Los museos están llenos de objetos. Unos son más interesantes que otros; algunos son bellos estéticamente, otros no son “bonitos”, sin embargo aportan información fundamental para entender determinados procesos.

De unos tenemos información científica; de otros no tenemos nada más que el objeto en sí mismo. Sea como sea, creo que no podemos dejarlos morir en las urnas de exhibición, ni en oscuros y fríos depósitos. De vez en cuando hay que re-vivirlos. Nuevos estudios, una buena foto, un poco de información, nuevas maneras de exhibir, o quizá sólo una mirada nueva. Somos nosotros los que les damos un nuevo sentido, una nueva vida social.

Hoy voy a re-vivir una pieza que pasa desapercibida en una urna del Museo Nacional de Costa Rica. No la he estudiado, solo tengo fotos de ella, pero eso no le quita valor a verla en si misma y en todo lo que nos dice con solo mirarla y moverla.

En el 2007 tuve acceso a varios objetos que están en exhibición permanente en el Museo Nacional de Costa Rica. Mi interés estaba centrado en documentar piezas cerámicas, esculturas y  unos pequeños objetos de hueso del Diquís exhibidos en la sala de Arqueología. Al abrir la urna con los objetos de hueso y concha me llamó la atención un pequeño colmillo que tenía un ave tallada.

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Foto: Diego Matarrita

En el momento no sabía si era parte del conjunto de huesos tallados del sitio arqueológico Jalaca, un cementerio precolombino ubicado en Jalaca de Osa. Me interesaban las piezas de este sitio para compararlas con las esculturas de piedra que estaba estudiando. Tenía unas fotos borrosas de piezas de este sitio y necesitaba imágenes de calidad.

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Talla en hueso del sitio Jalaca. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Ese día del 2007, trabajamos afanosamente. Diego Matarrita con la cámara no dejaba pasar detalle de las distintas piezas que nos sorprendían cada vez mas. Poco a poco fuimos documentando distintas piezas hasta llegar al colmillo tallado.

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Acercamiento de la parte esculpida del colmillo. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Cuando tomé el colmillo para colocarlo en el set de fotografía tuve un gran susto. La cabeza del ave se movió y no era porque le había hecho daño. No. De manera increíble la cabeza se movía de arriba abajo. Yo nunca había visto nada así.

Viéndola con detalle descubrimos que esta pequeña escultura había sido tallada con gran maestría técnica. La cabeza móvil se articulaba en una bisagra creada a partir del vaciado de material. No se había agregado nada más al colmillo base.

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Otra vista lateral del ave con la cabeza inclinada y el pico pegando en la barriga. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Increíblemente este colmillo no sólo es un objeto articulado con la virtud de la movilidad. También representa una pequeña escena cada vez que se mueve. Una escena de un ave de cuerpo humanizado, con patas abiertas y alas desplegadas que al moverse piquetea su abultada barriga. De hecho, la barriga tiene desgaste lo que indica que se usó muchas veces.

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Ave con la cabeza inclinada y el pico pegando en la barriga. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Esta pequeña escultura es un ejemplo de la extraordinaria destreza técnica de los indígenas precolombinos. También es un ejemplo del rico mundo simbólico que se plasmaba en múltiples tipos de materiales. Por eso, y a pesar de no tener datos de contexto porque no fue excavado científicamente, es bueno darle una mirada y pensar en él.

En toda la América precolombina fue muy común el uso de huesos y conchas para fabricar instrumentos y objetos de adorno. En las zonas tropicales como Costa Rica este tipo de materiales pocas veces se conserva, así que cada objeto hallado es un milagro. En este caso el magnífico estado de conservación es más milagroso todavía.

La vida te da sorpresas dice la canción. La arqueología nos da sorpresas también. Sorpresa gratas que nos muestran un mundo material precolombino rico y lleno de saberes. Este pájaro humanizado que se picotea la barriga fue una gran sorpresa y una confirmación de que hay que acercarse a los objetos aunque sea a través de fotos. Muchas veces se puede ver muchos mas a través de una foto que estando frente al objeto en una urna.