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Una arqueóloga ajena al espectáculo

El acto más esperado y mas concurrido del pasado Festival de las Esferas fue el concierto de inauguración con el grupo musical Los Ajenos como estrellas. Supongo que sus éxitos musicales Pamela Chu Pamela y Me vale un Cu generaron gritos, risas y alegría entre la gran multitud que se concentró en el parque de Palmar Sur el viernes pasado. Yo no los escuché. No quise. Me fui a tomar una cerveza lejos del ruido, de las luces y para no ver.

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Las esferas como protagonistas en una noche de concierto en el Parque de Palmar Sur. Sirvieron como posa botellas, para subirse y ver mejor a Los Ajenos. Fueron mas ajenas que Los Ajenos.

A veces es mejor no ver. Es mejor evitar. ¿Para qué? La voz exhaltada del locutor que amenizaba el concierto antes de la presentación de Los Ajenos me empujó a huir. Sus repetitivas palabras llamando a agradecer al alcalde de Osa el logro de haber traído al Festival de las Esferas a este popular grupo me invitaron a no estar ahí. No por el alcalde -él es un político y hace su trabajo- sino por el contexto, por el lugar, por las esferas perdidas entre la multitud, porque lo que estaba ocurriendo ahí no tenía nada que ver con el patrimonio arqueológico, con su revalorización, con la historia, con nada de lo que me había llevado a colaborar con ese festival. 

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Parte de la experiencia y del recuerdo de la visita al parque de Palmar Sur es fotografiarse junto a esta esfera. Es hermosa; es casi perfecta, mide cerca de 150 cm de diámetro, tiene una superficie pulida. En el pasado festival fue excluida del espectáculo. Supongo que casi nadie se fotografió junto a ella. Foto: I. Quintanilla.

Entiendo a los organizadores. Entiendo que quieran congregar gente. Entiendo que quieran alegrar el patrimonio. Entiendo que se hayan esforzado en no traer aburridos espectáculos culturales. Les respeto que las conferencias las dejen para entre semana. Comprendo que no promocionen los tours a ver los sitios con esferas con la misma vehemencia que lo hacen con la clásica carrera Las Esferas o con los grupos musicales. 

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Estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Osa en la gira para conocer las esferas de cerca. Foto: Carolina Arias.

Lo que no entiendo es cómo entienden los organizadores las esferas y lo que representan. Lo que no entiendo es porqué un festival orientado a la revalorización del patrimonio cultural, de fortalecimiento de la identidad local, de reconocimiento hacia los pueblos indígenas y su gran aporte a la historia colectiva, se vaya convirtiendo en la suma de actos sin contenido ni coherencia.

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La gestión del patrimonio arqueológico requiere sensibilidad, sutileza y coherencia. Quizá esto le esté faltando a los organizadores del Festival de las Esferas de Osa. Foto: Carolina Arias.

Yo tengo un problema. Me invitan a un lugar a hablar sobre las esferas, sobre arqueología o patrimonio cultural y voy. Con comida o sin comida; con buen hospedaje o durmiendo en un camastro; con transporte o sin él. Siempre acepto las invitaciones. Casi nunca, o mas bien nunca, recibiendo pago alguno mas que el agradecimiento de algunas personas.

Aunque mi papá se enojaba por esta tontería mía, siempre he justificado que hay que hacerlo por responsabilidad profesional y por amor a lo que hago. Sin embargo, mi pasada colaboración con el Festival de las Esferas ha sido como una bofetada.  He chocado con mi espejo y me he visto estando en un no lugar; me he visto bailando en un baile que no era para mí, ni para lo que yo hago.

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La visita a Olla Cero a conocer los bloques de piedra como los que se pudieron haber usado para hacer esferas siempre es una grata experiencia. Aquí el grupo que participó en el recorrido.

Fui al festival porque me invitaron los encargados de la parte educativa. Di una conferencia el viernes al mediodía a 15 estudiantes sobre la biografía de los objetos y la escultura en piedra del Diquís. También ofrecí una visita guiada el sábado por la mañana a un grupo de 15 personas que quisieron conocer los secretos de las esferas. Como siempre, fue una grata experiencia compartir mi conocimiento y sentir que hay interés y ganas de saber y conocer más.

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En el recorrido sensorial pudimos sentir, tocar, ver, rodear, escuchar, percibir, aprender y hasta danzar alrededor de las esferas. Eso también es divertido.

Antes de venirme del festival, de regreso a mi casa, llevé las facturas con los gastos de alimentación a los organizadores. ¿Por qué lo hice? Sabía que no lo habían presupuestado y que solo comprometía a quienes se las entregara. La mirada de desconcierto de la coordinadora al verlas -no porque había comido caviar ni nada por el estilo, si no por el simple hecho de cobrar mi alimentación y parte del transporte- me confirmó que no estaba dentro de los planes de los organizadores pagar por mis gastos.

Sé que a Los Ajenos no les faltó la cerveza que pidieron, ni los jugos, ni los chocolates. Mucho menos les faltó el pago por su hora y media de espectáculo. Entonces, ¿por qué hubo una mirada de asombro por las facturas de la comida de la arqueóloga especialista? ¿Por qué no pueden pensar que los que estudiamos eso que les da prestigio como comunidad, de eso de lo que ahora se sirven los políticos, también tiene un valor? ¿Es que mas bien, en mi caso como arqueóloga independiente, debo pagar por estar ahí?

Sabía que mi participación era secundaria. Que ser especialista en el tema no significaba nada. Que compartir y transmitir mi conocimiento sobre el tema principal del festival no podía competir con Los Ajenos ni con ningún otro espectáculo. Que putada, ¿no? Aun así, fui e hice lo que me comprometí hacer.

Soy ajena al poder; soy ajena al mundo del espectáculo. Soy invisible y estoy ausente para los políticos de turno. Pero tengo una voz y un blog. Y como dirían esos catalanes de quienes aprendí a no callar: Perdoneu, pero algú debia de dir-ho. Y ese algú, soy yo, sin pedir perdón.

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Gracias a Carolina Arias que me llevó en su carro y tomó las fotos; a Fito Guevara que me acompañó en el recorrido sensorial e hizo danzar a las chicas del colegio alrededor de las esferas. Gracias al Brunka Lodge que me dio cama para dormir. Gracias al antropólogo Carlos Morales, educador del Museo Nacional. Espero que no tenga que pagar mis facturas.

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Hermosa curvatura de piedra

Bahía BallenaDa gusto ver una esfera así. Para los que gustan de la simetría, de las formas hermosas. Con su musgo, sus líquenes, sus cianobacterías y demás micro-organismos. Con su tropicalidad.

Esta esfera yace plácidamente abandonada junto con otras cuatro en el centro del pueblo de Bahía Ballena, en Uvita. Casi invisible por el descuido, no es percibida en su perfección ni en su fino acabado.

Yace invisible mientras cientos de turistas entran al parque marino Ballena. Quizá mejor así que con gente subida sobre ella, o posando para la foto. No sé… cada vez tengo menos cosas claras con esto del turismo que consume cultura. Por ahora mejor mostrarla en fotos. Fotos como esta que re-encontré y que tomó Diego Matarrita el año pasado. La comparto hoy para que no se nos olvide que está ahí y así.

 

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Las esferas de nadie sí son de alguien

Hace varios años se vendía en los puestos de revistas y diarios de España un dvd titulado “Esferas de nadie“. Era una producción audiovisual de un equipo liderado por J.J. Benitez que trataba sobre las esferas de piedra y que se basaba en gran parte en las esferas precolombinas de Costa Rica.

JJ Benitez dvdLas esferas de piedra son uno de los enigmas favoritos de J.J. Benitez.  Yo no tengo nada que decir sobre su manera de abordarlas porque él no es arqueólogo, ni historiador, y su mundo es el de la pseudo-ciencia. Sin embargo, no deja de irritarme ese título de “esferas de nadie” que le otorga a las esferas del Sur de Costa Rica.

Siempre es molesto encontrar trabajos que niegan el carácter indígena y precolombino de estas esculturas, y más molesto es todavía que duden o subvaloren los estudios científicos y los aportes de la Arqueología y de la Historia. La verdad es que nada se puede esperar de la pseudo-ciencia porque en el fondo se trata de un negocio muy rentable, y entre más misterio y dudas siembre, más beneficios económicos genera.

Dejando a J.J.Benitez, sus enigmas y sus super-ventas, si hay algo que de verdad me irrita, me duele y me genera frustración son esas “esferas de nadie” que abundan en el Sur, en el territorio de estas maravillosas formas escultóricas precolombinas. Son las esferas que nadie cuida, que nadie ve y que están ahí, dejadas a la mano de Dios, … o del Diablo.

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Esfera de nadie en El Progreso, Drake. Está en una propiedad privada tan abandonada como la misma esfera. Foto: I. Quintanilla, diciembre del 2014.

Uno de los casos que ejemplifica esta situación de “esferas de nadie” son las cinco que se encuentran en El Progreso de Drake. Éstas son el único caso conocido de esferas en esta parte de la península de Osa y están asociadas a un sitio arqueológico con montículos, restos cerámicos y de piedra trabajada. Es un lugar poco estudiado pero que sí está registrado en el Museo Nacional de Costa Rica.

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Niño vecino de El Progreso de Drake mostrando su colección personal de fragmentos arqueológicos recogidos en el pueblo. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Las esferas de El Progreso de Drake tienen un carácter excepcional por el lugar donde están. Son muy  importantes en términos de la procedencia de las rocas con las que las fabricaron (rocas gabroides o graníticas) porque no se sabe si es piedra tomada de las cercanías, o si fue traída de la cordillera Costeña.

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Dos de las cinco esferas ubicadas en El progreso de Drake. Se encuentran en el jardín de una casa. Miden cercad e 120 cm de diámetro y tienen un acabado fino. Pesarán más de una tonelada. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Resolver la procedencia de las esferas de El Progreso es muy importante porque nos estaría mostrando el traslado desde largas distancias de objetos muy pesados -mas de una tonelada- y el uso de embarcaciones capaces de soportarlas, además de un complejo sistema para emplazarlas en el pequeño valle de El Progreso.

Si la piedra utilizada procediera mas bien de las montañas cercanas nos daría luz sobre el uso de otras zonas de aprovisionamiento distintas a la Cordillera Costeña y a la Cordillera de Talamanca. Por otra parte, permitiría entender mejor la dinámica de los asentamientos con esferas de piedra fuera del delta del Diquís y la cuenca del río Grande de Térraba.

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Esta es quizá la única esfera de El progreso de Drake que no ha sido desplazada del todo de su lugar original. Se encuentra en un portero, cerca del aeropuerto. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

A pesar de su importancia, el sitio arqueológico y las esferas de El Progreso parecen ser invisibles. Ni la gente de la comunidad, ni la de la turística Drake, mucho menos los funcionarios de San José, las miran nunca. Las han desplazado de su lugar original, y ahí están a la orilla del camino que lleva al aeropuerto -porque en El Progreso está el pequeño aeropuerto por que el que se mueve buena parte de los adinerados turistas que van a Corcovado- invisibles, perdidas y descuidadas.

Otro caso difícil de digerir por el abandono es el de las esferas del sitio arqueológico Estero Rey. Este es un importante sitio arqueológico situado entre Ciudad Cortes y San Buenaventura en el cantón de Osa.

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En el sitio Estero Rey hay 9 esferas. Dos de ellas tienen figuras grabadas y una más ten e evidencias de haber sido tratada en tiempos antiguos después de que perdió un fragmento. Foto aporte anónimo. Abril del 2014.

En Estero Rey hay nueve esferas que fueron extraídas con maquinaria pesada y puestas en la superficie actual. Yo estudié el sitio brevemente en el 1991 y desde entonces no se volvió a estudiar. A pesar del poco interés hacia este sitio arqueológico hay varios aspectos notorios que hacen de él un lugar de gran importancia.

El lugar donde se ubica Estero Rey está conformado por suelo arenoso y de abundante sedimento. Esto contrasta con los alrededores que son pantano o humedal. Si no me equivoco, Estero Rey fue una especie de isla de tierra fértil y no inundable en plena zona de manglar o de bosque inundado.

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Esferas del sitio Estero Rey en el 2014. Foto aporte anónimo.

 

El hecho de que hayan nueve esferas en el lugar es una muestra del traslado de estas esculturas dentro de zonas pantanosas y en zonas de bosques inundados. ¿Cómo las llevaron hasta ahí? Esta pregunta y otras más hacen que Estero Rey merezca atención. Ya de por si el hecho de que hayan nueve esferas -un número considerable comparado con otros lugares- lo ameritaría.

La esferas de Estero Rey tienen tamaños que van desde los 60 hasta los 130 cm. Dos de ellas presentan figuras grabadas y una tiene evidencias de reparación por el daño que le generó la perdida de un fragmento. Esto parece significar nada para cuidarlas y protegerlas.

Aparte de los cuatro sitios declarados como patrimonio mundial por UNESCO, hay muchísimos sitios arqueológicos más en el Pacífico Sur de Costa Rica con esferas. Es una pena que no exista una política, mas allá de lo que exige la ley, para investigarlos, protegerlos y ponerlos en valor.

Ubicación de sitios arqueológicos con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

En este panorama triste de abandono que observo cuando voy al Sur, cada cierto tiempo otras personas lo hacen más evidente. Hace unos días una amiga me preguntó si sabía acerca de unas esferas halladas dentro de un arrozal en Osa. Yo no lo sabía y me puso en contacto con su amigo Marco Castro, quien compartió conmigo sus fotos e información.

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Esferas del sitio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Marco Castro vio las esferas del sitio La Julia en una gira de trabajo. Le llamó la atención que estuvieran ahí, así, de esa manera. Es raro ir caminando por un extenso campo de cultivo y encontrarse de pronto con cuatro esferas de piedra en la nada.

Y es que no solo gente como Marco se encuentra con esferas de piedra cuando anda por el campo. Mucha gente las ve, opina, dice, piensa, pero no pasan de ahí. No actúan, no piden cuentas, no reportan, no avisan. Por indiferencia o por falta de fe en el estado, pero no hacen nada.

En el caso del sitio La Julia, el Museo Nacional ya está notificado. Ya conocen el lugar, ya lo tienen registrado. Y ahora ¿qué? ¿Tendrán estas esferas la suerte de que decidan “rescatarlas”, “cuidarlas”? ¿Serán depositadas en el cementerio de esferas de Finca 6? ¿Pasará otro Marco Castro dentro de unos años y se volverá a extrañar de verlas ahí, así, de esa manera?

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Esferas del sio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Y es que existe un gran problema con las esferas de piedra del sur de Costa Rica: son muchas y están en lugares dispersos. La gran mayoría han sido movidas de sus lugares originales y están a merced de los propietarios de los terrenos. La institución encargada de cuidarlas no tiene la capacidad ni los medios para cumplir de manera expedita su tarea.

¿Qué hacer? Es doloroso que la mayoría esté sin ningún cuido. Que parezcan no ser de nadie. Pero,  las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica sí son de alguien. Son de un pueblo que tiene la obligación de cuidarlas, investigarlas, protegerlas. Están a cargo de una institución, pero la responsabilidad es compartida.

Pero, ¿Cómo compartir esa responsabilidad, ese deber? Si no queremos que sean esferas de nadie habrá que hacer algo. Ya no se puede mirar para otro lado.

 

 

 

 

 

 

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

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Hablemos de las esferas y de lo que es patrimonio mundial en el Diquís

Ultimamente se habla mucho acerca de las esferas de piedra, y eso está bien. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas para gran parte del pueblo costarricense, y ya era hora de que se les diera el valor que les corresponde como parte del patrimonio arqueológico del país.

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Mas de un 95% de las esferas fueron removidas de su lugar original. Durante mucho tiempo han sido parte del decorado de espacios públicos o de viviendas particulares. En muy pocos sitios arqueológicos se conservan esferas sin mover. Esto los convierte en lugares de gran valor patrimonial. Esfera en parque público de sierpe. Foto: Diego Matarrita.

Tanto interés en las esferas tiene que ver con la declaratoria de cuatro sitios con esferas como patrimonio mundial por parte de UNESCO. Ha habido mucha cobertura de los medios de comunicación desde que el pasado mes de junio se otorgara este reconocimiento a Costa Rica.

El próximo miércoles 13 de noviembre se colocará la placa indicativa de Finca 6 como uno de estos sitios de patrimonio mundial. Tener esta placa es algo muy apetecido y constituye un gran logro para el país. Por lo tanto, el acto que se realizará en Finca 6 será todo un acontecimiento político y cultural.

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Logo de los sitios que obtienen la declaratoria como patrimonio mundial de la Organización de las Naciones UnIdas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-.

Es curioso pero mucha gente cree que la declaratoria de patrimonio mundial es para las esferas de piedra precolombinas. De hecho en algunos lugares les han puesto esa identificación, pero esto no es correcto. Las declaratorias de patrimonio mundial no se le dan a objetos; se le da a propiedades con elementos patrimoniales.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto:Diego Matarrita.

El Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró cuatro sitios arqueológicos ubicados en el Cantón de Osa –Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio- como patrimonio cultural mundial. Estos, solo estos, serán los que podrán lucir esta placa.

Además de la confusión sobre a qué fue lo que se declaró patrimonio mundial, también existe inquietud acerca de cuál es la categoría de los otros sitios arqueológicos con esferas y de las esferas movidas de su lugar original. La única categoría que queda para ellos es la de “patrimonio arqueológico nacional” y para las esferas como elemento individual la de “símbolo patrio“.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto: I. Quintanilla.

Esto no quiere decir de ninguna manera que no tienen valor mundial. Lo que pasa es que quienes elaboraron el expediente de la candidatura decidieron presentar cuatro sitios porque consideraron que eran representativos del fenómeno de las esferas y de las sociedades de tipo cacical, que es como se identifican a las que hicieron estas esferas y los otros elementos que las acompañan.

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Finca 6 con sus alineamientos de esferas y sus montículos Es uno de los cuatro sitios de patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita.

Aparte de los cuatro sitios ahora patrimonio cultural mundial hay muchos otros con y sin esferas de piedra que son de gran importancia y de gran valor patrimonial. Ahora empieza la tarea de conservar la placa de UNESCO cumpliendo con los compromisos adquiridos en el expediente de candidatura. Además, continúa la tarea de investigar más, de proteger adecuadamente y principalmente de poner en valor los más de 4 000 sitios arqueológicos que están registrados en el país.

Finca 6, Grijalbe, El Silencio y Batambal son el principio, de ninguna manera el final. Hay mucho por hacer todavía en la arqueología de Costa Rica.

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De rebeldías, manglares y patrimonio mundial

Hoy, 22 de agosto, se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. Él murió un domingo por la noche y como buena familia de raíz campesina decidimos velarlo en la casa y no en una fría funeraria. La noche de la vela fue larga y triste, con poca gente y un solo borracho que llegó para alegrar las largas horas de la madrugada.

Mientras velábamos a mi papá estaba pasando algo que era importante en mi vida, en la de él y en la de Costa Rica. En el lejano Qatar se estaba celebrando la 38 sesión anual del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esta reunión había comenzado el 15 de junio y el 23 era uno de los últimos días de sesiones. En la madrugada de Costa Rica, mientras Berny nos contaba historias hilarantes de morirnos de risa y papi estaba en su ataúd, se decidía que cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra postulados por el gobierno de Costa Rica eran declarados patrimonio mundial de la UNESCO.

En un momento de esa madrugada entré al facebook y leí la noticia de la declaratoria. No podía celebrar, ni hacer gran cosa. Mi cabeza y mi corazón estaban llorando la perdida de mi papá. Lo único que se me vino a la mente fue una pelea monumental que tuve con él en diciembre de 1990 cuando le dije que iba a empezar un proyecto en Palmar Sur, en las tierras de las antigua Compañía Bananera, y en las montañas de Sierpe y Ciudad Cortés.

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Casas del cuadrante de Finca 6. Ahí vivió mi papá parte de su vida bananera en los años 40 y 50. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se enojó mucho, renegó de mi y de todo el esfuerzo que había hecho para que fuera a la universidad. Renegó de mi licenciatura en arqueología recién recibida y de mi trabajo como funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica.

Estaba muy enojado, bravo, furibundo. Él, que había estado ahí, que conocía la bananera, el clima, los vicios, lo duro del lugar, no podía aceptar que su hija universitaria y estudiada se fuera a trabajar al lugar que él había dejado atrás, en 1957, después de 15 años de juventud gastada en la plantación bananera.

Él, que había cruzado montañas caminando y arrastrando el miedo del adolescente casi huérfano que emigraba buscando algo en un país y tierra extraña; él, que había trabajado tanto y tan duramente, no quería aceptar que parte de su esfuerzo se devolviera y que su hija se fuera a gastar como él en la Zona Sur.

Para mi papá en la Zona Sur solo me esperaba un color amarillento en la piel, violencia, reumatismo y un trato de cocinera o prostituta. Estaba decepcionado de mí por no buscar un cómodo escritorio, por no aceptar los placeres de la burocracia.

A pesar de la pelea y los reclamos, mi papá sabía que yo no cambiaría de idea. Esa parte tan nica, ese carácter duro, empecinado, que servía de tabla de supervivencia, yo lo tenía muy adentro y, al igual que él, lo usaría para cumplir mis metas, para ejercer mi libertad, para liberarme aunque fuera de él y de todo lo demás.

El 23 de julio del 2014 cuatro sitios con esferas de piedra del Diquís fueron declarados patrimonio de la humanidad. Tres de ellos –El Silencio, Batambal y Grijalba– los encontré en la primer temporada de trabajo de campo, en 1991, cuando ya  no había nada que discutir con mi papá. El proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba” daba sus frutos y se sembraba la semilla de esa declaratoria. En 1993, Finca 6 -el otro sitio de la declaratoria- consumía mis energías y las de un grupo de estudiantes de la Universidad de Costa Rica. Ahí quedaba otra semilla que hoy florece espléndidamente.

Grijalba
Vista del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se murió y no pudo celebrar ni decirme nada sobre la declaratoria de la UNESCO. Yo tampoco he celebrado porque ya no tengo con quien pelearme, no tengo a quien retar para seguir adelante, no tengo a quien decirle que sí valió la pena, que había que ir al Sur, adonde casi nadie quería ir. Yo fui por mi propia voluntad, por amor a la arqueología y a los manglares, y quizá en lo más profundo de mi ser fui para encontrar a mi papá y a lo que dejó allá.

Mi papá se equivocaba en 1990, aunque tenía razón desde sus propias vivencias. Hoy, dos meses después de su muerte, me hubiera peleado igual por irme al Sur. Así nos relacionábamos, y así nos queríamos y respetábamos.

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Patrimonio olvidado

Patrimonio olvidado
Casona y esferas de Bahía Ballena, Uvita, Osa. Foto Diego Matarrita.

Una casona histórica declarada patrimonio histórico-arquitectónico según la ley 7555 y unas esferas de piedra que son patrimonio arqueológico y que quizá sean declaradas “símbolos de la patria”.
Una casa abandonada que se destruye ante la mirada de turistas y vecinos en Bahía Ballena, Uvita. Unas esferas descuidadas e invisibles como muchas otras. ¿Es esta la manera de cuidar nuestro patrimonio? ¿Es qué no podemos hacer nada?

Bahía Ballena 2
La casona de Bahía Ballena se encuentra en un lamentable estado de conservación. En lo que fueron los jardines de la casona hay Cinco esferas precolombinas. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Yo creo que si se puede hacer algo y lo primero es decir que esto está pasando. Lo segundo es actuar y tomar decisiones. La inacción del estado no puede condenar el patrimonio cultural al olvido y a la destrucción. Todos tenemos responsabilidad y todos debemos actuar.

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Un largo camino de transformación: de la piedra amorfa a la esfera perfecta

Hace unas semanas me enviaron un pequeño documento escrito por dos especialistas del LANAMME (Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales de la Universidad de Costa Rica-UCR) con los resultados de un prueba que hicieron para medir y documentar una esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la misma universidad. El estudio lo hicieron usando un scanner láser -un aparato de alta precisión- y obtuvieron un resultado impresionante: la esfera de 195 cm de diámetro es casi perfecta al compararla con una esfera ideal del mismo tamaño.

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Esfera de 195 cm de diámetro localizada hoy día en un jardín de la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la UCR, en San Pedro. Es la esfera de mayor tamaño trasladada hacia la capital desde Osa. Foto: Diego Matarrita.

Salvo pequeños sectores, esta gran esfera -la más grande que hay en San José- es una escultura simétrica, casi, casi perfecta. A simple vista lo parecía, pero ahora con el uso de esta tecnología se ha corroborado.

A ojos de simples mortales, carentes del ojo y de la mano del escultor, o de la inquietud de los amantes de las medidas, quizá parezca una simpleza decir que las esferas precolombinas son casi perfectas. Y es que decir que estas esculturas de forma esférica tienen gran simetría equivale a decir muchas cosas.

Primero que todo equivale a decir que fueron manos expertas, con gran conocimiento y experiencia, las que se encargaron de tallar y de orientar el proceso.

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Es largo el camino de transformar una roca amorfa en una esfera perfecta. Rocas naturales de gabro en Quebrada Olla Cero, Osa, una de los posibles lugares de aprovechamiento de rocas para hacer las esferas del delta del Diquís y alrededores. Foto: Diego Matarrita.

En segundo lugar implica aceptar que el uso de la tecnología utilizada posibilitó conseguir estas formas perfectas. Y es que la tecnología que se usó  fue la de la piedra, la de usar otros instrumentos rocosos de gran dureza y de formas variadas -mazas, cinceles, punteros, martillos, entre otros- para esculpir piedras sin forma, o de formas dadas por la naturaleza, hasta conseguir lo deseado: la esfera perfecta y de acabado fino.

No fueron metales – el oro y el cobre eran muy blandos para domar la dureza de la piedra-; fueron otras piedras trabajadas previamente y convertidas en instrumentos las que acompañaron los miles de golpes que fueron necesarios para eliminar lo no deseado y encontrar lo buscado.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.
Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

En tercer lugar tenemos otra implicación: quienes organizaron la manufactura de las esferas precolombinas usaron sistemas de medidas y de control. No tenemos los instrumentos que usaron, pero el no tenerlos no implica que nos los usaron. La evidencia más directa de esto nos la dan las esferas en si mismas, especialmente las de tamaño monumental.

Esfera grande
No siempre se alcanzó la simetría y la perfección. O quizá se consiguió pero en el transcurso del tiempo la esfera perdió fragmentos y hubo que retrabajarla quedando su forma tocada y deformada. Esfera colocada en uno de los jardines del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Algo impresionante, y que pasa a veces desapercibido por la terrible destrucción de los contextos arqueológicos donde estaban las esferas, es que no sólo hicieron grandes esferas casi perfectas, sino que también hicieron esferas gemelas casi perfectas. Es el caso de las dos esferas de 190 cm de diámetro que están en Finca 6 o las dos de 210 cm de diámetro que están en el Colegio de Palmar Norte.

Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad d estas esculturas de gran valor simbólico. Foto Diego Matarrita.
Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es una esfera gemela. Probablemente correspondan a las dos que documentó Samuel K. Lothrop en Finca 4, sección 36, aunque él les asigna una medida de 200 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita.

Un cuarta implicación es la que tiene que ver con los pensamientos de quienes las hicieron y de quienes las usaron y cuidaron. No se buscaban piedras redondas; buscaban, querían, invertían grandes esfuerzos en conseguir esculturas esféricas de gran calidad. Y es que si lo pensamos bien y nos situamos en la mente de la gente de las esferas debemos aceptar que había un gran sentido estético, una idea, un concepto, una forma, un algo buscado y conseguido.

Mas allá de los significados y sentidos de las esferas precolombinas lo que podemos decir es que esa gente trabajó duró y logró alcanzar cientos de veces su objetivo. Hacer esferas perfectas, o casi perfectas y sacar de la piedra deforme la idea, la forma deseada, requirió un gran esfuerzo colectivo. Fue un proceso de transformación, de vencer la naturaleza y de vencerse a ellos mismos.

Don Méjico posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.
Esfera C de Finca 6, un ejemplo de perfección. Foto: I. Quintanilla.

No solo era conseguir la forma perfecta; era conseguir que la forma llegara a los lugares elegidos para ser usadas por la comunidad. Mover esos cuerpos de varias toneladas, sacarlos de las quebradas o bajarlos de las montañas, llevarlos a lo largo de kilómetros en zonas boscosas, lodosas, luchar contra la lluvia o el sol abrasador… todo eso fue trabajo, coordinación, habilidad, experiencia, esfuerzo, comunidad, deseo y lucha.

La forma perfecta, la esfera de piedra perfecta, solo es un indicador de todo un complejo entramado social. Sin gente, sin artistas, sin escultores expertos, sin decisión colectiva no habrían esferas. Ellas en si mismas no son nada. Son lo que son por quienes las hicieron y por las circunstancias en que se hicieron. Sin esto sólo son piedras redondas y eso no es importante para la historia.

 

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Ficciones arqueológicas

esferas falsas copia

Hace unos días se publicó en un períodico una noticia sobre la visita de una experta méxicana en gestión de sitios arqueológicos (http://www.crhoy.com/museo-nacional-busca-crear-conciencia-sobre-importancia-de-sitios-arqueologicos-w6k3x/). La nota se acompañó de esta foto. La vi, y algo se revolvió en mi interior.

Es increíble pero esta imagen circula en distintos medios como representativa de las esferas precolombinas del Diquís, pero no lo es. Son esferas falsas – es decir, replicas de las antiguas precolombinas– y el paisaje de fondo es el embalse del Proyecto Hidroeléctrico Angostura, en Turrialba.

Estas esferas ni son de manufactura indígena, ni están en el “lugar de las esferas precolombinas“. Esto no es el Pacífico Sur de Costa Rica; es el Valle de Turrialba. Tampoco son esferas de roca ígnea, ni esculturas talladas por manos indígenas. Son réplicas recientes.

Este fotogénico grupo de esferas es parte de la decoración exterior del hotel Hacienda Tayutic. Se ven bonitas, pero no representan nada más que una recreación de lo que fue lo precolombino.

Hay otras imágenes que se usan mucho, y que tampoco me gustan. Aunque son imágenes constituidas por esferas precolombinas y tienen como fondo un paisaje del Sur también recrean algo que no es, y que tampoco lo fue. Me refiero al conjunto de esferas de la zona de “esferas en tránsito” del sitio arqueológico de Finca 6.

Esferas y pilares 6

Estas esferas ni son de Finca 6, ni representan nada que tenga que ver con este importante sitio arqueológico. Por lo menos las esferas se vinculan al Delta del Diquís. Sin embargo, los pilares de piedra colocados en los últimos años, que fueron traídos desde Pérez Zeledón, no tienen ninguna vinculación con este sitio ni con otros de esta zona.

Mucha gente que visita Finca 6 muestra con gran alegría las esferas de este sitio de “tránsito” y no entienden que no tienen que ver con el pasado sino con decisiones del presente. Tampoco entienden que en un sitio arqueológico no se introducen elementos externos de otros sitios, ni mucho menos objetos sin contexto. Esto no provoca más que distorsión y confusión, y una mirada del objeto por el objeto.

Hace unos años la dueña de un hotel de Drake me comentó que le gustaría entregar unas piezas precolombinas para que fueran exhibidas en Isla del Caño. Ella no tenía ni idea del origen de estos objetos. Me pidió mi opinión. Le dije que era como introducir cerdos o gatos a la isla. No hablamos más al respecto porque ella entendió que cada cosa tiene su lugar, y eso siempre hay que tenerlo claro.

Esferas y pilares 3