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Don México y su esfera bonita: la esfera C de Finca 6

En 1999 un grupo de esferas de piedra precolombinas retornaron al cantón de Osa. El grupo había salido en distintos momentos y volvía a la región gracias a varias devoluciones voluntarias. El Museo Nacional de Costa Rica organizó el retorno junto con varios grupos locales de Osa.

Como parte de los actos de bienvenida se organizaron distintas actividades. Una de estas actividades fue la visita guiada al sitio arqueológico Finca 6, que en ese entonces no era propiedad del Museo Nacional como ahora, sino parte de las tierras que administraba la Corporación Bananera Nacional (CORBANA). El sitio estaba cubierto por mucha vegetación y había que prepararlo para las visitas. Por esa razón, uno de los encargados de CORBANA envió a Don México, un viejo trabajador bananero, para que limpiara y pusiera el lugar en condiciones.

Don México, sin más guía que su voluntad y su buen gusto, tomó sus propias decisiones. A él no le parecía bien que cinco de las seis esferas que se conocían en ese momento en el sitio estuvieran cubiertas de tierra, así que optó por «ponerlas bonitas«, según su decir. Con su experiencias de palero de toda la vida no le llevó ni media mañana hacer una excavación en forma de cráter lunar en una primer esfera. Él había empezado a trabajar muy temprano, casi de madrugada, y cuando llegué a media mañana a Finca 6 junto con otras funcionarias del Museo Nacional ( yo estaba colaborando de manera voluntaria en las actividades del retorno), Don México ya había consumado su obra en la que se conoce como Esfera C.

Don México posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.

Por suerte, en Finca 6 el suelo arqueológico está a una profundidad que oscila entre los 120 y los 150 cm. Todo lo que hay arriba es relleno de sedimento acumulado a lo largo de 1000/1200 años. Don México eliminó ese relleno y llegó hasta el paleo-suelo, lo acicaló y lo puso «bonito«.

Vista de la esfera C de Finca 6 después de la excavación de Don México. Nótese que no había otro tipo de materiales en la base. La esfera C es de gabro y mide 150 cm de diámetro aproximadamente.

Como su intención no era saquear ni destruir intencionalmente, no fue acusado por daño al patrimonio arqueológico. Su explicación en el momento era una mezcla de ingenuidad, inocencia y sentido común campesino. Al escucharlo, y ver su cuerpo maltratado por el sol y por los años, solo daban ganas de sacarlo del pozo, de llevarlo a descansar y de decirle que no se preocupara, que nadie lo iba a despedir y que eso se arreglaba volviendo a poner la tierra en su lugar. Eso fue lo que pasó y ahora la esfera sigue ahí, cubierta de nuevo.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

A don México no le habían explicado que la esfera C de Finca 6, junto con otras dos, forma una línea con orientación Este-Oeste y que otras dos esferas forman otra línea paralela a éstas. Él ignoraba que este era un conjunto único, que  otros parecidos habían sido destruidos al remover las esferas.

Ubicación de las esferas alineadas de Finca 6. Es importante destacar las distancias entre esferas.

Recientemente, se ha dado a conocer que este conjunto de esferas puede estar relacionado con algún tipo de calendario astronómico y que su posición está en relación con la salida del sol en determinadas fechas (12-14 de abril de cada año) (http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx). Esto, junto con los tamaños monumentales de las esferas que oscilan entre los 150 y los 190 cm de diámetro, convierten a Finca 6 en un sitio arqueológico único y de gran valor científico.

Ahora Finca 6 es propiedad del Museo Nacional de Costa Rica. Todavía no tiene ninguna declaratoria especial y sus restos salen a la luz ocasionalmente, cuando el equipo de investigación de esta institución hace excavaciones. Por suerte para todos ya no irán más trabajadores a ponerlo «bonito» por intuición, sino guiados por planes de manejo y por proyectos con fundamento técnico. Esa es la esperanza y la ilusión de gente como yo que sabe que debajo de esas capas de sedimento dejado por el río Térraba se conserva un patrimonio excepcional que algún día podrá conocerse en su real dimensión.

NOTA: este texto lo escribí antes de que Finca 6 y otros sitios fueran declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO en junio del 2014. He preferido mantenerlo tal cual lo escribí, para no alterarlo.

Referencias:

Quintanilla, I. (2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx

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Para que el viento no se lleve las palabras: mi opinión sobre el estado actual del proceso de candidatura de sitios con esferas como patrimonio mundial

El 22 de mayo de este año escribí el texto principal de esta entrada del blog. Lo hice al leer la información que estaba saliendo en los medios de comunicación sobre la reunión que iba a mantener la Presidenta de la República, Laura Chinchilla con Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en la que tratarían el tema de la candidatura de los sitios con esferas de piedra de Costa Rica como patrimonio mundial.

Lo escribí sin que nadie me lo pidiera y sin representar a nadie. Lo hice con la mejor intención y por el compromiso irrenunciable que tengo con mi país y su patrimonio. Se la envié a dos personas de la comitiva de la Sra. Presidenta y una semana después se lo envié al director del Museo Nacional de Costa Rica. Como las palabras se las lleva el viento, y como no he recibido ninguna respuesta al mismo, he decidido compartirla a través de este blog. Quizá sea de utilidad para otras personas vinculadas de una u otra manera al proceso de candidatura, o por lo menos ayudará a entender la complejidad de esta empresa. A continuación el texto sin la introducción que hice en ese momento

Barcelona, 22 de mayo del 2012

Antes de todo, quiero manifestar que he reflexionado mucho sobre estos aspectos. He estudiado abundante documentación a raíz de una consultoría que hice el año pasado para la oficina regional de UNESCO en Costa Rica orientada a generar una estrategia para integrar los recursos arqueológicos en el desarrollo de la Región Brunca. Asimismo, acabo de terminar un curso de alta especialización en patrimonio cultural, y el pasado mes de abril presenté en el I Congreso Internacional de Patrimonio Mundial y Buenas Prácticas la ponencia “La declaración de Patrimonio Mundial como camino hacia la conservación y puesta en valor: la candidatura ante la Unesco de los sitios con esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica”. Además, durante 20 años he estudiado a las esferas de piedra precolombinas y los lugares donde se encuentran. Por lo tanto, considero que mi opinión experta puede ser de ayuda en este momento de impulso a la candidatura.

Para empezar quisiera decir que existe un problema en la manera en que se está enfocando el proceso de candidatura. La candidatura no se logra con completar un formulario. El formulario es la última parte del proceso; previamente se han tenido que hacer toda una serie de adecuaciones administrativas, legales, financieras y políticas. Asimismo, la candidatura no es para las esferas de piedra como objetos, sino para una serie de lugares arqueológicos donde todavía se conservan en su lugar original. Esto tiene una serie de implicaciones que desde mi punto de vista no están siendo abordadas de manera correcta, lo que me lleva a asumir que a un corto plazo la presentación del expediente ante UNESCO será inalcanzable.

Enumero los aspectos que considero fundamentales:

1. El marco legal: En el caso concreto de esta candidatura, el país obligatoriamente tiene que hacer un cambio en el marco legal que cobija el patrimonio arqueológico. La ley 6703 fue pensada y creada en función de los objetos; el patrimonio mundial se enfoca en la conservación “in situ”, es decir en la conservación y puesta en valor de los lugares originales donde se encuentran los bienes declarados patrimonio mundial. La integridad y la autenticidad son los dos ejes básicos, y en este momento, en Costa Rica, lo que la ley impulsa es excavar y extraer. Tampoco contempla cómo gestionar o administrar propiedades con sitios arqueológicos, salvo el salvamento en caso de riesgo; ni dice nada sobre la participación de los gobiernos locales u otros actores en la gestión del patrimonio arqueológico inmueble.

Por otra parte, es un marco legal pensado para un Museo Nacional del siglo XIX. Un museo que guarda, acumula y exhibe objetos. El patrimonio arqueológico sometido al patrimonio mundial requiere otro tipo de estructura administrativa; una estructura que gestione, que planifique, que ordene y que coordine con los distintos actores institucionales del ámbito internacional, nacional y local. También necesita una estructura financiera que posibilite la sostenibilidad de las acciones de conservación y puesta en valor de sitios arqueológicos y de los paisajes culturales de los que forman parte. Igualmente, requiere regular el papel del estado y del sector privado en cuanto a los aportes en la gestión del patrimonio.

A la fecha, no existe ninguna iniciativa para generar un nuevo marco legal para el patrimonio arqueológico de Costa Rica. Es algo que no se ha contemplado en estos largos 10 años, desde que se incluyó la propuesta en la lista tentativa. Esto tiene serias consecuencias y se verá reflejado a la hora de desarrollar los planes estratégicos que se solicitan en las Líneas Guías del Centro de Patrimonio Mundial; planes sin los cuales no puede ser presentada ninguna candidatura.

Es importante recordar que la declaratoria como patrimonio mundial se puede obtener, pero también se puede perder con relativa facilidad. Conservarla es lo más difícil; por eso hoy en día hay 24 países con patrimonio mundial en la lista de patrimonio en peligro por incumplir los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional en cuanto a la protección y puesta en valor de su patrimonio. En el caso de la candidatura de los sitios con esferas existe un alto riesgo de fracaso por la debilidad legal y de los órganos de gestión.

2. El conocimiento científico: un requisito fundamental, básico y claramente establecido en las Líneas Guías de la UNESCO es que el conocimiento científico es el que sustenta las candidaturas. En mi opinión, este es uno de los aspectos más débiles del proceso actual. El proceso de investigación que se está llevando a cabo no está acompañado de un equipo multidiscilpinario de profesionales. No participan expertos de las universidades nacionales ni de fuera del país; no se llevan a cabo estudios especializados fundamentales y se financia con pocos recursos. Asimismo, está enfocado en preguntas de la investigación arqueológica, pero no en la conservación, ni en la puesta en valor; aspectos que también requieren ser estudiados.

El conocimiento que se requiere para un proceso de candidatura necesita un enfoque distinto al de las habituales investigaciones arqueológicas. Las preguntas son distintas en muchos sentidos, y requieren respuestas para resolver los aspectos pertinentes a la gestión integral (investigación, conservación, protección y puesta en valor), no sólo a la temática arqueológica en sí misma.

La investigación en un proceso como éste requiere necesariamente demostrar la integridad y la autenticidad de los recursos arqueológicos que se quieren proponer. Por lo tanto, la investigación no puede ser una amenaza para la conservación (es importante recordar que la excavación arqueológica implica destrucción). En este sentido, es importante valorar si la búsqueda de información para completar el expediente no está siendo una amenaza, ya que a la fecha se excava sin que existan planes de conservación y restauración paralelos al proceso de investigación arqueológica.

La tendencia actual es usar tecnologías modernas, poco invasivas, que permitan conocer lo que hay en el subsuelo con una mínima excavación (escaner láser, resistividad eléctrica, uso de imágenes de satélite, LIDAR, etc.). A la fecha, las investigaciones para sustentar la candidatura no se acompañan con estas herramientas, a pesar de que hay instituciones en el país que poseen parte de estas tecnologías y conocimiento técnico para aplicarlas. Tampoco hay en marcha convenios de cooperación técnica y científica orientadas a subsanar las debilidades que tiene el país en el campo de gestión del patrimonio, especialmente en cuanto a la conservación “in situ” y a la “presentación” pública del patrimonio (musealización, transmisión del conocimiento como herramienta para el desarrollo, por ejemplo).

Costa Rica es un país que no ha modernizado la conservación, la protección y la puesta en valor del patrimonio arqueológico inmueble. La candidatura ha sido la oportunidad para dar un salto cuantitativo y cualitativo, no solo para los sitios con esferas, sino para todo el conjunto del patrimonio cultural. Este salto no se ha dado, ni se perfila que se dará por el enfoque actual. Sin innovación y sin transformación del sistema no parece factible que se alcance un ideal tan alto como la declaratoria.

Si no se cambian los procedimientos, si no se forma un equipo de trabajo profesional, altamente competente e implicado de lleno en el proceso de formulación del expediente, poco se podrá hacer para que prospere.

Por otra parte, un expediente de candidatura requiere la participación del mayor número posible de especialistas. Aunque, la negociación de la declaratoria es un asunto político, el fundamento de la propuesta es eminentemente técnico. El expediente de candidatura necesita de la complicidad y del máximo apoyo del colectivo académico nacional e internacional. No es tarea de un grupo reducido de funcionarios; el liderazgo del proceso quizá, pero la elaboración del expediente y el producto final necesitan ir acompañados de muchas voces expertas para tener la solidez necesaria.

3. La debilidad de la propuesta: Un tercer aspecto que ha afectado al proceso de candidatura es la ambivalencia de la propuesta.

En 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces, algo que resta credibilidad e indica improvisación y falta de criterio. Inicialmente, lo propuesto fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

Como producto de la reunión, los expertos recomendaron toda una serie de acciones importantes relacionadas con el papel de las comunidades locales, el impacto de los proyectos de infraestructura sobre el área a incluir en la declaratoria (PH El Diquís, aeropuerto internacional en Osa, principalmente), la viabilidad económica de la propuesta y la necesidad de llevar a cabo estudios especializados de distinta índole.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas.

Bajo la perspectiva actual, es tarea fundamental identificar con precisión las propiedades donde están ubicados estos sitios, conocer su estado, caracterizarlos en todas sus vertientes (tenencia de la tierra, paisaje, población circundante, entre otras). Es importante destacar que lo que se someterá a la lista de patrimonio mundial es un conjunto de propiedades dispersas en distintos puntos de la región administrativa Brunca. Esto implica toda una serie de problemas y retos de gestión. Igualmente, implica distintas realidades sociales, económicas y políticas, ya que algunas propiedades están en territorios indígenas; otras son propiedades privadas y sólo dos son de titularidad estatal.

A la fecha, en Costa Rica no existe experiencia en la gestión de patrimonio en una escala como ésta. El proceso de candidatura requiere obligatoriamente claridad y en este momento no hay sobre la mesa una propuesta del modelo de gestión de estas propiedades y de sus áreas de amortiguamiento. Como en los casos anteriores, estos aspectos no se pueden improvisar y ni resolver de un día para otro. Es aquí donde se reflejarán las limitaciones del marco legal y donde se harán evidentes las carencias que sufre el país en la gestión integral de su patrimonio arqueológico.

4. Comunidades locales y desarrollo: El gobierno de Costa Rica necesita demostrar en el expediente de candidatura que tiene las condiciones para gestionar de manera integral el patrimonio que propone. Para esto requiere elaborar planes estratégicos de corto, mediano y largo plazo con toda una serie actores sociales implicados y con una clara asignación de recursos económicos que garanticen la sostenibilidad y viabilidad de las acciones. Estos planes no se pueden improvisar; requieren ser negociados, renegociados, necesitan importantes consensos sociales, académicos, económicos, en fin, del conjunto de la sociedad.

A la fecha, este aspecto no está siendo abordado en su conjunto, salvo para Finca 6, donde están buscando elaborar un plan de manejo, pero esto es insuficiente en el marco de la candidatura.

Un análisis de los planes estratégicos del ámbito cantonal y regional del Sur del país indica que los recursos arqueológicos no están incluidos dentro del planeamiento de los gobiernos locales ni dentro de los planes de otras instituciones, que también son actores importantes. Esta es una señal inequívoca de la falta de integración de estos recursos en las estrategias de desarrollo social y económico. En el caso de la región Brunca, la más pobre y con los más bajo índices de desarrollo humano del país, esta situación es paradójica.

Las candidaturas de sitios de patrimonio mundial tienen el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las zonas donde se ubican estos sitios, como uno de sus principales estandartes. Hasta ahora no hay constatación de que la candidatura de sitios con esferas esté siendo integrada en los planes estratégicos que se están implementando en la región Brunca para paliar la pobreza y buscar nuevas alternativas en el desarrollo. Este es otro de los aspectos más críticos en el proceso. De no resolverse, el expediente adolecerá de una de sus partes fundamentales e indudablemente condenará la candidatura.

Hay otros aspectos importantes que requieren ser analizados. Sin embargo esa tarea le corresponde a quienes tienen a su cargo la tarea de llevar adelante el proceso. Personalmente, creo que en 10 años se ha construido poco y que es necesario un replanteamiento total del proceso. Es injusto para el país estar bajo la creencia de que estamos próximos a conseguir un alto reconocimiento mundial para una parte del patrimonio cultural que posee. Ya se consiguió para tres sitios de patrimonio natural y para uno de patrimonio inmaterial. No habría ninguna razón para no conseguirlo para un conjunto de sitios con esferas de piedra. Lo que se necesita es decisión política, recursos económicos y humanos apropiados, buenos criterios y trabajo experto.

Ese fue el texto que escribí. Es probable que hayan aspectos en los que esté equivocada. Ahora es un documento abierto y si lo que he planteado es incorrecto o si comete una injusticia en las apreciaciones, con mucho gusto lo corregiré y asumiré mis errores. Mientras tanto esta es mi opinión.

Supongo que todos los nudos se pueden desatar. No quiero ser prisionera de mis pensamientos ni de mis opiniones. Por eso los comparto.
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Acerca de Finca 7 y el nuevo hallazgo de una esfera de piedra

Hoy sabado 16 de junio, el diario La Nación publica una nota que informa sobre el hallazgo de una esfera de piedra en Finca 7, Osa. Explica la periodista que se ha encontrado una esfera de 55 centímetros de diámetro junto con material cerámico, fragmentos de estatuas y otros restos arqueológicos. Por la información que le aporta el arqueólogo a cargo del rescate arqueológico -el Dr. Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica- interpreta que se trata de una pequeña aldea situada en las cercanía de del sitio arqueológico Finca 6.

http://www.nacion.com/2012-06-16/AldeaGlobal/esfera-sugiere-que-pudo-existir-una-aldea-precolombina–en-osa-.aspx

Al leer la noticia me ha parecido importante escribir algo sobre la Finca 7 que está documentada en el registro arqueológico del Delta del Diquís. No sé si esta nueva Finca 7 corresponde con la Finca 7 que existía en tiempos de la Compañía Bananera de Costa Rica, porque en los años ochenta, cuando ésta abandonó la región, algunos nombres fueron cambiados. No creo que en años recientes se haya hecho lo mismo, pero supongo que no porque las divisiones que hizo la Compañía Bananera ya están incorporadas en la toponimia de la zona.

Para empezar me gustaría mostrar el mapa que hizo un equipo de arqueólogos franceses en 1990 después de recorrer y revisar gran parte de las tierras ocupadas por la Compañía Bananera de Costa Rica en busca de restos arqueológicos.

Mapa reelaborado a partir del que publicaron Claude Baudez y su equipo en el libro «Investigaciones arqueológicas en el Delata del Diquís«. Se puede observar la ubicación de Finca 6, Finca 7 y otros sitios arqueológicos en la llanura Sur del Delta del Diquís que está situada entre Palmar Sur y Sierpe.

Este mapa fue el resultado de meses de trabajo de campo. A la fecha constituye la evidencia más importante para sostener que por lo menos 900 hectáreas de las antiguas plantaciones bananeras situadas entre Palmar Sur y Sierpe tienen restos arqueológicos. No se ha encontrado una ocupación precolombina tan extensa en otra parte del país. Aquí hay montículos, bases de casas, basureros, cementerios, esculturas de varios tipos, especialmente esferas (¡más de 120 esferas se han registrado aquí!), entre otras cosas.

La Finca 7 de la que hoy habla La Nación, así como Finca 6 (el actual «parque de esferas») , el abandonado Finca 4 (el más importante sitio con esferas que hubo en Costa Rica) y otros sitios arqueológicos forman parte de este extenso espacio ocupado en tiempos precolombinos. Lo que hoy sale a la luz es parte de ese rompecabezas con muchas piezas perdidas, algunas de las cuales aparecen de vez en cuando bajo las palas de los trabajadores, como en este caso.

Para entender mejor el hallazgo que publica La Nación es bueno  hacer un poco de historia sobre la Finca 7 que aparece en distintas publicaciones de arqueología.

Quien aportó la información más importante sobre este sitio fue Doris Stone en 1943. Dijo que el sitio presentaba “una inusual concentración de esferas de piedra en una espacio de unos 274 metros”. Indicó que había un grupo de 10 esferas formando un eje N-NW-S-SW, aunque no un eje recto, sino formando una especie de curva.

Croquis re-dibujado a partir del publicado por Doris Stone en 1943 de Finca 7.

Los datos que aportó Stone sobre las esferas de Finca 7 señalan que cuatro tenían 182 cm de diámetro. Las otras seis medían 152 cm.de diámetro. Había tres pares de esferas del mismo tamaño  y cada par fue colocado a la misma distancia, una esfera de otra, y con la misma orientación (Norte-Sur). Las esferas de mayor tamaño no estaban en pareja, sino intercaladas entre los pares de menor tamaño.

En las fotografías aportadas por Stone en su artículo de 1943 se aprecia un paisaje sin plantación bananera, un paisaje de cuando están eliminando la cobertura boscosa para implantar la plantación de banano. Hay fotografías de una esfera antes de ser removida  y de otras esferas expuestas totalmente o en proceso de remoción.

En un breve artículo que escribió en 1954, Doris Stone vuelve a hablar de Finca 7. Dice que «La Finca 7, sin embargo, tiene la colocación más rara y las bolas más grandes de todas las que se hayan visto. Dentro de un área aproximada de 300 varas, se encontraron diez bolas distribuidas en una línea este-oeste levemente curvada. Cuatro esferas medían 1.70 cm. de diámetro, las otras tenían como 1.52 cm. también se encontró en este mismo llano una esfera grande que midió 2.14 cm. y pesó alrededor de 131/2 toneladas«.

Samuel K. Lothrop  en su libro de 1963 (página 25) también habla de Finca 7. Cita la publicación de 1954 de Stone y no aporta más detalles. Esto es curioso porque indica que él no estuvo ahí en 1948, cuando recopiló la información de base para su libro «The Archaeology of the Diquis Delta»

Por otra parte, el famoso arqueólogo Mathew Stirling hizo una breve visita a la zona del delta en 1964. En un artículo que publicó en 1969 explica que en el lugar había 11 esferas con diámetros que oscilaban entre los 5 y los 8 pies, los mismos que aporta Stone en 1943. Yo tengo mis dudas de que Stirling haya visto el mismo conjunto de esferas que publicó Stone en 1943. Cuando Stirling  visitó la zona en los años sesenta es mas que probable que del conjunto se conservaran unos poco ejemplares.

Ni Stone ni Stirling comentan nada sobre montículos u otro tipo de materiales arqueológicos asociados al agrupamiento de esferas de Finca 7. Sin embargo, es difícil pensar que este conjunto de esferas haya estado aislado. Es muy probable que también hubiera estructuras arquitectónicas y otros restos como sucede en Finca 4 y Finca 6. Esto tiene que ver con la superficialidad de las visitas que hicieron y con la fuerte sedimentación que hay en el Delta del Diquís, donde el material de relleno acumulado por las cíclicas inundaciones del río Térraba cubren las capas arqueológicas.

¿Qué pasó con las esferas de Finca7? ¿Dónde están actualmente? Esta es una pregunta difícil de responder. Salvo las dos esferas que hoy se conservan en el Colegio Técnico Agropecuario de Osa, en Palmar Sur, no hay otras esferas que tengan un tamaño cercano a los 214 cm de diámetro como la que menciona Stone para Finca 7. Lo más probable es que las del colegio hayan sido parte de un conjunto de Finca 4 según documentación que he recopilado.

Las otras esferas de Finca 7 puede que estén distribuidas en varios lugares de la región o en el Valle Central. Hay documentación de esferas con tamaños similares a los que aportó Stone. Sin embargo, la ausencia de registros que acompañó la remoción de esferas impide hacer relaciones.

Esfera megalítica sin datos de procedencia claros, aunque con certeza procede de una de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Tiene 210 cm de diámetro y fue fabricada en gabro. Está ubicada junto con otras de tamaño similar en el Colegio Técnico-Agropecuario de Osa, Palmar Sur. Foto: Diego Matarrita.

La esfera hallada en estos días en Finca 7 mide 56 cm de diámetro y no corresponde al conjunto monumental del que escribió Doris Stone. Es probable que las investigaciones arqueológicas de salvamento que hace el Museo Nacional depare alguna nueva sorpresa y que por gracia del destino salga a la luz alguno de los grandes ejemplares que documentó Stone. Ojalá sea así y que de nuevo no nos reafirmemos en la tragedia de tener un triste dibujo  y unas pocas fotos en un viejo artículo como una única evidencia de un grandioso conjunto escultórico.

Referencias bibliográficas:

Baudez, C.  et. al. 1993. Investigaciones arqueológicas en el delta del Diquís. CEMCA-DRCSTE. San José.

Lothrop, S. K. 1963. Archaeology of the Diquís Delta, Costa Rica. Papers of the Peabody Museum  of Archaeology and Ethnology, Vol 51. Harvard University. Cambridge.

Stone, D. Z. . 1943. A Preliminary  Investigation of the Flood Plain of the Rio Grande de Terraba, Costa Rica. American Antiquity 9 (I): 74-88.

–  –  –  – 1954. Apuntes sobre las esferas de piedra halladas en el Río Grande de Térraba, Costa Rica. Boletín Informativo del Museo Nacional 1(6):6-10.

–  –  –  –  – 1956. Apuntes sobre las grandes esferas de piedra halladas en el Río Diquís o Grande de Térraba en Costa Rica. Boletín del Museo Nacional de Costa Rica.

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Esferas en el extranjero: el caso de la esfera que se fue para Boston

Mucha gente se pregunta cuántas esferas de piedra de origen precolombino han salido de Costa Rica y dónde están. Desde hace varios años he venido recabando información sobre esto, y tengo algunos datos que pueden responder, aunque sea de manera parcial, a las dos preguntas. Primero es que estas «esferas en el extranjero» son pocas y segundo, casi todas salieron hacia los Estados Unidos de América (USA), aunque también hay unas pocas en Europa.

La documentación que he podido recoger indica que por lo menos cinco esferas voluminosas están en USA, así como otras de pequeño formato que no he podido inventariar del todo. Hoy me centraré en una de ellas, ya que su ubicación actual está relacionada con el desarrollo e historia de la arqueología de Costa Rica.

La esfera a la que me voy a referir se encuentra en Boston, en uno de los jardines del Peabody Museum de Harvard University. Mide unos 109 cm de diámetro («three feet, seven inches«) y fue fabricada en gabro, al igual que la mayoría de las esferas. Su superficie es lisa y un poco lustrosa. Al observarla se nota que ha sido cuidada y que su ubicación por más de 45 años en un clima con fuerte estacionalidad no ha hecho mella en su conservación. Al contrario, está en mucho mejor estado que muchas de sus compatriotas que no salieron de Costa Rica.

Detalle de la esfera después de una nevada. Diciembre del 2008.

¿Cómo llegó esta esfera a la Universidad de Harvard? Sobre esto hay información en documentos que se  guardan en el Peabody Museum y en el Museo Nacional de Costa Rica. Son documentos que corresponden a cartas y notas manuscritas de quienes participaron en el proceso, tanto del traslado como a la recepción y emplazamiento de la esfera en su lugar actual

Esta esfera y otra mas fueron trasladadas en 1964 para ser exhibidas en la Feria Mundial de Nueva York de 1964-65. Ambas fueron colocadas en el pabellón de la «Inter-American Highway». (VER NOTA AL FINAL DEL TEXTO)

En esos años, Doris Stone, hija de Samuel Zemurray, presidente y propietario por muchos años de la gran transnacional bananera United Fruit Company (la Compañía Bananera de Costa Rica, en su versión tica), era ama y señora de la arqueología de Costa Rica junto con un grupo de destacados coleccionistas nacionales. Desde los años cuarenta, ella ocupaba un papel preponderante en la arqueología del país. Con la transformación del Cuartel Bellavista en Museo Nacional de Costa Rica en 1949, pasó a ocupar la presidencia de su Junta Administrativa. Desde está posición, y gracias a al poder económico y político que su filiación familiar le otorgaba, se convirtió en una especie de «regente» del patrimonio arqueológico nacional desde esos años hasta buena parte de la década de los setenta del siglo pasado.

Fue decisión suya el envío de las dos esferas, las cuales salieron desde Finca 5  -un importante sitio arqueológico con esferas documentado en los años cuarenta en el Delta del Diquís por ella misma- hacia Golfito y desde ahí en barco hasta Nueva York.

Croquis de Finca 5 publicado por Doris Stone en 1943. Se trata de un montículo con un conjunto de 14 esferas colocadas al frente. Se supone que la esfera del Peabody Museum proviene de este lugar. Sin embargo, el tamaño no coincide con los datos que Stone da para este conjunto.

Cuando terminó la Feria Mundial los organizadores solicitaron que se las llevaran y la Sra. Stone gestionó su donación a dos importantes instituciones norteaméricanas. Una se fue para la sede de National Geographic Society en Washington y la otra al Peabody Museum de Harvard University.

Después de algunas peripecias y con una inicial de falta de interés, el Peabody Museum aceptó el regalo que hizo la Sra. Stone. Desde 1966 la esfera está colocada en un lugar distinguido pero discreto dentro de la prestigiosa universidad norteamericana.

Esfera erigida sobre base de cemento y con una placa informativa. Jardín anexo al Peabody Museum, Harvard University.

En el edifico contiguo, que es la sede del Peabody Museum, se guardan «familiares» de esta esfera en forma de material escultórico, fragmentos cerámicos, fotografías, dibujos y diarios de campo. Todos ellos fueron dejados en este museo por el arqueólogo Samuel K. Lothrop, testigo privilegiado de los sitios con esferas del Delta del Diquís a finales de los años cuarenta. Su libro “The Archaeology of the Diquis Delta” es de consulta obligada para cualquier estudioso de la región.

El Peabody Museum, por lo tanto, no sólo resguarda una esfera, sino también una parte importante del patrimonio documental y una significativa colección de objetos asociados a ellas. Es de lo poco que se conserva después del período de devastación, de los años cuarenta hasta los setenta del siglo pasado, cuando se destruyeron muchos sitios arqueológicos con esferas y cuando la mayoría de ellas fueron removidas sin ningún tipo de control. Por lo tanto, es un material de gran valor científico que ha sido apropiadamente cuidado y catalogado.

Personalmente, he podido ir a estudiar estos materiales y tener acceso a los archivos documentales. Hasta el más pequeño elemento ha sido catalogado y guardado, lo que se puede definir como una bendición en el desolador panorama de la arqueología de las esferas de la segunda mitad del siglo pasado. A pesar de todo, ha sido una suerte que esto se haya conservado ahí.

Las esferas que salieron de Costa Rica el siglo pasado lo hicieron en un contexto en el que la arqueología no existía como profesión en el país, cuando había una legislación muy laxa y cuando los coleccionistas eran los que mandaban. No había en ese momento conciencia sobre la necesidad de investigar, proteger, conservar y poner en valor, en términos sociales, el patrimonio arqueológico. Ahora, pasada la primera decada el siglo XXI sí existe esta conciencia. Ojalá que seamos consecuentes y que nuestras actuaciones nos sitúen en un papel diferente al que tuvieron quienes eran amos y señores cuarenta y cinco años atrás.

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NOTA: Inicialmente escribí que las esferas habían exhibidas en el pabellón de América Central junto con otros objetos precolombinos. Sin embargo, al revisar otra documentación corroboré otra información que tenía en la que se indicaba que habían sido expuestas en el Pabellón de la Inter-Americam Highway. Esto lo sospechaba porque quien tramitó la salida de las esferas desde Costa Rica fue Fernando Madrigal, quien lo hizo a nombre de esta empresa. Corrijo el error inicial

Enlaces de interés.

http://www.peabody.harvard.edu/collections

http://harvardmagazine.com/2001/07/ball-of-mystery.html

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No todos miramos igual, ni miramos lo mismo, pero ahí hay un sola realidad

El mundo que nos rodea y nos acompaña se nos presenta de distintas maneras; lo vemos desde diversos puntos de vista y con miradas diferentes. Todo depende de las preguntas que tengamos, de lo que busquemos y de toda una serie de experiencias de vida previas. En el caso de las esferas de piedra, y todo lo que las acompaña, es normal que no exista ni sea válido un sólo punto de vista. Pueden haber muchas maneras de acercarse o de relacionarse a ellas, de sentirlas o inspirarse a partir de ellas.

Sin embargo, hay algo que no tiene que ver con puntos de vista, ni con opiniones, ni con sensaciones o emociones. Es lo que nos dice la «materialidad» de esos objetos. La formas que tienen, el tamaño, el peso, las cicatrices que presentan de cuando fueron esculpidas, las alteraciones provocadas por el uso o por el ambiente al que han estado expuestas, el color de la roca usada para fabricarla. Individualmente, cada esfera habla de ella misma y de quienes la hicieron y usaron y desecharon y volvieron a usar. Hablan también de los lugares dónde han estado, del ambiente donde han vivido y de su salud. No son seres vivos en el sentido biológico; pero sí son material sensible. Por que la materia se transforma y la transforman, y cada transformación deja huella.

Esfera fabricada en material muy frágil que sumado al abandono hace que se encuentre en muy mal estado. Pejibaye, Pérez Zeledón

En conjunto, podemos ver las diferencias. Ver que unas son más grandes que otras; que unas fueron hechas y trabajadas con mucho cuidado, otras no tanto; que unas fueron hechas en piedra de primera calidad, otras no. En algunos casos las herramientas dejaron huellas profundas; en otros estas huellas fueron borradas por tratamientos de acabado que buscaban afinarlas y conseguir brillo.

Esfera del Sitio Cansot. Su superficie muestra las cicatrices del uso de punteros como parte del proceso de fabricación. El musgo y los líquenes cubren estas cicactrices y esconden parte de la historia de la esfera.

Cuando las vemos en un conjunto mayor, junto con otros objetos, conjugadas y relacionadas, podemos saber mucho más. Son múltiples materialidades que hablan de vidas pasadas, de personas que las hicieron y usaron, que las cuidaron, las disfrutaron o que sufrieron por ellas o a causa de ellas. No son objetos sin vida. Tuvieron vida, sentido social, su propia historia e historias compartidas.

Ahora podemos opinar, dar puntos de vista, especular o inventar. No obstante, ahí están los objetos para hablar, para ser interrogados,  para responder sobre sus vidas pasadas. En este momentos podemos inventarles un pasado o darles una nueva vida o un nuevo sentido. Pero esto tiene que ver con nosotros y con nuestro tiempo, no con el tiempo pasado.

Esfera precolombina pintada a tono con otros elementos de la plaza del pueblo de Pejibaye, Pérez Zeledón. Esfera fabricada en roca arenisca.

Quienes nos dedicamos a la Arqueología y a otras ciencias relacionadas con el estudio de las sociedades pasadas nos corresponde hacer las preguntas y responderlas adecuadamente con las posibilidades que nos ofrece la ciencia. Nos corresponde entrevistar y aportar conocimiento. Si este sirve para formar opinión, mejor. Pero ni la opinión ni los puntos de vista pueden ocupar el lugar de lo que dice la investigación científica y metódica. Es a través de ésta, a través del conocimiento experto, como nos acercamos a las sociedades pasadas y a su legado.

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Esferas para dominguear

Esfera iluminada. Hacienda Victoria, Palmar Sur. Foto de Diego Matarrita

Hoy es domingo, día de reposo y descanso. Dos fotos para disfrutar del sentido estético de las esferas. El fotógrafo Diego Matarrita, amigo querido y gran profesional, me complació cuando le pedí fotos de esferas que no fueran discos planos sino esferas con textura, color y profundidad. Estas son parte de las fotos que tomó para mi libro «Esferas precolombinas de Costa Rica». Son imágenes que  muestran una faceta poco vista: las esferas de noche, iluminadas para resaltar la esfericidad y todos sus detalles de superficie.

Sería muy bonito, y daría gran placer a la vista, que las esferas situadas en espacios públicos actualmente sean aprovechadas también en la noche, y que no desaparezcan de la vista por la falta de iluminación. La luz les aporta un nuevo sentido y una experiencia sensorial diferente. Si ya fueron removidas de sus lugares originales, por qué no darles un nuevo sentido social y colectivo.

Como objetos con nueva vida social, las esferas ayudan a construir una nueva percepción de los espacios públicos, especialmente en el Sur. Valdría la pena invertir en algunas de ellas para potenciar su fuerza comunicativa como objeto escultórico. La noche y la luz ofrecen una gran oportunidad para esto. Aquí dos ejemplos.

Esferas de Hacienda Victoria en la tarde noche de palmar Sur. Foto de Diego Matarrita.
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¿Cuántas esferas se conocen?

Una de las preguntas más habituales acerca de las esferas de piedra precolombinas se refiere al número de ejemplares que se han inventariado. En realidad, esta pregunta se puede dividir en dos:  ¿Cuántas fueron fabricadas en tiempos precolombinos? y ¿Cuántas conocemos hoy día?

Para la primera no hay una respuesta en este momento, ya que la región donde se localizan los sitios arqueológicos con esferas –Pacífico Sur de Costa Rica- no ha sido estudiada exhaustivamente. Su arqueología es fragmentaria y las excavaciones en gran escala han sido muy escasas. Por otra parte, ha habido gran destrucción de sitios arqueológicos completos o parcialmente. En los que había esferas se perdió la información, ya que no hubo ningún tipo de registro o documentación. Es por eso que hoy tenemos un rompecabezas con muchas piezas desaparecidas; los principales vestigios son las mismas esferas, aunque la mayoría de ellas son anónimas, sin datos de familia ni origen, salvo de que provienen del Sur del país.

Esferas del sitio Bolas fotografiadas en los años sesenta del siglo pasado en su lugar original. Hoy están situadas en la escuela del mismo pueblo de Bolas

Lo anterior no quiere decir, en absoluto, que no tengan valor; al contrario. Todavía tienen mucho que decir y los más importante es que lo poco que se conserva en su lugar original cobra un valor especial, ya que lo que fue nunca más será y lo que hay es un tesoro único e invaluable.

Con respecto a la segunda pregunta -¿cuántas se conocen?- a continuación se presenta un breve recorrido de lo que se ha hecho en términos de inventarios.

El primer listado de esferas lo hizo Samuel K. Lothrop a finales de la década de 1940, cuando estuvo en el Delta del Diquís llevando a cabo estudios arqueológicos. Lothrop publicó un libro en 1963 donde aporta información sobre 50 esferas halladas en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Además,  hizo una lista con otras 136 ubicadas en otras partes de la región, basándose en información que recopiló entre distintos informantes, pero que no confirmó personalmente.

La información que aportó Lothrop es muy importante porque él, al igual que Doris Stone, conocieron los sitios más importantes con esferas cuando aun no se había construido la carretera Interamericana ( a partir de ésta se inició el expolio y el traslado de muchas de ellas) y cuando estaba en proceso el desmonte de buena parte del Sur del país; proceso que iba dejando al descubierto diversos sitios arqueológicos.

Después de la publicación de Lothrop pasaron casi 40 años en los que hubo registros puntuales de esferas pero no listados ni inventarios. En 1991, cuando yo era funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y llevé a cabo una prospección en el Delta del Diquís y sus montañas circundantes (Serranías de Osa y Cordillera Costeña), empecé a encontrar sitios arqueológicos con esferas. Aunque no era el objetivo inicial del proyecto (Hombre y ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba), el hallazgo de esferas en 11 de los 57 sitios registrados, aunado a la gran cantidad de esferas removidas que se encontraban en distintos puntos de la región, me llevó a iniciar un inventario para el que diseñé un formulario.

Entre 1992 y 1998, año en que dejé mi cargo en el Museo Nacional, mantuve ese inventario, el cual se enriqueció con la ayuda de distintos colaboradores. En 1998 el inventario tenía 110 esferas que se localizaban en la región Sur, especialmente en los cantones de Osa, Buenos Aires y Pérez Zeledón.

Posteriormente, al iniciar mis estudios de doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona retomé el inventario de esferas para mi trabajo de especialización profesional (Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología) presentado en el 2004. Era un inventario dirigido tanto a ubicar como a describir las principales características de las esferas con fines de investigación. Mi trabajo concluyó con el inventario de 186 esferas que fueron la base de mis análisis.

Mi esposo, Roberto, ayudándome a medir la circunferencia de una de las esferas de Hacienda Victoria en el 2003. Palmar Sur, Osa.

Entre el 2005 y el 2008, la Auditoría Interna del Museo Nacional de Costa Rica llevó a cabo un inventario de esferas localizadas fuera de las instalaciones de la institución. Este inventario lo hizo la Auditoría con el fin de conocer cuántas esferas había, dónde estaban y en que condición.  Lo hizo en  coordinación con el Departamento de Protección del Patrimonio Cultura de la misma institución, departamento que a su vez tiene bajo su responsabilidad el Registro Público del Patrimonio Nacional Arqueológico, según la ley 6703 (Ley de Patrimonio Nacional Arqueológico).

En el último informe de Auditoría del 2008 (A.I. 002-2008-Inf) se presenta un listado ilustrado de 151 esferas registradas en distintos cantones de la región Sur: Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Golfito y Coto Brus. No se incluyeron las esferas ubicadas en residencias privadas o localizadas en instituciones públicas del Valle Central.

A la fecha el trabajo de la Auditoría Interna del MNCR constituye un importante e innovador esfuerzo a la vez que constituye una herramienta legal, ya que todo lo que fue inventariado figura como bien del estado. Esto es muy importante, ya que obliga tomar una serie de acciones en términos de la tenencia de este patrimonio.

En el 2007, cuando preparé el texto y la documentación para mi libro Esferas Precolombinas de Costa Rica que publicó la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica, actualicé la base de datos de mi inventario. Para el libro trabajé con un inventario de 210 esferas.

Como parte de mi tesis doctoral dedicada al estudio del conjunto escultórico de la Gran Chiriquí, reinicié mi propio inventario de esferas que al mes de mayo del 2012 suma 290. Aquí se incluyen todos los casos conocidos, los  publicados en libros, los ubicados fuera del país y lo que están guardados en depósitos de varios museos nacionales, especialmente del Museo Nacional de Costa Rica.

Todavía no se ha llevado a cabo un inventario de las esferas que se encuentran dispersas en el Valle Central ni en otras partes del país. Asimismo, el aumento de investigaciones arqueológicas en la región Sur está generando nuevos hallazgos de esferas, tanto por parte del Museo Nacional de Costa Rica como del ICE y otras instituciones como parte de estudios de impacto arqueológico.

Esferas de Finca 6 en 1993. Este es el único sitio que aun mantiene un conjunto de esferas en su lugar original. Cinco de ellas, incluidas las dos de la foto, forman un agrupamiento especial.

En conclusión, el dato mas concreto que hay en este momento en términos de ejemplares inventariados (medidos, descritos, fotografiados, ubicados geográficamente, entre otras variables) da un resultado de 290 esferas. Si se incluyeran las esferas removidas ubicadas en el Valle Central quizá el número sea superior a los 350 ejemplares. Lo que depare la investigación en sitios sin alterar será una sorpresa, sea para incrementar el número o para constatar que estos objetos son finitos, que lo que tenemos es lo que hay y que es con esto con lo que tenemos que trabajar.

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El sitio Cansot, ¿un taller de esferas?

Si uno revisa un mapa del Sur de Costa Rica puede encontrar montañas, riachuelos, pueblos y otros puntos con nombres de origen indígena. En los estudios que hizo la lingüista Carmen Rojas sobre lugares que tienen nombres derivados de la lengua boruca está Fila Cansot, un segmento de la Fila Grisera que a su vez forma parte de la Cordillera Costeña.

cansot
Ubicación de la Fila Cansot en el cantón de Osa. Fuente: Google Maps..

En un artículo especializado que publicó en el 2001, Carmen dice que “es posible encontrar varias formas mediante las que se les puso nombre a lugares, ríos o quebradas que fueron conocidos por los borucas: tomando en cuenta las características topográficas del lugar, haciendo referencia a un animal que frecuentaba el sitio o a una planta o a un árbol característicos de ese lugar, o bien, indicando un acontecimiento histórico que hubiera ocurrido en ese sitio” .

Lo que ella dice es muy interesante e importante en el caso de un sitio arqueológico que encontré en 1991 y que llamé Cansot porque así aparecía en el mapa topográfico que tenía a mano. Años después, y gracias a un comentario que me hizo el arqueólogo Francisco Corrales de que en lengua Boruca “Can” significaba piedra, me preocupé por saber si había una relación entre el topónimo de la Fila Cansot con las esferas de piedra.

Al buscar en el diccionario Boruca-Español efectivamente encontré que esta palabra, en una de sus dos acepciones, se traduce como piedra. Por otra parte, la palabra “Sót”, también tiene dos acepciones. La primera se define como sustantivo y se traduce como “genio, modo de ser, carácter, modo de hacer algo, costumbre” y la segunda como verbo: “hacer, realizar”.

Las información anterior podría parecer anecdótica o llamativa. Sin embargo, es más que eso, ya que en esa fila montañosa se encuentran de manera natural grandes bloques de piedra que están ahí por razones geológicas, y que son del mismo material en que están fabricadas la mayor parte de esferas. Este material se llama gabro, una roca de origen ígneo muy parecida al granito.

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Rocas de gabro sobre la superficie. Son parte de los afloramientos que hay en los alrededores de las dos esferas del sitio Cansot. Foto: I.Quintanilla.

El sitio arqueológico Cansot está situado en la parte alta de la fila montañosa, a unos 200 m de altitud. Para llegar a él hay que caminar, o ir a caballo. Una vez en el lugar lo que se puede ver son dos esferas; una está completa y la otra sólo conserva poco menos de un tercio. La completa mide 163 centímetros de diámetro y la otra pudo haber medido unos 180 centímetros.

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Esfera completa del sitio Cansot, 1.63 m de diámetro. Foto: I. Quintanilla.

Si el hallazgo de estas dos esferas en la parte alta de una fila montañosa es importante, más lo es que alrededor de ellas hayan cientos de grandes bloques de piedra del mismo material. Es más que probable que sea un lugar de aprovechamiento de materia prima y de manufactura de esferas. Es posible, además, que buena parte de las esferas de Osa provengan de acá o de otros puntos cercanos.

Cansot con fernando copia
Detalle de la esfera completa del sitio Cansot. Destaca en ella una superficie rugosa con huellas del picado. Esto indica que la esfera estaba en un proceso de manufactura previo al alisado o pulido. Foto: I. Quintanilla.

Es muy relevante que en la memoria boruca se conserve un topónimo que puede estar relacionado con una práctica de aprovechamiento de materia prima vinculada a la manufactura de esferas. Esto es un claro indicio de territorialidad y de vinculación histórica.

A la fecha no se han llevado a cabo estudios arqueológicos en Cansot, salvo recorridos de superficie con recolección de unos pocos fragmentos cerámicos. El lugar necesita ser estudiado con profundidad y se requieren estudios especializados para documentar diversos aspectos que den luz sobre el uso de la piedra, el transporte, los procesos de producción y otros temas fundamentales para comprender el mundo del trabajo vinculado a la fabricación de las esferas y otros objetos precolombinos.

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El drama de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

Inicio este blog con la intención de dar a conocer la situación de las esferas precolombinas de Costa Rica; un patrimonio precolombino único. La idea es crear conciencia sobre la necesidad urgente de llevar a cabo estudios científicos especializados, para entenderlas mejor, conservarlas apropiadamente y ponerlas en valor ante las comunidades locales, del resto del país y del mundo.

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Esferas de piedra precolombinas procedentes del sitio arqueológico Finca 4, Osa.