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El Atlas precolombino de isla del Caño

Uno de los mitos clásicos del mundo occidental es el de Atlas. Este titán fue castigado por los dioses a cargar la bóveda celeste infinitamente. Al respecto dice Judith Marquez (http://sobreleyendas.com/2010/11/06/atlas-el-pilar-del-firmamento/) lo siguiente:

“Atlas, el más fuerte de los Titanes, era hijo de Jápeto y Clímene, titán y ninfa respectivamente. Prometeo, su hermano, fue castigado por los dioses por haberles robado el fuego  y llevárselo a los hombres. Su otro hermano, Epitemeo, se casó con la curiosa e imprudente Pandora, la responsable de abrir la caja que contenía todos los males de la humanidad. El tercero, Menecio, murió por un rayo de Zeus y acabó en el Tártaro, el infierno de la Antigüedad.

Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, fue Atlas quien los lideró, posicionándose a favor de Cronos. Por otra parte, Prometeo y Epimeteo se aliaron con el enemigo. Esta guerra duró diez largos años, al final de los cuales los Titanes fueron derrotados y desterrados al Tártaro. Todos menos Atlas, para el que Zeus, que tenía mente retorcida, preparó una castigo ejemplar: cargar con la bóveda celeste para toda la eternidad y ser responsable del correcto movimiento de las estrellas.”

Atlas cargando la bóveda celeste.

Hace unos días hice una visita a isla del Caño con un grupo de guías de turismo a quienes estaba capacitando en temas de arqueología del Pacífico Sur de Costa Rica. Fuimos a la isla porque, además de su importante riqueza natural, también posee una importante ocupación humana de mas de 3000 años de antigüedad.

Llegamos, nos bajamos del bote y nos registramos con Alfredo y Olger, los guardaparques. Mientras charlábamos y comentábamos con ellos sobre las antiguas ocupaciones indígenas de la isla, Alfredo dijo que nos iba a mostrar algo. Ese algo es lo que podríamos llamar “el Atlas de isla del Caño”.

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Personaje cargando una esfera. Figura modelada en arcilla cocida. Procedencia: isla del Caño. Fotografía cortesía de Flaubert Quirós.

Hasta ahora no había visto ninguna representación de una personaje cargando una esfera. Este hallazgo en isla del Caño es único, a la vez que es muy significativo porque en la isla hay dos esferas que fueron trasladadas desde tierra firme -a mas de 17 kilómetros de distancia- en tiempos precolombinos.

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Esta es la esfera de mayor tamaño que hay en isla del Caño. Está en la parte alta de la isla a una altitud de 100 metros sobre el nivel del mar. Fue trasladada vía marítima y subida a la parte plana de la isla probablemente con mucho esfuerzo. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Erróneamente se insiste en decir que isla del Caño era un lugar usado únicamente como cementerio de gente importante que vivía en tierra firme. Según la versión popular, a la isla llevaban a enterrar a personajes importantes y, en algunos casos, hasta se insiste en decir que era un cementerio sagrado.

Lo que tenemos documentado a través de las investigaciones arqueológicas es que la isla, además de haber sido usada como sitio funerario, fue principalmente un lugar donde vivió gente indígena por mas de 3000 años. Esta antigüedad es muy importante porque indica que se había desarrollado un sistema de navegación que permitía llegar hasta la isla desde las tierras costeras.

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En isla del Caño se encuentra abundantes fragmentos de vasijas de cerámica y objetos de piedra como piedras de moler, fragmentos de esculturas, entre otros. Estos restos son testigos a las antiguas ocupaciones precolombinas. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Los abundantes restos de cerámica, las piedras del río Grande de Térraba dispersas por la parte llana de la isla, los múltiples objetos de piedra y otro restos indican que la gente que vivía ahí mantenía un fuerte vínculo con la gente del delta de Sierpe-Térraba, en Osa, y otros lugares vecinos.

Isla del Caño formó parte del circuito de pueblos con esferas de piedra del Diquís. El gran esfuerzo que supuso subir hasta la parte alta, a 100 metros sobre el nivel del mar, una esfera de mas de 500 kilos muestra que esta filiación era fuerte y relevante.

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En isla del Caño se encuentran diversos restos de objetos de piedra y cerámica, así como  rocas sin modificar extraídas del río Grande de Térraba. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Sabemos que uno de los usos de las esferas es el de elemento de identidad y de afiliación étnica y cultural. No todos los pueblos del sur tenían esferas. De los mas de 1500 sitios arqueológicos registrados en la región, solo en 59 tenemos registros de esferas. Que isla del Caño sea uno de ellos es relevante y es un claro indicio de su filiación cultural.

Hay muchas cosas que decir sobre la arqueología de isla del Caño. Por ahora nos quedamos con que llevaron esferas hasta allá, entre otras cosas, y que alguien decidió plasmar en barro una forma de traslado. Muchas cosas se han perdido en la isla; por dicha ese pequeño fragmento está guardado. Que se quede ahí. Así hay un pretexto para volver.

 

 

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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Objetos olvidados, objetos para revivir mirándolos de nuevo

Estudiar colecciones arqueológicas es una tarea satisfactoria. Depara sorpresas, permite reconstruir historias y posibilita darle nueva vida a los objetos. Esto es especialmente gratificante con los que no fueron excavados científicamente y que se conservan en los museos.

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Vasija trípode del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

En sus inicios, la arqueología de Costa Rica, como la de la mayoría de países, estuvo fuertemente marcada por el objeto en si mismo. El coleccionismo marcó una época donde se recolectaban objetos, principalmente los que estaban completos, los más bellos o raros. No interesaba cómo estaban, que otros objetos lo acompañaban. No se tomaban fotos, ni se dibujaba ni se anotaba nada. Salvo pocas excepciones, casi no quedó información sobre miles de piezas arqueológicas hoy guardadas como parte del patrimonio nacional.

Miles de objetos se acumularon desde finales del siglo XIX hasta finales de la década de los setenta del siglo XX. Esto fue antes de que se profesionalizara la arqueología y se comprendiera la necesidad de desarrollar excavaciones científicas y estudios mas allá de la pieza y de sus atributos formales o estilísticos.

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Vasija del tipo armadillo o galleta. Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Con la arqueología profesional y el espíritu cientificista, los objetos sin contexto recolectados sin ningún control quedaron rezagados y fuera del ámbito académico. Fueron los historiadores de arte precolombino quienes mantuvieron interés en ellos. En la arqueología fueron desdeñados como fuente de información científica, salvo en los casos de tipologías, especialmente cerámicas, donde servían para ejemplificar los “tipos” creados desde los sistemas clasificatorios.

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Vasija policromada del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La mayoría de los objetos guardados en los depósitos de los museos son verdaderos desconocidos. Salvo algunas piezas singulares o significativas que son exhibidas, hay cientos de ellos condenados a una vida de invisibilidad por no ser considerados “obras de arte” en el sentido estético, o por que les falta un pedazo, o porque hay muchos como ellos y ellos no son los “mejores exponentes”.

Curiosamente, muchos estudiantes de arqueología casi nunca tocan un objeto arqueológico completo; solo fragmentos. Igual le pasa a muchos ya graduados. Sin embargo, los museos tienen sus depósitos llenos de objetos que claman por ser estudiados.

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Metate efigie de felino del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A pesar de las limitaciones de información, siempre hay preguntas; siempre se les puede interrogar para que informen algo sobre su historia y lo que fueron. Los objetos sin contexto si se integran a los que sí lo tienen recuperan gran parte de su valor informativo. ¿Por qué no hacerlo?

Sale caro mantener grandes depósitos con objetos que nadie estudia. Los depósitos no son solo almacenes para el futuro; bodegas donde se resguarda el patrimonio del país. Son un activo para el conocimiento. Hay que estudiar y dar a conocer lo que se guarda ahí. Hay que demostrar que vale la pena cuidarlos y la mejor manera es estudiándolos, mostrándolos en sus diferentes facetas informativas, haciendo accesible la información sobre ellos.

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Armadillo. Detalle de vasija el Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Es bueno excavar. Y es maravilloso analizar lo encontrado en las excavaciones. Sin embargo, vale la pena mirar lo que ya se ha recuperado. Hay tanto, pero tanto por estudiar, y hay tanta gente esperando saber sobre eso que se guarda. Nadie va a ser menos arqueóloga ni arqueólogo por estudiar viejas colecciones. Al contrario: el reto está en extraer algo de ellas, ponerlas en valor; hacer que hablen.

Mañana iré a los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica. Y estoy feliz de poder hacerlo. Feliz de poder abrir cajas, de buscar respuestas, de tocar piedra. Con la certeza de que vale la pena hacerlo. Con la responsabilidad de cerrar capítulos abiertos. Con la suerte de ser una arqueóloga que todavía tiene mucho por hacer.

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Hermosa curvatura de piedra

Bahía BallenaDa gusto ver una esfera así. Para los que gustan de la simetría, de las formas hermosas. Con su musgo, sus líquenes, sus cianobacterías y demás micro-organismos. Con su tropicalidad.

Esta esfera yace plácidamente abandonada junto con otras cuatro en el centro del pueblo de Bahía Ballena, en Uvita. Casi invisible por el descuido, no es percibida en su perfección ni en su fino acabado.

Yace invisible mientras cientos de turistas entran al parque marino Ballena. Quizá mejor así que con gente subida sobre ella, o posando para la foto. No sé… cada vez tengo menos cosas claras con esto del turismo que consume cultura. Por ahora mejor mostrarla en fotos. Fotos como esta que re-encontré y que tomó Diego Matarrita el año pasado. La comparto hoy para que no se nos olvide que está ahí y así.

 

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Sombras que dan presencia: el sol sobre las esferas del Diquís

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Esfera precolombina. Imagen tomada el 30 de agosto, día de sol cenital en Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Ayer, 30 de agosto, fue uno de los dos día del año en los que el sol está en posición cenital en territorio costarricense. Se sabe que en estos días la sombras se reducen hasta casi desaparecer en el momento cenital, unos minutos antes del mediodía.

Esta foto la tomó Diego Matarrita como parte del trabajo de documentación para el nuevo libro sobre las esferas que estoy preparando. Eran cerca de las 7:30 de la mañana. El sol estaba subiendo y en esta esfera se iba reflejando este movimiento de una manera muy hermosa y significativa.

A las 11:40, ya con el sol en el cenit, otras esferas vecinas se veían así:

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Esferas precolombinas del parque de Palmar Sur iluminadas por el sol el 30 de agosto a las 11:40 am. Foto: Diego Matarrita.

A lo largo de casi seis horas pudimos ver los cambios en las sombras. No sabemos si estos cambios generados por el recorrido del sol fueron significativos para la gente que hizo y usó las esferas en tiempos precolombinos.

Por ahora estamos observando, mirando y documentando. Falta mucho camino por andar. Mientras tanto nos deleitamos con las formas con presencia en que se convierten las esferas cuando son iluminadas por la luz solar el día en que sus rayos caen de manera perpendicular sobre ellas y todo lo que está alrededor.

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Ayer salió publicado un artículo que escribí sobre el sol cenital y las esferas del sitio Finca 6.  Aquí dejo el enlace para quienes quieran saber más sobre este interesante tema.

http://www.nacion.com/ocio/artes/Hoy-dia-Sol-especial_0_1509049085.html

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Un regalo en imágenes: las esferas alineadas de Finca 6 y el sol cenital

Hay imágenes que impresionan, que gustan y que sugieren. Dentro de los cientos de fotos que Diego Matarrita tomó el año pasado para el nuevo libro sobre las esferas de piedra hay varias que me han atrapado. Hoy quiero compartir algunas de  ellas para que también los cautiven y vean parte de Finca 6 desde la mirada de Diego.

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Amanecer en el sitio arqueológico Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

Esta primer imagen es de un amanecer en el Sitio arqueológico Finca 6. Fue tomada en uno de los días en que el sol sale en la misma dirección que el conjunto de esferas que caracterizan el lugar. Eran cerca de las las 5:40 de la mañana. El sol surgió entre la bruma mañanera, después de una tarde-noche de lluvia. Era una bola blanca, redonda, perfecta. Era otro sol. No el amarillento y luminoso que impide mirarlo directamente. Este era blanco, enorme, imponente. Se dejaba mirar.

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Esferas A y B de Finca 6. Están cubiertas por mas de 150 centímetros de sedimento depositado por las inundaciones del Río Grande de Térraba a lo largo de casi mil años. Foto: Diego Matarrita.

El conjunto de esferas de Finca 6 se conserva en el último lugar en que fueron colocadas hace unos mil años.  Esto es único. Único por lo que nos dicen y único por que se ha conservado de milagro. Había otros conjuntos de esferas alineadas y formando figuras geométricas cerca de Finca 6, en el Delta del Diquís, pero fueron destruidos y ya no existen. Finca 6 es un milagro. Ahora es Patrimonio de la Humanidad declarado por UNESCO. Es un milagro con futuro asegurado.

Finca 6 es un milagro y un regalo. Ahora sabemos que este alineamiento está relacionado con las dos fechas en el año en que el sol está en el cenit en esta parte del mundo.

En Finca 6 los indígenas colocaron este conjunto de esferas para señalar el movimiento y la posición del sol. Esto nos dice que controlaban el paso del tiempo y que manejaban conocimiento astronómico. Específicamente señalaban los días del Sol Cenital. Pero, ¿qué es esto del sol cenital? ¿Por qué es importante?

En la web de la Fundación CIENTEC (http://www.cientec.or.cr/articulos/sol-cenital-en-costa-rica) se explica esto de manera sencilla. Transcribo parte de lo que dicen sobre este fenómeno:

Sol cenital o perpendicular: El fenómeno del Sol Cenital es muy especial, solo se da en la región intertropical de la Tierra y cada localidad lo vive solo dos veces al año. Por esta razón, se puede seguir la posición del sol en las fechas indicadas e identificar cuando sus rayos caen perpendiculares sobre la región del observador. Las culturas antiguas utilizaron esta fecha para ajustar el calendario, orientar la construcción de edificios y más.

Este es un fenómeno exclusivo de la región intertropical, entre las latitudes 23,5° Norte (Trópico de Cáncer) y 23,5° Sur (Trópico de Capricornio), debido a la posición de la Tierra respecto del sol, durante su traslación.

Cada región tiene dos días de perpendicularidad al año, de acuerdo a su latitud, pero no sucede al mismo tiempo, como es el caso del Solsticio y del Equinoccio, momentos especiales para toda la tierra. En el caso del sol perpendicular, este fenómeno se va moviendo sobre el territorio costarricense de sur a norte en la primera parte del año y luego pasa de norte a sur en la segunda.

Las sombras se encogen

Cuando se habla de la perpendicularidad de los rayos solares, se entiende la incidencia de los rayos en un ángulo de noventa grados sobre un punto geográfico. Cuando se dan estas condiciones, cerca del medio día, las sombras son mínimas. A la hora exacta del sol cenital o perpendicular, una varilla vertical no dará sombra.

Generalmente se cree que los rayos solares caen de esa forma siempre a medio día, pero eso no es así. Para Costa Rica esta particularidad se presenta durante abril, después del equinoccio de marzo (de primavera, hemisferio norte), y a finales de agosto, antes del equinoccio de setiembre (de otoño en el hemisferio norte).

El sol cenital se da en toda la región intertropical. En el equinoccio de marzo, el sol es cenital sobre el ecuador terrestre, luego sigue subiendo por Colombia, Panamá y demás países del Caribe. En abril el fenómeno llega a Costa Rica y sigue hacia el norte por Nicaragua en su camino hasta el Trópico de Cáncer en territorio mexicano.

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Salida del Sol en Finca 6 en la misma dirección que el conjunto de esferas alineadas. Foto: Diego Matarrita.

Esta imagen es de otro día en que el sol salió alineado con las esferas de Finca 6. A diferencia del anterior este era un sol brillante y luminoso que nos cubrió de luz dorada.

Finca 6 no solo pudo haber sido un lugar donde se controlaba el paso del tiempo a partir de los movimientos del sol. También pudo ser un lugar de reunión cada vez que el sol salía en la misma dirección que las esferas.

De acuerdo a mi experiencia, el sol es distinto cada vez que sale en Finca 6. El paisaje cambia; la luz lo modifica todo; si ha llovido o no; si hay bruma o muchas nubes. Aquí hay una combinación de conocimiento y sensaciones. Se produce un juego de imágenes en un espacio creado para las esferas, el sol y la gente.

Nota: Al antropólogo Federico Guevara le debo haber llegado a entender la relación entre las esferas de los alineamientos de Finca 6 y el Sol Cenital. 

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Las esferas de nadie sí son de alguien

Hace varios años se vendía en los puestos de revistas y diarios de España un dvd titulado “Esferas de nadie“. Era una producción audiovisual de un equipo liderado por J.J. Benitez que trataba sobre las esferas de piedra y que se basaba en gran parte en las esferas precolombinas de Costa Rica.

JJ Benitez dvdLas esferas de piedra son uno de los enigmas favoritos de J.J. Benitez.  Yo no tengo nada que decir sobre su manera de abordarlas porque él no es arqueólogo, ni historiador, y su mundo es el de la pseudo-ciencia. Sin embargo, no deja de irritarme ese título de “esferas de nadie” que le otorga a las esferas del Sur de Costa Rica.

Siempre es molesto encontrar trabajos que niegan el carácter indígena y precolombino de estas esculturas, y más molesto es todavía que duden o subvaloren los estudios científicos y los aportes de la Arqueología y de la Historia. La verdad es que nada se puede esperar de la pseudo-ciencia porque en el fondo se trata de un negocio muy rentable, y entre más misterio y dudas siembre, más beneficios económicos genera.

Dejando a J.J.Benitez, sus enigmas y sus super-ventas, si hay algo que de verdad me irrita, me duele y me genera frustración son esas “esferas de nadie” que abundan en el Sur, en el territorio de estas maravillosas formas escultóricas precolombinas. Son las esferas que nadie cuida, que nadie ve y que están ahí, dejadas a la mano de Dios, … o del Diablo.

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Esfera de nadie en El Progreso, Drake. Está en una propiedad privada tan abandonada como la misma esfera. Foto: I. Quintanilla, diciembre del 2014.

Uno de los casos que ejemplifica esta situación de “esferas de nadie” son las cinco que se encuentran en El Progreso de Drake. Éstas son el único caso conocido de esferas en esta parte de la península de Osa y están asociadas a un sitio arqueológico con montículos, restos cerámicos y de piedra trabajada. Es un lugar poco estudiado pero que sí está registrado en el Museo Nacional de Costa Rica.

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Niño vecino de El Progreso de Drake mostrando su colección personal de fragmentos arqueológicos recogidos en el pueblo. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Las esferas de El Progreso de Drake tienen un carácter excepcional por el lugar donde están. Son muy  importantes en términos de la procedencia de las rocas con las que las fabricaron (rocas gabroides o graníticas) porque no se sabe si es piedra tomada de las cercanías, o si fue traída de la cordillera Costeña.

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Dos de las cinco esferas ubicadas en El progreso de Drake. Se encuentran en el jardín de una casa. Miden cercad e 120 cm de diámetro y tienen un acabado fino. Pesarán más de una tonelada. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Resolver la procedencia de las esferas de El Progreso es muy importante porque nos estaría mostrando el traslado desde largas distancias de objetos muy pesados -mas de una tonelada- y el uso de embarcaciones capaces de soportarlas, además de un complejo sistema para emplazarlas en el pequeño valle de El Progreso.

Si la piedra utilizada procediera mas bien de las montañas cercanas nos daría luz sobre el uso de otras zonas de aprovisionamiento distintas a la Cordillera Costeña y a la Cordillera de Talamanca. Por otra parte, permitiría entender mejor la dinámica de los asentamientos con esferas de piedra fuera del delta del Diquís y la cuenca del río Grande de Térraba.

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Esta es quizá la única esfera de El progreso de Drake que no ha sido desplazada del todo de su lugar original. Se encuentra en un portero, cerca del aeropuerto. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

A pesar de su importancia, el sitio arqueológico y las esferas de El Progreso parecen ser invisibles. Ni la gente de la comunidad, ni la de la turística Drake, mucho menos los funcionarios de San José, las miran nunca. Las han desplazado de su lugar original, y ahí están a la orilla del camino que lleva al aeropuerto -porque en El Progreso está el pequeño aeropuerto por que el que se mueve buena parte de los adinerados turistas que van a Corcovado- invisibles, perdidas y descuidadas.

Otro caso difícil de digerir por el abandono es el de las esferas del sitio arqueológico Estero Rey. Este es un importante sitio arqueológico situado entre Ciudad Cortes y San Buenaventura en el cantón de Osa.

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En el sitio Estero Rey hay 9 esferas. Dos de ellas tienen figuras grabadas y una más ten e evidencias de haber sido tratada en tiempos antiguos después de que perdió un fragmento. Foto aporte anónimo. Abril del 2014.

En Estero Rey hay nueve esferas que fueron extraídas con maquinaria pesada y puestas en la superficie actual. Yo estudié el sitio brevemente en el 1991 y desde entonces no se volvió a estudiar. A pesar del poco interés hacia este sitio arqueológico hay varios aspectos notorios que hacen de él un lugar de gran importancia.

El lugar donde se ubica Estero Rey está conformado por suelo arenoso y de abundante sedimento. Esto contrasta con los alrededores que son pantano o humedal. Si no me equivoco, Estero Rey fue una especie de isla de tierra fértil y no inundable en plena zona de manglar o de bosque inundado.

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Esferas del sitio Estero Rey en el 2014. Foto aporte anónimo.

 

El hecho de que hayan nueve esferas en el lugar es una muestra del traslado de estas esculturas dentro de zonas pantanosas y en zonas de bosques inundados. ¿Cómo las llevaron hasta ahí? Esta pregunta y otras más hacen que Estero Rey merezca atención. Ya de por si el hecho de que hayan nueve esferas -un número considerable comparado con otros lugares- lo ameritaría.

La esferas de Estero Rey tienen tamaños que van desde los 60 hasta los 130 cm. Dos de ellas presentan figuras grabadas y una tiene evidencias de reparación por el daño que le generó la perdida de un fragmento. Esto parece significar nada para cuidarlas y protegerlas.

Aparte de los cuatro sitios declarados como patrimonio mundial por UNESCO, hay muchísimos sitios arqueológicos más en el Pacífico Sur de Costa Rica con esferas. Es una pena que no exista una política, mas allá de lo que exige la ley, para investigarlos, protegerlos y ponerlos en valor.

Ubicación de sitios arqueológicos con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

En este panorama triste de abandono que observo cuando voy al Sur, cada cierto tiempo otras personas lo hacen más evidente. Hace unos días una amiga me preguntó si sabía acerca de unas esferas halladas dentro de un arrozal en Osa. Yo no lo sabía y me puso en contacto con su amigo Marco Castro, quien compartió conmigo sus fotos e información.

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Esferas del sitio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Marco Castro vio las esferas del sitio La Julia en una gira de trabajo. Le llamó la atención que estuvieran ahí, así, de esa manera. Es raro ir caminando por un extenso campo de cultivo y encontrarse de pronto con cuatro esferas de piedra en la nada.

Y es que no solo gente como Marco se encuentra con esferas de piedra cuando anda por el campo. Mucha gente las ve, opina, dice, piensa, pero no pasan de ahí. No actúan, no piden cuentas, no reportan, no avisan. Por indiferencia o por falta de fe en el estado, pero no hacen nada.

En el caso del sitio La Julia, el Museo Nacional ya está notificado. Ya conocen el lugar, ya lo tienen registrado. Y ahora ¿qué? ¿Tendrán estas esferas la suerte de que decidan “rescatarlas”, “cuidarlas”? ¿Serán depositadas en el cementerio de esferas de Finca 6? ¿Pasará otro Marco Castro dentro de unos años y se volverá a extrañar de verlas ahí, así, de esa manera?

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Esferas del sio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Y es que existe un gran problema con las esferas de piedra del sur de Costa Rica: son muchas y están en lugares dispersos. La gran mayoría han sido movidas de sus lugares originales y están a merced de los propietarios de los terrenos. La institución encargada de cuidarlas no tiene la capacidad ni los medios para cumplir de manera expedita su tarea.

¿Qué hacer? Es doloroso que la mayoría esté sin ningún cuido. Que parezcan no ser de nadie. Pero,  las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica sí son de alguien. Son de un pueblo que tiene la obligación de cuidarlas, investigarlas, protegerlas. Están a cargo de una institución, pero la responsabilidad es compartida.

Pero, ¿Cómo compartir esa responsabilidad, ese deber? Si no queremos que sean esferas de nadie habrá que hacer algo. Ya no se puede mirar para otro lado.

 

 

 

 

 

 

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

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