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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate «gigante», monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la «cultura» Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como «región arqueológica Gran Chiriquí», en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de «atlantes», es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie «activa» para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para «contener» esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso «plato de molienda» sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los «sostenedores» del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.
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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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De astrólogos, gobiernos locales y esferas de piedra

El día de hoy, el periódico La Nación de Costa Rica publicó un extenso reportaje de investigación sobre el «Proyecto Esferas». Bajo el título «Municipalidad de Osa delega en astrólogo español proyecto de esferas ticas«, el periodista especializado en política nacional Alvaro Murillo, da a conocer de dónde surge la iniciativa del proyecto, su filosofía y, a través de una corta entrevista, da voz a Vicente Cassanya, el astrólogo nombrado embajador y director ejecutivo del proyecto, según decisión de la Municipalidad de Osa.

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/municipio-de-osa-da-a–astrologo-espanol-proyecto-de-esferas-ticas-.aspx

En abril de este año, fui contactada por el Sr. Cassanya a través de Facebook. Intercambiamos mensajes, hablamos dos veces por teléfono, le envié información sobre las esferas y quedamos en hablar personalmente. Su idea era venir a Barcelona o aprovechar un viaje que yo iba a hacer a Madrid para reunirnos. Ni él vino a Barcelona ni yo lo llamé cuando fui a Madrid. Ya no era necesario porque tanto él como yo sabíamos que la solicitud que me hacía de ir como invitada especial del «Proyecto Esferas» no me interesaba.

Las esferas de piedra son patrimonio cultural. No son objetos sin historia, ni pasado. No pueden ser juguetes de los pseudo-científicos ni de aficionados. Foto:: Diego Matarrita

¿Por qué siendo yo especialista en las esferas precolombinas de Costa Rica, autora del libro más reciente sobre el tema, arqueóloga dedicada por casi 20 años a la investigación y  la protección de las esferas, rechacé estar «situada en el lugar que me corresponde» o ser «valorada por mis conocimientos y mi gran experiencia«?

¿Por qué no consideré la propuesta de asesorar al «Proyecto Esferas»? ¿Por qué rechacé un viaje pagado a Costa Rica y me negué a figurar entre un grupo especial de personas que se reunirían entre el 15 y el 20 de octubre en Osa? No es porque sea tonta ni porque no me diera cuenta de que se podía «abrir una gran oportunidad personal». No. Rechacé vincularme a este proyecto porque el patrimonio arqueológico no puede ser usado como pretexto para negocios que benefician a unos cuantos ni para construir imágenes públicas de personajes «pseudo-altruistas» con fines neo-coloniales.

Las conversaciones con el Sr. Cassanya y la revisión del material que poco poco fue poniendo en la web del «Proyecto Esferas» me dieron absoluta certeza de que estaba tratando con un vendedor. No era un filántropo ni una persona de gran consciencia social o ambiental. Lo suyo era el negocio y la venta de imagen. Ahí no había sustancia. No había ningún ideal de investigar, proteger, conservar o poner en valor las esferas como patrimonio cultural. Al contrario: sus opiniones me parecieron desde el principio dañinas, nocivas y muy perjudiciales. Percibí que este proyecto traería división, desconfianza y que debilitaría los frágiles procesos que se estaban construyendo en la región a partir del patrimonio arqueológico.

No quise participar de una iniciativa con un discurso altruista, porque inmediatamente descubrí que tenía un trasfondo económico dudoso. Dudoso en el sentido de que el objetivo era llevar gran cantidad de gente a la región, independientemente de si esto era pertinente o no, de si estaban las condiciones de infraestructura para recibir cientos de personas en los frágiles sitios arqueológicos de la región.

Tampoco quise ser participe de una iniciativa que salía de la nada. Un proyecto que ignoraba a una institución vital en la gestión del patrimonio arqueológico del país, como lo es el Museo Nacional. Ante la pregunta de si el Museo Nacional estaba participando, la respuesta del Sr. Cassanya fue que luego los contactarían.

No podía entender que la Municipalidad de Osa estuviera impulsando una iniciativa con un extraño, y que su socio en la protección del patrimonio arqueológico desde principios de los años noventa- el Museo Nacional- no estuviera siendo informado. Esto era inexplicable, especialmente porque en ninguna otra parte de Costa Rica, el Museo Nacional se ha volcado tanto con la comunidad como en Osa. Son muchos años de trabajo y no calzaba en mi cabeza el que estuviera en camino una iniciativa orientada al «desarrollo de Osa» y a dar a conocer las esferas al mundo, y que la principal institución del país no fuera un actor principal en esto.

Tampoco me pareció acertado que se fuera a impulsar una visión sobre las esferas patrimoniales donde todos los puntos de vista tenían igual valor. Esto era pseudo-ciencia en acción. No proponían un enfoque científico. Al contrario; lo científico constituía un problema porque limitaba las visiones «abiertas» que acompañan al proyecto. Tampoco tenía nada que ver con la gestión integral del patrimonio arqueológico y el buen uso del conocimiento científico.

En las últimas semanas el Sr. Cassanaya y asociados han iniciado una fuerte campaña de mercadeo para construir imagen pública y vender el «Proyecto Esferas». Las fotos del Señor Cassanya entregando donaciones por el dinero recolectado en un baile,  o de niños agradeciéndoles sus aportes recuerda las viejas imágenes de personajes coloniales que necesitan un pueblo pobre donde esparcir su «filantropía».

El Sur de Costa Rica ya fue república bananera por mucho tiempo. No es justo ahora que un gobierno local – un alcalde – someta a un pueblo a un trato indigno promoviendo el personalismo y las imágenes de millonarios, aristócratas y oportunistas paseando por la región como si de un desembarco colonial se tratara, posando para revistas superficiales y usando la pobreza de la región como escenario.

Tampoco es justo que vengan ahora a decir que les interesan las esferas y que están preocupados por su estado de conservación. Discursos vacíos, sin contenido y oportunismo puro. No sé quienes serán los beneficiarios de este proyecto, pero seguro que no será el patrimonio arqueológico de Costa Rica ni las comunidades locales, indígenas incluidos.

Otros enlaces de interés:

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/Vicente-Cassanya—Hay-gente-en-Costa-Rica-que-se-cree-duena-de-las-esferas-.aspx

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/brochazos-de–glamour–en–puente-del-terraba.aspx

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De extraños personajes y sus historias: Sam Green y las esferas de piedra

Samuel Adams Green murió el 4 de marzo del 2011. Su muerte fue reseñada en varios medios de Estados Unidos. El New York Times  tituló su obituario «A Collector of People Along With Art» (Un coleccionista de gente,  y además de arte). Pero ¿quién era Sam Green y qué relación tuvo con las esferas de piedra de Costa Rica?

Samuel Green fue un personaje importante, pero secundario, de la vanguardia artística de Nueva York de los años sesenta y setenta. Fue amigo cercano y confidente de Andy Warhool, Greta Garbo y Yoko Ono, entre otros famosos. Después de una vida intensa rodeado de ricos y famosos decidió dedicarse a preservar sitios sagrados en distintas partes del mundo. En 1997 creó la Landmarks Foundation, organización que lo trajo a Costa Rica en 1998 por su interés en las esferas de piedra.

Conocí a Sam Green en 1998 cuando estaba a punto de dejar mi trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica. En esos días estaba muy cansada y enojada con todo. La directora del Museo, Melania Ortiz, estaba encantada con el caballero norteamericano, que había venido a Costa Rica a promocionar la idea de retornar esferas a su lugar original. El Sr. Green le había ofrecido colaborar con el Museo en la repatriación de esferas a Osa. A nadie se le había ocurrido eso; se hablaba de la conveniencia de hacerlo pero no se concretaba en nada. Él la convenció y un año después, en octubre de 1999, un grupo de ocho esferas estaban siendo reinstaladas en distintos puntos del cantón de Osa.

Mi primera cita con Sam Green no fue muy productiva. Al principio no entendí que era lo que quería, no entendía cuál era el objetivo de su Landmarks Foundation, no sabía de dónde salía ni a que venía. Me hablaron de su relación con Andy Warhol, del Pop Art, de su experiencia como curador de colecciones de arte, de sus buenas relaciones con gente del «jet set». Pero yo, persona poco dada a que me impresionen las personas famosas, no tenía nada que decirle aparte de la importancia de continuar con las investigaciones arqueológicas y de conservar los sitios con esferas. Mi pobre inglés no ayudo mucho y mis ganas de dejar todo, de romper con el Museo tampoco ayudaron. Sin embargo, en octubre de 1999, cuando se concretó el traslado de las ocho esferas ahí estaba yo, colaborando con el Museo, trasladada desde Washington D. C. a Costa Rica, gracias a la generosidad del Sr. Green.

Nos encontramos de nuevo en Palmar Sur durante los actos del traslado de las esferas el 18 de octubre de 1999. Casi que no cruzamos palabra. No sé por qué no me gustaba; tampoco yo le gustaba a él acostumbrado a Yoko Ono, Greta Garbo y otras señoras de renombre y dinero. Sin embargo, ahí estábamos compartiendo la alegría del retorno de las esferas. Pasaron los años y  no supe nada más de él hasta que en el 2007 encontré su nombre en un documento guardado en los archivos del Museo Nacional.

Su nombre estaba en un cruce de correspondencia entre la Embajada de Costa Rica en Washington y la Junta Administrativa del Museo nacional de Costa Rica en agosto de 1974. La embajada reclamaba y pedía cuentas por una esfera que al parecer les iban a enviar para colocar en su sede y que todavía no había llegado.

En el cruce de preguntas salió a relucir el traslado, en 1971, de tres esferas hacia los Estados Unidos de América (USA) gracias a la negociación que hizo Sam Green ante la Junta Administrativa del Museo, con auspicio de la Embajada de Costa Rica en Washington. Dos de estas esferas estaban destinadas al Fairmount Park Asosociation de Filadelfia, Pensilvania; un importante parque público especializado en escultura pública al aire libre. La tercera estaba destinada a la Embajada de Costa Rica.

Imagen de una de las esferas trasladadas a Filadelfia y exhibidas en Fairmount Park. Imagen tomada de: http://www.google.es/imgres?q=fairmount+park+international+sculpture+garden&um=1&hl=es&sa=N&biw=1272&bih=583&tbm=isch&tbnid=yVPISIs5jl4FfM:&imgrefurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%26g/fairmoun/fair1.shtml&docid=fY3FB9Apr9zGfM&itg=1&imgurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%2526g/fairmoun/images/fair1.jpg&w=324&h=199&ei=2mzwT6r8BYu08QPoyrGYDQ&zoom=1&iact=hc&vpx=97&vpy=292&dur=649&hovh=159&hovw=259&tx=146&ty=72&sig=104258392749681381903&page=1&tbnh=106&tbnw=173&start=0&ndsp=19&ved=1t:429,r:7,s:0,i:94

Según la documentación, las tres esferas salieron con licencia de exportación con fecha del 10 de febrero de 1971 y el permiso le fue otorgado a Sam Green como representante de Fairmount Park. El argumento de la autorización dada por la Junta Administrativa del Museo Nacional  era que «las mismas se encuentran suficientemente representadas en las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica». La institución recibió US $1.000 como donación. Según otra documentación, se pagaron US $1.500 por gastos de mano de obra para remover las esferas.

Aunque la información es escueta, se puede inferir que las esferas salieron de Palmar Sur, vía Golfito y en barco. La más grande media 66 pulgadas (167.64 cm de diámetro), la segunda 56 pulgadas (142.24 cm de diámetro) y la tercera 32 pulgadas (81.28 cms de diámetro). No hay datos sobre el lugar específico del que las extrajeron, ni de quienes fueron los encargados de seleccionarlas y de ponerlas camino a USA. Las dos de mayor tamaño pasaron a ser propiedad de Fairmount Park y la otra está en posesión de la Embajada de Costa Rica en Washington.

Esfera de la Embajada de Costa Rica en Washington. Imagen tomada de : http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6d/Esfera_precolombina_Embajada_de_Costa_Rica_en_Washington.JPG

Las tres esferas salieron con beneplácito intitucional y con el visto bueno no sólo del Museo Nacional sino también del Ministerio de Relaciones Exteriores y del recién estrenado Ministerio de Cultura. Hoy día las tres están fuera del país y sólo la de la Embajada de Costa Rica está en exhibición. Las de Fairmont Park están guardadas por procesos de reforma en el parque, según informa el bloguero Don Barker (http://marylandgis.blogspot.com.es/2012/06/philadelphias-phantom-sculpture-garden.html) .

Sam Green ha muerto. De sus ideas de repatriación de esferas quedaron siete esferas en el parque de Palmar Sur y una en la Municipalidad de Osa. Fueron esferas cedidas por la Caja Costarricense de Seguro Social, por el ex-Presidente de la República Rodrigo Carazo, por el coleccionista Alfonso Jiménez y por el mismo Museo Nacional de Costa Rica. En sus planes no parece haber estado el retorno de las de Fairmount Park, de las que no recuerdo que haya hecho mención. Aun así su aporte fue importante, y aunque en la memoria quedará como un acto institucional del Museo Nacional, su idea y su impulso fueron fundamentales para que la Directora General del Museo Nacional -Melania Ortiz- llevara adelante un acto que no se había dado nunca: el retorno de esferas al Sur; un hecho que dejaba atrás décadas de expolio y de arrogancia institucional.

Momento en que se bajaba del cargador la esfera que luce hoy día la Municipalidad de Osa. Octubre de 1999.

El momento del retorno de las esferas fue muy emotivo y se celebró con gran algarabía. Las esferas fueron recibidas por escolares, por bandas de música y por los dirigentes locales. Hubo desfiles, visitas a Finca 6, discursos y muchas palabras de agradecimiento.  Fueron días de alegría y de satisfacción. Días de celebración que marcaban un nuevo rumbo en el manejo del patrimonio arqueológico del país: el Museo Nacional cedía a una comunidad local una parte de su patrimonio y esto era nuevo y casi revolucionario dentro de las políticas centralizadoras estatales.

Estudiantes de Ciudad Cortés posando con la recién instalada esfera de la Municipalidad de Osa. 18 de octubre. de 1999.

Nunca volví a ver a Sam Green y no puedo saber qué fue lo que representó para él esta repatriación, a pesar de que había sido un  «exportador de esferas».

Enlaces de interés:

Obituarios de Sam Green:

http://www.nytimes.com/2011/04/07/fashion/07GREEN.html?pagewanted=all

http://warholstars.org/sam_green_obituary.html

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Un prisionero no es para dominguear …

Hoy es domingo, y toca disfrutar y estar relajados. Aunque la violencia física no puede ser objeto para la relajación, hoy quiero compartir las imágenes de una escultura que me conmovió desde que la vi por primera vez en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica.

Escultura de hombre atado de manos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Los datos de registro indican que  fue encontrada en la zona de Ciudad Cortes, en Osa, junto con otro conjunto de piezas requisadas a un comerciante de objetos precolombinos -Gonzalo González- en 1949 por el Resguardo Nacional. Después fueron entregadas al Museo Nacional de Costa Rica

Todo el conjunto es muy interesante y está compuesto por diversos objetos que incluyen esculturas de base de espiga, «hombres-armadillos», felinos y otras esculturas de bulto. Casi todas pertenecen al período Chiriquí (800 d.C. 1550 d.C.).

Me llama poderosamente al atención la posición de la cabeza de esta escultura. Es uno de los pocos casos donde no está orientada al frente como en la mayoría de los casos, sino levemente levantada, como si estuviera forzada. También son llamativos el corte del cabello, el colgante o marca en el pecho y la boca mostrando los dientes.

Vista dorsal del hombre con sus ataduras. Foto: Diego Matarrita.

Al igual que muchas otras esculturas del Diquís, ésta se rompió en tiempos precolombinos y parece que siguió siendo utilizada.

Esta escultura es una representación muy importante, ya que permite conocer una forma de violencia física muy relacionada con el mundo de los hombres, con la guerra u otras prácticas de violencia y  con las maneras de mostrar a los perdedores. Mientras que en el período anterior -Aguas Buenas- los hombres muestran hachas y cabezas trofeo en sus mano, en el de esta escultura, en el período Chiriquí, casi que desaparece el guerrero triunfador y aparecen unos pocos casos como éste, donde no es la cabeza de un muerto sino el cautivo o el prisionero el que es representado.

Todo esto constituye un cambio en las prácticas rituales, en la valoración del enemigo y en las formas de adquirir prestigio y poder. Como en otros casos, la piedra fue un medio importante para plasmar el mundo simbólico de la gente que vivió en el Sur antes de la Conquista española. Además de las esferas, hubo toda otra serie de representaciones que hacen referencia a distintos aspectos de la sociedad. En este caso, un hombre desnudo y atado, nos acerca al mundo precolombino desde otra perspectiva: la violencia y sus representaciones.

Para conocer más sobre la escultura precolombina hay una entrada anterior: https://dramadelasesferas.wordpress.com/2012/06/15/companeros-de-viaje-de-las-esferas-la-escultura-precolombina-de-la-gran-chiriqui/

También elaboré una presentación en Prezi:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Acerca de Finca 7 y el nuevo hallazgo de una esfera de piedra

Hoy sabado 16 de junio, el diario La Nación publica una nota que informa sobre el hallazgo de una esfera de piedra en Finca 7, Osa. Explica la periodista que se ha encontrado una esfera de 55 centímetros de diámetro junto con material cerámico, fragmentos de estatuas y otros restos arqueológicos. Por la información que le aporta el arqueólogo a cargo del rescate arqueológico -el Dr. Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica- interpreta que se trata de una pequeña aldea situada en las cercanía de del sitio arqueológico Finca 6.

http://www.nacion.com/2012-06-16/AldeaGlobal/esfera-sugiere-que-pudo-existir-una-aldea-precolombina–en-osa-.aspx

Al leer la noticia me ha parecido importante escribir algo sobre la Finca 7 que está documentada en el registro arqueológico del Delta del Diquís. No sé si esta nueva Finca 7 corresponde con la Finca 7 que existía en tiempos de la Compañía Bananera de Costa Rica, porque en los años ochenta, cuando ésta abandonó la región, algunos nombres fueron cambiados. No creo que en años recientes se haya hecho lo mismo, pero supongo que no porque las divisiones que hizo la Compañía Bananera ya están incorporadas en la toponimia de la zona.

Para empezar me gustaría mostrar el mapa que hizo un equipo de arqueólogos franceses en 1990 después de recorrer y revisar gran parte de las tierras ocupadas por la Compañía Bananera de Costa Rica en busca de restos arqueológicos.

Mapa reelaborado a partir del que publicaron Claude Baudez y su equipo en el libro «Investigaciones arqueológicas en el Delata del Diquís«. Se puede observar la ubicación de Finca 6, Finca 7 y otros sitios arqueológicos en la llanura Sur del Delta del Diquís que está situada entre Palmar Sur y Sierpe.

Este mapa fue el resultado de meses de trabajo de campo. A la fecha constituye la evidencia más importante para sostener que por lo menos 900 hectáreas de las antiguas plantaciones bananeras situadas entre Palmar Sur y Sierpe tienen restos arqueológicos. No se ha encontrado una ocupación precolombina tan extensa en otra parte del país. Aquí hay montículos, bases de casas, basureros, cementerios, esculturas de varios tipos, especialmente esferas (¡más de 120 esferas se han registrado aquí!), entre otras cosas.

La Finca 7 de la que hoy habla La Nación, así como Finca 6 (el actual «parque de esferas») , el abandonado Finca 4 (el más importante sitio con esferas que hubo en Costa Rica) y otros sitios arqueológicos forman parte de este extenso espacio ocupado en tiempos precolombinos. Lo que hoy sale a la luz es parte de ese rompecabezas con muchas piezas perdidas, algunas de las cuales aparecen de vez en cuando bajo las palas de los trabajadores, como en este caso.

Para entender mejor el hallazgo que publica La Nación es bueno  hacer un poco de historia sobre la Finca 7 que aparece en distintas publicaciones de arqueología.

Quien aportó la información más importante sobre este sitio fue Doris Stone en 1943. Dijo que el sitio presentaba “una inusual concentración de esferas de piedra en una espacio de unos 274 metros”. Indicó que había un grupo de 10 esferas formando un eje N-NW-S-SW, aunque no un eje recto, sino formando una especie de curva.

Croquis re-dibujado a partir del publicado por Doris Stone en 1943 de Finca 7.

Los datos que aportó Stone sobre las esferas de Finca 7 señalan que cuatro tenían 182 cm de diámetro. Las otras seis medían 152 cm.de diámetro. Había tres pares de esferas del mismo tamaño  y cada par fue colocado a la misma distancia, una esfera de otra, y con la misma orientación (Norte-Sur). Las esferas de mayor tamaño no estaban en pareja, sino intercaladas entre los pares de menor tamaño.

En las fotografías aportadas por Stone en su artículo de 1943 se aprecia un paisaje sin plantación bananera, un paisaje de cuando están eliminando la cobertura boscosa para implantar la plantación de banano. Hay fotografías de una esfera antes de ser removida  y de otras esferas expuestas totalmente o en proceso de remoción.

En un breve artículo que escribió en 1954, Doris Stone vuelve a hablar de Finca 7. Dice que «La Finca 7, sin embargo, tiene la colocación más rara y las bolas más grandes de todas las que se hayan visto. Dentro de un área aproximada de 300 varas, se encontraron diez bolas distribuidas en una línea este-oeste levemente curvada. Cuatro esferas medían 1.70 cm. de diámetro, las otras tenían como 1.52 cm. también se encontró en este mismo llano una esfera grande que midió 2.14 cm. y pesó alrededor de 131/2 toneladas«.

Samuel K. Lothrop  en su libro de 1963 (página 25) también habla de Finca 7. Cita la publicación de 1954 de Stone y no aporta más detalles. Esto es curioso porque indica que él no estuvo ahí en 1948, cuando recopiló la información de base para su libro «The Archaeology of the Diquis Delta»

Por otra parte, el famoso arqueólogo Mathew Stirling hizo una breve visita a la zona del delta en 1964. En un artículo que publicó en 1969 explica que en el lugar había 11 esferas con diámetros que oscilaban entre los 5 y los 8 pies, los mismos que aporta Stone en 1943. Yo tengo mis dudas de que Stirling haya visto el mismo conjunto de esferas que publicó Stone en 1943. Cuando Stirling  visitó la zona en los años sesenta es mas que probable que del conjunto se conservaran unos poco ejemplares.

Ni Stone ni Stirling comentan nada sobre montículos u otro tipo de materiales arqueológicos asociados al agrupamiento de esferas de Finca 7. Sin embargo, es difícil pensar que este conjunto de esferas haya estado aislado. Es muy probable que también hubiera estructuras arquitectónicas y otros restos como sucede en Finca 4 y Finca 6. Esto tiene que ver con la superficialidad de las visitas que hicieron y con la fuerte sedimentación que hay en el Delta del Diquís, donde el material de relleno acumulado por las cíclicas inundaciones del río Térraba cubren las capas arqueológicas.

¿Qué pasó con las esferas de Finca7? ¿Dónde están actualmente? Esta es una pregunta difícil de responder. Salvo las dos esferas que hoy se conservan en el Colegio Técnico Agropecuario de Osa, en Palmar Sur, no hay otras esferas que tengan un tamaño cercano a los 214 cm de diámetro como la que menciona Stone para Finca 7. Lo más probable es que las del colegio hayan sido parte de un conjunto de Finca 4 según documentación que he recopilado.

Las otras esferas de Finca 7 puede que estén distribuidas en varios lugares de la región o en el Valle Central. Hay documentación de esferas con tamaños similares a los que aportó Stone. Sin embargo, la ausencia de registros que acompañó la remoción de esferas impide hacer relaciones.

Esfera megalítica sin datos de procedencia claros, aunque con certeza procede de una de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Tiene 210 cm de diámetro y fue fabricada en gabro. Está ubicada junto con otras de tamaño similar en el Colegio Técnico-Agropecuario de Osa, Palmar Sur. Foto: Diego Matarrita.

La esfera hallada en estos días en Finca 7 mide 56 cm de diámetro y no corresponde al conjunto monumental del que escribió Doris Stone. Es probable que las investigaciones arqueológicas de salvamento que hace el Museo Nacional depare alguna nueva sorpresa y que por gracia del destino salga a la luz alguno de los grandes ejemplares que documentó Stone. Ojalá sea así y que de nuevo no nos reafirmemos en la tragedia de tener un triste dibujo  y unas pocas fotos en un viejo artículo como una única evidencia de un grandioso conjunto escultórico.

Referencias bibliográficas:

Baudez, C.  et. al. 1993. Investigaciones arqueológicas en el delta del Diquís. CEMCA-DRCSTE. San José.

Lothrop, S. K. 1963. Archaeology of the Diquís Delta, Costa Rica. Papers of the Peabody Museum  of Archaeology and Ethnology, Vol 51. Harvard University. Cambridge.

Stone, D. Z. . 1943. A Preliminary  Investigation of the Flood Plain of the Rio Grande de Terraba, Costa Rica. American Antiquity 9 (I): 74-88.

–  –  –  – 1954. Apuntes sobre las esferas de piedra halladas en el Río Grande de Térraba, Costa Rica. Boletín Informativo del Museo Nacional 1(6):6-10.

–  –  –  –  – 1956. Apuntes sobre las grandes esferas de piedra halladas en el Río Diquís o Grande de Térraba en Costa Rica. Boletín del Museo Nacional de Costa Rica.

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Compañeros de viaje de las esferas: la escultura precolombina de la Gran Chiriquí

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, esta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Me gustaría compartir algunos ejemplos de las otras esculturas que acompañaron a las esferas durante su vida en tiempos precolombinos. Aunque también había otros objetos hechos de barro, de oro, de cobre, de madera, de algodón, etc, lo que me interesa ahora es mostrar  que las esferas formaron parte de un conjunto de objetos escultóricos singulares y propios en esta parte del mundo.

Armadillo tallado en hueso. Colección Museo nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La gente de las esferas no sólo hizo esferas; hizo muchísimas cosas más a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar  un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico o menos público. También se puede ver que había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos y de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región se dio alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente.   Su uso surgió dentro de un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico. El uso de éstos indica nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

He preparado una presentación en PREZI para mostrar mejor el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Es un resumen y hay una serie de aspectos interesantes que no muestro como el el caso de la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas. Tampoco he incluido información sobre el posible uso de pintura en algunos objetos ni las huellas de uso y desgaste que presentan la mayoría de ellas. Ha faltado también hablar sobre las representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros. Falta también información sobre los ornamentos y la indumentaria.

Poco a poco iré tratando estos temas y otros muy interesantes. Como dije al principio, lo importante hoy es entender que las esferas no estuvieron solas, que su fabricación y uso estuvo unido a otros objetos y a una serie de prácticas sociales, económicas, rituales y políticas.Con un click en el siguiente enlace podrá hacer un recorrido por este conjunto. Seguro que después de conocerlo entenderá mucho mejor el fascinante mundo de la piedra esculpida con otras piedras.

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Esferas en el extranjero: el caso de la esfera que se fue para Boston

Mucha gente se pregunta cuántas esferas de piedra de origen precolombino han salido de Costa Rica y dónde están. Desde hace varios años he venido recabando información sobre esto, y tengo algunos datos que pueden responder, aunque sea de manera parcial, a las dos preguntas. Primero es que estas «esferas en el extranjero» son pocas y segundo, casi todas salieron hacia los Estados Unidos de América (USA), aunque también hay unas pocas en Europa.

La documentación que he podido recoger indica que por lo menos cinco esferas voluminosas están en USA, así como otras de pequeño formato que no he podido inventariar del todo. Hoy me centraré en una de ellas, ya que su ubicación actual está relacionada con el desarrollo e historia de la arqueología de Costa Rica.

La esfera a la que me voy a referir se encuentra en Boston, en uno de los jardines del Peabody Museum de Harvard University. Mide unos 109 cm de diámetro («three feet, seven inches«) y fue fabricada en gabro, al igual que la mayoría de las esferas. Su superficie es lisa y un poco lustrosa. Al observarla se nota que ha sido cuidada y que su ubicación por más de 45 años en un clima con fuerte estacionalidad no ha hecho mella en su conservación. Al contrario, está en mucho mejor estado que muchas de sus compatriotas que no salieron de Costa Rica.

Detalle de la esfera después de una nevada. Diciembre del 2008.

¿Cómo llegó esta esfera a la Universidad de Harvard? Sobre esto hay información en documentos que se  guardan en el Peabody Museum y en el Museo Nacional de Costa Rica. Son documentos que corresponden a cartas y notas manuscritas de quienes participaron en el proceso, tanto del traslado como a la recepción y emplazamiento de la esfera en su lugar actual

Esta esfera y otra mas fueron trasladadas en 1964 para ser exhibidas en la Feria Mundial de Nueva York de 1964-65. Ambas fueron colocadas en el pabellón de la «Inter-American Highway». (VER NOTA AL FINAL DEL TEXTO)

En esos años, Doris Stone, hija de Samuel Zemurray, presidente y propietario por muchos años de la gran transnacional bananera United Fruit Company (la Compañía Bananera de Costa Rica, en su versión tica), era ama y señora de la arqueología de Costa Rica junto con un grupo de destacados coleccionistas nacionales. Desde los años cuarenta, ella ocupaba un papel preponderante en la arqueología del país. Con la transformación del Cuartel Bellavista en Museo Nacional de Costa Rica en 1949, pasó a ocupar la presidencia de su Junta Administrativa. Desde está posición, y gracias a al poder económico y político que su filiación familiar le otorgaba, se convirtió en una especie de «regente» del patrimonio arqueológico nacional desde esos años hasta buena parte de la década de los setenta del siglo pasado.

Fue decisión suya el envío de las dos esferas, las cuales salieron desde Finca 5  -un importante sitio arqueológico con esferas documentado en los años cuarenta en el Delta del Diquís por ella misma- hacia Golfito y desde ahí en barco hasta Nueva York.

Croquis de Finca 5 publicado por Doris Stone en 1943. Se trata de un montículo con un conjunto de 14 esferas colocadas al frente. Se supone que la esfera del Peabody Museum proviene de este lugar. Sin embargo, el tamaño no coincide con los datos que Stone da para este conjunto.

Cuando terminó la Feria Mundial los organizadores solicitaron que se las llevaran y la Sra. Stone gestionó su donación a dos importantes instituciones norteaméricanas. Una se fue para la sede de National Geographic Society en Washington y la otra al Peabody Museum de Harvard University.

Después de algunas peripecias y con una inicial de falta de interés, el Peabody Museum aceptó el regalo que hizo la Sra. Stone. Desde 1966 la esfera está colocada en un lugar distinguido pero discreto dentro de la prestigiosa universidad norteamericana.

Esfera erigida sobre base de cemento y con una placa informativa. Jardín anexo al Peabody Museum, Harvard University.

En el edifico contiguo, que es la sede del Peabody Museum, se guardan «familiares» de esta esfera en forma de material escultórico, fragmentos cerámicos, fotografías, dibujos y diarios de campo. Todos ellos fueron dejados en este museo por el arqueólogo Samuel K. Lothrop, testigo privilegiado de los sitios con esferas del Delta del Diquís a finales de los años cuarenta. Su libro “The Archaeology of the Diquis Delta” es de consulta obligada para cualquier estudioso de la región.

El Peabody Museum, por lo tanto, no sólo resguarda una esfera, sino también una parte importante del patrimonio documental y una significativa colección de objetos asociados a ellas. Es de lo poco que se conserva después del período de devastación, de los años cuarenta hasta los setenta del siglo pasado, cuando se destruyeron muchos sitios arqueológicos con esferas y cuando la mayoría de ellas fueron removidas sin ningún tipo de control. Por lo tanto, es un material de gran valor científico que ha sido apropiadamente cuidado y catalogado.

Personalmente, he podido ir a estudiar estos materiales y tener acceso a los archivos documentales. Hasta el más pequeño elemento ha sido catalogado y guardado, lo que se puede definir como una bendición en el desolador panorama de la arqueología de las esferas de la segunda mitad del siglo pasado. A pesar de todo, ha sido una suerte que esto se haya conservado ahí.

Las esferas que salieron de Costa Rica el siglo pasado lo hicieron en un contexto en el que la arqueología no existía como profesión en el país, cuando había una legislación muy laxa y cuando los coleccionistas eran los que mandaban. No había en ese momento conciencia sobre la necesidad de investigar, proteger, conservar y poner en valor, en términos sociales, el patrimonio arqueológico. Ahora, pasada la primera decada el siglo XXI sí existe esta conciencia. Ojalá que seamos consecuentes y que nuestras actuaciones nos sitúen en un papel diferente al que tuvieron quienes eran amos y señores cuarenta y cinco años atrás.

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NOTA: Inicialmente escribí que las esferas habían exhibidas en el pabellón de América Central junto con otros objetos precolombinos. Sin embargo, al revisar otra documentación corroboré otra información que tenía en la que se indicaba que habían sido expuestas en el Pabellón de la Inter-Americam Highway. Esto lo sospechaba porque quien tramitó la salida de las esferas desde Costa Rica fue Fernando Madrigal, quien lo hizo a nombre de esta empresa. Corrijo el error inicial

Enlaces de interés.

http://www.peabody.harvard.edu/collections

http://harvardmagazine.com/2001/07/ball-of-mystery.html

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Metate para dominguear

Hoy domingo 10 de junio quiero compartir una experiencia placentera, de esas que da la investigación y el trato con el mundo de los objetos arqueológicos. No trata sobre esferas, pero es parte del mundo de la escultura en piedra precolombina del Sur de Costa Rica de la que las esferas son protagonistas.

En el 2007 tuve la gran suerte de estudiar buena parte del conjunto escultórico en piedra del Diquís que se guarda en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR). El Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del MNCR, el departamento encargado de estos depósitos, estaba estrenando sus nuevas instalaciones en la sede de Pavas. Por primera vez después de décadas de condiciones poco adecuadas, se podía apreciar en su real dimensión el vastísimo patrimonio arqueológico en forma de objetos que se venían guardando desde finales del siglo XIX.

Como mi tesis de doctorado está enfocada a todo el conjunto escultórico del Sur de Costa Rica, esferas incluidas, me di a la tarea de localizar en los depósitos del Museo todo lo que tuviera el «estilo» de la escultura del Sur. Caminando y rebuscando me encontré con un objeto que me llamó la atención. Era un metate o piedra de moler que tenía su parte «activa», es decir la parte usada para la molienda, muy gastada, tan gastada que se había agrietado por la delgadez que había alcanzado ante tanto uso.

Metate con cuatro soportes procedente del Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Me gustan los objetos que muestran con claridad el contacto humano, su relación con la vida cotidiana. A pesar de que buscaba las esculturas me acerqué al metate gastado y toqué su superficie pulida en unas partes, más rugosa en otras. Como me llamó la atención lo gastados que estaban sus soportes le di la vuelta para verlos con más detalle. Puesto «patas arriba» me pareció que había un relieve más alto en algunas partes. Toqué la superficie, moví el metate buscando mejor luz y … gran sorpresa, me encontré con una serie de serpientes talladas en alto relieve situadas entre los soportes y la parte central del metate.

Vista del metate «patas arriba» con sus soportes gastados y sus serpientes talladas en alto relieve. Foto: Diego Matarrita

Por suerte para mí, el número de catálogo del metate indicaba que su procedencia era el Pacífico Sur de Costa Rica, así que pude incluirlo en mi estudio. Aunque no fue excavado por científicos ni tiene datos concretos de procedencia, este metate ilustra la combinación de dos mundos: el mundo simbólico y el mundo doméstico. Serpientes escondidas bajos los soportes de un instrumento de molienda usado hasta agotarlo. Ya tenía una buena documentación de metates-efigie con los felinos como motivo, sin embargo este pequeño y sencillo metate me estaba mostrando otra faceta de la cultura material del Diquís.

Me alegro de haberme agachado y de haberle dado vuelta a este metate. A veces, las formas sencillas esconden sorpresas. Quizá mi estudio sobre la escultura en piedra del Sur no cambie significativamente por este objeto, sin embargo revivirlo al estudiarlo trae a la luz    una pequeña parte de la vida de la gente del tiempo de las esferas. No sabremos nunca si la comida preparada con este metate alimentó a los escultores que tallaron a las esferas o si se usó en las celebraciones que implicaba una nueva esfera o una nueva escultura. Sea como sea, la piedra nos sigue dando pedacitos de luz de la gente que ya no está y  que no nos puede contar su historia.

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Magia, pseudo-ciencia, esferas de piedra y patrimonio: mundos incompatibles

En distintas conferencias que he dado a lo largo de casi 20 años he recibido muy buenos y algunos malos comentarios por el enfoque de mis estudios sobre las esferas de piedra precolombinas y los sitios arqueológicos a los que están asociadas.

Uno que siempre recuerdo me señaló que le estaba quitando la magia a las esferas. Que mi enfoque sobre la “materialidad” de las mismas, que la búsqueda de respuestas a través de lo que podía inferir a través de ellas, de sus huellas de fabricación, de sus huellas de uso, de sus alteraciones, de los procesos de trabajo que manifiestan, de la búsqueda de información social, económica y política a través de ellas y de otros objetos asociados, les quitaba todo el sentido místico, les restaba misterio y las situaba en el mundo de los objetos ordinarios.

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita
Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Lejos de ofenderme, ese comentario me alegró y me reafirmó en la tarea que me corresponde como investigadora. Por eso en este blog no hay magia. Porque no hago tratos con magos, adivinos, ni especuladores de la ciencia: su mundo es otro; el mío quizá suene árido y carente de emoción para los que buscan «el descubrimiento» y la develación de los secretos ocultos.

Ese no es mi mundo, y no me interesa estar en él. No es soberbia. Es situar cada cosa en el lugar que le corresponde. Y bajo ninguna circunstancia, salvo que sea para clamar por la protección y el cuido apropiado de eso que hoy definimos como patrimonio arqueológico, se podrán juntar ambos mundos.

Lo que pasa es que a mayor protección y cuido, menos magia. A más sentido de patrimonio, menos magia. Porque eso que llamamos patrimonio se construye en gran medida por el conocimiento, y especialmente por el reconocimiento social de lo que eso representa.

Esfera
Se puede especular sobre las esferas precolombinas y lo sugerente de su forma. Sin embargo, sólo a través del trabajo científico, especializado e interdisciplinario se podrá llegar a encontrar las respuestas que genera estos objetos hechos or manos indígenas. Foto: Diego Matarrita.

Y ese conocimiento no se genera por arte de magia, ni por la especulación; se construye día a día, con esfuerzo, dedicación y trabajo colectivo. El reconocimiento del patrimonio tampoco se da por arte de magia, ni siquiera por una imposición legal.

Es un proceso de toma de conciencia que se construye en la medida en que se constituye en un valor colectivo. Y ahí los relatos de ficción, la pseudo-ciencia y la magia tampoco construyen nada. Al contrario, son una amenaza,  ya que la cizaña de la duda sobre el origen de ese patrimonio es la carne que los alimenta.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla
Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

En el caso de las esferas de piedra los pseudo-científicos y especuladores de la ciencia siembran la duda permanente sobre la capacidad de las antiguas poblaciones indígenas para fabricar las esferas, o insisten en tener una mente abierta que permita «otras interpretaciones» más allá de las interpretaciones que permiten los datos arqueológicos. Esto constituye una amenaza velada sobre el valor patrimonial de estos objetos, y sobre todo lo que está asociado a ellas.

Pini limpiando copia

Así que siguiré en el camino descarnado de algo parecido a la ciencia. Buscando ir más allá de unas formas esféricas casi perfectas porque detrás de ellas hubo gente, y a esa es a la que busco.