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Una arqueóloga ajena al espectáculo

El acto más esperado y mas concurrido del pasado Festival de las Esferas fue el concierto de inauguración con el grupo musical Los Ajenos como estrellas. Supongo que sus éxitos musicales Pamela Chu Pamela y Me vale un Cu generaron gritos, risas y alegría entre la gran multitud que se concentró en el parque de Palmar Sur el viernes pasado. Yo no los escuché. No quise. Me fui a tomar una cerveza lejos del ruido, de las luces y para no ver.

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Las esferas como protagonistas en una noche de concierto en el Parque de Palmar Sur. Sirvieron como posa botellas, para subirse y ver mejor a Los Ajenos. Fueron mas ajenas que Los Ajenos.

A veces es mejor no ver. Es mejor evitar. ¿Para qué? La voz exhaltada del locutor que amenizaba el concierto antes de la presentación de Los Ajenos me empujó a huir. Sus repetitivas palabras llamando a agradecer al alcalde de Osa el logro de haber traído al Festival de las Esferas a este popular grupo me invitaron a no estar ahí. No por el alcalde -él es un político y hace su trabajo- sino por el contexto, por el lugar, por las esferas perdidas entre la multitud, porque lo que estaba ocurriendo ahí no tenía nada que ver con el patrimonio arqueológico, con su revalorización, con la historia, con nada de lo que me había llevado a colaborar con ese festival. 

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Parte de la experiencia y del recuerdo de la visita al parque de Palmar Sur es fotografiarse junto a esta esfera. Es hermosa; es casi perfecta, mide cerca de 150 cm de diámetro, tiene una superficie pulida. En el pasado festival fue excluida del espectáculo. Supongo que casi nadie se fotografió junto a ella. Foto: I. Quintanilla.

Entiendo a los organizadores. Entiendo que quieran congregar gente. Entiendo que quieran alegrar el patrimonio. Entiendo que se hayan esforzado en no traer aburridos espectáculos culturales. Les respeto que las conferencias las dejen para entre semana. Comprendo que no promocionen los tours a ver los sitios con esferas con la misma vehemencia que lo hacen con la clásica carrera Las Esferas o con los grupos musicales. 

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Estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Osa en la gira para conocer las esferas de cerca. Foto: Carolina Arias.

Lo que no entiendo es cómo entienden los organizadores las esferas y lo que representan. Lo que no entiendo es porqué un festival orientado a la revalorización del patrimonio cultural, de fortalecimiento de la identidad local, de reconocimiento hacia los pueblos indígenas y su gran aporte a la historia colectiva, se vaya convirtiendo en la suma de actos sin contenido ni coherencia.

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La gestión del patrimonio arqueológico requiere sensibilidad, sutileza y coherencia. Quizá esto le esté faltando a los organizadores del Festival de las Esferas de Osa. Foto: Carolina Arias.

Yo tengo un problema. Me invitan a un lugar a hablar sobre las esferas, sobre arqueología o patrimonio cultural y voy. Con comida o sin comida; con buen hospedaje o durmiendo en un camastro; con transporte o sin él. Siempre acepto las invitaciones. Casi nunca, o mas bien nunca, recibiendo pago alguno mas que el agradecimiento de algunas personas.

Aunque mi papá se enojaba por esta tontería mía, siempre he justificado que hay que hacerlo por responsabilidad profesional y por amor a lo que hago. Sin embargo, mi pasada colaboración con el Festival de las Esferas ha sido como una bofetada.  He chocado con mi espejo y me he visto estando en un no lugar; me he visto bailando en un baile que no era para mí, ni para lo que yo hago.

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La visita a Olla Cero a conocer los bloques de piedra como los que se pudieron haber usado para hacer esferas siempre es una grata experiencia. Aquí el grupo que participó en el recorrido.

Fui al festival porque me invitaron los encargados de la parte educativa. Di una conferencia el viernes al mediodía a 15 estudiantes sobre la biografía de los objetos y la escultura en piedra del Diquís. También ofrecí una visita guiada el sábado por la mañana a un grupo de 15 personas que quisieron conocer los secretos de las esferas. Como siempre, fue una grata experiencia compartir mi conocimiento y sentir que hay interés y ganas de saber y conocer más.

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En el recorrido sensorial pudimos sentir, tocar, ver, rodear, escuchar, percibir, aprender y hasta danzar alrededor de las esferas. Eso también es divertido.

Antes de venirme del festival, de regreso a mi casa, llevé las facturas con los gastos de alimentación a los organizadores. ¿Por qué lo hice? Sabía que no lo habían presupuestado y que solo comprometía a quienes se las entregara. La mirada de desconcierto de la coordinadora al verlas -no porque había comido caviar ni nada por el estilo, si no por el simple hecho de cobrar mi alimentación y parte del transporte- me confirmó que no estaba dentro de los planes de los organizadores pagar por mis gastos.

Sé que a Los Ajenos no les faltó la cerveza que pidieron, ni los jugos, ni los chocolates. Mucho menos les faltó el pago por su hora y media de espectáculo. Entonces, ¿por qué hubo una mirada de asombro por las facturas de la comida de la arqueóloga especialista? ¿Por qué no pueden pensar que los que estudiamos eso que les da prestigio como comunidad, de eso de lo que ahora se sirven los políticos, también tiene un valor? ¿Es que mas bien, en mi caso como arqueóloga independiente, debo pagar por estar ahí?

Sabía que mi participación era secundaria. Que ser especialista en el tema no significaba nada. Que compartir y transmitir mi conocimiento sobre el tema principal del festival no podía competir con Los Ajenos ni con ningún otro espectáculo. Que putada, ¿no? Aun así, fui e hice lo que me comprometí hacer.

Soy ajena al poder; soy ajena al mundo del espectáculo. Soy invisible y estoy ausente para los políticos de turno. Pero tengo una voz y un blog. Y como dirían esos catalanes de quienes aprendí a no callar: Perdoneu, pero algú debia de dir-ho. Y ese algú, soy yo, sin pedir perdón.

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Gracias a Carolina Arias que me llevó en su carro y tomó las fotos; a Fito Guevara que me acompañó en el recorrido sensorial e hizo danzar a las chicas del colegio alrededor de las esferas. Gracias al Brunka Lodge que me dio cama para dormir. Gracias al antropólogo Carlos Morales, educador del Museo Nacional. Espero que no tenga que pagar mis facturas.

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Barriles de piedra de la Gran Chiriquí: ¿por qué nunca hablamos de ellos?

Hace cuatro años empecé a escribir un texto para este blog sobre los barriles de piedra del sur de Costa Rica y el Oeste de Panamá. Por alguna razón lo dejé abandonado y hoy creo que es el día para acabarlo.

Me ha motivado lo que escribió un amigo de un amigo de facebook en una publicación. Transcribo lo que escribió el señor, aunque un poco editado: Hay una pregunta que me hago..en 1958,59, en la zona de San Vito, Las Brisas, yo vi un círculo de Barriles de piedra y más hacia abajo lo que llaman La Maravilla vi otro círculo de estos Barriles, yo tenía como siete años. Y nunca oigo nada de estos Barriles..alguien me puede decir algo”.

Como Luis Figueroa, el amigo de FB, me etiquetó yo le respondí lo siguiente a Néstor, el señor amigo de Luis: “Nestor: usted fue un privilegiado si pudo ver estos círculos. Tristemente, los barriles al igual las esferas de piedra han sido removidos de sus lugares originales. Sabemos que los barriles son característicos y únicos en lo que se llama la Gran Chiriquí. Es una región arqueológica que se extiende entre el sur de Costa Rica y Panamá Oeste. Los barriles se han encontrado en la cuenca del río Coto Brus y en las cercanías del Volcán Barú en Panamá”.

Tiene razón Nestor al decir que nunca oye hablar sobre los barriles. No sé porqué nunca hablamos de ellos. Esto es curioso porque los barriles, al igual que las esferas de piedra son únicos dentro de la arqueología americana y ambos están asociados. De hecho, las esferas mas antiguas, las de hace unos 1500 años, se fabricaron al mismo tiempo que los barriles.

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Esta foto la tomó Mauricio Ordoñez hace mucho años. Son dos barriles de piedra que estaban expuestos de esta manera en la vieja exhibición del Museo del Jade en San José.

Los Barriles de piedra fueron hechos hace unos 1500  y se dejaron de hacer  hace unos 1000 años. Están relacionados a un período que en la arqueología del sur de Costa Rica se conoce como Aguas Buenas. Al igual que las esferas, los barriles son un tipo de representación de una forma abstracta:  son cilindros.

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Vista frontal de los mismos barriles de piedra de la colección del Museo del Jade, San José. Foto de Mauricio Ordoñez.

Aunque son figuras cilíndricas, se les llama  “barriles” en alusión a los contenedores o toneles de la misma forma. Sin embargo, el nombre de barriles que se le dio a estas esculturas no tiene nada ver con contenedores, ya que no son huecas.

Básicamente consisten en rocas graníticas o andesitas talladas en forma de cilindros. Algunos son de tipo columnar y otros son más redondeados en la parte central. En los extremos planos y en el resto del cuerpo tienen grabados en alto y bajo relieve. Los diseños consisten tanto en motivos abstractos como figurativos.

La información sobre los cilindros de piedra del período Aguas Buenas es muy escasa. La primera fuente publicada corresponde a Mathew Stirling quien en 1950 evaluó el sitio Barriles, un yacimiento ubicado cerca del Volcán Barú en Panamá. Sin embargo, es poco lo que dice respecto a estas esculturas. Por él y otros autores sabemos que en este sitio también se elaboraron unas escultura singulares. Son las estatuas Barriles, únicas y excepcionales en la América precolombina.

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Escultura del sitio Barriles en Panamá. Los barriles de piedra están asociados a este tipo singular de esculturas humanas. Foto: Tomás Mendizabal.

La mayor parte de barriles que se conocen provienen de la zona  de Coto Brus, en las faldas de la Cordillera de Talamanca, en el lado pacífico de esta. Laura Laurencich de Minelli  habla de ellos en una publicación de 1963.

En 1992 John Hoopes encontró dos barriles de piedra en los sitios Costa Purruja y Obando, en la zona del Golfo Dulce. Este hallazgo es muy importante porque estos barriles estaban junto con esferas en sitios habitacionales. Además son sitios situados en la costa, algo que vino a ampliar la distribución de los barriles, ya que la mayoría se habían encontrados en tierras del interior, al pie de la Cordillera de Talamanca.

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Barriles de piedra hallados en el sitio Costa Purruja, en Golfito, por el arqueólogo John Hoopes en 1992. Estaban junto con una esfera de piedra en un lugar donde vivía gente hace unos 1200 años.

En el 2002, un equipo de la Universidad de Costa Rica estudió el sitio Java cerca de Paso Real, camino a San Vito de Coto Brus y documentaron barriles junto con esferas de piedra en un sitio arqueológico con montículos habitacionales y estatuas.

Los barriles no se pueden considerar esculturas monumentales pero, por el tipo de piedra en que fueron fabricados (andesitas y gabros), resultan muy pesados. Se ha calculado que algunos de ellos pesan entre 200 y 250 kilos.

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Barriles y esfera partida del sitio Costa Purruja. Foto cortesía del Dr. John Hoopes.

Los barriles tienen figuras de personas y animales (monos y tortugas) grabadas en alto y bajorrelieve en los extremos planos. Llama la atención el severo desgaste que presentan los diseños, o el acabado incompleto de algunos de ellos. Esto es algo que se dio en ambos extremos de los objetos.

A la fecha no hay certeza sobre el uso que se le dio a los barriles. Se ha propuesto que son asientos, pero no hay ninguna evidencia de esto. De ser así, cada vez que se sentaban se movían mucho y rítmicamente hasta lograr el desgaste casi total de algunos grabados.

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Faceta plana de un barril con figura grabada y muy desgastada. Colección Museo Nacional de Costa Rica

A la fecha se conoce la existencia de cerca de 50 barriles, sin embargo no hay un inventario completo de ellos. Hace falta mas investigación acerca de ellos y especialmente, hace falta cuidar los que están sin desplazar en los pocos sitios arqueológicos que aún los conservan.

Es llamativo que en otras partes de América se han registrado esculturas que también tienen forma cilíndrica, pero son distintos a los barriles de la Gran Chiriquí. No son muchos los registros que hay sobre ellos. Uno de los más destacables es el que Mathew Stirling hizo de uno que se halló en México.

En 1963 Stirling publicó una escultura de forma cilíndrica hallada en un sitio olmeca, del que no logro encontrar el nombre ahora mismo. Como se ve en la imagen es un cilindro con una concavidad que pudo haberse usado como contenedora o para sostener algo. 

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Escultura cilíndrica publicada por M. Stirling en 1963. Estaba en un contexto de la cultura olmeca en México.

No podemos decir que cilindros como este tengan relación con los de Costa Rica y Panamá porque la escultura olmeca es muy diferente, además de la distancia que hay tanto en términos geográficos como cronológicos. La cultura olmeca es más antigua que las ocupaciones de Costa Rica con esferas y barriles. Hay casi mil años de diferencia y cientos de kilómetros entre una y otra.

Es importante saber que las esferas, la estatuaria barriles, los cilindros llamados barriles y otras esculturas son creaciones locales. Son innovaciones, son obras generadas por los grupos que vivían en esto que hoy llamamos Gran Chiriquí. Su singularidad es parte de lo que caracteriza a estos pueblos que hicieron de la piedra un medio de expresión excepcional.

Para terminar este breve texto quiero retomar el cierre de mensajes con el señor Nestor. Él escribió después de mis mensajes:

Claro, ahora me libras de un sentimiento extraño..Y un recuerdo de mi pasado con mi madre en un viaje hecho de San Vito a Paso Real, por la trochavieja, en Las Brisas estaban los primeros, y en La Maravilla, cerca del río, estaban los otros…
Gracias..
Algo que recuerdo, que dijeron ..Era que esos barriles eran de extraterrestres, y eran círculos guías, porque de ellos salía energía…
Para mi fue como si un chino me hablará, pero si me impresionaron mucho…encontrar una forma geométrica formada por barriles en medio de la montaña…”.

Son raros los recuerdos. Las evocaciones al pasado, los viajes con la familia, la mirada de niño. Me alegra que el señor Nestor haya recordado lo que vio en 1958 o 1959. Al recordar él me ha hecho recordar a mí que tenía este texto pendiente. Espero haberle aclarado sus dudas.

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Adjunto dos enlaces relacionados con los barriles de piedra:

Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Costa Purruja: una esfera y dos barriles de piedra entre restos de pescados y moluscos

 

 

 

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Sobre el arte de hacer figuras de piedra entre los bribris

Hace unos meses publiqué en este blog un texto sobre la idea tan arraigada en el sur de Costa Rica de que los indígenas fundían la piedra para fabricar esculturas. Esta idea la comparten indígenas de distintas etnias y campesinos no indígenas, que la han incorporado a su bagaje, quizá de oírla de sus vecinos.

Ayer estaba revisando unos viejos libros y encontré una narración que recopiló la antropóloga MªEugenia Bozzolli en Amubri, un pueblo bribri del Caribe Sur de Costa Rica. El relato lo hizo Albir Morales en 1986. Como me gusta la historia, he decidido transcribirla tal cual está publicada:

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MEMORIA DE CÓMO SE HACÍAN FIGURAS DE PIEDRAS

Narrador: Albir Morales (Clan Dojkwak, Amubri), 1986

En aquel tiempo, en Blo’bta, lugar en Alto Lari, había un hueco en la tierra, especie de túnel que se convierte en horno para hacer la materia de hacer figuras. Este sitio estaba por la cabecera del Río Dpari.

Del río se sacaban veinte o treinta piedras y se llevaban a un fuego que se enciende en el horno de tierra. Estas pìedras eran/wiñe/, piedras macho alargadas. Cuando estaban ardiendo se echaban en el agua y se enfriaban. Se volvían a poner al horno.

Cuando esto se había hecho cuatro veces, había ocurrido /ák Wíköl dwö/, había muerto el espíritu de la piedra. Entonces se llevaban a una piedra de moler y se convertían en polvo. Ese polvo se mezclaba con una tierra roja pegajosa que se conseguía en ese lugar. La arcilla era /alaki/ hembra. De la mezcla, se esculpían las figuras. Cuando se estaba haciendo la mezcla, el polvo de piedra, que es azul, cambiaba el color de la arcilla roja y lo enfriaba, dejando la argamasa con un tono grisáceo oscuro o azulado.

Hacer las figuras de esta mezcla se llamaba /iyi wiköl ywöie/, hacer animalitos y otros seres de las historias. Algunas eran /sorkula diököl/, por ejemplo, tigre, gavilán y monos congos.

Tomado de: Tradición Oral Costarricense. ¿1995?. Volumen III, Año III, Nº 3-4: 50. Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, San José.

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Para nadie es un secreto que el trabajo en piedra precolombina de lo que ahora llamamos Costa Rica es impresionante en términos tecnológicos e iconográficos. En esta parte del mundo no sólo se tallaron esculturas de diversas formas; también se tallaron, a veces de manera exquisita, objetos utilitarios como los metates o piedra de molienda.

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Metates precolombinos finamente esculpidos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Fotos: Diego Matarrita.

Es muy interesante, que los bribris, un pueblo que habita tanto en la estribación Caribe como la del Pacífico de la Cordillera de Talamanca, guarde una historia y conserve una concepción sobre la manera en que se hacían las figuras de piedra.

Piedras con espíritu. Piedras con adscripción de género. Piedras vivas que se transforman. Seres humanos capaces de fundirlas y modelarlas. Es historia oral que es verdad por ser eso: historia transmitida de generación en generación para explicar el mundo y sus cosas.

A través de la investigación arqueológica la información acerca de la fabricación de los objetos escultóricos nos dan otros datos. Sin embargo, la manera en que la gente indígena los entiende y mantiene la memoria acerca de ellos, es tan importante como nuestros resultados. Y es que nuestros resultados son para nosotros, que también necesitamos entenderlos y tener nuestro propio relato.

La piedra y su transformación para crear objetos fue fundamental en el mundo indígena anterior a la introducción del hierro y otros metales duros por los conquistadores europeos. América precolombina tuvo en la piedra el soporte para el mundo doméstico. Igualmente, encontró en la piedra un medio para plasmar un rico y complejo mundo simbólico. La piedra estuvo siempre presente en la vida indígena. Ahora, la piedra es cosa del pasado hasta para los mismos indígenas.

Necesitamos muchas maneras de hacer memoria. No se nos puede olvidar que en gran parte somos seres humanos porque hicimos cosas de piedra.

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Este es el enlace del texto anterior sobre la técnica de fundir piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/06/13/acerca-de-la-tecnica-de-suavizar-la-piedra-y-la-escultura-precolombina/

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Objetos olvidados, objetos para revivir mirándolos de nuevo

Estudiar colecciones arqueológicas es una tarea satisfactoria. Depara sorpresas, permite reconstruir historias y posibilita darle nueva vida a los objetos. Esto es especialmente gratificante con los que no fueron excavados científicamente y que se conservan en los museos.

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Vasija trípode del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

En sus inicios, la arqueología de Costa Rica, como la de la mayoría de países, estuvo fuertemente marcada por el objeto en si mismo. El coleccionismo marcó una época donde se recolectaban objetos, principalmente los que estaban completos, los más bellos o raros. No interesaba cómo estaban, que otros objetos lo acompañaban. No se tomaban fotos, ni se dibujaba ni se anotaba nada. Salvo pocas excepciones, casi no quedó información sobre miles de piezas arqueológicas hoy guardadas como parte del patrimonio nacional.

Miles de objetos se acumularon desde finales del siglo XIX hasta finales de la década de los setenta del siglo XX. Esto fue antes de que se profesionalizara la arqueología y se comprendiera la necesidad de desarrollar excavaciones científicas y estudios mas allá de la pieza y de sus atributos formales o estilísticos.

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Vasija del tipo armadillo o galleta. Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Con la arqueología profesional y el espíritu cientificista, los objetos sin contexto recolectados sin ningún control quedaron rezagados y fuera del ámbito académico. Fueron los historiadores de arte precolombino quienes mantuvieron interés en ellos. En la arqueología fueron desdeñados como fuente de información científica, salvo en los casos de tipologías, especialmente cerámicas, donde servían para ejemplificar los “tipos” creados desde los sistemas clasificatorios.

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Vasija policromada del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La mayoría de los objetos guardados en los depósitos de los museos son verdaderos desconocidos. Salvo algunas piezas singulares o significativas que son exhibidas, hay cientos de ellos condenados a una vida de invisibilidad por no ser considerados “obras de arte” en el sentido estético, o por que les falta un pedazo, o porque hay muchos como ellos y ellos no son los “mejores exponentes”.

Curiosamente, muchos estudiantes de arqueología casi nunca tocan un objeto arqueológico completo; solo fragmentos. Igual le pasa a muchos ya graduados. Sin embargo, los museos tienen sus depósitos llenos de objetos que claman por ser estudiados.

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Metate efigie de felino del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A pesar de las limitaciones de información, siempre hay preguntas; siempre se les puede interrogar para que informen algo sobre su historia y lo que fueron. Los objetos sin contexto si se integran a los que sí lo tienen recuperan gran parte de su valor informativo. ¿Por qué no hacerlo?

Sale caro mantener grandes depósitos con objetos que nadie estudia. Los depósitos no son solo almacenes para el futuro; bodegas donde se resguarda el patrimonio del país. Son un activo para el conocimiento. Hay que estudiar y dar a conocer lo que se guarda ahí. Hay que demostrar que vale la pena cuidarlos y la mejor manera es estudiándolos, mostrándolos en sus diferentes facetas informativas, haciendo accesible la información sobre ellos.

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Armadillo. Detalle de vasija el Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Es bueno excavar. Y es maravilloso analizar lo encontrado en las excavaciones. Sin embargo, vale la pena mirar lo que ya se ha recuperado. Hay tanto, pero tanto por estudiar, y hay tanta gente esperando saber sobre eso que se guarda. Nadie va a ser menos arqueóloga ni arqueólogo por estudiar viejas colecciones. Al contrario: el reto está en extraer algo de ellas, ponerlas en valor; hacer que hablen.

Mañana iré a los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica. Y estoy feliz de poder hacerlo. Feliz de poder abrir cajas, de buscar respuestas, de tocar piedra. Con la certeza de que vale la pena hacerlo. Con la responsabilidad de cerrar capítulos abiertos. Con la suerte de ser una arqueóloga que todavía tiene mucho por hacer.

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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Hermosa curvatura de piedra

Bahía BallenaDa gusto ver una esfera así. Para los que gustan de la simetría, de las formas hermosas. Con su musgo, sus líquenes, sus cianobacterías y demás micro-organismos. Con su tropicalidad.

Esta esfera yace plácidamente abandonada junto con otras cuatro en el centro del pueblo de Bahía Ballena, en Uvita. Casi invisible por el descuido, no es percibida en su perfección ni en su fino acabado.

Yace invisible mientras cientos de turistas entran al parque marino Ballena. Quizá mejor así que con gente subida sobre ella, o posando para la foto. No sé… cada vez tengo menos cosas claras con esto del turismo que consume cultura. Por ahora mejor mostrarla en fotos. Fotos como esta que re-encontré y que tomó Diego Matarrita el año pasado. La comparto hoy para que no se nos olvide que está ahí y así.

 

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Objetos rebeldes

El año pasado visité una extraña y hermosísima exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) que trataba sobre el cine fantástico. Metamorfosis se llamaba la exposición y mostraba gran cantidad de objetos, vídeos, textos y otros materiales relacionadas con cuatro extraordinarios creadores de mundos irreales.

Metamorfosis 1
Poster de la exposición metamorfosis del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Hoy me he encontrado con una foto que tomé mientras hacía el recorrido por la exhibición. No recuerdo cuál de los creadores –Starewitch, Švankmajer o alguno de los hermanos Quay– escribió lo que se transcribe en el texto:

Objetos rebeldes

Me gustó como empezaba: “…los objetos siempre han estado más vivos que las personas. Y es que la memoria de los objetos es mas larga que la memoria humana, que está limitada por la mortalidad…”.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-1257-ESC-7 / Superficie. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Fragmento de escultura del sitio Batambal, Osa, Costa Rica. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

No he podido pasar por alto esto otro: “Me gustan las cosas viejas, no porque sean viejas, sino porque fueron testigos de emociones, situaciones  y actos de personas cuando éstas se encontraban bajo tensión emocional. Tocándolos, las personas cargaron los objetos de emoción.”

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Escultura humana sin rostro. ¿Rostro borrado o no hecho?Pieza mutilada, rota, reutilizada? Muchas preguntas alrededor de actos y decisiones humanas. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Es curioso esto del mundo de las emociones, de los sentidos, de sentir la presencia humana en el mundo material. Muchos de los que hemos estudiado Arqueología olvidamos esas manos, esa gente, esas emociones y actos vitales, y sólo vemos materia social sin alma. Huyendo de ser seres emocionales, de involucrarnos con eso que llamamos “el objeto de estudio“, olvidamos eso otro que sí perciben quienes no tienen la obligación de justificarse bajo el manto de la ciencia objetiva.

De vez en cuando yo me dejo llevar y me pongo a pensar emocionalmente y le pregunto ciertas cosas a los objetos que estudio. No sé si es por falta de rigor, por la libertad que me doy, o por autoengaño, pero encuentro respuestas interesantes. También veo muchas cosas que no vería si no mirara emocionalmente.

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Figurilla fabricada en un colmillo. Moviendo la pieza se puede ver que tiene una cabeza móvil y un pico que picotea la barriga. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces hay que mover las cosas, sacudirlas, darles vuelta y dejar de contar y medir. Por ahí siempre habrá una cicatriz, un golpe oculto, unos rasgos no trazados, o unas manos maravillosas que hicieron, cuidaron y usaron esas cosas. También brotará la violencia de los golpes, el deseo de romper y olvidar.  Puede que también se vea el deseo de transformar, de reutilizar, de reinventar, de recordar. Sea lo que sea ahí estará la memoria de quienes formaron parte de la vidas de esas cosas, de esos objetos.

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Fragmento de torso y cabeza. Sitio Barriles, Panamá. Pieza reconstruida de hombre roto. Foto: Tomás Mendizabal.

 

 

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

Conversatorio-1-MAC-2015-2

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No tocar; es patrimonio de la humanidad

 

esfera en Boruca

Patrimonio de la humanidad: no tocar. Eso dice el rótulo de la esfera instalada recientemente en el Museo Comunitario de Boruca. NO TOCAR, ¿por qué no tocar? Si es piedra, si está sana, si está al alcance de la mano.

NO TOCAR, ¿por qué es patrimonio de la humanidad? Esta esfera no lo es. Es una esfera sin contexto, sin datos de procedencia, que ha sido colocada ahí como préstamo del Museo Nacional de Costa Rica.

Primero el NO TOCAR. El objeto como símbolo. Como símbolo de la visión patrimonialista, como ejemplo del estigma del objeto de museo separado de la gente.

el silencio esfera

Y ¿por qué esta esfera no tiene el rótulo de: NO TOCAR: Patrimonio de la humanidad? Debería de tenerlo, pienso yo. Ésta SÍ es patrimonio de la humanidad; es la esfera del sitio El Silencio, la más grande de todas, la de las casi 20 toneladas.

Y ¿por qué no le ponemos el rótulo de SI TOCAR: patrimonio de la humanidad? Y más aún, ¿por qué no la tocan los especialistas? ¿por qué parece que no hayan manos que la toquen, que la cuiden, que la protejan del sol, de la lluvia, de las crueles condiciones ambientales que la están destruyendo?

Una mano posada en una esfera no hace daño. Ni dos ni tres ni mil si solo se posan en ella, o la abrazan. Lo que hace daño es el abandono, el no sanar grietas, el no proteger cuando se es frágil. Eso si hace daño.

Ojalá alguna mano sabia, o muchas manos sabias, puedan tocar la esfera de El Silencio y alivien su enfermedad. Urgen esas manos expertas, especialmente ahora que es PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.