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Sobre una esfera que se fue del Sur al Norte y que ahora vive entre aviones

Desde hace 14 años vivo en Barcelona y cada año voy a Costa Rica con mi familia. Aunque siempre les digo que vamos a tomar unos días para pasear siempre termino absorbida por mis intereses de investigación y los paseos quedan supeditados a unos pocos días y siempre en dirección al Sur.

Hace seis años decidimos hacer un viaje familiar a Guanacaste, al Pacífico Norte, para no caer en la tentación del Sur. Nada de arqueología, ni esferas, ni piedras, ni nada. Pasear con la familia; ese era el lema, pero … no lo cumplí. No pude hacerlo porque cuando íbamos camino a Playa Panamá pasamos frente al Aeropuerto Internacional de Liberia y vi algo que me llamó la atención. Le pedí a mi esposo que parara el carro y nos devolviéramos para confirmar si lo que había a la entrada del relativamente nuevo aeropuerto era una esfera precolombina.

Había visto esferas en Guancaste pero todas ellas eran imitaciones o piedras redondeadas. Doris Stone escribió una breve nota donde mencionó esferas en la parte Sur de la península de Nicoya, pero no aportó mayores datos. En ninguna de las investigaciones llevadas a cabo por otros arqueólogos hay registros de esferas en esta parte del país. Y, aunque  Claude Baudez mencionó el hallazgo de piedras redondas en el sitio Papagayo, lo que  en realidad halló eran pequeños guijarros, tal y como lo constaté al revisarlas en el museo de Quai Branly en Paris donde están guardadas. Así que las esferas no fueron usadas por los indígenas del Pacífico Norte, y por eso me llamó la atención esa esfera de gran tamaño en plena vía pública.

Esfera colocada en la entrada de la carretera que lleva al Aeropuerto Internacional de Liberia, Guanacaste, Costa Rica. Foto Anayency Herrera.

Con una rápida mirada me di cuenta que era una esfera precolombina y no un clon hecho de cemento u otro material. Tenía una patina antigua, era muy simétrica, tenía un acabado de superficie fino y el material usado  era el gabro, el mismo de la mayoría de esferas del Sur del país. Además, a su lado había una placa conmemorativa que no dejaba lugar a la duda.

En la placa decía que era una esfera procedente de “las llanuras del Río Térraba” , un lugar que se puede interpretar como el Delta del Diquís, y que era una donación de Marjorie y Daniel Oduber.

Placa conmemorativa colocada en el suelo, cerca de la base de la esfera. Foto: Anayency Herrera.

Por el nombre de los donantes y por el lugar donde estaba tenía que ser precolombina. Daniel Oduber fue presidente de Costa Rica en el período de 1974 al 1978. Fue un destacado líder social-democráta y su partido -Liberación Nacional- ha gobernado en múltiples ocasiones el país. Murió en 1991 y le sobrevive su viuda, Marjorie y un hijo. El matrimonio Oduber, al igual que muchas familias adineradas, tenía como una de sus aficiones el coleccionismo de piezas precolombinas. Gran parte de su colección procede del Pacífico Norte, presuntamente de algunas de sus grandes propiedades donde tenían cuadrillas de trabajadores dedicados a extraer objetos arqueológicos.

Los Oduber han tenido una relación muy estrecha con la provincia de Guanacaste, y el Aeropuerto Internacional de Liberia, construido a finales de los noventa, lleva el nombre del ex-presidente. Quizá por eso, y como muestra de aprecio, su viuda se desprendió de un valioso objeto de su colección -la esfera precolombina- que debió haber dado vistosidad al jardín de alguna de sus casas.

El encuentro con esta esfera cambió un poco los planes familiares. Como una arqueóloga amiga vivía en Liberia y había quedado en pasar a saludarla aproveché para tentarla y que me acompañara a revisar la esfera. Ella aceptó gustosa, y mi familia se fue a la playa. Anayensy, la arqueóloga, tomó su cámara y su carro y nos fuimos muy alegres a ver la esfera.

Por costumbre, y también porque he aprendido que los detalles de las esferas se encuentran caminando alrededor de ellas, viéndolas desde distintas perspectivas y usando el tacto para conocer la textura superficial, fue como nos dimos cuenta que tenía algunos grabados. La luz no era buena y no teníamos el equipo adecuado, por lo que no pudimos identificar lo representado, pero lo importante para el caso fue que fuimos capaces de detectar esos leves bajo-relieves y saber que estaban ahí, sobre la superficie alisada y fina de la esfera.

Detalle de la esfera precolombina de Liberia con bajo-relieves y diaclasa. Foto: Anayensy Herrera.

Otro aspecto importante de la esfera era la presencia de “diaclasas” que son fracturas que sufrió la roca estando en el interior de la corteza terrestre y que se rellenaron con otros materiales. Las esferas con diaclasas tienden a fisurarse y son una de las causas de la ruptura de algunas de ellas. En general, la materia prima que se usó para fabricar esferas no tienen este tipo de problema, lo que muestra criterios de selectividad al escoger la roca.

La esfera presenta diaclasas en distinta dirección. Algunas de ellas a mediano o largo plazo pueden ser la causa de la fractura de la esfera. Foto: Anayensy Herrera.

Comúnmente, las esferas removidas de su lugar original han sido colocadas de acuerdo a los caprichos de sus “dueños”. No se han seguido protocolos ni se han tomado medidas para protegerlas ni conservarlas. Pero en el caso de la esfera del Aeropuerto de Liberia me pareció que estaba siendo castigada. Fue puesta en una zona totalmente descubierta, a pleno sol y sin ningún refugio ante la lluvia. Y es que Liberia es una de las zonas más calientes de Costa Rica. A mediodía la temperatura puede sobrepasar los 30 o 35 grados la mayor parte del año. Estas altas temperaturas se mezclan con altas precipitaciones durante unos ocho meses al año.

Quizá la dureza del gabro haga pensar que son indestructibles, pero no es así. En el caso de esta esfera puede que la conjunción de la  dureza medio-ambiental,  las vibraciones de los aviones y su estructura geológica la estén condenando a una breve vida en Guanacaste.

En septiembre del 2006 por lo menos había una fisura que amenazaba en convertirse en grieta con riesgo de ruptura. Como no podía más que observar y documentar le comuniqué a los encargados del patrimonio arqueológico esta situación. Supongo que habrá sido corregida. Foto: Anayency Herrera.

Quizá alguien se pregunte cómo una esfera del Sur pudo llegar hasta el Norte y y convertirse en un monumento conmemorativo actual. Esta no fue una situación común en tiempos precolombinos porque las esferas eran objetos que no circulaban más allá del Pacífico Sur, salvo casos excepcionales. Su producción era local y para consumo local.

Sin embargo, a lo largo del siglo pasado, especialmente después de los años cincuenta y a partir de la construcción de la Carretera Interamericana y del uso de camiones pesados, las esferas fueron movidas a un ritmo vertiginoso. Una buena parte fue movida dentro de la misma región Sur, y ahí es donde está la mayoría. Otra parte fue trasladada al Valle Central, principalmente a San José,  a las casas de familias adineradas o a instituciones públicas. Esto ha provocado que a la fecha más de un 95 % de las esferas conocidas estén fuera de su contexto precolombino y de su lugar original.

Puede que la cifra no asuste a lo amantes de la esfera en-sí-misma, pero esto es una gran tragedia para todos los amantes de la arqueología. Hay menos de 20 esferas en su lugar original y esto constituye un serio problema para su investigación, su conservación y su puesta en valor, especialmente porque  gran parte de ellas estén en propiedades privadas y lo dueños de estas propiedades actúan como sus propietarios.

Asimismo, los nuevos usos de este objeto precolombino, como es el caso de la esfera colocada en la entrada del Aeropuerto de Liberia, las sitúan en una situación distinta, y así resulta difícil el trabajo arqueológico. Ahora han adquirido nuevos sentidos, tienen “nuevos propietarios” y  nuevos contextos sociales, políticos y económicos.

Unas cuantas de estas esferas tienen vidas privilegiadas; otras no tanto. Y aunque no sientan, ni hablen -porque las esferas no hablan- están vivas. Vivas porque nosotros les damos esa vida, ese sentido y las seguimos usando. Bien o mal, pero las hemos integrado en eso que llamamos patrimonio arqueológico, les hemos dado valor- científico, económico, simbólico, identitario, emocional, entre otros- y porque tenemos una responsabilidad legal y colectiva, ya que son parte del legado histórico y cultural de los pueblos que vivieron antes que nosotros en el territorio costarricense.

Desde 1998, según dice la placa, hay una esfera del Sur en el Norte y supongo que allá ha cobrado un nuevo valor social y es apreciada y motivo de orgullo.  Sería lamentable que tan largo viaje no haya tenido sentido y que solo sea una triste piedra redonda que saluda a los turistas que van y vienen del aeropuerto.

Un detalle de la simetría y buen acabado de la esfera de Liberia. Foto: Anayency Herrera.
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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate “gigante”, monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la “cultura” Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como “región arqueológica Gran Chiriquí”, en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de “atlantes”, es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie “activa” para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para “contener” esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso “plato de molienda” sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los “sostenedores” del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.
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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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Compañeros de viaje de las esferas: la escultura precolombina de la Gran Chiriquí

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, esta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Me gustaría compartir algunos ejemplos de las otras esculturas que acompañaron a las esferas durante su vida en tiempos precolombinos. Aunque también había otros objetos hechos de barro, de oro, de cobre, de madera, de algodón, etc, lo que me interesa ahora es mostrar  que las esferas formaron parte de un conjunto de objetos escultóricos singulares y propios en esta parte del mundo.

Armadillo tallado en hueso. Colección Museo nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La gente de las esferas no sólo hizo esferas; hizo muchísimas cosas más a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar  un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico o menos público. También se puede ver que había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos y de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región se dio alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente.   Su uso surgió dentro de un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico. El uso de éstos indica nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

He preparado una presentación en PREZI para mostrar mejor el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Es un resumen y hay una serie de aspectos interesantes que no muestro como el el caso de la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas. Tampoco he incluido información sobre el posible uso de pintura en algunos objetos ni las huellas de uso y desgaste que presentan la mayoría de ellas. Ha faltado también hablar sobre las representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros. Falta también información sobre los ornamentos y la indumentaria.

Poco a poco iré tratando estos temas y otros muy interesantes. Como dije al principio, lo importante hoy es entender que las esferas no estuvieron solas, que su fabricación y uso estuvo unido a otros objetos y a una serie de prácticas sociales, económicas, rituales y políticas.Con un click en el siguiente enlace podrá hacer un recorrido por este conjunto. Seguro que después de conocerlo entenderá mucho mejor el fascinante mundo de la piedra esculpida con otras piedras.

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Magia, pseudo-ciencia, esferas de piedra y patrimonio: mundos incompatibles

En distintas conferencias que he dado a lo largo de casi 20 años he recibido muy buenos y algunos malos comentarios por el enfoque de mis estudios sobre las esferas de piedra precolombinas y los sitios arqueológicos a los que están asociadas.

Uno que siempre recuerdo me señaló que le estaba quitando la magia a las esferas. Que mi enfoque sobre la “materialidad” de las mismas, que la búsqueda de respuestas a través de lo que podía inferir a través de ellas, de sus huellas de fabricación, de sus huellas de uso, de sus alteraciones, de los procesos de trabajo que manifiestan, de la búsqueda de información social, económica y política a través de ellas y de otros objetos asociados, les quitaba todo el sentido místico, les restaba misterio y las situaba en el mundo de los objetos ordinarios.

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita
Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Lejos de ofenderme, ese comentario me alegró y me reafirmó en la tarea que me corresponde como investigadora. Por eso en este blog no hay magia. Porque no hago tratos con magos, adivinos, ni especuladores de la ciencia: su mundo es otro; el mío quizá suene árido y carente de emoción para los que buscan “el descubrimiento” y la develación de los secretos ocultos.

Ese no es mi mundo, y no me interesa estar en él. No es soberbia. Es situar cada cosa en el lugar que le corresponde. Y bajo ninguna circunstancia, salvo que sea para clamar por la protección y el cuido apropiado de eso que hoy definimos como patrimonio arqueológico, se podrán juntar ambos mundos.

Lo que pasa es que a mayor protección y cuido, menos magia. A más sentido de patrimonio, menos magia. Porque eso que llamamos patrimonio se construye en gran medida por el conocimiento, y especialmente por el reconocimiento social de lo que eso representa.

Esfera
Se puede especular sobre las esferas precolombinas y lo sugerente de su forma. Sin embargo, sólo a través del trabajo científico, especializado e interdisciplinario se podrá llegar a encontrar las respuestas que genera estos objetos hechos or manos indígenas. Foto: Diego Matarrita.

Y ese conocimiento no se genera por arte de magia, ni por la especulación; se construye día a día, con esfuerzo, dedicación y trabajo colectivo. El reconocimiento del patrimonio tampoco se da por arte de magia, ni siquiera por una imposición legal.

Es un proceso de toma de conciencia que se construye en la medida en que se constituye en un valor colectivo. Y ahí los relatos de ficción, la pseudo-ciencia y la magia tampoco construyen nada. Al contrario, son una amenaza,  ya que la cizaña de la duda sobre el origen de ese patrimonio es la carne que los alimenta.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla
Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

En el caso de las esferas de piedra los pseudo-científicos y especuladores de la ciencia siembran la duda permanente sobre la capacidad de las antiguas poblaciones indígenas para fabricar las esferas, o insisten en tener una mente abierta que permita “otras interpretaciones” más allá de las interpretaciones que permiten los datos arqueológicos. Esto constituye una amenaza velada sobre el valor patrimonial de estos objetos, y sobre todo lo que está asociado a ellas.

Pini limpiando copia

Así que siguiré en el camino descarnado de algo parecido a la ciencia. Buscando ir más allá de unas formas esféricas casi perfectas porque detrás de ellas hubo gente, y a esa es a la que busco.

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Mirando las esferas más allá de Osa: algunos datos sobre los sitios con esferas precolombinas

A veces, de tanto mirar las esferas y de enfocar la atención en Osa, se pierde la perspectiva de qué fue lo que representó este fenómeno en tiempos precolombinos y su relación con otros elementos culturales. Por esto es importante tener en mente que las esferas estuvieron insertadas en un mundo mayor y complejo, donde había otros objetos, muchas personas, y donde se dieron distintas dinámicas sociales, económicas, políticas e ideológicas como en cualquier sociedad o grupo humano.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. Foto: I. Quintanilla, 2008
Las esferas de piedra se encuentran en distintos lugares del Pacífico Sur. Buenos Aires es uno de esos lugares y el sitio Bolas uno de los más importantes sitios con esferas y otros elementos precolombinos. Esfera precolombina del sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla, 2008

Por otra parte, hay que mirar más allá de Osa, más allá de Finca 6 y de otros sitios cercanos, y enfocar las esferas y los sitios arqueológicos a los que están relacionadas desde una perspectiva más amplia, integral y regional.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el  mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era compartido. Esto indica que había diversidad cultural, al igual que la hay hoy día en la región.

Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Colección museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.
Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Es un tipo de objeto compartido en todo el Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas fueron un objeto más dentro de la variedad de producciones precolombinas del Pacífico Sur; no lo abarcan todo; no explican el todo sino una parte; tampoco determinan el conjunto. Independientemente de su singularidad, y en algunos casos monumentalidad, las esferas deben ser colocadas en el lugar que les corresponde dentro de la arqueología a partir de la investigación, y no por la subjetividad de las emociones que nos generan.

Fue en la sub-región Diquís de la región cultural Gran Chiriquí donde el fenómeno cultural de la producción y uso de objetos de forma esférica alcanzó unas dimensiones únicas y singulares en el mundo.

A la fecha existen registros de casi 1000 sitios arqueológicos en el Pacífico Sur. Lo registrado a la fecha comprende sitios habitacionales, funerarios, abrigos rocosos, petroglifos aislados o en conjunto y talleres, principalmente. La mayoría son ocupaciones que corresponden a los tres últimos milenos. En su mayor parte son poblados de grupos sedentarios, agrícolas, con alfarería, con la tecnología de la piedra picada y pulida, y en los períodos más recientes (después de 800 d.C. aproximadamente), con metalurgia basada en el oro y el cobre.

Cada punto indica un sitio arqueológico. Es importante destacar la concentración que hay en la cuenca del río Térraba. Otros lugares están sub-representados porque han sido poco estudiados, no por que no hayan sido ocupados en tiempos precolombinos .

De estos casi 1000 sitios arqueológicos hay información sobre esferas en 56 de ellos. Esto representa un porcentaje muy bajo, pero es importante recordar que los casi 1000 sitios constituyen el conjunto de lo conocido para más de 10 000 años de ocupación precolombina de esta parte del continente americano.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. Es decir que se usaron a lo largo de un milenio, en la parte más reciente de las ocupaciones precolombinas. Además de los 56 sitios con esferas, en ese mismo período hubo muchos más lugares con ocupación humana en la región.

cuadro cronosocial diquis

El número de sitios con esferas es relativamente bajo, mientras que el número de esferas es muy superior, con un número confirmado de 300 ejemplares. Esto quiere decir que se extrajeron esferas de sitios que no fueron documentados, o bien que había sitios donde se concentró una cantidad significativa de esferas. Lo más probable que las dos cosas hayan ocurrido.

Mapa del Pacífico Sur con la ubicación de los sitios arqueológicos con registros de esferas. Elaborado por Felipe Sol con información proporcionada por I. Quintanilla.

Un aspecto muy importante para dejar de mirar solo a Osa y al delta del Diquís, y para empezar a propiciar una imagen más amplia y acorde con lo que ofrecen los datos arqueológicos, es que los sitios con esferas que se conocen están vinculados principalmente al río Grande de Térraba y a la Cordillera Costeña, independientemente de si son más antiguos o más recientes. El Delta del Diquís fue un lugar  de gran importancia para las poblaciones con esferas, pero no fue el único ni parece haber sido el primero.

La cuenca del río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña son los dos ejes alrededor de los cuales se situán la mayor parte de sitio con esferas de piedra.

Dentro la cuenca del Grande de Térraba, las tierras cercanas a sus dos afluentes principales -los ríos General y Coto Brus- en la Cordillera Costeña formaron parte del territorio de la gente con esferas. La excepción parece haber sido la parte alta de la cuenca del General (río Chirripó Pacífico) donde los registros son inexistentes. Esto no se debe a la falta de estudios. Al contrario; se han hecho investigaciones intensivas en algunos sitios de gran importancia, como por ejemplo Rivas, donde además abundan las rocas de grandes dimensiones, y no se han registrado esculturas esféricas y casi que de ningún otro tipo.

Hay varios sitios arqueológicos con esferas ubicados fuera de la cuenca del río Térraba. Por ejemplo en Golfito y alrededores hay sitios registrados; en la isla del Caño también se han documentado, así como en Drake, en Uvita y otros puntos.

Fragmento de esfera precolombina del sitio arqueológico La Reina en Pérez Zeledón. Hay sitios poco conocidos y poco estudiados como éste. Todavía falta mucho por estudiar y proteger. Foto: I. Quintanilla.

Es curioso también el escaso número de sitios con esferas (dos nada más) registrados en el lado panameño. Es como si las esferas no hubieran cruzado la actual frontera política entre Costa Rica y Panamá, a pesar de que en tiempos precolombinos formaban parte de una misma región cultural (la Gran Chiriquí).

Esferas sitio Barriles 2
Esferas halladas en las cercanías del sitio barriles en Panamá. A pesar de los cercanos vínculos culturales, del lado panameño de la Gran Chiriquí no se han encontrado esferas de tamaño monumental como en el Diquís.

La parte baja de la cuenca del río Térraba -el delta del Diquís- es donde se ha registrado el mayor número de esferas. Sólo en el sector de Palmar Sur-Sierpe hay más de 120 documentadas. En este mismo lugar se han llevado a cabo excavaciones que han mostrado la complejidad arquitectónica de los lugares donde había esferas, como es el caso de Finca 4 y Finca 6 (excavaciones llevadas a cabo por el Museo Nacional de Costa Rica).

Esferas fabricadas en gabro y caliza procedentes de Finca 4. Todavía se conservan en los alrededores del sitio. De 30 esferas conocidas, sólo quedan unas pocas cerca del lugar y una o dos en su lugar original.

Con respecto a la diferencia entre número de sitios registrados y cantidad de esferas conocidas es destacable que al sumar los registros de esferas hay lugares como Finca 4 , en Palmar Sur-Sierpe donde se han extraído cerca de 30. También destaca Bolas con unas 20.  Desgraciadamente, en ambos lugares apenas quedan unas pocas esferas en su lugar original; en la gran mayoría no queda ninguna, salvo el caso excepcional y único de Finca 6, con su conjunto de esferas.

Uno de los aspectos más interesantes que genera pensar en las esferas y sus contextos arqueológicos es por qué en unos lugares las usaron y en otros no. No hablamos de lugares lejanos, sino de lugares vecinos, separados a veces por un río o unas montañas. ¿Qué hizo que unos dedicaran grandes esfuerzos, mucha energía y recursos para fabricar, trasladar y emplazar grandes esculturas esféricas y otros no?

Un gran número de esferas de piedra destacan por su monumentalidad, su forma casi perfecta y el acabado fino de sus superficies. Este es un exquisito ejemplo: 195 cm de diámetro, simetría esférica casi perfecta y unas 10 toneladas de peso. No fue tarea fácil crear estas esculturas. Foto: Diego Matarrita.

Además, surgen otras preguntas: ¿Cómo se generó tal diversidad cultural en un territorio relativamente pequeño como el Pacífico Sur? ¿Qué fue lo que hizo que un tipo singular de objeto se mantuviera en uso durante casi mil años, mientras otros objetos cambiaron o desaparecieron? ¿Qué pasó en el delta del Diquís donde se dedicaron a fabricar esferas y muchos otros objetos de piedra y metal? ¿A cuenta de qué tanto trabajo en objetos no básicos para la vida cotidiana? ¿Por qué en Rivas y zonas cercanas no incorporaron las esferas si eran contemporáneas a la metalurgia que sí fabricaron y usaron con gran profusión?

Hay muchas preguntas y poco misterio. Es en el ámbito del conocimiento donde las esferas requieren ser situadas para poder revalorizarlas, entenderlas y apreciarlas, y más que todo para que ayuden a entender a las sociedades que las produjeron y usaron y a las vecinas que no lo hicieron.

Por ahora hay un dato claro: las esferas de piedra no son un patrimonio exclusivo del Cantón de Osa. Ahí se concentra la mayoría, pero otros lugares como Golfito y Bolas tienen esferas de mayor antigüedad. Entender este pequeño detalle es algo importante. Y lo es porque el cuido, la investigación, la protección y la puesta en valor debe ir mas allá de Osa y de unos pocos sitios arqueológicos situados en este cantón.

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Breve información sobre las esferas precolombinas

Comparto otro texto sobre las esferas. Lo  preparé para el Departamento de Proyección Museológica del Museo Nacional de Costa Rica en el 2011. Fue la base de folleto que distribuyeron en el Festival de las Esferas de Osa de ese año.

Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica son uno de los ejemplos mas destacados del arte y de la tecnología precolombina. Hace unas décadas se consideraban un gran misterio. Sin embargo, recientes investigaciones arqueológicas permiten responder a muchas de las preguntas que surgen al conocer tan extraordinarias esculturas.

¿Por qué constituyen un ejemplo del arte y de la tecnología precolombina?

Como objeto escultórico, estas esferas son singulares dentro de riqueza y variedad de representaciones precolombinas. La esfera, una forma abstracta, fue materializada en piedra. Y no sólo una vez, sino cientos de veces en diversos tamaños.

Son un ejemplo del dominio de las técnicas de picado y pulido por la forma casi perfecta y por los acabados finos de la superficie de la mayoría de ellas. También son una muestra de la capacidad para organizar un trabajo escultórico difícil y de gran precisión, para transportarlas y para emplazarlas en sitios muchas veces muy alejados de donde se tomó piedra natural.

Debe tenerse en cuenta que estas esferas llegan a pesar hasta 15 toneladas y que fueron producidas por sociedades que no utilizaban ni la rueda, ni los animales de tiro.

¿Dónde están las esferas?

 El territorio de los sitios arqueológicos con esferas de piedra es el Pacífico Surde Costa Rica. Hay otros lugares en el mundo donde se han encontrado esferas en asentamientos antiguos, y muchos más donde se han encontrado piedras redondeadas de origen natural. Sin embargo, las esferas del Pacífico Sur son únicas porque en ningún otro lugar hay tal concentración, ni son tan perfectas ni alcanzan los tamaños ni las cantidades como en esta región.

Su uso estuvo circunscrito a la cuenca del Río Térraba y unos pocos lugares vecinos como Golfito, Uvita y la Isla del Caño. Estos lugares sólo son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí.

¿Cuándo y en qué contexto social fueron hechas?

 Las esferas más antiguas se empezaron a fabricar hace unos 1.500 años (alrededor del 400 d.C.), en el período Aguas Buenas. Eran tiempos de cambios económicos, sociales, políticos y de nuevas prácticas culturales

Los lugares con las primeras esferas están situados en distintos puntos del Pacífico Sur. No se conoce cuál fue la primera esfera ni el primer asentamiento que las usó. Lo que se sabe es que las primeras ya eran grandes y que en el caso del sitio Bolas, eran monumentales (hasta 156 cm de diámetro).

Hace unos 1.200 o 1.300 años aproximadamente, con el inicio del período Chiriquí (800 d.C.-1500 d.C.) se dieron nuevos cambios en la región. Aumentó la población, los asentamientos se hicieron más grandes y se consolidó el uso de montículos artificiales como estructuras principales dentro de las aldeas. Se intensificó la agricultura, la metalurgia del oro y del cobre se desarrolló con gran maestría, y se empezaron a fabricar esculturas y cerámica con nueva iconografía y formas.

A partir de esta fecha se va a incrementar el número de esferas y se van a elaborar gran cantidad de ejemplares monumentales. El delta del Diquís va a ser el centro principal de los poblados con esferas en este período.

Como se elaboraron a lo largo de casi mil años se infiere que las esferas fueron parte de contextos sociales diferentes y cambiantes. Sin embargo, su uso estuvo relacionado con sociedades jerarquizadas y complejas, quizá de tipo cacical o jefaturas.

¿Quiénes las elaboraron?

No es posible vincular las esferas a un único pueblo, como tampoco es posible explicarlas según un único significado o uso.

En el Pacífico Sur actualmente habitan cinco etnias indígenas y no se ha encontrado suficiente evidencia para adscribir las esferas a ninguna de ellas. Es altamente probable que estén vinculadas a los antecesores de los actuales borucas. Pero, hay que tener cuidado con esto, ya que el proceso de conquista provocó la desaparición de otros pueblos como los chánguenas o dorasques que habitaban en el mismo territorio que los borucas.

¿Cuánto miden y en qué tipos de roca se hicieron?

Se calcula que el número de esferas elaboradas en el Pacífico Sur superan los 300 ejemplares. Tienen diámetros que oscilan entre los 10 cm hasta los 254 cm. Sin embargo, los tamaños más comunes se ubican entre los 60 y los 120 cm. El tamaño promedio es de 90 cm de diámetro, con un peso cercano a los 900 kilogramos.

Las esferas fueron elaboradas con materia prima local, pero hubo diferencias en el uso o no de cierto tipo de rocas. La mayor parte de las esferas fueron hechas de rocas gabroides (más de 200) y grano-dioritas. Un grupo pequeño (no más de 6) fueron hechas en calizas y tienen la particularidad de haber sido usadas sólo en el delta del Diquís.

Otro grupo de esferas fue hecho con areniscas, de las que se han encontrado 11 en la zona de Pilas-Pejibaye. Un quinto grupo de seis esferas fue elaborado con andesita, las que se han localizado principalmente en el valle del río Coto Brus.

¿Cómo las hicieron?

Hasta ahora no se ha excavado ningún taller de fabricación, pero gracias al estudio detallado de las características de muchas esferas se ha podido identificar las huellas que han dejado distintas herramientas y procesos de trabajo.

Las esferas se hicieron con la tecnología de la piedra. En su fabricación se usó el conocimiento antiguo de picar y pulir rocas usando otras más duras. Estas técnicas de trabajo se basaban en un profundo conocimiento de la naturaleza y de los procesos para transformar piedras naturales en herramientas o en objetos artísticos.

Los instrumentos utilizados para fabricarlas fueron mazas, martillos, cinceles y punteros. También se usaron rocas de arenisca o bien arenas y cueros para alisar o pulir las superficies y darles un buen acabado.

Las esferas, según el tamaño que tuvieron, necesitaron diversas etapas de trabajo, y mayor o menor participación de gente en la búsqueda y selección del bloque, en su reubicación para trabajarlo, en la talla y en el traslado a su emplazamiento final. También se necesitó la participación de la gente en su cuido y mantenimiento.

La manufactura de esferas estuvo en manos de artesanos especializados, quienes elaboraron cientos de esferas de distintos tamaños a lo largo de más de mil años.

¿Cómo se usaron?

Las esferas se usaron principalmente en lugares habitacionales y en espacios de uso público. Fueron ubicadas entre estructuras arquitectónicas, sobre montículos y en la base de las rampas de acceso a ellos, en zonas de paso y en plazas o espacios públicos.

Hay una estrecha relación entre el tamaño y el uso de las esferas. Las de tamaño común se usaron de manera indiferenciada, pero las más grandes y las monumentales fueron colocadas en grupo, en espacios abiertos de los grandes asentamientos. Además, éstas fueron trabajadas y cuidadas para que su superficie fuera lisa y, en algunos casos, brillante o lustrosa. A algunas también se les hicieron dibujos.

Los sitios con esferas generalmente estaban asociados a montículos con rellenos artificiales y muros de hasta tres metros de alto. Estos montículos eran circulares, ovalados, y rectangulares. Sus tamaños variaban entre los 10 y los 30 o más metros de diámetro. También se han hallado basamentos de viviendas, caminos empedrados y áreas funerarias en los alrededores de las áreas con esferas.

Pocas esferas se han encontrado asociadas a sitios de carácter funerario, lo que indica que se fabricaron y colocaron en función de un uso público de carácter político-ceremonial, donde la ubicación, conformación, tamaño, acabado y número determinaron su uso y significado.

La producción y uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos. Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio.

¿Qué se buscaba representar con ellas?

 Tanto las esferas como otros objetos estuvieron vinculados con prácticas sociales relacionadas con el mundo simbólico local. Las esferas reprodujeron el concepto de esfericidad. No es posible determinar a qué hacían referencia.

Mientras que las representaciones comunes en las otras manifestaciones artísticas giraban en torno al mundo natural, sea animal o vegetal; las esferas representaban una abstracción no presente en el mundo natural. Es muy probable que esto se relacione con la concepción de mundo, con su cosmología o  quizá con conocimientos astronómicos.

Independientemente de sus significados, con las esferas se creaba comunidad y pertenencia. La posesión de este tipo de objetos, en especial de los de mayor tamaño, posiblemente otorgó prestigio a la colectividad y a sus dirigentes. Es probable que también fueran indicadores de diferencias étnicas, ya que la región estaba habitada por distintos pueblos.

Las esferas involucraron conocimiento, valor simbólico y significados que escapan a la investigación arqueológica. Sin embargo, la investigación científica poco a poco va aportando nuevas luces para entender estas creaciones indígenas excepcionales.

Esferas y patrimonio

Las esferas de piedra representan una parte de la riqueza patrimonial que alberga el territorio costarricense. Son únicas, pero forman parte de un conjunto mayor que necesita ser entendido y protegido como un todo. Los científicos, las comunidades locales, el Estado, las empresas y demás actores sociales deben ser protagonistas en la conservación, preservación y mejor conocimiento de este legado.

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El mito de las esferas de piedra dinamitadas

El mito de las esferas dinamitadas

Durante muchos años ha circulado una historia en la Zona Sur para explicar el porqué de muchas esferas fragmentadas. Según esta historia, las esferas están partidas y rotas porque fueron dinamitadas por gente que buscaba oro en su interior, ya que se decía que los indígenas las habían fabricado mediante fundición y modelado, y que habían dejado tesoros ocultos dentro de ellas.

Como está claramente demostrado, las esferas son objetos escultóricos, tallados en un bloque sólido de roca, y, por lo tanto, no podemos darle crédito a esta historia.

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Las esferas precolombinas fueron talladas a partir de bloques sólidos de roca. En el Diquís encontramos los bloques naturales en ciertas partes de la Cordillera Costeña como en Olla Cero. Foto: Diego Matarrita.

A la fecha, he estudiado cerca de 50 esferas rotas y no he encontrado ningún tipo de evidencia, como podría ser las perforaciones para introducir un cartucho de dinamita, o fracturas de tipo explosivo que sostenga la historia de la dinamita.

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Esfera partida en tiempos antiguos
. Presenta otras alteraciones como perdidas de fragmentos por exfoliaciones recientes. Esfera sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla.

La razón de la mayor parte de las fracturas se debe a causas naturales relacionadas con la propia estructura de la roca utilizada. Es probable que los bloques tuvieran micro-fisuras debido a las presiones sufridas por las rocas en su proceso de salir a la superficie o al separarse de la roca madre. También, podían tener porosidades que quedaron después de la liberación de gases que se dio cuando se estaba solidificando el magma en las profundidades de la tierra.

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Esfera conservada cerca de su lugar original, Sitio Grijalba, Ciudad Cortés. La esfera está completa pero se ha partido por una fisura que se convirtió en grieta. Foto: Diego Matarrita.

La roca arrastraba en su estructura estas características que a corto o mediano plazo provocarían que se partiera. Es por esto que se considera que la selección del bloque de piedra es una tarea fundamental en el proceso de trabajo escultórico, ya que una mala escogencia puede desembocar en la inutilización del objeto por ruptura.

Las esferas partidas por problemas de estructura se rompen en dos fragmentos con cortes muy simétricos que a veces dan la impresión de que se hubiera usado un implemento para dividirlas. Por lo general, el resto de la roca está sano, pero una vez partida, el objeto pierde su forma. En unos casos los bloques partidos se siguieron utilizando, lo que implicaba posiblemente un cambio de uso y de sentido de la antigua esfera.

Esfera de piedra con fisuras y diablesas.
Esfera con agrietamiento. Entrada Aeropuerto Liberia, Guanacaste. Foto: Anayency Herrera.

Además de las esferas rotas existen muchos casos de esferas que han perdido fragmentos por cambios muy bruscos de temperatura. Lo más frecuente es que se produzcan exfoliaciones –perdida de capas como una cebolla– o fisuras. Con los cambios bruscos de temperatura, una fisura puede ir ensanchándose hasta convertirse en grieta.

Existe una alta probabilidad de que las grietas se hagan más grandes hasta provocar que la roca se expanda y se rompa, especialmente si está expuesta al efecto constante de la lluvia y al ataque biológico de musgo, líquenes y otros microorganismos. Cuando una esfera se rompe por estas razones, lo que se observa son grietas en varias direcciones y pérdida de trozos irregulares. Gran parte de las esferas del Sur sufren este problema; un problema que requiere una atención especializada, seguimiento y control permanente, además de cuido y mantenimiento constante.

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Fragmento de esfera del Sitio La Reina, Pérez Zeledón. Este fragmento se desprendió de la esfera y hasta hace uno años estaba tirado en el camino de acceso a la escuela de la localidad de La Reina. Foto: I. Quintanilla.