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Haber sido grande no significa nada: una pequeña crónica de la gran desgracia de Finca 4

Era 1996.  Era un día horrorosamente caluroso, seguramente en marzo. Yo estaba de gira en Osa como arqueóloga del Museo Nacional encargada del Pacífico Sur y al pasar por Finca 4 vi a un montón de hombres cargando piedras. ¿Cuántos eran? 50, 70 o más. Eran muchos trabajadores; todos ellos doblados por el brutal sol del Sur. Buscaban en el suelo, se agachaban y se levantaban con una piedra entre las manos. Caminaban un trecho y las apilaban.

No podía creer lo que estaba viendo. Le pedí a mi compañero que manejaba el carro que parara. Bajé corriendo, pregunté por el mandador, pregunté qué era lo que estaban haciendo, aunque ya lo había deducido. Me dijeron: son órdenes, tenemos que limpiar esto de piedras para montar un sistema de riego. Les pedí que no siguieran. Me repitieron que eran órdenes, que hablara con el jefe en San José.

Hablé con el mandador, el mandador llamó al jefe, yo me fui a buscar a la Guardia Rural, llamé a la directora del Museo Nacional. Vino la policía, vinieron las fuerzas vivas del cantón de Osa, vino el Jefe de San José, vino el alcalde, vinieron los vecinos, vino quien quiso venir.

El Jefe había tomado una avioneta desde San José y en un plis plás estaba ahí. Lo recuerdo enorme, rubicundo, ojos verdes, cara de niño gigante, vestido con ropa caqui de reminiscencias coloniales, imponente, como sólo lo son los que nacieron en el poder. Él y las fuerzas vivas me pedían explicaciones, gestualizaban, amenazaban. Me gritaban que nada iba a detener el progreso; nada iba a detener el nuevo proyecto bananero para Osa. Bananeras Térraba y Changuina estaban ahí para reemprender lo que la Compañía Bananera de Costa Rica había abandonado en 1984. Un nuevo proyecto con capital nacional, con empresarios nacionales y con nuevas tecnologías. ¿Cómo se me ocurría a mí pedir que se detuvieran, que no destruyeran el sitio arqueológico de Finca 4, que no arrasaran con las secciones 23 y 36 del legendario estudio de Samuel Lothrop? ¿A ellos que les importaba un sitio arqueológico?

Yo soy bajita y en ese momento pesaba unos 48 kilos. El jefe era alto, enorme y quizá pesaba más de 100 kilos. Cuando vino hacia mí sentí su rabia, su ira y su prepotencia. A pesar de su tamaño y de su actitud no me intimidó en absoluto. Había que hacer lo que tocaba y eso era parte de mi trabajo. Hubo una agria discusión, argumentamos, nos enojamos. Todo esto pasaba bajo un sol asesino de media mañana. La gente miraba expectante, la policía no sabía cómo actuar, los trabajadores seguían cargando piedras….

Esa no era época de teléfonos celulares. Para consultar algo había que ir a un teléfono público. Ir y venir; consultar y negociar. Después del mediodía hubo trato. Había que cumplir la ley. Se detenía la movilización de las piedras y se iniciaría un proyecto de rescate arqueológico de urgencia. La empresa ayudaría con trabajadores y el Museo Nacional enviaría personal de inmediato. Algo se podía salvar de Finca 4, del famoso sitio arqueológico de Lothrop, del sitio donde se habían sacado 186 piezas de oro, del sitio con muchas esferas de piedra.

Finca 4 fue el centro principal de los poblados con esferas de piedra del Diquís. Mi inventario ubica 30 esferas de piedra solo en las secciones 23 y 36, muchas de ellas monumentales, así como las únicas hechas de rocas de caliza con datos de contexto. Lothrop lo estudió en 1949 y recolectó la información de un saqueo donde se extrajeron 186 piezas de oro de dos enterramientos, hoy distribuidas entre el Museo del Oro del Banco Central de Costa Rica y Dumbarton Oaks, en Washington D.C..

Finca 4 montículo
Sección de un muro de retención de un montículo precolombino de Finca 4. Foto: Museo Nacional de Costa Rica, 1996.

En las secciones 23 y 36 y en las colindantes se han encontrado montículos, basamentos, esculturas de piedra, vasijas cerámicas y otros elementos arqueológicos. Desde la instalación misma de la Compañía Bananera hace casi 80 años, el lugar  ha sido saqueado y atacado constantemente por las obras de infraestructura de las plantaciones extensivas.

caliza y gabro finca 4
Dos esferas, una de gabro y otra de caliza, encontradas en Finca 4 y ahora colocadas en la orilla de la carretera que va de Palmar Sur a Sierpe.

El rescate arqueológico que estuvo a cargo de Adrian Badilla, en 1996, permitió conocer que había muchas estructuras bien conservadas en Finca 4. Imponentes muros de piedra, estructuras elevadas con esferas en su parte superior, basureros con restos de la vida cotidiana del sitio fueron encontrados en muy buen estado de conservación.

Oro Diquís Museos Banco Central
El sitio arqueológico Finca 4 ha sido uno de los lugares de procedencia de objetos de oro de gran riqueza forma e iconográfica. En el Museo del Oro de la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica se exhiben algunas de estas maravillosas creaciones precolombinas. Pieza de oro del estilo Diquís, Colección Banco central de Costa Rica.

Veo hacia atrás y creo que estar ese día en Osa fue providencial. Sin embargo, tengo el sabor amargo de haber hecho lo de siempre: ir a evaluar, rescatar lo que se podía y dejar el lugar a merced de los poderosos. Me amarga que hayan construido un helipuerto sobre el enorme montículo precolombino del sitio, me atormentan las estructuras arquitectónicas detectadas y dejadas sin estudiar; me hace sufrir la recolecta y dispersión de las pocas esferas que quedaban en el sitio.

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Ocupación precolombina de la zona ubicada entre Palmar Sur y Sierpe hace unos mil años. Ahí destaca Finca 4 y sus secciones 23 y 36 por la gran concentración de restos arqueológicos. Mapa basado en el estudio de Claude Baudez y su equipo en 1990).

¿Por qué Finca 4 ha quedado fuera de todo? ¿Por qué si fue el corazón de los asentamientos con esferas de piedra, quizá el centro del cacicazgo, sigue ahí abandonado?

El proyecto bananero nacional fue un fracaso. Un banco de mas de 100 años de historia quebró en gran parte por los millonarios créditos concedidos a los “empresarios ticos”; la Caja Costarricense del Seguro Social no cobró millones deducidos a los trabajadores; la tierra arrendada por la Cooperativa a los empresarios quedó hipotecada y ahora va a ser rematada por otro banco.

En 18 años, Finca 4 ha sido el centro de disputas más injusto y desigual que he conocido en el Sur.  Se ha visto lo vil y canalla de una parte del empresariado nacional; se ha visto hambre, humillación y vidas extenuadas por luchar contra gigantes creados por el poder. Salarios no pagados; el Estado al servicio de los ricos en detrimento de los pobres; el Estado perdonando a los grandes y castigando a los chicos.

A todo esto, el sitio arqueológico Finca 4 tampoco fue incluido dentro de la lista de sitios patrimonio de la humanidad sometida a UNESCO y aprobada en junio de este año. La gente que vive alrededor del sitio vive con la incertidumbre de un desalojo anunciado para estos días. El Museo Nacional quiere la propiedad del sitio. Pero quiere el pasado; no el presente.

Pasado sin presente no tiene sentido. En Finca 4 existe la oportunidad de salvar el pasado de un sitio arqueológico de gran relevancia y también existe la posibilidad de salvar parte del presente y del futuro de mucha gente que ha sufrido hasta la saciedad. Solo se necesita un cambio; mayor sensibilidad por parte del Estado. Mayor sensibilidad de todos y acciones concretas para que no haya más impunidad y para que no siempre ganen los mismos.

Para conocer más sobre Finca 4:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/bolmuseo/1997/enjn42/enjn06a.htm

http://www.doaks.org/resources/publications/doaks-online-publications/goldandpower/goldandpower05.pdf

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Regalos de la vida y de la arqueología: un amanecer de abril en Finca 6

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Sombras alargadas en Finca 6 al amaneces en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

El 12 abril y el 30 de agosto de cada año sucede algo muy especial en Finca 6. Estos días -y unos dos o tres días antes y después- el sol “sale” alineado con el conjunto de esferas que se conserva en su lugar original, es decir, tal y como las dejaron los indígenas que vivieron y usaron el sitio hace unos 1000 años.

Tuve la gran suerte y el privilegio de estar durante nueve días documentando este fenómeno. Uno de esos días, en el mes de abril viví una experiencia sensorial muy especial. Mientras Diego, el fotógrafo profesional, se afanaba en tomar las fotos que  necesitaba para mi libro, yo y otros acompañantes caminábamos de aquí para allá.  En un momento -5:45-5:50 de la mañana- fuimos bañados por una luz dorada y nuestras sombras se alargaron 10, 11, 12 y mas metros. Nos parábamos a la par de una esfera y nuestras sombras alcanzaban a la que estaba a 11 metros de distancia. Era muy impactante la luz, las sombras, el paisaje….El lugar se transformó en algo diferente al de color verde rabioso tropical del resto del día.

A medida que lo pienso, y veo y re-veo las fotos de esos días, me convenzo de que lo que acontece con estos alineamientos no sólo es lo que el antropólogo Federico Guevara me ayudó a descubrir recientemente –que el sol sale alineado a las esferas en las dos fechas en que el sol está en el cenit en esta zona intertropical-.

Creo que esta salida del sol alineado con las esferas y todo lo que pasa a partir de las 10:30 de la mañana, cuando las esferas empiezan a proyectar una sombra cada vez más concéntrica hasta reducirla a un circulo menor al diámetro de ellas, está unido a diversas experiencias sensoriales que debieron haber vivido las personas que hicieron y pusieron las esferas de Finca 6.

Finca 6 luz y sombra
El sol entre las esferas del alineamiento de Finca 6 en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Ahora no les voy a contar otra de las experiencias sensoriales; la del sol blanco en forma de disco perfecto gracias a la bruma que observamos dos veces. Por ahora comparto con ustedes estas reflexiones porque necesito pensar e ir mas allá. El dato es el dato, pero que hermoso es vivir esta parte de la arqueología que nos lleva a situarnos en otros tiempos, en otras memorias. Envidio a la gente indígena que vivió esto. Yo solo puedo ver pedacitos, y aun así estoy feliz con lo poco que he encontrado.

Si les gustó este post y quieren saber más sobre esto, aquí dejo el enlace al post que escribí antes de esto y que trata sobre el efecto del sol cenital y las sombras de las esferas:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/09/01/sombras-sol-y-esferas-una-combinacion-perfecta/

 

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Sombras, sol y esferas: una combinación perfecta

Las esferas precolombinas del Diquís son más que una forma perfecta, o casi perfecta. Son más que un fino acabado, o una textura rugosa. Son más que volumen, mas que monumentalidad, más que un tamaño grande o uno pequeño.

Son objetos activos que actúan, se mueven o cambian de acuerdo con el lugar dónde están, de acuerdo con la luz,  si es de día o de noche. Sus tamaño, sus acabados, dónde estén, y cómo estén, las muestran de manera diferente, a la vez que las individualizan y las convierten en portadoras de información relevante.

Esferas con sombra
Esfera del Parque de Palmar Sur, Osa, fotografiada el 30 de agosto del 2014. Foto: Diego Matarrita.

Si un 30 de agosto una esfera de acabado fino y tamaño monumental recibe la luz mañanera se mirará como la de la foto. Es la misma esfera de cualquier día, solo que el 30 de agosto-uno de los dos días del año del sol cenital– habrá un movimiento de sombra que la mostrará diferente.

La foto muestra lo que Diego Matarrita -el fotógrafo que me ha acompañado a documentar las esferas- y yo vimos el pasado sábado. Vimos la sombra moverse hasta que las ramas de unos arboles taparon el sol y suspendieron el efecto visual. De haber seguido siendo alcanzada por los rayos del sol ésta esfera se hubiera visto como las siguientes:

Esfera Parque palmar sur agosto 2014

Esferas que reciben la luz del sol; esferas ocultas por arboles, edificios o bodegas. Depende de cómo estén las podemos ver actuar. Según cómo las hayan colocado en tiempos precolombinos, o cómo las hayamos colocado ahora, podremos conocer sus secretos.

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Esferas del Parque de Palmar Sur, Osa, a las 11:50 del 30 de agosto del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Secretos de un día, secretos que se revelan por la luz, y según la luz. Secretos no tan secretos si hay observación, paciencia y personas generosas que comparten sus observaciones y conocimientos. Gracias Federico Guevara por el inquieto espíritu de investigación, por descubrir este secreto y por dármelo generosamente. Gracias Don José Alberto Villalobos por ayudarnos a ver más y a corroborar lo descubierto por Federico. Este viaje de agosto ha sido revelador y ahora ya podemos entender  lo que pasa el 12 de abril y el 30 de agosto de cada año cuando el sol “sale” en la misma dirección de las esferas del alineamiento de Finca 6. El sol cenital de cada año fue “fechado” a partir del alineamiento de las esferas y la salida del sol en la misma dirección.

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“Salida” del sol a las 5:44 de la mañana el 29 de agosto del 2014 en Finca 6 en la misma dirección del alineamiento de esferas. Foto: I. Quintanilla.
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De rebeldías, manglares y patrimonio mundial

Hoy, 22 de agosto, se cumplen dos meses de la muerte de mi papá. Él murió un domingo por la noche y como buena familia de raíz campesina decidimos velarlo en la casa y no en una fría funeraria. La noche de la vela fue larga y triste, con poca gente y un solo borracho que llegó para alegrar las largas horas de la madrugada.

Mientras velábamos a mi papá estaba pasando algo que era importante en mi vida, en la de él y en la de Costa Rica. En el lejano Qatar se estaba celebrando la 38 sesión anual del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Esta reunión había comenzado el 15 de junio y el 23 era uno de los últimos días de sesiones. En la madrugada de Costa Rica, mientras Berny nos contaba historias hilarantes de morirnos de risa y papi estaba en su ataúd, se decidía que cuatro sitios arqueológicos con esferas de piedra postulados por el gobierno de Costa Rica eran declarados patrimonio mundial de la UNESCO.

En un momento de esa madrugada entré al facebook y leí la noticia de la declaratoria. No podía celebrar, ni hacer gran cosa. Mi cabeza y mi corazón estaban llorando la perdida de mi papá. Lo único que se me vino a la mente fue una pelea monumental que tuve con él en diciembre de 1990 cuando le dije que iba a empezar un proyecto en Palmar Sur, en las tierras de las antigua Compañía Bananera, y en las montañas de Sierpe y Ciudad Cortés.

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Casas del cuadrante de Finca 6. Ahí vivió mi papá parte de su vida bananera en los años 40 y 50. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se enojó mucho, renegó de mi y de todo el esfuerzo que había hecho para que fuera a la universidad. Renegó de mi licenciatura en arqueología recién recibida y de mi trabajo como funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica.

Estaba muy enojado, bravo, furibundo. Él, que había estado ahí, que conocía la bananera, el clima, los vicios, lo duro del lugar, no podía aceptar que su hija universitaria y estudiada se fuera a trabajar al lugar que él había dejado atrás, en 1957, después de 15 años de juventud gastada en la plantación bananera.

Él, que había cruzado montañas caminando y arrastrando el miedo del adolescente casi huérfano que emigraba buscando algo en un país y tierra extraña; él, que había trabajado tanto y tan duramente, no quería aceptar que parte de su esfuerzo se devolviera y que su hija se fuera a gastar como él en la Zona Sur.

Para mi papá en la Zona Sur solo me esperaba un color amarillento en la piel, violencia, reumatismo y un trato de cocinera o prostituta. Estaba decepcionado de mí por no buscar un cómodo escritorio, por no aceptar los placeres de la burocracia.

A pesar de la pelea y los reclamos, mi papá sabía que yo no cambiaría de idea. Esa parte tan nica, ese carácter duro, empecinado, que servía de tabla de supervivencia, yo lo tenía muy adentro y, al igual que él, lo usaría para cumplir mis metas, para ejercer mi libertad, para liberarme aunque fuera de él y de todo lo demás.

El 23 de julio del 2014 cuatro sitios con esferas de piedra del Diquís fueron declarados patrimonio de la humanidad. Tres de ellos –El Silencio, Batambal y Grijalba– los encontré en la primer temporada de trabajo de campo, en 1991, cuando ya  no había nada que discutir con mi papá. El proyecto “Hombre y Ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba” daba sus frutos y se sembraba la semilla de esa declaratoria. En 1993, Finca 6 -el otro sitio de la declaratoria- consumía mis energías y las de un grupo de estudiantes de la Universidad de Costa Rica. Ahí quedaba otra semilla que hoy florece espléndidamente.

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Vista del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Diego Matarrita.

Mi papá se murió y no pudo celebrar ni decirme nada sobre la declaratoria de la UNESCO. Yo tampoco he celebrado porque ya no tengo con quien pelearme, no tengo a quien retar para seguir adelante, no tengo a quien decirle que sí valió la pena, que había que ir al Sur, adonde casi nadie quería ir. Yo fui por mi propia voluntad, por amor a la arqueología y a los manglares, y quizá en lo más profundo de mi ser fui para encontrar a mi papá y a lo que dejó allá.

Mi papá se equivocaba en 1990, aunque tenía razón desde sus propias vivencias. Hoy, dos meses después de su muerte, me hubiera peleado igual por irme al Sur. Así nos relacionábamos, y así nos queríamos y respetábamos.

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Sitios con esferas de piedra precolombinas como patrimonio mundial

 

A finales de junio de este año, el Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO decidirá si la candidatura de Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís que presentó el gobierno de Costa Rica recibe, o no, el reconocimiento como Patrimonio cultural de la humanidad.

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Esferas alineadas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El país ya recibió tres declaratorias en Patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). Una candidatura en patrimonio natural (Parque Nacional Corcovado) fue rechazada y otra basada en la práctica del boyeo y la carreta fue declarada Patrimonio inmaterial de la Humanidad.

Esta la primera vez que nuestro país presenta a la UNESCO una candidatura basada en sitios arqueológicos precolombinos. Y esto constituye un gran reto, ya que la arqueología del Sur de Centroamérica no se caracteriza por la “monumentalidad” como en otras partes del mundo (Egipto, Mesoamérica, Área Andina, por ejemplo), y hasta ahora no ha sido reconocida como parte representativa de la historia de la humanidad.

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Detalle de una estructura arquitectónica construida con piedra sin modificar y sin uso de argamasa. Esta en el sitio Batambal, uno de los cuatros presentados dentro de la candidatura. Foto: Diego Matarrita.

Como reflexión es importante decir que la candidatura de los sitios con esferas de piedra es un ejemplo de la manera en que los países en vías de desarrollo gestionan su patrimonio cultural.

En países desarrollados se invierte gran cantidad de recursos en investigar, conservar, proteger y poner en valor su patrimonio, y a partir de esto y de una valoración comparativa del patrimonio que poseen “escogen” el que es más viable y representativo para proponer como “patrimonio de la Humanidad”. Cuando presentan las candidaturas éstas llevan la ventaja de haber sido producto de una estrategia previa.

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Vista general del sitio Grijalba, uno de los cuatro sitios arqueológicos incluidos en el expediente de candidatura. Foto: Eduardo Volio,

En países como Costa Rica, en los que el patrimonio arqueológico ha sufrido el expolio sistemático y la falta de inversión pública, las candidaturas como patrimonio mundial son un recurso para motivar a los políticos para que inviertan en el patrimonio. La candidatura en sí misma genera investigación, conservación y una gestión antes no contemplada. Asimismo, genera interés de la población que antes no lo valoraba plenamente. Son procesos que generan acciones; no son resultado de un proceso sistemático y planificado. Y aquí es donde existe un gran problema.

La obtención del reconocimiento por parte del Centro de Patrimonio Mundial puede ser un motor de cambio para la gestión del patrimonio arqueológico de todo el país, no solo para los sitios que tienen esferas de piedra. La obligación de desarrollar planes de conservación y de puesta en valor, y principalmente el imperativo de integrar este patrimonio al desarrollo local puede y debe provocar cambios sustanciales en la manera en que se ha venido manejando el patrimonio arqueológico. Y esto es lo deseable.

Costa Rica tiene el reto de garantizar la sostenibilidad de los sitios arqueológicos seleccionados. Igualmente, necesita garantizar la conservación de los elementos arqueológicos. En caso de no cumplir con los compromisos adquiridos ante UNESCO, este conjunto de sitios puede pasar a la lista roja de los sitios de patrimonio mundial en riesgo. Y es que ahí acaban muchos de los sitios de patrimonio mundial de los países en vías de desarrollo.

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Vista de un sector del sitio Batambal, uno de los cuatro sitios propuestos como patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

El desinterés de los políticos y la falta de inversión, o los limitados recursos humanos hacen que a mediano o largo plazo no se pueda cumplir con los compromisos que implica la obtención de este distintivo mundial. Y aquí es donde está el reto, en caso de obtener el reconocimiento mundial.

Por ahora, con o sin reconocimiento mundial, están pendientes toda una serie de acciones. Conservar, proteger y evitar el deterioro de las esferas de piedra y de los sitios donde están es lo urgente.

Es conveniente entender que una candidatura no es más que eso; es una posibilidad. Con o sin candidatura hay una realidad: la de un patrimonio que se deteriora; la de un patrimonio que requiere ser gestionado adecuadamente.

El Silencio
Esfera de piedra del sitio El Silencio fotografiada en noche de luna llena. La esfera emblema, la más grande de todas, en su imparable deterioro. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

La luna, sin mucho esfuerzo y con ayuda de una poca luz artificial nos muestra que se necesitan más esfuerzos. Nos dice que lo que se ha hecho no es suficiente, que hay un proceso inexorable de perdida que no se detiene a pesar de los largos documentos y de interminables escritos oficiales.

La esfera de El Silencio nos muestra nuestra verdad; nuestra vergüenza, nuestra deuda histórica con el patrimonio arqueológico. Nos muestra lo que somos y como hemos actuado.

Ojalá nos den el reconocimiento de la UNESCO para estar obligados a asumir nuestras vergüenzas, para dejar atrás el abandono, para actuar correctamente.

Ojalá nos den el reconocimiento de UNESCO para tener un espejo donde mirarnos, para que alguien pida cuentas.

Cruzo los dedos para que nos lo den, y que haya cambio y para que pase algo. Algo que mueva la arqueología de este país; algo que haga que la gente sea también responsable de su patrimonio; algo que haga que el patrimonio no sea solo cuestión de unos pocos funcionarios públicos sino un proyecto colectivo; un proyecto de un país que respeta, cuida, y aprende de su pasado.

 

 

 

 

 

 

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Un largo camino de transformación: de la piedra amorfa a la esfera perfecta

Hace unas semanas me enviaron un pequeño documento escrito por dos especialistas del LANAMME (Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales de la Universidad de Costa Rica-UCR) con los resultados de un prueba que hicieron para medir y documentar una esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la misma universidad. El estudio lo hicieron usando un scanner láser -un aparato de alta precisión- y obtuvieron un resultado impresionante: la esfera de 195 cm de diámetro es casi perfecta al compararla con una esfera ideal del mismo tamaño.

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Esfera de 195 cm de diámetro localizada hoy día en un jardín de la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la UCR, en San Pedro. Es la esfera de mayor tamaño trasladada hacia la capital desde Osa. Foto: Diego Matarrita.

Salvo pequeños sectores, esta gran esfera -la más grande que hay en San José- es una escultura simétrica, casi, casi perfecta. A simple vista lo parecía, pero ahora con el uso de esta tecnología se ha corroborado.

A ojos de simples mortales, carentes del ojo y de la mano del escultor, o de la inquietud de los amantes de las medidas, quizá parezca una simpleza decir que las esferas precolombinas son casi perfectas. Y es que decir que estas esculturas de forma esférica tienen gran simetría equivale a decir muchas cosas.

Primero que todo equivale a decir que fueron manos expertas, con gran conocimiento y experiencia, las que se encargaron de tallar y de orientar el proceso.

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Es largo el camino de transformar una roca amorfa en una esfera perfecta. Rocas naturales de gabro en Quebrada Olla Cero, Osa, una de los posibles lugares de aprovechamiento de rocas para hacer las esferas del delta del Diquís y alrededores. Foto: Diego Matarrita.

En segundo lugar implica aceptar que el uso de la tecnología utilizada posibilitó conseguir estas formas perfectas. Y es que la tecnología que se usó  fue la de la piedra, la de usar otros instrumentos rocosos de gran dureza y de formas variadas -mazas, cinceles, punteros, martillos, entre otros- para esculpir piedras sin forma, o de formas dadas por la naturaleza, hasta conseguir lo deseado: la esfera perfecta y de acabado fino.

No fueron metales – el oro y el cobre eran muy blandos para domar la dureza de la piedra-; fueron otras piedras trabajadas previamente y convertidas en instrumentos las que acompañaron los miles de golpes que fueron necesarios para eliminar lo no deseado y encontrar lo buscado.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.
Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

En tercer lugar tenemos otra implicación: quienes organizaron la manufactura de las esferas precolombinas usaron sistemas de medidas y de control. No tenemos los instrumentos que usaron, pero el no tenerlos no implica que nos los usaron. La evidencia más directa de esto nos la dan las esferas en si mismas, especialmente las de tamaño monumental.

Esfera grande
No siempre se alcanzó la simetría y la perfección. O quizá se consiguió pero en el transcurso del tiempo la esfera perdió fragmentos y hubo que retrabajarla quedando su forma tocada y deformada. Esfera colocada en uno de los jardines del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Algo impresionante, y que pasa a veces desapercibido por la terrible destrucción de los contextos arqueológicos donde estaban las esferas, es que no sólo hicieron grandes esferas casi perfectas, sino que también hicieron esferas gemelas casi perfectas. Es el caso de las dos esferas de 190 cm de diámetro que están en Finca 6 o las dos de 210 cm de diámetro que están en el Colegio de Palmar Norte.

Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad d estas esculturas de gran valor simbólico. Foto Diego Matarrita.
Esfera monumental de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es una esfera gemela. Probablemente correspondan a las dos que documentó Samuel K. Lothrop en Finca 4, sección 36, aunque él les asigna una medida de 200 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita.

Un cuarta implicación es la que tiene que ver con los pensamientos de quienes las hicieron y de quienes las usaron y cuidaron. No se buscaban piedras redondas; buscaban, querían, invertían grandes esfuerzos en conseguir esculturas esféricas de gran calidad. Y es que si lo pensamos bien y nos situamos en la mente de la gente de las esferas debemos aceptar que había un gran sentido estético, una idea, un concepto, una forma, un algo buscado y conseguido.

Mas allá de los significados y sentidos de las esferas precolombinas lo que podemos decir es que esa gente trabajó duró y logró alcanzar cientos de veces su objetivo. Hacer esferas perfectas, o casi perfectas y sacar de la piedra deforme la idea, la forma deseada, requirió un gran esfuerzo colectivo. Fue un proceso de transformación, de vencer la naturaleza y de vencerse a ellos mismos.

Don Méjico posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.
Esfera C de Finca 6, un ejemplo de perfección. Foto: I. Quintanilla.

No solo era conseguir la forma perfecta; era conseguir que la forma llegara a los lugares elegidos para ser usadas por la comunidad. Mover esos cuerpos de varias toneladas, sacarlos de las quebradas o bajarlos de las montañas, llevarlos a lo largo de kilómetros en zonas boscosas, lodosas, luchar contra la lluvia o el sol abrasador… todo eso fue trabajo, coordinación, habilidad, experiencia, esfuerzo, comunidad, deseo y lucha.

La forma perfecta, la esfera de piedra perfecta, solo es un indicador de todo un complejo entramado social. Sin gente, sin artistas, sin escultores expertos, sin decisión colectiva no habrían esferas. Ellas en si mismas no son nada. Son lo que son por quienes las hicieron y por las circunstancias en que se hicieron. Sin esto sólo son piedras redondas y eso no es importante para la historia.

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Limpiar, medir, estudiar: Un largo camino para encontrar respuestas

Es curioso: las fotos siempre nos recuerdan o nos dicen algo; pero esta vez me pegaron un grito. Estaba buscando las fotos de una escultura y me encontré con unas imágenes de septiembre del 2012.

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Desfile de fragmentos de esculturas del sitio Batambal en el Laboratorio del Departamento de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Todo ese mes estuve limpiando y estudiando las esculturas del sitio Batambal en el laboratorio del Departamento de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica.

Limpiando esculturas
El proceso de limpieza de cada fragmentó requirió de muchos cuidados y especialmente de paciencia.

Me ayudaron tres asistentes: Marco, Gabriela y María Graciela. Fue una dura temporada que estuvo llena de esculturas por limpiar, y miles de fotografías que tomar, así como calcos, descripciones y medidas que parecían no acabar nunca.

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Gabriela Rodriguez y Graciela Campos limpiando dos de los fragmentos del sitio Batambal. Foto: I. Quintaniilla

Eran cerca de 170 fragmentos y solo seis esculturas completas: tres esculturas antropomorfas y tres esferas.  Limpiamos cada pieza con todos los cuidados del mundo, y seguiendo procedimientos que afectaran lo menos posible cada cosa. Buscamos a ojo y con lupa restos de pintura, huellas de las herramientas con que las que fueron hechas y huellas del uso al que habían sido sometidas. Trabajamos a toda máquina y aun así nos faltó tiempo y mas profundidad en el trabajo.

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Esferas y estatuas de piedra juntas: parte de la gran riqueza informativa del sitio Batambal.

Hoy, dos años y unos meses después de ese trabajo de laboratorio, veo hacia atrás y siento vértigo por todo lo que generó esa temporada. Ha sido un largo camino que todavía no acaba. Un camino que se ha unido a otro iniciado años atrás, también de vértigo, donde confluyen cientos de esculturas de piedra, unas sin biografía y otras llenas de historia.

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Busto en piedra del sitio Batambal. Corresponde a un fragmento de estatua reconvertido en busto. El resto del cuerpo no apareció dentro del conjunto excavado por el equipo del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

No es fácil contar historias de los objetos, interrogarlos para que cuenten su vida y la de otros objetos. Mas díificil es interrogarlos para que cuenten cosas de la gente que los hizo, los uso, los descartó, los recuperó y los mantuvo y mantienen vivos.

A diferencia de muchas otros objetos arqueológicos del Diquís, las esculturas de Batambal sí tienen historia y una larga biografía. Fueron excavadas por un equipo del Museo Nacional y han sido tratadas adecuadamente. Pero -siempre hay un pero- todavía no se ha dicho nada exhaustivo, claro, potente sobre ellas.

Y de ahí viene el grito que me dieron las fotos: todavía no he dicho nada sobre ellas, ni sobre lo que pasó en ese sitio arqueológico alrededor de ellas. ¿Valió la pena tanto trabajo de laboratorio? Cierro los ojos, los abro y nada mas me digo: Tengo que decir algo. Ahí había mas que cosas rotas. Ahí hay historia, gente y objetos rotos. Pero, ¿por qué están rotos y de esa manera? ¿Por qué tantos fragmentos incompletos, gastados, reutilizados?

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Detalle de un sector de la excavación del sitio Batambal con un conjunto de fragmentos de esculturas y las tres esferas de piedra. Foto: Francisco Corrales, Museo Nacional de Costa Rica.

Por alguna razón tres pequeñas esferas de piedra estaban rodeadas de estas piezas rotas, todas ellas debajo de la base de una estructura hecha de piedra. La gente del Museo Nacional las excavó y las llevó al laboratorio. Han pasado dos años y cuatro meses desde que me atreví a quitarles la capa de tierra que tenían adherida. Ya toca decir algo para no recibir mas gritos de las imágenes. Tampoco quiero despertar un día y encontrar una escultura mostrándome sus colmillos por olvidarlas, o por no hacer bien mi trabajo.

Rodrigo Rubí J. Escultura antropomórfica. P-299-BT-F. E-85 / Procedencia: 82N 24/26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft dic2012.

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Claude Baudez y la arqueología del Diquís

El pasado 13 de julio murió el Dr. Claude-François Baudez, arqueólogo francés y uno de los  “americanistas” mas destacados del siglo pasado.

Conocí brevemente al Dr. Baudez en 1990 en Costa Rica. En ese momento no desarrollamos ninguna relación personal ni profesional. Volví a encontrarlo 19 años después, ya no en el trópico sino en un Paris frío e invernal. Cuando nos reencontramos estaba vestido de manera elegante. Mantenía su brillante calva. Su cuerpo, a  pesar de los años, se mantenía delgado y estilizado. Me pareció más simpático y afectuoso que años atrás. Seguro que yo también le parecí más agradable porque después de saludarnos pasamos la mañana revisando esculturas de piedra mientras evocábamos tiempos y lugares pasados.

Mi reencuentro con el Dr, Baudez se dio a partir de la visita de investigación que hice al nuevo y radiante Musee du quai Branly, el heredero del Musée de l’Homme, el museo donde los franceses colocaban lo no occidental, lo de las sociedades primitivas, lo de la América indígena, Oceanía y otras partes del mundo prehistórico. A este nuevo museo habían trasladado los materiales que el Dr. Baudez había colectado en Costa Rica en los años cincuenta y sesenta.

Una de los objetivos de mi vista a los depósitos del quai Branly era revisar  las “esferas de piedra” que el Dr. Baudez había encontrado en el sitio Papagayo, en Guanacaste,  a finales de los años cincuenta. Era el único reporte fiable de esferas en esta parte de Costa Rica y quería verificar si realmente eran esferas como las del Diquís.

Como solicité ver los materiales recolectados por él, Fabienne de Pierrebourg, la curadora de las colecciones de América, lo invitó a venir. Él, ya mayor y jubilado, tuvo a bien compartir una mañana con nosotras.

Debo decir que fue emocionante estar  junto a él en el museo. Pocas veces existe la posibilidad de que alguien que encontró algo hace casi cincuenta años te lo muestre. Normalmente son funcionarios que no tienen nada que ver con esos hallazgos quienes ponen las cosas a tu disposición. A veces te vigilan mientras tomas medidas, fotos y llenas formularios; otras veces confían en tu trabajo y te dejan hacer en paz..

Revisar el material de Papagayo con el Dr. Baudez fue muy importante para mi trabajo porque juntos decidimos que lo que él había encontrado ahí no eran esferas como las del Diquís, sino pequeñas piedras redondeadas que no habían sido talladas.

Esta era una conclusión importante porque ayudaba a acotar la distribución de las esferas de piedra y descartaba a Guanacaste-Gran Nicoya. Él estuvo de acuerdo, y hoy ya borré de la lista de sitios con esferas a Papagayo.

Descartadas las esferas de la Gran Nicoya, nos dedicamos a revisar unas pocas esculturas de piedra del Diquís y hablamos sobre ellas y otras cosas más. Así se nos fue la mañana. Nos despedimos, yo seguí con mi trabajo y quedamos en vernos de nuevo unos días después en la Maison de la Amerique latine, donde yo iba a dar una conferencia sobre las esferas de piedra del Diqúis.

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Escultura precolombina del Diquís. Colección Musée du quai Branly, Paris.

Él vino a la conferencia. Estuvo ahí, quieto, con los ojos muy abiertos; preguntó, se emocionó y al final de todo nos despedimos. Dos cálidos besos; uno en cada mejilla acompañados de sonrisas y afecto. Así me despedí de él y así lo recuerdo ahora. Lo veo de espaldas, caminando por un angosto pasillo con su elegante abrigo de invierno, su boina gris y su maletín de cuero gastado.

Hoy quisiera honrar la memoria del Dr. Baudez a partir de su aporte a la arqueología del Sur de Costa Rica. Y es que quienes nos dedicamos a la arqueología de esta parte del mundo debemos reconocer que el trabajo que él y tres arqueólogas más hicieron en el delta del Diquís en 1990 ha sido un aporte fundamental para la región.

Pero, ¿por qué es importante el trabajo que coordinó el Dr. Baudez en el Diquís?

Es importante porque esta investigación sentó las bases de gran parte de lo que sabemos y protegemos hoy en el Diquís. El proyecto que él dirigió en 1990 y que culminó con un libro  en 1993 –Investigaciones arqueológicas en el Delta del Diquís– ha sido fundamental para una de las zonas olvidadas de la arqueología del sur de Centroamérica en ese momento.

Desde 1949, cuando Samuel Lothrop hizo estudios en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, nadie más había vuelto a estudiar esta parte de Costa Rica de manera sistemática.

El trabajo del equipo del Dr. Baudez generó las bases para un mejor conocimiento del principal foco de esferas precolombinas en el mundo. Además, estableció la secuencia cronológica del delta del Diquís a partir del reconocimiento arqueológico de un área cercana a las 1.050 has en las plantaciones bananeras.

La investigación combinó excavaciones estratigráficas, análisis tipológicos de la cerámica y fechamientos absolutos de Carbono 14. Esto no se había hecho antes en el delta.

La prospección de Baudez y su equipo de arqueólogas mostró que los restos arqueológicos se distribuían en un área cercana a las 900 has. entre Palmar Sur-Sierpe e identificaron distintos focos de ocupación. Ubicaron  los restos en un lapso cronológico desde el 300 d. C. hasta 1500 d. C. con un pico de ocupaciones entre 800 y 1200 d. C.. Con estos resultados, lo que Doris Stone y Lothrop documentaron en el delta del Diquís en los años cuarenta adquirió un nuevo sentido tanto a nivel cronológico como espacial.

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Mapa arqueológico del Delta del Diquís con la distribución de restos precolombinos. Es el resultado del estudio llevado a cabo por la Misión Arqueológica Francesa coordinado por el Dr. Claude Baudez en 1990.

Por otra parte, uno de los resultados más importantes de la prospección del equipo de Baudez fue el hallazgo de cinco esferas monumentales agrupadas en su lugar original en Finca 6; éstas son las únicas que se conservan de esta manera en la actualidad.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.
El conjunto de esferas de Finca 6 fue descubierto por el equipo de la Misión Arqueológica Francesa en 1990. A ellos se debe, en gran medida, que hoy sea uno de los sitios arqueológicos más importantes de Costa Rica. Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

Otro resultado fue la constatación de que gran parte de las esferas registradas por Stone y Lothrop habían desaparecido o estaban desplazadas. No obstante, mostraron que los vestigios arqueológicos del delta, a pesar de las múltiples alteraciones, poseían un gran potencial de investigación.

Con el paso del tiempo he logrado comprender el valioso y fundamental aporte del proyecto que coordinó el Dr. Baudez. Por suerte, pude decírselo. Le gustó y sonrió muy feliz cuando escuchó mis palabras.

Hoy que ya se ha ido, soy yo quien me alegro de haberle dicho cuán importante fue su trabajo.

Referencias:

Baudez, Claude-François, Nathalie  Borgnino, Sophie Laligant, et Valérie Lauthelin, 1993 – Investigaciones Arqueológicas en el delta del Diquís. 160 pp. ill. CEMCA Mexico/DRCSTE San José de Costa Rica.

Enlaces de interés:

http://mexiqueancien.blogspot.mx/2013/07/disparition-de-claude-baudez.html

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Un tesoro de la arquitectura tropical precolombina en Osa: el sitio Grijalba al descubierto

Vista del área central del sitio arqueológico Grijalba, Balsar, Ciudad Cortes, Osa. Foto: Eduardo Volio.

Hoy he tenido la alegría del día. En uno de los recorridos por Facebook he encontrado unas fotos que me han iluminado. Mi amigo, mi ex-compañero de trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica, Eduardo Volio ha puesto unas fotos del sitio arqueológico Grijalba. Son fotos tomadas con su celular, hechas para compartir con sus amigos que están lejos y que no participan de las duras jornadas de trabajo que implican lugares como éste. He tomado el teléfono para transmitirle la alegría que me había dado y para pedirle permiso de reproducir las fotos. Aquí están algunas de ellas para que entiendan el por qué de mi emoción.

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Al igual que muchos otros poblados precolombinos de Costa Rica, en Grijalba hay extensos sectores empedrados con cantos rodados. Foto Eduardo Volio.

En estas semanas un equipo del Museo Nacional ha estado haciendo una limpieza de la vegetación que cubre el asentamiento precolombino. Poco a poco, y sin necesidad de excavación, han ido aflorando las bases de las antiguas casas, los empedrados, las terrazas de nivelación y otros elementos arquitectónicos de este antiguo poblado indígena. Son casi 9 hectáreas cubiertas de restos de un pueblo fundado ahí hace unos 1200 años, por lo menos.

Aunque no he estado en estas jornadas de trabajo sé que es así porque desde 1991 conozco este lugar. En el 93 lo limpiamos y pudimos ver una pequeña parte. Ahí estuvo Lucía de la Fuente haciendo su trabajo para el curso de Investigación de campo de la licenciatura en Arqueología de la Universidad de Costa Rica. En el 94 se volvió al limpiar para que  ella continuara sus estudios.

En esos años, cuando había sectores sin vegetación y se podían ver los restos de las estructuras precolombinas, organizamos las primeras visitas a un sitio arqueológico con gente de la comunidad. Gente acostumbrada al trabajo de los huaqueros, o que nunca habían visto lo que era un sitio arqueológico, tuvieron en Grijalba su primer encuentro con la arqueología y con la educación basada en el patrimonio.

Alumnos de escuelas y colegios, alcaldes, regidores, dirigentes comunales, amas de casa, obreros, jornaleros…. mucha gente pasó por el sitio de don Alejandro Grijalba. Todavía recuerdo la emoción y el agradecimiento por las visitas guiadas que les dimos. Recuerdo las caras de sorpresa, las risas de los niños caminando alrededor de las estructuras, las preguntas tímidas de las amas de casa que se lanzaron al potrero para ir a ver las casa de los indios. Ahí descubrí el encanto de la comunicación y el sentido de la arqueología.

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Grijalba tiene dos grandes montículos artificiales con la cualidad de que en su construcción se usó roca caliza. Da gusto ver como resplandece el blanco de sus piedra cuando están recién expuestas. Foto: Eduardo Volio.

Me ha dicho Eduardo que  la propiedad donde se encuentra el sitio está a punto de ser adquirida por el Estado. Ya lo sabía por el arqueólogo Francisco Corrales y conocía la forma expedita en que se estaban haciendo las gestiones para hacer la compra. Ha sido, quizá, una de las acciones de gobierno mas positiva y beneficiosa para la conservación del patrimonio arqueológico “in situ” que se haya hecho en los últimos años. Todo esto se enmarca en el Proceso de candidatura de una serie de sitios arqueológicos con esferas de piedra como patrimonio mundial ante la UNESCO que lleva adelante el Gobierno de Costa Rica con el Museo Nacional como institución responsable.

Y es que Grijalba, además de unas extraordinarias estructuras arquitectónicas construídas a partir del uso de piedra sin uso de mortero -un elemento característico de la arquitectura tropical de esta parte del mundo- también tiene su esfera de piedra. Es una esfera de 115 cm de diámetro, fabricada en roca de tipo gabroide. Como la gran mayoría de esferas ha estado a merced de la intemperie y sin ningún tipo de protección ni mantenimiento. Soy optimista y espero que dentro de poco sea dignificada porque ella ha sido el “pretexto” para proteger este sitio.

Es una buena noticia para todos que Grijalba se vaya a convertir en un verdadero patrimonio nacional. Osa y toda la zona sur  ganarán muchísimo con la adquisición de  este sitio arqueológico por parte del Estado, y especialmente se beneficiarán si se logra desarrollar una buena gestión del mismo.

Estamos enhorabuena. Hoy  siento la misma emoción del descubrimiento, de encontrar un tesoro para compartir que viví al trabajar en el sitio Grijalba años atrás. Muchas gracias, Eduardo. Tenía mucho días de no estar feliz.