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Esferas de piedra precolombinas Información fundamental

Lo que define a las esferas precolombinas: La forma, la textura, el color y el volumen

¿Qué define a las esferas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica? Cuando me han hecho esta pregunta  insisto siempre en que no sólo las define la forma -que sean esferas casi perfectas-, sino también la suma de la simetría, el color, la textura y el volumen que caracteriza a cada una de ellas.

Esfera precolombina copia
La forma esférica es determinante y diferenciadora, pero no es el único atributo de estas esculturas precolombinas. El tratamiento de superficie, el color de la roca y el volumen también son fundamentales. Esfera colocada actualmente en la Municipalida dde Osa. Foto: Diego Matarrita.

No es lo mismo una esfera pequeña de 20 centímetros de diámetro y 4 kilos de peso, sin pulir, que una esfera de 210 centímetros de diámetro, 9 toneladas de peso y con una superficie alisada, o casi pulida. Aunque las dos hayan sido fabricadas en gabro o en otro tipo de roca, y aunque tengan la misma forma, lo que marca la diferencia es el grado de simetría, el volumen, la textura que haya adquirido por el tratamiento de superficie y el color que refleje por el impacto de la luz proyectada sobre su superficie.

Esfera monumental con superficie irregular que oscila entre el pulido y el alisado y con huellas de los instrumentos de talla..Foto. Diego Matarrita

Los elementos que definen y que hace que sean distintas entre ellas señalan diferencias en cuanto al trabajo invertido en su fabricación; diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y diferencias en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Detalle de una esfera precolombina de gabro. Foto: Diego Matarrita.

Es posible que el valor social de estas esculturas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color, textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Esfera UCR Diego 3
Esfera monumental con cerca de 190 cm de diámetro. Foto: Diego Matarrita.

Es importante recordar que las diferencias que muestran entre sí las esferas son un claro indicio de que no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción, tampoco el mismo valor simbólico.

A la fecha sabemos que se fabricaron más de trescientas esferas y que fueron usadas en por lo menos 56 comunidades. Algunas de estas comunidades eran sencillos poblados de pocos habitantes; otras, grandes aldeas con cientos de personas. Los espacios donde fueron colocadas también eran distintos, así como la percepción de cada una de ellas de manera individual, o como parte de un grupo de esculturas.

Esferas de Bahía Ballena en agosto del 2010
Esferas movidas de su  lugar original y ahora  situadas en  Bahía Ballena, Uvita. Algunos conjuntos de esferas pudieron lucir así, aunque quizá estuvieron mejor cuidadas que en la actualidad. Foto: I. Quintanilla.

Hubo otros elementos que marcaron las diferencias entre las esferas que escapan a nuestro conocimiento. No sabemos cuál fue la primera que se hizo, ni la que se colocó en un espacio de especial relevancia, ni la que hizo el gran escultor cuyo nombre desconocemos, ni la que se mandó a hacer para celebrar el acontecimiento no conservado en la memoria actual…

Esferas del sitio Bolas en una imagen de los años 60’s, cuando todavía no habían sido trasladadas a la escuela del pueblo. Estas son algunas de las mas antiguas.

A lo largo de los casi mil años en que fueron fabricadas y usadas las esferas cambiaron su sentido y significado. Todavía hoy siguen cambiando y generando nuevas formas de valor (identitario, de prestigio, de exhibición personal, de creación de sentidos de pertenencia, entre otros).

Hoy, al igual que pudo haber sucedido siglos atrás, se aprecian más y se les da mayor valor y relevancia a las grandes esferas, a las que están completas y con las texturas más finas. Las rotas o deterioradas, las pequeñas o poco simétricas no salen en las fotos, y nadie posa junto a ellas. Sin embargo, en cada una hay un valor más allá de lo estético y de nuestras subjetividad; un valor que radica en haber sido hechas, en ser parte de una expresión singular y en materializar una historia de vida que continúa hasta nuestros días.

Muchas cosas definen a las esferas precolombinas. Hoy las sigue definiendo nuestra mirada.

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De extraños personajes y sus historias: Sam Green y las esferas de piedra

Samuel Adams Green murió el 4 de marzo del 2011. Su muerte fue reseñada en varios medios de Estados Unidos. El New York Times  tituló su obituario “A Collector of People Along With Art” (Un coleccionista de gente,  y además de arte). Pero ¿quién era Sam Green y qué relación tuvo con las esferas de piedra de Costa Rica?

Samuel Green fue un personaje importante, pero secundario, de la vanguardia artística de Nueva York de los años sesenta y setenta. Fue amigo cercano y confidente de Andy Warhool, Greta Garbo y Yoko Ono, entre otros famosos. Después de una vida intensa rodeado de ricos y famosos decidió dedicarse a preservar sitios sagrados en distintas partes del mundo. En 1997 creó la Landmarks Foundation, organización que lo trajo a Costa Rica en 1998 por su interés en las esferas de piedra.

Conocí a Sam Green en 1998 cuando estaba a punto de dejar mi trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica. En esos días estaba muy cansada y enojada con todo. La directora del Museo, Melania Ortiz, estaba encantada con el caballero norteamericano, que había venido a Costa Rica a promocionar la idea de retornar esferas a su lugar original. El Sr. Green le había ofrecido colaborar con el Museo en la repatriación de esferas a Osa. A nadie se le había ocurrido eso; se hablaba de la conveniencia de hacerlo pero no se concretaba en nada. Él la convenció y un año después, en octubre de 1999, un grupo de ocho esferas estaban siendo reinstaladas en distintos puntos del cantón de Osa.

Mi primera cita con Sam Green no fue muy productiva. Al principio no entendí que era lo que quería, no entendía cuál era el objetivo de su Landmarks Foundation, no sabía de dónde salía ni a que venía. Me hablaron de su relación con Andy Warhol, del Pop Art, de su experiencia como curador de colecciones de arte, de sus buenas relaciones con gente del “jet set”. Pero yo, persona poco dada a que me impresionen las personas famosas, no tenía nada que decirle aparte de la importancia de continuar con las investigaciones arqueológicas y de conservar los sitios con esferas. Mi pobre inglés no ayudo mucho y mis ganas de dejar todo, de romper con el Museo tampoco ayudaron. Sin embargo, en octubre de 1999, cuando se concretó el traslado de las ocho esferas ahí estaba yo, colaborando con el Museo, trasladada desde Washington D. C. a Costa Rica, gracias a la generosidad del Sr. Green.

Nos encontramos de nuevo en Palmar Sur durante los actos del traslado de las esferas el 18 de octubre de 1999. Casi que no cruzamos palabra. No sé por qué no me gustaba; tampoco yo le gustaba a él acostumbrado a Yoko Ono, Greta Garbo y otras señoras de renombre y dinero. Sin embargo, ahí estábamos compartiendo la alegría del retorno de las esferas. Pasaron los años y  no supe nada más de él hasta que en el 2007 encontré su nombre en un documento guardado en los archivos del Museo Nacional.

Su nombre estaba en un cruce de correspondencia entre la Embajada de Costa Rica en Washington y la Junta Administrativa del Museo nacional de Costa Rica en agosto de 1974. La embajada reclamaba y pedía cuentas por una esfera que al parecer les iban a enviar para colocar en su sede y que todavía no había llegado.

En el cruce de preguntas salió a relucir el traslado, en 1971, de tres esferas hacia los Estados Unidos de América (USA) gracias a la negociación que hizo Sam Green ante la Junta Administrativa del Museo, con auspicio de la Embajada de Costa Rica en Washington. Dos de estas esferas estaban destinadas al Fairmount Park Asosociation de Filadelfia, Pensilvania; un importante parque público especializado en escultura pública al aire libre. La tercera estaba destinada a la Embajada de Costa Rica.

Imagen de una de las esferas trasladadas a Filadelfia y exhibidas en Fairmount Park. Imagen tomada de: http://www.google.es/imgres?q=fairmount+park+international+sculpture+garden&um=1&hl=es&sa=N&biw=1272&bih=583&tbm=isch&tbnid=yVPISIs5jl4FfM:&imgrefurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%26g/fairmoun/fair1.shtml&docid=fY3FB9Apr9zGfM&itg=1&imgurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%2526g/fairmoun/images/fair1.jpg&w=324&h=199&ei=2mzwT6r8BYu08QPoyrGYDQ&zoom=1&iact=hc&vpx=97&vpy=292&dur=649&hovh=159&hovw=259&tx=146&ty=72&sig=104258392749681381903&page=1&tbnh=106&tbnw=173&start=0&ndsp=19&ved=1t:429,r:7,s:0,i:94

Según la documentación, las tres esferas salieron con licencia de exportación con fecha del 10 de febrero de 1971 y el permiso le fue otorgado a Sam Green como representante de Fairmount Park. El argumento de la autorización dada por la Junta Administrativa del Museo Nacional  era que “las mismas se encuentran suficientemente representadas en las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica”. La institución recibió US $1.000 como donación. Según otra documentación, se pagaron US $1.500 por gastos de mano de obra para remover las esferas.

Aunque la información es escueta, se puede inferir que las esferas salieron de Palmar Sur, vía Golfito y en barco. La más grande media 66 pulgadas (167.64 cm de diámetro), la segunda 56 pulgadas (142.24 cm de diámetro) y la tercera 32 pulgadas (81.28 cms de diámetro). No hay datos sobre el lugar específico del que las extrajeron, ni de quienes fueron los encargados de seleccionarlas y de ponerlas camino a USA. Las dos de mayor tamaño pasaron a ser propiedad de Fairmount Park y la otra está en posesión de la Embajada de Costa Rica en Washington.

Esfera de la Embajada de Costa Rica en Washington. Imagen tomada de : http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6d/Esfera_precolombina_Embajada_de_Costa_Rica_en_Washington.JPG

Las tres esferas salieron con beneplácito intitucional y con el visto bueno no sólo del Museo Nacional sino también del Ministerio de Relaciones Exteriores y del recién estrenado Ministerio de Cultura. Hoy día las tres están fuera del país y sólo la de la Embajada de Costa Rica está en exhibición. Las de Fairmont Park están guardadas por procesos de reforma en el parque, según informa el bloguero Don Barker (http://marylandgis.blogspot.com.es/2012/06/philadelphias-phantom-sculpture-garden.html) .

Sam Green ha muerto. De sus ideas de repatriación de esferas quedaron siete esferas en el parque de Palmar Sur y una en la Municipalidad de Osa. Fueron esferas cedidas por la Caja Costarricense de Seguro Social, por el ex-Presidente de la República Rodrigo Carazo, por el coleccionista Alfonso Jiménez y por el mismo Museo Nacional de Costa Rica. En sus planes no parece haber estado el retorno de las de Fairmount Park, de las que no recuerdo que haya hecho mención. Aun así su aporte fue importante, y aunque en la memoria quedará como un acto institucional del Museo Nacional, su idea y su impulso fueron fundamentales para que la Directora General del Museo Nacional -Melania Ortiz- llevara adelante un acto que no se había dado nunca: el retorno de esferas al Sur; un hecho que dejaba atrás décadas de expolio y de arrogancia institucional.

Momento en que se bajaba del cargador la esfera que luce hoy día la Municipalidad de Osa. Octubre de 1999.

El momento del retorno de las esferas fue muy emotivo y se celebró con gran algarabía. Las esferas fueron recibidas por escolares, por bandas de música y por los dirigentes locales. Hubo desfiles, visitas a Finca 6, discursos y muchas palabras de agradecimiento.  Fueron días de alegría y de satisfacción. Días de celebración que marcaban un nuevo rumbo en el manejo del patrimonio arqueológico del país: el Museo Nacional cedía a una comunidad local una parte de su patrimonio y esto era nuevo y casi revolucionario dentro de las políticas centralizadoras estatales.

Estudiantes de Ciudad Cortés posando con la recién instalada esfera de la Municipalidad de Osa. 18 de octubre. de 1999.

Nunca volví a ver a Sam Green y no puedo saber qué fue lo que representó para él esta repatriación, a pesar de que había sido un  “exportador de esferas”.

Enlaces de interés:

Obituarios de Sam Green:

http://www.nytimes.com/2011/04/07/fashion/07GREEN.html?pagewanted=all

http://warholstars.org/sam_green_obituary.html

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Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas Sitios arqueológicos con esferas

Don México y su esfera bonita: la esfera C de Finca 6

En 1999 un grupo de esferas de piedra precolombinas retornaron al cantón de Osa. El grupo había salido en distintos momentos y volvía a la región gracias a varias devoluciones voluntarias. El Museo Nacional de Costa Rica organizó el retorno junto con varios grupos locales de Osa.

Como parte de los actos de bienvenida se organizaron distintas actividades. Una de estas actividades fue la visita guiada al sitio arqueológico Finca 6, que en ese entonces no era propiedad del Museo Nacional como ahora, sino parte de las tierras que administraba la Corporación Bananera Nacional (CORBANA). El sitio estaba cubierto por mucha vegetación y había que prepararlo para las visitas. Por esa razón, uno de los encargados de CORBANA envió a Don México, un viejo trabajador bananero, para que limpiara y pusiera el lugar en condiciones.

Don México, sin más guía que su voluntad y su buen gusto, tomó sus propias decisiones. A él no le parecía bien que cinco de las seis esferas que se conocían en ese momento en el sitio estuvieran cubiertas de tierra, así que optó por “ponerlas bonitas“, según su decir. Con su experiencias de palero de toda la vida no le llevó ni media mañana hacer una excavación en forma de cráter lunar en una primer esfera. Él había empezado a trabajar muy temprano, casi de madrugada, y cuando llegué a media mañana a Finca 6 junto con otras funcionarias del Museo Nacional ( yo estaba colaborando de manera voluntaria en las actividades del retorno), Don México ya había consumado su obra en la que se conoce como Esfera C.

Don México posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.

Por suerte, en Finca 6 el suelo arqueológico está a una profundidad que oscila entre los 120 y los 150 cm. Todo lo que hay arriba es relleno de sedimento acumulado a lo largo de 1000/1200 años. Don México eliminó ese relleno y llegó hasta el paleo-suelo, lo acicaló y lo puso “bonito“.

Vista de la esfera C de Finca 6 después de la excavación de Don México. Nótese que no había otro tipo de materiales en la base. La esfera C es de gabro y mide 150 cm de diámetro aproximadamente.

Como su intención no era saquear ni destruir intencionalmente, no fue acusado por daño al patrimonio arqueológico. Su explicación en el momento era una mezcla de ingenuidad, inocencia y sentido común campesino. Al escucharlo, y ver su cuerpo maltratado por el sol y por los años, solo daban ganas de sacarlo del pozo, de llevarlo a descansar y de decirle que no se preocupara, que nadie lo iba a despedir y que eso se arreglaba volviendo a poner la tierra en su lugar. Eso fue lo que pasó y ahora la esfera sigue ahí, cubierta de nuevo.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

A don México no le habían explicado que la esfera C de Finca 6, junto con otras dos, forma una línea con orientación Este-Oeste y que otras dos esferas forman otra línea paralela a éstas. Él ignoraba que este era un conjunto único, que  otros parecidos habían sido destruidos al remover las esferas.

Ubicación de las esferas alineadas de Finca 6. Es importante destacar las distancias entre esferas.

Recientemente, se ha dado a conocer que este conjunto de esferas puede estar relacionado con algún tipo de calendario astronómico y que su posición está en relación con la salida del sol en determinadas fechas (12-14 de abril de cada año) (http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx). Esto, junto con los tamaños monumentales de las esferas que oscilan entre los 150 y los 190 cm de diámetro, convierten a Finca 6 en un sitio arqueológico único y de gran valor científico.

Ahora Finca 6 es propiedad del Museo Nacional de Costa Rica. Todavía no tiene ninguna declaratoria especial y sus restos salen a la luz ocasionalmente, cuando el equipo de investigación de esta institución hace excavaciones. Por suerte para todos ya no irán más trabajadores a ponerlo “bonito” por intuición, sino guiados por planes de manejo y por proyectos con fundamento técnico. Esa es la esperanza y la ilusión de gente como yo que sabe que debajo de esas capas de sedimento dejado por el río Térraba se conserva un patrimonio excepcional que algún día podrá conocerse en su real dimensión.

NOTA: este texto lo escribí antes de que Finca 6 y otros sitios fueran declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO en junio del 2014. He preferido mantenerlo tal cual lo escribí, para no alterarlo.

Referencias:

Quintanilla, I. (2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx

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Esferas de piedra precolombinas Información fundamental Lo que pienso de ... Sitios arqueológicos con esferas Sitios con esferas como patrimonio mundial

Para que el viento no se lleve las palabras: mi opinión sobre el estado actual del proceso de candidatura de sitios con esferas como patrimonio mundial

El 22 de mayo de este año escribí el texto principal de esta entrada del blog. Lo hice al leer la información que estaba saliendo en los medios de comunicación sobre la reunión que iba a mantener la Presidenta de la República, Laura Chinchilla con Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en la que tratarían el tema de la candidatura de los sitios con esferas de piedra de Costa Rica como patrimonio mundial.

Lo escribí sin que nadie me lo pidiera y sin representar a nadie. Lo hice con la mejor intención y por el compromiso irrenunciable que tengo con mi país y su patrimonio. Se la envié a dos personas de la comitiva de la Sra. Presidenta y una semana después se lo envié al director del Museo Nacional de Costa Rica. Como las palabras se las lleva el viento, y como no he recibido ninguna respuesta al mismo, he decidido compartirla a través de este blog. Quizá sea de utilidad para otras personas vinculadas de una u otra manera al proceso de candidatura, o por lo menos ayudará a entender la complejidad de esta empresa. A continuación el texto sin la introducción que hice en ese momento

Barcelona, 22 de mayo del 2012

Antes de todo, quiero manifestar que he reflexionado mucho sobre estos aspectos. He estudiado abundante documentación a raíz de una consultoría que hice el año pasado para la oficina regional de UNESCO en Costa Rica orientada a generar una estrategia para integrar los recursos arqueológicos en el desarrollo de la Región Brunca. Asimismo, acabo de terminar un curso de alta especialización en patrimonio cultural, y el pasado mes de abril presenté en el I Congreso Internacional de Patrimonio Mundial y Buenas Prácticas la ponencia “La declaración de Patrimonio Mundial como camino hacia la conservación y puesta en valor: la candidatura ante la Unesco de los sitios con esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica”. Además, durante 20 años he estudiado a las esferas de piedra precolombinas y los lugares donde se encuentran. Por lo tanto, considero que mi opinión experta puede ser de ayuda en este momento de impulso a la candidatura.

Para empezar quisiera decir que existe un problema en la manera en que se está enfocando el proceso de candidatura. La candidatura no se logra con completar un formulario. El formulario es la última parte del proceso; previamente se han tenido que hacer toda una serie de adecuaciones administrativas, legales, financieras y políticas. Asimismo, la candidatura no es para las esferas de piedra como objetos, sino para una serie de lugares arqueológicos donde todavía se conservan en su lugar original. Esto tiene una serie de implicaciones que desde mi punto de vista no están siendo abordadas de manera correcta, lo que me lleva a asumir que a un corto plazo la presentación del expediente ante UNESCO será inalcanzable.

Enumero los aspectos que considero fundamentales:

1. El marco legal: En el caso concreto de esta candidatura, el país obligatoriamente tiene que hacer un cambio en el marco legal que cobija el patrimonio arqueológico. La ley 6703 fue pensada y creada en función de los objetos; el patrimonio mundial se enfoca en la conservación “in situ”, es decir en la conservación y puesta en valor de los lugares originales donde se encuentran los bienes declarados patrimonio mundial. La integridad y la autenticidad son los dos ejes básicos, y en este momento, en Costa Rica, lo que la ley impulsa es excavar y extraer. Tampoco contempla cómo gestionar o administrar propiedades con sitios arqueológicos, salvo el salvamento en caso de riesgo; ni dice nada sobre la participación de los gobiernos locales u otros actores en la gestión del patrimonio arqueológico inmueble.

Por otra parte, es un marco legal pensado para un Museo Nacional del siglo XIX. Un museo que guarda, acumula y exhibe objetos. El patrimonio arqueológico sometido al patrimonio mundial requiere otro tipo de estructura administrativa; una estructura que gestione, que planifique, que ordene y que coordine con los distintos actores institucionales del ámbito internacional, nacional y local. También necesita una estructura financiera que posibilite la sostenibilidad de las acciones de conservación y puesta en valor de sitios arqueológicos y de los paisajes culturales de los que forman parte. Igualmente, requiere regular el papel del estado y del sector privado en cuanto a los aportes en la gestión del patrimonio.

A la fecha, no existe ninguna iniciativa para generar un nuevo marco legal para el patrimonio arqueológico de Costa Rica. Es algo que no se ha contemplado en estos largos 10 años, desde que se incluyó la propuesta en la lista tentativa. Esto tiene serias consecuencias y se verá reflejado a la hora de desarrollar los planes estratégicos que se solicitan en las Líneas Guías del Centro de Patrimonio Mundial; planes sin los cuales no puede ser presentada ninguna candidatura.

Es importante recordar que la declaratoria como patrimonio mundial se puede obtener, pero también se puede perder con relativa facilidad. Conservarla es lo más difícil; por eso hoy en día hay 24 países con patrimonio mundial en la lista de patrimonio en peligro por incumplir los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional en cuanto a la protección y puesta en valor de su patrimonio. En el caso de la candidatura de los sitios con esferas existe un alto riesgo de fracaso por la debilidad legal y de los órganos de gestión.

2. El conocimiento científico: un requisito fundamental, básico y claramente establecido en las Líneas Guías de la UNESCO es que el conocimiento científico es el que sustenta las candidaturas. En mi opinión, este es uno de los aspectos más débiles del proceso actual. El proceso de investigación que se está llevando a cabo no está acompañado de un equipo multidiscilpinario de profesionales. No participan expertos de las universidades nacionales ni de fuera del país; no se llevan a cabo estudios especializados fundamentales y se financia con pocos recursos. Asimismo, está enfocado en preguntas de la investigación arqueológica, pero no en la conservación, ni en la puesta en valor; aspectos que también requieren ser estudiados.

El conocimiento que se requiere para un proceso de candidatura necesita un enfoque distinto al de las habituales investigaciones arqueológicas. Las preguntas son distintas en muchos sentidos, y requieren respuestas para resolver los aspectos pertinentes a la gestión integral (investigación, conservación, protección y puesta en valor), no sólo a la temática arqueológica en sí misma.

La investigación en un proceso como éste requiere necesariamente demostrar la integridad y la autenticidad de los recursos arqueológicos que se quieren proponer. Por lo tanto, la investigación no puede ser una amenaza para la conservación (es importante recordar que la excavación arqueológica implica destrucción). En este sentido, es importante valorar si la búsqueda de información para completar el expediente no está siendo una amenaza, ya que a la fecha se excava sin que existan planes de conservación y restauración paralelos al proceso de investigación arqueológica.

La tendencia actual es usar tecnologías modernas, poco invasivas, que permitan conocer lo que hay en el subsuelo con una mínima excavación (escaner láser, resistividad eléctrica, uso de imágenes de satélite, LIDAR, etc.). A la fecha, las investigaciones para sustentar la candidatura no se acompañan con estas herramientas, a pesar de que hay instituciones en el país que poseen parte de estas tecnologías y conocimiento técnico para aplicarlas. Tampoco hay en marcha convenios de cooperación técnica y científica orientadas a subsanar las debilidades que tiene el país en el campo de gestión del patrimonio, especialmente en cuanto a la conservación “in situ” y a la “presentación” pública del patrimonio (musealización, transmisión del conocimiento como herramienta para el desarrollo, por ejemplo).

Costa Rica es un país que no ha modernizado la conservación, la protección y la puesta en valor del patrimonio arqueológico inmueble. La candidatura ha sido la oportunidad para dar un salto cuantitativo y cualitativo, no solo para los sitios con esferas, sino para todo el conjunto del patrimonio cultural. Este salto no se ha dado, ni se perfila que se dará por el enfoque actual. Sin innovación y sin transformación del sistema no parece factible que se alcance un ideal tan alto como la declaratoria.

Si no se cambian los procedimientos, si no se forma un equipo de trabajo profesional, altamente competente e implicado de lleno en el proceso de formulación del expediente, poco se podrá hacer para que prospere.

Por otra parte, un expediente de candidatura requiere la participación del mayor número posible de especialistas. Aunque, la negociación de la declaratoria es un asunto político, el fundamento de la propuesta es eminentemente técnico. El expediente de candidatura necesita de la complicidad y del máximo apoyo del colectivo académico nacional e internacional. No es tarea de un grupo reducido de funcionarios; el liderazgo del proceso quizá, pero la elaboración del expediente y el producto final necesitan ir acompañados de muchas voces expertas para tener la solidez necesaria.

3. La debilidad de la propuesta: Un tercer aspecto que ha afectado al proceso de candidatura es la ambivalencia de la propuesta.

En 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces, algo que resta credibilidad e indica improvisación y falta de criterio. Inicialmente, lo propuesto fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

Como producto de la reunión, los expertos recomendaron toda una serie de acciones importantes relacionadas con el papel de las comunidades locales, el impacto de los proyectos de infraestructura sobre el área a incluir en la declaratoria (PH El Diquís, aeropuerto internacional en Osa, principalmente), la viabilidad económica de la propuesta y la necesidad de llevar a cabo estudios especializados de distinta índole.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas.

Bajo la perspectiva actual, es tarea fundamental identificar con precisión las propiedades donde están ubicados estos sitios, conocer su estado, caracterizarlos en todas sus vertientes (tenencia de la tierra, paisaje, población circundante, entre otras). Es importante destacar que lo que se someterá a la lista de patrimonio mundial es un conjunto de propiedades dispersas en distintos puntos de la región administrativa Brunca. Esto implica toda una serie de problemas y retos de gestión. Igualmente, implica distintas realidades sociales, económicas y políticas, ya que algunas propiedades están en territorios indígenas; otras son propiedades privadas y sólo dos son de titularidad estatal.

A la fecha, en Costa Rica no existe experiencia en la gestión de patrimonio en una escala como ésta. El proceso de candidatura requiere obligatoriamente claridad y en este momento no hay sobre la mesa una propuesta del modelo de gestión de estas propiedades y de sus áreas de amortiguamiento. Como en los casos anteriores, estos aspectos no se pueden improvisar y ni resolver de un día para otro. Es aquí donde se reflejarán las limitaciones del marco legal y donde se harán evidentes las carencias que sufre el país en la gestión integral de su patrimonio arqueológico.

4. Comunidades locales y desarrollo: El gobierno de Costa Rica necesita demostrar en el expediente de candidatura que tiene las condiciones para gestionar de manera integral el patrimonio que propone. Para esto requiere elaborar planes estratégicos de corto, mediano y largo plazo con toda una serie actores sociales implicados y con una clara asignación de recursos económicos que garanticen la sostenibilidad y viabilidad de las acciones. Estos planes no se pueden improvisar; requieren ser negociados, renegociados, necesitan importantes consensos sociales, académicos, económicos, en fin, del conjunto de la sociedad.

A la fecha, este aspecto no está siendo abordado en su conjunto, salvo para Finca 6, donde están buscando elaborar un plan de manejo, pero esto es insuficiente en el marco de la candidatura.

Un análisis de los planes estratégicos del ámbito cantonal y regional del Sur del país indica que los recursos arqueológicos no están incluidos dentro del planeamiento de los gobiernos locales ni dentro de los planes de otras instituciones, que también son actores importantes. Esta es una señal inequívoca de la falta de integración de estos recursos en las estrategias de desarrollo social y económico. En el caso de la región Brunca, la más pobre y con los más bajo índices de desarrollo humano del país, esta situación es paradójica.

Las candidaturas de sitios de patrimonio mundial tienen el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las zonas donde se ubican estos sitios, como uno de sus principales estandartes. Hasta ahora no hay constatación de que la candidatura de sitios con esferas esté siendo integrada en los planes estratégicos que se están implementando en la región Brunca para paliar la pobreza y buscar nuevas alternativas en el desarrollo. Este es otro de los aspectos más críticos en el proceso. De no resolverse, el expediente adolecerá de una de sus partes fundamentales e indudablemente condenará la candidatura.

Hay otros aspectos importantes que requieren ser analizados. Sin embargo esa tarea le corresponde a quienes tienen a su cargo la tarea de llevar adelante el proceso. Personalmente, creo que en 10 años se ha construido poco y que es necesario un replanteamiento total del proceso. Es injusto para el país estar bajo la creencia de que estamos próximos a conseguir un alto reconocimiento mundial para una parte del patrimonio cultural que posee. Ya se consiguió para tres sitios de patrimonio natural y para uno de patrimonio inmaterial. No habría ninguna razón para no conseguirlo para un conjunto de sitios con esferas de piedra. Lo que se necesita es decisión política, recursos económicos y humanos apropiados, buenos criterios y trabajo experto.

Ese fue el texto que escribí. Es probable que hayan aspectos en los que esté equivocada. Ahora es un documento abierto y si lo que he planteado es incorrecto o si comete una injusticia en las apreciaciones, con mucho gusto lo corregiré y asumiré mis errores. Mientras tanto esta es mi opinión.

Supongo que todos los nudos se pueden desatar. No quiero ser prisionera de mis pensamientos ni de mis opiniones. Por eso los comparto.
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Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Escultura en piedra Esferas de piedra precolombinas Trapitos de dominguear

Un prisionero no es para dominguear …

Hoy es domingo, y toca disfrutar y estar relajados. Aunque la violencia física no puede ser objeto para la relajación, hoy quiero compartir las imágenes de una escultura que me conmovió desde que la vi por primera vez en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica.

Escultura de hombre atado de manos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Los datos de registro indican que  fue encontrada en la zona de Ciudad Cortes, en Osa, junto con otro conjunto de piezas requisadas a un comerciante de objetos precolombinos -Gonzalo González- en 1949 por el Resguardo Nacional. Después fueron entregadas al Museo Nacional de Costa Rica

Todo el conjunto es muy interesante y está compuesto por diversos objetos que incluyen esculturas de base de espiga, “hombres-armadillos”, felinos y otras esculturas de bulto. Casi todas pertenecen al período Chiriquí (800 d.C. 1550 d.C.).

Me llama poderosamente al atención la posición de la cabeza de esta escultura. Es uno de los pocos casos donde no está orientada al frente como en la mayoría de los casos, sino levemente levantada, como si estuviera forzada. También son llamativos el corte del cabello, el colgante o marca en el pecho y la boca mostrando los dientes.

Vista dorsal del hombre con sus ataduras. Foto: Diego Matarrita.

Al igual que muchas otras esculturas del Diquís, ésta se rompió en tiempos precolombinos y parece que siguió siendo utilizada.

Esta escultura es una representación muy importante, ya que permite conocer una forma de violencia física muy relacionada con el mundo de los hombres, con la guerra u otras prácticas de violencia y  con las maneras de mostrar a los perdedores. Mientras que en el período anterior -Aguas Buenas- los hombres muestran hachas y cabezas trofeo en sus mano, en el de esta escultura, en el período Chiriquí, casi que desaparece el guerrero triunfador y aparecen unos pocos casos como éste, donde no es la cabeza de un muerto sino el cautivo o el prisionero el que es representado.

Todo esto constituye un cambio en las prácticas rituales, en la valoración del enemigo y en las formas de adquirir prestigio y poder. Como en otros casos, la piedra fue un medio importante para plasmar el mundo simbólico de la gente que vivió en el Sur antes de la Conquista española. Además de las esferas, hubo toda otra serie de representaciones que hacen referencia a distintos aspectos de la sociedad. En este caso, un hombre desnudo y atado, nos acerca al mundo precolombino desde otra perspectiva: la violencia y sus representaciones.

Para conocer más sobre la escultura precolombina hay una entrada anterior: https://dramadelasesferas.wordpress.com/2012/06/15/companeros-de-viaje-de-las-esferas-la-escultura-precolombina-de-la-gran-chiriqui/

También elaboré una presentación en Prezi:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Compañeros de viaje de las esferas: la escultura precolombina de la Gran Chiriquí

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, esta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Me gustaría compartir algunos ejemplos de las otras esculturas que acompañaron a las esferas durante su vida en tiempos precolombinos. Aunque también había otros objetos hechos de barro, de oro, de cobre, de madera, de algodón, etc, lo que me interesa ahora es mostrar  que las esferas formaron parte de un conjunto de objetos escultóricos singulares y propios en esta parte del mundo.

Armadillo tallado en hueso. Colección Museo nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La gente de las esferas no sólo hizo esferas; hizo muchísimas cosas más a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar  un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico o menos público. También se puede ver que había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos y de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región se dio alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente.   Su uso surgió dentro de un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico. El uso de éstos indica nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

He preparado una presentación en PREZI para mostrar mejor el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Es un resumen y hay una serie de aspectos interesantes que no muestro como el el caso de la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas. Tampoco he incluido información sobre el posible uso de pintura en algunos objetos ni las huellas de uso y desgaste que presentan la mayoría de ellas. Ha faltado también hablar sobre las representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros. Falta también información sobre los ornamentos y la indumentaria.

Poco a poco iré tratando estos temas y otros muy interesantes. Como dije al principio, lo importante hoy es entender que las esferas no estuvieron solas, que su fabricación y uso estuvo unido a otros objetos y a una serie de prácticas sociales, económicas, rituales y políticas.Con un click en el siguiente enlace podrá hacer un recorrido por este conjunto. Seguro que después de conocerlo entenderá mucho mejor el fascinante mundo de la piedra esculpida con otras piedras.

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Metate para dominguear

Hoy domingo 10 de junio quiero compartir una experiencia placentera, de esas que da la investigación y el trato con el mundo de los objetos arqueológicos. No trata sobre esferas, pero es parte del mundo de la escultura en piedra precolombina del Sur de Costa Rica de la que las esferas son protagonistas.

En el 2007 tuve la gran suerte de estudiar buena parte del conjunto escultórico en piedra del Diquís que se guarda en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR). El Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del MNCR, el departamento encargado de estos depósitos, estaba estrenando sus nuevas instalaciones en la sede de Pavas. Por primera vez después de décadas de condiciones poco adecuadas, se podía apreciar en su real dimensión el vastísimo patrimonio arqueológico en forma de objetos que se venían guardando desde finales del siglo XIX.

Como mi tesis de doctorado está enfocada a todo el conjunto escultórico del Sur de Costa Rica, esferas incluidas, me di a la tarea de localizar en los depósitos del Museo todo lo que tuviera el “estilo” de la escultura del Sur. Caminando y rebuscando me encontré con un objeto que me llamó la atención. Era un metate o piedra de moler que tenía su parte “activa”, es decir la parte usada para la molienda, muy gastada, tan gastada que se había agrietado por la delgadez que había alcanzado ante tanto uso.

Metate con cuatro soportes procedente del Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Me gustan los objetos que muestran con claridad el contacto humano, su relación con la vida cotidiana. A pesar de que buscaba las esculturas me acerqué al metate gastado y toqué su superficie pulida en unas partes, más rugosa en otras. Como me llamó la atención lo gastados que estaban sus soportes le di la vuelta para verlos con más detalle. Puesto “patas arriba” me pareció que había un relieve más alto en algunas partes. Toqué la superficie, moví el metate buscando mejor luz y … gran sorpresa, me encontré con una serie de serpientes talladas en alto relieve situadas entre los soportes y la parte central del metate.

Vista del metate “patas arriba” con sus soportes gastados y sus serpientes talladas en alto relieve. Foto: Diego Matarrita

Por suerte para mí, el número de catálogo del metate indicaba que su procedencia era el Pacífico Sur de Costa Rica, así que pude incluirlo en mi estudio. Aunque no fue excavado por científicos ni tiene datos concretos de procedencia, este metate ilustra la combinación de dos mundos: el mundo simbólico y el mundo doméstico. Serpientes escondidas bajos los soportes de un instrumento de molienda usado hasta agotarlo. Ya tenía una buena documentación de metates-efigie con los felinos como motivo, sin embargo este pequeño y sencillo metate me estaba mostrando otra faceta de la cultura material del Diquís.

Me alegro de haberme agachado y de haberle dado vuelta a este metate. A veces, las formas sencillas esconden sorpresas. Quizá mi estudio sobre la escultura en piedra del Sur no cambie significativamente por este objeto, sin embargo revivirlo al estudiarlo trae a la luz    una pequeña parte de la vida de la gente del tiempo de las esferas. No sabremos nunca si la comida preparada con este metate alimentó a los escultores que tallaron a las esferas o si se usó en las celebraciones que implicaba una nueva esfera o una nueva escultura. Sea como sea, la piedra nos sigue dando pedacitos de luz de la gente que ya no está y  que no nos puede contar su historia.

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Magia, pseudo-ciencia, esferas de piedra y patrimonio: mundos incompatibles

En distintas conferencias que he dado a lo largo de casi 20 años he recibido muy buenos y algunos malos comentarios por el enfoque de mis estudios sobre las esferas de piedra precolombinas y los sitios arqueológicos a los que están asociadas.

Uno que siempre recuerdo me señaló que le estaba quitando la magia a las esferas. Que mi enfoque sobre la “materialidad” de las mismas, que la búsqueda de respuestas a través de lo que podía inferir a través de ellas, de sus huellas de fabricación, de sus huellas de uso, de sus alteraciones, de los procesos de trabajo que manifiestan, de la búsqueda de información social, económica y política a través de ellas y de otros objetos asociados, les quitaba todo el sentido místico, les restaba misterio y las situaba en el mundo de los objetos ordinarios.

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita
Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Lejos de ofenderme, ese comentario me alegró y me reafirmó en la tarea que me corresponde como investigadora. Por eso en este blog no hay magia. Porque no hago tratos con magos, adivinos, ni especuladores de la ciencia: su mundo es otro; el mío quizá suene árido y carente de emoción para los que buscan “el descubrimiento” y la develación de los secretos ocultos.

Ese no es mi mundo, y no me interesa estar en él. No es soberbia. Es situar cada cosa en el lugar que le corresponde. Y bajo ninguna circunstancia, salvo que sea para clamar por la protección y el cuido apropiado de eso que hoy definimos como patrimonio arqueológico, se podrán juntar ambos mundos.

Lo que pasa es que a mayor protección y cuido, menos magia. A más sentido de patrimonio, menos magia. Porque eso que llamamos patrimonio se construye en gran medida por el conocimiento, y especialmente por el reconocimiento social de lo que eso representa.

Esfera
Se puede especular sobre las esferas precolombinas y lo sugerente de su forma. Sin embargo, sólo a través del trabajo científico, especializado e interdisciplinario se podrá llegar a encontrar las respuestas que genera estos objetos hechos or manos indígenas. Foto: Diego Matarrita.

Y ese conocimiento no se genera por arte de magia, ni por la especulación; se construye día a día, con esfuerzo, dedicación y trabajo colectivo. El reconocimiento del patrimonio tampoco se da por arte de magia, ni siquiera por una imposición legal.

Es un proceso de toma de conciencia que se construye en la medida en que se constituye en un valor colectivo. Y ahí los relatos de ficción, la pseudo-ciencia y la magia tampoco construyen nada. Al contrario, son una amenaza,  ya que la cizaña de la duda sobre el origen de ese patrimonio es la carne que los alimenta.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla
Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

En el caso de las esferas de piedra los pseudo-científicos y especuladores de la ciencia siembran la duda permanente sobre la capacidad de las antiguas poblaciones indígenas para fabricar las esferas, o insisten en tener una mente abierta que permita “otras interpretaciones” más allá de las interpretaciones que permiten los datos arqueológicos. Esto constituye una amenaza velada sobre el valor patrimonial de estos objetos, y sobre todo lo que está asociado a ellas.

Pini limpiando copia

Así que siguiré en el camino descarnado de algo parecido a la ciencia. Buscando ir más allá de unas formas esféricas casi perfectas porque detrás de ellas hubo gente, y a esa es a la que busco.

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Esferas para dominguear

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Hoy es domingo, día de reposo y descanso. Dos fotos para disfrutar del sentido estético de las esferas. El fotógrafo Diego Matarrita, amigo querido y gran profesional, me complació cuando le pedí fotos de esferas que no fueran discos planos sino esferas con textura, color y profundidad. Estas son parte de las fotos que tomó para mi libro “Esferas precolombinas de Costa Rica”. Son imágenes que  muestran una faceta poco vista: las esferas de noche, iluminadas para resaltar la esfericidad y todos sus detalles de superficie.

Sería muy bonito, y daría gran placer a la vista, que las esferas situadas en espacios públicos actualmente sean aprovechadas también en la noche, y que no desaparezcan de la vista por la falta de iluminación. La luz les aporta un nuevo sentido y una experiencia sensorial diferente. Si ya fueron removidas de sus lugares originales, por qué no darles un nuevo sentido social y colectivo.

Como objetos con nueva vida social, las esferas ayudan a construir una nueva percepción de los espacios públicos, especialmente en el Sur. Valdría la pena invertir en algunas de ellas para potenciar su fuerza comunicativa como objeto escultórico. La noche y la luz ofrecen una gran oportunidad para esto. Aquí dos ejemplos.

Esferas de Hacienda Victoria en la tarde noche de palmar Sur. Foto de Diego Matarrita.
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Mirando las esferas más allá de Osa: algunos datos sobre los sitios con esferas precolombinas

A veces, de tanto mirar las esferas y de enfocar la atención en Osa, se pierde la perspectiva de qué fue lo que representó este fenómeno en tiempos precolombinos y su relación con otros elementos culturales. Por esto es importante tener en mente que las esferas estuvieron insertadas en un mundo mayor y complejo, donde había otros objetos, muchas personas, y donde se dieron distintas dinámicas sociales, económicas, políticas e ideológicas como en cualquier sociedad o grupo humano.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. Foto: I. Quintanilla, 2008
Las esferas de piedra se encuentran en distintos lugares del Pacífico Sur. Buenos Aires es uno de esos lugares y el sitio Bolas uno de los más importantes sitios con esferas y otros elementos precolombinos. Esfera precolombina del sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla, 2008

Por otra parte, hay que mirar más allá de Osa, más allá de Finca 6 y de otros sitios cercanos, y enfocar las esferas y los sitios arqueológicos a los que están relacionadas desde una perspectiva más amplia, integral y regional.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el  mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era compartido. Esto indica que había diversidad cultural, al igual que la hay hoy día en la región.

Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Colección museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.
Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Es un tipo de objeto compartido en todo el Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas fueron un objeto más dentro de la variedad de producciones precolombinas del Pacífico Sur; no lo abarcan todo; no explican el todo sino una parte; tampoco determinan el conjunto. Independientemente de su singularidad, y en algunos casos monumentalidad, las esferas deben ser colocadas en el lugar que les corresponde dentro de la arqueología a partir de la investigación, y no por la subjetividad de las emociones que nos generan.

Fue en la sub-región Diquís de la región cultural Gran Chiriquí donde el fenómeno cultural de la producción y uso de objetos de forma esférica alcanzó unas dimensiones únicas y singulares en el mundo.

A la fecha existen registros de casi 1000 sitios arqueológicos en el Pacífico Sur. Lo registrado a la fecha comprende sitios habitacionales, funerarios, abrigos rocosos, petroglifos aislados o en conjunto y talleres, principalmente. La mayoría son ocupaciones que corresponden a los tres últimos milenos. En su mayor parte son poblados de grupos sedentarios, agrícolas, con alfarería, con la tecnología de la piedra picada y pulida, y en los períodos más recientes (después de 800 d.C. aproximadamente), con metalurgia basada en el oro y el cobre.

Cada punto indica un sitio arqueológico. Es importante destacar la concentración que hay en la cuenca del río Térraba. Otros lugares están sub-representados porque han sido poco estudiados, no por que no hayan sido ocupados en tiempos precolombinos .

De estos casi 1000 sitios arqueológicos hay información sobre esferas en 56 de ellos. Esto representa un porcentaje muy bajo, pero es importante recordar que los casi 1000 sitios constituyen el conjunto de lo conocido para más de 10 000 años de ocupación precolombina de esta parte del continente americano.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. Es decir que se usaron a lo largo de un milenio, en la parte más reciente de las ocupaciones precolombinas. Además de los 56 sitios con esferas, en ese mismo período hubo muchos más lugares con ocupación humana en la región.

cuadro cronosocial diquis

El número de sitios con esferas es relativamente bajo, mientras que el número de esferas es muy superior, con un número confirmado de 300 ejemplares. Esto quiere decir que se extrajeron esferas de sitios que no fueron documentados, o bien que había sitios donde se concentró una cantidad significativa de esferas. Lo más probable que las dos cosas hayan ocurrido.

Mapa del Pacífico Sur con la ubicación de los sitios arqueológicos con registros de esferas. Elaborado por Felipe Sol con información proporcionada por I. Quintanilla.

Un aspecto muy importante para dejar de mirar solo a Osa y al delta del Diquís, y para empezar a propiciar una imagen más amplia y acorde con lo que ofrecen los datos arqueológicos, es que los sitios con esferas que se conocen están vinculados principalmente al río Grande de Térraba y a la Cordillera Costeña, independientemente de si son más antiguos o más recientes. El Delta del Diquís fue un lugar  de gran importancia para las poblaciones con esferas, pero no fue el único ni parece haber sido el primero.

La cuenca del río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña son los dos ejes alrededor de los cuales se situán la mayor parte de sitio con esferas de piedra.

Dentro la cuenca del Grande de Térraba, las tierras cercanas a sus dos afluentes principales -los ríos General y Coto Brus- en la Cordillera Costeña formaron parte del territorio de la gente con esferas. La excepción parece haber sido la parte alta de la cuenca del General (río Chirripó Pacífico) donde los registros son inexistentes. Esto no se debe a la falta de estudios. Al contrario; se han hecho investigaciones intensivas en algunos sitios de gran importancia, como por ejemplo Rivas, donde además abundan las rocas de grandes dimensiones, y no se han registrado esculturas esféricas y casi que de ningún otro tipo.

Hay varios sitios arqueológicos con esferas ubicados fuera de la cuenca del río Térraba. Por ejemplo en Golfito y alrededores hay sitios registrados; en la isla del Caño también se han documentado, así como en Drake, en Uvita y otros puntos.

Fragmento de esfera precolombina del sitio arqueológico La Reina en Pérez Zeledón. Hay sitios poco conocidos y poco estudiados como éste. Todavía falta mucho por estudiar y proteger. Foto: I. Quintanilla.

Es curioso también el escaso número de sitios con esferas (dos nada más) registrados en el lado panameño. Es como si las esferas no hubieran cruzado la actual frontera política entre Costa Rica y Panamá, a pesar de que en tiempos precolombinos formaban parte de una misma región cultural (la Gran Chiriquí).

Esferas sitio Barriles 2
Esferas halladas en las cercanías del sitio barriles en Panamá. A pesar de los cercanos vínculos culturales, del lado panameño de la Gran Chiriquí no se han encontrado esferas de tamaño monumental como en el Diquís.

La parte baja de la cuenca del río Térraba -el delta del Diquís- es donde se ha registrado el mayor número de esferas. Sólo en el sector de Palmar Sur-Sierpe hay más de 120 documentadas. En este mismo lugar se han llevado a cabo excavaciones que han mostrado la complejidad arquitectónica de los lugares donde había esferas, como es el caso de Finca 4 y Finca 6 (excavaciones llevadas a cabo por el Museo Nacional de Costa Rica).

Esferas fabricadas en gabro y caliza procedentes de Finca 4. Todavía se conservan en los alrededores del sitio. De 30 esferas conocidas, sólo quedan unas pocas cerca del lugar y una o dos en su lugar original.

Con respecto a la diferencia entre número de sitios registrados y cantidad de esferas conocidas es destacable que al sumar los registros de esferas hay lugares como Finca 4 , en Palmar Sur-Sierpe donde se han extraído cerca de 30. También destaca Bolas con unas 20.  Desgraciadamente, en ambos lugares apenas quedan unas pocas esferas en su lugar original; en la gran mayoría no queda ninguna, salvo el caso excepcional y único de Finca 6, con su conjunto de esferas.

Uno de los aspectos más interesantes que genera pensar en las esferas y sus contextos arqueológicos es por qué en unos lugares las usaron y en otros no. No hablamos de lugares lejanos, sino de lugares vecinos, separados a veces por un río o unas montañas. ¿Qué hizo que unos dedicaran grandes esfuerzos, mucha energía y recursos para fabricar, trasladar y emplazar grandes esculturas esféricas y otros no?

Un gran número de esferas de piedra destacan por su monumentalidad, su forma casi perfecta y el acabado fino de sus superficies. Este es un exquisito ejemplo: 195 cm de diámetro, simetría esférica casi perfecta y unas 10 toneladas de peso. No fue tarea fácil crear estas esculturas. Foto: Diego Matarrita.

Además, surgen otras preguntas: ¿Cómo se generó tal diversidad cultural en un territorio relativamente pequeño como el Pacífico Sur? ¿Qué fue lo que hizo que un tipo singular de objeto se mantuviera en uso durante casi mil años, mientras otros objetos cambiaron o desaparecieron? ¿Qué pasó en el delta del Diquís donde se dedicaron a fabricar esferas y muchos otros objetos de piedra y metal? ¿A cuenta de qué tanto trabajo en objetos no básicos para la vida cotidiana? ¿Por qué en Rivas y zonas cercanas no incorporaron las esferas si eran contemporáneas a la metalurgia que sí fabricaron y usaron con gran profusión?

Hay muchas preguntas y poco misterio. Es en el ámbito del conocimiento donde las esferas requieren ser situadas para poder revalorizarlas, entenderlas y apreciarlas, y más que todo para que ayuden a entender a las sociedades que las produjeron y usaron y a las vecinas que no lo hicieron.

Por ahora hay un dato claro: las esferas de piedra no son un patrimonio exclusivo del Cantón de Osa. Ahí se concentra la mayoría, pero otros lugares como Golfito y Bolas tienen esferas de mayor antigüedad. Entender este pequeño detalle es algo importante. Y lo es porque el cuido, la investigación, la protección y la puesta en valor debe ir mas allá de Osa y de unos pocos sitios arqueológicos situados en este cantón.