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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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Hermosa curvatura de piedra

Bahía BallenaDa gusto ver una esfera así. Para los que gustan de la simetría, de las formas hermosas. Con su musgo, sus líquenes, sus cianobacterías y demás micro-organismos. Con su tropicalidad.

Esta esfera yace plácidamente abandonada junto con otras cuatro en el centro del pueblo de Bahía Ballena, en Uvita. Casi invisible por el descuido, no es percibida en su perfección ni en su fino acabado.

Yace invisible mientras cientos de turistas entran al parque marino Ballena. Quizá mejor así que con gente subida sobre ella, o posando para la foto. No sé… cada vez tengo menos cosas claras con esto del turismo que consume cultura. Por ahora mejor mostrarla en fotos. Fotos como esta que re-encontré y que tomó Diego Matarrita el año pasado. La comparto hoy para que no se nos olvide que está ahí y así.

 

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Objetos rebeldes

El año pasado visité una extraña y hermosísima exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) que trataba sobre el cine fantástico. Metamorfosis se llamaba la exposición y mostraba gran cantidad de objetos, vídeos, textos y otros materiales relacionadas con cuatro extraordinarios creadores de mundos irreales.

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Poster de la exposición metamorfosis del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Hoy me he encontrado con una foto que tomé mientras hacía el recorrido por la exhibición. No recuerdo cuál de los creadores –Starewitch, Švankmajer o alguno de los hermanos Quay– escribió lo que se transcribe en el texto:

Objetos rebeldes

Me gustó como empezaba: “…los objetos siempre han estado más vivos que las personas. Y es que la memoria de los objetos es mas larga que la memoria humana, que está limitada por la mortalidad…”.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-1257-ESC-7 / Superficie. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Fragmento de escultura del sitio Batambal, Osa, Costa Rica. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

No he podido pasar por alto esto otro: “Me gustan las cosas viejas, no porque sean viejas, sino porque fueron testigos de emociones, situaciones  y actos de personas cuando éstas se encontraban bajo tensión emocional. Tocándolos, las personas cargaron los objetos de emoción.”

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Escultura humana sin rostro. ¿Rostro borrado o no hecho?Pieza mutilada, rota, reutilizada? Muchas preguntas alrededor de actos y decisiones humanas. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Es curioso esto del mundo de las emociones, de los sentidos, de sentir la presencia humana en el mundo material. Muchos de los que hemos estudiado Arqueología olvidamos esas manos, esa gente, esas emociones y actos vitales, y sólo vemos materia social sin alma. Huyendo de ser seres emocionales, de involucrarnos con eso que llamamos “el objeto de estudio“, olvidamos eso otro que sí perciben quienes no tienen la obligación de justificarse bajo el manto de la ciencia objetiva.

De vez en cuando yo me dejo llevar y me pongo a pensar emocionalmente y le pregunto ciertas cosas a los objetos que estudio. No sé si es por falta de rigor, por la libertad que me doy, o por autoengaño, pero encuentro respuestas interesantes. También veo muchas cosas que no vería si no mirara emocionalmente.

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Figurilla fabricada en un colmillo. Moviendo la pieza se puede ver que tiene una cabeza móvil y un pico que picotea la barriga. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces hay que mover las cosas, sacudirlas, darles vuelta y dejar de contar y medir. Por ahí siempre habrá una cicatriz, un golpe oculto, unos rasgos no trazados, o unas manos maravillosas que hicieron, cuidaron y usaron esas cosas. También brotará la violencia de los golpes, el deseo de romper y olvidar.  Puede que también se vea el deseo de transformar, de reutilizar, de reinventar, de recordar. Sea lo que sea ahí estará la memoria de quienes formaron parte de la vidas de esas cosas, de esos objetos.

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Fragmento de torso y cabeza. Sitio Barriles, Panamá. Pieza reconstruida de hombre roto. Foto: Tomás Mendizabal.

 

 

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Las esferas de nadie sí son de alguien

Hace varios años se vendía en los puestos de revistas y diarios de España un dvd titulado “Esferas de nadie“. Era una producción audiovisual de un equipo liderado por J.J. Benitez que trataba sobre las esferas de piedra y que se basaba en gran parte en las esferas precolombinas de Costa Rica.

JJ Benitez dvdLas esferas de piedra son uno de los enigmas favoritos de J.J. Benitez.  Yo no tengo nada que decir sobre su manera de abordarlas porque él no es arqueólogo, ni historiador, y su mundo es el de la pseudo-ciencia. Sin embargo, no deja de irritarme ese título de “esferas de nadie” que le otorga a las esferas del Sur de Costa Rica.

Siempre es molesto encontrar trabajos que niegan el carácter indígena y precolombino de estas esculturas, y más molesto es todavía que duden o subvaloren los estudios científicos y los aportes de la Arqueología y de la Historia. La verdad es que nada se puede esperar de la pseudo-ciencia porque en el fondo se trata de un negocio muy rentable, y entre más misterio y dudas siembre, más beneficios económicos genera.

Dejando a J.J.Benitez, sus enigmas y sus super-ventas, si hay algo que de verdad me irrita, me duele y me genera frustración son esas “esferas de nadie” que abundan en el Sur, en el territorio de estas maravillosas formas escultóricas precolombinas. Son las esferas que nadie cuida, que nadie ve y que están ahí, dejadas a la mano de Dios, … o del Diablo.

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Esfera de nadie en El Progreso, Drake. Está en una propiedad privada tan abandonada como la misma esfera. Foto: I. Quintanilla, diciembre del 2014.

Uno de los casos que ejemplifica esta situación de “esferas de nadie” son las cinco que se encuentran en El Progreso de Drake. Éstas son el único caso conocido de esferas en esta parte de la península de Osa y están asociadas a un sitio arqueológico con montículos, restos cerámicos y de piedra trabajada. Es un lugar poco estudiado pero que sí está registrado en el Museo Nacional de Costa Rica.

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Niño vecino de El Progreso de Drake mostrando su colección personal de fragmentos arqueológicos recogidos en el pueblo. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Las esferas de El Progreso de Drake tienen un carácter excepcional por el lugar donde están. Son muy  importantes en términos de la procedencia de las rocas con las que las fabricaron (rocas gabroides o graníticas) porque no se sabe si es piedra tomada de las cercanías, o si fue traída de la cordillera Costeña.

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Dos de las cinco esferas ubicadas en El progreso de Drake. Se encuentran en el jardín de una casa. Miden cercad e 120 cm de diámetro y tienen un acabado fino. Pesarán más de una tonelada. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Resolver la procedencia de las esferas de El Progreso es muy importante porque nos estaría mostrando el traslado desde largas distancias de objetos muy pesados -mas de una tonelada- y el uso de embarcaciones capaces de soportarlas, además de un complejo sistema para emplazarlas en el pequeño valle de El Progreso.

Si la piedra utilizada procediera mas bien de las montañas cercanas nos daría luz sobre el uso de otras zonas de aprovisionamiento distintas a la Cordillera Costeña y a la Cordillera de Talamanca. Por otra parte, permitiría entender mejor la dinámica de los asentamientos con esferas de piedra fuera del delta del Diquís y la cuenca del río Grande de Térraba.

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Esta es quizá la única esfera de El progreso de Drake que no ha sido desplazada del todo de su lugar original. Se encuentra en un portero, cerca del aeropuerto. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

A pesar de su importancia, el sitio arqueológico y las esferas de El Progreso parecen ser invisibles. Ni la gente de la comunidad, ni la de la turística Drake, mucho menos los funcionarios de San José, las miran nunca. Las han desplazado de su lugar original, y ahí están a la orilla del camino que lleva al aeropuerto -porque en El Progreso está el pequeño aeropuerto por que el que se mueve buena parte de los adinerados turistas que van a Corcovado- invisibles, perdidas y descuidadas.

Otro caso difícil de digerir por el abandono es el de las esferas del sitio arqueológico Estero Rey. Este es un importante sitio arqueológico situado entre Ciudad Cortes y San Buenaventura en el cantón de Osa.

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En el sitio Estero Rey hay 9 esferas. Dos de ellas tienen figuras grabadas y una más ten e evidencias de haber sido tratada en tiempos antiguos después de que perdió un fragmento. Foto aporte anónimo. Abril del 2014.

En Estero Rey hay nueve esferas que fueron extraídas con maquinaria pesada y puestas en la superficie actual. Yo estudié el sitio brevemente en el 1991 y desde entonces no se volvió a estudiar. A pesar del poco interés hacia este sitio arqueológico hay varios aspectos notorios que hacen de él un lugar de gran importancia.

El lugar donde se ubica Estero Rey está conformado por suelo arenoso y de abundante sedimento. Esto contrasta con los alrededores que son pantano o humedal. Si no me equivoco, Estero Rey fue una especie de isla de tierra fértil y no inundable en plena zona de manglar o de bosque inundado.

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Esferas del sitio Estero Rey en el 2014. Foto aporte anónimo.

 

El hecho de que hayan nueve esferas en el lugar es una muestra del traslado de estas esculturas dentro de zonas pantanosas y en zonas de bosques inundados. ¿Cómo las llevaron hasta ahí? Esta pregunta y otras más hacen que Estero Rey merezca atención. Ya de por si el hecho de que hayan nueve esferas -un número considerable comparado con otros lugares- lo ameritaría.

La esferas de Estero Rey tienen tamaños que van desde los 60 hasta los 130 cm. Dos de ellas presentan figuras grabadas y una tiene evidencias de reparación por el daño que le generó la perdida de un fragmento. Esto parece significar nada para cuidarlas y protegerlas.

Aparte de los cuatro sitios declarados como patrimonio mundial por UNESCO, hay muchísimos sitios arqueológicos más en el Pacífico Sur de Costa Rica con esferas. Es una pena que no exista una política, mas allá de lo que exige la ley, para investigarlos, protegerlos y ponerlos en valor.

Ubicación de sitios arqueológicos con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

En este panorama triste de abandono que observo cuando voy al Sur, cada cierto tiempo otras personas lo hacen más evidente. Hace unos días una amiga me preguntó si sabía acerca de unas esferas halladas dentro de un arrozal en Osa. Yo no lo sabía y me puso en contacto con su amigo Marco Castro, quien compartió conmigo sus fotos e información.

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Esferas del sitio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Marco Castro vio las esferas del sitio La Julia en una gira de trabajo. Le llamó la atención que estuvieran ahí, así, de esa manera. Es raro ir caminando por un extenso campo de cultivo y encontrarse de pronto con cuatro esferas de piedra en la nada.

Y es que no solo gente como Marco se encuentra con esferas de piedra cuando anda por el campo. Mucha gente las ve, opina, dice, piensa, pero no pasan de ahí. No actúan, no piden cuentas, no reportan, no avisan. Por indiferencia o por falta de fe en el estado, pero no hacen nada.

En el caso del sitio La Julia, el Museo Nacional ya está notificado. Ya conocen el lugar, ya lo tienen registrado. Y ahora ¿qué? ¿Tendrán estas esferas la suerte de que decidan “rescatarlas”, “cuidarlas”? ¿Serán depositadas en el cementerio de esferas de Finca 6? ¿Pasará otro Marco Castro dentro de unos años y se volverá a extrañar de verlas ahí, así, de esa manera?

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Esferas del sio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Y es que existe un gran problema con las esferas de piedra del sur de Costa Rica: son muchas y están en lugares dispersos. La gran mayoría han sido movidas de sus lugares originales y están a merced de los propietarios de los terrenos. La institución encargada de cuidarlas no tiene la capacidad ni los medios para cumplir de manera expedita su tarea.

¿Qué hacer? Es doloroso que la mayoría esté sin ningún cuido. Que parezcan no ser de nadie. Pero,  las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica sí son de alguien. Son de un pueblo que tiene la obligación de cuidarlas, investigarlas, protegerlas. Están a cargo de una institución, pero la responsabilidad es compartida.

Pero, ¿Cómo compartir esa responsabilidad, ese deber? Si no queremos que sean esferas de nadie habrá que hacer algo. Ya no se puede mirar para otro lado.

 

 

 

 

 

 

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

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El drama del silencio o el drama de El Silencio

Cuando estaba pequeña, y éramos campesinas, mi mamá llamaba al viento para ventilar los frijoles recién recogidos y tirar las hierbas y basurillas que quedaban. Ella decía que el viento se llamaba Julián. Nosotros a veces nos poníamos a llamarlo a gritos: Julián, Julián, Julián, Julián… Pocas veces venía, y de ahí me di cuenta que a veces no vale la pena hablarle al viento.

Hoy me siento como en esos momentos en que llamábamos a Julián y no respondía.

Hoy tengo un sabor amargo en la boca y un sentimiento de renuncia. Le doy vueltas a la cabeza, analizo palabras escuchadas, consejos recibidos, experiencias pasadas y termino pensando que hay luchas en las que no vale la pena insistir. Luchas que son como llamar al viento.

Con melancolía y tristeza veo las imágenes de la esfera de El Silencio. La conozco desde hace 24 años y desde entonces la he visto destruirse. Ahora es uno de los sitios de patrimonio mundial de UNESCO y se supone que un tesoro de Costa Rica y del mundo. Veo las imágenes de la semana pasada, de hace 3 meses, de hace 7 meses, de hace 4 años, de hace 15 años y solo veo deterioro y mas deterioro.

El Silencio en su drama
Esfera del sitio El Silencio. Es la esfera de mayor tamaño conocida en Costa Rica. Tiene 2.50 metros de diámetro y unas 20 toneladas de peso. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Hace unos días mi amigo Robert Muñoz me envío el producto de su trabajo de meses: es una imagen en 3D de la esfera de El Silencio a partir de múltiples fotos sistematizadas e integradas para producir una visión tridimensional.

En este enlace se puede ver y jugar con la imagen que tantas horas de trabajo de campo y de gabinete le tomó a Robert: https://sketchfab.com/models/27828cc7bbe0456f9b21fda53863f079. Impresiona lo que se ve.

He seleccionado unas capturas de la imagen generada por él donde se puede ver el drama de esta esfera a través de las cicatrices de perdidas de fragmentos que ha sufrido, y que sigue sufriendo.

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Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.

 

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Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.Na hay que ser ciego para no ver. hay que ser ciego o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo.

No hay que ser ciego para no ver. Hay que ser ciego, o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo. El deterioro irreversible es evidente, y se diga lo que se diga nada va a poder reparar lo perdido. Quizá se pueda mitigar, detener y salvar ese 30% o menos que conserva de la superficie labrada por manos antiguas. El resto se perdió.

Cuando se está fuera del sistema es muy difícil emprender ciertas luchas. Es difícil denunciar, emitir criterios que cuestionen las actuaciones institucionales. La respuesta es quedar fuera, ser invisibilidada, no ser contratada, no ser consultada, no salir en la foto. Eso no importa si se incide de alguna manera.

¿Para qué luchar contra el sistema? La respuesta siempre será que es por ser el Estado, que son los funcionarios, que es la legalidad, que son los recursos…Respuestas de esa pared de hule que me mencionaron hace unos días, de esa pared que todo lo rebota, que todo lo justifica y que todo lo esconde.

Pase lo que pase con esta esfera emblema no pasara nada con quienes han sido responsables de cuidarla y protegerla. Seguramente hasta los premiaran cuando hagan algo. Seguramente hasta serán reconocidos por salvarla.  Será irónico. Pero ojalá que así sea. Con tal de que hagan algo habrá que seguir llamando a Julián.

Mami lo llamó muchas veces, y de verdad que los frijoles quedaron limpiecitos. Quedaron relucientes, sin basurilla. Eso es una esperanza, por lo menos.

 

 

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Un poco de historia sobre las bolas de Bolas

En el Pacífico Sur de Costa Rica, en el cantón de Buenos Aires, hay un pueblo que se llama Bolas. Se llama así porque ahí había muchas esferas de piedra precolombinas. Bolas de piedra, así es como se le conoce a las esferas en Costa Rica, y Bolas tenía por los menos 20. De ahí su nombre.

Niños rumbo a la escuela
Niños camino a la escuela de Bolas. Foto: Diego Matarrita

Bolas es un pueblo especial porque está asentado sobre la parte alta de una alargada fila montañosa. Cuando uno está ahí puede sentir una fresca brisa que contrasta con el calor sofocante de muchos lugares de esta parte del país. Ese aire fresco y el sentido de inmensidad hacia cualquier lado que se mire, convierte a este lugar en un magnifico espacio para vivir.

Bolas es como una isla entre montañas. Para llegar al pueblo hay que subir desde El Brujo a la cresta de la fila montañosa. Hay un momento, unos pocos kilómetros antes de llegar al pueblo, en que se estrecha la fila y solo hay lugar para la carretera.

Desde ese delgado punto la vista es maravillosa: por un lado se puede ver la Cordillera de Talamanca y sus altas montañas, el valle donde está San Rafael y todo un montón de puntos de colores que son las casas dispersas de la gente que vive en el territorio indígena de Cabagra.

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Una vista desde el camino antes de llegar a Bolas. Foto: Diego Matarrita.

Del otro lado de la fila se ven las montañas de la Cordillera Costeña y el cauce del río General antes de unirse con el Coto Brus y formar el río Grande de Térraba.

Bolas es un pueblo hermoso y con larga historia. Si embargo, quienes viven ahí conocen muy poco sobre la historia antigua del lugar. Los colonos agrícolas y ganaderos que llegaron a mitad del siglo pasado llegaron, según ellos, a zonas de selva virgen, sin historia humana ni pasado.

A pesar de las esferas y de los restos que brotaban en cada movimiento de tierra, o cada vez que se trabajaba el campo, parecía que ahí no había nada. Y sí que lo había, y lo hay.

La selva cubrió el asentamiento abandonado antes de la conquista española. Los madereros destaparon lo cubierto, y desde entonces, cada día, y poco a poco, va apareciendo y desapareciendo la historia antigua.

Bolas es un pueblo bonito ahora. Y seguro que fue un pueblo bonito antes, en tiempos precolombinos. Un pueblo en la parte llana de una fila montañosa donde hay tierra fértil, pequeñas lagunas estacionales y un clima fresco. Un pueblo con amplias vistas, tan amplias que pueden alcanzar el Volcán Barú, en tierras chiricanas.

Del pueblo antiguo, del arqueológico, sabemos muy poco. Los estudios de principios de los años ochenta que hicieron Robert Drolet y Robert Markens dicen que este pueblo era tan extenso como el actual. Dicen también que hace unos 1 500 años ya vivía gente ahí, en pequeños caseríos, y que hubo un momento en que se construyó un pequeño centro con montículos artificiales y esferas de piedra.

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Antiguos montículos precolombinos del sitio arqueológico Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Los estudios recientes de Scott Palumbo y su equipo han ayudado a saber mas sobre el Bolas precolombino. Nuevos montículos, un área densa de ocupación en estrecha relación con las lagunas y muchos restos de cerámica y piedra son indicadores de la importancia que tuvo el poblado en lo que se conoce como el Período Aguas Buenas (4000 años antes de Cristo al 700 después de Cristo) y principios del Período Chiriquí (700 después de Cristo hasta los 900 o 1 000 después de Cristo).

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Fragmento de escultura de forma humana encontrada en el sitio arqueológico de Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Hasta donde llegan mis cuentas, en Bolas se han encontrado por lo menos 20 esferas. Aparte de Finca 4, en el Delta del Diquís, con 30 esferas registradas, en ningún otro sitio arqueológico se conocen tantas esferas

Bolas es un caso triste de expolio y de perdida de patrimonio. De las 20 esferas, sólo una se encuentra en su lugar original, entre la zona con montículos artificiales de origen precolombino. Hay otra en el lecho de un quebrada, en la parte baja del sitio arqueológico, que no se sabe bien por qué está ahí. Además, hay otra esfera pequeña en una zona de ladera, también cerca del sitio arqueológico.

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Esta es la única esfera que se conserva en la zona arqueológica del sitio Bolas. Está muy dañada y fragmentada. Foto: I. Quintanilla.

Las restantes esferas han sido removidas y están en los alrededores del pueblo, o se las llevaron. Las que salieron están en Pérez Zeledón centro, en las casas de la familia Sánchez.

Son unas 10 esferas que lucen bonitas en las lindas casas de esta próspera familia pezeteña forjada gracias a sus actividades madereras de los años 50`s y 60´s del siglo pasado. Décadas en las que se “coloniza” Bolas y se funda el pueblo.

Las esferas de Bolas parecen ser de las más antiguas de la región. Si hacemos caso a los datos que ofrecen la cerámica y otros materiales hallados en el sitio arqueológico, estas esferas se fabricaron hace por lo menos 1 500 años.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.

Algo interesante de las esferas de Bolas es la variabilidad de los tamaños que tienen. En mis registros hay esferas pequeñas de unos 20 cm de diámetro, otras de 60, 90, 100 y 120 cm de diámetro. Además, hay dos mayores, gemelas, que miden 156 y 157 cm de diámetro.

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Esfera pequeña que se encuentra en una zona de ladera cerca de la zona con montículos artificiales en el sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Las dos esferas grandes de Bolas son las de mayor tamaño que se conocen fuera del delta del Diquís. Este es importante porque por la antigüedad del lugar es posible pensar que el tamaño de las esferas no fue aumentando según el paso del tiempo, sino que desde los inicios ya se fabricaban esferas voluminosas.

Por otra parte, el haber fabricado esferas “gemelas” que estaban colocadas juntas, muestra la capacidad técnica de replicar y de elaborar esculturas esféricas de igual tamaño. Esto no fue fácil y por eso es significativo.

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Los niños de la escuela de Bolas tienen el privilegio de estudiar rodeados de las dos grandes esferas encontradas en el lugar. Son dos esferas de 156 y 157 cm de diámetro, de fino acabado y con figuras grabadas. Foto: Diego Matarrita.

Un aspecto muy interesante de las esferas de piedra del sitio Bolas es que fueron hechas con rocas procedentes de la Cordillera de Talamanca. Esto las diferencia de las de otras partes de la región que proceden de afloramientos intrusivos de la Cordillera Costeña.

Por otra parte, las esferas de Bolas, al igual que todo el conjunto arqueológico del lugar, tienen la particularidad de estar relacionadas con lagunas de altura. Esto ha sido poco estudiado, pero puede ser un elemento paisajístico muy significativo.

Aparte de Bolas, el otro sitio arqueológico con esferas que está asociado con este tipo de lagunas es el sitio Cuasrán. Este sitio ha sido poco estudiado. Fue localizado en el 2004 por Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica. Está cerca de Puerto Nuevo, en Buenos Aires, dentro del actual territorio Boruca. Ahí se conserva una esfera junto con montículos artificiales.

El pueblo de Bolas de ahora es un pueblo lindo, de casas dispersas, gente trabajadora y buena. También es un pueblo límite, de frontera. Es un pueblo lindero entre dos mundos: el mundo indígena bribri de Cabagra y el mundo blanco, campesino, de colonos meseteños. Dos mundos que conviven a pesar de los pesares, y a pesar de las mutuas resistencias.

En Bolas confluyen muchas historias. Tristemente, son historias que hasta ahora no han servido para construir una relación de respeto y convivencia intercultural. La larga historia precolombina puede ayudar a comprender que ese lugar no estuvo vacío de gente, que antes de los campesinos de raíces meseteñas, vivía gente ahí.

La gente del antiguo Bolas era gente de las esferas. No puedo decir que ahí se hicieron las primeras, pero sí que fueron de los primeros y que hicieron muchas.

La gente de Bolas de ahora es la gente de las bolas de piedra. Las que se quedaron en el pueblo son cuidadas, queridas y mimadas como en ninguna otra parte.

Por amor a las esferas, por amor a las bolas, es que vale la pena recuperar la historia antigua y actual. Unir pasado y presente para convivir y respetar. No a las piedras, si no a la gente que ha estado vinculada a ellas gracias a vivir en ese hermoso y maravilloso lugar.

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Esfera de la Escuela de Bolas. Al fondo se aprecia parte de la Cordillera de Talamanca. Foto: I. Quintanilla.