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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

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Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Un medio rostro de piedra o como la fragmentación genera nuevos objetos

La encontró el gran Samuel Lothrop en Finca 2 junto con otros fragmentos de esculturas de piedra en 1948. La encontré en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard en diciembre del 2009, mientras estudiaba lo que había encontrado Lothrop en las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur- Sierpe en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

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Fragmento de escultura antropomorfa del Diquís. Colección Lothrop, Peabody Museum 18796-D. Foto: I.Quintanilla.

 

Me impresionó, y quizá es mi escultura preferida de las muchas que he estudiado. Es media cara. Medio rostro. Media cabeza ¿Para qué? ¿Por qué?

La fragmentación de esculturas y su re-utilización y posterior enterramiento fue una práctica singular de la gente que vivió en el delta del Diquís hará unos mil años. Recoger lo partido; partir lo completo…no lo sé. Lo que he visto son fragmentos usados y desgastados como esta media cara.

 

 

 

Media cara, un hombro, la base de espiga de una escultura, medio torso, una cabeza…No eran desechos. No eran parte de una práctica ritual de destrucción y enterramiento de objetos. No.

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Tres vistas del fragmento de escultura 18796-D de la Colección Lothrop que se resguarda en el Peabody Museum de la Universidad de Harvard. Foto I. Quintanilla.

Usaban los fragmentos. Les daban un nuevo sentido y significado. Ya no eran las mismas esculturas. Quizá no las habían hecho ellos o ellas. Eran nuevos objetos incorporados a nuevas prácticas sociales.

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Cabeza de escultura reutilizada. Fue excavada en el sitio Batambal en el 2011 por un equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

La gente del Diquís, además de las esferas, mantenían una fuerte relación con otros objetos de piedra. Esta era una relación que iba más allá de hacer esculturas de formas humanas y de otros animales, o de la mezcla de ambos. Creaban y recreaban los objetos. La materia no era un límite.

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Escultura del Diquís sin rostro y reutilizada después de perder la parte inferior.Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

A veces pareciera que los escultores del Diquís modelaban la piedra. Que la piedra era como arcilla. Pero la piedra es piedra y el arte de ellos fue trabajarla como si fuera barro. Y no sólo eso. Hicieron lo que quisieron. Tallaron, rompieron, reutilizaron…

Hace unos meses doña María Eugenia Bozzolli, nuestra gran antropóloga -la pionera- me envío un texto con notas que recogió entre los bribris de Talamanca. Dice ahí que para ellos la piedra es femenina; que tiene vida, que tiene un ser.

Creo que para la gente del Diquís -que no eran bribris- la piedra tallada tenía vida. Tenía un ser. Un ser que se resistía a ser descartado. Un ser que se reconvertía, y que curiosamente se sigue reconvirtiendo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.
Escultura fragmentada y reutilizad del sitio Batambal. Colección mUseo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Hoy me impresionan los fragmentos de esculturas reutilizados. Tienen vida. Vida que les damos ahora. Vida antigua que se mantiene porque nos hablan de la gente que los hicieron y usaron. Vida que les damos porque necesitamos del pasado. Porque sin el pasado, y lo que ha quedado de él, somos poca cosa.

 

Cabeza de escultura reutilizada. Sitio Batambal. Foto Rodrigo Rubí.

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Anomalisa y los rostros enmascarados del Diquís

Hace unos días fui al cine a ver Anomalisa, una extraña película de animación para adultos, llena de angustia, dolor y soledad.

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Imagen de una de las escenas de Anomalisa.

Conozco poco de las técnicas de animación en cine, pero esta película me ha sorprendido por las texturas, el tratamiento en 3D y la manera de tratar los personajes y el entorno. Algo que me dejó perpleja fueron los personajes de la película y los rostros que les asignaron. Mas que rostros tienen máscaras. No es que vayan enmascarados; es que el rostro en si mismo es una careta; una máscara que hasta se desprende, cae y deja al descubierto al ser que la porta.

Mientras veía la película se me vinieron a la mente unas esculturas que son muy propias del Diquís. Igualmente, empezaron a llegarme toda una serie de pensamientos sobre las maneras de representar a las personas independientemente de la época, el lugar y la tecnología.

Las máscaras, las caretas; eso que está cubriendo la cara, es algo universal. En todos los pueblos se han usado  y la gente se ha “enmascarado” para ser otra, o para no ser lo que es.

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Antigua máscara Boruca.

No sé si viene al caso, pero no importa. Las esculturas que se me vinieron a la mente son del Diquís.  Hace años revolotean en mi mente  y son la base de un estudio que no logro terminar.

Son esas que se han identificado como de seres enmascarados, y que no es que llevan una máscara en el sentido de rostro cubierto, sino que mas bien insinúan algo mas allá del rostro. Son seres reales e irreales a la vez por esas careta que portan, y que no los transforma en otra cosa, sino que los presenta como humanos pero no a ellos sino a otro.

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Pequeña escultura antropomorfa del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR 24176). Fotos: Diego Matarrita.

Estas singulares esculturas precolombinas tienen incisiones, así como altos y bajos relieves ente los ojos, la zona frente-ojos-orejas y en la parte alta o baja de la boca.

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14588) procedente de las cercanías de Ciudad Cortés. Foto: I. Quintanilla.

Estas esculturas forman parte del grupo de figuras rígidas, aplanadas y rostros austeros que es muy característico del Pacífico sur de Costa Rica. En su mayoría han sido encontradas en el delta del Diquís y fueron fabricadas, en casi su totalidad, en rocas sedimentarias identificadas como areniscas. Generalmente, no muestran ninguna gestualidad.  Son masculinas o asexuadas y tienen sus rasgos faciales -ojos, nariz, boca-bien demarcados. 

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Escultura en piedra del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica (MNCR-14582) procedente de las cercanías de Ciudad Cortes.

Sé que entre Anomalisa y las esculturas del Diquís hay mucha distancia. Distancia histórica, social, cultural… sin embargo, la manera en que los humanos son representados en ambos casos me parecen muy emparentados. Esto no es científico… es totalmente subjetivo. A fin de cuentas para algo voy al cine. Para divagar, hacer relaciones ilógicas y comentar estos pensamientos que surgen al calor de ver muchas imágenes hechas para decirnos algo.

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Un poco de historia sobre las bolas de Bolas

En el Pacífico Sur de Costa Rica, en el cantón de Buenos Aires, hay un pueblo que se llama Bolas. Se llama así porque ahí había muchas esferas de piedra precolombinas. Bolas de piedra, así es como se le conoce a las esferas en Costa Rica, y Bolas tenía por los menos 20. De ahí su nombre.

Niños rumbo a la escuela
Niños camino a la escuela de Bolas. Foto: Diego Matarrita

Bolas es un pueblo especial porque está asentado sobre la parte alta de una alargada fila montañosa. Cuando uno está ahí puede sentir una fresca brisa que contrasta con el calor sofocante de muchos lugares de esta parte del país. Ese aire fresco y el sentido de inmensidad hacia cualquier lado que se mire, convierte a este lugar en un magnifico espacio para vivir.

Bolas es como una isla entre montañas. Para llegar al pueblo hay que subir desde El Brujo a la cresta de la fila montañosa. Hay un momento, unos pocos kilómetros antes de llegar al pueblo, en que se estrecha la fila y solo hay lugar para la carretera.

Desde ese delgado punto la vista es maravillosa: por un lado se puede ver la Cordillera de Talamanca y sus altas montañas, el valle donde está San Rafael y todo un montón de puntos de colores que son las casas dispersas de la gente que vive en el territorio indígena de Cabagra.

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Una vista desde el camino antes de llegar a Bolas. Foto: Diego Matarrita.

Del otro lado de la fila se ven las montañas de la Cordillera Costeña y el cauce del río General antes de unirse con el Coto Brus y formar el río Grande de Térraba.

Bolas es un pueblo hermoso y con larga historia. Si embargo, quienes viven ahí conocen muy poco sobre la historia antigua del lugar. Los colonos agrícolas y ganaderos que llegaron a mitad del siglo pasado llegaron, según ellos, a zonas de selva virgen, sin historia humana ni pasado.

A pesar de las esferas y de los restos que brotaban en cada movimiento de tierra, o cada vez que se trabajaba el campo, parecía que ahí no había nada. Y sí que lo había, y lo hay.

La selva cubrió el asentamiento abandonado antes de la conquista española. Los madereros destaparon lo cubierto, y desde entonces, cada día, y poco a poco, va apareciendo y desapareciendo la historia antigua.

Bolas es un pueblo bonito ahora. Y seguro que fue un pueblo bonito antes, en tiempos precolombinos. Un pueblo en la parte llana de una fila montañosa donde hay tierra fértil, pequeñas lagunas estacionales y un clima fresco. Un pueblo con amplias vistas, tan amplias que pueden alcanzar el Volcán Barú, en tierras chiricanas.

Del pueblo antiguo, del arqueológico, sabemos muy poco. Los estudios de principios de los años ochenta que hicieron Robert Drolet y Robert Markens dicen que este pueblo era tan extenso como el actual. Dicen también que hace unos 1 500 años ya vivía gente ahí, en pequeños caseríos, y que hubo un momento en que se construyó un pequeño centro con montículos artificiales y esferas de piedra.

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Antiguos montículos precolombinos del sitio arqueológico Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Los estudios recientes de Scott Palumbo y su equipo han ayudado a saber mas sobre el Bolas precolombino. Nuevos montículos, un área densa de ocupación en estrecha relación con las lagunas y muchos restos de cerámica y piedra son indicadores de la importancia que tuvo el poblado en lo que se conoce como el Período Aguas Buenas (4000 años antes de Cristo al 700 después de Cristo) y principios del Período Chiriquí (700 después de Cristo hasta los 900 o 1 000 después de Cristo).

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Fragmento de escultura de forma humana encontrada en el sitio arqueológico de Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Hasta donde llegan mis cuentas, en Bolas se han encontrado por lo menos 20 esferas. Aparte de Finca 4, en el Delta del Diquís, con 30 esferas registradas, en ningún otro sitio arqueológico se conocen tantas esferas

Bolas es un caso triste de expolio y de perdida de patrimonio. De las 20 esferas, sólo una se encuentra en su lugar original, entre la zona con montículos artificiales de origen precolombino. Hay otra en el lecho de un quebrada, en la parte baja del sitio arqueológico, que no se sabe bien por qué está ahí. Además, hay otra esfera pequeña en una zona de ladera, también cerca del sitio arqueológico.

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Esta es la única esfera que se conserva en la zona arqueológica del sitio Bolas. Está muy dañada y fragmentada. Foto: I. Quintanilla.

Las restantes esferas han sido removidas y están en los alrededores del pueblo, o se las llevaron. Las que salieron están en Pérez Zeledón centro, en las casas de la familia Sánchez.

Son unas 10 esferas que lucen bonitas en las lindas casas de esta próspera familia pezeteña forjada gracias a sus actividades madereras de los años 50`s y 60´s del siglo pasado. Décadas en las que se “coloniza” Bolas y se funda el pueblo.

Las esferas de Bolas parecen ser de las más antiguas de la región. Si hacemos caso a los datos que ofrecen la cerámica y otros materiales hallados en el sitio arqueológico, estas esferas se fabricaron hace por lo menos 1 500 años.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.

Algo interesante de las esferas de Bolas es la variabilidad de los tamaños que tienen. En mis registros hay esferas pequeñas de unos 20 cm de diámetro, otras de 60, 90, 100 y 120 cm de diámetro. Además, hay dos mayores, gemelas, que miden 156 y 157 cm de diámetro.

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Esfera pequeña que se encuentra en una zona de ladera cerca de la zona con montículos artificiales en el sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Las dos esferas grandes de Bolas son las de mayor tamaño que se conocen fuera del delta del Diquís. Este es importante porque por la antigüedad del lugar es posible pensar que el tamaño de las esferas no fue aumentando según el paso del tiempo, sino que desde los inicios ya se fabricaban esferas voluminosas.

Por otra parte, el haber fabricado esferas “gemelas” que estaban colocadas juntas, muestra la capacidad técnica de replicar y de elaborar esculturas esféricas de igual tamaño. Esto no fue fácil y por eso es significativo.

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Los niños de la escuela de Bolas tienen el privilegio de estudiar rodeados de las dos grandes esferas encontradas en el lugar. Son dos esferas de 156 y 157 cm de diámetro, de fino acabado y con figuras grabadas. Foto: Diego Matarrita.

Un aspecto muy interesante de las esferas de piedra del sitio Bolas es que fueron hechas con rocas procedentes de la Cordillera de Talamanca. Esto las diferencia de las de otras partes de la región que proceden de afloramientos intrusivos de la Cordillera Costeña.

Por otra parte, las esferas de Bolas, al igual que todo el conjunto arqueológico del lugar, tienen la particularidad de estar relacionadas con lagunas de altura. Esto ha sido poco estudiado, pero puede ser un elemento paisajístico muy significativo.

Aparte de Bolas, el otro sitio arqueológico con esferas que está asociado con este tipo de lagunas es el sitio Cuasrán. Este sitio ha sido poco estudiado. Fue localizado en el 2004 por Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica. Está cerca de Puerto Nuevo, en Buenos Aires, dentro del actual territorio Boruca. Ahí se conserva una esfera junto con montículos artificiales.

El pueblo de Bolas de ahora es un pueblo lindo, de casas dispersas, gente trabajadora y buena. También es un pueblo límite, de frontera. Es un pueblo lindero entre dos mundos: el mundo indígena bribri de Cabagra y el mundo blanco, campesino, de colonos meseteños. Dos mundos que conviven a pesar de los pesares, y a pesar de las mutuas resistencias.

En Bolas confluyen muchas historias. Tristemente, son historias que hasta ahora no han servido para construir una relación de respeto y convivencia intercultural. La larga historia precolombina puede ayudar a comprender que ese lugar no estuvo vacío de gente, que antes de los campesinos de raíces meseteñas, vivía gente ahí.

La gente del antiguo Bolas era gente de las esferas. No puedo decir que ahí se hicieron las primeras, pero sí que fueron de los primeros y que hicieron muchas.

La gente de Bolas de ahora es la gente de las bolas de piedra. Las que se quedaron en el pueblo son cuidadas, queridas y mimadas como en ninguna otra parte.

Por amor a las esferas, por amor a las bolas, es que vale la pena recuperar la historia antigua y actual. Unir pasado y presente para convivir y respetar. No a las piedras, si no a la gente que ha estado vinculada a ellas gracias a vivir en ese hermoso y maravilloso lugar.

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Esfera de la Escuela de Bolas. Al fondo se aprecia parte de la Cordillera de Talamanca. Foto: I. Quintanilla.

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No tocar; es patrimonio de la humanidad

 

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Patrimonio de la humanidad: no tocar. Eso dice el rótulo de la esfera instalada recientemente en el Museo Comunitario de Boruca. NO TOCAR, ¿por qué no tocar? Si es piedra, si está sana, si está al alcance de la mano.

NO TOCAR, ¿por qué es patrimonio de la humanidad? Esta esfera no lo es. Es una esfera sin contexto, sin datos de procedencia, que ha sido colocada ahí como préstamo del Museo Nacional de Costa Rica.

Primero el NO TOCAR. El objeto como símbolo. Como símbolo de la visión patrimonialista, como ejemplo del estigma del objeto de museo separado de la gente.

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Y ¿por qué esta esfera no tiene el rótulo de: NO TOCAR: Patrimonio de la humanidad? Debería de tenerlo, pienso yo. Ésta SÍ es patrimonio de la humanidad; es la esfera del sitio El Silencio, la más grande de todas, la de las casi 20 toneladas.

Y ¿por qué no le ponemos el rótulo de SI TOCAR: patrimonio de la humanidad? Y más aún, ¿por qué no la tocan los especialistas? ¿por qué parece que no hayan manos que la toquen, que la cuiden, que la protejan del sol, de la lluvia, de las crueles condiciones ambientales que la están destruyendo?

Una mano posada en una esfera no hace daño. Ni dos ni tres ni mil si solo se posan en ella, o la abrazan. Lo que hace daño es el abandono, el no sanar grietas, el no proteger cuando se es frágil. Eso si hace daño.

Ojalá alguna mano sabia, o muchas manos sabias, puedan tocar la esfera de El Silencio y alivien su enfermedad. Urgen esas manos expertas, especialmente ahora que es PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

 

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Hablemos de las esferas y de lo que es patrimonio mundial en el Diquís

Ultimamente se habla mucho acerca de las esferas de piedra, y eso está bien. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas para gran parte del pueblo costarricense, y ya era hora de que se les diera el valor que les corresponde como parte del patrimonio arqueológico del país.

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Mas de un 95% de las esferas fueron removidas de su lugar original. Durante mucho tiempo han sido parte del decorado de espacios públicos o de viviendas particulares. En muy pocos sitios arqueológicos se conservan esferas sin mover. Esto los convierte en lugares de gran valor patrimonial. Esfera en parque público de sierpe. Foto: Diego Matarrita.

Tanto interés en las esferas tiene que ver con la declaratoria de cuatro sitios con esferas como patrimonio mundial por parte de UNESCO. Ha habido mucha cobertura de los medios de comunicación desde que el pasado mes de junio se otorgara este reconocimiento a Costa Rica.

El próximo miércoles 13 de noviembre se colocará la placa indicativa de Finca 6 como uno de estos sitios de patrimonio mundial. Tener esta placa es algo muy apetecido y constituye un gran logro para el país. Por lo tanto, el acto que se realizará en Finca 6 será todo un acontecimiento político y cultural.

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Logo de los sitios que obtienen la declaratoria como patrimonio mundial de la Organización de las Naciones UnIdas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-.

Es curioso pero mucha gente cree que la declaratoria de patrimonio mundial es para las esferas de piedra precolombinas. De hecho en algunos lugares les han puesto esa identificación, pero esto no es correcto. Las declaratorias de patrimonio mundial no se le dan a objetos; se le da a propiedades con elementos patrimoniales.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto:Diego Matarrita.

El Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró cuatro sitios arqueológicos ubicados en el Cantón de Osa –Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio- como patrimonio cultural mundial. Estos, solo estos, serán los que podrán lucir esta placa.

Además de la confusión sobre a qué fue lo que se declaró patrimonio mundial, también existe inquietud acerca de cuál es la categoría de los otros sitios arqueológicos con esferas y de las esferas movidas de su lugar original. La única categoría que queda para ellos es la de “patrimonio arqueológico nacional” y para las esferas como elemento individual la de “símbolo patrio“.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto: I. Quintanilla.

Esto no quiere decir de ninguna manera que no tienen valor mundial. Lo que pasa es que quienes elaboraron el expediente de la candidatura decidieron presentar cuatro sitios porque consideraron que eran representativos del fenómeno de las esferas y de las sociedades de tipo cacical, que es como se identifican a las que hicieron estas esferas y los otros elementos que las acompañan.

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Finca 6 con sus alineamientos de esferas y sus montículos Es uno de los cuatro sitios de patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita.

Aparte de los cuatro sitios ahora patrimonio cultural mundial hay muchos otros con y sin esferas de piedra que son de gran importancia y de gran valor patrimonial. Ahora empieza la tarea de conservar la placa de UNESCO cumpliendo con los compromisos adquiridos en el expediente de candidatura. Además, continúa la tarea de investigar más, de proteger adecuadamente y principalmente de poner en valor los más de 4 000 sitios arqueológicos que están registrados en el país.

Finca 6, Grijalbe, El Silencio y Batambal son el principio, de ninguna manera el final. Hay mucho por hacer todavía en la arqueología de Costa Rica.

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Regalos de la vida y de la arqueología: un amanecer de abril en Finca 6

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Sombras alargadas en Finca 6 al amaneces en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

El 12 abril y el 30 de agosto de cada año sucede algo muy especial en Finca 6. Estos días -y unos dos o tres días antes y después- el sol “sale” alineado con el conjunto de esferas que se conserva en su lugar original, es decir, tal y como las dejaron los indígenas que vivieron y usaron el sitio hace unos 1000 años.

Tuve la gran suerte y el privilegio de estar durante nueve días documentando este fenómeno. Uno de esos días, en el mes de abril viví una experiencia sensorial muy especial. Mientras Diego, el fotógrafo profesional, se afanaba en tomar las fotos que  necesitaba para mi libro, yo y otros acompañantes caminábamos de aquí para allá.  En un momento -5:45-5:50 de la mañana- fuimos bañados por una luz dorada y nuestras sombras se alargaron 10, 11, 12 y mas metros. Nos parábamos a la par de una esfera y nuestras sombras alcanzaban a la que estaba a 11 metros de distancia. Era muy impactante la luz, las sombras, el paisaje….El lugar se transformó en algo diferente al de color verde rabioso tropical del resto del día.

A medida que lo pienso, y veo y re-veo las fotos de esos días, me convenzo de que lo que acontece con estos alineamientos no sólo es lo que el antropólogo Federico Guevara me ayudó a descubrir recientemente –que el sol sale alineado a las esferas en las dos fechas en que el sol está en el cenit en esta zona intertropical-.

Creo que esta salida del sol alineado con las esferas y todo lo que pasa a partir de las 10:30 de la mañana, cuando las esferas empiezan a proyectar una sombra cada vez más concéntrica hasta reducirla a un circulo menor al diámetro de ellas, está unido a diversas experiencias sensoriales que debieron haber vivido las personas que hicieron y pusieron las esferas de Finca 6.

Finca 6 luz y sombra
El sol entre las esferas del alineamiento de Finca 6 en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Ahora no les voy a contar otra de las experiencias sensoriales; la del sol blanco en forma de disco perfecto gracias a la bruma que observamos dos veces. Por ahora comparto con ustedes estas reflexiones porque necesito pensar e ir mas allá. El dato es el dato, pero que hermoso es vivir esta parte de la arqueología que nos lleva a situarnos en otros tiempos, en otras memorias. Envidio a la gente indígena que vivió esto. Yo solo puedo ver pedacitos, y aun así estoy feliz con lo poco que he encontrado.

Si les gustó este post y quieren saber más sobre esto, aquí dejo el enlace al post que escribí antes de esto y que trata sobre el efecto del sol cenital y las sombras de las esferas:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/09/01/sombras-sol-y-esferas-una-combinacion-perfecta/

 

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Sombras, sol y esferas: una combinación perfecta

Las esferas precolombinas del Diquís son más que una forma perfecta, o casi perfecta. Son más que un fino acabado, o una textura rugosa. Son más que volumen, mas que monumentalidad, más que un tamaño grande o uno pequeño.

Son objetos activos que actúan, se mueven o cambian de acuerdo con el lugar dónde están, de acuerdo con la luz,  si es de día o de noche. Sus tamaño, sus acabados, dónde estén, y cómo estén, las muestran de manera diferente, a la vez que las individualizan y las convierten en portadoras de información relevante.

Esferas con sombra
Esfera del Parque de Palmar Sur, Osa, fotografiada el 30 de agosto del 2014. Foto: Diego Matarrita.

Si un 30 de agosto una esfera de acabado fino y tamaño monumental recibe la luz mañanera se mirará como la de la foto. Es la misma esfera de cualquier día, solo que el 30 de agosto-uno de los dos días del año del sol cenital– habrá un movimiento de sombra que la mostrará diferente.

La foto muestra lo que Diego Matarrita -el fotógrafo que me ha acompañado a documentar las esferas- y yo vimos el pasado sábado. Vimos la sombra moverse hasta que las ramas de unos arboles taparon el sol y suspendieron el efecto visual. De haber seguido siendo alcanzada por los rayos del sol ésta esfera se hubiera visto como las siguientes:

Esfera Parque palmar sur agosto 2014

Esferas que reciben la luz del sol; esferas ocultas por arboles, edificios o bodegas. Depende de cómo estén las podemos ver actuar. Según cómo las hayan colocado en tiempos precolombinos, o cómo las hayamos colocado ahora, podremos conocer sus secretos.

Esferas palmar Sur agosto 2014 2
Esferas del Parque de Palmar Sur, Osa, a las 11:50 del 30 de agosto del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Secretos de un día, secretos que se revelan por la luz, y según la luz. Secretos no tan secretos si hay observación, paciencia y personas generosas que comparten sus observaciones y conocimientos. Gracias Federico Guevara por el inquieto espíritu de investigación, por descubrir este secreto y por dármelo generosamente. Gracias Don José Alberto Villalobos por ayudarnos a ver más y a corroborar lo descubierto por Federico. Este viaje de agosto ha sido revelador y ahora ya podemos entender  lo que pasa el 12 de abril y el 30 de agosto de cada año cuando el sol “sale” en la misma dirección de las esferas del alineamiento de Finca 6. El sol cenital de cada año fue “fechado” a partir del alineamiento de las esferas y la salida del sol en la misma dirección.

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“Salida” del sol a las 5:44 de la mañana el 29 de agosto del 2014 en Finca 6 en la misma dirección del alineamiento de esferas. Foto: I. Quintanilla.

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Acerca de la técnica de suavizar la piedra y la escultura precolombina

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Es hermoso este metate, ¿no es cierto?  Es un metate “efigie“, también llamado “piedra tigre” entre la gente de algunas partes de Costa Rica y Panamá.

Es un artefacto usado para moler, para eso su superficie plana y algo cóncava. Se ha dicho que también pudieron servir como asientos, pero no hay nada claro sobre esto.

Es muy característico de la arqueología del sur de Centroamérica, donde se han encontrado como parte de ofrendas funerarias y en contextos domésticos.

Es muy curioso que en esta parte del mundo los indígenas precolombinos fabricaran objetos de piedra para resolver necesidades de su vida cotidiana y ritual a la vez que convirtieran a gran parte de estos objetos en medios para transmitir todo un mundo simbólico.

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En la Costa Rica precolombina destaca la talla de la piedra. Esto es algo compartido en las distintas regiones arqueológicas y compartido también con los vecinos países de Nicaragua y Panamá. 

Existe gran incertidumbre acerca de las técnicas y los instrumentos usados para convertir bloques de piedra en metates o en otras formas. Para mucha gente es muy difícil pensar que los fabricaron usando otros instrumentos de piedra y por la combinación de diversas técnicas escultóricas. Cuesta creerlo, pero así fue.

Cuando la ciencia no da las respuestas apropiadas o cuando el conocimiento científico está muy alejado de la gente, se generan explicaciones propias. En el caso de la escultura en piedra precolombina de Costa Rica existe una creencia entre indígenas y campesinos que sostiene que en tiempos antiguos los indígenas podían suavizar y moldear la piedra.

La capacidad de suavizar la piedra es un pensamiento que está muy arraigado en el Pacífico Sur donde se encuentran gran cantidad de esculturas precolombinas, especialmente las grandes esferas. Algunas personas mayores lo han transmitido a sus descendientes y acompañan la explicación al hallazgo de sustancias de color verde en vasijas encontradas en enterramientos que desaparecían misteriosamente al ver la luz.

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La fabricación de las esferas sigue generando dudas y algunas personas no aceptan que los indígenas hayan sido capaces de haberlas esculpido a partir de rocas propias de la región. Foto: I. Quintanilla

Hace unos meses estuvo de visita en mi casa Doña Margarita, una muy querida amiga indígena de Boruca. Es una señora mayor que ha estado siempre muy involucrada en la recuperación de la cultura tradicional, especialmente de los tejidos de algodón. Hablando y hablando ella me contó lo que su abuelita le había explicado sobre la manera antigua de fundir la piedra y me preguntó lo que yo pensaba.

Lo único que pude decirle fue que hasta ahora no hemos encontrado restos arqueológicos de moldes ni de otras cosas que nos den indicios de que la piedra se fundía. Del oro y del cobre, sí. Pero de piedra, nada.

Oro Diquís Museos Banco Central
Indudablemente, la fundición de metales -oro y cobre- era una técnica conocida y magistralmente dominada en el Diquís. Esto no se puede decir para la piedra, a pesar de que algunos objetos puedan parecer “modelados” mas que tallados a partir de distintos instrumentos de talla.

Le puse el ejemplo de lo grandes que tenían que ser los moldes de las esferas y nos pusimos a imaginar cómo serían. Hasta nos reímos pensando en lo difícil que pudo haber sido moverlos y llevarlos de un lado a otro.

Le expliqué que muchas de las esculturas tenían las cicatrices de los instrumentos que se usaron para hacerlos y que a través de éstas se podía concluir que habían usado masas, martillos, cinceles, punteros, abrasivos y taladros. Le dije que después de hacerlos las alisaron o pulieron y hasta las pintaron. A fin de cuentas, le expliqué que fueron artesanos -muchos de ellos expertos escultores y grandes artistas- quienes hicieron esas esculturas. Que era gente de gran conocimiento y muy trabajadora.

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Escultura singular propia del Diquís. Fabricada en roca arenisca, esta escultura fue hecha usando un tipo de roca muy abundante en la región. Foto: Diego Matarrita.

También le expliqué que las piedras usadas para hacer todas esas esculturas, tanto las esferas como las esculturas de seres humanos y de animales, se encuentran de manera natural en la región y que no se ha visto que hayan cambiado cuando se convirtieron en esculturas.

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Afloramiento de gabro en la Quebrada Olla Cero en Osa. Es la misma roca utilizad para fabricar la mayoría de lase sferas precolombinas, pero en estado natural. Foto: Diego Matarrita.

Doña Margarita y yo conversamos hasta bien entrada la noche sobre esto y otras cosas. Sé que ella entendió y aceptó mi explicación. Sin embargo, también sé otra cosa, y lo entiendo perfectamente: ella siempre va a preferir lo que le dijo su sabia abuelita.

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Patrimonio olvidado

Patrimonio olvidado
Casona y esferas de Bahía Ballena, Uvita, Osa. Foto Diego Matarrita.

Una casona histórica declarada patrimonio histórico-arquitectónico según la ley 7555 y unas esferas de piedra que son patrimonio arqueológico y que quizá sean declaradas “símbolos de la patria”.
Una casa abandonada que se destruye ante la mirada de turistas y vecinos en Bahía Ballena, Uvita. Unas esferas descuidadas e invisibles como muchas otras. ¿Es esta la manera de cuidar nuestro patrimonio? ¿Es qué no podemos hacer nada?

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La casona de Bahía Ballena se encuentra en un lamentable estado de conservación. En lo que fueron los jardines de la casona hay Cinco esferas precolombinas. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Yo creo que si se puede hacer algo y lo primero es decir que esto está pasando. Lo segundo es actuar y tomar decisiones. La inacción del estado no puede condenar el patrimonio cultural al olvido y a la destrucción. Todos tenemos responsabilidad y todos debemos actuar.