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Lo natural y lo creado: de la diferencia entre lo esférico y lo redondeado

Hace unas semanas estuve en Isla del Caño haciendo un pequeño trabajo. Estando ahí, conocí a una agradable pareja de voluntarios alemanes que me ayudaron con varias tareas importantes. Una de estas tareas fue la de fotografiar y documentar los materiales arqueológicos que hay en la isla.

Hoy recibí los archivos con las fotos y el inventario de los materiales arqueológicos que hicieron. Dentro de todo lo que me enviaron encontré una imagen que me gustó mucho. Quiero compartirla porque muestra algo a veces difícil de explicar.

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Esfera precolombina de 38 cm de diámetro junto con canto rodado sin modificar. Isla del Caño. Foto: Andreas Rosenberger.

Esta foto muestra a una de las dos esferas precolombinas que hay en la isla junto con un canto rodado que no ha sido modificado. Ambas rocas fueron llevadas allá en tiempos precolombinos por la gente indígena que vivió ahí. Muy probablemente son rocas extraídas del río Grande de Térraba y de algún afloramiento rocoso  de la Cordillera Costeña, en Osa.

Estos dos piedras muestran algo muy importante: exponen la diferencia entre ser una roca redondeada -en este caso por la acción del arrastre en un río a través de largas distancias junto con otras rocas-,  y ser una roca esférica como resultado del trabajo escultórico.

La esfera es una escultura basada en un canto rodado como el que está a la par u otro tipo de bloque de piedra. En ella hay trabajo, conocimiento e intencionalidad.

El canto rodado es una esfera en potencia. En él también hay trabajo porque fue extraído desde un río y llevado hasta la isla; lo que no se observa son huellas que atestigüen que fue modificado por la acción humana.

La roca redondeada es producto de la naturaleza; la roca esférica es producto de la acción humana. Una lleva a la otra; pero no son lo mismo.

Nota: Para leer mas sobre Isla del Caño y sus ocupaciones precolombinas: El Atlas precolombino de isla del Caño

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Mi profundo agradecimiento a Andreas y Veronica por su gran ayuda y espíritu de colaboración.

 

 

 

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Una señora huetar caminando por Santa Ana

Ayer vi a una señora que conozco desde que yo era niña. Iba caminando por la calle toda pequeñita, un poco tímida, con el pelo negro recogido y con unas bolsas en las manos. No me acuerdo cómo se llama, pero sé que es de apellido Parra, que su familia es de Quitirrisí y que vinieron a vivir a Santa Ana, mi pueblo, desde hace muchos años.

La señora cruzó la calle y le dije a mi hijo: “Esa señora es de los últimos huetares“. Se lo comenté brevemente y le expliqué que todo el Valle Central de Costa Rica y otras partes del país estaba habitado por miles de personas de lengua huetar antes de la conquista española.

Hoy, los huetares son una pocos cientos de personas que viven en el territorio indígena de Zapatón-Quitirrisí, entre Ciudad Colón y Puriscal. Las pacacuas, o pacacas, les dicen por las referencias al cacicazgo de Pacacua que mencionaron los cronistas coloniales. Aislados y reducidos en una tierras quebradas y poco fértiles ahí vive la mayoría de estos descendientes indígenas, privados de su antigua historia y acompañados de escasas palabras de su lengua ancestral, ya desaparecida.

Desde ayer que vi pasar a esa señora no he dejado de pensar en mis propias palabras –“ella es de los últimos huetares”-. Con que facilidad lo dije, a pesar de lo trágico de esas palabras.

Es trágico y terrible que veamos con naturalidad que hayan pueblos que mueren, que desaparecen o que han desaparecido y que sigamos caminado por la calle como si nada pasara. Es terrible que vivamos en el Valle Central, en la Gran Área Metropolitana, sobre el territorio histórico huetar y que no tengamos conciencia de eso.

Nuestra inconsciencia, nuestra intencional falta de memoria histórica, naturaliza hechos de despojo, de violencia y de permanente colonización sobre los pueblos indígenas. Tan violento y permanente es este proceso que los asentamientos antiguos de estos pueblos son destruidos implacablemente por las obras de infraestructura o por saqueo. Y, quizá mucho mas violento todavía es que la cultura material que se conserva de estos pueblos se convirtió en objetos de museos, en piezas de coleccionistas, en objetos del discurso identitario nacional.

Nadie reconoce en los sitios arqueológicos a pueblos indígenas concretos. Y no es porque no tenemos lo nombres de esos pueblos. Es que reconocer en los restos arqueológicos  a pueblos concretos, implica reconocer su historia, sus derechos y, principalmente, reconocer los crímenes cometidos contra ellos.

Cada día estoy mas convencida que la destrucción del patrimonio arqueológico y el marco legal orientado a proteger objetos no tiene que ver únicamente con la deficiencia de la ley. No…esto tiene que ver con la manera en que el colectivo que se define como “costarricense” niega, invisibiliza y sigue en su afán de colonizar a los pueblos indígenas. No cambiamos la obsoleta ley de patrimonio arqueológico, flexibilizamos los procedimientos para no detener el “desarrollo” y seguimos con la idea de pasado como museo y de pueblos indígenas como restos del pasado.

No nos interesa el pasado indígena salvo para exhibir objetos artísticos. No nos interesa ese pasado mas allá de intereses académicos. No nos interesa ese pasado ni este presente indígena, salvo si constituyen un problema para el desarrollo del país.

Ayer vi pasar a una señora que conozco desde niña y que no recuerdo como se llama. Es de las últimas mujeres huetares. Se lo dije a mi hijo y seguimos caminando como si nada.

 

 

 

 

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El Atlas precolombino de isla del Caño

Uno de los mitos clásicos del mundo occidental es el de Atlas. Este titán fue castigado por los dioses a cargar la bóveda celeste infinitamente. Al respecto dice Judith Marquez (http://sobreleyendas.com/2010/11/06/atlas-el-pilar-del-firmamento/) lo siguiente:

“Atlas, el más fuerte de los Titanes, era hijo de Jápeto y Clímene, titán y ninfa respectivamente. Prometeo, su hermano, fue castigado por los dioses por haberles robado el fuego  y llevárselo a los hombres. Su otro hermano, Epitemeo, se casó con la curiosa e imprudente Pandora, la responsable de abrir la caja que contenía todos los males de la humanidad. El tercero, Menecio, murió por un rayo de Zeus y acabó en el Tártaro, el infierno de la Antigüedad.

Cuando los Titanes se rebelaron contra Zeus, fue Atlas quien los lideró, posicionándose a favor de Cronos. Por otra parte, Prometeo y Epimeteo se aliaron con el enemigo. Esta guerra duró diez largos años, al final de los cuales los Titanes fueron derrotados y desterrados al Tártaro. Todos menos Atlas, para el que Zeus, que tenía mente retorcida, preparó una castigo ejemplar: cargar con la bóveda celeste para toda la eternidad y ser responsable del correcto movimiento de las estrellas.”

Atlas cargando la bóveda celeste.

Hace unos días hice una visita a isla del Caño con un grupo de guías de turismo a quienes estaba capacitando en temas de arqueología del Pacífico Sur de Costa Rica. Fuimos a la isla porque, además de su importante riqueza natural, también posee una importante ocupación humana de mas de 3000 años de antigüedad.

Llegamos, nos bajamos del bote y nos registramos con Alfredo y Olger, los guardaparques. Mientras charlábamos y comentábamos con ellos sobre las antiguas ocupaciones indígenas de la isla, Alfredo dijo que nos iba a mostrar algo. Ese algo es lo que podríamos llamar “el Atlas de isla del Caño”.

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Personaje cargando una esfera. Figura modelada en arcilla cocida. Procedencia: isla del Caño. Fotografía cortesía de Flaubert Quirós.

Hasta ahora no había visto ninguna representación de una personaje cargando una esfera. Este hallazgo en isla del Caño es único, a la vez que es muy significativo porque en la isla hay dos esferas que fueron trasladadas desde tierra firme -a mas de 17 kilómetros de distancia- en tiempos precolombinos.

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Esta es la esfera de mayor tamaño que hay en isla del Caño. Está en la parte alta de la isla a una altitud de 100 metros sobre el nivel del mar. Fue trasladada vía marítima y subida a la parte plana de la isla probablemente con mucho esfuerzo. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Erróneamente se insiste en decir que isla del Caño era un lugar usado únicamente como cementerio de gente importante que vivía en tierra firme. Según la versión popular, a la isla llevaban a enterrar a personajes importantes y, en algunos casos, hasta se insiste en decir que era un cementerio sagrado.

Lo que tenemos documentado a través de las investigaciones arqueológicas es que la isla, además de haber sido usada como sitio funerario, fue principalmente un lugar donde vivió gente indígena por mas de 3000 años. Esta antigüedad es muy importante porque indica que se había desarrollado un sistema de navegación que permitía llegar hasta la isla desde las tierras costeras.

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En isla del Caño se encuentra abundantes fragmentos de vasijas de cerámica y objetos de piedra como piedras de moler, fragmentos de esculturas, entre otros. Estos restos son testigos a las antiguas ocupaciones precolombinas. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Los abundantes restos de cerámica, las piedras del río Grande de Térraba dispersas por la parte llana de la isla, los múltiples objetos de piedra y otro restos indican que la gente que vivía ahí mantenía un fuerte vínculo con la gente del delta de Sierpe-Térraba, en Osa, y otros lugares vecinos.

Isla del Caño formó parte del circuito de pueblos con esferas de piedra del Diquís. El gran esfuerzo que supuso subir hasta la parte alta, a 100 metros sobre el nivel del mar, una esfera de mas de 500 kilos muestra que esta filiación era fuerte y relevante.

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En isla del Caño se encuentran diversos restos de objetos de piedra y cerámica, así como  rocas sin modificar extraídas del río Grande de Térraba. Foto cortesía de Flaubert Quirós.

Sabemos que uno de los usos de las esferas es el de elemento de identidad y de afiliación étnica y cultural. No todos los pueblos del sur tenían esferas. De los mas de 1500 sitios arqueológicos registrados en la región, solo en 59 tenemos registros de esferas. Que isla del Caño sea uno de ellos es relevante y es un claro indicio de su filiación cultural.

Hay muchas cosas que decir sobre la arqueología de isla del Caño. Por ahora nos quedamos con que llevaron esferas hasta allá, entre otras cosas, y que alguien decidió plasmar en barro una forma de traslado. Muchas cosas se han perdido en la isla; por dicha ese pequeño fragmento está guardado. Que se quede ahí. Así hay un pretexto para volver.

 

 

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Iluminando la mirada de las esferas de piedra precolombinas

Hace diez años estaba preparando el libro sobre las esferas de piedra precolombinas. En ese tiempo no sabía casi nada de fotografía y pensaba que las fotos ilustraban lo que se decía en un texto.

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Portada del libro “Esferas precolombinas de Costa Rica” publicado en el 2007 por la Fundación de los Museos del Banco Central de Costa Rica gracias al aporte de la empresa Holcim.

No pensaba que la fotografía podía decir algo en sí misma. Mi pensamiento era muy arqueológico y estaba atado a las imágenes de informe de trabajo o de artículo científico; ilustrativa y apegada al contenido escrito.

El libro que estaba preparando permitía poner fotos a color, grandes y libres. Sin embargo, no tenía imágenes potentes para colocar en toda una página o a doble página. Las que tenía eran diapositivas tomadas por mi misma o pedidas en préstamo al Museo Nacional de Costa Rica y a otras instituciones. Eran imágenes de documentación arqueológica, muchas veces tomadas en circunstancias difíciles y con poca destreza técnica

Había contratado a un fotógrafo, sin embargo por falta de experiencia, tiempo y medios el resultado fue muy limitado. En el momento del diseño del libro se necesitaba ilustrar las esferas y lo que tenía eran fotos de esferas planas, sin textura ni volumen. En un arrebato decidí buscar a alguien que me hiciera unas nuevas fotos y lo que me pagaron por hacer el libro lo gasté en el fotógrafo que me recomendaron.

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Esfera del colegio Técnico Profesional de Osa en Palmar Norte. Así lucía en el 2007. Foto: Diego Matarrita.

Debo decir que nunca me arrepentiré de esa decisión porque eso significó no solamente tener fotos hermosas y expresivas, sino que mi mirada cambió y creo que la de otras personas también.

Conocí a Diego Matarrita que se dedicaba a la fotografía comercial y a algunos proyectos de investigación personales. Nos reunimos, hablamos, y a los dos días íbamos rumbo a Osa llenos de equipo de fotografía y acompañados de un asistente, algo que me sorprendió porque en mi ignorancia me parecía innecesario.

Yo le pedí a Diego que las esferas mostraran texturas, color y el entorno. Decidimos hacer fotos de noche e iluminarlas. Supongo que para los conocedores eso es elemental; sin embargo desde nuestra arqueología esto no era habitual, salvo para los montajes de las exposiciones internacionales de piezas extraordinarias.

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Esfera en el jardín de Hacienda Victoria, osa. Foto: Diego Matarrita.

En tres días hicimos un trabajo enorme, a pesar de la lluvia y de la complicada logística que implica trabajar en el campo. Los resultados fueron hermosos y el libro de las esferas pudo tener varias fotos primorosamente hechas

Curiosamente, dos las imágenes causaron el disgusto inicial de una de las personas involucradas en el proyecto de edición del libro.

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Perfil de la esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Esa persona manifestó que esas fotos eran poco científicas. Que llevaban a otras interpretaciones de las esferas y que esa no era la intención del libro. Eran fotos que insinuaban cosas pseudo-científicas que le podían dar alas a los especuladores de las esferas. A mi me sorprendió esa reacción y me enojó, debo decirlo.

Ahora lo veo en perspectiva y entiendo que estábamos entrando a otro lenguaje, a otra manera de comunicar y eso no era habitual. Al final siempre pusimos las fotos en el libro y fueron muy apreciadas. El diseñador las usó en la portada y contraportada y su diseño fue todo un éxito.

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Esfera de la Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita.

Hoy he tenido ganas de escribir esto porque he estado pensando en las miradas que tenemos sobre las cosas y cómo las construimos. También, he estado pensando en cómo otras miradas nos limitan y nos impiden conocer otras facetas de las cosas. Igualmente, he pensado en todo lo que nos enriquecen otras miradas y cómo descubrimos otros sentidos en las cosas desde otro crisol.

Ver las esferas de noche e iluminadas nos mostró otra faceta de ellas. Nos permitió imaginarlas desde otras miradas. Quizá eso no sea arqueología, y la verdad es que tampoco es tan importante si no lo es. A fin de cuentas alguna libertad podemos darnos de vez en cuando. Es que si no todo se vuelve muy aburrido.

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Don Rodolfo Rojas y los hombres que cargan a otros en hombros

José Luis Amador ha anunciado la re-edición del libro “Así era Curré: Una visión de la comunidad indígena de Curré de principios del Siglo XX hasta la década de los años 50″. El autor es don Rodolfo Rojas, quien ha vivido en Curré desde siempre.

Rey Curré, Curré o Yimba Cájc está ubicado en la provincia de Puntarenas, en la Zona Sur de Costa Rica. Constituye un lugar especial en la arqueología por su larga historia de ocupación humana, ya que a lo largo de unos 3.500 años ha habido gente indígena viviendo en esa ancha terraza aluvial formada por el río Grande de Térraba.

Hace unos años me encontré a don Rodolfo en una parada de bus en Buenos Aires- de Puntarenas, no de Argentina- y me enseñó el libro. Lo llevaba en una bolsita de plástico muy bien cuidado y como yo no lo tenía le dije que se lo compraba. Aceptó vendérmelo y en una rápida transacción me lo dio y apenas pude pagarle una parte porque mi bus iba saliendo a toda prisa.

Ya sentada en el bus lo abrí y lo leí de un tirón. Disfruté, aprendí y, principalmente, aprecié el esfuerzo de don Rodolfo por transmitir lo que sabía sobre su historia y la de su pueblo.

Hoy he recordado algo que él escribió y que me gustaría compartir por dos razones: la primera es que hace referencia a una práctica que fue común en sociedades en las que el dinero no era la forma de pago, ni el elemento determinante en las relaciones sociales porque no existía. La segunda es porque hay unas esculturas en piedra antiguas que de alguna manera rememoran lo que él cuenta.

Transcribo el capítulo del libro de don Rodolfo que trata sobre  “las juntas” y dice lo siguiente:

“Es muy común la realización de juntas o peonadas. Esto consistía en que, si a un vecino le era posible ofrecer alimentación a cincuenta o sesenta peones, invitaba esa cantidad de personas para un sábado, a trabajar en la preparación de un terreno para sembrar. Ese día los peones gozaban de desayuno, almuerzo, y cena, además de la chicha y baile durante la noche. A esto se le llamaba “juntas”.

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Gran parte de la historia de la humanidad se caracteriza por el trabajo conjunto. Las juntas, “mano-vuelta” y otras formas de trabajo colaborativo como la “jala de piedra” de Talamanca son prácticas ancestrales vitales  para los pueblos indígenas. Foto: Ricado Araya.

“Tanto en las juntas como en las peonadas, que eran de menos cantidad de peones, era muy divertido, pues en el trabajo todos salomaban a tono, decían versos, trabajaban compitiendo en grupos, a ver cual salía antes al fin del corte. Durante el trabajo las “agüeras” deberían andar detrás, o mas bien, delante de los trabajadores, para ofrecerles chicha, así como el almuerzo. En horas de la tarde, cuando el patrón daba hora de salida, todos en forma unida, regresaban a casa del patrón o dueño de la actividad y del trabajo. A unos 200 metros antes de llegar a la casa o lugar de la fiesta, se buscaba un participante que soportara el peso del patrón para llevarlo en hombros hasta su casa. Este hombre con su semejante a cuestas, era rodeado por los participantes, los que a un tono salomaban a mas no dar, acompañados del acordeón. Al entrar al solar de la casa, el patrón era recibido por mujeres que le hacían entrega de banderines, un muñeco de masa llamado almojabano y bienmesabe (masa dulce con leche). Este hombre con su patrón al hombro, tenía que bailar al compás del acordeón un punto y una cumbia que eran las músicas más comunes para los nativos. El patrón y sus participantes bailaban, antes de que se diera por concluida la llegada, posteriormente procedían a la comida, luego se iban para su casa para prepararse para el baile, en el que bailarían hasta altas horas de la madrugada.”

Es interesante esto que relata don Rodolfo sobre el patrón en hombros de uno de los peones. Cuando leí su texto me acordé de unas esculturas muy singulares de la misma región histórica de la que forma parte Curré y el pueblo bruncaj. Son las esculturas de Barriles, un importante sitio arqueológico ubicado en el lado panameño, cerca de la frontera con Costa Rica.

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Estatua del sitio Barriles, Panamá. Foto: Tomás Mendizabal.

Estas esculturas fueron encontradas a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. Eran varias, unas dobles -de hombre sentado sobre otro- o individuales, y todas ellas estaban rotas, casi que mutiladas- cuando las encontraron.

Son representaciones de personas de tamaño natural. Las estatuas dobles muestran una clara jerarquía y relación de poder: el que está arriba lleva sombrero cónico, colgantes y, en algunos casos una cabeza trofeo en una mano y un hacha en la otra. Por estar tan arriba estos hombres tienen la mirada dirigida hacia abajo. En el caso del que lo sostiene no tiene ninguno de estos elementos; mas bien sus manos están ocupadas en sostener las piernas del que se posa sobre él.

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Escultura del sitio Barriles con hombre sentado sobre otros. El de arriba lleva una cabeza trofeo y un hacha en sus manos.

Estas esculturas fueron hechas hace unos 1.500 años, casi al mismo tiempo que las primeras esferas de piedra. Este tipo de representación no permeó en la región; mas bien fueron de distribución muy restringida, e irónicamente fueron rotas y enterradas y no se reprodujeron tiempo después.

Como vivo mezclando ideas, recordé una escultura reciente mientras escribía este texto. Se llama Piggyback Justitia y es una obra del danés  Jens Galschiøt.

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Es el mismo concepto aunque con otro sentido. Pasado y presente siempre se unen de alguna manera. Nadie diría que la estatuaria Barriles y el relato de don Rodolfo tienen algo que ver con este danés de extraño nombre. Pero sí: la desigualdad, el poder, el uno sobre otro. Esa injusticia en lo que se convirtió una forma inicial de trabajo colaborativo. Esa injusticia basada en la violencia que ha sido legitimada a través de la historia como si fuera natural.

A veces hay que romper las estatuas; quitarse de encima a quien se cree con derecho de sentarse sobre los hombros de otros. En Barriles lo hicieron, probablemente. De esa historia hay que aprender.

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Por si le interesa saber algo mas sobre el sitio Barriles y sus singulares esculturas en piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2012/08/10/un-metate-excepcional-del-sitio-barriles-o-cuando-la-escultura-en-piedra-no-tiene-limites/

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Extraño personaje de piedra con bastones y serpientes

Actualmente tenemos una visión muy simple sobre los especialistas en el mundo indígena. Mucha gente habla sobre chamanes o sukias para referirse a las personas dedicadas a la medicina tradicional y a las labores relacionadas con el mundo espiritual. También se habla de los caciques para designar a quienes ocupan un rol importante en términos políticos y económicos. Sin embargo, el mundo de los especialistas indígenas y sus roles en la organización política, económica y social ha sido, y es, mucho mas compleja de lo que pensamos.

Ayer leí un artículo que escribió la antropóloga María Eugenia Bozzolli donde habla sobre los cargos tradicionales entre los indígenas bribris. El artículo se llama La posición social entre los especialistas en la medicina aborigen de Talamanca y es un interesante texto donde explica los diferentes cargos y su relación con la jerarquía social. Habla sobre los seis tipos de cargos conocidos ( Useköl, Jtösköl, BLu’, Awá, BikakLa, y Óköm), los procesos de aprendizaje por el que pasan para acceder a estos cargos, sus rasgos característicos y cómo se diferencian en sus tareas uno del otro.

Antonio Saldaña (izquierda) fue rey de Talamanca por 30 años.
Antonio Saldaña, último “rey” de Talamanca con un bastón en su mano y un colgante con águilas de oro.

 Un elemento muy relevante de lo que menciona doña María Eugenia es el uso de bastones por algunos de ellos, especialmente los de mayor rango. El uso de bastones es algo universal en términos de la materialización de poder y los especialistas talamanqueños no son la excepción en su uso.

Entre los talamanqueños, los bastones son objetos eminentemente masculinos. Hechos de madera por ellos mismos, muchas veces son pintados y usados como portadores de relatos o de atrapador de seres como los que provocan las enfermedades. Los bastones ayudan a los especialistas en sus prácticas rituales y los acompañan a donde van denotando su cargo.

En el mundo talamanqueño existe un estrecho vínculo entre los bastones que llevan en sus manos los especialistas y las serpientes. Estos objetos no se pueden poner en el suelo porque se convierten en serpientes peligrosas que causan daño. Sobre esto existen varias historias que los etnógrafos, como doña María Eugenia, han recopilado y que son el sustento de la cosmovisiçon bribri y cabécar,

Después de leer el artícuo de doña María Eugenia me acordé de una de las esculturas del Diquís que mas me ha impresionado. Aquí les comparto fotos de ellas.

Esta escultura forma parte de la extraordinaria colección de objetos que resguarda el Museo Nacional de Costa Rica en sus depósitos. No tiene datos de procedencia precisos, pero está registrada como del Diquís.

Su cabeza es redondeada y no tiene pelo. El rostro es una mezcla de humano y de saurio o felino. Tiene grandes y notorios dientes y boca; sus labios son gruesos y están claramente marcados. Probablemente tuvo colmillos pero esa parte de la boca se perdió antiguamente.

Este personaje tiene orejas que son inexpresivas cabezas humanas hechas mediante un prominente alto-relieve.

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De su cabeza, en la parte dorsal, y como si fuera una cesta por la larga banda que lo rodea, cuelga un ser humano con los piernas hacia arriba. Las piernas semi-dobladas se apoyan sobre la cabeza del personaje. La cabeza del ser colgado, que es desproporcionadamente grande, se apoya en la espalda del cargador.

Está escultura parece corresponder a un cazador con su presa: una presa humana que cuelga mientras él sostiene los bastones /serpientes en sus manos. Probablemente corresponda a un personaje mítico del que no sabemos nada, porque esta tradición escultórica no tiene un correlato etnográfico.

Esta escultura es muy  singular aparte de sus características formales por otras dos cosas. Una de ellas es que tiene restos de pigmentos de color crema y rojo lo que indica que estuvo pintada. Además, en la parte de la cara que perdió hicieron un retoque para afinar los puntos angulosos de la fractura. Esto indica que la escultura se siguió usando a pesar de “haberse dañado“.

No podemos interpretar esta escultura del Diquís dentro del contexto etnográfico bribri o cabécar de la Cordillera de Talamanca. Sabemos que las cosmovisiones indígenas del sur de Centroamérica tienen un sustrato común y por eso podemos relacionarlas. Es muy probable que esta práctica de uso de bastones y la simbología de las serpientes corresponda a una antigua cosmovisión que los talamanqueños todavía mantienen.

En el delta del Diquís tenemos objetos de piedra que nos recuerdan lo que pudo haber sido esa cosmovisión. Esta escultura es un buen recordatorio y una muestra de la piedra domesticada mediante el trabajo escultórico que nos dice cosas del pasado que nos llegan fragmentadas. Por suerte, doña María Eugenia con su trabajo nos ayuda a entender mejor este pasado.

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Nota: el artículo que menciono de doña María Eugenia Bozzoli está publicado en el libro: La mirada antropológica de María Eugenia Bozzoli 1960-1985. Editorial UNED. 2015. Este libro contiene diversas publicaciones de ella que fueron recopilados por Olga Echeverría y Margarita Bolaños en un esfuerzo por poner a disposición de todos la obra  de la gran pionera de la antropología de Costa Rica. Los invito a que lo adquieran y disfruten y aprendan del aporte de esta gran señora.
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Conocer para defender, cantar para celebrar, luchar para conservar

El pasado sábado 24 de junio celebré los tres años de la declaratoria de patrimonio mundial de los sitios con esferas de piedra del Diquís de una manera especial. Me fui de tour con un grupo de gente que vive sobre y alrededor de la antigua Finca 4, uno de los sitios arqueológicos con esferas de piedra mas importantes de Osa.

Primero fuimos a la quebrada Olla Cero donde están los bloques naturales de gabro y que pudo haber sido uno de los puntos de extracción de materia prima para fabricar las esferas.

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Recorrido entre los bloques de piedra de la quebrada Olla Cero. Foto: Gorka Izurzu.

Entre los bloques de piedra hablamos sobre los sistemas de traslado de las esferas, los problemas que enfrentaron los indígenas para moverlos y los criterios de selección para hacer las esferas de gran tamaño. Hablamos sobre tecnología, saberes ancestrales y organización del trabajo. Se sorprendieron de que en el tiempo en que hicieron los esferas, los indígenas no tenían ni caballos, ni bueyes ni carretas para trasladarlas. Todo, en esa época, era a pura fuerza humana e ingenio y, principalmente, buena organización del trabajo.

En medio de tanta explicación técnica, hubo espacio para el tambor y la guitarra y para cantar a viva voz entre las piedras y los árboles

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Cantando después de una larga explicación. Foto: Gorka Izurzu.

Después de Olla Cero nos fuimos a ver el sitio El Silencio y su gran esfera. Palabras de admiración, tristeza, silencio…, de todo brotó mientras veían por primera vez la mas grande de todas: la esfera emblema… la mas afectada y enferma de todas.

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Esfera del sitio El Silencio. Foto: Gorka Izurzu.

Estaban sorprendidos por el tamaño de la esfera y dolidos al ver las profundas huellas que han quedado por la perdida de fragmentos que dejan los cambios bruscos de temperatura. Practicaron la palabra exfoliación que les enseñé para que enriquecieran el vocabulario. Se disgustaron por lo feo de la estructura construida con hierro alrededor de la esfera y por la falta de información y de protección para la esfera y su entorno.

De El Silencio nos fuimos al sitio Grijalba. Aprovechamos la carretera de acceso, la zona de parqueo recién construida y el nuevo sendero para llegar a la zona de estructuras precolombinas. Caminamos con cuidado entre las piedras; jugamos a estar dentro y fuera de cada vivienda, de movernos entre las áreas de paso entre estructuras que se marcan por los desniveles.

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Recorrido entre las estructuras habitacionales del sitio arqueológico Grijalba. Foto: Gorka Izurzu.

Subimos al mirador, es decir la loma desde donde se puede ver todo el conjunto arquitectónico y desde ahí probamos la acústica maravillosa del sitio. Fabian y Juan tocaron el tambor y la guitarra y cantaron. Arriba los escuchábamos como si los tuviéramos a la par. Sonrisas, asombro, alegría y emoción por el sonido, por el almuerzo al aire libre, por estar ahí.

Desde el primer momento todos se enamoraron del sitio Grijalba. Estar en un pueblo antiguo, ver las bases de las casas, los dos montículos, el terreno modificado para adaptarlo  a lo que necesitaban. Todo era motivo de comentario. Algunos querían irse a vivir ahí, otros se extrañaban de no haber conocido este lugar antes.

Fuimos a ver la esfera semi-enterrada. Discutimos sobre el estado de conservación y me preguntaron porqué estaba así; si se iba a romper del todo, si esas grietas se harían mas grandes. Fue una sesión intensa sobre lo que implica una declaratoria de patrimonio mundial en términos de la conservación y restauración.

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La esfera del sitio Grijalba se encuentra muy deteriorara por grietas y fisuras que la cruzan en distintas direcciones. Foto Diego Matarrita, 2015.

Después del agradable rato en Grijalba nos fuimos al sitio Batambal. Fue llegar y ver cabezas y cuerpos girando. La perspectiva de 360º fue la gran sorpresa. Ver el delta en toda su extensión, isla Violín, isla del Caño, las serranías de Osa, el puente del río Térraba, la fila Grisera. ¡Todo desde un mismo punto con solo girar el cuerpo! También se enamoraron de Batambal.

Hablamos de lo extraño que es el sitio en su configuración, salieron hipótesis acerca de su ubicación estratégica, se imaginaron el delta inundado por una crecida del río y la gente de la llanura refugiada en esa loma. Hablamos sobre el mito de las esferas dinamitadas, que no es mas que mito porque hasta ahora no se ha encontrado ninguna evidencia sobre esto.

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Recorrido entre las esferas y las estructuras arquitectónicas del sitio Batambal. Foto: Gorka Izurzu.

Después de caminar, hablar e imaginar vino el acto revolucionario del tour. De espaldas al delta y con una gran manta en la mano se hizo la fotografía del grupo. Una fotografía con un mensaje claro: una fotografía para decirle No a la expansión de las plantaciones de piña hacia Osa y Sí al patrimonio arqueológico. Todo esto estuvo matizado por música, manos levantadas y espíritu guerrero.

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La foto de grupo desde el sitio Batambal.Foto: Gorka Izurzu.

Ya teníamos muchas horas de recorrido y la energía del grupo seguía intacta, o mas bien se había despertado. Nos fuimos al parque de Palmar Sur a ver esferas. Aunque no están en su lugar original se puede aprender mucho de ellas y eso lo aprovechamos. Pudimos tocar, sentir, percibir la forma esférica, las texturas, los cambios de coloración.

La esfera estrella fue la fabricada en caliza. Para ellos, era sorprendente ver una esfera blanca y mas sorprendente era descubrir los fósiles de conchas y ver los cortes y pulidos que tuvieron que hacer los indígenas para que quedara esférica.

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Esfera de caliza colocada en 1999 en el parque de Palmar Sur. Aunque el perro orine sobre ella, no es el culpable de las irregularidades que presenta. Foto: I. Quintanilla,

Las esferas de caliza que se conocen provienen de Finca 4, el sitio arqueológico sobre el que vive la mayoría de ellos. En 1996 tuvimos que mover seis de ellas a una esquina, a la orilla de la carretera que conduce a Sierpe. Se hizo para protegerlas de las actividades agrícolas. Hace unas semanas el Museo Nacional trasladó cuatro de ellas a Finca 6 y eso generó gran molestia entre los vecinos.

Hubo denuncia pública, cruce de acusaciones, disculpas de la directora del Museo Nacional por no haber informado a la comunidad. Entre el grupo que me acompañaba estaba la persona que denunció y se plantó ante el traslado. Se lo agradecí. Le comenté que esa acción había generado conciencia de la importancia de informar y coordinar. Que estaba en su derecho de protestar. Me sonrió levemente y bajó la cabeza.

Dice Fabian, quien nos acompañó con su tambor y su voz, que las luchas hay que hacerlas con alegría. Que hay que cantar mientras se defiende. Nunca había hecho un viaje tan alegre, tan emotivo y tan lleno de esperanza como este del 24 de junio.

tour esferas palmar sur
Recorrido final por Palmar Sur. Foto: Gorka Izurzu.

Enseñar para que puedan defender. Compartir para luchar con mas fuerza. Así hay que celebrar que en el delta del Diquís hay un sitio de patrimonio mundial cultural de la UNESCO. Así hay que celebrar que la comunidad de Osa pertenece a un lugar donde hay una historia antigua que ha sido reconocida como de gran valor para toda la humanidad.

Esta gente de Finca Changuena y Finca Térraba, de Cootraosa tienen años de estar luchando por tierra y por vivir dignamente como campesinos. Ahora tienen otra lucha más: cuidar y defender el patrimonio arqueológico. Lo van a hacer mejor que nadie porque saben lo que es luchar. Y ya tienen canciones para cantar cuando sea necesario salir a la calle.

 

 

 

 

 

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¿Quién paga los platos rotos? Acerca del pago por el rescate arqueológico

Crecí en la arqueología escuchando y viviendo las palabras “rescate arqueológico“. Mi primer trabajo fue en un rescate: había que recuperar, salvar e investigar el sitio Aguacaliente en vista de que iban a construir una urbanización. En esos años -1983- todavía no había una ley del ambiente, ni una Secretaria Técnica Nacional Ambiental (SETENA).

El Monumento Nacional Guayabo fue hasta hace poco el único sitio arqueológico de uso público. No ha sido política cultural de Costa Rica investigar, conservar y hacer de uso público los sitios arqueológicos. Foto: I.Quintanilla.

Había una ley que sigue estando vigente -la 6703- que dice que hay que avisar al Museo Nacional de Costa Rica cuando se encuentre un sitio arqueológico. El MNCR tiene 10 días para decidir qué hacer con ese sitio, especialmente si está en riesgo por saqueo o por obras de infraestructura. Casi siempre, cuando se determina que hay “riesgo de destrucción” se hace un rescate arqueológico.

Pero, ¿qué es un rescate, un salvamento arqueológico? Un rescate se hace a través de una serie de operaciones de campo orientadas a recuperar la evidencia cultural en riesgo. Se ejecuta por medio de excavaciones en las que se recolecta la mayor cantidad de material arqueológico, se documentan los distintos contextos y, al final, se da el visto bueno para cubrir o para arrasar el terreno. En unos pocos casos se dejan sectores en “reserva“, los que no pueden ser afectados por las obras de infraestructura.

A mediados de los años 90 del siglo pasado se aprobó la Ley del Ambiente y se creó la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA). Sin que desde la arqueología se hubiera pedido, se incluyó la variable arqueológica en los novedosos estudios de impacto ambiental. El desarrollador tendría que pagar por los estudios y la SETENA aprobaría la viabilidad del proyecto, a partir de la información técnica proporcionada por distintos especialistas.

Muchos sitios arqueológico de Costa Rica tienen a los fragmentos cerámicos como su principal indicador.

Por primera vez, iríamos antes que los tractores. Por primera vez se pedía opinión técnica sobre el valor de un sitio arqueológico y se generaban medidas para investigarlo, protegerlo -si era el caso- y para recuperar los restos sin la presión de máquinas, obreros e ingenieros.

Desde 1996 hasta la fecha, o sea desde hace 20 años, se han aprobado cientos o quizá miles de proyectos de infraestructura a lo largo y ancho del país. No sé decir en este momento cuántos sitios arqueológicos se han localizado. Tampoco sabría decir cuántos se salvaron, o cuántos han sido rescatados. Eso es tema de estudio para una tesis doctoral.

Lo que si sé es que a lo largo de estos años el patrimonio arqueológico de Costa Rica se ha salvado sacrificándolo. Suena a tragedia griega, y lo es. No griega, pero si tragedia en el sentido de que gran parte de lo que se ha investigado ha sido a costa de extraer para “liberar“.

Liberar“. La palabra que muchos evitan pero que está latente en todo lo que gira alrededor de las inspecciones, evaluaciones o rescates arqueológicos. Liberamos para que se puedan desarrollar los proyectos de desarrollo. Liberamos para no limitar la propiedad privada. “Liberamos”, o nos liberamos del patrimonio arqueológico. Limpiamos el suelo de restos; limpiamos el pasado para que otros construyan un presente y un futuro.

Supongo que estoy en crisis existencial. Sé que si quiero hacer arqueología de campo también tengo que ir a liberar. Cual trágica Ifigenia, en lugar de sacrificar a los extranjeros que llegan a la isla, debo ser participe del sacrificio patrimonial. Y eso duele.

Por mucho tiempo hemos estado convencidos de que por lo menos llegamos antes. Estamos convencidos de que por lo menos las empresas o las instituciones de gobierno pagan para que salvemos el patrimonio. Estamos convencidos de que con guardar lo que recogemos es suficiente.

¿Es suficiente?

No… no es suficiente. Al contrario: ya es momento de decir ¡basta! Basta de entregar, basta de fragmentar el patrimonio; basta de destruir lo que no es nuestro bajo la legitimidad profesional y un marco legal al servicio de un modelo económico depredador.

Cada día los depósitos del Museo Nacional aumentan. Cajas y cajas de patrimonio salvado, rescatado. Cajas y cajas con restos de pueblos, de gente, de cosas de esa gente. Cajas que son cuidadas, numeradas y mantenidas mediante nuevos rituales de cuido y devoción profesional.

Cada día hay mas informes técnicos; cada día hay mas información. Proporcional a ese aumento es la perdida de sitios arqueológicos. Sitios que ya nunca más volverán a ser. Lugares habitados, ocupados, creados, construidos, pensados, adaptados que ya dejan de ser espacios con sustancia social e histórica para convertirse en esqueletos vacíos de los que quedan solo las piedras.

Sin conservación in situ, con demarcación de “reservas arqueológicas” sin marco legal para protegerlas y ponerlas en valor, sin mecanismos para un seguimiento a mediano y largo plazo. ¿Qué estamos haciendo? ¿Somos mejores que los antiguos saqueadores? ¿Estamos realmente protegiendo, investigando y poniendo en valor la historia antigua? O, ¿no será que el sistema nos convirtió en técnicos especializados en la limpieza/vaciamiento del patrimonio?

Sé que desde la academia o pseudo-academia muchos se lavarán las manos diciendo que no hacen “arqueología gris“. Que no están en función del sistema. Pero ¿es así? Todos somos participes de este sacrificio. Por mirar hacia otro lado; por complicidad; por lucro; por negligencia; por egoísmo; por falta de visión; por creer que cumplen lo que la ley dice.

¿Quién paga el sacrificio patrimonial? ¿Porqué nos importa tan poco lo que estamos haciendo? ¿Por qué los desarrolladores contratan a arqueólogos baratos? ¿Por qué los arqueólogos se abaratan?¿Por qué piden descuentos para quitar de ahí lo que les obstaculiza sus proyectos? ¿Por qué tanta complacencia y tan poco interés en ir más allá, en buscar nuevas manera de hacer arqueología?

Proteger no es extraer para guardar. No puede significar despojo para las comunidades locales. No puede ser solo escribir un informe, catalogar los objetos y almacenarlos. Se necesita comunicar lo estudiado, mostrar la importancia de los hallazgos, socializar el conocimiento generado por esos estudios.

Debemos pensar y analizar lo que estamos haciendo con ese legado antiguo. Nada nos da legitimidad para ser sus depredadores. Y esto no es problema de los arqueólogos: no es un problema gremial. Esto es problema de un país sin memoria, que niega su historia indígena. Si la historia indígena nos importara como país, como parte de la historia nuestra y de la humanidad,quizá actuaríamos de manera diferente.

Creo que en última instancia seguimos en el proceso colonizador. Seguimos borrando la historia profunda que no es otra que la historia indígena. La metemos en cajas o exhibimos las piezas bonitas y estamos felices y orgullosos de ello.

Creo que ya es momento de decir ¡basta!, ¡suficiente! ¡paremos! ¡pensemos! no tenemos derecho a seguir haciendo lo que hacemos con eso que llamamos patrimonio arqueológico nacional.

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¿Qué es un D1 de arqueología y cómo determina las decisiones sobre el patrimonio de Costa Rica?

Hace pocas semanas la Secretaria Técnica Nacional (SETENA) aprobó la viabilidad de una nueva plantación de piña en el delta del Diquís a la empresa PINDECO. En este delta y en sus alrededores inmediatos se localizan las cuatro propiedades que conforman el sitio de patrimonio mundial de la UNESCO denominado “Los Asentamientos Cacicales Precolombinos con esferas de piedra del Diquís, Costa Rica“. En el mismo delta está el humedal de Sierpe-Térraba, un sitio RAMSAR, que es la máxima categoría otorgada a un humedal. Independientemente de estas declaratorias, el delta y sus alrededores son de gran riqueza natural, cultural e histórica.

La viabilidad ambiental para la siembra de 600 hectáreas de piña en el delta del Diquís plantea una serie de dudas acerca del instrumento usado para otorgar esta viabilidad. En términos de la SETENA este instrumento se conoce como D1. El mismo se compone de distintos D1 de varios campos. En vista de que el D1 de arqueología presentado adolece de una serie de deficiencias que hubieran permitido una valoración mas objetiva de las implicaciones de esta plantación extensiva, he escrito el siguiente texto.

Es para quienes quieran saber más y entender que es un D1 de arqueología y sus implicaciones.

¿Qué es un D1 de arqueología? Una breve explicación

 

La viabilidad ambiental del componente arqueológico en un proyecto que se presenta a la SETENA se da a partir de un D1. En términos de procedimientos, el D1 de arqueología es una valoración sobre la presencia, o no, de restos arqueológicos de origen precolombino en el área del proyecto. Con esta valoración se emiten recomendaciones sea para decir que no hay impedimentos para el proyecto o si se deben llevar a cabo acciones para investigar, proteger o rescatar patrimonio arqueológico que será afectado por el mismo.

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El delta del Diquís posee una riqueza arqueológica extraordinaria. Entre los sedimentos aluviales y a lo largo de mas de 900 hectáreas hay restos de los lugares de habitación, de enterramiento, de los espacios de uso público, de caminos, esferas de piedra y otros elementos de gran valor histórico y cultural. Muro de un montículo precolombino del sitio  Finca 4.

El D1 de arqueología lo desarrolla un profesional contratado directamente por el desarrollador del proyecto. En principio, el D1 de arqueología implica una visita al área del proyecto, la revisión de la base de datos oficial sobre sitios arqueológicos de Costa Rica – http://origenes.museocostarica.go.cr/ y la revisión bibliográfica del área. A partir de esto se rellena el formulario, se redacta un informe con la información ampliada del formulario y se emiten una serie de recomendaciones que se integran al D1 general que se le presenta a la SETENA.

Con la visita al campo se determina si hay restos arqueológicos visibles en superficie. Esta visita no está regulada por la Comisión Arqueológica Nacional (CAN), que es el ente que regula la investigación en el país y que vela por el cumplimiento de la ley 6703 de patrimonio arqueológico. La metodología que se seguirá en el campo para inspeccionar el terreno la determina el mismo profesional contratado. En principio, no se contempla el desarrollo de excavaciones de prueba para conocer lo que hay en el subsuelo, sin embargo algunos profesionales lo hacen. Esto es algo que ha estado bajo discusión, porque de hacerse remociones de suelo para estudiar el subsuelo se debería de contar con una propuesta aprobada por la CAN.

La inspección de campo para un D1 no establece un límite en cuanto a la intensidad de la inspección, el tamaño del área a abarcar, ni del tipo de muestreo. Asimismo, se realiza de manera indistinta para un proyecto a desarrollar en un área de 100 m² o en otro de 600 000 m². Depende absolutamente del criterio del profesional contratado qué se hace, o no, para determinar y valorar la presencia de restos arqueológicos.

La revisión en la base de datos Orígenes del MNCR consiste en verificar si hay sitios arqueológicos registrados previamente en esta base de datos oficial. Orígenes permite visualizar y obtener información básica sobre los sitios arqueológicos documentados desde el siglo XIX hasta el presente. Es información recabada a partir de distintas fuentes. En los últimos 30 años se formalizó el formulario de registro de sitios arqueológicos de Costa Rica que constituye la base de información de este portal al que se accede a través de Internet.

Es importante señalar que Orígenes presenta un serio problema en el sentido de que indica la presencia de los sitios arqueológicos a partir de un punto situado en unas coordenadas puntuales (ver Figura 1). No se da una indicación en términos de una poligonal que muestra el área que abarca el sitio arqueológico. Por lo tanto, esta base de datos es solo una guía y se requiere obligatoriamente hacer una revisión bibliográfica de los informes o publicaciones del área para conocer la extensión de los yacimientos, sus características, su importancia, su estado de conservación y otra información relevante para valorarlo.

hoja Changuena copia

Fig. 1: Hoja topográfica Changuena, escala 1:50 000. Cada punto de color amarillo representa un sitio arqueológico registrado en la Base de datos Orígenes del Museo Nacional de Costa Rica. Tomado de : http://origenes.museocostarica.go.cr/busquedaMapaIndex.aspx

Por otra parte, Orígenes ofrece información de sitios arqueológicos registrados hace 100 años, 50, o en el 2016. Muchos de los sitios registrados, especialmente los más antiguos, adolecen de datos acerca de su ubicación precisa. Su ubicación en los mapas de consulta muchas veces es aproximada y, en la mayoría de los casos, no se ha corroborado con una visita de campo. En este sentido, Orígenes es una guía y no puede ser considerado un criterio absoluto para descartar, o no, la presencia de sitios arqueológicos en un área específica.

La tercer acción de un D1 es la revisión bibliográfica exhaustiva del área de impacto inmediato y sus alrededores. Ante las carencias de la base de datos Orígenes esta acción es fundamental. Esta revisión generalmente se lleva a cabo mediante solicitud de acceso a los informes de investigación, de inspección o de denuncias que resguarda el Departamento de Antropología e Historia (DAH) del MNCR. Este departamento es la base de consulta oficial de la documentación sobre sitios arqueológicos del país.

A la fecha es muy limitada la cantidad de publicaciones sobre sitios arqueológicos y las investigaciones que se han realizado en ellos. Para poder caracterizar un sitio arqueológico, o varios, dentro de un área puntual se requiere consultar la documentación que resguarda el DAH. Esto es fundamental en los casos en los que el proyecto impacta áreas de tamaño significativo que afectan varios sitios arqueológicos, su paisaje y su entorno socio-cultural.

Distribución sitios arqueológicos Delta Sur copiaFig. 2: La consulta a los informes de trabajo y a otra documentación concerniente a los sitios arqueológicos investigados en el país es fundamental. Este ejemplo muestra la extensión de las áreas con restos arqueológicos en el sector Palmar Sur-Sierpe. Desde la base de datos Orígenes no se puede visualizar el detalle que si ofrecen los informes de trabajo específicos. Figura tomada http://www.diquis.go.cr/investigaciones/Informe.Investigacion.Arqueologica.Delta.del.Diquis.(Temporada.2011-2012).pdf

Como resultado de las tres fases anteriores, el profesional contratado rellena el formulario del D1 de arqueología. Este es un formulario muy básico. Consiste en una guía para determinar si hay, o no, presencia arqueológica en el área de impacto del proyecto. Asimismo, se dan las recomendaciones acerca de si no hay impedimentos arqueológicos, o de si es necesario realizar acciones posteriores (evaluación arqueológica, la supervisión de movimientos de tierra, entre otras).

Los criterios para determinar las acciones concernientes al componente arqueológico lo determina el profesional contratado. Las decisiones y recomendaciones de este profesional no son evaluadas por ningún ente de competencia sobre el patrimonio (CAN, MNCR). En caso de que recomiende una evaluación arqueológica y se lleven a cabo otras acciones de rescate arqueológico, demarcación de áreas a proteger, traslado de bienes muebles (petroglifos, esferas, por ejemplo) entonces si se incorporan el Museo Nacional de Costa Rica y la Comisión Nacional Arqueológica.

El D1 en arqueología es la principal herramienta para la toma de decisiones sobre uno o un conjunto de sitios arqueológicos que serán afectados por una obra de infraestructura. El destino del patrimonio arqueológico del país se define en gran medida en este procedimiento. Es por esto que tiene gran relevancia.

sitio Grijaba 1
Los D1 de arqueología pueden determinar la conservación o no de un yacimiento arqueológico. Depende del criterio, de la profesional, de la experiencia y del buen hacer del profesional decidir el futuro de muchos lugares de importancia arqueológica. Foto: E. Volio del sitio Grijalba.

Las acciones para la gestión de los recursos arqueológicos detectados en mediante un D1 de arqueología presentado ante las SETENA son de acatamiento obligatorio para el desarrollador. Asimismo, la “liberación” del área, o de un sector de la misma, también es acatado y permite el desarrollo de un determinado proyecto.

Los D1 de arqueología han sido una herramienta importante para prevenir el impacto arqueológico de los proyectos de desarrollo. Anteriormente (antes de la Ley del Ambiente y la creación de la SETENA en 1996) se contaba con la ley 6703 de patrimonio arqueológico que sólo contemplaba acciones una vez que se detectara patrimonio arqueológico en riesgo. Esto obligaba a detener proyectos en marcha, ocasionaba la destrucción y dejaba en manos de “alguien” que informara al Museo Nacional el hallazgo y el riesgo en que se encontraba un patrimonio X en un lugar X. Asimismo, el Museo Nacional se veía en la obligación de actuar como “bombero” del patrimonio en riesgo, asignando personal y recursos económicos para atender la emergencia.

Con los D1 y los estudios de impacto ambiental se subsanó parcialmente esta manera de actuar sobre el patrimonio arqueológico nacional. Sin embargo, los D1 adolecen de una serie de problemas.

El primero de ellos es delegar la responsabilidad de las decisiones en el profesional contratado por la empresa desarrolladora. Los arqueólogos no tenemos colegio ni ningún órgano regulador. La CAN actúa como regulador mediante la evaluación y aprobación de las propuestas de trabajo para evaluaciones o investigaciones arqueológicas y la posterior aprobación de los informes finales. Al estar los D1 exonerados de cualquier forma de evaluación se corre el riesgo de que las recomendaciones y valoraciones del profesional no sean del todo pertinentes, ni exhaustivas.

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La conservación en su lugar de las esferas y de los objetos y estructuras de los sitios arqueológicos es fundamental en el delta del Diquís. Sin conservación in situ nuestro patrimonio y el conocimiento de la historia precolombina se empobrece. Foto de las esferas alineadas de finca 6. Foto: Diego Matarrita.

Por otro parte, el país no cuenta con una zonificación arqueológica que pueda servir como referencia para la valoración del patrimonio arqueológico. La ausencia de esta zonificación nacional y la ausencia de zonificaciones arqueológicas en los mismos planes reguladores municipales dejan las decisiones sobre el patrimonio arqueológicos al libre alberdrío de los profesionales.

Los D1 en Arqueología se enfocan en el área de impacto directo del proyecto a desarrollar. Esto está provocando una fragmentación de la información, lo que a su vez determina la valoración del patrimonio a afectar o no. En este sentido, la integridad de los sitios arqueológicos se pierde.

Los sitios arqueológicos son remantes de la historia antigua del país que solo se puede estudiar a partir de los restos materiales que se conservan. Los D1 en arqueología están enfocados en identificar esos restos materiales y generalmente las recomendaciones están orientadas a extraer, vaciar esos espacios ocupados antiguamente, para dejarlos libres y que puedan ser usados ahora.

Salvo algunas estructuras consideradas monumentales como los montículos artificiales con muros de piedra, se salvan de ser removidos y se recomienda su conservación y la demarcación de “reservas”. En términos legales, no existe ninguna figura legal que proteja estas reservas. No existen planteamientos para no usar ese espacio por parte de los propietarios del terreno.

El paisaje es un elemento fundamental en la compresión de los sitios arqueológicos. El entorno natural, las modificaciones que se han dado a través del tiempo y sus características actuales, son vitales para el entendimiento de la historia antigua. Como los D1 están enfocados en el área de impacto inmediato del proyecto la perspectiva paisajística no se toma en consideración.

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El entorno natural es fundamental para entender las ocupaciones humanas. El humedal de Sierpe-Térraba fue fundamental en el poblamiento del delta del Diquís.

La ley 6703 del patrimonio arqueológico, y en general la práctica arqueológica del país, está orientada hacia la cultura material que se puede extraer. Los riesgos del patrimonio están enfocados en el saqueo o la destrucción por movimientos de tierra de los objetos. Es por esto que las recomendaciones en la mayoría de los D1 donde se detectan sitios arqueológicos están dirigidos a evaluar y luego a “rescatar” o realizar acciones de salvamento.

La práctica actual de la arqueología que surge a partir de los D1 se orienta a “liberar” terrenos. La arqueología se convierte en una herramienta técnica para permitir el desarrollo de los proyectos amparada en el criterio del salvamento de los objetos y de la información. Esta tendencia a mediano y largo plazo mostrará un país desprovisto de sitios arqueológicos, con información fragmentaria y a un cúmulo de objetos depositados en las bodegas del Museo Nacional sin posibilidades de ser mostrados ni puestos en valor.

 

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Una arqueóloga ajena al espectáculo

El acto más esperado y mas concurrido del pasado Festival de las Esferas fue el concierto de inauguración con el grupo musical Los Ajenos como estrellas. Supongo que sus éxitos musicales Pamela Chu Pamela y Me vale un Cu generaron gritos, risas y alegría entre la gran multitud que se concentró en el parque de Palmar Sur el viernes pasado. Yo no los escuché. No quise. Me fui a tomar una cerveza lejos del ruido, de las luces y para no ver.

Festival de las Esferas 1
Las esferas como protagonistas en una noche de concierto en el Parque de Palmar Sur. Sirvieron como posa botellas, para subirse y ver mejor a Los Ajenos. Fueron mas ajenas que Los Ajenos.

A veces es mejor no ver. Es mejor evitar. ¿Para qué? La voz exhaltada del locutor que amenizaba el concierto antes de la presentación de Los Ajenos me empujó a huir. Sus repetitivas palabras llamando a agradecer al alcalde de Osa el logro de haber traído al Festival de las Esferas a este popular grupo me invitaron a no estar ahí. No por el alcalde -él es un político y hace su trabajo- sino por el contexto, por el lugar, por las esferas perdidas entre la multitud, porque lo que estaba ocurriendo ahí no tenía nada que ver con el patrimonio arqueológico, con su revalorización, con la historia, con nada de lo que me había llevado a colaborar con ese festival. 

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Parte de la experiencia y del recuerdo de la visita al parque de Palmar Sur es fotografiarse junto a esta esfera. Es hermosa; es casi perfecta, mide cerca de 150 cm de diámetro, tiene una superficie pulida. En el pasado festival fue excluida del espectáculo. Supongo que casi nadie se fotografió junto a ella. Foto: I. Quintanilla.

Entiendo a los organizadores. Entiendo que quieran congregar gente. Entiendo que quieran alegrar el patrimonio. Entiendo que se hayan esforzado en no traer aburridos espectáculos culturales. Les respeto que las conferencias las dejen para entre semana. Comprendo que no promocionen los tours a ver los sitios con esferas con la misma vehemencia que lo hacen con la clásica carrera Las Esferas o con los grupos musicales. 

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Estudiantes del Colegio Técnico Profesional de Osa en la gira para conocer las esferas de cerca. Foto: Carolina Arias.

Lo que no entiendo es cómo entienden los organizadores las esferas y lo que representan. Lo que no entiendo es porqué un festival orientado a la revalorización del patrimonio cultural, de fortalecimiento de la identidad local, de reconocimiento hacia los pueblos indígenas y su gran aporte a la historia colectiva, se vaya convirtiendo en la suma de actos sin contenido ni coherencia.

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La gestión del patrimonio arqueológico requiere sensibilidad, sutileza y coherencia. Quizá esto le esté faltando a los organizadores del Festival de las Esferas de Osa. Foto: Carolina Arias.

Yo tengo un problema. Me invitan a un lugar a hablar sobre las esferas, sobre arqueología o patrimonio cultural y voy. Con comida o sin comida; con buen hospedaje o durmiendo en un camastro; con transporte o sin él. Siempre acepto las invitaciones. Casi nunca, o mas bien nunca, recibiendo pago alguno mas que el agradecimiento de algunas personas.

Aunque mi papá se enojaba por esta tontería mía, siempre he justificado que hay que hacerlo por responsabilidad profesional y por amor a lo que hago. Sin embargo, mi pasada colaboración con el Festival de las Esferas ha sido como una bofetada.  He chocado con mi espejo y me he visto estando en un no lugar; me he visto bailando en un baile que no era para mí, ni para lo que yo hago.

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La visita a Olla Cero a conocer los bloques de piedra como los que se pudieron haber usado para hacer esferas siempre es una grata experiencia. Aquí el grupo que participó en el recorrido.

Fui al festival porque me invitaron los encargados de la parte educativa. Di una conferencia el viernes al mediodía a 15 estudiantes sobre la biografía de los objetos y la escultura en piedra del Diquís. También ofrecí una visita guiada el sábado por la mañana a un grupo de 15 personas que quisieron conocer los secretos de las esferas. Como siempre, fue una grata experiencia compartir mi conocimiento y sentir que hay interés y ganas de saber y conocer más.

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En el recorrido sensorial pudimos sentir, tocar, ver, rodear, escuchar, percibir, aprender y hasta danzar alrededor de las esferas. Eso también es divertido.

Antes de venirme del festival, de regreso a mi casa, llevé las facturas con los gastos de alimentación a los organizadores. ¿Por qué lo hice? Sabía que no lo habían presupuestado y que solo comprometía a quienes se las entregara. La mirada de desconcierto de la coordinadora al verlas -no porque había comido caviar ni nada por el estilo, si no por el simple hecho de cobrar mi alimentación y parte del transporte- me confirmó que no estaba dentro de los planes de los organizadores pagar por mis gastos.

Sé que a Los Ajenos no les faltó la cerveza que pidieron, ni los jugos, ni los chocolates. Mucho menos les faltó el pago por su hora y media de espectáculo. Entonces, ¿por qué hubo una mirada de asombro por las facturas de la comida de la arqueóloga especialista? ¿Por qué no pueden pensar que los que estudiamos eso que les da prestigio como comunidad, de eso de lo que ahora se sirven los políticos, también tiene un valor? ¿Es que mas bien, en mi caso como arqueóloga independiente, debo pagar por estar ahí?

Sabía que mi participación era secundaria. Que ser especialista en el tema no significaba nada. Que compartir y transmitir mi conocimiento sobre el tema principal del festival no podía competir con Los Ajenos ni con ningún otro espectáculo. Que putada, ¿no? Aun así, fui e hice lo que me comprometí hacer.

Soy ajena al poder; soy ajena al mundo del espectáculo. Soy invisible y estoy ausente para los políticos de turno. Pero tengo una voz y un blog. Y como dirían esos catalanes de quienes aprendí a no callar: Perdoneu, pero algú debia de dir-ho. Y ese algú, soy yo, sin pedir perdón.

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Gracias a Carolina Arias que me llevó en su carro y tomó las fotos; a Fito Guevara que me acompañó en el recorrido sensorial e hizo danzar a las chicas del colegio alrededor de las esferas. Gracias al Brunka Lodge que me dio cama para dormir. Gracias al antropólogo Carlos Morales, educador del Museo Nacional. Espero que no tenga que pagar mis facturas.