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Piedras con nombre propio

Hace unas semanas escuché a la antropóloga Carmen Murillo decir que el patrimonio no es lo que nombran o identifican los funcionarios de la cultura. Explicaba que el patrimonio es lo que la gente identifica como propio, como algo que le pertenece y que es a la gente a la que hay que escuchar para identificar, proteger y poner en valor eso que llamamos patrimonio cultural.

Muchas veces escuchamos algo y luego ese algo retorna ante una imagen o un recuerdo. Recordé lo que Carmen dijo mientras pensaba en una piedra que siempre he querido estudiar. Es una piedra que llaman “mano de tigre” y que está a la orilla de la carretera que va de Térraba a Boruca, allá en el Sur de Costa Rica.

Mano de tigre Gisella Diaz copia
Piedra “mano de tigre“.

La piedra “mano de tigre” pasa desapercibida para cualquiera que no sea indígena. Es una piedra relativamente grande, está sola en el camino y no parece haber sido modificada por la acción humana. Sin embargo, esta roca tiene un gran significado para la gente de Térraba y la de Boruca, dos pueblos indígenas distintos étnicamente que han compartido espacio territorial en los últimos 300 años.

Mano de Tigre 1
Detalle de la huela de la “mano del tigre”. Foto: I .Quintanilla.

La piedra “mano de tigre” conserva la huella de un tigre. Esta huella no sabemos si fue tallada o si se formó por causas naturales. Lo importante es que las concavidades que conserva han sido interpretadas y dotadas de sentido por dos comunidades indígenas. Por lo tanto tiene un significado especial para ellos en términos de sus identidades y de sus memorias.

Esta piedra constituye un límite territorial no explícito entre Térrabas y Borucas. Estos pueblos han tenido sus diferencias durante los siglos que han tenido que compartir territorio por obligación colonial. Han tenido conflictos, han intercambiado cosas, se han casado entre ellos y han sufrido de la misma manera un proceso violento de colonización occidental. En todo esto hay una piedra que los une, que ambos pueblos reconocen, a pesar de que podría ser una piedra más a la orilla de una carretera.

Mientras escribía este texto leí en Facebook un comentario de Melvin Kamel González Rojas, un gran pintor y movilizador cultural boruca. Ponía Kamel un texto con una foto.

Piedra MAMRAM Kamel copia
Piedra “Mamran”. Foto: Kamel González.

Dice Kamel: “Piedra llamada MAMRAN. En este lugar hacía su aparición el espíritu del agua Di^Sujcra a veces como hombre a veces como nutria y a veces como espíritu, nutria y hombre. Aki nace la historia de las MAMRAN hijas del Di^Sujcra. Mitos de nuestro pueblo brunkajc de tiempos precolombinos“.

Es bonito que las piedras tengan nombres. Esto les da identidad, las humaniza y las hace diferentes. Si además de nombre tienen historias y son parte de la memoria pues mucho mejor aun. Son piedras naturales con valor social y eso las convierte en algo muy importante.

Con el ejemplo de estas dos piedras naturales con nombre propio, quisiera volver a lo que planteaba Carmen.

El patrimonio no solo son los bailes, las tradiciones gastronómicas o artesanales, o los objetos que los atestiguan. El patrimonio de un pueblo, además de eso, tiene como base su territorio y el territorio tiene nombres, lugares, piedras, montañas, ríos, cuevas, cielo, estrellas…

Cuidar todo lo que tenga significado social, cultural e histórico -no solo los objetos- debería de ser una tarea fundamental de quienes se ocupan de los temas patrimoniales. Es necesario volver los ojos al territorio, no solo para buscar atractivos turísticos y desarrollar el etnoturismo como se plantea para los pueblos indígenas, sino para revalorizarlo y para que la gente se reconozca y se reconstruya como parte de un pueblo con historia.

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De cuando Villachica pidió una esfera, y se la dieron

La mayoría de la gente ve las esferas de piedra, y poco saben sobre sus historias; sobre las razones que provocaron que estén en determinado lugar, que estén deterioradas o cuidadas, que se conserven en el último lugar donde la dejaron los indígenas precolombinos, o que estén decorando un jardín o tiradas en medio campo.

Esfera Uvita
Esfera de Bahía Ballena, Uvita, Osa. El dulce encanto del abandono. Foto: I. Quintanilla, abril del 2014.

De la historia particular de cada esfera poco se conoce porque no se han estudiado ni conservado como objetos con historia. Han sido vistas como “bienes muebles“, como cosas que se llevan de un lugar a otro, donde cada traslado hace que se pierda su historia anterior. Y es que la historia de un objeto dice mucho sobre él, pero también de la gente que le dio vida mediante el uso o el desuso, de la gente que lo apreció, lo abandonó y hasta lo destruyó.

Hoy quiero contar una triste historia. Es la de una esfera “invisible“, de una de esas esferas que están ahí y que pocos ven, y si las ven es para una foto rápida.

La esfera de la historia tuvo una vida “gloriosa” hace unos 50 años. Sin embargo, hace unos 10 años fue “degradada” y enviada a un lugar donde no fue pedida, ni buscada, ni apreciada por la gente con las que hoy convive.

Sierpe
Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto Diego Matarrita, abril del 2014.

La esfera de la historia mide cerca de 160 cm de diámetro, está fabricada en roca de tipo gabroide, como la mayoría de esferas del Diquís y también, al igual que la mayoría de esferas de esta región, es de forma simétrica y de acabado fino.

Sierpe 2 parque
Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Esta esfera tuvo sus días de gloria cuando la administración de la Compañía Bananera de Costa Rica -el nombre para el país de la United Fruit Company– decidió extraerla de una de las fincas bananeras donde formaba parte de un sitio arqueológico hoy desconocido y colocarla en la entrada de la “zona americana” de Palmar Sur.

En cada área de plantación, la United, tenía una “zona americana“. Era el espacio exclusivo para los altos mandos de la administración bananera. Era zona de acceso restringido para el resto de los mortales, salvo para cocineros, jardineros y para el servicio en general. En la “zona americana” estaban las casas grandes, el club con su cine, su bar, los grandes y cuidados jardines; ahí se concentraba el poder. Un poder encerrado en un mundo blanco, simétrico, limpio que se ejemplificaba en un paisaje tropical dominado por el orden y el progreso.

Antiguo Club Palmar Sur
Antiguo club social de la zona americana de Palmar Sur. Ahí había un gran salón con bar y cine, tenía un “bowling” o boliche y era el lugar de encuentro para la administración bananera. En el 2009 la Municipalidad de Osa lo restauró y ahora se usa para actividades sociales y culturales. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahí, en la entrada principal de la “zona americana” de Palmar Sur, estaba la esfera de la triste historia. Una esfera admitida en el mundo blanco, que decoraba y marcaba el lugar. No tengo a mano una foto de este tiempo de gloria. Tampoco la tengo de su período de “decadencia” cuando la Compañía Bananera se fue de la región y la “zona americana” dejó de ser lo que era.

Desde 1985, cuando la Compañía Bananera se fue, hasta el 2005 la esfera estuvo en la misma base de cemento que le habían construido en los años sesenta. A veces los jardines circundantes estaban cuidados; otras veces la vegetación crecía y la ocultaba un poco, pero ahí seguía como un recuerdo vivo de una parte de su historia, de la historia de Costa Rica y también del mundo capitalista y sus procesos.

En el 2005 la vida de la esfera de la triste historia cambió. Según parece, los funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica encargados de proteger el patrimonio cultural del país necesitaban equipo pesado para mover y trasladar una serie de esferas que consideraban que estaban en riesgo. El alcalde municipal de ese momento -un señor de apellido Villachica del pueblo pequeño de Sierpe- les facilitó la maquinaria y pidió a cambio, o como favor, una esfera para su pueblo.

A Villachica no le dieron una de las que estaban en riesgo -seguro eran pequeñas o estaban rotas o agrietadas- No, le dieron una grande y bonita. No estaba en riesgo, sólo estaba un poco abandonada, pero a diferencia de la gran mayoría de esferas tenía una base de cemento y estaba incorporada al paisaje de Palmar Sur. Eso no importó para tomar la decisión. Cuando se es funcionario público, se tienen “potestades de imperio” y principalmente si se tiene un cargador, cadenas de acero y un alcalde complaciente todo se decide con facilidad.

Dicen mis amigos de Sierpe que ellos solo vieron llegar una vagoneta y que en unos momentos había una esfera depositada en el parque. Nadie la esperaba. Ni una base de cemento, ni un parque adaptado para lucirla y recibirla. Tampoco estaban los niños de la escuela para la foto, ni las fuerzas vivas del pueblo para aplaudir y agradecer el regalo. Ahí la dejaron, sin mediar palabras ni condiciones y se olvidaron de ella.

Sierpe parque 3
Otra vista de la esfera del parque de Sierpe. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahora, en abril del 2014, la esfera de la triste historia luce cada vez más abandonada. Nadie recuerda sus tiempos de gloria en la “zona americana“, ni nadie pide cuentas de por qué está ahí y así. Bueno, yo estoy pidiendo cuentas.

Por suerte los objetos, las esferas de piedra, viven en nosotros y somos nosotros quienes les damos sentido y significado. Por eso, porque me da pena y porque la esfera no tiene alma, ni voz para gritar por la injusticia cometida es que escribo esto hoy. Y es que desde el 2005 estoy atragantada por este desatino y porque cada vez que voy a Sierpe no dejo de mirar esta triste y abandonada esfera que no merece el trato que se le ha dado.

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Ni a las gallinas ni a los gansos les importa el patrimonio arqueológico

Ni a las gallinas ni a los gansos les importa el patrimonio arqueológico

Comen placenteramente, y no son conscientes de que su plato es un metate precolombino.

Los objetos viven, mueren, resucitan, y algunos sobreviven en lugares y tiempos no pensados para ellos. Ahora este metate tiene una nueva historia y vive integrado en una familia que lo hace servir.

Que importa lo que fue esa piedra cóncava si ahora sirve para dar de comer. Puede que sirva más ahí de recipiente que guardada en una bodega donde nadie la estudia, ni se ve, ni se exhibe. Igual es más útil ahí que tirada en el campo sin que la recoja ninguna mano amiga que le pregunte cosas sobre su pasado.

Quizá se pueda pensar que haya que ir corriendo a recogerlo, lavarlo y guardarlo. Sin datos de contexto, sin información de su vida anterior, de poco puede servir, aparte de ser algo de “tiempos precolombinos“, y por lo tanto objeto patrimonial por ley.

No sé… veo este metate, a las gallinas, a los gansos y no se me mueve la fibra patrimonialista. Hay tanta cosa inútil guardada que me alegra ver algo de vida en esta piedra labrada en tiempos antiguos que ahora sirve de comedero a unas gallinas y a unos gansos inconscientes.

gallinas y metate 2 copia

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Ficciones arqueológicas

esferas falsas copia

Hace unos días se publicó en un períodico una noticia sobre la visita de una experta méxicana en gestión de sitios arqueológicos (http://www.crhoy.com/museo-nacional-busca-crear-conciencia-sobre-importancia-de-sitios-arqueologicos-w6k3x/). La nota se acompañó de esta foto. La vi, y algo se revolvió en mi interior.

Es increíble pero esta imagen circula en distintos medios como representativa de las esferas precolombinas del Diquís, pero no lo es. Son esferas falsas – es decir, replicas de las antiguas precolombinas– y el paisaje de fondo es el embalse del Proyecto Hidroeléctrico Angostura, en Turrialba.

Estas esferas ni son de manufactura indígena, ni están en el “lugar de las esferas precolombinas“. Esto no es el Pacífico Sur de Costa Rica; es el Valle de Turrialba. Tampoco son esferas de roca ígnea, ni esculturas talladas por manos indígenas. Son réplicas recientes.

Este fotogénico grupo de esferas es parte de la decoración exterior del hotel Hacienda Tayutic. Se ven bonitas, pero no representan nada más que una recreación de lo que fue lo precolombino.

Hay otras imágenes que se usan mucho, y que tampoco me gustan. Aunque son imágenes constituidas por esferas precolombinas y tienen como fondo un paisaje del Sur también recrean algo que no es, y que tampoco lo fue. Me refiero al conjunto de esferas de la zona de “esferas en tránsito” del sitio arqueológico de Finca 6.

Esferas y pilares 6

Estas esferas ni son de Finca 6, ni representan nada que tenga que ver con este importante sitio arqueológico. Por lo menos las esferas se vinculan al Delta del Diquís. Sin embargo, los pilares de piedra colocados en los últimos años, que fueron traídos desde Pérez Zeledón, no tienen ninguna vinculación con este sitio ni con otros de esta zona.

Mucha gente que visita Finca 6 muestra con gran alegría las esferas de este sitio de “tránsito” y no entienden que no tienen que ver con el pasado sino con decisiones del presente. Tampoco entienden que en un sitio arqueológico no se introducen elementos externos de otros sitios, ni mucho menos objetos sin contexto. Esto no provoca más que distorsión y confusión, y una mirada del objeto por el objeto.

Hace unos años la dueña de un hotel de Drake me comentó que le gustaría entregar unas piezas precolombinas para que fueran exhibidas en Isla del Caño. Ella no tenía ni idea del origen de estos objetos. Me pidió mi opinión. Le dije que era como introducir cerdos o gatos a la isla. No hablamos más al respecto porque ella entendió que cada cosa tiene su lugar, y eso siempre hay que tenerlo claro.

Esferas y pilares 3

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Sobre un milagro indígena en el Sur de Costa Rica

Me pasa muchas veces. Mi cabeza se va para otro lugar mientras leo, veo una película, escucho una canción, o simplemente mientras camino por la calle. Me pasó hace poco cuando estaba leyendo el libro “Orígenes de la Diócesis de San Isidro del General:  Una historia eclesiástica regional 1522-1954” de Claudio Barrantes. Lo sé … el nombre invita a dejarlo y buscar otras cosas mas interesantes, pero no es cosa del libro- que sí es interesante- sino un breve texto que encontré.

Cuando lo leí inmediatamente vino a mi memoria el libro “Arrancad la semilla, fusilad a los niños” de Kenzaburō Ōe, el gran escritor japonés. La historia de los niños huérfanos, la violencia ejercida contra ellos, su lucha y resistencia me dejó impresionada cuando lo leí hace varios años.  Ahora una nota del período colonial referente al sur de Costa Rica me ha hecho volver a este libro, y mas que a este libro, me ha hecho sentir la desagradable sensación que me provoca la violencia del poder que unos ejercen contra otros.

La nota que encontré, y que Claudio resume, hace referencia a un informe que  el fraile Juan de Dios Campos Diez de la orden de los Observantes envió a Tomás de Acosta, Gobernador de Costa Rica, en 1804. Dice Claudio:

“… aprovechó en febrero de 1804 para quejarse al gobernador de que dos indias de aquel pueblo hacían maleficios y practicaban brujerias, y que una de ellas tenía dos piedras, de la redondez y tamaño de un peso fuerte que cuando las soplaba respondían por los acontecimientos futuros.

El mismo reductor decía que habiendo ido hacia la costa del mar halló varios ídolos de piedra en un lugar llamado Draque, de una y dos varas de altura, y que no descansó hasta dejarlos todos desfigurados, no habiendo podido arrojarlos al mar por su mucho peso” .

Es 1804. Habla del Sur de Costa Rica, de Boruca y sus alrededores, y de la parte norte de la península de Osa, de Drake.

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“Ídolo” de piedra semejante a los que desfiguró el fraile Campos en Drake, según su informe. Estatua precolombina del Diquís, Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Me imagino la escena: un fraile enfurecido en plena selva golpeando, rompiendo, aniquilando, desterrando la idolatría… cumpliendo su deber. Ataca objetos, bautiza gente, erradica malas prácticas mientras recorre un territorio selvatico, hostil, caliente, lluvioso. Es el poder colonial que todavía lucha por dominar y someter a los pueblos indígenas que han logrado sobrevivir al exterminio.

Se nota frustrado. La Iglesia no logra consolidar su obra civilizadora. No es resistencia guerrera; es resistencia cultural. Los indios  se  resisten; se mueren, se escapan, hacen cosas a escondidas. Los religiosos y los administradores coloniales podían romper o desfigurar objetos, podían prohibir, podían imponer y aun así los indígenas sobrevivieron siendo lo que eran, o siendo algo nuevo, pero no lo que el poder colonial quería.

Ahora que lo veo en perspectiva me doy cuenta que en el Sur de Costa Rica ocurrió un milagro. Hay cinco pueblos indígenas que han superado siglos de violencia, de despojo, de negación. Ahí están. Siguen dando la guerra, peleando por sus derechos, re-inventándose y recuperando su historia.

En el largo camino de dolor, muerte y destrucción del proyecto colonial cristiano y civilizatorio ha ocurrido un milagro, y esto hay que celebrarlo.

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En memoria de Jairo Mora

Esfera parque sierpe 3

Hoy tenía la intención de escribir un texto dedicado a la esfera de piedra que se encuentra en el parque de Sierpe, en Osa. Sin embargo, no he podido terminarlo. Hoy no puedo decir nada sobre piedras trabajadas por manos antiguas. No puedo hablar de alcaldes caprichosos, ni de funcionarios complacientes. Tampoco puedo describir la triste situación de una esfera de piedra dejada a su suerte.

Hoy estoy triste y preocupada. Estoy consternada por el asesinato de Jairo Mora, una persona dedicada en cuerpo y alma a la conservación de las tortugas marinas que desovan en la costa Caribe de Costa Rica.

Hoy toca lamentar que haya sido vilmente asesinado mientras hacía su trabajo en el país considerado como uno de los paraísos de la conservación de la naturaleza.

No lo conocí, pero es como si fuera un viejo amigo al que han matado. En su memoria, y para contribuir a que no haya impunidad ni olvido, he escrito esta breve nota.

Un enlace sobre el asesinato de Jairo Mora:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/01/actualidad/1370118040_830192.html

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Otra esfera atrapada en el cemento

Esfera del Parque La Merced. San José, Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de bases de cemento para emplazar las esferas de piedra precolombinas ha sido un recurso usado en distintos  lugares de Costa Rica, especialmente en espacios públicos. En la anterior entrada de mi blog comenté sobre la esfera del parque central de Pérez Zeledón. Hoy les muestro, a través de esta hermosa fotografía de Diego Matarrita, la esfera del Parque La Merced.

Este es un transitado parque de la ciudad de San José. Por aquí caminan y se sientan a conversar, o a esperar, cientos de personas cada día. Para muchos de ellos la esfera es parte del paisaje. Está ahí desde hace muchos años, y su ubicación en el centro del parque la hace visible y reconocible.

La Municipalidad de San José la incrustó en la base piramidal de cemento, le hizo una destacada placa y le puso una iluminación potente para que se viera de noche. No está mal si la comparamos con otras esferas. Sin embargo, sí está mal si la pensamos en lo que fue su contexto original.

Por cierto esta esfera, al igual que otras 150 o más, no tiene identidad. Aparte de que procede de la Zona Sur del país, no hay más datos. Es otra esfera a la que se despojó de su historia, de su gente y de su pasado. Hoy aparenta representar un símbolo; un símbolo vacío que se ha venido rellenando de ideología nacionalista e identitaria.

¿Representan las esferas el ser costarricense? ¿Han marcado nuestra historia? Mucha carga ideológica para unos objetos maltratados, mal cuidados y mal utilizados por quienes en nuestra Costa Rica deciden dónde se coloca cada cosa.

Por lo menos, sigue en marcha una candidatura como patrimonio mundial para un grupo de esferas ubicadas en su lugar original. Es lo de menos, ¿no?

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Una esfera invisible en la ciudad

Imagen
Foto: Diego Matarrita.

Si hiciéramos una encuesta para preguntar dónde podemos ver esta esfera- quizá la más grande que hay en el Valle Central de Costa Rica- pocas personas podrían responder. Sin embargo, miles de personas circulan cada día cerca del lugar donde se encuentra.

¿Es que esta esfera es invisible? ¿Por qué sus 190 centímetros de diámetro y sus casi ocho toneladas son tan insignificantes? ¿Es que la ciudad la engulló y la hizo perder su sentido al estar fuera de su lugar natural? ¿O es que sus “dueños” no saben lo que tienen y de alguna manera la tienen invisibilizada?

O, peor todavía, ¿es que a la gente no le importa la escultura pública, mucho menos la precolombina?

Quizá otra imagen ayude a saber dónde se encuentra esta esfera:

Foto: Diego Matarrita.

Seguro que aquí muchos la pueden reconocer. Sí, está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica, en la sede de San Pedro de Montes de Oca. Ha estado ahí por mucho tiempo, posiblemente desde los años setenta del siglo pasado y fue traída, como muchas otras esferas precolombinas, del Sur del país; quizá de Osa o de otro cantón del Pacífico Sur, que son los lugares donde están los sitios arqueológicos con esferas de piedra.

Es curioso, pero ser esfera universitaria no le ha dado ningún privilegio excepcional a esta gran escultura precolombina. Sufre de ataque biológico y del mismo deterioro que la mayoría de las esferas expuestas al aire libre, sea en el Valle Central o en los lugares originales.

Foto. Diego Matarrita

Y es que aunque esta esfera haya sido removida de su lugar original y ahora esté ” sin contexto” merece ser cuidada y protegida en su integridad. El deterioro no es un problema de la piedra. El deterioro es un problema de la obra que fue plasmada en piedra y por lo tanto, es un problema del patrimonio y de la sociedad que debería tratarla como algo propio, valioso y frágil.

Con tantos años de estar ahí, esta esfera debería de tener título universitario. Un título que la reconozca en su valor y que la ayude a ser re-valorizada. Supongo que los importantes esfuerzos de inventario patrimonial que se han venido haciendo en los últimos años en la UCR incluyen esta esfera y que tanto la UCR como el Museo Nacional de Costa Rica habrán tomado medidas para conservar, proteger y especialmente poner en valor a una de las esferas de mayor tamaño que se conocen. Supongo que así será. ¿O no?

Nota: un pequeño video para ilustrar mejor el ataque biológico permanente que sufre esta esfera. No esta´hecho con cámara profesional, pero ilustra: http://youtu.be/T1bKCP9zrGQ

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Sobre el “Proyecto Esferas”, astrólogos y el patrimonio arqueológico

La publicación del reportaje “Municipalidad de Osa delega en astrólogo español proyecto de esferas ticas”, escrito por el periodista de La Nación Álvaro Murillo, ha dado a conocer una situación que se ha venido denunciando en las redes sociales desde el mes de abril de este año. Una situación que ha generado preocupación, indignación y desasosiego entre los especialistas que trabajamos con el patrimonio arqueológico del Sur de Costa Rica.

En abril de este año, el astrólogo Vicente Cassanya, director ejecutivo del “Proyecto Esferas”, me propuso como invitada especial del proyecto.  Después de escucharlo, buscar información y dar seguimiento a las ideas que pregonaba en la página web decidí no aceptar la invitación. También tomé la decisión de dar a conocer lo que desde mi punto de vista implicaba la decisión política de la Municipalidad de Osa de delegar en el Sr. Cassanya un proyecto vinculado con el patrimonio arqueológico de Costa Rica.

Rechacé vincularme a este proyecto porque el patrimonio arqueológico no puede ser usado como pretexto para negocios que benefician a unos cuantos ni para construir imágenes públicas de personajes “pseudo-altruistas”.

Sin conocerlo personalmente, pero sabiendo que el mundo del Sr. Cassanya es el de los horóscopos, las cartas astrales y la pseudo-investigación de fenómenos singulares, me empecé a preocupar. No se trataba de un filántropo de trayectoria conocida. Tampoco una persona de gran conciencia social o ambiental. Lo suyo era más el negocio y la venta de una imagen “espiritual”. Ahí no había sustancia que garantizara beneficios para la investigación, la protección, la conservación y la puesta en valor de las esferas y de los sitios arqueológicos a los que están asociadas. Al contrario: sus opiniones me parecieron desde el principio nocivas y muy perjudiciales. Percibí que este proyecto traería división, desconfianza y que debilitaría los frágiles procesos que se estaban construyendo en la región a partir del patrimonio arqueológico.

Además, desde el principio percibí que el proyecto tenía un trasfondo económico dudoso. Dudoso en el sentido de que el objetivo era llevar gran cantidad de gente a la región, independientemente de si esto era pertinente o no, de si estaban las condiciones de infraestructura para recibir a cientos de personas en los sitios arqueológicos de la región. Me pareció de una total improvisación y de falta de criterios técnicos en cuanto a manejo del patrimonio como producto turístico.

Tampoco quise ser participe de una iniciativa que salía de la nada. Un proyecto que ignoraba a una institución vital en la gestión del patrimonio arqueológico del país, como lo es el Museo Nacional de Costa Rica.

No podía entender que la Municipalidad de Osa estuviera impulsando una iniciativa con un extraño, y que su socio en la protección del patrimonio arqueológico desde principios de los años noventa- el Museo Nacional- no estuviera siendo informado. Esto era inexplicable, especialmente porque en ninguna otra parte de Costa Rica, el Museo Nacional se ha volcado tanto con la comunidad como en Osa. ¿Cómo podía crearse una iniciativa orientada al “desarrollo de Osa” y a dar a conocer las esferas al mundo sin la participación de la institución encargada de investigar y manejar este patrimonio?

Tampoco me pareció acertado que se fuera a impulsar una visión sobre las esferas donde todos los puntos de vista tienen igual valor. No están proponiendo un enfoque científico. Al contrario; lo científico constituye un problema porque limita las visiones “abiertas” que acompañan al proyecto. Pretenden que toda la investigación de años, que múltiples esfuerzos profesionales se ubiquen al mismo nivel y con la misma valía de quienes especulan sobre las esferas. Atlántida, conexiones transoceánicas, extraterrestres, “misterios sin resolver”; todo con el mismo valor bajo el pretexto de mentes “abiertas y no-excluyentes”.

Por otra parte, no me parece correcto legitimar acciones que promueven una idea de desarrollo basado en el asistencialismo y la figura personalista, con millonarios que posan junto a los pobres o que usan a la región como escenario de teatro “buenista”. En el Sur de Costa Rica hay muchos problemas de desempleo, pobreza y falta de oportunidades. Sin embargo, discursos como este no construyen nada a largo plazo, mas que dependencia y actitudes cacicales que ya han hecho mucho daño a la región.

En las últimas semanas el Sr. Cassanaya y asociados han iniciado una fuerte campaña de mercadeo para construir imagen pública y vender el “Proyecto Esferas”. Las fotos del Señor Cassanya entregando donaciones de dinero recolectado en un baile, o de niños agradeciéndoles sus dádivas, recuerda a las viejas imágenes de personajes coloniales que necesitan un pueblo pobre donde esparcir su “filantropía”.

Costa Rica debe manejar una imagen seria sobre el patrimonio arqueológico basada en el conocimiento científico y en una gestión basada en criterios técnicos. En el caso particular de los sitios con esferas de piedra que se quieren proponer como Patrimonio Mundial ante la UNESCO, este tipo de enfoques son muy perjudiciales.

Las esferas de piedra y todo lo que está asociado a ellas son patrimonio arqueológico: son parte de la historia y del pasado colectivo de la región, y los científicos las estamos estudiando. No pueden ser juguetes de pseudo-científicos ni de aficionados. Tampoco pueden ser pretexto para el lucro de unos pocos.

En Osa, al igual que en otras partes de Costa Rica hay inquietud y existe una fuerte demanda social para que el recurso arqueológico sea parte del desarrollo local. Es difícil seguir justificando la manera actual de gestionar este patrimonio por parte del Estado. El Museo Nacional y las otras instancias vinculadas al patrimonio arqueológico deberían tomar el “Proyecto Esferas” como lección. Lección para ocupar los espacios que les corresponde y no dejar puertas abiertas a oportunistas que se aprovechan de la debilidad institucional y de la lentitud de las respuestas a las demandas de la sociedad, especialmente de las regiones más necesitadas.

El patrimonio arqueológico y cultural que posee el Sur de Costa Rica es extraordinario. Ya es hora de dar los pasos necesarios y articular una estrategia conjunta entre organismos internacionales, gobierno central,  municipalidades y grupos locales para que este patrimonio se incorpore activamente en el desarrollo. El Sur de Costa Rica, la región Brunca, no tiene por que ser la que presenta los índices más bajos de desarrollo humano en el país. Es una región rica en recursos. La empobrecen quienes la gobiernan.

NOTA: Texto publicado originalmente en la sección blog de mi página en la Red Mexicana de Arqueología. http://remarq.ning.com/profiles/blogs/sobre-el-proyecto-esferas-los-astr-logos-y-el-patrimonio-arqueol