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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Ficciones arqueológicas

esferas falsas copia

Hace unos días se publicó en un períodico una noticia sobre la visita de una experta méxicana en gestión de sitios arqueológicos (http://www.crhoy.com/museo-nacional-busca-crear-conciencia-sobre-importancia-de-sitios-arqueologicos-w6k3x/). La nota se acompañó de esta foto. La vi, y algo se revolvió en mi interior.

Es increíble pero esta imagen circula en distintos medios como representativa de las esferas precolombinas del Diquís, pero no lo es. Son esferas falsas – es decir, replicas de las antiguas precolombinas– y el paisaje de fondo es el embalse del Proyecto Hidroeléctrico Angostura, en Turrialba.

Estas esferas ni son de manufactura indígena, ni están en el “lugar de las esferas precolombinas“. Esto no es el Pacífico Sur de Costa Rica; es el Valle de Turrialba. Tampoco son esferas de roca ígnea, ni esculturas talladas por manos indígenas. Son réplicas recientes.

Este fotogénico grupo de esferas es parte de la decoración exterior del hotel Hacienda Tayutic. Se ven bonitas, pero no representan nada más que una recreación de lo que fue lo precolombino.

Hay otras imágenes que se usan mucho, y que tampoco me gustan. Aunque son imágenes constituidas por esferas precolombinas y tienen como fondo un paisaje del Sur también recrean algo que no es, y que tampoco lo fue. Me refiero al conjunto de esferas de la zona de “esferas en tránsito” del sitio arqueológico de Finca 6.

Esferas y pilares 6

Estas esferas ni son de Finca 6, ni representan nada que tenga que ver con este importante sitio arqueológico. Por lo menos las esferas se vinculan al Delta del Diquís. Sin embargo, los pilares de piedra colocados en los últimos años, que fueron traídos desde Pérez Zeledón, no tienen ninguna vinculación con este sitio ni con otros de esta zona.

Mucha gente que visita Finca 6 muestra con gran alegría las esferas de este sitio de “tránsito” y no entienden que no tienen que ver con el pasado sino con decisiones del presente. Tampoco entienden que en un sitio arqueológico no se introducen elementos externos de otros sitios, ni mucho menos objetos sin contexto. Esto no provoca más que distorsión y confusión, y una mirada del objeto por el objeto.

Hace unos años la dueña de un hotel de Drake me comentó que le gustaría entregar unas piezas precolombinas para que fueran exhibidas en Isla del Caño. Ella no tenía ni idea del origen de estos objetos. Me pidió mi opinión. Le dije que era como introducir cerdos o gatos a la isla. No hablamos más al respecto porque ella entendió que cada cosa tiene su lugar, y eso siempre hay que tenerlo claro.

Esferas y pilares 3

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Gente que “jala piedras”: cuando el trabajo colectivo y el conocimiento sirven para mover grandes cosas

Desde hace unos meses no he podido escribir nuevos aportes en éste, mi querido blog. Hay momentos en los que las cosas no son como quisiéramos, momentos en los que la vida nos atropella, cuando la enfermedad y la perdida de seres queridos nos llegan de manera brutal, nos rompen el alma y nos sitúan en lugares y estados emocionales “inconocibles“, al decir de mi papá.

No sé si podré volver con el impetú anterior, con los mismos deseos de compartir que animaron la creación de este espacio desde su origen hace mas de un año. Lo intentaré y espero que sea medicina, consuelo y alegría. 

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Gente que “jala piedras”: cuando el trabajo colectivo y el conocimiento sirven para mover grandes cosas

Hace unas semanas me reuní con unos niños que estaban preparando una presentación sobre las esferas de piedra precolombinas para una feria científica. Me hicieron una exposición sobre lo que iban a decir y me entrevistaron como experta en el tema. Los escuché, los interrumpí varias veces y no pude resistirme a preguntarles algunas cosas.

Les pregunté si ellos entendían lo que significaba que una esfera pesara dos, tres, diez y hasta quince toneladas. Les pregunté si sabían lo que era una tonelada, lo que equivalía tener 100, 150 o 250 centímetros de diámetro. Les pregunté si sabían lo duro que era un gabro  o una grano-diorita, y si podían imaginarse lo que era fabricar una esfera casi perfecta usando instrumentos de piedra.

Las pobres criaturas, inspiradas por sus madres para hacer la investigación, se me quedaron mirando con cara de asombro que pasó a ser frustración, posiblemente decepción y, quizá en lo mas profundo de su inocencia pre-adolescente, rabia. No tenía derecho a preguntarles eso. Sé que los presioné. Quizá los forcé a pensar en cosas de la materia difíciles de visualizar. Es posible que me haya excedido en lo que quería transmitirles.

Trate de suavizar mi actitud y quise ayudarlos a pensar. Les dije que algo especial de las esferas precolombinas del sur de Costa Rica era que muchas de ellas pesaban mucho y que  parte de lo maravilloso de estas esculturas era que habían sido trasladadas a través de muchos kilómetros sin ayuda de maquinaria con ruedas, sin caballos, ni bueyes, ni búfalos de agua,  y unas pocas hasta en bote por el mar.

Les expliqué que en el Pacífico Sur, el lugar donde fueron hechas las esferas, llovía mucho; que había muchos ríos, grandes y pequeños; que era montañoso y que trasladar una gran piedra entre la frondosa vegetación debió haber sido una tarea dura que sólo con habilidad, ingenio y trabajo bien organizado se podía hacer.

Ahora que lo veo en perspectiva debí haber parecido una pastora evangélica, una pastora del culto al conocimiento de las esferas de piedra ¡Necesitaban comprender lo que significaba una tonelada en una roca esférica! Tenían que saber la verdad, iluminarse, sorprenderse, caer rendidos ante estos asombrosos objetos.

Hablé solo una vez con estos niños y sus madres. No me llamaron de nuevo y no sé como acabó su trabajo de investigación. Cuando los dejé en la heladería donde nos habíamos reunido y me fui caminando por la calle me entró un sentimiento extraño, pero nada nuevo para mí. Era el sentimiento de no tener respuestas suficientes, de no saber decir ni explicar aspectos fundamentales sobre la gente que hizo y usó  las esferas de piedra.

¿Cómo explicar ese aspecto maravilloso de las esferas de piedra del sur de Costa Rica que tiene que ver con su traslado? ¿Cómo explicarle a gente acostumbrada a grúas, a medios mecánicos, algo que se dio sin que existiera lo que ahora es parte de nuestra vida cotidiana? ¿Cómo hablar de otra gente y de su manera de trabajar y de organizarse en un mundo lleno de máquinas y de artificios? ¿Cómo explicar y convencer si no tenemos talleres de fabricación de esferas documentados, si no tenemos la “fotografía” de la gente transportándolas?

Traslado de una esfera de piedra precolombina en 1999 usando cargadores de gran capacidad y cadenas de acero. Aparte del conductor del cargador y de unos pocos ayudantes, el resto de la gente era mera espectadora del proceso. Era otro tiempo, otra gente, otra tecnología y había otro sentido en este traslado. La única que no había cambiado era la esfera.

Pasaron los días y mientras masticaba mis pensamientos sobre la reunión con los niños encontré una información en Facebook que me iluminó y me dio esperanza en encontrar respuestas a mis inquietudes. En la página del Proyecto Jirondai (https://www.facebook.com/proyectojirondai) se anunciaba una actividad en Amubri, Talamanca. Se trataba de la “jala de la piedra” (Ak kuk, en idioma bribri), una práctica ancestral de traslado de piedras de moler donde participa gran cantidad de gente.

En Costa Rica, “jalar” es un verbo. Se usa de distintas maneras, y la de mover cosas es una de sus acepciones. La gente jala cosas, las mueve a través del uso de la fuerza. Yo puedo jalar algo, pero entre muchos podemos jalar más. En Talamanca, los bribris jalan piedras de manera colectiva, al igual que lo hacen con otras muchas cosas.

La radio La Voz de Talamanca hacía la convocatoria para llevar una vieja piedra de moler hacia sus instalaciones. Me emocioné con la invitación, hice algunos contactos y el 27 de septiembre me fui para Amubri.

Quería ver con mis propios ojos esta práctica tradicional, documentar el proceso y encontrar argumentos para explicar el trabajo colectivo que implicó la fabricación, traslado y uso de las esferas de piedra a través de un pueblo indígena vivo. Fui hasta allá y apenas tuve tiempo para dormir una noche.  Al día siguiente regresé a la casa de mis padres porque mi mamá no se encontraba bien. He tenido que ver el traslado a través de los ojos de la gente del proyecto Jirondai y de mi amigo Ricardo Araya. Es a través de ellos como sé lo que les voy a explicar.

Las piedras que trasladan los bribris son para las mujeres. Son piedras grandes para moler distintas cosas, pero especialmente el maíz que se usa en la preparación de la chicha. Su traslado sigue toda una serie de rituales y actividades que comienzan muchos días antes del traslado propiamente.

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La piedra de moler cuando recién llegó a su destino final. ¿Cuánto pesa? ¿200 kilos? ¿250 kilos? Pesa lo suficiente como para requerir toda una inversión de trabajo colectivo. Culminar el proceso de traslado es un logro de todos y todas. Son mas comunidad cada vez que hacen esto y otras cosas colectivas. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

Hay personas que juegan un papel especial porque son quienes organizan el trabajo, hacen las proyecciones de lo que se necesita, convocan a la gente y montan la infraestructura del traslado, entre otras cosas.

Especialistas en el traslado de la piedra de moler copia
Atar bien sin tocar. Atar para cuidar a la piedra y a quienes la transportan. Solo el saber y la experiencia posibilitan que todo vaya bien y se cumpla la tarea. Foto cortesía Ricardo Araya Rojas.

El traslado de estas grandes piedras de moler se hace gracias al trabajo colectivo. El motor que mueve las piedras son los muchos hombros sobre los que se asientan troncos y lianas que sostienen la roca que nadie puede tocar- solo su propietaria, la mujer que escogió la piedra-.

Traslado de piedra de moler Amubri
La organización del trabajo es fundamental en el traslado de la piedra de moler. Ni que decir de la fuerza y de la gran capacidad de física de quienes cargan el peso de la misma. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

No hay bueyes, ni carretas, ni grúas. Solo gente organizada que lo hace de manera muy alegre, que comparte y pone sus hombros.

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Hombres y hombros cargando la pesada piedra que se asienta en cuerdas vegetales y en troncos cortados expresamente para soportarla. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

Cruzan ríos, suben laderas, caminan entre el lodo y la vegetación tropical.La llevan a su lugar de destino siguiendo la cuerda vegetal guía que lleva la mujer dueña y sus acompañantes.

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No hay obstáculos para el traslado de la piedra de moler. La fuerza colectiva supera la naturaleza. Foto cortesía del Proyecto Jirondai.

Hombres y mujeres participan en el traslado. Jóvenes y mayores. Cada uno ocupa el rol que le corresponde. Participar del traslado crea comunidad que a la vez es un requisito indispensable para hacerlo una y otra vez. No hay dinero de por medio, solo trabajo, fuerza, coordinación y experiencia acumulada. Sí, hay chicha -la bebida de maíz que fue molido en otras piedras que vivieron el mismo proceso-. También hay voces, cantos, solidaridad entre la gente; gente que se une para hacer cosas grandes; gente que se une para ser y seguir siendo.

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Las mujeres van guiando el traslado de la piedra de moler a través de una liana o cuerda vegetal. Foto cortesía de Proyecto Jirondai.

Todos jalan para el mismo lado, y jalan lo mismo. A veces unos más que otros pero siempre con el mismo objetivo. En este caso jala mas un bejuco, una liana llevada por mujeres, que un bak-hoe o unas cadenas de acero.

Es posible que no vuelva a ver a los niños de la feria científica. Supongo que les habré aportado algo. Ellos a mí mucho. Volvieron a sembrar en mi las ganas de saber más, de buscar nuevas respuestas. En Talamanca puede que estén muchas de ellas. Habrá que ir hacia allá a buscar lo que las esferas y los sitios arqueológicos donde están o estuvieron no me puedan dar.

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Nota: Aquí pueden ver un pase de diapositivas con fotos del traslado que se hizo el 29 de septiembre. del 2013 Todas son imágenes tomadas por Ricardo Araya Rojas: http://www.youtube.com/watch?v=6XVl1ixTYPI. Le agradezco su gentileza al autorizarme a reproducirlas. Igualmente le agradezco a Luis Porras del proyecto Jirondai la autorización para usar sus fotos y el poco pero enriquecedor tiempo compartido.

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Las distintas vidas de una escultura del Diquís

Parte superior de una escultura reutilizada y convertida en “busto”. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica Foto: Rodrigo Rubí.

Los objetos arqueológicos acumulan distintas historias sobre su vida. Y es que los objetos, sean del tipo que sean, tienen  su vida, su propia historia. Una historia que empieza desde que fueron pensados, que se concreta con su fabricación y se reafirma con su uso. Dice el arqueólogo Vicente Lull en su libro “Los objetos distinguidos” que “allí donde no media lenguaje, el objeto resultante es el todo, el vínculo capaz de grabar la experiencia y transmitirla por sí mismo”….

Rodrigo Rubí J.  Fragmento de escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-112 / Procedencia: Cd 82N 28W/44 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Vista de la parte dorsal de la escultura. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto Rodrigo Rubí.

El objeto de la foto es un caso singular que muestra partes de sus distintas biografías. En primer lugar es una escultura fabricada en roca arenisca de grano fino, igual que la mayoría de esculturas antropomorfas del Diquís. Fue hecha en piedra de la región. Su origen está en la materia prima local.

Aunque tiene una superficie muy desgastada todavía quedan la huellas de los punteros y de otros instrumentos usados para darle forma y acabado. Estas huellas serían según Vicente “su prehistoria“. Lo que la hizo objeto.

Sabemos que fue “hecha“, que hubo manos, herramientas, conocimiento y experiencia que  la hicieron de ésta y no de otra manera. No es única. Hubo otras parecidas a ella, o distintas a ella pero siempre compartiendo su carácter escultórico.

En segundo lugar, en su forma están plasmados una serie de atributos estilísticos muy concretos y característicos del Delta del Diquís. Su procedencia determina estos atributos; es lo que es porque la hicieron ahí, en un momento determinado, bajo ciertos parámetros estéticos y con un fin determinado. Ahí radica su identidad.

En tercer lugar, esta escultura se convirtió en algo que no fue en su origen.

Tuvo una vida anterior seguramente como estatua de cuerpo entero, y por razones que no conocemos terminó convertida en busto. Se rompió, o la rompieron en tiempos precolombinos, y fue reconvertida  en un nuevo objeto.

Posiblemente cuando estuvo completa se mantuvo erguida en algún lugar junto con otras estatuas y posiblemente con esferas de piedra y esculturas de animales. Cuando fue reconvertida en busto quizá estuvo expuesta a la vista, o la guardaron y la mostraban de vez en cuando. Esa parte de su historia no la conocemos.

Su penúltima vida fue como parte de un grupo de mas de 170 fragmentos de esculturas y esferas de piedra pequeñas colocadas dentro de una estructura en el sitio Batambal. Ahí fue encontrada por un equipo de investigación del Museo Nacional de Costa Rica en diciembre del 2011.

Su última vida, la mas reciente, es como objeto de museo. Ahora vive en una caja de cartón dentro de una bodega. Ya ha sido estudiada, tiene número de identificación y forma parte de una colección arqueológica. Salvo que sea usada en alguna exposición, ya no verá la luz en mucho tiempo.

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La escultura muestra la zona de fractura de lo que fueron sus hombros y el cuerpo perdido. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Marco Arce.

Vicente Lull también dice en su libro que “un objeto tiene el significado con el que fue producido y adquiere el sentido que su uso le confiere“. Por lo que dice esta escultura en sí misma, y por el contexto donde fue excavada, se puede inferir que debió tener distintos sentidos según el momento, el dónde y el cómo fue usada. Y también debió haber tenido un sentido diferente cuando estuvo completa y luego cuando tomó una nueva forma.

Ahora tiene un nuevo sentido como objeto patrimonial, como parte de una legado histórico. Es un nuevo rol. No fue pensada ni creada para este fin. Ese sentido, ese uso, se lo estamos adjudicando nosotros en este tiempo presente.

La vida de los objetos es lo que es por compartir la vida con gente que los hace, los usa, los rompe, los recoge, los reinventa y los junta con otros. Su vida es social; es compartida; cambian ellos y cambia la gente; o cambia la gente y cambian ellos; o todo al mismo tiempo. Ese es el debate.

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Para los interesados en el mundo de los objetos y la materialidad social:

Lull, Vicente. 2007.  Los Objetos distinguidos: la arqueología como excusa. Barcelona, Editorial Bellaterra.

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La madre, su hijo y una esfera: una historia hecha en cemento

Esfera precolombina y escultura de madre con su hijo en brazos de manufactura moderna. Parque central de Pérez Zeledon. foto I . Quintanilla.

Cada vez que iba de San José a San Isidro o seguía camino hacia el Sur veía en un pequeño parque una escultura un poco extraña. En medio de la plazoleta alguien había colocado una escultura de una madre con su hijo en brazos sobre una esfera de piedra precolombina. Era un ensamble extraño que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la ciudad de San Isidro El General.

La escultura de la madre, que parecía hecha en cemento, estaba posada sobre una sólida roca granítica con forma de esfera que había sido hecha por escultores indígenas hace cientos de años… Suena un poco irónico y a la vez violento, pero así lo hicieron.

En el 2011 yo tenía que reunirme con una antropóloga que trabaja en San Isidro y quedamos de vernos en el parque principal de la ciudad. Mientras la esperaba fui a caminar por lo alrededores y para mi sorpresa encontré a la esfera y a la madre.

Habían sido trasladadas desde su rincón, a la orilla de la Carretera Interamericana, y ahora ocupaban una parte muy visible del parque recién remodelado. Las habían separado: la madre seguía mirando a su hijo con amor y la esfera lucía sin su carga anterior.

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Detalle de la esfera y a madre en su nueva ubicación. Foto: I.Quintanilla.

La esfera ahora estaba en posición más alta que la madre; ya no la sostenía. Estaba incrustada sobre una base de cemento -una aborrecible práctica que no deja de repetirse- y mostraba en su parte superior la gran cicatriz que atestigua la incrustación anterior.

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Es de imaginar que pocas personas de las que caminan y se sientan en el parque de San Isidro del General no harán ninguna relación entre el viejo ensamble de la madre-esfera y el nuevo conjunto de madre y esfera sobre anillos circulares de cemento. Mucho menos harán la relación entre la esfera atada a una base innoble y el hecho singular de vivir en el territorio de las singulares y únicas esferas precolombinas. Es muy probable que no se den cuenta siquiera que esa esfera es de origen indígena precolombino, y no una burda replica reciente.

Hoy es 26 de mayo del 2013. Estuve en el parque de San Isidro a principios de octubre del 2011. Ha pasado mucho tiempo y desgraciadamente todavía estoy molesta por lo que vi. Duele reconocer la impotencia. Ver y callar… no me gusta esa opción. Mejor tener un blog y decirlo.

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Detalle esférico

Detalle esférico
Esfera precolombina. Facultad de Ciencias Agroalimentarias, UCR. Foto: Diego Matarrita.

Sería egoísta de mi parte no compartir imágenes como ésta, ¿no es cierto? Es un detalle de la esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica en San José. La foto la tomó Diego Matarrita.
Sus casi 190 cm de diámetro y su curvatura perfecta nos recuerdan lo magníficas e imponentes que son las esferas precolombinas del Pacífico Sur. Hasta el musgo y los líquenes adheridos a ella se vuelven hermosos.

Esta esfera se encuentre fuera de su contexto original: se ha convertido en una esfera urbana en una ciudad que la ignora. Pero eso no le quita ni un ápice de su belleza y su valor.

 

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¿Deterioro, natural o intencional? Cicatrices que buscan respuesta

¿Deterioro, natural o intentional? Cicatrices que buscan respuesta

Cada esfera precolombina tiene características propias. Este es un caso muy singular de esfera “deformada” por razones todavía no determinadas. En mi opinión, las cicatrices que presenta en la parte media-baja son producto de una forma intencional de “mutilación”-“deformación”” posterior a su forma inicial como esfera simétrica. Son cicatrices antiguas; hechas en tiempos precolombinos. La dirección de las huellas es la misma “verticales” y siguen un mismo patrón en cuanto a forma- ¿Cómo lo hicieron, con qué intención y con qué tipo de instrumentos? No he podido estudiarla con profundidad, pero está anotada como tarea pendiente.

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El Tiempo, gran escultor: palabras de Marguerite Yourcenar

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Sobre una esfera que se fue del Sur al Norte y que ahora vive entre aviones

Desde hace 14 años vivo en Barcelona y cada año voy a Costa Rica con mi familia. Aunque siempre les digo que vamos a tomar unos días para pasear siempre termino absorbida por mis intereses de investigación y los paseos quedan supeditados a unos pocos días y siempre en dirección al Sur.

Hace seis años decidimos hacer un viaje familiar a Guanacaste, al Pacífico Norte, para no caer en la tentación del Sur. Nada de arqueología, ni esferas, ni piedras, ni nada. Pasear con la familia; ese era el lema, pero … no lo cumplí. No pude hacerlo porque cuando íbamos camino a Playa Panamá pasamos frente al Aeropuerto Internacional de Liberia y vi algo que me llamó la atención. Le pedí a mi esposo que parara el carro y nos devolviéramos para confirmar si lo que había a la entrada del relativamente nuevo aeropuerto era una esfera precolombina.

Había visto esferas en Guancaste pero todas ellas eran imitaciones o piedras redondeadas. Doris Stone escribió una breve nota donde mencionó esferas en la parte Sur de la península de Nicoya, pero no aportó mayores datos. En ninguna de las investigaciones llevadas a cabo por otros arqueólogos hay registros de esferas en esta parte del país. Y, aunque  Claude Baudez mencionó el hallazgo de piedras redondas en el sitio Papagayo, lo que  en realidad halló eran pequeños guijarros, tal y como lo constaté al revisarlas en el museo de Quai Branly en Paris donde están guardadas. Así que las esferas no fueron usadas por los indígenas del Pacífico Norte, y por eso me llamó la atención esa esfera de gran tamaño en plena vía pública.

Esfera colocada en la entrada de la carretera que lleva al Aeropuerto Internacional de Liberia, Guanacaste, Costa Rica. Foto Anayency Herrera.

Con una rápida mirada me di cuenta que era una esfera precolombina y no un clon hecho de cemento u otro material. Tenía una patina antigua, era muy simétrica, tenía un acabado de superficie fino y el material usado  era el gabro, el mismo de la mayoría de esferas del Sur del país. Además, a su lado había una placa conmemorativa que no dejaba lugar a la duda.

En la placa decía que era una esfera procedente de “las llanuras del Río Térraba” , un lugar que se puede interpretar como el Delta del Diquís, y que era una donación de Marjorie y Daniel Oduber.

Placa conmemorativa colocada en el suelo, cerca de la base de la esfera. Foto: Anayency Herrera.

Por el nombre de los donantes y por el lugar donde estaba tenía que ser precolombina. Daniel Oduber fue presidente de Costa Rica en el período de 1974 al 1978. Fue un destacado líder social-democráta y su partido -Liberación Nacional- ha gobernado en múltiples ocasiones el país. Murió en 1991 y le sobrevive su viuda, Marjorie y un hijo. El matrimonio Oduber, al igual que muchas familias adineradas, tenía como una de sus aficiones el coleccionismo de piezas precolombinas. Gran parte de su colección procede del Pacífico Norte, presuntamente de algunas de sus grandes propiedades donde tenían cuadrillas de trabajadores dedicados a extraer objetos arqueológicos.

Los Oduber han tenido una relación muy estrecha con la provincia de Guanacaste, y el Aeropuerto Internacional de Liberia, construido a finales de los noventa, lleva el nombre del ex-presidente. Quizá por eso, y como muestra de aprecio, su viuda se desprendió de un valioso objeto de su colección -la esfera precolombina- que debió haber dado vistosidad al jardín de alguna de sus casas.

El encuentro con esta esfera cambió un poco los planes familiares. Como una arqueóloga amiga vivía en Liberia y había quedado en pasar a saludarla aproveché para tentarla y que me acompañara a revisar la esfera. Ella aceptó gustosa, y mi familia se fue a la playa. Anayensy, la arqueóloga, tomó su cámara y su carro y nos fuimos muy alegres a ver la esfera.

Por costumbre, y también porque he aprendido que los detalles de las esferas se encuentran caminando alrededor de ellas, viéndolas desde distintas perspectivas y usando el tacto para conocer la textura superficial, fue como nos dimos cuenta que tenía algunos grabados. La luz no era buena y no teníamos el equipo adecuado, por lo que no pudimos identificar lo representado, pero lo importante para el caso fue que fuimos capaces de detectar esos leves bajo-relieves y saber que estaban ahí, sobre la superficie alisada y fina de la esfera.

Detalle de la esfera precolombina de Liberia con bajo-relieves y diaclasa. Foto: Anayensy Herrera.

Otro aspecto importante de la esfera era la presencia de “diaclasas” que son fracturas que sufrió la roca estando en el interior de la corteza terrestre y que se rellenaron con otros materiales. Las esferas con diaclasas tienden a fisurarse y son una de las causas de la ruptura de algunas de ellas. En general, la materia prima que se usó para fabricar esferas no tienen este tipo de problema, lo que muestra criterios de selectividad al escoger la roca.

La esfera presenta diaclasas en distinta dirección. Algunas de ellas a mediano o largo plazo pueden ser la causa de la fractura de la esfera. Foto: Anayensy Herrera.

Comúnmente, las esferas removidas de su lugar original han sido colocadas de acuerdo a los caprichos de sus “dueños”. No se han seguido protocolos ni se han tomado medidas para protegerlas ni conservarlas. Pero en el caso de la esfera del Aeropuerto de Liberia me pareció que estaba siendo castigada. Fue puesta en una zona totalmente descubierta, a pleno sol y sin ningún refugio ante la lluvia. Y es que Liberia es una de las zonas más calientes de Costa Rica. A mediodía la temperatura puede sobrepasar los 30 o 35 grados la mayor parte del año. Estas altas temperaturas se mezclan con altas precipitaciones durante unos ocho meses al año.

Quizá la dureza del gabro haga pensar que son indestructibles, pero no es así. En el caso de esta esfera puede que la conjunción de la  dureza medio-ambiental,  las vibraciones de los aviones y su estructura geológica la estén condenando a una breve vida en Guanacaste.

En septiembre del 2006 por lo menos había una fisura que amenazaba en convertirse en grieta con riesgo de ruptura. Como no podía más que observar y documentar le comuniqué a los encargados del patrimonio arqueológico esta situación. Supongo que habrá sido corregida. Foto: Anayency Herrera.

Quizá alguien se pregunte cómo una esfera del Sur pudo llegar hasta el Norte y y convertirse en un monumento conmemorativo actual. Esta no fue una situación común en tiempos precolombinos porque las esferas eran objetos que no circulaban más allá del Pacífico Sur, salvo casos excepcionales. Su producción era local y para consumo local.

Sin embargo, a lo largo del siglo pasado, especialmente después de los años cincuenta y a partir de la construcción de la Carretera Interamericana y del uso de camiones pesados, las esferas fueron movidas a un ritmo vertiginoso. Una buena parte fue movida dentro de la misma región Sur, y ahí es donde está la mayoría. Otra parte fue trasladada al Valle Central, principalmente a San José,  a las casas de familias adineradas o a instituciones públicas. Esto ha provocado que a la fecha más de un 95 % de las esferas conocidas estén fuera de su contexto precolombino y de su lugar original.

Puede que la cifra no asuste a lo amantes de la esfera en-sí-misma, pero esto es una gran tragedia para todos los amantes de la arqueología. Hay menos de 20 esferas en su lugar original y esto constituye un serio problema para su investigación, su conservación y su puesta en valor, especialmente porque  gran parte de ellas estén en propiedades privadas y lo dueños de estas propiedades actúan como sus propietarios.

Asimismo, los nuevos usos de este objeto precolombino, como es el caso de la esfera colocada en la entrada del Aeropuerto de Liberia, las sitúan en una situación distinta, y así resulta difícil el trabajo arqueológico. Ahora han adquirido nuevos sentidos, tienen “nuevos propietarios” y  nuevos contextos sociales, políticos y económicos.

Unas cuantas de estas esferas tienen vidas privilegiadas; otras no tanto. Y aunque no sientan, ni hablen -porque las esferas no hablan- están vivas. Vivas porque nosotros les damos esa vida, ese sentido y las seguimos usando. Bien o mal, pero las hemos integrado en eso que llamamos patrimonio arqueológico, les hemos dado valor- científico, económico, simbólico, identitario, emocional, entre otros- y porque tenemos una responsabilidad legal y colectiva, ya que son parte del legado histórico y cultural de los pueblos que vivieron antes que nosotros en el territorio costarricense.

Desde 1998, según dice la placa, hay una esfera del Sur en el Norte y supongo que allá ha cobrado un nuevo valor social y es apreciada y motivo de orgullo.  Sería lamentable que tan largo viaje no haya tenido sentido y que solo sea una triste piedra redonda que saluda a los turistas que van y vienen del aeropuerto.

Un detalle de la simetría y buen acabado de la esfera de Liberia. Foto: Anayency Herrera.
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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.