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¿Qué es un D1 de arqueología y cómo determina las decisiones sobre el patrimonio de Costa Rica?

Hace pocas semanas la Secretaria Técnica Nacional (SETENA) aprobó la viabilidad de una nueva plantación de piña en el delta del Diquís a la empresa PINDECO. En este delta y en sus alrededores inmediatos se localizan las cuatro propiedades que conforman el sitio de patrimonio mundial de la UNESCO denominado “Los Asentamientos Cacicales Precolombinos con esferas de piedra del Diquís, Costa Rica“. En el mismo delta está el humedal de Sierpe-Térraba, un sitio RAMSAR, que es la máxima categoría otorgada a un humedal. Independientemente de estas declaratorias, el delta y sus alrededores son de gran riqueza natural, cultural e histórica.

La viabilidad ambiental para la siembra de 600 hectáreas de piña en el delta del Diquís plantea una serie de dudas acerca del instrumento usado para otorgar esta viabilidad. En términos de la SETENA este instrumento se conoce como D1. El mismo se compone de distintos D1 de varios campos. En vista de que el D1 de arqueología presentado adolece de una serie de deficiencias que hubieran permitido una valoración mas objetiva de las implicaciones de esta plantación extensiva, he escrito el siguiente texto.

Es para quienes quieran saber más y entender que es un D1 de arqueología y sus implicaciones.

¿Qué es un D1 de arqueología? Una breve explicación

 

La viabilidad ambiental del componente arqueológico en un proyecto que se presenta a la SETENA se da a partir de un D1. En términos de procedimientos, el D1 de arqueología es una valoración sobre la presencia, o no, de restos arqueológicos de origen precolombino en el área del proyecto. Con esta valoración se emiten recomendaciones sea para decir que no hay impedimentos para el proyecto o si se deben llevar a cabo acciones para investigar, proteger o rescatar patrimonio arqueológico que será afectado por el mismo.

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El delta del Diquís posee una riqueza arqueológica extraordinaria. Entre los sedimentos aluviales y a lo largo de mas de 900 hectáreas hay restos de los lugares de habitación, de enterramiento, de los espacios de uso público, de caminos, esferas de piedra y otros elementos de gran valor histórico y cultural. Muro de un montículo precolombino del sitio  Finca 4.

El D1 de arqueología lo desarrolla un profesional contratado directamente por el desarrollador del proyecto. En principio, el D1 de arqueología implica una visita al área del proyecto, la revisión de la base de datos oficial sobre sitios arqueológicos de Costa Rica – http://origenes.museocostarica.go.cr/ y la revisión bibliográfica del área. A partir de esto se rellena el formulario, se redacta un informe con la información ampliada del formulario y se emiten una serie de recomendaciones que se integran al D1 general que se le presenta a la SETENA.

Con la visita al campo se determina si hay restos arqueológicos visibles en superficie. Esta visita no está regulada por la Comisión Arqueológica Nacional (CAN), que es el ente que regula la investigación en el país y que vela por el cumplimiento de la ley 6703 de patrimonio arqueológico. La metodología que se seguirá en el campo para inspeccionar el terreno la determina el mismo profesional contratado. En principio, no se contempla el desarrollo de excavaciones de prueba para conocer lo que hay en el subsuelo, sin embargo algunos profesionales lo hacen. Esto es algo que ha estado bajo discusión, porque de hacerse remociones de suelo para estudiar el subsuelo se debería de contar con una propuesta aprobada por la CAN.

La inspección de campo para un D1 no establece un límite en cuanto a la intensidad de la inspección, el tamaño del área a abarcar, ni del tipo de muestreo. Asimismo, se realiza de manera indistinta para un proyecto a desarrollar en un área de 100 m² o en otro de 600 000 m². Depende absolutamente del criterio del profesional contratado qué se hace, o no, para determinar y valorar la presencia de restos arqueológicos.

La revisión en la base de datos Orígenes del MNCR consiste en verificar si hay sitios arqueológicos registrados previamente en esta base de datos oficial. Orígenes permite visualizar y obtener información básica sobre los sitios arqueológicos documentados desde el siglo XIX hasta el presente. Es información recabada a partir de distintas fuentes. En los últimos 30 años se formalizó el formulario de registro de sitios arqueológicos de Costa Rica que constituye la base de información de este portal al que se accede a través de Internet.

Es importante señalar que Orígenes presenta un serio problema en el sentido de que indica la presencia de los sitios arqueológicos a partir de un punto situado en unas coordenadas puntuales (ver Figura 1). No se da una indicación en términos de una poligonal que muestra el área que abarca el sitio arqueológico. Por lo tanto, esta base de datos es solo una guía y se requiere obligatoriamente hacer una revisión bibliográfica de los informes o publicaciones del área para conocer la extensión de los yacimientos, sus características, su importancia, su estado de conservación y otra información relevante para valorarlo.

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Fig. 1: Hoja topográfica Changuena, escala 1:50 000. Cada punto de color amarillo representa un sitio arqueológico registrado en la Base de datos Orígenes del Museo Nacional de Costa Rica. Tomado de : http://origenes.museocostarica.go.cr/busquedaMapaIndex.aspx

Por otra parte, Orígenes ofrece información de sitios arqueológicos registrados hace 100 años, 50, o en el 2016. Muchos de los sitios registrados, especialmente los más antiguos, adolecen de datos acerca de su ubicación precisa. Su ubicación en los mapas de consulta muchas veces es aproximada y, en la mayoría de los casos, no se ha corroborado con una visita de campo. En este sentido, Orígenes es una guía y no puede ser considerado un criterio absoluto para descartar, o no, la presencia de sitios arqueológicos en un área específica.

La tercer acción de un D1 es la revisión bibliográfica exhaustiva del área de impacto inmediato y sus alrededores. Ante las carencias de la base de datos Orígenes esta acción es fundamental. Esta revisión generalmente se lleva a cabo mediante solicitud de acceso a los informes de investigación, de inspección o de denuncias que resguarda el Departamento de Antropología e Historia (DAH) del MNCR. Este departamento es la base de consulta oficial de la documentación sobre sitios arqueológicos del país.

A la fecha es muy limitada la cantidad de publicaciones sobre sitios arqueológicos y las investigaciones que se han realizado en ellos. Para poder caracterizar un sitio arqueológico, o varios, dentro de un área puntual se requiere consultar la documentación que resguarda el DAH. Esto es fundamental en los casos en los que el proyecto impacta áreas de tamaño significativo que afectan varios sitios arqueológicos, su paisaje y su entorno socio-cultural.

Distribución sitios arqueológicos Delta Sur copiaFig. 2: La consulta a los informes de trabajo y a otra documentación concerniente a los sitios arqueológicos investigados en el país es fundamental. Este ejemplo muestra la extensión de las áreas con restos arqueológicos en el sector Palmar Sur-Sierpe. Desde la base de datos Orígenes no se puede visualizar el detalle que si ofrecen los informes de trabajo específicos. Figura tomada http://www.diquis.go.cr/investigaciones/Informe.Investigacion.Arqueologica.Delta.del.Diquis.(Temporada.2011-2012).pdf

Como resultado de las tres fases anteriores, el profesional contratado rellena el formulario del D1 de arqueología. Este es un formulario muy básico. Consiste en una guía para determinar si hay, o no, presencia arqueológica en el área de impacto del proyecto. Asimismo, se dan las recomendaciones acerca de si no hay impedimentos arqueológicos, o de si es necesario realizar acciones posteriores (evaluación arqueológica, la supervisión de movimientos de tierra, entre otras).

Los criterios para determinar las acciones concernientes al componente arqueológico lo determina el profesional contratado. Las decisiones y recomendaciones de este profesional no son evaluadas por ningún ente de competencia sobre el patrimonio (CAN, MNCR). En caso de que recomiende una evaluación arqueológica y se lleven a cabo otras acciones de rescate arqueológico, demarcación de áreas a proteger, traslado de bienes muebles (petroglifos, esferas, por ejemplo) entonces si se incorporan el Museo Nacional de Costa Rica y la Comisión Nacional Arqueológica.

El D1 en arqueología es la principal herramienta para la toma de decisiones sobre uno o un conjunto de sitios arqueológicos que serán afectados por una obra de infraestructura. El destino del patrimonio arqueológico del país se define en gran medida en este procedimiento. Es por esto que tiene gran relevancia.

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Los D1 de arqueología pueden determinar la conservación o no de un yacimiento arqueológico. Depende del criterio, de la profesional, de la experiencia y del buen hacer del profesional decidir el futuro de muchos lugares de importancia arqueológica. Foto: E. Volio del sitio Grijalba.

Las acciones para la gestión de los recursos arqueológicos detectados en mediante un D1 de arqueología presentado ante las SETENA son de acatamiento obligatorio para el desarrollador. Asimismo, la “liberación” del área, o de un sector de la misma, también es acatado y permite el desarrollo de un determinado proyecto.

Los D1 de arqueología han sido una herramienta importante para prevenir el impacto arqueológico de los proyectos de desarrollo. Anteriormente (antes de la Ley del Ambiente y la creación de la SETENA en 1996) se contaba con la ley 6703 de patrimonio arqueológico que sólo contemplaba acciones una vez que se detectara patrimonio arqueológico en riesgo. Esto obligaba a detener proyectos en marcha, ocasionaba la destrucción y dejaba en manos de “alguien” que informara al Museo Nacional el hallazgo y el riesgo en que se encontraba un patrimonio X en un lugar X. Asimismo, el Museo Nacional se veía en la obligación de actuar como “bombero” del patrimonio en riesgo, asignando personal y recursos económicos para atender la emergencia.

Con los D1 y los estudios de impacto ambiental se subsanó parcialmente esta manera de actuar sobre el patrimonio arqueológico nacional. Sin embargo, los D1 adolecen de una serie de problemas.

El primero de ellos es delegar la responsabilidad de las decisiones en el profesional contratado por la empresa desarrolladora. Los arqueólogos no tenemos colegio ni ningún órgano regulador. La CAN actúa como regulador mediante la evaluación y aprobación de las propuestas de trabajo para evaluaciones o investigaciones arqueológicas y la posterior aprobación de los informes finales. Al estar los D1 exonerados de cualquier forma de evaluación se corre el riesgo de que las recomendaciones y valoraciones del profesional no sean del todo pertinentes, ni exhaustivas.

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La conservación en su lugar de las esferas y de los objetos y estructuras de los sitios arqueológicos es fundamental en el delta del Diquís. Sin conservación in situ nuestro patrimonio y el conocimiento de la historia precolombina se empobrece. Foto de las esferas alineadas de finca 6. Foto: Diego Matarrita.

Por otro parte, el país no cuenta con una zonificación arqueológica que pueda servir como referencia para la valoración del patrimonio arqueológico. La ausencia de esta zonificación nacional y la ausencia de zonificaciones arqueológicas en los mismos planes reguladores municipales dejan las decisiones sobre el patrimonio arqueológicos al libre alberdrío de los profesionales.

Los D1 en Arqueología se enfocan en el área de impacto directo del proyecto a desarrollar. Esto está provocando una fragmentación de la información, lo que a su vez determina la valoración del patrimonio a afectar o no. En este sentido, la integridad de los sitios arqueológicos se pierde.

Los sitios arqueológicos son remantes de la historia antigua del país que solo se puede estudiar a partir de los restos materiales que se conservan. Los D1 en arqueología están enfocados en identificar esos restos materiales y generalmente las recomendaciones están orientadas a extraer, vaciar esos espacios ocupados antiguamente, para dejarlos libres y que puedan ser usados ahora.

Salvo algunas estructuras consideradas monumentales como los montículos artificiales con muros de piedra, se salvan de ser removidos y se recomienda su conservación y la demarcación de “reservas”. En términos legales, no existe ninguna figura legal que proteja estas reservas. No existen planteamientos para no usar ese espacio por parte de los propietarios del terreno.

El paisaje es un elemento fundamental en la compresión de los sitios arqueológicos. El entorno natural, las modificaciones que se han dado a través del tiempo y sus características actuales, son vitales para el entendimiento de la historia antigua. Como los D1 están enfocados en el área de impacto inmediato del proyecto la perspectiva paisajística no se toma en consideración.

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El entorno natural es fundamental para entender las ocupaciones humanas. El humedal de Sierpe-Térraba fue fundamental en el poblamiento del delta del Diquís.

La ley 6703 del patrimonio arqueológico, y en general la práctica arqueológica del país, está orientada hacia la cultura material que se puede extraer. Los riesgos del patrimonio están enfocados en el saqueo o la destrucción por movimientos de tierra de los objetos. Es por esto que las recomendaciones en la mayoría de los D1 donde se detectan sitios arqueológicos están dirigidos a evaluar y luego a “rescatar” o realizar acciones de salvamento.

La práctica actual de la arqueología que surge a partir de los D1 se orienta a “liberar” terrenos. La arqueología se convierte en una herramienta técnica para permitir el desarrollo de los proyectos amparada en el criterio del salvamento de los objetos y de la información. Esta tendencia a mediano y largo plazo mostrará un país desprovisto de sitios arqueológicos, con información fragmentaria y a un cúmulo de objetos depositados en las bodegas del Museo Nacional sin posibilidades de ser mostrados ni puestos en valor.

 

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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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El drama del silencio o el drama de El Silencio

Cuando estaba pequeña, y éramos campesinas, mi mamá llamaba al viento para ventilar los frijoles recién recogidos y tirar las hierbas y basurillas que quedaban. Ella decía que el viento se llamaba Julián. Nosotros a veces nos poníamos a llamarlo a gritos: Julián, Julián, Julián, Julián… Pocas veces venía, y de ahí me di cuenta que a veces no vale la pena hablarle al viento.

Hoy me siento como en esos momentos en que llamábamos a Julián y no respondía.

Hoy tengo un sabor amargo en la boca y un sentimiento de renuncia. Le doy vueltas a la cabeza, analizo palabras escuchadas, consejos recibidos, experiencias pasadas y termino pensando que hay luchas en las que no vale la pena insistir. Luchas que son como llamar al viento.

Con melancolía y tristeza veo las imágenes de la esfera de El Silencio. La conozco desde hace 24 años y desde entonces la he visto destruirse. Ahora es uno de los sitios de patrimonio mundial de UNESCO y se supone que un tesoro de Costa Rica y del mundo. Veo las imágenes de la semana pasada, de hace 3 meses, de hace 7 meses, de hace 4 años, de hace 15 años y solo veo deterioro y mas deterioro.

El Silencio en su drama
Esfera del sitio El Silencio. Es la esfera de mayor tamaño conocida en Costa Rica. Tiene 2.50 metros de diámetro y unas 20 toneladas de peso. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Hace unos días mi amigo Robert Muñoz me envío el producto de su trabajo de meses: es una imagen en 3D de la esfera de El Silencio a partir de múltiples fotos sistematizadas e integradas para producir una visión tridimensional.

En este enlace se puede ver y jugar con la imagen que tantas horas de trabajo de campo y de gabinete le tomó a Robert: https://sketchfab.com/models/27828cc7bbe0456f9b21fda53863f079. Impresiona lo que se ve.

He seleccionado unas capturas de la imagen generada por él donde se puede ver el drama de esta esfera a través de las cicatrices de perdidas de fragmentos que ha sufrido, y que sigue sufriendo.

El Silencio Robert Muñoz copia
Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.

 

El Silencio Robert Muñoz 2 copia
Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.Na hay que ser ciego para no ver. hay que ser ciego o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo.

No hay que ser ciego para no ver. Hay que ser ciego, o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo. El deterioro irreversible es evidente, y se diga lo que se diga nada va a poder reparar lo perdido. Quizá se pueda mitigar, detener y salvar ese 30% o menos que conserva de la superficie labrada por manos antiguas. El resto se perdió.

Cuando se está fuera del sistema es muy difícil emprender ciertas luchas. Es difícil denunciar, emitir criterios que cuestionen las actuaciones institucionales. La respuesta es quedar fuera, ser invisibilidada, no ser contratada, no ser consultada, no salir en la foto. Eso no importa si se incide de alguna manera.

¿Para qué luchar contra el sistema? La respuesta siempre será que es por ser el Estado, que son los funcionarios, que es la legalidad, que son los recursos…Respuestas de esa pared de hule que me mencionaron hace unos días, de esa pared que todo lo rebota, que todo lo justifica y que todo lo esconde.

Pase lo que pase con esta esfera emblema no pasara nada con quienes han sido responsables de cuidarla y protegerla. Seguramente hasta los premiaran cuando hagan algo. Seguramente hasta serán reconocidos por salvarla.  Será irónico. Pero ojalá que así sea. Con tal de que hagan algo habrá que seguir llamando a Julián.

Mami lo llamó muchas veces, y de verdad que los frijoles quedaron limpiecitos. Quedaron relucientes, sin basurilla. Eso es una esperanza, por lo menos.

 

 

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No tocar; es patrimonio de la humanidad

 

esfera en Boruca

Patrimonio de la humanidad: no tocar. Eso dice el rótulo de la esfera instalada recientemente en el Museo Comunitario de Boruca. NO TOCAR, ¿por qué no tocar? Si es piedra, si está sana, si está al alcance de la mano.

NO TOCAR, ¿por qué es patrimonio de la humanidad? Esta esfera no lo es. Es una esfera sin contexto, sin datos de procedencia, que ha sido colocada ahí como préstamo del Museo Nacional de Costa Rica.

Primero el NO TOCAR. El objeto como símbolo. Como símbolo de la visión patrimonialista, como ejemplo del estigma del objeto de museo separado de la gente.

el silencio esfera

Y ¿por qué esta esfera no tiene el rótulo de: NO TOCAR: Patrimonio de la humanidad? Debería de tenerlo, pienso yo. Ésta SÍ es patrimonio de la humanidad; es la esfera del sitio El Silencio, la más grande de todas, la de las casi 20 toneladas.

Y ¿por qué no le ponemos el rótulo de SI TOCAR: patrimonio de la humanidad? Y más aún, ¿por qué no la tocan los especialistas? ¿por qué parece que no hayan manos que la toquen, que la cuiden, que la protejan del sol, de la lluvia, de las crueles condiciones ambientales que la están destruyendo?

Una mano posada en una esfera no hace daño. Ni dos ni tres ni mil si solo se posan en ella, o la abrazan. Lo que hace daño es el abandono, el no sanar grietas, el no proteger cuando se es frágil. Eso si hace daño.

Ojalá alguna mano sabia, o muchas manos sabias, puedan tocar la esfera de El Silencio y alivien su enfermedad. Urgen esas manos expertas, especialmente ahora que es PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

 

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Hablemos de las esferas y de lo que es patrimonio mundial en el Diquís

Ultimamente se habla mucho acerca de las esferas de piedra, y eso está bien. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas para gran parte del pueblo costarricense, y ya era hora de que se les diera el valor que les corresponde como parte del patrimonio arqueológico del país.

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Mas de un 95% de las esferas fueron removidas de su lugar original. Durante mucho tiempo han sido parte del decorado de espacios públicos o de viviendas particulares. En muy pocos sitios arqueológicos se conservan esferas sin mover. Esto los convierte en lugares de gran valor patrimonial. Esfera en parque público de sierpe. Foto: Diego Matarrita.

Tanto interés en las esferas tiene que ver con la declaratoria de cuatro sitios con esferas como patrimonio mundial por parte de UNESCO. Ha habido mucha cobertura de los medios de comunicación desde que el pasado mes de junio se otorgara este reconocimiento a Costa Rica.

El próximo miércoles 13 de noviembre se colocará la placa indicativa de Finca 6 como uno de estos sitios de patrimonio mundial. Tener esta placa es algo muy apetecido y constituye un gran logro para el país. Por lo tanto, el acto que se realizará en Finca 6 será todo un acontecimiento político y cultural.

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Logo de los sitios que obtienen la declaratoria como patrimonio mundial de la Organización de las Naciones UnIdas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-.

Es curioso pero mucha gente cree que la declaratoria de patrimonio mundial es para las esferas de piedra precolombinas. De hecho en algunos lugares les han puesto esa identificación, pero esto no es correcto. Las declaratorias de patrimonio mundial no se le dan a objetos; se le da a propiedades con elementos patrimoniales.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto:Diego Matarrita.

El Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró cuatro sitios arqueológicos ubicados en el Cantón de Osa –Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio- como patrimonio cultural mundial. Estos, solo estos, serán los que podrán lucir esta placa.

Además de la confusión sobre a qué fue lo que se declaró patrimonio mundial, también existe inquietud acerca de cuál es la categoría de los otros sitios arqueológicos con esferas y de las esferas movidas de su lugar original. La única categoría que queda para ellos es la de “patrimonio arqueológico nacional” y para las esferas como elemento individual la de “símbolo patrio“.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto: I. Quintanilla.

Esto no quiere decir de ninguna manera que no tienen valor mundial. Lo que pasa es que quienes elaboraron el expediente de la candidatura decidieron presentar cuatro sitios porque consideraron que eran representativos del fenómeno de las esferas y de las sociedades de tipo cacical, que es como se identifican a las que hicieron estas esferas y los otros elementos que las acompañan.

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Finca 6 con sus alineamientos de esferas y sus montículos Es uno de los cuatro sitios de patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita.

Aparte de los cuatro sitios ahora patrimonio cultural mundial hay muchos otros con y sin esferas de piedra que son de gran importancia y de gran valor patrimonial. Ahora empieza la tarea de conservar la placa de UNESCO cumpliendo con los compromisos adquiridos en el expediente de candidatura. Además, continúa la tarea de investigar más, de proteger adecuadamente y principalmente de poner en valor los más de 4 000 sitios arqueológicos que están registrados en el país.

Finca 6, Grijalbe, El Silencio y Batambal son el principio, de ninguna manera el final. Hay mucho por hacer todavía en la arqueología de Costa Rica.

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Sitios con esferas de piedra precolombinas como patrimonio mundial

 

A finales de junio de este año, el Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO decidirá si la candidatura de Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís que presentó el gobierno de Costa Rica recibe, o no, el reconocimiento como Patrimonio cultural de la humanidad.

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Esferas alineadas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El país ya recibió tres declaratorias en Patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). Una candidatura en patrimonio natural (Parque Nacional Corcovado) fue rechazada y otra basada en la práctica del boyeo y la carreta fue declarada Patrimonio inmaterial de la Humanidad.

Esta la primera vez que nuestro país presenta a la UNESCO una candidatura basada en sitios arqueológicos precolombinos. Y esto constituye un gran reto, ya que la arqueología del Sur de Centroamérica no se caracteriza por la “monumentalidad” como en otras partes del mundo (Egipto, Mesoamérica, Área Andina, por ejemplo), y hasta ahora no ha sido reconocida como parte representativa de la historia de la humanidad.

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Detalle de una estructura arquitectónica construida con piedra sin modificar y sin uso de argamasa. Esta en el sitio Batambal, uno de los cuatros presentados dentro de la candidatura. Foto: Diego Matarrita.

Como reflexión es importante decir que la candidatura de los sitios con esferas de piedra es un ejemplo de la manera en que los países en vías de desarrollo gestionan su patrimonio cultural.

En países desarrollados se invierte gran cantidad de recursos en investigar, conservar, proteger y poner en valor su patrimonio, y a partir de esto y de una valoración comparativa del patrimonio que poseen “escogen” el que es más viable y representativo para proponer como “patrimonio de la Humanidad”. Cuando presentan las candidaturas éstas llevan la ventaja de haber sido producto de una estrategia previa.

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Vista general del sitio Grijalba, uno de los cuatro sitios arqueológicos incluidos en el expediente de candidatura. Foto: Eduardo Volio,

En países como Costa Rica, en los que el patrimonio arqueológico ha sufrido el expolio sistemático y la falta de inversión pública, las candidaturas como patrimonio mundial son un recurso para motivar a los políticos para que inviertan en el patrimonio. La candidatura en sí misma genera investigación, conservación y una gestión antes no contemplada. Asimismo, genera interés de la población que antes no lo valoraba plenamente. Son procesos que generan acciones; no son resultado de un proceso sistemático y planificado. Y aquí es donde existe un gran problema.

La obtención del reconocimiento por parte del Centro de Patrimonio Mundial puede ser un motor de cambio para la gestión del patrimonio arqueológico de todo el país, no solo para los sitios que tienen esferas de piedra. La obligación de desarrollar planes de conservación y de puesta en valor, y principalmente el imperativo de integrar este patrimonio al desarrollo local puede y debe provocar cambios sustanciales en la manera en que se ha venido manejando el patrimonio arqueológico. Y esto es lo deseable.

Costa Rica tiene el reto de garantizar la sostenibilidad de los sitios arqueológicos seleccionados. Igualmente, necesita garantizar la conservación de los elementos arqueológicos. En caso de no cumplir con los compromisos adquiridos ante UNESCO, este conjunto de sitios puede pasar a la lista roja de los sitios de patrimonio mundial en riesgo. Y es que ahí acaban muchos de los sitios de patrimonio mundial de los países en vías de desarrollo.

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Vista de un sector del sitio Batambal, uno de los cuatro sitios propuestos como patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El desinterés de los políticos y la falta de inversión, o los limitados recursos humanos hacen que a mediano o largo plazo no se pueda cumplir con los compromisos que implica la obtención de este distintivo mundial. Y aquí es donde está el reto, en caso de obtener el reconocimiento mundial.

Por ahora, con o sin reconocimiento mundial, están pendientes toda una serie de acciones. Conservar, proteger y evitar el deterioro de las esferas de piedra y de los sitios donde están es lo urgente.

Es conveniente entender que una candidatura no es más que eso; es una posibilidad. Con o sin candidatura hay una realidad: la de un patrimonio que se deteriora; la de un patrimonio que requiere ser gestionado adecuadamente.

El Silencio
Esfera de piedra del sitio El Silencio fotografiada en noche de luna llena. La esfera emblema, la más grande de todas, en su imparable deterioro. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

La luna, sin mucho esfuerzo y con ayuda de una poca luz artificial nos muestra que se necesitan más esfuerzos. Nos dice que lo que se ha hecho no es suficiente, que hay un proceso inexorable de perdida que no se detiene a pesar de los largos documentos y de interminables escritos oficiales.

La esfera de El Silencio nos muestra nuestra verdad; nuestra vergüenza, nuestra deuda histórica con el patrimonio arqueológico. Nos muestra lo que somos y como hemos actuado.

Ojalá nos den el reconocimiento de la UNESCO para estar obligados a asumir nuestras vergüenzas, para dejar atrás el abandono, para actuar correctamente.

Ojalá nos den el reconocimiento de UNESCO para tener un espejo donde mirarnos, para que alguien pida cuentas.

Cruzo los dedos para que nos lo den, y que haya cambio y para que pase algo. Algo que mueva la arqueología de este país; algo que haga que la gente sea también responsable de su patrimonio; algo que haga que el patrimonio no sea solo cuestión de unos pocos funcionarios públicos sino un proyecto colectivo; un proyecto de un país que respeta, cuida, y aprende de su pasado.

 

 

 

 

 

 

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Para que el viento no se lleve las palabras: mi opinión sobre el estado actual del proceso de candidatura de sitios con esferas como patrimonio mundial

El 22 de mayo de este año escribí el texto principal de esta entrada del blog. Lo hice al leer la información que estaba saliendo en los medios de comunicación sobre la reunión que iba a mantener la Presidenta de la República, Laura Chinchilla con Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en la que tratarían el tema de la candidatura de los sitios con esferas de piedra de Costa Rica como patrimonio mundial.

Lo escribí sin que nadie me lo pidiera y sin representar a nadie. Lo hice con la mejor intención y por el compromiso irrenunciable que tengo con mi país y su patrimonio. Se la envié a dos personas de la comitiva de la Sra. Presidenta y una semana después se lo envié al director del Museo Nacional de Costa Rica. Como las palabras se las lleva el viento, y como no he recibido ninguna respuesta al mismo, he decidido compartirla a través de este blog. Quizá sea de utilidad para otras personas vinculadas de una u otra manera al proceso de candidatura, o por lo menos ayudará a entender la complejidad de esta empresa. A continuación el texto sin la introducción que hice en ese momento

Barcelona, 22 de mayo del 2012

Antes de todo, quiero manifestar que he reflexionado mucho sobre estos aspectos. He estudiado abundante documentación a raíz de una consultoría que hice el año pasado para la oficina regional de UNESCO en Costa Rica orientada a generar una estrategia para integrar los recursos arqueológicos en el desarrollo de la Región Brunca. Asimismo, acabo de terminar un curso de alta especialización en patrimonio cultural, y el pasado mes de abril presenté en el I Congreso Internacional de Patrimonio Mundial y Buenas Prácticas la ponencia “La declaración de Patrimonio Mundial como camino hacia la conservación y puesta en valor: la candidatura ante la Unesco de los sitios con esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica”. Además, durante 20 años he estudiado a las esferas de piedra precolombinas y los lugares donde se encuentran. Por lo tanto, considero que mi opinión experta puede ser de ayuda en este momento de impulso a la candidatura.

Para empezar quisiera decir que existe un problema en la manera en que se está enfocando el proceso de candidatura. La candidatura no se logra con completar un formulario. El formulario es la última parte del proceso; previamente se han tenido que hacer toda una serie de adecuaciones administrativas, legales, financieras y políticas. Asimismo, la candidatura no es para las esferas de piedra como objetos, sino para una serie de lugares arqueológicos donde todavía se conservan en su lugar original. Esto tiene una serie de implicaciones que desde mi punto de vista no están siendo abordadas de manera correcta, lo que me lleva a asumir que a un corto plazo la presentación del expediente ante UNESCO será inalcanzable.

Enumero los aspectos que considero fundamentales:

1. El marco legal: En el caso concreto de esta candidatura, el país obligatoriamente tiene que hacer un cambio en el marco legal que cobija el patrimonio arqueológico. La ley 6703 fue pensada y creada en función de los objetos; el patrimonio mundial se enfoca en la conservación “in situ”, es decir en la conservación y puesta en valor de los lugares originales donde se encuentran los bienes declarados patrimonio mundial. La integridad y la autenticidad son los dos ejes básicos, y en este momento, en Costa Rica, lo que la ley impulsa es excavar y extraer. Tampoco contempla cómo gestionar o administrar propiedades con sitios arqueológicos, salvo el salvamento en caso de riesgo; ni dice nada sobre la participación de los gobiernos locales u otros actores en la gestión del patrimonio arqueológico inmueble.

Por otra parte, es un marco legal pensado para un Museo Nacional del siglo XIX. Un museo que guarda, acumula y exhibe objetos. El patrimonio arqueológico sometido al patrimonio mundial requiere otro tipo de estructura administrativa; una estructura que gestione, que planifique, que ordene y que coordine con los distintos actores institucionales del ámbito internacional, nacional y local. También necesita una estructura financiera que posibilite la sostenibilidad de las acciones de conservación y puesta en valor de sitios arqueológicos y de los paisajes culturales de los que forman parte. Igualmente, requiere regular el papel del estado y del sector privado en cuanto a los aportes en la gestión del patrimonio.

A la fecha, no existe ninguna iniciativa para generar un nuevo marco legal para el patrimonio arqueológico de Costa Rica. Es algo que no se ha contemplado en estos largos 10 años, desde que se incluyó la propuesta en la lista tentativa. Esto tiene serias consecuencias y se verá reflejado a la hora de desarrollar los planes estratégicos que se solicitan en las Líneas Guías del Centro de Patrimonio Mundial; planes sin los cuales no puede ser presentada ninguna candidatura.

Es importante recordar que la declaratoria como patrimonio mundial se puede obtener, pero también se puede perder con relativa facilidad. Conservarla es lo más difícil; por eso hoy en día hay 24 países con patrimonio mundial en la lista de patrimonio en peligro por incumplir los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional en cuanto a la protección y puesta en valor de su patrimonio. En el caso de la candidatura de los sitios con esferas existe un alto riesgo de fracaso por la debilidad legal y de los órganos de gestión.

2. El conocimiento científico: un requisito fundamental, básico y claramente establecido en las Líneas Guías de la UNESCO es que el conocimiento científico es el que sustenta las candidaturas. En mi opinión, este es uno de los aspectos más débiles del proceso actual. El proceso de investigación que se está llevando a cabo no está acompañado de un equipo multidiscilpinario de profesionales. No participan expertos de las universidades nacionales ni de fuera del país; no se llevan a cabo estudios especializados fundamentales y se financia con pocos recursos. Asimismo, está enfocado en preguntas de la investigación arqueológica, pero no en la conservación, ni en la puesta en valor; aspectos que también requieren ser estudiados.

El conocimiento que se requiere para un proceso de candidatura necesita un enfoque distinto al de las habituales investigaciones arqueológicas. Las preguntas son distintas en muchos sentidos, y requieren respuestas para resolver los aspectos pertinentes a la gestión integral (investigación, conservación, protección y puesta en valor), no sólo a la temática arqueológica en sí misma.

La investigación en un proceso como éste requiere necesariamente demostrar la integridad y la autenticidad de los recursos arqueológicos que se quieren proponer. Por lo tanto, la investigación no puede ser una amenaza para la conservación (es importante recordar que la excavación arqueológica implica destrucción). En este sentido, es importante valorar si la búsqueda de información para completar el expediente no está siendo una amenaza, ya que a la fecha se excava sin que existan planes de conservación y restauración paralelos al proceso de investigación arqueológica.

La tendencia actual es usar tecnologías modernas, poco invasivas, que permitan conocer lo que hay en el subsuelo con una mínima excavación (escaner láser, resistividad eléctrica, uso de imágenes de satélite, LIDAR, etc.). A la fecha, las investigaciones para sustentar la candidatura no se acompañan con estas herramientas, a pesar de que hay instituciones en el país que poseen parte de estas tecnologías y conocimiento técnico para aplicarlas. Tampoco hay en marcha convenios de cooperación técnica y científica orientadas a subsanar las debilidades que tiene el país en el campo de gestión del patrimonio, especialmente en cuanto a la conservación “in situ” y a la “presentación” pública del patrimonio (musealización, transmisión del conocimiento como herramienta para el desarrollo, por ejemplo).

Costa Rica es un país que no ha modernizado la conservación, la protección y la puesta en valor del patrimonio arqueológico inmueble. La candidatura ha sido la oportunidad para dar un salto cuantitativo y cualitativo, no solo para los sitios con esferas, sino para todo el conjunto del patrimonio cultural. Este salto no se ha dado, ni se perfila que se dará por el enfoque actual. Sin innovación y sin transformación del sistema no parece factible que se alcance un ideal tan alto como la declaratoria.

Si no se cambian los procedimientos, si no se forma un equipo de trabajo profesional, altamente competente e implicado de lleno en el proceso de formulación del expediente, poco se podrá hacer para que prospere.

Por otra parte, un expediente de candidatura requiere la participación del mayor número posible de especialistas. Aunque, la negociación de la declaratoria es un asunto político, el fundamento de la propuesta es eminentemente técnico. El expediente de candidatura necesita de la complicidad y del máximo apoyo del colectivo académico nacional e internacional. No es tarea de un grupo reducido de funcionarios; el liderazgo del proceso quizá, pero la elaboración del expediente y el producto final necesitan ir acompañados de muchas voces expertas para tener la solidez necesaria.

3. La debilidad de la propuesta: Un tercer aspecto que ha afectado al proceso de candidatura es la ambivalencia de la propuesta.

En 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces, algo que resta credibilidad e indica improvisación y falta de criterio. Inicialmente, lo propuesto fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

Como producto de la reunión, los expertos recomendaron toda una serie de acciones importantes relacionadas con el papel de las comunidades locales, el impacto de los proyectos de infraestructura sobre el área a incluir en la declaratoria (PH El Diquís, aeropuerto internacional en Osa, principalmente), la viabilidad económica de la propuesta y la necesidad de llevar a cabo estudios especializados de distinta índole.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas.

Bajo la perspectiva actual, es tarea fundamental identificar con precisión las propiedades donde están ubicados estos sitios, conocer su estado, caracterizarlos en todas sus vertientes (tenencia de la tierra, paisaje, población circundante, entre otras). Es importante destacar que lo que se someterá a la lista de patrimonio mundial es un conjunto de propiedades dispersas en distintos puntos de la región administrativa Brunca. Esto implica toda una serie de problemas y retos de gestión. Igualmente, implica distintas realidades sociales, económicas y políticas, ya que algunas propiedades están en territorios indígenas; otras son propiedades privadas y sólo dos son de titularidad estatal.

A la fecha, en Costa Rica no existe experiencia en la gestión de patrimonio en una escala como ésta. El proceso de candidatura requiere obligatoriamente claridad y en este momento no hay sobre la mesa una propuesta del modelo de gestión de estas propiedades y de sus áreas de amortiguamiento. Como en los casos anteriores, estos aspectos no se pueden improvisar y ni resolver de un día para otro. Es aquí donde se reflejarán las limitaciones del marco legal y donde se harán evidentes las carencias que sufre el país en la gestión integral de su patrimonio arqueológico.

4. Comunidades locales y desarrollo: El gobierno de Costa Rica necesita demostrar en el expediente de candidatura que tiene las condiciones para gestionar de manera integral el patrimonio que propone. Para esto requiere elaborar planes estratégicos de corto, mediano y largo plazo con toda una serie actores sociales implicados y con una clara asignación de recursos económicos que garanticen la sostenibilidad y viabilidad de las acciones. Estos planes no se pueden improvisar; requieren ser negociados, renegociados, necesitan importantes consensos sociales, académicos, económicos, en fin, del conjunto de la sociedad.

A la fecha, este aspecto no está siendo abordado en su conjunto, salvo para Finca 6, donde están buscando elaborar un plan de manejo, pero esto es insuficiente en el marco de la candidatura.

Un análisis de los planes estratégicos del ámbito cantonal y regional del Sur del país indica que los recursos arqueológicos no están incluidos dentro del planeamiento de los gobiernos locales ni dentro de los planes de otras instituciones, que también son actores importantes. Esta es una señal inequívoca de la falta de integración de estos recursos en las estrategias de desarrollo social y económico. En el caso de la región Brunca, la más pobre y con los más bajo índices de desarrollo humano del país, esta situación es paradójica.

Las candidaturas de sitios de patrimonio mundial tienen el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las zonas donde se ubican estos sitios, como uno de sus principales estandartes. Hasta ahora no hay constatación de que la candidatura de sitios con esferas esté siendo integrada en los planes estratégicos que se están implementando en la región Brunca para paliar la pobreza y buscar nuevas alternativas en el desarrollo. Este es otro de los aspectos más críticos en el proceso. De no resolverse, el expediente adolecerá de una de sus partes fundamentales e indudablemente condenará la candidatura.

Hay otros aspectos importantes que requieren ser analizados. Sin embargo esa tarea le corresponde a quienes tienen a su cargo la tarea de llevar adelante el proceso. Personalmente, creo que en 10 años se ha construido poco y que es necesario un replanteamiento total del proceso. Es injusto para el país estar bajo la creencia de que estamos próximos a conseguir un alto reconocimiento mundial para una parte del patrimonio cultural que posee. Ya se consiguió para tres sitios de patrimonio natural y para uno de patrimonio inmaterial. No habría ninguna razón para no conseguirlo para un conjunto de sitios con esferas de piedra. Lo que se necesita es decisión política, recursos económicos y humanos apropiados, buenos criterios y trabajo experto.

Ese fue el texto que escribí. Es probable que hayan aspectos en los que esté equivocada. Ahora es un documento abierto y si lo que he planteado es incorrecto o si comete una injusticia en las apreciaciones, con mucho gusto lo corregiré y asumiré mis errores. Mientras tanto esta es mi opinión.

Supongo que todos los nudos se pueden desatar. No quiero ser prisionera de mis pensamientos ni de mis opiniones. Por eso los comparto.
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UNESCO, esferas de piedra de Costa Rica y patrimonio mundial

Recientemente, la Presidenta de la República de Costa Rica, Doña Laura Chinchilla, mantuvo una reunión con la Directora General de la UNESCO para ratificar el interés del gobierno para que “las esferas de piedra sean declaradas patrimonio mundial”. Al leer lo que publicaron algunos medios de comunicación como La Nación, La Extra o la web de Amelia Rueda queda la impresión de que está dependiendo de UNESCO que se le otorgue a las esferas precolombinas este reconocimiento.

Esta es una verdad a medias, porque efectivamente es la UNESCO la que otorga la declaratoria a través de su Comité de Patrimonio Mundial, pero es responsabilidad de cada país presentar un expediente de candidatura, el que será evaluado en distintas instancias de esta organización internacional y otros organismos colaboradores. A la fecha, nuestro país no ha presentado ningún expediente, así que no se puede esperar ninguna aprobación sin antes cumplir con el proceso.

Hasta ahora, la UNESCO ha otorgado 936 declaratorias como patrimonio mundial. De éstas,183 son patrimonio natural, 725 son patrimonio cultural y 28 son patrimonio mixto (cultural-natural) (http://whc.unesco.org/en/list/).

Costa Rica posee tres declaratorias en patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). También recibió el reconocimiento como patrimonio inmaterial de la humanidad la práctica del boyeo y la carreta. Esto indica que ya existe experiencia previa, y que salvo la candidatura del Parque Nacional Corcovado que fue rechazada, las otras postulaciones han sido exitosas. Tan exitosas que en ningún caso ha entrado en la lista de patrimonio en peligro, una categoría a la que caen los bienes declarados patrimonio mundial que no cumplen con los compromisos adquiridos.

Volviendo al tema de las esferas, me sorprende la poca claridad con que se ha venido manejando la información sobre la candidatura. A ciencia cierta casi nadie – ni a nivel político, ni de la administración pública, mucho menos el ciudadano común- parece conocer qué es lo que Costa Rica está proponiendo a UNESCO. Tampoco parece estar muy claro qué es lo que hay que hacer para cumplir con los requerimientos de una candidatura como esta.

En el 2001 nuestro país incluyó en la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial el proyecto “Plenitud bajo el cielo: el parque arqueológico de las esferas de piedra precolombinas”. La inclusión en esta lista fue el primer paso del proceso de candidatura. Lo que venía a continuación era preparar el expediente de candidatura para presentarlo al Comité del Patrimonio Mundial.

Desde que se incluyó la candidatura en la Lista Tentativa del Centro de Patrimonio Mundial de UNESCO hace más de 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces. Primero fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas. Esta es la propuesta actual. Sobre ésta es la que se requiere elaborar el expediente de candidatura. Sin éste no hay declaratoria. Pero para poder presentarlo se requieren toda una serie de acciones que involucran al gobierno central, a los gobiernos y comunidades locales y a otros actores importantes vinculados al patrimonio cultural y al desarrollo socio-económico de la región.

El expediente de candidatura no es un mero trámite burocrático. No es cosa de un año o dos –salvo que previamente el país haya dedicado muchos esfuerzos a la investigación, conservación y puesta en valor del patrimonio-, es un largo proceso que implica una gran inversión de recursos económicos y humanos. Es un proceso de toma de decisiones técnicas altamente especializadas, de toma de decisiones políticas con compromisos de corto, mediano y largo plazo y de adecuación del marco legal y administrativo para garantizar el cumplimiento de los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional.

Hace unos meses la encargada de asuntos culturales de una Embajada de Costa Rica en un país europeo me preguntaba: ¿Contra quién competimos en la candidatura ante UNESCO? Mi respuesta fue que competíamos contra nosotros mismos, que competíamos por ser competentes en la gestión de nuestro patrimonio. Le dije que teníamos que elaborar planes estratégicos acordes con los tiempos actuales, que teníamos que cambiar nuestra maneras de hacer arqueología y de transmitir el conocimiento, que teníamos que trabajar mano a mano con las comunidades locales para que el patrimonio adquiriera un nuevo valor social gracias a los beneficios que podía aportar si estaba bien manejado. Sin esto no hay candidatura que valga, por más grandes, más redondas y singulares que sean las esferas.

La declaratoria de patrimonio mundial se basa en la singularidad de las esferas de piedra precolombinas. Sin embargo, la declaratoria tiene sentido en la medida en que éstas se conserven en su lugar original, en que estén ellas y sus lugares bien conservados y cuidados. Foto Diego Matarrita.

Muchos gobiernos aspiran a las declaratorias de patrimonio mundial por lo que aportan en términos de prestigio político y por el beneficio a las economías locales, especialmente en el turismo. Una declaratoria de patrimonio mundial otorgada por UNESCO es un reconocimiento tanto al bien propuesto como al país por sus esfuerzos en la investigación, conservación, protección y puesta en valor de ese patrimonio.

En el caso de los sitios con esferas de piedra el gran reto es demostrar que, a pesar de lo irresponsables que hemos sido con estos objetos y los sitios arqueológicos donde estaban originalmente, que a pesar del olvido al que estuvieron sometidas hasta hace pocas décadas, ahora hay conciencia clara sobre el valor de esta singular manifestación humana. Y que este valor está construido a partir de una solvente y clara investigación científica –factor clave en una declaratoria-, de un cuido y protección adecuadas y de su incorporación en las estrategias de desarrollo humano, especialmente en beneficio de las poblaciones más desfavorecidas.