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Iluminando la mirada de las esferas de piedra precolombinas

Hace diez años estaba preparando el libro sobre las esferas de piedra precolombinas. En ese tiempo no sabía casi nada de fotografía y pensaba que las fotos ilustraban lo que se decía en un texto.

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Portada del libro “Esferas precolombinas de Costa Rica” publicado en el 2007 por la Fundación de los Museos del Banco Central de Costa Rica gracias al aporte de la empresa Holcim.

No pensaba que la fotografía podía decir algo en sí misma. Mi pensamiento era muy arqueológico y estaba atado a las imágenes de informe de trabajo o de artículo científico; ilustrativa y apegada al contenido escrito.

El libro que estaba preparando permitía poner fotos a color, grandes y libres. Sin embargo, no tenía imágenes potentes para colocar en toda una página o a doble página. Las que tenía eran diapositivas tomadas por mi misma o pedidas en préstamo al Museo Nacional de Costa Rica y a otras instituciones. Eran imágenes de documentación arqueológica, muchas veces tomadas en circunstancias difíciles y con poca destreza técnica

Había contratado a un fotógrafo, sin embargo por falta de experiencia, tiempo y medios el resultado fue muy limitado. En el momento del diseño del libro se necesitaba ilustrar las esferas y lo que tenía eran fotos de esferas planas, sin textura ni volumen. En un arrebato decidí buscar a alguien que me hiciera unas nuevas fotos y lo que me pagaron por hacer el libro lo gasté en el fotógrafo que me recomendaron.

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Esfera del colegio Técnico Profesional de Osa en Palmar Norte. Así lucía en el 2007. Foto: Diego Matarrita.

Debo decir que nunca me arrepentiré de esa decisión porque eso significó no solamente tener fotos hermosas y expresivas, sino que mi mirada cambió y creo que la de otras personas también.

Conocí a Diego Matarrita que se dedicaba a la fotografía comercial y a algunos proyectos de investigación personales. Nos reunimos, hablamos, y a los dos días íbamos rumbo a Osa llenos de equipo de fotografía y acompañados de un asistente, algo que me sorprendió porque en mi ignorancia me parecía innecesario.

Yo le pedí a Diego que las esferas mostraran texturas, color y el entorno. Decidimos hacer fotos de noche e iluminarlas. Supongo que para los conocedores eso es elemental; sin embargo desde nuestra arqueología esto no era habitual, salvo para los montajes de las exposiciones internacionales de piezas extraordinarias.

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Esfera en el jardín de Hacienda Victoria, osa. Foto: Diego Matarrita.

En tres días hicimos un trabajo enorme, a pesar de la lluvia y de la complicada logística que implica trabajar en el campo. Los resultados fueron hermosos y el libro de las esferas pudo tener varias fotos primorosamente hechas

Curiosamente, dos las imágenes causaron el disgusto inicial de una de las personas involucradas en el proyecto de edición del libro.

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Perfil de la esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Esa persona manifestó que esas fotos eran poco científicas. Que llevaban a otras interpretaciones de las esferas y que esa no era la intención del libro. Eran fotos que insinuaban cosas pseudo-científicas que le podían dar alas a los especuladores de las esferas. A mi me sorprendió esa reacción y me enojó, debo decirlo.

Ahora lo veo en perspectiva y entiendo que estábamos entrando a otro lenguaje, a otra manera de comunicar y eso no era habitual. Al final siempre pusimos las fotos en el libro y fueron muy apreciadas. El diseñador las usó en la portada y contraportada y su diseño fue todo un éxito.

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Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hoy he tenido ganas de escribir esto porque he estado pensando en las miradas que tenemos sobre las cosas y cómo las construimos. También, he estado pensando en cómo otras miradas nos limitan y nos impiden conocer otras facetas de las cosas. Igualmente, he pensado en todo lo que nos enriquecen otras miradas y cómo descubrimos otros sentidos en las cosas desde otro crisol.

Ver las esferas de noche e iluminadas nos mostró otra faceta de ellas. Nos permitió imaginarlas desde otras miradas. Quizá eso no sea arqueología, y la verdad es que tampoco es tan importante si no lo es. A fin de cuentas alguna libertad podemos darnos de vez en cuando. Es que si no todo se vuelve muy aburrido.

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Don Rodolfo Rojas y los hombres que cargan a otros en hombros

José Luis Amador ha anunciado la re-edición del libro “Así era Curré: Una visión de la comunidad indígena de Curré de principios del Siglo XX hasta la década de los años 50″. El autor es don Rodolfo Rojas, quien ha vivido en Curré desde siempre.

Rey Curré, Curré o Yimba Cájc está ubicado en la provincia de Puntarenas, en la Zona Sur de Costa Rica. Constituye un lugar especial en la arqueología por su larga historia de ocupación humana, ya que a lo largo de unos 3.500 años ha habido gente indígena viviendo en esa ancha terraza aluvial formada por el río Grande de Térraba.

Hace unos años me encontré a don Rodolfo en una parada de bus en Buenos Aires- de Puntarenas, no de Argentina- y me enseñó el libro. Lo llevaba en una bolsita de plástico muy bien cuidado y como yo no lo tenía le dije que se lo compraba. Aceptó vendérmelo y en una rápida transacción me lo dio y apenas pude pagarle una parte porque mi bus iba saliendo a toda prisa.

Ya sentada en el bus lo abrí y lo leí de un tirón. Disfruté, aprendí y, principalmente, aprecié el esfuerzo de don Rodolfo por transmitir lo que sabía sobre su historia y la de su pueblo.

Hoy he recordado algo que él escribió y que me gustaría compartir por dos razones: la primera es que hace referencia a una práctica que fue común en sociedades en las que el dinero no era la forma de pago, ni el elemento determinante en las relaciones sociales porque no existía. La segunda es porque hay unas esculturas en piedra antiguas que de alguna manera rememoran lo que él cuenta.

Transcribo el capítulo del libro de don Rodolfo que trata sobre  “las juntas” y dice lo siguiente:

“Es muy común la realización de juntas o peonadas. Esto consistía en que, si a un vecino le era posible ofrecer alimentación a cincuenta o sesenta peones, invitaba esa cantidad de personas para un sábado, a trabajar en la preparación de un terreno para sembrar. Ese día los peones gozaban de desayuno, almuerzo, y cena, además de la chicha y baile durante la noche. A esto se le llamaba “juntas”.

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Gran parte de la historia de la humanidad se caracteriza por el trabajo conjunto. Las juntas, “mano-vuelta” y otras formas de trabajo colaborativo como la “jala de piedra” de Talamanca son prácticas ancestrales vitales  para los pueblos indígenas. Foto: Ricado Araya.

“Tanto en las juntas como en las peonadas, que eran de menos cantidad de peones, era muy divertido, pues en el trabajo todos salomaban a tono, decían versos, trabajaban compitiendo en grupos, a ver cual salía antes al fin del corte. Durante el trabajo las “agüeras” deberían andar detrás, o mas bien, delante de los trabajadores, para ofrecerles chicha, así como el almuerzo. En horas de la tarde, cuando el patrón daba hora de salida, todos en forma unida, regresaban a casa del patrón o dueño de la actividad y del trabajo. A unos 200 metros antes de llegar a la casa o lugar de la fiesta, se buscaba un participante que soportara el peso del patrón para llevarlo en hombros hasta su casa. Este hombre con su semejante a cuestas, era rodeado por los participantes, los que a un tono salomaban a mas no dar, acompañados del acordeón. Al entrar al solar de la casa, el patrón era recibido por mujeres que le hacían entrega de banderines, un muñeco de masa llamado almojabano y bienmesabe (masa dulce con leche). Este hombre con su patrón al hombro, tenía que bailar al compás del acordeón un punto y una cumbia que eran las músicas más comunes para los nativos. El patrón y sus participantes bailaban, antes de que se diera por concluida la llegada, posteriormente procedían a la comida, luego se iban para su casa para prepararse para el baile, en el que bailarían hasta altas horas de la madrugada.”

Es interesante esto que relata don Rodolfo sobre el patrón en hombros de uno de los peones. Cuando leí su texto me acordé de unas esculturas muy singulares de la misma región histórica de la que forma parte Curré y el pueblo bruncaj. Son las esculturas de Barriles, un importante sitio arqueológico ubicado en el lado panameño, cerca de la frontera con Costa Rica.

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Estatua del sitio Barriles, Panamá. Foto: Tomás Mendizabal.

Estas esculturas fueron encontradas a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Eran varias, unas dobles -de hombre sentado sobre otro- o individuales, y todas ellas estaban rotas, casi que mutiladas- cuando las encontraron.

Son representaciones de personas de tamaño natural. Las estatuas dobles muestran una clara jerarquía y relación de poder: el que está arriba lleva sombrero cónico, colgantes y, en algunos casos una cabeza trofeo en una mano y un hacha en la otra. Por estar tan arriba estos hombres tienen la mirada dirigida hacia abajo. En el caso del que lo sostiene no tiene ninguno de estos elementos; mas bien sus manos están ocupadas en sostener las piernas del que se posa sobre él.

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Escultura del sitio Barriles con hombre sentado sobre otros. El de arriba lleva una cabeza trofeo y un hacha en sus manos.

Estas esculturas fueron hechas hace unos 1.500 años, casi al mismo tiempo que las primeras esferas de piedra. Este tipo de representación no permeó en la región; mas bien fueron de distribución muy restringida, e irónicamente fueron rotas y enterradas y no se reprodujeron tiempo después.

Como vivo mezclando ideas, recordé una escultura reciente mientras escribía este texto. Se llama Piggyback Justitia y es una obra del danés  Jens Galschiøt.

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Es el mismo concepto aunque con otro sentido. Pasado y presente siempre se unen de alguna manera. Nadie diría que la estatuaria Barriles y el relato de don Rodolfo tienen algo que ver con este danés de extraño nombre. Pero sí: la desigualdad, el poder, el uno sobre otro. Esa injusticia en lo que se convirtió una forma inicial de trabajo colaborativo. Esa injusticia basada en la violencia que ha sido legitimada a través de la historia como si fuera natural.

A veces hay que romper las estatuas; quitarse de encima a quien se cree con derecho de sentarse sobre los hombros de otros. En Barriles lo hicieron, probablemente. De esa historia hay que aprender.

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Por si le interesa saber algo mas sobre el sitio Barriles y sus singulares esculturas en piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2012/08/10/un-metate-excepcional-del-sitio-barriles-o-cuando-la-escultura-en-piedra-no-tiene-limites/

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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Objetos olvidados, objetos para revivir mirándolos de nuevo

Estudiar colecciones arqueológicas es una tarea satisfactoria. Depara sorpresas, permite reconstruir historias y posibilita darle nueva vida a los objetos. Esto es especialmente gratificante con los que no fueron excavados científicamente y que se conservan en los museos.

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Vasija trípode del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

En sus inicios, la arqueología de Costa Rica, como la de la mayoría de países, estuvo fuertemente marcada por el objeto en si mismo. El coleccionismo marcó una época donde se recolectaban objetos, principalmente los que estaban completos, los más bellos o raros. No interesaba cómo estaban, que otros objetos lo acompañaban. No se tomaban fotos, ni se dibujaba ni se anotaba nada. Salvo pocas excepciones, casi no quedó información sobre miles de piezas arqueológicas hoy guardadas como parte del patrimonio nacional.

Miles de objetos se acumularon desde finales del siglo XIX hasta finales de la década de los setenta del siglo XX. Esto fue antes de que se profesionalizara la arqueología y se comprendiera la necesidad de desarrollar excavaciones científicas y estudios mas allá de la pieza y de sus atributos formales o estilísticos.

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Vasija del tipo armadillo o galleta. Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Con la arqueología profesional y el espíritu cientificista, los objetos sin contexto recolectados sin ningún control quedaron rezagados y fuera del ámbito académico. Fueron los historiadores de arte precolombino quienes mantuvieron interés en ellos. En la arqueología fueron desdeñados como fuente de información científica, salvo en los casos de tipologías, especialmente cerámicas, donde servían para ejemplificar los “tipos” creados desde los sistemas clasificatorios.

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Vasija policromada del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La mayoría de los objetos guardados en los depósitos de los museos son verdaderos desconocidos. Salvo algunas piezas singulares o significativas que son exhibidas, hay cientos de ellos condenados a una vida de invisibilidad por no ser considerados “obras de arte” en el sentido estético, o por que les falta un pedazo, o porque hay muchos como ellos y ellos no son los “mejores exponentes”.

Curiosamente, muchos estudiantes de arqueología casi nunca tocan un objeto arqueológico completo; solo fragmentos. Igual le pasa a muchos ya graduados. Sin embargo, los museos tienen sus depósitos llenos de objetos que claman por ser estudiados.

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Metate efigie de felino del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A pesar de las limitaciones de información, siempre hay preguntas; siempre se les puede interrogar para que informen algo sobre su historia y lo que fueron. Los objetos sin contexto si se integran a los que sí lo tienen recuperan gran parte de su valor informativo. ¿Por qué no hacerlo?

Sale caro mantener grandes depósitos con objetos que nadie estudia. Los depósitos no son solo almacenes para el futuro; bodegas donde se resguarda el patrimonio del país. Son un activo para el conocimiento. Hay que estudiar y dar a conocer lo que se guarda ahí. Hay que demostrar que vale la pena cuidarlos y la mejor manera es estudiándolos, mostrándolos en sus diferentes facetas informativas, haciendo accesible la información sobre ellos.

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Armadillo. Detalle de vasija el Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Es bueno excavar. Y es maravilloso analizar lo encontrado en las excavaciones. Sin embargo, vale la pena mirar lo que ya se ha recuperado. Hay tanto, pero tanto por estudiar, y hay tanta gente esperando saber sobre eso que se guarda. Nadie va a ser menos arqueóloga ni arqueólogo por estudiar viejas colecciones. Al contrario: el reto está en extraer algo de ellas, ponerlas en valor; hacer que hablen.

Mañana iré a los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica. Y estoy feliz de poder hacerlo. Feliz de poder abrir cajas, de buscar respuestas, de tocar piedra. Con la certeza de que vale la pena hacerlo. Con la responsabilidad de cerrar capítulos abiertos. Con la suerte de ser una arqueóloga que todavía tiene mucho por hacer.

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Esferas de piedra precolombinas

Costa Purruja: una esfera y dos barriles de piedra entre restos de pescados y moluscos

El 23 de junio se cumplió un año de la declaratoria de cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra como Patrimonio de la Humanidad. Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio son estos cuatro sitios. Todos ellos están ubicados en el Cantón de Osa, en la llanura aluvial y el piedemonde del Delta del Diquís.

Estos sitios fueron escogidos por ser representativos, de una u otra manera, de los otros 52 en los que también se han encontrado esferas y otros materiales de origen precolombino. Sin embargo, hay otros elementos importantes dentro del fenómeno de la arqueología de las esferas y los sitios a los que están asociadas que no se representan en los cuatro sitios de Osa.

En la actualidad, la trascendencia de la declaratoria de los sitios declarados patrimonio mundial opaca al resto de los que tienen esferas, y ni que decir de los que no las tienen. Es por esto, y principalmente porque es necesario entender el fenómeno de las esferas en un contexto amplio, que he decidido dedicar mis próximos textos a los sitios con esferas que no son Patrimonio Mundial.

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Cada punto rojo representa un sitio arqueológico con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Quiero empezar con un lugar poco conocido pero muy importante: Costa Purruja.  Y ¿por qué empezar con Costa Purruja? Pues por varias razones:

Primero que todo, este es un sitio que estudió el Dr. John Hoopes junto con sus estudiantes de la Universidad de Kansas en 1991. Desde entonces no ha sido estudiado ni protegido. Salvo alguna visita de inspección, hasta la fecha Costa Purruja no ha sido objeto de interés científico. Tampoco cuenta con ninguna medida de protección ni de gestión patrimonial.

Costa Purruja está fuera de Osa. Está en Golfito, en la parte alta de una isla unida a tierra firme por humedales. No es un sitio de llanura; está ubicado  en un fragmento de tierra elevado y de topografía quebrada. En la parte superior más plana se encuentra el yacimiento a 100 msnm. El acceso al área arqueológica implica un ascenso muy duro. ¿Por qué se fueron a vivir ahí y no en tierras llanas y de mas fácil acceso? Esto es parte de lo interesante de este sitio.

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Esfera partida y barriles de piedra del sitio Costa Purruja en Golfito. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

En Costa Purruja se encontró una esfera con un diámetro de 84 centímetros, un tamaño cercano al promedio de todas las que se conocen (±90 cm). Fue fabricada en roca de tipo gabroide, como  la mayoría de la región y su peso se calcula en uno 600 kilos aproximadamente.

La esfera de Costa Purruja está partida debido a una fractura que se generó por un defecto de la roca. En la parte interna de la superficie fracturada se observó una concavidad producida por abrasión. Esto indica que la esfera se partió en tiempos precolombinos, y a pesar de estar fracturada se siguió usando, pero ya no como esfera.

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Muestras cerámicas recuperdadas en el sitio Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Un segundo aspecto importante de Costa Purruja es su ubicación cronológica,  Los estudios de la cerámica encontrada en el lugar y las fechas de carbono 14 indican que fue ocupado en lo que se conoce como período Aguas Buenas, específicamente en la parte tardía del mismo (400 al 800 después de Cristo). Esto quiere decir que es de los lugares con esferas mas antiguos, al igual que Bolas, en el vecino cantón de Buenos Aires.

Sabemos que los sitios con esferas del sur de Costa Rica están asociados con dos períodos culturales: Aguas Buenas y Chiriquí. La mayoría de sitios conocidos tienen materiales cerámicos y otros elementos característicos del período Chiriquí (800d.C. 1550 d.C.).

Costa Purruja, al igual que el sitio Bolas, es muy significativo porque es anterior al período Chiriquí. Esto implica que las esferas en sus orígenes no estaban circunscritas solo a lo que hoy llamamos cantón de Osa y el delta del Diquís, sino a un territorio más amplio del Pacífico Sur del país.

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Detalle de las excavaciones de 1991 en el basurero de Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Un aspecto muy importante,  quizá fundamental, de Costa Purruja es que es un sitio de vivienda. Puede que en el lugar se hayan realizado actividades rituales o ceremoniales -eso no lo sabemos por la falta de estudios-, pero sea lo que sea, ahí vivió gente que desarrolló su vida cotidiana en la misma área donde estaba la esfera.

Cerca de un montículo artificial que ha sido poco estudiado, se encontró un enorme basurero con miles de restos de pescados, moluscos y otros restos de comida.

La gente que estaba viviendo en Costa Purruja comió grandes cantidades de especies marinas y costeras. Los restos de comida los arrojaron en la ladera de la montaña y ahí se acumularon varios metros cúbicos de fragmentos de huesos, conchas, semillas, carbón, utensilios de piedra y cerámica rotos.

Costa Purruja también es importante porque tiene barriles de piedra. Y ¿qué tienen de importante los barriles? Al igual que las esferas, los barriles son característicos y únicos de la región arqueológica Gran Chiriquí. Hace muchos años los barriles se relacionaban principalmente con el lado panameño de esta región. El famoso sitio Barriles, cerca de Volcán Barú en Panamá, se llama así por estos objetos.

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Barriles del Sur de Costa Rica de la Colección del Museo del Jade del Instituto Nacional de Seguros de Costa Rica. Procedencia exacta desconocida. Foto: I. Quintanilla.

Funcionalmente, el nombre que se les dio a estas esculturas no tiene ningún relación con contenedores, ya que no son huecos. Básicamente consisten en rocas graníticas o andesitas talladas en forma de cilindros. Algunos son de tipo columnar y otros son más redondeados en la parte central. Tienen una altura que oscila entre los 50 y los 70 cm de alto y los 40 de diámetro. Por los escasos ejemplares hallados – alrededor de 30- se pueden considerar como objetos raros dentro de la arqueología del continente americano.

En los extremos planos y en el resto del cuerpo tienen grabados en alto y bajo relieve. Los diseños consisten tanto en motivos abstractos como figurativos. Muchas veces estos diseños están muy desgastados y casi borrados. Hasta ahora no se conoce el uso que se les daba.

En Costa Purruja se encontraron dos barriles en superficie y muy cerca de la esfera fragmentada. Este hallazgo es muy significativo porque ha ayudado a clarificar el origen común de estas dos formas escultóricas -esferas y cilindros- en la Gran Chiriquí. Curiosamente, los barriles fueron fabricados y usados durante la parte tardía del período Aguas Buenas y en unos pocos lugares. De manera contrastante, las esferas siguieron siendo fabricadas durante unos 800 años más, y su uso, en lugar de disminuir, aumentó.

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Detalle de uno de los barriles de Costa Purruja. Foto: I. Quintanilla.

Con los estudios en Costa Purruja se amplió el conocimiento de la extensión geográfica de sitios con esferas, barriles y el uso de recursos marinos y costeros. Además, permitió conocer nuevos contextos para el uso de las esferas. Por otra parte, el hallazgo de esferas y barriles de piedra planteó interrogantes sobre la procedencia de la materia prima usada para fabricarlos. Aunado a esto, surgió la duda sobre la existencia de lugares de extracción de piedra ubicados fuera de la Cordillera Costeña.

Costa Purruja ha quedado en el olvido como tantos otros, a pesar de su esfera, sus barriles, su montículo, su gran basurero y muchas otras cosas más que no conocemos. Esto no debería ser así.

Uno de los grandes retos de la declaratoria de los sitios cacicales con esferas de piedra como patrimonio mundial es entender y proteger los otros sitios que forman parte de este fenómeno social. Es necesario -y obligatorio hasta cierto punto- ir más allá de los cuatro sitios declarados.

Costa Purruja amerita mayores estudios. No se pueden entender los sitios con esferas solo mirando el delta del Diquís. Los sitios mas antiguos situados fuera de este delta son fundamentales para entender el inicio de esta tradición escultórica y eso que se define como “sociedades cacicales“. Aquí está el origen, y eso hace necesario dedicar esfuerzos para desarrollar nuevas investigaciones.

Por otra parte hay que proteger lo que fue documentado en 1991, valorar su estado de conservación y tratar de integrar este recurso cultural en el desarrollo de Golfito, un cantón con grandes problemas sociales pero de gran riqueza cultural y natural.

La tarea es grande… nos comprometimos ante el mundo y dijimos que esto era importante y de valor universal. Ahora toca cumplir y Costa Purruja debería estar entre los primeros de la lista.


Nota: agradezco al Dr. John Hoopes las imágenes del sitio que me facilitó para ilustrar este texto.

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Regalos de la vida y de la arqueología: un amanecer de abril en Finca 6

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Sombras alargadas en Finca 6 al amaneces en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

El 12 abril y el 30 de agosto de cada año sucede algo muy especial en Finca 6. Estos días -y unos dos o tres días antes y después- el sol “sale” alineado con el conjunto de esferas que se conserva en su lugar original, es decir, tal y como las dejaron los indígenas que vivieron y usaron el sitio hace unos 1000 años.

Tuve la gran suerte y el privilegio de estar durante nueve días documentando este fenómeno. Uno de esos días, en el mes de abril viví una experiencia sensorial muy especial. Mientras Diego, el fotógrafo profesional, se afanaba en tomar las fotos que  necesitaba para mi libro, yo y otros acompañantes caminábamos de aquí para allá.  En un momento -5:45-5:50 de la mañana- fuimos bañados por una luz dorada y nuestras sombras se alargaron 10, 11, 12 y mas metros. Nos parábamos a la par de una esfera y nuestras sombras alcanzaban a la que estaba a 11 metros de distancia. Era muy impactante la luz, las sombras, el paisaje….El lugar se transformó en algo diferente al de color verde rabioso tropical del resto del día.

A medida que lo pienso, y veo y re-veo las fotos de esos días, me convenzo de que lo que acontece con estos alineamientos no sólo es lo que el antropólogo Federico Guevara me ayudó a descubrir recientemente –que el sol sale alineado a las esferas en las dos fechas en que el sol está en el cenit en esta zona intertropical-.

Creo que esta salida del sol alineado con las esferas y todo lo que pasa a partir de las 10:30 de la mañana, cuando las esferas empiezan a proyectar una sombra cada vez más concéntrica hasta reducirla a un circulo menor al diámetro de ellas, está unido a diversas experiencias sensoriales que debieron haber vivido las personas que hicieron y pusieron las esferas de Finca 6.

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El sol entre las esferas del alineamiento de Finca 6 en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Ahora no les voy a contar otra de las experiencias sensoriales; la del sol blanco en forma de disco perfecto gracias a la bruma que observamos dos veces. Por ahora comparto con ustedes estas reflexiones porque necesito pensar e ir mas allá. El dato es el dato, pero que hermoso es vivir esta parte de la arqueología que nos lleva a situarnos en otros tiempos, en otras memorias. Envidio a la gente indígena que vivió esto. Yo solo puedo ver pedacitos, y aun así estoy feliz con lo poco que he encontrado.

Si les gustó este post y quieren saber más sobre esto, aquí dejo el enlace al post que escribí antes de esto y que trata sobre el efecto del sol cenital y las sombras de las esferas:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/09/01/sombras-sol-y-esferas-una-combinacion-perfecta/

 

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Sombras, sol y esferas: una combinación perfecta

Las esferas precolombinas del Diquís son más que una forma perfecta, o casi perfecta. Son más que un fino acabado, o una textura rugosa. Son más que volumen, mas que monumentalidad, más que un tamaño grande o uno pequeño.

Son objetos activos que actúan, se mueven o cambian de acuerdo con el lugar dónde están, de acuerdo con la luz,  si es de día o de noche. Sus tamaño, sus acabados, dónde estén, y cómo estén, las muestran de manera diferente, a la vez que las individualizan y las convierten en portadoras de información relevante.

Esferas con sombra
Esfera del Parque de Palmar Sur, Osa, fotografiada el 30 de agosto del 2014. Foto: Diego Matarrita.

Si un 30 de agosto una esfera de acabado fino y tamaño monumental recibe la luz mañanera se mirará como la de la foto. Es la misma esfera de cualquier día, solo que el 30 de agosto-uno de los dos días del año del sol cenital– habrá un movimiento de sombra que la mostrará diferente.

La foto muestra lo que Diego Matarrita -el fotógrafo que me ha acompañado a documentar las esferas- y yo vimos el pasado sábado. Vimos la sombra moverse hasta que las ramas de unos arboles taparon el sol y suspendieron el efecto visual. De haber seguido siendo alcanzada por los rayos del sol ésta esfera se hubiera visto como las siguientes:

Esfera Parque palmar sur agosto 2014

Esferas que reciben la luz del sol; esferas ocultas por arboles, edificios o bodegas. Depende de cómo estén las podemos ver actuar. Según cómo las hayan colocado en tiempos precolombinos, o cómo las hayamos colocado ahora, podremos conocer sus secretos.

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Esferas del Parque de Palmar Sur, Osa, a las 11:50 del 30 de agosto del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Secretos de un día, secretos que se revelan por la luz, y según la luz. Secretos no tan secretos si hay observación, paciencia y personas generosas que comparten sus observaciones y conocimientos. Gracias Federico Guevara por el inquieto espíritu de investigación, por descubrir este secreto y por dármelo generosamente. Gracias Don José Alberto Villalobos por ayudarnos a ver más y a corroborar lo descubierto por Federico. Este viaje de agosto ha sido revelador y ahora ya podemos entender  lo que pasa el 12 de abril y el 30 de agosto de cada año cuando el sol “sale” en la misma dirección de las esferas del alineamiento de Finca 6. El sol cenital de cada año fue “fechado” a partir del alineamiento de las esferas y la salida del sol en la misma dirección.

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“Salida” del sol a las 5:44 de la mañana el 29 de agosto del 2014 en Finca 6 en la misma dirección del alineamiento de esferas. Foto: I. Quintanilla.
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Acerca de la técnica de suavizar la piedra y la escultura precolombina

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Es hermoso este metate, ¿no es cierto?  Es un metate “efigie“, también llamado “piedra tigre” entre la gente de algunas partes de Costa Rica y Panamá.

Es un artefacto usado para moler, para eso su superficie plana y algo cóncava. Se ha dicho que también pudieron servir como asientos, pero no hay nada claro sobre esto.

Es muy característico de la arqueología del sur de Centroamérica, donde se han encontrado como parte de ofrendas funerarias y en contextos domésticos.

Es muy curioso que en esta parte del mundo los indígenas precolombinos fabricaran objetos de piedra para resolver necesidades de su vida cotidiana y ritual a la vez que convirtieran a gran parte de estos objetos en medios para transmitir todo un mundo simbólico.

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En la Costa Rica precolombina destaca la talla de la piedra. Esto es algo compartido en las distintas regiones arqueológicas y compartido también con los vecinos países de Nicaragua y Panamá. 

Existe gran incertidumbre acerca de las técnicas y los instrumentos usados para convertir bloques de piedra en metates o en otras formas. Para mucha gente es muy difícil pensar que los fabricaron usando otros instrumentos de piedra y por la combinación de diversas técnicas escultóricas. Cuesta creerlo, pero así fue.

Cuando la ciencia no da las respuestas apropiadas o cuando el conocimiento científico está muy alejado de la gente, se generan explicaciones propias. En el caso de la escultura en piedra precolombina de Costa Rica existe una creencia entre indígenas y campesinos que sostiene que en tiempos antiguos los indígenas podían suavizar y moldear la piedra.

La capacidad de suavizar la piedra es un pensamiento que está muy arraigado en el Pacífico Sur donde se encuentran gran cantidad de esculturas precolombinas, especialmente las grandes esferas. Algunas personas mayores lo han transmitido a sus descendientes y acompañan la explicación al hallazgo de sustancias de color verde en vasijas encontradas en enterramientos que desaparecían misteriosamente al ver la luz.

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La fabricación de las esferas sigue generando dudas y algunas personas no aceptan que los indígenas hayan sido capaces de haberlas esculpido a partir de rocas propias de la región. Foto: I. Quintanilla

Hace unos meses estuvo de visita en mi casa Doña Margarita, una muy querida amiga indígena de Boruca. Es una señora mayor que ha estado siempre muy involucrada en la recuperación de la cultura tradicional, especialmente de los tejidos de algodón. Hablando y hablando ella me contó lo que su abuelita le había explicado sobre la manera antigua de fundir la piedra y me preguntó lo que yo pensaba.

Lo único que pude decirle fue que hasta ahora no hemos encontrado restos arqueológicos de moldes ni de otras cosas que nos den indicios de que la piedra se fundía. Del oro y del cobre, sí. Pero de piedra, nada.

Oro Diquís Museos Banco Central
Indudablemente, la fundición de metales -oro y cobre- era una técnica conocida y magistralmente dominada en el Diquís. Esto no se puede decir para la piedra, a pesar de que algunos objetos puedan parecer “modelados” mas que tallados a partir de distintos instrumentos de talla.

Le puse el ejemplo de lo grandes que tenían que ser los moldes de las esferas y nos pusimos a imaginar cómo serían. Hasta nos reímos pensando en lo difícil que pudo haber sido moverlos y llevarlos de un lado a otro.

Le expliqué que muchas de las esculturas tenían las cicatrices de los instrumentos que se usaron para hacerlos y que a través de éstas se podía concluir que habían usado masas, martillos, cinceles, punteros, abrasivos y taladros. Le dije que después de hacerlos las alisaron o pulieron y hasta las pintaron. A fin de cuentas, le expliqué que fueron artesanos -muchos de ellos expertos escultores y grandes artistas- quienes hicieron esas esculturas. Que era gente de gran conocimiento y muy trabajadora.

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Escultura singular propia del Diquís. Fabricada en roca arenisca, esta escultura fue hecha usando un tipo de roca muy abundante en la región. Foto: Diego Matarrita.

También le expliqué que las piedras usadas para hacer todas esas esculturas, tanto las esferas como las esculturas de seres humanos y de animales, se encuentran de manera natural en la región y que no se ha visto que hayan cambiado cuando se convirtieron en esculturas.

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Afloramiento de gabro en la Quebrada Olla Cero en Osa. Es la misma roca utilizad para fabricar la mayoría de lase sferas precolombinas, pero en estado natural. Foto: Diego Matarrita.

Doña Margarita y yo conversamos hasta bien entrada la noche sobre esto y otras cosas. Sé que ella entendió y aceptó mi explicación. Sin embargo, también sé otra cosa, y lo entiendo perfectamente: ella siempre va a preferir lo que le dijo su sabia abuelita.

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Hágase la luz, y las serpientes saldrán

Hace muchos años tuve un novio que tenía en su habitación un gran póster de Natasha Kinski desnuda y “vestida” por una gran boa que cubría sus partes íntimas. Estaba extendida de medio lado y miraba confiada y sensual a la cámara. La enorme boa parecía que no representaba ningún peligro y que era parte de la escena de erotismo, belleza y seducción que quiso transmitir el gran fotógrafo Richard Avedon.

Hoy, como muchas otras veces, he estado revisando imágenes de esculturas del Diquís, y algunas de ellas me han hecho recordar ese viejo póster de la Kinski y su boa. No porque sean esculturas eróticas, sino porque se trata de serpientes que forman parte del ser representado, y principalmente porque es a través de la luz como podemos verlas en toda su magnitud.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-1257-ESC-7 / Superficie. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Fragmento de escultura frabricado en roca arenisca y recuperado por funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica durante sus investigaciones en el Delta del Diquís. Foto: Rodrigo Rubí.

Las serpientes están muy presentes en la mitología y en el sistema de valores de casi todos los pueblos del mundo. La  Biblia, su Génesis y el papel asignado a la serpiente tentadora y causante del pecado original es uno de los más claros ejemplos de esto.

En el caso de muchas mitologías e historias orales de los pueblos amerindios, las serpientes están casi siempre presentes. La cultura material conservada de tiempos precolombinos da cuenta de la antigüedad y diversidad de representaciones que se han hecho de ellas.

En el caso del Pacífico Sur de Costa Rica hay una recurrencia constante a las representaciones de serpientes en la metalurgia. Y, ahora, al revisar el conjunto escultórico en piedra también es notorio que estos animales fueron muy significativos en el Delta del Diquís.

Las serpientes del Diquís no fueron representadas de manera aislada. Siempre están unidas a seres humanos, tanto hombres como mujeres, o a seres sin clara adscripción de género. Por lo general están relacionadas con seres que sostienen cabezas humanas, o que las tienen colgadas. También a seres de fauces abiertas con colmillos y lenguas que son serpientes.

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Tres vistas del torso con serpientes en el hombro y como cinturón. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Fotos: Rodrigo Rubí.

Mucha gente usa cinturones de piel de serpiente hoy en día, pero no se ata las serpientes a la cintura. En el Diquís, los personajes de piedra sí las usaron como cinturones. Por lo menos así quisieron representarlos los artistas que los esculpieron.

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Escultura con doble cabeza colgando y cinturón de serpiente. Colección Peabody Museum, de Harvard University. Imagen reproducida del libro The Archaeology of the Diquís Delta de Samuel K. Lothrop (1963).

También convirtieron los bastones en serpientes como se ve en varias esculturas.

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Exquisita escultura en piedra del Diquis de un hombre con un colgante humano en lap arte posterior de su cabeza y con las manos sosteniendo una gran serpiente-bastón. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Esta escultura conserva restos de pintura ocre y beige.

La mitología bribri que se conserva en la tradición oral tiene relatos sobre el bastón del chaman que se convierte en serpiente. Hasta donde recuerdo hay un mito de una mujer que tomó el bastón del chamán mientras este lo dejó en el suelo, y a pesar de haber sido advertida por él de que no lo tocara siempre lo hizo. El bastón se convirtió en serpiente y hubo un mal desenlace. Otra vez la mujer desobediente es castigada y ahí estaba la serpiente.

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No hay duda de la relación humano/serpiente en el Diquís, y que la serpiente es parte del ser humano, o de lo que lo hace ese ser particular. Hermosas y complejas esculturas toman realce por las serpientes dobles, que unidas a colmillos y dientes expuestos muestran seres irreales y de gran carga simbólica.

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Escultura característica del Delta del Diquís con una serpiente que se bifurca y se posa en el pecho. Destaca el amplio hocico y los dientes, especialmente los colmillos. Esta escultura era parte de la colección que se exhibía en el Museo de Barbier-Mueller de Arte Precolombino de Barcelona.

Yo se no sé que sintió Natasha Kisnki cuando posó con la gran boa para Avedon. Quizá tuvo miedo, o quizá sintió mucho placer. Lo que no me imagino es como se hubiera sentido si el fotógrafo le hubiera colocado uun cinturón también de serpiente posando su cabeza sobre el pubis. Esta por lo menos fue una ocurrencia precolombina en el Diquís. Eran de piedra y no sintieron miedo. Supongo que no usaron modelos reales como Avedon. Si fue así no me hubiera gustado estar en la piel de estos modelos.

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Escultura del Diquís fotografiada en un momento indeterminado que muestra una cabellera compuesta de serpientes descendentes. Esta pieza forma o formaba parte de la colección del Museo Nacional de Costa Rica.

Nota: en un post anterior escribí sobre serpientes “escondidas” en un metate: Este es el enlace: https://dramadelasesferas.wordpress.com/2012/06/10/metate-para-dominguear/