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Esculturas sin rostro del Diquís

Esculturas sin rostro del Diquís
Escultura fragmentada excavada en el sitio Batambal, Palmar Norte, Osa en el 2011. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto Rodrigo Rubí. Catalogo P-299-Bt-F.E-84.

Una característica singular de algunas esculturas del Diquís es la ausencia de rasgos faciales. En unos casos parece que fueron borrados intencionalmente; en otros que la erosión natural los eliminó. También hay casos donde estos rasgos  no fueron tallados.

Otro elemento singular, además de la ausencia de rasgos faciales, es que todas las esculturas con estas características que he estudiado fueron reutilizadas, a pesar de haberse fragmentado. Esto indica que no eran pre-formas o formas fallidas. Fueron objetos integrados a determinadas prácticas sociales que contrastaban con esculturas finamente acabadas y de rasgos detallados.

Las esculturas sin rasgos faciales no parecen haber sido hechas para un solo uso y un único tiempo. Su permanencia y reutilización debieron haber trascendido a quienes las hicieron y usaron primeramente. Fueron objetos que vivieron distintas vidas y que acumularon distintas historias en su relación con otros objetos y con distinta gente. La ausencia de rasgos faciales  les dio un sentido y un significado a los que apenas estamos acercándonos.

Escultura sin datos de contexto que fue recolectada en el Pacífico Sur de Costa Rica en 1939. Sus rasgos faciales no fueron tallados. Está fragmentada y fue reutilizada en tiempos precolombinos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Catalogo MNCR-14533.

Hoy puede que estas esculturas sin rostro no califiquen como “obras de arte”, ni sean consideradas atractivas para una exposición museográfica. Sin embargo, lo que les falta las hace tremendamente valiosas. En ellas están plasmados el paso del tiempo y la mano caprichosa del que decidió no tallar los rasgos, o del que la recogió cuando ya los había perdido. Está plasmado un gusto y un sentido estético. También están plasmados sentidos y significados que solo la excavación sistemática y las preguntas bien hechas nos podrán aclarar.

En el sitio Batambal, recientemente excavado por un equipo de investigación del Museo Nacional de Costa Rica, es posible ver con toda certeza que muchas esculturas tuvieron vida después de haberse roto y a pesar de la ausencia de rasgos detallados. Un grupo cercano a 170 fragmentos fueron recogidos en distintos lugares y fueron depositados junto con pequeñas esferas de piedra. Quizá eran objetos de memoria; objetos puestos como un conjunto en un sector de un área empedrada que estaban fuera de la vista y que quedaron enterrados. Fue su destino final. Antes estuvieron en otros lugares y tuvieron otra vida.

Conocer las distintas vidas de un objeto escultórico es una tarea apasionante. En el Diquís, en el Sur de Costa Rica, es posible hacer esto por el rico legado precolombino y por la gran capacidad de la piedra para comunicarnos cosas. Solo queda preguntar, ver, estudiar y dialogar con los objetos.

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Don México y su esfera bonita: la esfera C de Finca 6

En 1999 un grupo de esferas de piedra precolombinas retornaron al cantón de Osa. El grupo había salido en distintos momentos y volvía a la región gracias a varias devoluciones voluntarias. El Museo Nacional de Costa Rica organizó el retorno junto con varios grupos locales de Osa.

Como parte de los actos de bienvenida se organizaron distintas actividades. Una de estas actividades fue la visita guiada al sitio arqueológico Finca 6, que en ese entonces no era propiedad del Museo Nacional como ahora, sino parte de las tierras que administraba la Corporación Bananera Nacional (CORBANA). El sitio estaba cubierto por mucha vegetación y había que prepararlo para las visitas. Por esa razón, uno de los encargados de CORBANA envió a Don México, un viejo trabajador bananero, para que limpiara y pusiera el lugar en condiciones.

Don México, sin más guía que su voluntad y su buen gusto, tomó sus propias decisiones. A él no le parecía bien que cinco de las seis esferas que se conocían en ese momento en el sitio estuvieran cubiertas de tierra, así que optó por “ponerlas bonitas“, según su decir. Con su experiencias de palero de toda la vida no le llevó ni media mañana hacer una excavación en forma de cráter lunar en una primer esfera. Él había empezado a trabajar muy temprano, casi de madrugada, y cuando llegué a media mañana a Finca 6 junto con otras funcionarias del Museo Nacional ( yo estaba colaborando de manera voluntaria en las actividades del retorno), Don México ya había consumado su obra en la que se conoce como Esfera C.

Don México posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.

Por suerte, en Finca 6 el suelo arqueológico está a una profundidad que oscila entre los 120 y los 150 cm. Todo lo que hay arriba es relleno de sedimento acumulado a lo largo de 1000/1200 años. Don México eliminó ese relleno y llegó hasta el paleo-suelo, lo acicaló y lo puso “bonito“.

Vista de la esfera C de Finca 6 después de la excavación de Don México. Nótese que no había otro tipo de materiales en la base. La esfera C es de gabro y mide 150 cm de diámetro aproximadamente.

Como su intención no era saquear ni destruir intencionalmente, no fue acusado por daño al patrimonio arqueológico. Su explicación en el momento era una mezcla de ingenuidad, inocencia y sentido común campesino. Al escucharlo, y ver su cuerpo maltratado por el sol y por los años, solo daban ganas de sacarlo del pozo, de llevarlo a descansar y de decirle que no se preocupara, que nadie lo iba a despedir y que eso se arreglaba volviendo a poner la tierra en su lugar. Eso fue lo que pasó y ahora la esfera sigue ahí, cubierta de nuevo.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

A don México no le habían explicado que la esfera C de Finca 6, junto con otras dos, forma una línea con orientación Este-Oeste y que otras dos esferas forman otra línea paralela a éstas. Él ignoraba que este era un conjunto único, que  otros parecidos habían sido destruidos al remover las esferas.

Ubicación de las esferas alineadas de Finca 6. Es importante destacar las distancias entre esferas.

Recientemente, se ha dado a conocer que este conjunto de esferas puede estar relacionado con algún tipo de calendario astronómico y que su posición está en relación con la salida del sol en determinadas fechas (12-14 de abril de cada año) (http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx). Esto, junto con los tamaños monumentales de las esferas que oscilan entre los 150 y los 190 cm de diámetro, convierten a Finca 6 en un sitio arqueológico único y de gran valor científico.

Ahora Finca 6 es propiedad del Museo Nacional de Costa Rica. Todavía no tiene ninguna declaratoria especial y sus restos salen a la luz ocasionalmente, cuando el equipo de investigación de esta institución hace excavaciones. Por suerte para todos ya no irán más trabajadores a ponerlo “bonito” por intuición, sino guiados por planes de manejo y por proyectos con fundamento técnico. Esa es la esperanza y la ilusión de gente como yo que sabe que debajo de esas capas de sedimento dejado por el río Térraba se conserva un patrimonio excepcional que algún día podrá conocerse en su real dimensión.

NOTA: este texto lo escribí antes de que Finca 6 y otros sitios fueran declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO en junio del 2014. He preferido mantenerlo tal cual lo escribí, para no alterarlo.

Referencias:

Quintanilla, I. (2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx

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Para que el viento no se lleve las palabras: mi opinión sobre el estado actual del proceso de candidatura de sitios con esferas como patrimonio mundial

El 22 de mayo de este año escribí el texto principal de esta entrada del blog. Lo hice al leer la información que estaba saliendo en los medios de comunicación sobre la reunión que iba a mantener la Presidenta de la República, Laura Chinchilla con Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en la que tratarían el tema de la candidatura de los sitios con esferas de piedra de Costa Rica como patrimonio mundial.

Lo escribí sin que nadie me lo pidiera y sin representar a nadie. Lo hice con la mejor intención y por el compromiso irrenunciable que tengo con mi país y su patrimonio. Se la envié a dos personas de la comitiva de la Sra. Presidenta y una semana después se lo envié al director del Museo Nacional de Costa Rica. Como las palabras se las lleva el viento, y como no he recibido ninguna respuesta al mismo, he decidido compartirla a través de este blog. Quizá sea de utilidad para otras personas vinculadas de una u otra manera al proceso de candidatura, o por lo menos ayudará a entender la complejidad de esta empresa. A continuación el texto sin la introducción que hice en ese momento

Barcelona, 22 de mayo del 2012

Antes de todo, quiero manifestar que he reflexionado mucho sobre estos aspectos. He estudiado abundante documentación a raíz de una consultoría que hice el año pasado para la oficina regional de UNESCO en Costa Rica orientada a generar una estrategia para integrar los recursos arqueológicos en el desarrollo de la Región Brunca. Asimismo, acabo de terminar un curso de alta especialización en patrimonio cultural, y el pasado mes de abril presenté en el I Congreso Internacional de Patrimonio Mundial y Buenas Prácticas la ponencia “La declaración de Patrimonio Mundial como camino hacia la conservación y puesta en valor: la candidatura ante la Unesco de los sitios con esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica”. Además, durante 20 años he estudiado a las esferas de piedra precolombinas y los lugares donde se encuentran. Por lo tanto, considero que mi opinión experta puede ser de ayuda en este momento de impulso a la candidatura.

Para empezar quisiera decir que existe un problema en la manera en que se está enfocando el proceso de candidatura. La candidatura no se logra con completar un formulario. El formulario es la última parte del proceso; previamente se han tenido que hacer toda una serie de adecuaciones administrativas, legales, financieras y políticas. Asimismo, la candidatura no es para las esferas de piedra como objetos, sino para una serie de lugares arqueológicos donde todavía se conservan en su lugar original. Esto tiene una serie de implicaciones que desde mi punto de vista no están siendo abordadas de manera correcta, lo que me lleva a asumir que a un corto plazo la presentación del expediente ante UNESCO será inalcanzable.

Enumero los aspectos que considero fundamentales:

1. El marco legal: En el caso concreto de esta candidatura, el país obligatoriamente tiene que hacer un cambio en el marco legal que cobija el patrimonio arqueológico. La ley 6703 fue pensada y creada en función de los objetos; el patrimonio mundial se enfoca en la conservación “in situ”, es decir en la conservación y puesta en valor de los lugares originales donde se encuentran los bienes declarados patrimonio mundial. La integridad y la autenticidad son los dos ejes básicos, y en este momento, en Costa Rica, lo que la ley impulsa es excavar y extraer. Tampoco contempla cómo gestionar o administrar propiedades con sitios arqueológicos, salvo el salvamento en caso de riesgo; ni dice nada sobre la participación de los gobiernos locales u otros actores en la gestión del patrimonio arqueológico inmueble.

Por otra parte, es un marco legal pensado para un Museo Nacional del siglo XIX. Un museo que guarda, acumula y exhibe objetos. El patrimonio arqueológico sometido al patrimonio mundial requiere otro tipo de estructura administrativa; una estructura que gestione, que planifique, que ordene y que coordine con los distintos actores institucionales del ámbito internacional, nacional y local. También necesita una estructura financiera que posibilite la sostenibilidad de las acciones de conservación y puesta en valor de sitios arqueológicos y de los paisajes culturales de los que forman parte. Igualmente, requiere regular el papel del estado y del sector privado en cuanto a los aportes en la gestión del patrimonio.

A la fecha, no existe ninguna iniciativa para generar un nuevo marco legal para el patrimonio arqueológico de Costa Rica. Es algo que no se ha contemplado en estos largos 10 años, desde que se incluyó la propuesta en la lista tentativa. Esto tiene serias consecuencias y se verá reflejado a la hora de desarrollar los planes estratégicos que se solicitan en las Líneas Guías del Centro de Patrimonio Mundial; planes sin los cuales no puede ser presentada ninguna candidatura.

Es importante recordar que la declaratoria como patrimonio mundial se puede obtener, pero también se puede perder con relativa facilidad. Conservarla es lo más difícil; por eso hoy en día hay 24 países con patrimonio mundial en la lista de patrimonio en peligro por incumplir los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional en cuanto a la protección y puesta en valor de su patrimonio. En el caso de la candidatura de los sitios con esferas existe un alto riesgo de fracaso por la debilidad legal y de los órganos de gestión.

2. El conocimiento científico: un requisito fundamental, básico y claramente establecido en las Líneas Guías de la UNESCO es que el conocimiento científico es el que sustenta las candidaturas. En mi opinión, este es uno de los aspectos más débiles del proceso actual. El proceso de investigación que se está llevando a cabo no está acompañado de un equipo multidiscilpinario de profesionales. No participan expertos de las universidades nacionales ni de fuera del país; no se llevan a cabo estudios especializados fundamentales y se financia con pocos recursos. Asimismo, está enfocado en preguntas de la investigación arqueológica, pero no en la conservación, ni en la puesta en valor; aspectos que también requieren ser estudiados.

El conocimiento que se requiere para un proceso de candidatura necesita un enfoque distinto al de las habituales investigaciones arqueológicas. Las preguntas son distintas en muchos sentidos, y requieren respuestas para resolver los aspectos pertinentes a la gestión integral (investigación, conservación, protección y puesta en valor), no sólo a la temática arqueológica en sí misma.

La investigación en un proceso como éste requiere necesariamente demostrar la integridad y la autenticidad de los recursos arqueológicos que se quieren proponer. Por lo tanto, la investigación no puede ser una amenaza para la conservación (es importante recordar que la excavación arqueológica implica destrucción). En este sentido, es importante valorar si la búsqueda de información para completar el expediente no está siendo una amenaza, ya que a la fecha se excava sin que existan planes de conservación y restauración paralelos al proceso de investigación arqueológica.

La tendencia actual es usar tecnologías modernas, poco invasivas, que permitan conocer lo que hay en el subsuelo con una mínima excavación (escaner láser, resistividad eléctrica, uso de imágenes de satélite, LIDAR, etc.). A la fecha, las investigaciones para sustentar la candidatura no se acompañan con estas herramientas, a pesar de que hay instituciones en el país que poseen parte de estas tecnologías y conocimiento técnico para aplicarlas. Tampoco hay en marcha convenios de cooperación técnica y científica orientadas a subsanar las debilidades que tiene el país en el campo de gestión del patrimonio, especialmente en cuanto a la conservación “in situ” y a la “presentación” pública del patrimonio (musealización, transmisión del conocimiento como herramienta para el desarrollo, por ejemplo).

Costa Rica es un país que no ha modernizado la conservación, la protección y la puesta en valor del patrimonio arqueológico inmueble. La candidatura ha sido la oportunidad para dar un salto cuantitativo y cualitativo, no solo para los sitios con esferas, sino para todo el conjunto del patrimonio cultural. Este salto no se ha dado, ni se perfila que se dará por el enfoque actual. Sin innovación y sin transformación del sistema no parece factible que se alcance un ideal tan alto como la declaratoria.

Si no se cambian los procedimientos, si no se forma un equipo de trabajo profesional, altamente competente e implicado de lleno en el proceso de formulación del expediente, poco se podrá hacer para que prospere.

Por otra parte, un expediente de candidatura requiere la participación del mayor número posible de especialistas. Aunque, la negociación de la declaratoria es un asunto político, el fundamento de la propuesta es eminentemente técnico. El expediente de candidatura necesita de la complicidad y del máximo apoyo del colectivo académico nacional e internacional. No es tarea de un grupo reducido de funcionarios; el liderazgo del proceso quizá, pero la elaboración del expediente y el producto final necesitan ir acompañados de muchas voces expertas para tener la solidez necesaria.

3. La debilidad de la propuesta: Un tercer aspecto que ha afectado al proceso de candidatura es la ambivalencia de la propuesta.

En 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces, algo que resta credibilidad e indica improvisación y falta de criterio. Inicialmente, lo propuesto fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

Como producto de la reunión, los expertos recomendaron toda una serie de acciones importantes relacionadas con el papel de las comunidades locales, el impacto de los proyectos de infraestructura sobre el área a incluir en la declaratoria (PH El Diquís, aeropuerto internacional en Osa, principalmente), la viabilidad económica de la propuesta y la necesidad de llevar a cabo estudios especializados de distinta índole.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas.

Bajo la perspectiva actual, es tarea fundamental identificar con precisión las propiedades donde están ubicados estos sitios, conocer su estado, caracterizarlos en todas sus vertientes (tenencia de la tierra, paisaje, población circundante, entre otras). Es importante destacar que lo que se someterá a la lista de patrimonio mundial es un conjunto de propiedades dispersas en distintos puntos de la región administrativa Brunca. Esto implica toda una serie de problemas y retos de gestión. Igualmente, implica distintas realidades sociales, económicas y políticas, ya que algunas propiedades están en territorios indígenas; otras son propiedades privadas y sólo dos son de titularidad estatal.

A la fecha, en Costa Rica no existe experiencia en la gestión de patrimonio en una escala como ésta. El proceso de candidatura requiere obligatoriamente claridad y en este momento no hay sobre la mesa una propuesta del modelo de gestión de estas propiedades y de sus áreas de amortiguamiento. Como en los casos anteriores, estos aspectos no se pueden improvisar y ni resolver de un día para otro. Es aquí donde se reflejarán las limitaciones del marco legal y donde se harán evidentes las carencias que sufre el país en la gestión integral de su patrimonio arqueológico.

4. Comunidades locales y desarrollo: El gobierno de Costa Rica necesita demostrar en el expediente de candidatura que tiene las condiciones para gestionar de manera integral el patrimonio que propone. Para esto requiere elaborar planes estratégicos de corto, mediano y largo plazo con toda una serie actores sociales implicados y con una clara asignación de recursos económicos que garanticen la sostenibilidad y viabilidad de las acciones. Estos planes no se pueden improvisar; requieren ser negociados, renegociados, necesitan importantes consensos sociales, académicos, económicos, en fin, del conjunto de la sociedad.

A la fecha, este aspecto no está siendo abordado en su conjunto, salvo para Finca 6, donde están buscando elaborar un plan de manejo, pero esto es insuficiente en el marco de la candidatura.

Un análisis de los planes estratégicos del ámbito cantonal y regional del Sur del país indica que los recursos arqueológicos no están incluidos dentro del planeamiento de los gobiernos locales ni dentro de los planes de otras instituciones, que también son actores importantes. Esta es una señal inequívoca de la falta de integración de estos recursos en las estrategias de desarrollo social y económico. En el caso de la región Brunca, la más pobre y con los más bajo índices de desarrollo humano del país, esta situación es paradójica.

Las candidaturas de sitios de patrimonio mundial tienen el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las zonas donde se ubican estos sitios, como uno de sus principales estandartes. Hasta ahora no hay constatación de que la candidatura de sitios con esferas esté siendo integrada en los planes estratégicos que se están implementando en la región Brunca para paliar la pobreza y buscar nuevas alternativas en el desarrollo. Este es otro de los aspectos más críticos en el proceso. De no resolverse, el expediente adolecerá de una de sus partes fundamentales e indudablemente condenará la candidatura.

Hay otros aspectos importantes que requieren ser analizados. Sin embargo esa tarea le corresponde a quienes tienen a su cargo la tarea de llevar adelante el proceso. Personalmente, creo que en 10 años se ha construido poco y que es necesario un replanteamiento total del proceso. Es injusto para el país estar bajo la creencia de que estamos próximos a conseguir un alto reconocimiento mundial para una parte del patrimonio cultural que posee. Ya se consiguió para tres sitios de patrimonio natural y para uno de patrimonio inmaterial. No habría ninguna razón para no conseguirlo para un conjunto de sitios con esferas de piedra. Lo que se necesita es decisión política, recursos económicos y humanos apropiados, buenos criterios y trabajo experto.

Ese fue el texto que escribí. Es probable que hayan aspectos en los que esté equivocada. Ahora es un documento abierto y si lo que he planteado es incorrecto o si comete una injusticia en las apreciaciones, con mucho gusto lo corregiré y asumiré mis errores. Mientras tanto esta es mi opinión.

Supongo que todos los nudos se pueden desatar. No quiero ser prisionera de mis pensamientos ni de mis opiniones. Por eso los comparto.
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Acerca de Finca 7 y el nuevo hallazgo de una esfera de piedra

Hoy sabado 16 de junio, el diario La Nación publica una nota que informa sobre el hallazgo de una esfera de piedra en Finca 7, Osa. Explica la periodista que se ha encontrado una esfera de 55 centímetros de diámetro junto con material cerámico, fragmentos de estatuas y otros restos arqueológicos. Por la información que le aporta el arqueólogo a cargo del rescate arqueológico -el Dr. Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica- interpreta que se trata de una pequeña aldea situada en las cercanía de del sitio arqueológico Finca 6.

http://www.nacion.com/2012-06-16/AldeaGlobal/esfera-sugiere-que-pudo-existir-una-aldea-precolombina–en-osa-.aspx

Al leer la noticia me ha parecido importante escribir algo sobre la Finca 7 que está documentada en el registro arqueológico del Delta del Diquís. No sé si esta nueva Finca 7 corresponde con la Finca 7 que existía en tiempos de la Compañía Bananera de Costa Rica, porque en los años ochenta, cuando ésta abandonó la región, algunos nombres fueron cambiados. No creo que en años recientes se haya hecho lo mismo, pero supongo que no porque las divisiones que hizo la Compañía Bananera ya están incorporadas en la toponimia de la zona.

Para empezar me gustaría mostrar el mapa que hizo un equipo de arqueólogos franceses en 1990 después de recorrer y revisar gran parte de las tierras ocupadas por la Compañía Bananera de Costa Rica en busca de restos arqueológicos.

Mapa reelaborado a partir del que publicaron Claude Baudez y su equipo en el libro “Investigaciones arqueológicas en el Delata del Diquís“. Se puede observar la ubicación de Finca 6, Finca 7 y otros sitios arqueológicos en la llanura Sur del Delta del Diquís que está situada entre Palmar Sur y Sierpe.

Este mapa fue el resultado de meses de trabajo de campo. A la fecha constituye la evidencia más importante para sostener que por lo menos 900 hectáreas de las antiguas plantaciones bananeras situadas entre Palmar Sur y Sierpe tienen restos arqueológicos. No se ha encontrado una ocupación precolombina tan extensa en otra parte del país. Aquí hay montículos, bases de casas, basureros, cementerios, esculturas de varios tipos, especialmente esferas (¡más de 120 esferas se han registrado aquí!), entre otras cosas.

La Finca 7 de la que hoy habla La Nación, así como Finca 6 (el actual “parque de esferas”) , el abandonado Finca 4 (el más importante sitio con esferas que hubo en Costa Rica) y otros sitios arqueológicos forman parte de este extenso espacio ocupado en tiempos precolombinos. Lo que hoy sale a la luz es parte de ese rompecabezas con muchas piezas perdidas, algunas de las cuales aparecen de vez en cuando bajo las palas de los trabajadores, como en este caso.

Para entender mejor el hallazgo que publica La Nación es bueno  hacer un poco de historia sobre la Finca 7 que aparece en distintas publicaciones de arqueología.

Quien aportó la información más importante sobre este sitio fue Doris Stone en 1943. Dijo que el sitio presentaba “una inusual concentración de esferas de piedra en una espacio de unos 274 metros”. Indicó que había un grupo de 10 esferas formando un eje N-NW-S-SW, aunque no un eje recto, sino formando una especie de curva.

Croquis re-dibujado a partir del publicado por Doris Stone en 1943 de Finca 7.

Los datos que aportó Stone sobre las esferas de Finca 7 señalan que cuatro tenían 182 cm de diámetro. Las otras seis medían 152 cm.de diámetro. Había tres pares de esferas del mismo tamaño  y cada par fue colocado a la misma distancia, una esfera de otra, y con la misma orientación (Norte-Sur). Las esferas de mayor tamaño no estaban en pareja, sino intercaladas entre los pares de menor tamaño.

En las fotografías aportadas por Stone en su artículo de 1943 se aprecia un paisaje sin plantación bananera, un paisaje de cuando están eliminando la cobertura boscosa para implantar la plantación de banano. Hay fotografías de una esfera antes de ser removida  y de otras esferas expuestas totalmente o en proceso de remoción.

En un breve artículo que escribió en 1954, Doris Stone vuelve a hablar de Finca 7. Dice que “La Finca 7, sin embargo, tiene la colocación más rara y las bolas más grandes de todas las que se hayan visto. Dentro de un área aproximada de 300 varas, se encontraron diez bolas distribuidas en una línea este-oeste levemente curvada. Cuatro esferas medían 1.70 cm. de diámetro, las otras tenían como 1.52 cm. también se encontró en este mismo llano una esfera grande que midió 2.14 cm. y pesó alrededor de 131/2 toneladas“.

Samuel K. Lothrop  en su libro de 1963 (página 25) también habla de Finca 7. Cita la publicación de 1954 de Stone y no aporta más detalles. Esto es curioso porque indica que él no estuvo ahí en 1948, cuando recopiló la información de base para su libro “The Archaeology of the Diquis Delta

Por otra parte, el famoso arqueólogo Mathew Stirling hizo una breve visita a la zona del delta en 1964. En un artículo que publicó en 1969 explica que en el lugar había 11 esferas con diámetros que oscilaban entre los 5 y los 8 pies, los mismos que aporta Stone en 1943. Yo tengo mis dudas de que Stirling haya visto el mismo conjunto de esferas que publicó Stone en 1943. Cuando Stirling  visitó la zona en los años sesenta es mas que probable que del conjunto se conservaran unos poco ejemplares.

Ni Stone ni Stirling comentan nada sobre montículos u otro tipo de materiales arqueológicos asociados al agrupamiento de esferas de Finca 7. Sin embargo, es difícil pensar que este conjunto de esferas haya estado aislado. Es muy probable que también hubiera estructuras arquitectónicas y otros restos como sucede en Finca 4 y Finca 6. Esto tiene que ver con la superficialidad de las visitas que hicieron y con la fuerte sedimentación que hay en el Delta del Diquís, donde el material de relleno acumulado por las cíclicas inundaciones del río Térraba cubren las capas arqueológicas.

¿Qué pasó con las esferas de Finca7? ¿Dónde están actualmente? Esta es una pregunta difícil de responder. Salvo las dos esferas que hoy se conservan en el Colegio Técnico Agropecuario de Osa, en Palmar Sur, no hay otras esferas que tengan un tamaño cercano a los 214 cm de diámetro como la que menciona Stone para Finca 7. Lo más probable es que las del colegio hayan sido parte de un conjunto de Finca 4 según documentación que he recopilado.

Las otras esferas de Finca 7 puede que estén distribuidas en varios lugares de la región o en el Valle Central. Hay documentación de esferas con tamaños similares a los que aportó Stone. Sin embargo, la ausencia de registros que acompañó la remoción de esferas impide hacer relaciones.

Esfera megalítica sin datos de procedencia claros, aunque con certeza procede de una de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Tiene 210 cm de diámetro y fue fabricada en gabro. Está ubicada junto con otras de tamaño similar en el Colegio Técnico-Agropecuario de Osa, Palmar Sur. Foto: Diego Matarrita.

La esfera hallada en estos días en Finca 7 mide 56 cm de diámetro y no corresponde al conjunto monumental del que escribió Doris Stone. Es probable que las investigaciones arqueológicas de salvamento que hace el Museo Nacional depare alguna nueva sorpresa y que por gracia del destino salga a la luz alguno de los grandes ejemplares que documentó Stone. Ojalá sea así y que de nuevo no nos reafirmemos en la tragedia de tener un triste dibujo  y unas pocas fotos en un viejo artículo como una única evidencia de un grandioso conjunto escultórico.

Referencias bibliográficas:

Baudez, C.  et. al. 1993. Investigaciones arqueológicas en el delta del Diquís. CEMCA-DRCSTE. San José.

Lothrop, S. K. 1963. Archaeology of the Diquís Delta, Costa Rica. Papers of the Peabody Museum  of Archaeology and Ethnology, Vol 51. Harvard University. Cambridge.

Stone, D. Z. . 1943. A Preliminary  Investigation of the Flood Plain of the Rio Grande de Terraba, Costa Rica. American Antiquity 9 (I): 74-88.

–  –  –  – 1954. Apuntes sobre las esferas de piedra halladas en el Río Grande de Térraba, Costa Rica. Boletín Informativo del Museo Nacional 1(6):6-10.

–  –  –  –  – 1956. Apuntes sobre las grandes esferas de piedra halladas en el Río Diquís o Grande de Térraba en Costa Rica. Boletín del Museo Nacional de Costa Rica.

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Esferas en el extranjero: el caso de la esfera que se fue para Boston

Mucha gente se pregunta cuántas esferas de piedra de origen precolombino han salido de Costa Rica y dónde están. Desde hace varios años he venido recabando información sobre esto, y tengo algunos datos que pueden responder, aunque sea de manera parcial, a las dos preguntas. Primero es que estas “esferas en el extranjero” son pocas y segundo, casi todas salieron hacia los Estados Unidos de América (USA), aunque también hay unas pocas en Europa.

La documentación que he podido recoger indica que por lo menos cinco esferas voluminosas están en USA, así como otras de pequeño formato que no he podido inventariar del todo. Hoy me centraré en una de ellas, ya que su ubicación actual está relacionada con el desarrollo e historia de la arqueología de Costa Rica.

La esfera a la que me voy a referir se encuentra en Boston, en uno de los jardines del Peabody Museum de Harvard University. Mide unos 109 cm de diámetro (“three feet, seven inches“) y fue fabricada en gabro, al igual que la mayoría de las esferas. Su superficie es lisa y un poco lustrosa. Al observarla se nota que ha sido cuidada y que su ubicación por más de 45 años en un clima con fuerte estacionalidad no ha hecho mella en su conservación. Al contrario, está en mucho mejor estado que muchas de sus compatriotas que no salieron de Costa Rica.

Detalle de la esfera después de una nevada. Diciembre del 2008.

¿Cómo llegó esta esfera a la Universidad de Harvard? Sobre esto hay información en documentos que se  guardan en el Peabody Museum y en el Museo Nacional de Costa Rica. Son documentos que corresponden a cartas y notas manuscritas de quienes participaron en el proceso, tanto del traslado como a la recepción y emplazamiento de la esfera en su lugar actual

Esta esfera y otra mas fueron trasladadas en 1964 para ser exhibidas en la Feria Mundial de Nueva York de 1964-65. Ambas fueron colocadas en el pabellón de la “Inter-American Highway”. (VER NOTA AL FINAL DEL TEXTO)

En esos años, Doris Stone, hija de Samuel Zemurray, presidente y propietario por muchos años de la gran transnacional bananera United Fruit Company (la Compañía Bananera de Costa Rica, en su versión tica), era ama y señora de la arqueología de Costa Rica junto con un grupo de destacados coleccionistas nacionales. Desde los años cuarenta, ella ocupaba un papel preponderante en la arqueología del país. Con la transformación del Cuartel Bellavista en Museo Nacional de Costa Rica en 1949, pasó a ocupar la presidencia de su Junta Administrativa. Desde está posición, y gracias a al poder económico y político que su filiación familiar le otorgaba, se convirtió en una especie de “regente” del patrimonio arqueológico nacional desde esos años hasta buena parte de la década de los setenta del siglo pasado.

Fue decisión suya el envío de las dos esferas, las cuales salieron desde Finca 5  -un importante sitio arqueológico con esferas documentado en los años cuarenta en el Delta del Diquís por ella misma- hacia Golfito y desde ahí en barco hasta Nueva York.

Croquis de Finca 5 publicado por Doris Stone en 1943. Se trata de un montículo con un conjunto de 14 esferas colocadas al frente. Se supone que la esfera del Peabody Museum proviene de este lugar. Sin embargo, el tamaño no coincide con los datos que Stone da para este conjunto.

Cuando terminó la Feria Mundial los organizadores solicitaron que se las llevaran y la Sra. Stone gestionó su donación a dos importantes instituciones norteaméricanas. Una se fue para la sede de National Geographic Society en Washington y la otra al Peabody Museum de Harvard University.

Después de algunas peripecias y con una inicial de falta de interés, el Peabody Museum aceptó el regalo que hizo la Sra. Stone. Desde 1966 la esfera está colocada en un lugar distinguido pero discreto dentro de la prestigiosa universidad norteamericana.

Esfera erigida sobre base de cemento y con una placa informativa. Jardín anexo al Peabody Museum, Harvard University.

En el edifico contiguo, que es la sede del Peabody Museum, se guardan “familiares” de esta esfera en forma de material escultórico, fragmentos cerámicos, fotografías, dibujos y diarios de campo. Todos ellos fueron dejados en este museo por el arqueólogo Samuel K. Lothrop, testigo privilegiado de los sitios con esferas del Delta del Diquís a finales de los años cuarenta. Su libro “The Archaeology of the Diquis Delta” es de consulta obligada para cualquier estudioso de la región.

El Peabody Museum, por lo tanto, no sólo resguarda una esfera, sino también una parte importante del patrimonio documental y una significativa colección de objetos asociados a ellas. Es de lo poco que se conserva después del período de devastación, de los años cuarenta hasta los setenta del siglo pasado, cuando se destruyeron muchos sitios arqueológicos con esferas y cuando la mayoría de ellas fueron removidas sin ningún tipo de control. Por lo tanto, es un material de gran valor científico que ha sido apropiadamente cuidado y catalogado.

Personalmente, he podido ir a estudiar estos materiales y tener acceso a los archivos documentales. Hasta el más pequeño elemento ha sido catalogado y guardado, lo que se puede definir como una bendición en el desolador panorama de la arqueología de las esferas de la segunda mitad del siglo pasado. A pesar de todo, ha sido una suerte que esto se haya conservado ahí.

Las esferas que salieron de Costa Rica el siglo pasado lo hicieron en un contexto en el que la arqueología no existía como profesión en el país, cuando había una legislación muy laxa y cuando los coleccionistas eran los que mandaban. No había en ese momento conciencia sobre la necesidad de investigar, proteger, conservar y poner en valor, en términos sociales, el patrimonio arqueológico. Ahora, pasada la primera decada el siglo XXI sí existe esta conciencia. Ojalá que seamos consecuentes y que nuestras actuaciones nos sitúen en un papel diferente al que tuvieron quienes eran amos y señores cuarenta y cinco años atrás.

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NOTA: Inicialmente escribí que las esferas habían exhibidas en el pabellón de América Central junto con otros objetos precolombinos. Sin embargo, al revisar otra documentación corroboré otra información que tenía en la que se indicaba que habían sido expuestas en el Pabellón de la Inter-Americam Highway. Esto lo sospechaba porque quien tramitó la salida de las esferas desde Costa Rica fue Fernando Madrigal, quien lo hizo a nombre de esta empresa. Corrijo el error inicial

Enlaces de interés.

http://www.peabody.harvard.edu/collections

http://harvardmagazine.com/2001/07/ball-of-mystery.html

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Magia, pseudo-ciencia, esferas de piedra y patrimonio: mundos incompatibles

En distintas conferencias que he dado a lo largo de casi 20 años he recibido muy buenos y algunos malos comentarios por el enfoque de mis estudios sobre las esferas de piedra precolombinas y los sitios arqueológicos a los que están asociadas.

Uno que siempre recuerdo me señaló que le estaba quitando la magia a las esferas. Que mi enfoque sobre la “materialidad” de las mismas, que la búsqueda de respuestas a través de lo que podía inferir a través de ellas, de sus huellas de fabricación, de sus huellas de uso, de sus alteraciones, de los procesos de trabajo que manifiestan, de la búsqueda de información social, económica y política a través de ellas y de otros objetos asociados, les quitaba todo el sentido místico, les restaba misterio y las situaba en el mundo de los objetos ordinarios.

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita
Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Lejos de ofenderme, ese comentario me alegró y me reafirmó en la tarea que me corresponde como investigadora. Por eso en este blog no hay magia. Porque no hago tratos con magos, adivinos, ni especuladores de la ciencia: su mundo es otro; el mío quizá suene árido y carente de emoción para los que buscan “el descubrimiento” y la develación de los secretos ocultos.

Ese no es mi mundo, y no me interesa estar en él. No es soberbia. Es situar cada cosa en el lugar que le corresponde. Y bajo ninguna circunstancia, salvo que sea para clamar por la protección y el cuido apropiado de eso que hoy definimos como patrimonio arqueológico, se podrán juntar ambos mundos.

Lo que pasa es que a mayor protección y cuido, menos magia. A más sentido de patrimonio, menos magia. Porque eso que llamamos patrimonio se construye en gran medida por el conocimiento, y especialmente por el reconocimiento social de lo que eso representa.

Esfera
Se puede especular sobre las esferas precolombinas y lo sugerente de su forma. Sin embargo, sólo a través del trabajo científico, especializado e interdisciplinario se podrá llegar a encontrar las respuestas que genera estos objetos hechos or manos indígenas. Foto: Diego Matarrita.

Y ese conocimiento no se genera por arte de magia, ni por la especulación; se construye día a día, con esfuerzo, dedicación y trabajo colectivo. El reconocimiento del patrimonio tampoco se da por arte de magia, ni siquiera por una imposición legal.

Es un proceso de toma de conciencia que se construye en la medida en que se constituye en un valor colectivo. Y ahí los relatos de ficción, la pseudo-ciencia y la magia tampoco construyen nada. Al contrario, son una amenaza,  ya que la cizaña de la duda sobre el origen de ese patrimonio es la carne que los alimenta.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla
Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

En el caso de las esferas de piedra los pseudo-científicos y especuladores de la ciencia siembran la duda permanente sobre la capacidad de las antiguas poblaciones indígenas para fabricar las esferas, o insisten en tener una mente abierta que permita “otras interpretaciones” más allá de las interpretaciones que permiten los datos arqueológicos. Esto constituye una amenaza velada sobre el valor patrimonial de estos objetos, y sobre todo lo que está asociado a ellas.

Pini limpiando copia

Así que siguiré en el camino descarnado de algo parecido a la ciencia. Buscando ir más allá de unas formas esféricas casi perfectas porque detrás de ellas hubo gente, y a esa es a la que busco.

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Mirando las esferas más allá de Osa: algunos datos sobre los sitios con esferas precolombinas

A veces, de tanto mirar las esferas y de enfocar la atención en Osa, se pierde la perspectiva de qué fue lo que representó este fenómeno en tiempos precolombinos y su relación con otros elementos culturales. Por esto es importante tener en mente que las esferas estuvieron insertadas en un mundo mayor y complejo, donde había otros objetos, muchas personas, y donde se dieron distintas dinámicas sociales, económicas, políticas e ideológicas como en cualquier sociedad o grupo humano.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. Foto: I. Quintanilla, 2008
Las esferas de piedra se encuentran en distintos lugares del Pacífico Sur. Buenos Aires es uno de esos lugares y el sitio Bolas uno de los más importantes sitios con esferas y otros elementos precolombinos. Esfera precolombina del sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla, 2008

Por otra parte, hay que mirar más allá de Osa, más allá de Finca 6 y de otros sitios cercanos, y enfocar las esferas y los sitios arqueológicos a los que están relacionadas desde una perspectiva más amplia, integral y regional.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el  mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era compartido. Esto indica que había diversidad cultural, al igual que la hay hoy día en la región.

Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Colección museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.
Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Es un tipo de objeto compartido en todo el Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas fueron un objeto más dentro de la variedad de producciones precolombinas del Pacífico Sur; no lo abarcan todo; no explican el todo sino una parte; tampoco determinan el conjunto. Independientemente de su singularidad, y en algunos casos monumentalidad, las esferas deben ser colocadas en el lugar que les corresponde dentro de la arqueología a partir de la investigación, y no por la subjetividad de las emociones que nos generan.

Fue en la sub-región Diquís de la región cultural Gran Chiriquí donde el fenómeno cultural de la producción y uso de objetos de forma esférica alcanzó unas dimensiones únicas y singulares en el mundo.

A la fecha existen registros de casi 1000 sitios arqueológicos en el Pacífico Sur. Lo registrado a la fecha comprende sitios habitacionales, funerarios, abrigos rocosos, petroglifos aislados o en conjunto y talleres, principalmente. La mayoría son ocupaciones que corresponden a los tres últimos milenos. En su mayor parte son poblados de grupos sedentarios, agrícolas, con alfarería, con la tecnología de la piedra picada y pulida, y en los períodos más recientes (después de 800 d.C. aproximadamente), con metalurgia basada en el oro y el cobre.

Cada punto indica un sitio arqueológico. Es importante destacar la concentración que hay en la cuenca del río Térraba. Otros lugares están sub-representados porque han sido poco estudiados, no por que no hayan sido ocupados en tiempos precolombinos .

De estos casi 1000 sitios arqueológicos hay información sobre esferas en 56 de ellos. Esto representa un porcentaje muy bajo, pero es importante recordar que los casi 1000 sitios constituyen el conjunto de lo conocido para más de 10 000 años de ocupación precolombina de esta parte del continente americano.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. Es decir que se usaron a lo largo de un milenio, en la parte más reciente de las ocupaciones precolombinas. Además de los 56 sitios con esferas, en ese mismo período hubo muchos más lugares con ocupación humana en la región.

cuadro cronosocial diquis

El número de sitios con esferas es relativamente bajo, mientras que el número de esferas es muy superior, con un número confirmado de 300 ejemplares. Esto quiere decir que se extrajeron esferas de sitios que no fueron documentados, o bien que había sitios donde se concentró una cantidad significativa de esferas. Lo más probable que las dos cosas hayan ocurrido.

Mapa del Pacífico Sur con la ubicación de los sitios arqueológicos con registros de esferas. Elaborado por Felipe Sol con información proporcionada por I. Quintanilla.

Un aspecto muy importante para dejar de mirar solo a Osa y al delta del Diquís, y para empezar a propiciar una imagen más amplia y acorde con lo que ofrecen los datos arqueológicos, es que los sitios con esferas que se conocen están vinculados principalmente al río Grande de Térraba y a la Cordillera Costeña, independientemente de si son más antiguos o más recientes. El Delta del Diquís fue un lugar  de gran importancia para las poblaciones con esferas, pero no fue el único ni parece haber sido el primero.

La cuenca del río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña son los dos ejes alrededor de los cuales se situán la mayor parte de sitio con esferas de piedra.

Dentro la cuenca del Grande de Térraba, las tierras cercanas a sus dos afluentes principales -los ríos General y Coto Brus- en la Cordillera Costeña formaron parte del territorio de la gente con esferas. La excepción parece haber sido la parte alta de la cuenca del General (río Chirripó Pacífico) donde los registros son inexistentes. Esto no se debe a la falta de estudios. Al contrario; se han hecho investigaciones intensivas en algunos sitios de gran importancia, como por ejemplo Rivas, donde además abundan las rocas de grandes dimensiones, y no se han registrado esculturas esféricas y casi que de ningún otro tipo.

Hay varios sitios arqueológicos con esferas ubicados fuera de la cuenca del río Térraba. Por ejemplo en Golfito y alrededores hay sitios registrados; en la isla del Caño también se han documentado, así como en Drake, en Uvita y otros puntos.

Fragmento de esfera precolombina del sitio arqueológico La Reina en Pérez Zeledón. Hay sitios poco conocidos y poco estudiados como éste. Todavía falta mucho por estudiar y proteger. Foto: I. Quintanilla.

Es curioso también el escaso número de sitios con esferas (dos nada más) registrados en el lado panameño. Es como si las esferas no hubieran cruzado la actual frontera política entre Costa Rica y Panamá, a pesar de que en tiempos precolombinos formaban parte de una misma región cultural (la Gran Chiriquí).

Esferas sitio Barriles 2
Esferas halladas en las cercanías del sitio barriles en Panamá. A pesar de los cercanos vínculos culturales, del lado panameño de la Gran Chiriquí no se han encontrado esferas de tamaño monumental como en el Diquís.

La parte baja de la cuenca del río Térraba -el delta del Diquís- es donde se ha registrado el mayor número de esferas. Sólo en el sector de Palmar Sur-Sierpe hay más de 120 documentadas. En este mismo lugar se han llevado a cabo excavaciones que han mostrado la complejidad arquitectónica de los lugares donde había esferas, como es el caso de Finca 4 y Finca 6 (excavaciones llevadas a cabo por el Museo Nacional de Costa Rica).

Esferas fabricadas en gabro y caliza procedentes de Finca 4. Todavía se conservan en los alrededores del sitio. De 30 esferas conocidas, sólo quedan unas pocas cerca del lugar y una o dos en su lugar original.

Con respecto a la diferencia entre número de sitios registrados y cantidad de esferas conocidas es destacable que al sumar los registros de esferas hay lugares como Finca 4 , en Palmar Sur-Sierpe donde se han extraído cerca de 30. También destaca Bolas con unas 20.  Desgraciadamente, en ambos lugares apenas quedan unas pocas esferas en su lugar original; en la gran mayoría no queda ninguna, salvo el caso excepcional y único de Finca 6, con su conjunto de esferas.

Uno de los aspectos más interesantes que genera pensar en las esferas y sus contextos arqueológicos es por qué en unos lugares las usaron y en otros no. No hablamos de lugares lejanos, sino de lugares vecinos, separados a veces por un río o unas montañas. ¿Qué hizo que unos dedicaran grandes esfuerzos, mucha energía y recursos para fabricar, trasladar y emplazar grandes esculturas esféricas y otros no?

Un gran número de esferas de piedra destacan por su monumentalidad, su forma casi perfecta y el acabado fino de sus superficies. Este es un exquisito ejemplo: 195 cm de diámetro, simetría esférica casi perfecta y unas 10 toneladas de peso. No fue tarea fácil crear estas esculturas. Foto: Diego Matarrita.

Además, surgen otras preguntas: ¿Cómo se generó tal diversidad cultural en un territorio relativamente pequeño como el Pacífico Sur? ¿Qué fue lo que hizo que un tipo singular de objeto se mantuviera en uso durante casi mil años, mientras otros objetos cambiaron o desaparecieron? ¿Qué pasó en el delta del Diquís donde se dedicaron a fabricar esferas y muchos otros objetos de piedra y metal? ¿A cuenta de qué tanto trabajo en objetos no básicos para la vida cotidiana? ¿Por qué en Rivas y zonas cercanas no incorporaron las esferas si eran contemporáneas a la metalurgia que sí fabricaron y usaron con gran profusión?

Hay muchas preguntas y poco misterio. Es en el ámbito del conocimiento donde las esferas requieren ser situadas para poder revalorizarlas, entenderlas y apreciarlas, y más que todo para que ayuden a entender a las sociedades que las produjeron y usaron y a las vecinas que no lo hicieron.

Por ahora hay un dato claro: las esferas de piedra no son un patrimonio exclusivo del Cantón de Osa. Ahí se concentra la mayoría, pero otros lugares como Golfito y Bolas tienen esferas de mayor antigüedad. Entender este pequeño detalle es algo importante. Y lo es porque el cuido, la investigación, la protección y la puesta en valor debe ir mas allá de Osa y de unos pocos sitios arqueológicos situados en este cantón.

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¿Dónde están las esferas precolombinas de Costa Rica?

¿Dónde están las esferas de piedra? 
Están en:
• Zonas verdes de instituciones públicas o propiedades privadas.
•Potreros o campos de cultivo en propiedades privadas.
•Cauces de ríos o quebradas.
•Depósitos institucionales (salas de exposición o bodegas).
•Bosques primarios o secundarios.
Ha sido usual ubicar las esferas en espacios abiertos como jardines o zonas de paso
¿En posesión de quienes están?

– Alrededor de un 20% de las esferas – especialmente las de pequeño formato – están en posesión del MNCR; el resto permanece en propiedades  privadas o en instituciones públicas de carácter no patrimonial.

– El espacio más común de ubicación de esferas actualmente son los jardines.

 

•A la fecha menos de 60 esferas se encuentran ubicadas dentro de instalaciones techadas y con temperaturas relativamente controladas.
•Son principalmente esferas de pequeño formato que se guardan en los depósitos de instituciones públicas, especialmente en el Museo Nacional de Costa Rica.
•El resto (más de 220) se encuentra expuesto a la intemperie.
•Salvo los pocos ejemplares que se encuentran in situ (menos de 14), algunas de las cuales están cubiertas por sedimentos, las demás están totalmente expuestas o semi-expuestas.
El abandono y el cuido inadecuado es uno de los mayores problemas que sufren las esferas. La tenencia en propiedades privadas impide el cuido, el mantenimiento y muchas veces la investigación de las mismas.

A la fecha no existe una política nacional definida de cómo se van a gestionar las esferas en su conjunto, ni de cómo se va a gestionar la complicada situación de su tenencia. 

 

 

 

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Reflexiones sobre patrimonio arqueológico y turismo en Costa Rica

Artículo que escribí y fue publicado en la revista TECNITUR de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (ACOPROT). Número especial del 2011 dedicado al turismo cultural

Enlace: http://tecnitur.com/site/articulo.php?id=48#

La arqueología como recurso turístico ha sido predominantemente visualizada y desarrollada bajo el criterio de la monumentalidad. En general, esta monumentalidad está relacionada con antiguas sociedades de tipo estatal; los restos de otras sociedades menos complejas, y que son la mayoría en la historia de la humanidad, han tenido menos suerte. En el caso del continente americano, esto tiene importantes implicaciones ya que afecta la visión del pasado, la percepción de las comunidades indígenas y la inversión en investigación, protección, divulgación y puesta en valor de los restos arqueológicos.

En Costa Rica los recursos arqueológicos han tenido un uso muy limitado en la oferta turística. Esta limitación obedece básicamente a dos razones. Por una parte, la visión predominantemente academicista contraria a la “mercantilización” que caracteriza en gran medida a quienes trabajan con el patrimonio cultural en América Latina. Por otra parte, el prejuicio de los desarrolladores turísticos por la falta de monumentalidad de nuestro patrimonio y la consideración de que no puede competir con lo que poseen países como Guatemala, México o Perú.

El Monumento Nacional Guayabo es el único sitio precolombino con estructuras arquitectónicas de gran complejidad que está habilitado para la visitación turística en Costa Rica.

El patrimonio arqueológico de Costa Rica tiene un gran potencial turístico. Es un patrimonio singular porque produjo una cultura material propia en cada región. Lo que hay en Costa Rica difícilmente se encuentra en otros sitios arqueológicos de América. La diferencia radica en cómo distintos pueblos produjeron distintas expresiones, transformaron la naturaleza y la utilizaron a través del tiempo.

Por las características del patrimonio arqueológico del país es necesario fortalecer al máximo la generación de conocimiento, ya que ésta es la vía para entender el valor que tienen los restos precolombinos como acervo del desarrollo de la humanidad. El conocimiento es vital para tomar decisiones de qué, cómo, por qué y para qué desarrollar un sitio arqueológico y no otro; de qué exponer o no en un museo, entre otras cosas. También es fundamental para educar, crear valores y convertir el pasado en historia.

El conocimiento como creador de valor requiere el uso de métodos y técnicas acordes con los tiempos actuales. Esto implica el cambio de las estrategias de investigación, conservación y preservación del patrimonio. Implica el cambio de pequeños proyectos individuales a equipos de investigación interdisciplinarios, con visión de mediano y largo plazo. Pero este cambio necesario en la manera de hacer la Arqueología, no puede llevarse a cabo sin mayor inversión pública y privada. Un ejemplo de necesidad inmediata de diálogo y de establecimiento de alianzas estratégicas es la intención de proponer la candidatura de los sitios con esferas de piedra del Pacífico Sur como patrimonio mundial ante la UNESCO.

Una declaratoria de este tipo no es un asunto burocrático-institucional. Es la constatación de un acuerdo colectivo de qué es lo quiere el país, por qué pide que el mundo reconozca el valor de ese patrimonio y cuál es el compromiso que adquiere ante la humanidad si le otorgan tan alto estatus.

Para que las esferas de piedra y los sitios arqueológicos que todavía las conservan en el lugar original tengan un valor universal primero que todo deben ser reconocidas localmente. Sabemos que las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica son uno de los ejemplos más destacados del arte y de la tecnología precolombina y que constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Su valor no sólo radica en la forma casi perfecta y que se hayan hecho más de 300 o que se hayan fabricado a lo largo de casi mil años; valen por lo que representan en la historia de la humanidad. Su creación es un ejemplo de la grandiosa capacidad humana de crear objetos que superan las limitaciones técnicas y las condiciones del ambiente.

Esferas removidas de su contexto original pero de gran valor social actual. Parque público de Palmar Sur, Osa

Hace unos años el I+D –Investigación y Desarrollo– era una aspiración en muchos países. Ahora se aspira al I+D+i, con la Innovación como nuevo eje. En la arqueología nacional, los dos primeros apenas se vislumbran y la innovación suena a quimera. Sin embargo, una postulación como patrimonio mundial por un recurso arqueológico como los son los sitios con esferas de piedra precolombinas nos obliga a ir hacia estos tres ejes. A la fecha poco se ha avanzado.

No obstante, esta aspiración puede generar una profunda transformación en la manera de hacer arqueología y en la manera en que se hace turismo cultural en este país. Es necesario pasar cuanto antes a la acción, y la acción empezará cuando se conjugue la ciencia con la gestión y cuando haya una real inversión económica pública y privada.

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Esfera con figura grabada. Foto Diego Matarrita,

Esfera con figura grabada. Foto Diego Matarrita,

Hoy, 6 de mayo, habrá una luna llena espectacular. Como regalo por tan buen acontecimiento comparto con tod@s una de las fotos que tomó el fotógrafo Diego Matarrita para mi libro sobre las esferas. Es una de las más bellas y mejor conservadas que hay en Osa. Si la miran con detalle podrán ver las líneas grabadas de una figura medio felino, medio lagarto.