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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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Lo que define a las esferas precolombinas: La forma, la textura, el color y el volumen

¿Qué define a las esferas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica? Cuando me han hecho esta pregunta  insisto siempre en que no sólo las define la forma -que sean esferas casi perfectas-, sino también la suma de la simetría, el color, la textura y el volumen que caracteriza a cada una de ellas.

Esfera precolombina copia
La forma esférica es determinante y diferenciadora, pero no es el único atributo de estas esculturas precolombinas. El tratamiento de superficie, el color de la roca y el volumen también son fundamentales. Esfera colocada actualmente en la Municipalida dde Osa. Foto: Diego Matarrita.

No es lo mismo una esfera pequeña de 20 centímetros de diámetro y 4 kilos de peso, sin pulir, que una esfera de 210 centímetros de diámetro, 9 toneladas de peso y con una superficie alisada, o casi pulida. Aunque las dos hayan sido fabricadas en gabro o en otro tipo de roca, y aunque tengan la misma forma, lo que marca la diferencia es el grado de simetría, el volumen, la textura que haya adquirido por el tratamiento de superficie y el color que refleje por el impacto de la luz proyectada sobre su superficie.

Esfera monumental con superficie irregular que oscila entre el pulido y el alisado y con huellas de los instrumentos de talla..Foto. Diego Matarrita

Los elementos que definen y que hace que sean distintas entre ellas señalan diferencias en cuanto al trabajo invertido en su fabricación; diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y diferencias en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Detalle de una esfera precolombina de gabro. Foto: Diego Matarrita.

Es posible que el valor social de estas esculturas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color, textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Esfera UCR Diego 3
Esfera monumental con cerca de 190 cm de diámetro. Foto: Diego Matarrita.

Es importante recordar que las diferencias que muestran entre sí las esferas son un claro indicio de que no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción, tampoco el mismo valor simbólico.

A la fecha sabemos que se fabricaron más de trescientas esferas y que fueron usadas en por lo menos 56 comunidades. Algunas de estas comunidades eran sencillos poblados de pocos habitantes; otras, grandes aldeas con cientos de personas. Los espacios donde fueron colocadas también eran distintos, así como la percepción de cada una de ellas de manera individual, o como parte de un grupo de esculturas.

Esferas de Bahía Ballena en agosto del 2010
Esferas movidas de su  lugar original y ahora  situadas en  Bahía Ballena, Uvita. Algunos conjuntos de esferas pudieron lucir así, aunque quizá estuvieron mejor cuidadas que en la actualidad. Foto: I. Quintanilla.

Hubo otros elementos que marcaron las diferencias entre las esferas que escapan a nuestro conocimiento. No sabemos cuál fue la primera que se hizo, ni la que se colocó en un espacio de especial relevancia, ni la que hizo el gran escultor cuyo nombre desconocemos, ni la que se mandó a hacer para celebrar el acontecimiento no conservado en la memoria actual…

Esferas del sitio Bolas en una imagen de los años 60’s, cuando todavía no habían sido trasladadas a la escuela del pueblo. Estas son algunas de las mas antiguas.

A lo largo de los casi mil años en que fueron fabricadas y usadas las esferas cambiaron su sentido y significado. Todavía hoy siguen cambiando y generando nuevas formas de valor (identitario, de prestigio, de exhibición personal, de creación de sentidos de pertenencia, entre otros).

Hoy, al igual que pudo haber sucedido siglos atrás, se aprecian más y se les da mayor valor y relevancia a las grandes esferas, a las que están completas y con las texturas más finas. Las rotas o deterioradas, las pequeñas o poco simétricas no salen en las fotos, y nadie posa junto a ellas. Sin embargo, en cada una hay un valor más allá de lo estético y de nuestras subjetividad; un valor que radica en haber sido hechas, en ser parte de una expresión singular y en materializar una historia de vida que continúa hasta nuestros días.

Muchas cosas definen a las esferas precolombinas. Hoy las sigue definiendo nuestra mirada.

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¿Cuántas esferas se conocen?

Una de las preguntas más habituales acerca de las esferas de piedra precolombinas se refiere al número de ejemplares que se han inventariado. En realidad, esta pregunta se puede dividir en dos:  ¿Cuántas fueron fabricadas en tiempos precolombinos? y ¿Cuántas conocemos hoy día?

Para la primera no hay una respuesta en este momento, ya que la región donde se localizan los sitios arqueológicos con esferas –Pacífico Sur de Costa Rica- no ha sido estudiada exhaustivamente. Su arqueología es fragmentaria y las excavaciones en gran escala han sido muy escasas. Por otra parte, ha habido gran destrucción de sitios arqueológicos completos o parcialmente. En los que había esferas se perdió la información, ya que no hubo ningún tipo de registro o documentación. Es por eso que hoy tenemos un rompecabezas con muchas piezas desaparecidas; los principales vestigios son las mismas esferas, aunque la mayoría de ellas son anónimas, sin datos de familia ni origen, salvo de que provienen del Sur del país.

Esferas del sitio Bolas fotografiadas en los años sesenta del siglo pasado en su lugar original. Hoy están situadas en la escuela del mismo pueblo de Bolas

Lo anterior no quiere decir, en absoluto, que no tengan valor; al contrario. Todavía tienen mucho que decir y los más importante es que lo poco que se conserva en su lugar original cobra un valor especial, ya que lo que fue nunca más será y lo que hay es un tesoro único e invaluable.

Con respecto a la segunda pregunta -¿cuántas se conocen?- a continuación se presenta un breve recorrido de lo que se ha hecho en términos de inventarios.

El primer listado de esferas lo hizo Samuel K. Lothrop a finales de la década de 1940, cuando estuvo en el Delta del Diquís llevando a cabo estudios arqueológicos. Lothrop publicó un libro en 1963 donde aporta información sobre 50 esferas halladas en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Además,  hizo una lista con otras 136 ubicadas en otras partes de la región, basándose en información que recopiló entre distintos informantes, pero que no confirmó personalmente.

La información que aportó Lothrop es muy importante porque él, al igual que Doris Stone, conocieron los sitios más importantes con esferas cuando aun no se había construido la carretera Interamericana ( a partir de ésta se inició el expolio y el traslado de muchas de ellas) y cuando estaba en proceso el desmonte de buena parte del Sur del país; proceso que iba dejando al descubierto diversos sitios arqueológicos.

Después de la publicación de Lothrop pasaron casi 40 años en los que hubo registros puntuales de esferas pero no listados ni inventarios. En 1991, cuando yo era funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y llevé a cabo una prospección en el Delta del Diquís y sus montañas circundantes (Serranías de Osa y Cordillera Costeña), empecé a encontrar sitios arqueológicos con esferas. Aunque no era el objetivo inicial del proyecto (Hombre y ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba), el hallazgo de esferas en 11 de los 57 sitios registrados, aunado a la gran cantidad de esferas removidas que se encontraban en distintos puntos de la región, me llevó a iniciar un inventario para el que diseñé un formulario.

Entre 1992 y 1998, año en que dejé mi cargo en el Museo Nacional, mantuve ese inventario, el cual se enriqueció con la ayuda de distintos colaboradores. En 1998 el inventario tenía 110 esferas que se localizaban en la región Sur, especialmente en los cantones de Osa, Buenos Aires y Pérez Zeledón.

Posteriormente, al iniciar mis estudios de doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona retomé el inventario de esferas para mi trabajo de especialización profesional (Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología) presentado en el 2004. Era un inventario dirigido tanto a ubicar como a describir las principales características de las esferas con fines de investigación. Mi trabajo concluyó con el inventario de 186 esferas que fueron la base de mis análisis.

Mi esposo, Roberto, ayudándome a medir la circunferencia de una de las esferas de Hacienda Victoria en el 2003. Palmar Sur, Osa.

Entre el 2005 y el 2008, la Auditoría Interna del Museo Nacional de Costa Rica llevó a cabo un inventario de esferas localizadas fuera de las instalaciones de la institución. Este inventario lo hizo la Auditoría con el fin de conocer cuántas esferas había, dónde estaban y en que condición.  Lo hizo en  coordinación con el Departamento de Protección del Patrimonio Cultura de la misma institución, departamento que a su vez tiene bajo su responsabilidad el Registro Público del Patrimonio Nacional Arqueológico, según la ley 6703 (Ley de Patrimonio Nacional Arqueológico).

En el último informe de Auditoría del 2008 (A.I. 002-2008-Inf) se presenta un listado ilustrado de 151 esferas registradas en distintos cantones de la región Sur: Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Golfito y Coto Brus. No se incluyeron las esferas ubicadas en residencias privadas o localizadas en instituciones públicas del Valle Central.

A la fecha el trabajo de la Auditoría Interna del MNCR constituye un importante e innovador esfuerzo a la vez que constituye una herramienta legal, ya que todo lo que fue inventariado figura como bien del estado. Esto es muy importante, ya que obliga tomar una serie de acciones en términos de la tenencia de este patrimonio.

En el 2007, cuando preparé el texto y la documentación para mi libro Esferas Precolombinas de Costa Rica que publicó la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica, actualicé la base de datos de mi inventario. Para el libro trabajé con un inventario de 210 esferas.

Como parte de mi tesis doctoral dedicada al estudio del conjunto escultórico de la Gran Chiriquí, reinicié mi propio inventario de esferas que al mes de mayo del 2012 suma 290. Aquí se incluyen todos los casos conocidos, los  publicados en libros, los ubicados fuera del país y lo que están guardados en depósitos de varios museos nacionales, especialmente del Museo Nacional de Costa Rica.

Todavía no se ha llevado a cabo un inventario de las esferas que se encuentran dispersas en el Valle Central ni en otras partes del país. Asimismo, el aumento de investigaciones arqueológicas en la región Sur está generando nuevos hallazgos de esferas, tanto por parte del Museo Nacional de Costa Rica como del ICE y otras instituciones como parte de estudios de impacto arqueológico.

Esferas de Finca 6 en 1993. Este es el único sitio que aun mantiene un conjunto de esferas en su lugar original. Cinco de ellas, incluidas las dos de la foto, forman un agrupamiento especial.

En conclusión, el dato mas concreto que hay en este momento en términos de ejemplares inventariados (medidos, descritos, fotografiados, ubicados geográficamente, entre otras variables) da un resultado de 290 esferas. Si se incluyeran las esferas removidas ubicadas en el Valle Central quizá el número sea superior a los 350 ejemplares. Lo que depare la investigación en sitios sin alterar será una sorpresa, sea para incrementar el número o para constatar que estos objetos son finitos, que lo que tenemos es lo que hay y que es con esto con lo que tenemos que trabajar.