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Sobre el arte de sanar una esfera de piedra

Las piedras se enferman. Aunque son materiales inorgánicos, las piedras sufren por los cambios bruscos de temperatura, por el crecimiento de microorganismos, por el fuego, por el maltrato humano y de la naturaleza. Por eso se enferman.

Las piedras, que son viejas de por sí, envejecen y se deterioran; pierden capas, se fragmentan, se disgregan, cambian y a veces se vuelven otras. La lluvia, el sol, la nieve, los sismos, el paso del tiempo…Todo afecta de una u otra manera a las piedras y, en gran medida, gracias a eso tenemos arena en el mar, suelos, cuevas, montañas y muchas cosas hermosas y útiles.

Las rocas han sido parte fundamental de nuestra vida. Foto: Diego Matarrita.

Aunque ahora las piedras nos parecen lejanas y solo útiles para decorar o construir, ellas siempre han estado vinculadas a nosotros. De la piedra salieron las primeras herramientas para cortar, para cazar, para abrir claros en el bosque, para construir viviendas, para prender fuego y procesar alimentos.

De la piedra también salieron armas, muchas letales y efectivas para producir dolor y muerte. Las piedras han sido mucho, y casi todo, en buena parte de la historia de la humanidad.

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Puñal de piedra. Colección Museo del Jade y la cultura precolombina. Foto: Diego Matarrita.

En tiempos recientes hemos ido abandonando a las piedras y cada vez estamos mas lejos de ellas. Por eso no las percibimos cercanas y hasta hablamos de ellas como insensibles, sin alma, sin ser.

Sin embargo, hay piedras que tienen alma, que tienen un ser. Estas rocas con alma son aquellas que han sido escogidas para plasmar pensamientos e ideas; aquellas que fueron transformadas en útiles que sirvieron para dar o quitar vida. Son aquellas rocas que han eternizado el pensamiento y las capacidades humanas.

En el mundo de la piedra transformada hay un grupo al que le he dedicado buena parte de mi vida. Son las esculturas de tiempos precolombinos fabricadas y usadas en el Diquís. Mas que estudiarlas, mi relación con ellas ha sido de cercanía familiar. Esta cercanía, especialmente con las esferas de piedra, me ha permitido sentir su deterioro, los riesgos y peligros por su exposición a las condiciones medioambientales y al des-cuido humano.

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

Desde 1991, año en que inicié mis investigaciones en el delta del Diquís, empezó mi vínculo emocional con las esferas de piedra. Encontrar algunas de ellas en su lugar original; ver el estado de abandono y darme cuenta que eran invisibles en la arqueología y en la protección patrimonial, generaron en mí un compromiso que no tuve anteriormente con otros objetos.

Desde entonces, siendo funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y luego como arqueóloga independiente, he mantenido la preocupación constante por las esferas. Preocupación que en algunos casos se convirtió en dolor, en sentimiento de culpa y en frustración.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2009.

Uno de mis mayores dolores, desde que la encontré en 1991, ha sido la esfera del sitio El Silencio. Esta es la más grande de todas. Tiene un diámetro de dos metros con sesenta y seis centímetros y su peso se calcula en 24 toneladas. Es la esfera emblema. La madre-esfera.

A pesar de haber sido fabricada en un sólido bloque de roca ígnea (granodiorita, según los análisis especializados), esta esfera estaba muy deteriorada desde que la encontramos. Este deterioro se fue acrecentando con el tiempo hasta convertirse en una real amenaza de perdida total de su superficie esculpida.

Esfera del sitio arqueológico El Silencio en el 2015. Foto: Diego Matarrita.

La esfera de El Silencio- evocador nombre dado desde tiempos inmemoriales al lugar donde se encuentra- ha sufrido mucho. En 1991, en sus alrededores hacían quemas para sembrar arroz y otros alimentos. Por el fuego y su misma composición geológica fue debilitándose y perdiendo capas (laminaciones o exfoliaciones) que amenazaban su forma escultórica.

Estaba agrietada, y por la exposición a la intemperie y a los cambios bruscos de temperatura la pérdida de capas se fue haciendo mas pronunciada a lo largo del tiempo. Además, por el clima tropical crecían múltiples microorganismos sobre ella que de una otra manera la afectaban. El deterioro parecía no tener fin.

En junio del 2014, el sitio arqueológico El Silencio y su esfera emblema fueron incluidos en la declaratoria de los Asentamientos precolombinos cacicales con esferas de piedra del Diquís como patrimonio mundial de la UNESCO. Este sitio y otros tres mas (Finca 6, Batambal y Grijalba) fueron reconocidos como parte del patrimonio de la humanidad. Esto cambió su suerte.

Al convertirse el sitio El Silencio en parte del patrimonio mundial sucedió algo muy importante: había que garantizar la conservación de los bienes patrimoniales incluidos en la declaratoria. Esta responsabilidad era una tarea del estado costarricense, pero ayudar en la conservación de los mismos, también era responsabilidad de los países miembros de la UNESCO.

Gracias a esta declaratoria, el Museo Nacional de Costa Rica -ente estatal encargado de administrar este sitio de patrimonio mundial- buscó colaboración internacional para atender la restauración y la conservación de la esfera del sitio El Silencio. Esta colaboración la encontró en México, un país con una larga y probada trayectoria en conservación del patrimonio arqueológico.

Después un proceso de estudio y documentación de tres años que permitió hacer un diagnóstico y definir los tratamientos, en abril del 2019 un equipo de especialistas inició la restauración de la esfera.

La esfera enferma iba a ser sanada y tratada de acuerdo a los protocolos internacionales. La roca dañada sería intervenida y sus enfermedades y achaques curados o mitigados.

La Dra. Isabel Medina, experta en restauración y conservación, junto a Javier Fallas y Alfredo Duncan del Museo Nacional de Costa Rica retocan los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto Diego Matarrita

El conocimiento experto de la Dra. Isabel Medina, arqueóloga y especialista en restauración y conservación, dio la pauta para llevar adelante el proceso de restauración de la esfera de El Silencio. Ella, junto con un equipo de especialistas del Museo Nacional de Costa Rica y con el apoyo de otras instituciones tuvieron la responsabilidad de restaurarla y sanarla.

Alfredo Duncan y Javier Fallas en labores de restitución cromática de los sectores restaurados de la esfera de El Silencio. Foto: Diego Matarrita.

Después de limpiarla y eliminarle los microorganismos y la suciedad que la cubrían, empezaron a sanar sus heridas, a rellenar los puntos débiles con una mezcla de cal y arena previamente probada y a pegar fragmentos desprendidos. Ya curada, le hicieron retoques de pintura (restitución cromática) para que la mezcla de cal y arena adherida no contrastara con el acabado natural.

A lo largo de un mes de trabajo, la esfera del sitio El Silencio y el empedrado de cantos rodados que está asociada a ella fueron intervenidos. Por primera vez se hacía un trabajo integral de restauración de una esfera conservada en su lugar original.

A mitad de mayo, cuando ya casi estaban por acabar el proceso de restauración pedí permiso para visitar el sitio y documentar parte del proceso. Entrevisté a la Dra. Medina y le pedí que nos dejará filmar su explicación del proceso. En el video adjunto podrán escucharla. Diego Matarrita, quien me acompañó a la gira fue quien lo grabó y lo editó.

El proceso de restauración de la esfera de piedra del El silencio tuvo gran cobertura mediática. Diversos medios de comunicación nacionales e internacionales informaron sobre el mismo. Fue todo un acontecimiento en la arqueología nacional.

Para mí, la restauración de la esfera de El Silencio constituyó un alivio y, en cierta medida, una liberación. Verla reparada y atendida como a una enferma que merecía un trato especial me dio mucha alegría.

Esfera del sitio El Silencio días después del proceso de restauración. Foto: I Quintanilla.

Yo inicié este blog en el 2012 y lo llamé “El Drama de las esferas“. Lo llamé así en gran medida por el drama de la esfera de El Silencio y sus enfermedades no atendidas. Hoy una parte de ese drama se ha subsanado, sin embargo quedan muchas esferas, muchos sitios arqueológicos necesitados de atención, cuido y conservación. La tarea no ha terminado.

Las esculturas de piedra llevan el alma de quienes la labraron, de la época y de las motivaciones con las que fueron hechas.  Cargan con el paso del tiempo. Es nuestra responsabilidad cuidarlas y garantizar que esa alma siga viva.

=======================================================================Mas información en el siguiente enlace:

p://www.museocostarica.go.cr/boletin/entrevistas/461-profesionales-de-costa-rica-y-méxico-se-unen-para-conservar-y-restaurar-la-esfera-de-piedra-precolombina-más-grande-del-pa%C3%ADs.html#sthash.OjDFn4V8.dpbs

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Sobre el arte de hacer figuras de piedra entre los bribris

Hace unos meses publiqué en este blog un texto sobre la idea tan arraigada en el sur de Costa Rica de que los indígenas fundían la piedra para fabricar esculturas. Esta idea la comparten indígenas de distintas etnias y campesinos no indígenas, que la han incorporado a su bagaje, quizá de oírla de sus vecinos.

Ayer estaba revisando unos viejos libros y encontré una narración que recopiló la antropóloga MªEugenia Bozzolli en Amubri, un pueblo bribri del Caribe Sur de Costa Rica. El relato lo hizo Albir Morales en 1986. Como me gusta la historia, he decidido transcribirla tal cual está publicada:

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MEMORIA DE CÓMO SE HACÍAN FIGURAS DE PIEDRAS

Narrador: Albir Morales (Clan Dojkwak, Amubri), 1986

En aquel tiempo, en Blo’bta, lugar en Alto Lari, había un hueco en la tierra, especie de túnel que se convierte en horno para hacer la materia de hacer figuras. Este sitio estaba por la cabecera del Río Dpari.

Del río se sacaban veinte o treinta piedras y se llevaban a un fuego que se enciende en el horno de tierra. Estas pìedras eran/wiñe/, piedras macho alargadas. Cuando estaban ardiendo se echaban en el agua y se enfriaban. Se volvían a poner al horno.

Cuando esto se había hecho cuatro veces, había ocurrido /ák Wíköl dwö/, había muerto el espíritu de la piedra. Entonces se llevaban a una piedra de moler y se convertían en polvo. Ese polvo se mezclaba con una tierra roja pegajosa que se conseguía en ese lugar. La arcilla era /alaki/ hembra. De la mezcla, se esculpían las figuras. Cuando se estaba haciendo la mezcla, el polvo de piedra, que es azul, cambiaba el color de la arcilla roja y lo enfriaba, dejando la argamasa con un tono grisáceo oscuro o azulado.

Hacer las figuras de esta mezcla se llamaba /iyi wiköl ywöie/, hacer animalitos y otros seres de las historias. Algunas eran /sorkula diököl/, por ejemplo, tigre, gavilán y monos congos.

Tomado de: Tradición Oral Costarricense. ¿1995?. Volumen III, Año III, Nº 3-4: 50. Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, San José.

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Para nadie es un secreto que el trabajo en piedra precolombina de lo que ahora llamamos Costa Rica es impresionante en términos tecnológicos e iconográficos. En esta parte del mundo no sólo se tallaron esculturas de diversas formas; también se tallaron, a veces de manera exquisita, objetos utilitarios como los metates o piedra de molienda.

Metates Costa Rica
Metates precolombinos finamente esculpidos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Fotos: Diego Matarrita.

Es muy interesante, que los bribris, un pueblo que habita tanto en la estribación Caribe como la del Pacífico de la Cordillera de Talamanca, guarde una historia y conserve una concepción sobre la manera en que se hacían las figuras de piedra.

Piedras con espíritu. Piedras con adscripción de género. Piedras vivas que se transforman. Seres humanos capaces de fundirlas y modelarlas. Es historia oral que es verdad por ser eso: historia transmitida de generación en generación para explicar el mundo y sus cosas.

A través de la investigación arqueológica la información acerca de la fabricación de los objetos escultóricos nos dan otros datos. Sin embargo, la manera en que la gente indígena los entiende y mantiene la memoria acerca de ellos, es tan importante como nuestros resultados. Y es que nuestros resultados son para nosotros, que también necesitamos entenderlos y tener nuestro propio relato.

La piedra y su transformación para crear objetos fue fundamental en el mundo indígena anterior a la introducción del hierro y otros metales duros por los conquistadores europeos. América precolombina tuvo en la piedra el soporte para el mundo doméstico. Igualmente, encontró en la piedra un medio para plasmar un rico y complejo mundo simbólico. La piedra estuvo siempre presente en la vida indígena. Ahora, la piedra es cosa del pasado hasta para los mismos indígenas.

Necesitamos muchas maneras de hacer memoria. No se nos puede olvidar que en gran parte somos seres humanos porque hicimos cosas de piedra.

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Este es el enlace del texto anterior sobre la técnica de fundir piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/06/13/acerca-de-la-tecnica-de-suavizar-la-piedra-y-la-escultura-precolombina/

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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De rebeldías, manglares y patrimonio mundial

Hoy, 22 de agosto, se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. Él murió un domingo por la noche y como buena familia de raíz campesina decidimos velarlo en la casa y no en una fría funeraria. La noche de la vela fue larga y triste, con poca gente y un solo borracho que llegó para alegrar las largas horas de la madrugada.

Mientras velábamos a mi papá estaba pasando algo que era importante en mi vida, en la de él y en la de Costa Rica. En el lejano Qatar se estaba celebrando la 38 sesión anual del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esta reunión había comenzado el 15 de junio y el 23 era uno de los últimos días de sesiones. En la madrugada de Costa Rica, mientras Berny nos contaba historias hilarantes de morirnos de risa y papi estaba en su ataúd, se decidía que cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra postulados por el gobierno de Costa Rica eran declarados patrimonio mundial de la UNESCO.

En un momento de esa madrugada entré al facebook y leí la noticia de la declaratoria. No podía celebrar, ni hacer gran cosa. Mi cabeza y mi corazón estaban llorando la perdida de mi papá. Lo único que se me vino a la mente fue una pelea monumental que tuve con él en diciembre de 1990 cuando le dije que iba a empezar un proyecto en Palmar Sur, en las tierras de las antigua Compañía Bananera, y en las montañas de Sierpe y Ciudad Cortés.

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Casas del cuadrante de Finca 6. Ahí vivió mi papá parte de su vida bananera en los años 40 y 50. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se enojó mucho, renegó de mi y de todo el esfuerzo que había hecho para que fuera a la universidad. Renegó de mi licenciatura en arqueología recién recibida y de mi trabajo como funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica.

Estaba muy enojado, bravo, furibundo. Él, que había estado ahí, que conocía la bananera, el clima, los vicios, lo duro del lugar, no podía aceptar que su hija universitaria y estudiada se fuera a trabajar al lugar que él había dejado atrás, en 1957, después de 15 años de juventud gastada en la plantación bananera.

Él, que había cruzado montañas caminando y arrastrando el miedo del adolescente casi huérfano que emigraba buscando algo en un país y tierra extraña; él, que había trabajado tanto y tan duramente, no quería aceptar que parte de su esfuerzo se devolviera y que su hija se fuera a gastar como él en la Zona Sur.

Para mi papá en la Zona Sur solo me esperaba un color amarillento en la piel, violencia, reumatismo y un trato de cocinera o prostituta. Estaba decepcionado de mí por no buscar un cómodo escritorio, por no aceptar los placeres de la burocracia.

A pesar de la pelea y los reclamos, mi papá sabía que yo no cambiaría de idea. Esa parte tan nica, ese carácter duro, empecinado, que servía de tabla de supervivencia, yo lo tenía muy adentro y, al igual que él, lo usaría para cumplir mis metas, para ejercer mi libertad, para liberarme aunque fuera de él y de todo lo demás.

El 23 de julio del 2014 cuatro sitios con esferas de piedra del Diquís fueron declarados patrimonio de la humanidad. Tres de ellos –El Silencio, Batambal y Grijalba– los encontré en la primer temporada de trabajo de campo, en 1991, cuando ya  no había nada que discutir con mi papá. El proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba” daba sus frutos y se sembraba la semilla de esa declaratoria. En 1993, Finca 6 -el otro sitio de la declaratoria- consumía mis energías y las de un grupo de estudiantes de la Universidad de Costa Rica. Ahí quedaba otra semilla que hoy florece espléndidamente.

Grijalba
Vista del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se murió y no pudo celebrar ni decirme nada sobre la declaratoria de la UNESCO. Yo tampoco he celebrado porque ya no tengo con quien pelearme, no tengo a quien retar para seguir adelante, no tengo a quien decirle que sí valió la pena, que había que ir al Sur, adonde casi nadie quería ir. Yo fui por mi propia voluntad, por amor a la arqueología y a los manglares, y quizá en lo más profundo de mi ser fui para encontrar a mi papá y a lo que dejó allá.

Mi papá se equivocaba en 1990, aunque tenía razón desde sus propias vivencias. Hoy, dos meses después de su muerte, me hubiera peleado igual por irme al Sur. Así nos relacionábamos, y así nos queríamos y respetábamos.

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Sitios con esferas de piedra precolombinas como patrimonio mundial

 

A finales de junio de este año, el Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO decidirá si la candidatura de Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís que presentó el gobierno de Costa Rica recibe, o no, el reconocimiento como Patrimonio cultural de la humanidad.

Finca 6
Esferas alineadas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El país ya recibió tres declaratorias en Patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). Una candidatura en patrimonio natural (Parque Nacional Corcovado) fue rechazada y otra basada en la práctica del boyeo y la carreta fue declarada Patrimonio inmaterial de la Humanidad.

Esta la primera vez que nuestro país presenta a la UNESCO una candidatura basada en sitios arqueológicos precolombinos. Y esto constituye un gran reto, ya que la arqueología del Sur de Centroamérica no se caracteriza por la “monumentalidad” como en otras partes del mundo (Egipto, Mesoamérica, Área Andina, por ejemplo), y hasta ahora no ha sido reconocida como parte representativa de la historia de la humanidad.

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Detalle de una estructura arquitectónica construida con piedra sin modificar y sin uso de argamasa. Esta en el sitio Batambal, uno de los cuatros presentados dentro de la candidatura. Foto: Diego Matarrita.

Como reflexión es importante decir que la candidatura de los sitios con esferas de piedra es un ejemplo de la manera en que los países en vías de desarrollo gestionan su patrimonio cultural.

En países desarrollados se invierte gran cantidad de recursos en investigar, conservar, proteger y poner en valor su patrimonio, y a partir de esto y de una valoración comparativa del patrimonio que poseen “escogen” el que es más viable y representativo para proponer como “patrimonio de la Humanidad”. Cuando presentan las candidaturas éstas llevan la ventaja de haber sido producto de una estrategia previa.

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Vista general del sitio Grijalba, uno de los cuatro sitios arqueológicos incluidos en el expediente de candidatura. Foto: Eduardo Volio,

En países como Costa Rica, en los que el patrimonio arqueológico ha sufrido el expolio sistemático y la falta de inversión pública, las candidaturas como patrimonio mundial son un recurso para motivar a los políticos para que inviertan en el patrimonio. La candidatura en sí misma genera investigación, conservación y una gestión antes no contemplada. Asimismo, genera interés de la población que antes no lo valoraba plenamente. Son procesos que generan acciones; no son resultado de un proceso sistemático y planificado. Y aquí es donde existe un gran problema.

La obtención del reconocimiento por parte del Centro de Patrimonio Mundial puede ser un motor de cambio para la gestión del patrimonio arqueológico de todo el país, no solo para los sitios que tienen esferas de piedra. La obligación de desarrollar planes de conservación y de puesta en valor, y principalmente el imperativo de integrar este patrimonio al desarrollo local puede y debe provocar cambios sustanciales en la manera en que se ha venido manejando el patrimonio arqueológico. Y esto es lo deseable.

Costa Rica tiene el reto de garantizar la sostenibilidad de los sitios arqueológicos seleccionados. Igualmente, necesita garantizar la conservación de los elementos arqueológicos. En caso de no cumplir con los compromisos adquiridos ante UNESCO, este conjunto de sitios puede pasar a la lista roja de los sitios de patrimonio mundial en riesgo. Y es que ahí acaban muchos de los sitios de patrimonio mundial de los países en vías de desarrollo.

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Vista de un sector del sitio Batambal, uno de los cuatro sitios propuestos como patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El desinterés de los políticos y la falta de inversión, o los limitados recursos humanos hacen que a mediano o largo plazo no se pueda cumplir con los compromisos que implica la obtención de este distintivo mundial. Y aquí es donde está el reto, en caso de obtener el reconocimiento mundial.

Por ahora, con o sin reconocimiento mundial, están pendientes toda una serie de acciones. Conservar, proteger y evitar el deterioro de las esferas de piedra y de los sitios donde están es lo urgente.

Es conveniente entender que una candidatura no es más que eso; es una posibilidad. Con o sin candidatura hay una realidad: la de un patrimonio que se deteriora; la de un patrimonio que requiere ser gestionado adecuadamente.

El Silencio
Esfera de piedra del sitio El Silencio fotografiada en noche de luna llena. La esfera emblema, la más grande de todas, en su imparable deterioro. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

La luna, sin mucho esfuerzo y con ayuda de una poca luz artificial nos muestra que se necesitan más esfuerzos. Nos dice que lo que se ha hecho no es suficiente, que hay un proceso inexorable de perdida que no se detiene a pesar de los largos documentos y de interminables escritos oficiales.

La esfera de El Silencio nos muestra nuestra verdad; nuestra vergüenza, nuestra deuda histórica con el patrimonio arqueológico. Nos muestra lo que somos y como hemos actuado.

Ojalá nos den el reconocimiento de la UNESCO para estar obligados a asumir nuestras vergüenzas, para dejar atrás el abandono, para actuar correctamente.

Ojalá nos den el reconocimiento de UNESCO para tener un espejo donde mirarnos, para que alguien pida cuentas.

Cruzo los dedos para que nos lo den, y que haya cambio y para que pase algo. Algo que mueva la arqueología de este país; algo que haga que la gente sea también responsable de su patrimonio; algo que haga que el patrimonio no sea solo cuestión de unos pocos funcionarios públicos sino un proyecto colectivo; un proyecto de un país que respeta, cuida, y aprende de su pasado.

 

 

 

 

 

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Ni a las gallinas ni a los gansos les importa el patrimonio arqueológico

Ni a las gallinas ni a los gansos les importa el patrimonio arqueológico

Comen placenteramente, y no son conscientes de que su plato es un metate precolombino.

Los objetos viven, mueren, resucitan, y algunos sobreviven en lugares y tiempos no pensados para ellos. Ahora este metate tiene una nueva historia y vive integrado en una familia que lo hace servir.

Que importa lo que fue esa piedra cóncava si ahora sirve para dar de comer. Puede que sirva más ahí de recipiente que guardada en una bodega donde nadie la estudia, ni se ve, ni se exhibe. Igual es más útil ahí que tirada en el campo sin que la recoja ninguna mano amiga que le pregunte cosas sobre su pasado.

Quizá se pueda pensar que haya que ir corriendo a recogerlo, lavarlo y guardarlo. Sin datos de contexto, sin información de su vida anterior, de poco puede servir, aparte de ser algo de “tiempos precolombinos“, y por lo tanto objeto patrimonial por ley.

No sé… veo este metate, a las gallinas, a los gansos y no se me mueve la fibra patrimonialista. Hay tanta cosa inútil guardada que me alegra ver algo de vida en esta piedra labrada en tiempos antiguos que ahora sirve de comedero a unas gallinas y a unos gansos inconscientes.

gallinas y metate 2 copia

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Ficciones arqueológicas

esferas falsas copia

Hace unos días se publicó en un períodico una noticia sobre la visita de una experta méxicana en gestión de sitios arqueológicos (http://www.crhoy.com/museo-nacional-busca-crear-conciencia-sobre-importancia-de-sitios-arqueologicos-w6k3x/). La nota se acompañó de esta foto. La vi, y algo se revolvió en mi interior.

Es increíble pero esta imagen circula en distintos medios como representativa de las esferas precolombinas del Diquís, pero no lo es. Son esferas falsas – es decir, replicas de las antiguas precolombinas– y el paisaje de fondo es el embalse del Proyecto Hidroeléctrico Angostura, en Turrialba.

Estas esferas ni son de manufactura indígena, ni están en el “lugar de las esferas precolombinas“. Esto no es el Pacífico Sur de Costa Rica; es el Valle de Turrialba. Tampoco son esferas de roca ígnea, ni esculturas talladas por manos indígenas. Son réplicas recientes.

Este fotogénico grupo de esferas es parte de la decoración exterior del hotel Hacienda Tayutic. Se ven bonitas, pero no representan nada más que una recreación de lo que fue lo precolombino.

Hay otras imágenes que se usan mucho, y que tampoco me gustan. Aunque son imágenes constituidas por esferas precolombinas y tienen como fondo un paisaje del Sur también recrean algo que no es, y que tampoco lo fue. Me refiero al conjunto de esferas de la zona de “esferas en tránsito” del sitio arqueológico de Finca 6.

Esferas y pilares 6

Estas esferas ni son de Finca 6, ni representan nada que tenga que ver con este importante sitio arqueológico. Por lo menos las esferas se vinculan al Delta del Diquís. Sin embargo, los pilares de piedra colocados en los últimos años, que fueron traídos desde Pérez Zeledón, no tienen ninguna vinculación con este sitio ni con otros de esta zona.

Mucha gente que visita Finca 6 muestra con gran alegría las esferas de este sitio de “tránsito” y no entienden que no tienen que ver con el pasado sino con decisiones del presente. Tampoco entienden que en un sitio arqueológico no se introducen elementos externos de otros sitios, ni mucho menos objetos sin contexto. Esto no provoca más que distorsión y confusión, y una mirada del objeto por el objeto.

Hace unos años la dueña de un hotel de Drake me comentó que le gustaría entregar unas piezas precolombinas para que fueran exhibidas en Isla del Caño. Ella no tenía ni idea del origen de estos objetos. Me pidió mi opinión. Le dije que era como introducir cerdos o gatos a la isla. No hablamos más al respecto porque ella entendió que cada cosa tiene su lugar, y eso siempre hay que tenerlo claro.

Esferas y pilares 3

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Perforaciones sin respuesta, o de cómo convertir las cosas en algo que no son

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Metate con perforación central. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

En los museos casi siempre vemos las cosas de lado, o de frente, y pocas veces las vemos desde arriba. Y la verdad es que según la posición en que miremos vemos más, menos, o a veces nada. Es el caso de este metate. De lado quizá no nos daríamos cuenta de que está perforado y que ese detalle lo convierte en algo distinto a su forma y a su uso original.

Se supone que en su origen fue un metate, un molino, una piedra de moler. Después de haber sido muy usado le hicieron una hermosa perforación con un taladro –de piedra, precolombino– que lo cambió, e hizo de él otra cosa. Pero, ¿qué era esta nueva cosa?

Perforación en metate

Algunos dicen que son piezas matadas, usadas muchas veces como ofrendas funerarias. Yo no creo que haya sido  así. Las perforaron para usarlas de otra manera, no para inutilizarlas. Cuando son “matadas” las rompen y las depositan juntas, o reparten los pedazos. Si ser muy experto se puede ver que esta perforación fue hecha con mimo, y nada parece indicar que haya habido intención de dejar la pieza inservible.

Este metate reconvertido me gusta por su simetría, por la intensidad del desgaste que tiene y, principalmente por las preguntas que me genera. Es una lástima que no tengamos información sobre el lugar exacto donde se encontró, ni tampoco tengamos datos de los otros objetos que lo acompañaban. Es la herencia del saqueo y del coleccionismo del objeto por el objeto mismo.

Hay otros ejemplares como el metate con forma de felino de abajo que también fueron perforados en el centro. Este tampoco quedo “inutilizable“. Quedó diferente y preparado para otro uso, o para un uso complementario al inicial.

metate felino perforado nuevo

Lo que nos dicen estos metates es que ellos, al igual que la mayoría de los objetos, cambian, se usan de manera diferente a la idea que los concibió, se re-adaptan y asumen nuevos usos, nuevos sentidos y significados.

Lo mismo nos pasa a las personas. Al igual que las cosas, y junto con las cosas, nosotros también cambiamos y asumimos nuevos roles y nuevas vidas.