla del Caño. Está en la parte alta de la isla a una altitud de 100 metros sobre el nivel del mar. Fue trasladada vía marítima y subida a la parte plana de la isla probablemente con mucho esfuerzo. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Erróneamente se insiste en decir que isla del Caño era un lugar usado únicamente como cementerio de gente importante que vivía en tierra firme. Según la versión popular, a la isla llevaban a enterrar a personajes importantes y, en algunos casos, hasta se insiste en decir que era un cementerio sagrado.

Lo que tenemos documentado a través de las investigaciones arqueológicas es que la isla, además de haber sido usada como sitio funerario, fue principalmente un lugar donde vivió gente indígena por mas de 3000 años. Esta antigüedad es muy importante porque indica que se había desarrollado un sistema de navegación que permitía llegar hasta la isla desde las tierras costeras.

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En isla del Caño se encuentra abundantes fragmentos de vasijas de cerámica y objetos de piedra como piedras de moler, fragmentos de esculturas, entre otros. Estos restos son testigos a las antiguas ocupaciones precolombinas. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Los abundantes restos de cerámica, las piedras del río Grande de Térraba dispersas por la parte llana de la isla, los múltiples objetos de piedra y otro restos indican que la gente que vivía ahí mantenía un fuerte vínculo con la gente del delta de Sierpe-Térraba, en Osa, y otros lugares vecinos.

Isla del Caño formó parte del circuito de pueblos con esferas de piedra del Diquís. El gran esfuerzo que supuso subir hasta la parte alta, a 100 metros sobre el nivel del mar, una esfera de mas de 500 kilos muestra que esta filiación era fuerte y relevante.

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En isla del Caño se encuentran diversos restos de objetos de piedra y cerámica, así como  rocas sin modificar extraídas del río Grande de Térraba. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Sabemos que uno de los usos de las esferas es el de elemento de identidad y de afiliación étnica y cultural. No todos los pueblos del sur tenían esferas. De los mas de 1500 sitios arqueológicos registrados en la región, solo en 59 tenemos registros de esferas. Que isla del Caño sea uno de ellos es relevante y es un claro indicio de su filiación cultural.

Hay muchas cosas que decir sobre la arqueología de isla del Caño. Por ahora nos quedamos con que llevaron esferas hasta allá, entre otras cosas, y que alguien decidió plasmar en barro una forma de traslado. Muchas cosas se han perdido en la isla; por dicha ese pequeño fragmento está guardado. Que se quede ahí. Así hay un pretexto para volver.

 

 

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Don Rodolfo Rojas y los hombres que cargan a otros en hombros

José Luis Amador ha anunciado la re-edición del libro “Así era Curré: Una visión de la comunidad indígena de Curré de principios del Siglo XX hasta la década de los años 50″. El autor es don Rodolfo Rojas, quien ha vivido en Curré desde siempre.

Rey Curré, Curré o Yimba Cájc está ubicado en la provincia de Puntarenas, en la Zona Sur de Costa Rica. Constituye un lugar especial en la arqueología por su larga historia de ocupación humana, ya que a lo largo de unos 3.500 años ha habido gente indígena viviendo en esa ancha terraza aluvial formada por el río Grande de Térraba.

Hace unos años me encontré a don Rodolfo en una parada de bus en Buenos Aires- de Puntarenas, no de Argentina- y me enseñó el libro. Lo llevaba en una bolsita de plástico muy bien cuidado y como yo no lo tenía le dije que se lo compraba. Aceptó vendérmelo y en una rápida transacción me lo dio y apenas pude pagarle una parte porque mi bus iba saliendo a toda prisa.

Ya sentada en el bus lo abrí y lo leí de un tirón. Disfruté, aprendí y, principalmente, aprecié el esfuerzo de don Rodolfo por transmitir lo que sabía sobre su historia y la de su pueblo.

Hoy he recordado algo que él escribió y que me gustaría compartir por dos razones: la primera es que hace referencia a una práctica que fue común en sociedades en las que el dinero no era la forma de pago, ni el elemento determinante en las relaciones sociales porque no existía. La segunda es porque hay unas esculturas en piedra antiguas que de alguna manera rememoran lo que él cuenta.

Transcribo el capítulo del libro de don Rodolfo que trata sobre  “las juntas” y dice lo siguiente:

“Es muy común la realización de juntas o peonadas. Esto consistía en que, si a un vecino le era posible ofrecer alimentación a cincuenta o sesenta peones, invitaba esa cantidad de personas para un sábado, a trabajar en la preparación de un terreno para sembrar. Ese día los peones gozaban de desayuno, almuerzo, y cena, además de la chicha y baile durante la noche. A esto se le llamaba “juntas”.

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Gran parte de la historia de la humanidad se caracteriza por el trabajo conjunto. Las juntas, “mano-vuelta” y otras formas de trabajo colaborativo como la “jala de piedra” de Talamanca son prácticas ancestrales vitales  para los pueblos indígenas. Foto: Ricado Araya.

“Tanto en las juntas como en las peonadas, que eran de menos cantidad de peones, era muy divertido, pues en el trabajo todos salomaban a tono, decían versos, trabajaban compitiendo en grupos, a ver cual salía antes al fin del corte. Durante el trabajo las “agüeras” deberían andar detrás, o mas bien, delante de los trabajadores, para ofrecerles chicha, así como el almuerzo. En horas de la tarde, cuando el patrón daba hora de salida, todos en forma unida, regresaban a casa del patrón o dueño de la actividad y del trabajo. A unos 200 metros antes de llegar a la casa o lugar de la fiesta, se buscaba un participante que soportara el peso del patrón para llevarlo en hombros hasta su casa. Este hombre con su semejante a cuestas, era rodeado por los participantes, los que a un tono salomaban a mas no dar, acompañados del acordeón. Al entrar al solar de la casa, el patrón era recibido por mujeres que le hacían entrega de banderines, un muñeco de masa llamado almojabano y bienmesabe (masa dulce con leche). Este hombre con su patrón al hombro, tenía que bailar al compás del acordeón un punto y una cumbia que eran las músicas más comunes para los nativos. El patrón y sus participantes bailaban, antes de que se diera por concluida la llegada, posteriormente procedían a la comida, luego se iban para su casa para prepararse para el baile, en el que bailarían hasta altas horas de la madrugada.”

Es interesante esto que relata don Rodolfo sobre el patrón en hombros de uno de los peones. Cuando leí su texto me acordé de unas esculturas muy singulares de la misma región histórica de la que forma parte Curré y el pueblo bruncaj. Son las esculturas de Barriles, un importante sitio arqueológico ubicado en el lado panameño, cerca de la frontera con Costa Rica.

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Estatua del sitio Barriles, Panamá. Foto: Tomás Mendizabal.

Estas esculturas fueron encontradas a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Eran varias, unas dobles -de hombre sentado sobre otro- o individuales, y todas ellas estaban rotas, casi que mutiladas- cuando las encontraron.

Son representaciones de personas de tamaño natural. Las estatuas dobles muestran una clara jerarquía y relación de poder: el que está arriba lleva sombrero cónico, colgantes y, en algunos casos una cabeza trofeo en una mano y un hacha en la otra. Por estar tan arriba estos hombres tienen la mirada dirigida hacia abajo. En el caso del que lo sostiene no tiene ninguno de estos elementos; mas bien sus manos están ocupadas en sostener las piernas del que se posa sobre él.

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Escultura del sitio Barriles con hombre sentado sobre otros. El de arriba lleva una cabeza trofeo y un hacha en sus manos.

Estas esculturas fueron hechas hace unos 1.500 años, casi al mismo tiempo que las primeras esferas de piedra. Este tipo de representación no permeó en la región; mas bien fueron de distribución muy restringida, e irónicamente fueron rotas y enterradas y no se reprodujeron tiempo después.

Como vivo mezclando ideas, recordé una escultura reciente mientras escribía este texto. Se llama Piggyback Justitia y es una obra del danés  Jens Galschiøt.

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Es el mismo concepto aunque con otro sentido. Pasado y presente siempre se unen de alguna manera. Nadie diría que la estatuaria Barriles y el relato de don Rodolfo tienen algo que ver con este danés de extraño nombre. Pero sí: la desigualdad, el poder, el uno sobre otro. Esa injusticia en lo que se convirtió una forma inicial de trabajo colaborativo. Esa injusticia basada en la violencia que ha sido legitimada a través de la historia como si fuera natural.

A veces hay que romper las estatuas; quitarse de encima a quien se cree con derecho de sentarse sobre los hombros de otros. En Barriles lo hicieron, probablemente. De esa historia hay que aprender.

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Por si le interesa saber algo mas sobre el sitio Barriles y sus singulares esculturas en piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2012/08/10/un-metate-excepcional-del-sitio-barriles-o-cuando-la-escultura-en-piedra-no-tiene-limites/

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Extraño personaje de piedra con bastones y serpientes

Actualmente tenemos una visión muy simple sobre los especialistas en el mundo indígena. Mucha gente habla sobre chamanes o sukias para referirse a las personas dedicadas a la medicina tradicional y a las labores relacionadas con el mundo espiritual. También se habla de los caciques para designar a quienes ocupan un rol importante en términos políticos y económicos. Sin embargo, el mundo de los especialistas indígenas y sus roles en la organización política, económica y social ha sido, y es, mucho mas compleja de lo que pensamos.

Ayer leí un artículo que escribió la antropóloga María Eugenia Bozzolli donde habla sobre los cargos tradicionales entre los indígenas bribris. El artículo se llama La posición social entre los especialistas en la medicina aborigen de Talamanca y es un interesante texto donde explica los diferentes cargos y su relación con la jerarquía social. Habla sobre los seis tipos de cargos conocidos ( Useköl, Jtösköl, BLu’, Awá, BikakLa, y Óköm), los procesos de aprendizaje por el que pasan para acceder a estos cargos, sus rasgos característicos y cómo se diferencian en sus tareas uno del otro.

Antonio Saldaña (izquierda) fue rey de Talamanca por 30 años.
Antonio Saldaña, último “rey” de Talamanca con un bastón en su mano y un colgante con águilas de oro.

 Un elemento muy relevante de lo que menciona doña María Eugenia es el uso de bastones por algunos de ellos, especialmente los de mayor rango. El uso de bastones es algo universal en términos de la materialización de poder y los especialistas talamanqueños no son la excepción en su uso.

Entre los talamanqueños, los bastones son objetos eminentemente masculinos. Hechos de madera por ellos mismos, muchas veces son pintados y usados como portadores de relatos o de atrapador de seres como los que provocan las enfermedades. Los bastones ayudan a los especialistas en sus prácticas rituales y los acompañan a donde van denotando su cargo.

En el mundo talamanqueño existe un estrecho vínculo entre los bastones que llevan en sus manos los especialistas y las serpientes. Estos objetos no se pueden poner en el suelo porque se convierten en serpientes peligrosas que causan daño. Sobre esto existen varias historias que los etnógrafos, como doña María Eugenia, han recopilado y que son el sustento de la cosmovisiçon bribri y cabécar,

Después de leer el artícuo de doña María Eugenia me acordé de una de las esculturas del Diquís que mas me ha impresionado. Aquí les comparto fotos de ellas.

Esta escultura forma parte de la extraordinaria colección de objetos que resguarda el Museo Nacional de Costa Rica en sus depósitos. No tiene datos de procedencia precisos, pero está registrada como del Diquís.

Su cabeza es redondeada y no tiene pelo. El rostro es una mezcla de humano y de saurio o felino. Tiene grandes y notorios dientes y boca; sus labios son gruesos y están claramente marcados. Probablemente tuvo colmillos pero esa parte de la boca se perdió antiguamente.

Este personaje tiene orejas que son inexpresivas cabezas humanas hechas mediante un prominente alto-relieve.

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De su cabeza, en la parte dorsal, y como si fuera una cesta por la larga banda que lo rodea, cuelga un ser humano con los piernas hacia arriba. Las piernas semi-dobladas se apoyan sobre la cabeza del personaje. La cabeza del ser colgado, que es desproporcionadamente grande, se apoya en la espalda del cargador.

Está escultura parece corresponder a un cazador con su presa: una presa humana que cuelga mientras él sostiene los bastones /serpientes en sus manos. Probablemente corresponda a un personaje mítico del que no sabemos nada, porque esta tradición escultórica no tiene un correlato etnográfico.

Esta escultura es muy  singular aparte de sus características formales por otras dos cosas. Una de ellas es que tiene restos de pigmentos de color crema y rojo lo que indica que estuvo pintada. Además, en la parte de la cara que perdió hicieron un retoque para afinar los puntos angulosos de la fractura. Esto indica que la escultura se siguió usando a pesar de “haberse dañado“.

No podemos interpretar esta escultura del Diquís dentro del contexto etnográfico bribri o cabécar de la Cordillera de Talamanca. Sabemos que las cosmovisiones indígenas del sur de Centroamérica tienen un sustrato común y por eso podemos relacionarlas. Es muy probable que esta práctica de uso de bastones y la simbología de las serpientes corresponda a una antigua cosmovisión que los talamanqueños todavía mantienen.

En el delta del Diquís tenemos objetos de piedra que nos recuerdan lo que pudo haber sido esa cosmovisión. Esta escultura es un buen recordatorio y una muestra de la piedra domesticada mediante el trabajo escultórico que nos dice cosas del pasado que nos llegan fragmentadas. Por suerte, doña María Eugenia con su trabajo nos ayuda a entender mejor este pasado.

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Nota: el artículo que menciono de doña María Eugenia Bozzoli está publicado en el libro: La mirada antropológica de María Eugenia Bozzoli 1960-1985. Editorial UNED. 2015. Este libro contiene diversas publicaciones de ella que fueron recopilados por Olga Echeverría y Margarita Bolaños en un esfuerzo por poner a disposición de todos la obra  de la gran pionera de la antropología de Costa Rica. Los invito a que lo adquieran y disfruten y aprendan del aporte de esta gran señora.
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Una arqueóloga ajena al espectáculo

El acto más esperado y mas concurrido del pasado Festival de las Esferas fue el concierto de inauguración con el grupo musical Los Ajenos como estrellas. Supongo que sus éxitos musicales Pamela Chu Pamela y Me vale un Cu generaron gritos, risas y alegría entre la gran multitud que se concentró en el parque de Palmar Sur el viernes pasado. Yo no los escuché. No quise. Me fui a tomar una cerveza lejos del ruido, de las luces y para no ver.

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Las esferas como protagonistas en una noche de concierto en el Parque de Palmar Sur. Sirvieron como posa botellas, para subirse y ver mejor a Los Ajenos. Fueron mas ajenas que Los Ajenos.

A veces es mejor no ver. Es mejor evitar. ¿Para qué? La voz exhaltada del locutor que amenizaba el concierto antes de la presentación de Los Ajenos me empujó a huir. Sus repetitivas palabras llamando a agradecer al alcalde de Osa el logro de haber traído al Festival de las Esferas a este popular grupo me invitaron a no estar ahí. No por el alcalde -él es un político y hace su trabajo- sino por el contexto, por el lugar, por las esferas perdidas entre la multitud, porque lo que estaba ocurriendo ahí no tenía nada que ver con el patrimonio arqueológico, con su revalorización, con la historia, con nada de lo que me había llevado a colaborar con ese festival. 

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Parte de la experiencia y del recuerdo de la visita al parque de Palmar Sur es fotografiarse junto a esta esfera. Es hermosa; es casi perfecta, mide cerca de 150 cm de diámetro, tiene una superficie pulida. En el pasado festival fue excluida del espectáculo. Supongo que casi nadie se fotografió junto a ella. Foto: I. Quintanilla.

Entiendo a los organizadores. Entiendo que quieran congregar gente. Entiendo que quieran alegrar el patrimonio. Entiendo que se hayan esforzado en no traer aburridos espectáculos culturales. Les respeto que las conferencias las dejen para entre semana. Comprendo que no promocionen los tours a ver los sitios con esferas con la misma vehemencia que lo hacen con la clásica carrera Las Esferas o con los grupos musicales. 

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Estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Osa en la gira para conocer las esferas de cerca. Foto: Carolina Arias.

Lo que no entiendo es cómo entienden los organizadores las esferas y lo que representan. Lo que no entiendo es porqué un festival orientado a la revalorización del patrimonio cultural, de fortalecimiento de la identidad local, de reconocimiento hacia los pueblos indígenas y su gran aporte a la historia colectiva, se vaya convirtiendo en la suma de actos sin contenido ni coherencia.

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La gestión del patrimonio arqueológico requiere sensibilidad, sutileza y coherencia. Quizá esto le esté faltando a los organizadores del Festival de las Esferas de Osa. Foto: Carolina Arias.

Yo tengo un problema. Me invitan a un lugar a hablar sobre las esferas, sobre arqueología o patrimonio cultural y voy. Con comida o sin comida; con buen hospedaje o durmiendo en un camastro; con transporte o sin él. Siempre acepto las invitaciones. Casi nunca, o mas bien nunca, recibiendo pago alguno mas que el agradecimiento de algunas personas.

Aunque mi papá se enojaba por esta tontería mía, siempre he justificado que hay que hacerlo por responsabilidad profesional y por amor a lo que hago. Sin embargo, mi pasada colaboración con el Festival de las Esferas ha sido como una bofetada.  He chocado con mi espejo y me he visto estando en un no lugar; me he visto bailando en un baile que no era para mí, ni para lo que yo hago.

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La visita a Olla Cero a conocer los bloques de piedra como los que se pudieron haber usado para hacer esferas siempre es una grata experiencia. Aquí el grupo que participó en el recorrido.

Fui al festival porque me invitaron los encargados de la parte educativa. Di una conferencia el viernes al mediodía a 15 estudiantes sobre la biografía de los objetos y la escultura en piedra del Diquís. También ofrecí una visita guiada el sábado por la mañana a un grupo de 15 personas que quisieron conocer los secretos de las esferas. Como siempre, fue una grata experiencia compartir mi conocimiento y sentir que hay interés y ganas de saber y conocer más.

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En el recorrido sensorial pudimos sentir, tocar, ver, rodear, escuchar, percibir, aprender y hasta danzar alrededor de las esferas. Eso también es divertido.

Antes de venirme del festival, de regreso a mi casa, llevé las facturas con los gastos de alimentación a los organizadores. ¿Por qué lo hice? Sabía que no lo habían presupuestado y que solo comprometía a quienes se las entregara. La mirada de desconcierto de la coordinadora al verlas -no porque había comido caviar ni nada por el estilo, si no por el simple hecho de cobrar mi alimentación y parte del transporte- me confirmó que no estaba dentro de los planes de los organizadores pagar por mis gastos.

Sé que a Los Ajenos no les faltó la cerveza que pidieron, ni los jugos, ni los chocolates. Mucho menos les faltó el pago por su hora y media de espectáculo. Entonces, ¿por qué hubo una mirada de asombro por las facturas de la comida de la arqueóloga especialista? ¿Por qué no pueden pensar que los que estudiamos eso que les da prestigio como comunidad, de eso de lo que ahora se sirven los políticos, también tiene un valor? ¿Es que mas bien, en mi caso como arqueóloga independiente, debo pagar por estar ahí?

Sabía que mi participación era secundaria. Que ser especialista en el tema no significaba nada. Que compartir y transmitir mi conocimiento sobre el tema principal del festival no podía competir con Los Ajenos ni con ningún otro espectáculo. Que putada, ¿no? Aun así, fui e hice lo que me comprometí hacer.

Soy ajena al poder; soy ajena al mundo del espectáculo. Soy invisible y estoy ausente para los políticos de turno. Pero tengo una voz y un blog. Y como dirían esos catalanes de quienes aprendí a no callar: Perdoneu, pero algú debia de dir-ho. Y ese algú, soy yo, sin pedir perdón.

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Gracias a Carolina Arias que me llevó en su carro y tomó las fotos; a Fito Guevara que me acompañó en el recorrido sensorial e hizo danzar a las chicas del colegio alrededor de las esferas. Gracias al Brunka Lodge que me dio cama para dormir. Gracias al antropólogo Carlos Morales, educador del Museo Nacional. Espero que no tenga que pagar mis facturas.