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Perforaciones sin respuesta, o de cómo convertir las cosas en algo que no son

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Metate con perforación central. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

En los museos casi siempre vemos las cosas de lado, o de frente, y pocas veces las vemos desde arriba. Y la verdad es que según la posición en que miremos vemos más, menos, o a veces nada. Es el caso de este metate. De lado quizá no nos daríamos cuenta de que está perforado y que ese detalle lo convierte en algo distinto a su forma y a su uso original.

Se supone que en su origen fue un metate, un molino, una piedra de moler. Después de haber sido muy usado le hicieron una hermosa perforación con un taladro –de piedra, precolombino– que lo cambió, e hizo de él otra cosa. Pero, ¿qué era esta nueva cosa?

Perforación en metate

Algunos dicen que son piezas matadas, usadas muchas veces como ofrendas funerarias. Yo no creo que haya sido  así. Las perforaron para usarlas de otra manera, no para inutilizarlas. Cuando son “matadas” las rompen y las depositan juntas, o reparten los pedazos. Si ser muy experto se puede ver que esta perforación fue hecha con mimo, y nada parece indicar que haya habido intención de dejar la pieza inservible.

Este metate reconvertido me gusta por su simetría, por la intensidad del desgaste que tiene y, principalmente por las preguntas que me genera. Es una lástima que no tengamos información sobre el lugar exacto donde se encontró, ni tampoco tengamos datos de los otros objetos que lo acompañaban. Es la herencia del saqueo y del coleccionismo del objeto por el objeto mismo.

Hay otros ejemplares como el metate con forma de felino de abajo que también fueron perforados en el centro. Este tampoco quedo “inutilizable“. Quedó diferente y preparado para otro uso, o para un uso complementario al inicial.

metate felino perforado nuevo

Lo que nos dicen estos metates es que ellos, al igual que la mayoría de los objetos, cambian, se usan de manera diferente a la idea que los concibió, se re-adaptan y asumen nuevos usos, nuevos sentidos y significados.

Lo mismo nos pasa a las personas. Al igual que las cosas, y junto con las cosas, nosotros también cambiamos y asumimos nuevos roles y nuevas vidas.

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Un monseñor al que le gustaban los ídolos de piedra

En una entrada de este blog que escribí el pasado mes de julio comentaba el caso de un fraile – Juan de Dios Campos Diez, de la orden de los Observantes- que dedicó parte de su labor misionera a la destrucción de “idolos de piedra“. Dejó constancia de su tarea en un informe de 1804, una fecha bastante tardía para seguir rompiendo objetos indígenas con fines evangelizadores.

Ochenta años después del informe del fraile exterminador fue escrito otro sobre la misma región, pero esta vez decía algo diferente. Lo escribió Manuel Hidalgo Bonilla y aquí les transcribo una parte de su contenido:

El sábado salieron a la alta mar, el domingo, lunes y martes duró la navegación, en la tarde del 6 de mayo llegamos en frente de Boca Zacate. El miércoles 7 a las 8 de la mañana se hizo el desembarco.

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Vista aerea del extenso humedal de Sierpe-Térraba, el lugar por donde se adentró la expedición hacia tierra firme. Foto tomada de: http://www.google.es/imgres?imgurl=http://www.crhoy.com/wp-content/uploads/2013/02/terraba.jpg

En la playa estaban ya diez indios de Boruca con tres botes aguardando a S. Sia. De Boca Zacate se fueron a Boca Brava pasando por los esteros y pasando Boca Chica. En Boca Brava hubo necesidad de aguardar hasta las ocho de la noche por la marea. Toda la noche anduvimos por el río hasta llegar al Pozo.

En el Pozo quedó la embarcación del pailebote y nos fuimos en las estrechas canoas de los indios. A las 11 estuvimos en el Pozo y a las seis de la mañana llegamos. Inmediatamente se fue S.S. Ilmª con tres a visitar un lugar a dos leguas de distancia llamado las Pilas, en donde se encuentran grandes piedras de los antiguos indios. Encontró cuatro ídolos de piedra de dos varas, uno entero y tres en partes, tres figuras de animales de cuatro a cinco quintales de peso o piedra. Simbolizan venados o dantas o cariblancos. Dio después orden al alcalde de Boruca de sacar estas figuras a Boca Zacate, lo cual los indios de Boruca ejecutaron en la semana del 13 al 17 de mayo. S.S.Ilmª les pagó por la sacada $ 44 y un novillo de $16”.

¿Quien era Su Señoría o Su Ilustrísma, y qué hacía en el Pacífico Sur de Costa Rica?

Su Señoría no podía ser nadie más que el insigne e inquieto Monseñor Bernardo Augusto Thiel, quien viajaba por segunda vez a esta parte de Costa Rica, y lo hacía entrando por vía marítima desde Puntarenas para adentrarse a tierra firme en busca de los aislados y alejados territorios indígenas que la Iglesia Católica sentía como propios, en ausencia de acción del Estado costarricense.

En El Pozo -el viejo nombre de Ciudad Cortés- hizo un descanso para seguir el viaje en bote hasta Lagarto desde donde subiría hasta Boruca y a otros territorios indígenas. En realidad, no descansó -se fue a visitar el lugar del que le habían hablado en su primer visita donde habían restos de los pueblos antiguos que habían vivido en la zona.

Tristemente, el secretario que escribió el informe no dice nada sobre lo que observó y encontró Monseñor Thiel en este lugar. Solamente aporta los datos de lo que pagó para que se llevaran un grupo de esculturas de piedra  a un barco que las transportaría hacia San José, la capital. De lo poco que se dice lo único que se puede deducir es que a Monseñor Thiel le interesaban los restos arqueológicos y que destinaba parte de su tiempo en conocer de primera mano los lugares dónde estaban estos restos.

Figura 9 Claudio Barrantes
Imagen escaneada de la publicación de Claudio Barrantes con dos religiosos posando para la cámara. Como fondo se aprecian dos de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que se conservan en el Colegio Seminario.

El traslado de estas esculturas precolombinas hacia San José fue parte de un proceso que se estaba dando en otras partes del país y del mundo. El coleccionismo y el interés por lo antiguo se estaba instaurando como práctica común entre ciertas élites intelectuales. En Costa Rica, pocos años después del viaje de Monseñor Thiel, se institucionalizaría esta práctica con la creación del Museo Nacional de Costa Rica en 1887.

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Fotografía que se conserva en el Smitsonian Institution en Washington de una de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que todavía se conserva en el Colegio Seminario en San José.

Es curioso. Guardar, en lugar de destruir o dejar destruirse, constituye un cambio de mentalidad radical. Destinar un lugar para guardar cosas, exponerlas a la vista pública y dedicarles cuido y mantenimiento contrasta con el afán violento de las primeras etapas evangelizadoras. Sin embargo -no nos engañemos- el proceso no dejó de ser violento.

Una cosa son las cosas y otra la gente. Y la tarea de colonizar no se detuvo por la magia de unos objetos. No. Esto siguió y sigue. Y, quizá lo más triste de esta historia es que con las primeras recolecciones de objetos arqueológicos, como esta que hizo Monseñor Thiel, se inició otro proceso más violento todavía: la separación física y emocional entre los objetos y los descendientes de quienes los hicieron, los usaron y los dejaron ahí donde estaban en ese momento. Ya nunca más serían de ellos, ni parte de su memoria.

Se podría decir que esta separación entre los objetos y la gente vinculada a ellos fue el comienzo de un camino que no acaba. De un camino de separación intencional, de un camino donde esos objetos ya no son lo que fueron, ni de quienes fueron. Objetos que perdieron su sentido, su significado original y que ahora, con casi 130 años de coleccionismo institucional, forman parte del patrimonio de una nación, de un estado y de un aparato ideológico que los dota de nuevos valores donde lo indígena es accesorio y parte del decorado.

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Búho con cabeza humana colgando de sus garras. Una escultura similar a esta fue recolectada por Monseñor Thiel en Osa, en 1884. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto I. Quintanilla.

Viéndolo en perspectiva no sé que es más trágico. No sé si un fraile rompiendo esculturas es peor que un monseñor que se las lleva para la ciudad. El que las rompía lo hacía porque sentía que significaban algo para los indígenas. Los objetos recibían su rabia porque representaban algo. ¿Significarían lo mismo 80 años después cuando llegó Monseñor Thiel? ¿Brotaría alguna lágrima de los ojos de los borucas que ayudaron a subirlas al barco que las llevó a San José? ¿Hubo rabia o desgarro cuando las vieron desaparecer? o ¿Se pondrían a contar los reales que les dejó Monseñor Thiel, y no tuvieron ojos para lo que se iba? Eso si sería trágico, triste, desgarrador. Pero bueno… eso es la historia y la Historia.

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El enlace para leer mas sobre el fraile exterminador de ídolos:

(https://ifigeniaquintanilla.com/2013/07/07/sobre-un-milagro-indigena-en-el-sur-de-costa-rica/ )

Aquí la fuente de donde extraje la información del texto citado:

Anexo documental, segunda parte, Documento 6: Segunda visita de Monseñor Thiel al sureste de Costa Rica. Fuente:  AHABAT, serie libros Pastorales y Administrativos, Libro IV de Santa Visita del Ilm. Sr. Thiel, folios 62-67. Tomado del libro de escrito por Claudio Barrantes Cartín. Orígenes de la Diócesis de San Isidro del General. Una historia eclesiástica regional 1522-1954.

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Esferas de piedra precolombinas Sitios arqueológicos con esferas

Claude Baudez y la arqueología del Diquís

El pasado 13 de julio murió el Dr. Claude-François Baudez, arqueólogo francés y uno de los  “americanistas” mas destacados del siglo pasado.

Conocí brevemente al Dr. Baudez en 1990 en Costa Rica. En ese momento no desarrollamos ninguna relación personal ni profesional. Volví a encontrarlo 19 años después, ya no en el trópico sino en un Paris frío e invernal. Cuando nos reencontramos estaba vestido de manera elegante. Mantenía su brillante calva. Su cuerpo, a  pesar de los años, se mantenía delgado y estilizado. Me pareció más simpático y afectuoso que años atrás. Seguro que yo también le parecí más agradable porque después de saludarnos pasamos la mañana revisando esculturas de piedra mientras evocábamos tiempos y lugares pasados.

Mi reencuentro con el Dr, Baudez se dio a partir de la visita de investigación que hice al nuevo y radiante Musee du quai Branly, el heredero del Musée de l’Homme, el museo donde los franceses colocaban lo no occidental, lo de las sociedades primitivas, lo de la América indígena, Oceanía y otras partes del mundo prehistórico. A este nuevo museo habían trasladado los materiales que el Dr. Baudez había colectado en Costa Rica en los años cincuenta y sesenta.

Una de los objetivos de mi vista a los depósitos del quai Branly era revisar  las “esferas de piedra” que el Dr. Baudez había encontrado en el sitio Papagayo, en Guanacaste,  a finales de los años cincuenta. Era el único reporte fiable de esferas en esta parte de Costa Rica y quería verificar si realmente eran esferas como las del Diquís.

Como solicité ver los materiales recolectados por él, Fabienne de Pierrebourg, la curadora de las colecciones de América, lo invitó a venir. Él, ya mayor y jubilado, tuvo a bien compartir una mañana con nosotras.

Debo decir que fue emocionante estar  junto a él en el museo. Pocas veces existe la posibilidad de que alguien que encontró algo hace casi cincuenta años te lo muestre. Normalmente son funcionarios que no tienen nada que ver con esos hallazgos quienes ponen las cosas a tu disposición. A veces te vigilan mientras tomas medidas, fotos y llenas formularios; otras veces confían en tu trabajo y te dejan hacer en paz..

Revisar el material de Papagayo con el Dr. Baudez fue muy importante para mi trabajo porque juntos decidimos que lo que él había encontrado ahí no eran esferas como las del Diquís, sino pequeñas piedras redondeadas que no habían sido talladas.

Esta era una conclusión importante porque ayudaba a acotar la distribución de las esferas de piedra y descartaba a Guanacaste-Gran Nicoya. Él estuvo de acuerdo, y hoy ya borré de la lista de sitios con esferas a Papagayo.

Descartadas las esferas de la Gran Nicoya, nos dedicamos a revisar unas pocas esculturas de piedra del Diquís y hablamos sobre ellas y otras cosas más. Así se nos fue la mañana. Nos despedimos, yo seguí con mi trabajo y quedamos en vernos de nuevo unos días después en la Maison de la Amerique latine, donde yo iba a dar una conferencia sobre las esferas de piedra del Diqúis.

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Escultura precolombina del Diquís. Colección Musée du quai Branly, Paris.

Él vino a la conferencia. Estuvo ahí, quieto, con los ojos muy abiertos; preguntó, se emocionó y al final de todo nos despedimos. Dos cálidos besos; uno en cada mejilla acompañados de sonrisas y afecto. Así me despedí de él y así lo recuerdo ahora. Lo veo de espaldas, caminando por un angosto pasillo con su elegante abrigo de invierno, su boina gris y su maletín de cuero gastado.

Hoy quisiera honrar la memoria del Dr. Baudez a partir de su aporte a la arqueología del Sur de Costa Rica. Y es que quienes nos dedicamos a la arqueología de esta parte del mundo debemos reconocer que el trabajo que él y tres arqueólogas más hicieron en el delta del Diquís en 1990 ha sido un aporte fundamental para la región.

Pero, ¿por qué es importante el trabajo que coordinó el Dr. Baudez en el Diquís?

Es importante porque esta investigación sentó las bases de gran parte de lo que sabemos y protegemos hoy en el Diquís. El proyecto que él dirigió en 1990 y que culminó con un libro  en 1993 –Investigaciones arqueológicas en el Delta del Diquís– ha sido fundamental para una de las zonas olvidadas de la arqueología del sur de Centroamérica en ese momento.

Desde 1949, cuando Samuel Lothrop hizo estudios en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, nadie más había vuelto a estudiar esta parte de Costa Rica de manera sistemática.

El trabajo del equipo del Dr. Baudez generó las bases para un mejor conocimiento del principal foco de esferas precolombinas en el mundo. Además, estableció la secuencia cronológica del delta del Diquís a partir del reconocimiento arqueológico de un área cercana a las 1.050 has en las plantaciones bananeras.

La investigación combinó excavaciones estratigráficas, análisis tipológicos de la cerámica y fechamientos absolutos de Carbono 14. Esto no se había hecho antes en el delta.

La prospección de Baudez y su equipo de arqueólogas mostró que los restos arqueológicos se distribuían en un área cercana a las 900 has. entre Palmar Sur-Sierpe e identificaron distintos focos de ocupación. Ubicaron  los restos en un lapso cronológico desde el 300 d. C. hasta 1500 d. C. con un pico de ocupaciones entre 800 y 1200 d. C.. Con estos resultados, lo que Doris Stone y Lothrop documentaron en el delta del Diquís en los años cuarenta adquirió un nuevo sentido tanto a nivel cronológico como espacial.

Distribución de vestigios Chiriquí Delta
Mapa arqueológico del Delta del Diquís con la distribución de restos precolombinos. Es el resultado del estudio llevado a cabo por la Misión Arqueológica Francesa coordinado por el Dr. Claude Baudez en 1990.

Por otra parte, uno de los resultados más importantes de la prospección del equipo de Baudez fue el hallazgo de cinco esferas monumentales agrupadas en su lugar original en Finca 6; éstas son las únicas que se conservan de esta manera en la actualidad.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.
El conjunto de esferas de Finca 6 fue descubierto por el equipo de la Misión Arqueológica Francesa en 1990. A ellos se debe, en gran medida, que hoy sea uno de los sitios arqueológicos más importantes de Costa Rica. Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

Otro resultado fue la constatación de que gran parte de las esferas registradas por Stone y Lothrop habían desaparecido o estaban desplazadas. No obstante, mostraron que los vestigios arqueológicos del delta, a pesar de las múltiples alteraciones, poseían un gran potencial de investigación.

Con el paso del tiempo he logrado comprender el valioso y fundamental aporte del proyecto que coordinó el Dr. Baudez. Por suerte, pude decírselo. Le gustó y sonrió muy feliz cuando escuchó mis palabras.

Hoy que ya se ha ido, soy yo quien me alegro de haberle dicho cuán importante fue su trabajo.

Referencias:

Baudez, Claude-François, Nathalie  Borgnino, Sophie Laligant, et Valérie Lauthelin, 1993 – Investigaciones Arqueológicas en el delta del Diquís. 160 pp. ill. CEMCA Mexico/DRCSTE San José de Costa Rica.

Enlaces de interés:

http://mexiqueancien.blogspot.mx/2013/07/disparition-de-claude-baudez.html

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Biografías de esferas Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Escultura precolombina de la gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas Trapitos de dominguear

Las distintas vidas de una escultura del Diquís

Parte superior de una escultura reutilizada y convertida en “busto”. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica Foto: Rodrigo Rubí.

Los objetos arqueológicos acumulan distintas historias sobre su vida. Y es que los objetos, sean del tipo que sean, tienen  su vida, su propia historia. Una historia que empieza desde que fueron pensados, que se concreta con su fabricación y se reafirma con su uso. Dice el arqueólogo Vicente Lull en su libro “Los objetos distinguidos” que “allí donde no media lenguaje, el objeto resultante es el todo, el vínculo capaz de grabar la experiencia y transmitirla por sí mismo”….

Rodrigo Rubí J.  Fragmento de escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-112 / Procedencia: Cd 82N 28W/44 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Vista de la parte dorsal de la escultura. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto Rodrigo Rubí.

El objeto de la foto es un caso singular que muestra partes de sus distintas biografías. En primer lugar es una escultura fabricada en roca arenisca de grano fino, igual que la mayoría de esculturas antropomorfas del Diquís. Fue hecha en piedra de la región. Su origen está en la materia prima local.

Aunque tiene una superficie muy desgastada todavía quedan la huellas de los punteros y de otros instrumentos usados para darle forma y acabado. Estas huellas serían según Vicente “su prehistoria“. Lo que la hizo objeto.

Sabemos que fue “hecha“, que hubo manos, herramientas, conocimiento y experiencia que  la hicieron de ésta y no de otra manera. No es única. Hubo otras parecidas a ella, o distintas a ella pero siempre compartiendo su carácter escultórico.

En segundo lugar, en su forma están plasmados una serie de atributos estilísticos muy concretos y característicos del Delta del Diquís. Su procedencia determina estos atributos; es lo que es porque la hicieron ahí, en un momento determinado, bajo ciertos parámetros estéticos y con un fin determinado. Ahí radica su identidad.

En tercer lugar, esta escultura se convirtió en algo que no fue en su origen.

Tuvo una vida anterior seguramente como estatua de cuerpo entero, y por razones que no conocemos terminó convertida en busto. Se rompió, o la rompieron en tiempos precolombinos, y fue reconvertida  en un nuevo objeto.

Posiblemente cuando estuvo completa se mantuvo erguida en algún lugar junto con otras estatuas y posiblemente con esferas de piedra y esculturas de animales. Cuando fue reconvertida en busto quizá estuvo expuesta a la vista, o la guardaron y la mostraban de vez en cuando. Esa parte de su historia no la conocemos.

Su penúltima vida fue como parte de un grupo de mas de 170 fragmentos de esculturas y esferas de piedra pequeñas colocadas dentro de una estructura en el sitio Batambal. Ahí fue encontrada por un equipo de investigación del Museo Nacional de Costa Rica en diciembre del 2011.

Su última vida, la mas reciente, es como objeto de museo. Ahora vive en una caja de cartón dentro de una bodega. Ya ha sido estudiada, tiene número de identificación y forma parte de una colección arqueológica. Salvo que sea usada en alguna exposición, ya no verá la luz en mucho tiempo.

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La escultura muestra la zona de fractura de lo que fueron sus hombros y el cuerpo perdido. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Marco Arce.

Vicente Lull también dice en su libro que “un objeto tiene el significado con el que fue producido y adquiere el sentido que su uso le confiere“. Por lo que dice esta escultura en sí misma, y por el contexto donde fue excavada, se puede inferir que debió tener distintos sentidos según el momento, el dónde y el cómo fue usada. Y también debió haber tenido un sentido diferente cuando estuvo completa y luego cuando tomó una nueva forma.

Ahora tiene un nuevo sentido como objeto patrimonial, como parte de una legado histórico. Es un nuevo rol. No fue pensada ni creada para este fin. Ese sentido, ese uso, se lo estamos adjudicando nosotros en este tiempo presente.

La vida de los objetos es lo que es por compartir la vida con gente que los hace, los usa, los rompe, los recoge, los reinventa y los junta con otros. Su vida es social; es compartida; cambian ellos y cambia la gente; o cambia la gente y cambian ellos; o todo al mismo tiempo. Ese es el debate.

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Para los interesados en el mundo de los objetos y la materialidad social:

Lull, Vicente. 2007.  Los Objetos distinguidos: la arqueología como excusa. Barcelona, Editorial Bellaterra.

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Sobre felinos rechonchos en Barcelona y en el Diquís

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El gato de Fernando Botero en la Rambla del Raval, Barcelona. Foto: I. Quintanilla.

Ayer caminaba por la Rambla del Raval y aproveché mi paseo por esta parte vieja de Barcelona para visitar una de mis esculturas mas queridas: el gato gordo de Botero. Me encanta ese gato rechoncho, tan de Fernando Botero, tan exageradamente carnoso.

Me gusta, no tanto porque sea gato ni gordo. Es porque se deja tocar, porque mucha gente se sube a sus lomos, porque le tocan el cascabel -Botero sí pudo ponérselo-, porque posa y posan con él. Es un gato amigable  y afectuoso, a pesar del frío metal.

Gente sobre el gato de Botero
Gente montada sobre el gato de Botero. Es un caso excepcional de interacción entre paseantes y obra escultórica. Foto: Juan Pedro Chuet.

En la Rambla del Raval el gato de Botero encontró su lugar. Muchas personas también sienten que ese es su lugar, aunque estén de paso. Y es que tocarle los bigotes, caminar entre sus patas, tocarle sus grandes testículos hace que uno se sienta parte de ese espacio y de ese lugar. Esto casi nunca sucede con la escultura pública. Al contrario: la escultura pública, especialmente la conmemorativa y la referida a personajes importantes, tiende a alejar, a infundir respeto, marca distancia y segrega el espacio.

La escultura en espacios públicos muchas veces llama a la ira por lo que representa. Si se puede se le destruye; si no hay quien la vigile, cae en desgracia prontamente. No son objetos neutros; dicen mucho y generan distintos sentimientos. Por eso muchas de las esculturas públicas a lo largo de la historia de la humanidad han terminado rotas, descabezadas e inutilizadas.

En el Diquís precolombino hubo un momento en que convivían grandes esculturas públicas -las esferas monumentales- y otras obras escultóricas de pequeño formato. Entre estas pequeñas había unos felinos rechonchos como los de Botero.

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Escultura de felino. Delta del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Son piezas que miden entre 15 y 40 cm de largo y la mitad de alto. Fueron hechas en roca arenisca, y por lo general se han encontrado completas. Se hicieron y se usaron básicamente en el Delta del Dquís y sus alrededores inmediatos. No parecen haber sido hechas en grandes cantidades.

A la fecha se  conocen cerca de 40 esculturas de este tipo, lo que contrasta con las más de 300 esferas que se han documentado.

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Otro felino en piedra del Delta del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas de felinos del Diquís no dan la impresión de representar a seres agresivos, aunque enseñen sus colmillos. Sus cuerpos abultados, las colas pegadas al cuerpo y la inmovilidad  de sus poses dan cuenta de animales que parecen mas domésticos que amenazadoras fieras salvajes. Tampoco simulan la transformación chamánica de hombres y mujeres que se pueden transformar en poderosos felinos, tal y como ha sido registrado en la tradición oral sobre cosmogonías indígenas. No. Estos son más felinos gordos y relativamente amigables que seres creados para castigar y atemorizar.

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Vista frontal de la escultura de un felino del Delta del Diquís mostrando sus colmillos. Foto. Diego Matarrita.

Es curioso comparar las esculturas de bulto con las otras representaciones de felinos que hay en el Diquís. Eso que mucha gente local llama “piedra-tigre“-  y que los arqueólogos llamamos  “metates con efigie de jaguar“, son felinos, pero diferentes. Aquí no hay niños ni adultos con complejo de niños subidos sobre su lomos. Su cuerpo es la base para la molienda. Aquí las mujeres gastaron sus lomos con la diaria tarea de moler. Los de ellas y las del felino. Cada molienda adelgazaba el cuerpo en piedra, y en lugar de engordar perdía volumen cada vez que había que “picar” la superficie del plato de molienda para que “agarrara” mejor el grano, o lo que hubiera que procesar.

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Metate efigie de felino. Delta del Diquís. Foto: Diego Matarrita.

Unos gordos y otros flacos. Así se podrían describir los felinos en piedra del Diquís. No suena muy académico. Que importa. Lo que importa es que en el Diquís precolombino gustaban de los felinos gordos. Hoy en la Rambla del Raval de Barcelona también gusta un felino gordo que hace feliz a la gente.

Nota: Una crónica hermosa que cuenta el itinerario del gato de Botero en Barcelona hasta que encontró su lugar en la Rambla del Raval:

Historia de un gato gordo por Lluis Anton Baulenas (http://elpais.com/diario/2003/04/23/catalunya/1051060041_850215.html)

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En memoria de Jairo Mora

Esfera parque sierpe 3

Hoy tenía la intención de escribir un texto dedicado a la esfera de piedra que se encuentra en el parque de Sierpe, en Osa. Sin embargo, no he podido terminarlo. Hoy no puedo decir nada sobre piedras trabajadas por manos antiguas. No puedo hablar de alcaldes caprichosos, ni de funcionarios complacientes. Tampoco puedo describir la triste situación de una esfera de piedra dejada a su suerte.

Hoy estoy triste y preocupada. Estoy consternada por el asesinato de Jairo Mora, una persona dedicada en cuerpo y alma a la conservación de las tortugas marinas que desovan en la costa Caribe de Costa Rica.

Hoy toca lamentar que haya sido vilmente asesinado mientras hacía su trabajo en el país considerado como uno de los paraísos de la conservación de la naturaleza.

No lo conocí, pero es como si fuera un viejo amigo al que han matado. En su memoria, y para contribuir a que no haya impunidad ni olvido, he escrito esta breve nota.

Un enlace sobre el asesinato de Jairo Mora:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/01/actualidad/1370118040_830192.html

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Detalle esférico

Detalle esférico
Esfera precolombina. Facultad de Ciencias Agroalimentarias, UCR. Foto: Diego Matarrita.

Sería egoísta de mi parte no compartir imágenes como ésta, ¿no es cierto? Es un detalle de la esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica en San José. La foto la tomó Diego Matarrita.
Sus casi 190 cm de diámetro y su curvatura perfecta nos recuerdan lo magníficas e imponentes que son las esferas precolombinas del Pacífico Sur. Hasta el musgo y los líquenes adheridos a ella se vuelven hermosos.

Esta esfera se encuentre fuera de su contexto original: se ha convertido en una esfera urbana en una ciudad que la ignora. Pero eso no le quita ni un ápice de su belleza y su valor.

 

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Mujeres de piedra del Diquís

Mujer con máscara
Escultura antropomorfa. Delta del Diquís, Costa Rica. Foto: Diego Matarrica.

¿Qué ven en esta escultura? A mí me llamó la atención el hecho de que representa a una mujer pero no lo hace en la forma en que se la suele encontrar en la escultura en piedra precolombina. Esta figura femenina, con pechos insinuados, se muestra erguida, en pose de autoridad, luce dientes o colmillos prominentes.

En la línea de mostrar el rico y variado conjunto escultórico que acompañó a las esferas de piedra precolombinas, hoy les muestro este ejemplar especial.
Es una de mis esculturas preferidas por su iconografía y la fuerza que transmite. Además hay tres elementos que la hacen especial:

1- Es un fragmento re-utilizado después de que se partió de una escultura completa.

2- Es uno de los ejemplares mejor conservados de las representaciones femeninas en escultura en piedra.

3- Conserva las huellas de los instrumentos de fabricación, los que se integran a su acabado de superficie y la dotan de textura.

Si estuviera completa, esta figura posiblemente mostraría genitales femeninos. Fracturada como está, todavía conserva sus protuberancias que simulan pechos. Estaría desnuda al igual que la mayoría de las esculturas del Sur de Costa Rica.

Un elemento especial de las esculturas de mujeres del Diquís es que no fueron representadas en los roles típicamente señalados como femeninos. Por el contrario, en el período Chiriquí y específicamente en el Delta del Diquís y sus alrededores inmediatos, entre los años 800 y 1500, las mujeres fueron representadas con elementos singulares que en otros contextos se relacionan con los hombres.

En el Diquís las mujeres de piedra tienen máscaras que simulan lagartos o felinos; muestran sus dientes y colmillos y se mantienen rígidas como muchas de las esculturas de base de espiga. A diferencia de las figuras masculinas no sostienen bastones, pero sí tienen lenguas o cinturones con forma de serpientes. No se presentan armadas, pero sí  acompañadas de animales poderosos y temibles en las cosmogonías del trópico americano.

Esta escultura se conserva en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica y algún día podrá ver la luz en alguna exhibición. Mientras tanto, es accesible para investigadoras como yo que podemos medirla, fotografiarla y documentarla para estudios académicos.

Pero esta no es la situación de todas las esculturas de este tipo tan singular. Lamentablemente, una escultura de su misma “familia” pronto saldrá a subasta y el mejor postor se la llevará a su casa o a su museo privado.

La escultura de la que les hablo está en el catalogo de Sotheby’s de Paris y es parte de la colección Barbier Mueller de Arte Precolombino que se subastará los días 22 y 23 de marzo de este año. Los mercaderes del coleccionismo la han tasado entre 150.000 y 200.000 euros.

Sacada ilegalmente, pasó de mano en mano, de coleccionista en coleccionista. Ahora cuenta con un expediente limpio después de haber sido exhibida en un museo público en Barcelona. Por eso, está pieza está disponible para el que ofrezca más. ¿Sabrá valorar quien haya pagado más su valor cultural, simbólico, patrimonial? ¿Qué les parece?

Fotografía tomada de:
Fotografía tomada de: http://www.sothebys.com/fr/auctions/ecatalogue/2013/collection-barbier-mueller-pf1340/lot.154.html
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Pequeñas maravillas en piedra

La escultura en piedra del Delta del Diquís no me deja de sorprender. Me gustaría que ustedes también se sorprendan y le encuentren el gusto a uno de los elementos característicos de la escultura precolombina del Sur de Costa Rica: los objetos de pequeño formato y de formas sencillas.

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Vista dorsal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, sitio El Silencio, Osa.

En apariencia esta foto muestra una piedra; un canto rodado como muchos de los miles que  se encuentran a la orilla de los ríos caudalosos y que la fuerza del agua y el roce con otras piedras ha alisado y redondeado.

Sin embargo, el ojo experto, la mirada que busca, ha logrado distinguir esta aparente simple piedra y ha encontrado en ella la huella del trabajo transformador, de la intención de comunicar algo recurriendo a la mínima modificación.

Gracias al trabajo generoso del fotógrafo Rodrigo Rubí es posible mirar en toda su dimensión la sencillez pero a la vez potente fuerza comunicativa de esta pieza en su parte frontal:

Rodrigo Rubí J.  Escultura amorfa P-257-ESC-1 / Procedencia: El Silencio. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Parte frontal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, Sitio El Silencio. Fotografía de Rodrigo Rubí.

Para algunos éste sería un ejemplo de arte primitivo, de las formas primigenias de expresión humana. Sin embargo, esta pequeña piedra tallada fue encontrada cerca de donde se encuentra la gran esfera del sitio arqueológico El Silencio que tiene 2.5 metros de diámetro y que pesa mas de 15 toneladas. Es un ejemplo de convivencia de distintas formas escultóricas, de obras monumentales y de piezas pequeñas usadas cada una de manera distinta, pero posiblemente complementarias.

En general insisto mucho en que la riqueza de la escultura del Diquís va más allá de las esferas de piedra. Hubo otro mundo de objetos, la mayoría de ellos pequeños y relativamnete sencillos, fabricados posiblemente por las mismas manos que tallaron las esferas. Cada uno fue hecho con una clara intención y desempeñaron un papel de acuerdo a su tamaño, forma e iconografía,  y de acuerdo también al lugar y a las prácticas sociales a los que fueron incorporados.

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Tres vistas de un mismo objeto escultórico del Diquís. Colección Peabody Museum, Harvard University. Foto: I. Quintanilla.

Samuel K. Lothrop en su libro sobre el Delta del Diquís llamó a algunas de estas sencillas esculturas como “fantasmas”. Realmente no sabemos como las llamaban y usaban en tiempos precolombinos. Lo que sí es evidente es que eran comunes, que eran de pequeño formato (no más de 2 kilos de peso), que están terminadas como esculturas y principalmente que convivieron con otras formas escultóricas más sofisticadas técnicamente y de mayor volumen.

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Pequeña escultura del Diquís, también fabricada sobre la base de un canto rodado. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Nota: Agradezco al Dr. Francisco Corrales del Departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica que me haya facilitado el acceso a todo un conjunto de esculturas recientemente recolectadas en investigaciones de campo. 

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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate “gigante”, monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la “cultura” Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como “región arqueológica Gran Chiriquí”, en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de “atlantes”, es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie “activa” para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para “contener” esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso “plato de molienda” sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los “sostenedores” del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.