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Una esfera de peso pesado

A lo largo de muchos años me he dedicado a medir las esferas de piedra precolombinas del Diquís. De una manera algo rudimentaria he medido cerca de 200 esferas, algunas de unos pocos centímetros, otras con diámetros superiores a los 200 cm.

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Hay esferas de tamaño monumental, como la de esta foto, que son difíciles de medir. Ahora con fotogrametría o con un escanner láser, se pueden tener medidas precisas. Esfera Colegio Técnico Profesonal de Osa, Palmar Norte, 212 cm de diámetro. Foto Diego Matarrita, 2007.

Durante años lo que he hecho ha sido medir el diámetro y la circunferencia. En el caso de los diámetros, he usado un nivel de cuerda para tener una línea horizontal y he colocado dos plomadas en puntos de la circunferencia máxima de la esfera. medida esferas

Con el fin de tener una idea acerca de la simetría de cada esfera, he tomado entre tres y cuatros puntos para obtener los diámetros y así tener medidas comparativas. Con estos datos, he podido determinar las tendencias en tamaño, calcular pesos y caracterizar a estas singulares esculturas precolombinas.

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Medición de la circunferencia de una esfera con la ayuda de Roberto Herrscher en el 2002. Foto: I. Quintanilla.

De los años noventa, cuando empecé con las mediciones, hasta ahora muchas cosas han cambiado, y eso está bien. Ahora otros investigadores se dedican a medir y estudiar las esferas y hay nueva información fundamentada en el uso de aparatos de alta precisión.

Entre las maravillas tecnológicas que se están usando para medir las esferas están los escáneres láser de alta resolución. En Costa Rica, el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (LANANME) de la Universidad de Costa Rica -un laboratorio de referencia y amplio prestigio- posee uno de estos aparatos y, principalmente, tiene un grupo de expertos que saben usarlo e interpretar los datos.

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Equipo de profesionales del LANANME colocando los instrumentos para la medición de una esfera. Jardín central del Museo Nacional de Costa Rica en San José. Foto: I. Quintanilla.

Con el escáner de la fotografía, el mismo equipo del LANANME midió la esfera de mayor tamaño que se ha registrado en el país -la del sitio arqueológico El Silencio-y ahora tenemos un dato sorprendente, y muy importante. De la primer medida de 1991, que daba un diámetro que oscilaba entre los 250 cm hasta los 257 cm, se sabe en este momento que realmente mide 266 cm.

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La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se ha registrado en Costa Rica. Imagen tomada de una captura de fotogrametría realizada por Robert Muñoz.

En una publicación reciente de Francisco Corrales y Adrián Badilla, arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica, he leído la información sobre la nueva medición. En la misma también indican que se ha calculado el peso de la esfera en 26 toneladas.

Esta nueva medida muestra que la esfera es más grande y mucho más pesada de lo que se había calculado con las medidas manuales. Igualmente, por un estudio que hicieron en los alrededores, estiman que la materia prima para fabricar esta esfera estaba por lo menos a un kilómetro de distancia del emplazamiento actual.

Es increíble: 266 cm de diámetro  y unas 26 toneladas. Que capacidad, que dominio técnico, que grado de organización del trabajo…cuanto esfuerzo colectivo…cuanto trabajo acumulado en un objeto monumental.

Sé que hay muchas personas escépticas para quienes es impensable que los indígenas que vivían antiguamente en esta parte del mundo fueran capaces de pensar, hacer, transportar y usar estas esculturas. Entiendo que no puedan entender las capacidades de pueblos organizados de manera distinta a las sociedades estatales, burocratizadas y militarizadas a las que estamos acostumbrados.

Con desdén se ha estado diciendo que los arqueólogos que estudiamos las esferas y las sociedades a las que están vinculadas las subestimamos diciendo que eran pueblos maiceros, de simples agricultores. Cuanta ignorancia en el entendimiento de las implicaciones de la vida sedentaria, del papel de la agricultura y de las distintas formas de organización social y política que conllevan estas sociedades.

Una esfera de peso pesado como la de El Silencio asociada directamente a un sitio arqueológico de un pueblo típicamente característico del Diquís precolombino es la mejor evidencia de ese “saber hacer” indígena. Ser “maicero” y considerarlo algo despectivo y para gente carente de capacidades atenta contra los pueblos indígenas y es un malintencionado intento de quitarle credibilidad a la investigación realizada por arqueólogos y arqueólogas como yo.

Ojalá el estudio de las esferas y de los sitios donde están se hagan de manera más moderna, interdisciplinaria y con el apoyo de las nuevas tecnologías. Más conocimiento, mejores datos. De mi parte solo quiero guardar las plomadas y el nivel de cuerda. Bienvenidos los escáner láser, la fotogrametría y todos los especialistas y las mejores técnicas para la documentación de este patrimonio.

Un pueblo maicero como el nuestro, con una larga historia agrícola e indígena, necesita de nuevos saberes. Porque somos y existimos, porque fueron y existieron, porque no tenemos dudas. Porque no somos mito ni andamos perdidos en la Historia. Somos parte de la Historia y ahí están las esferas con su peso y su presencia para demostrarlo. Ahí están los indígenas con su peso y su presencia para ratificarlo.

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Nota: en una entrada anterior escribí sobre otro estudio del LANANME y el trabajo de elaboración de las esferas del Diquís. Aquí el enlace:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/04/06/un-largo-camino-de-transformacion-de-la-piedra-amorfa-a-la-esfera-perfecta/

Aquí también la referencia de la publicación de los arqueólogos del Museo Nacional:

Corrales, Francisco y Adrián Badilla. 2012. Asentamientos precolombinos con esferas de piedra en el Delta del Diquís, Sureste de Costa Rica. Vínculos 35: 19-66.

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Las esferas de nadie sí son de alguien

Hace varios años se vendía en los puestos de revistas y diarios de España un dvd titulado “Esferas de nadie“. Era una producción audiovisual de un equipo liderado por J.J. Benitez que trataba sobre las esferas de piedra y que se basaba en gran parte en las esferas precolombinas de Costa Rica.

JJ Benitez dvdLas esferas de piedra son uno de los enigmas favoritos de J.J. Benitez.  Yo no tengo nada que decir sobre su manera de abordarlas porque él no es arqueólogo, ni historiador, y su mundo es el de la pseudo-ciencia. Sin embargo, no deja de irritarme ese título de “esferas de nadie” que le otorga a las esferas del Sur de Costa Rica.

Siempre es molesto encontrar trabajos que niegan el carácter indígena y precolombino de estas esculturas, y más molesto es todavía que duden o subvaloren los estudios científicos y los aportes de la Arqueología y de la Historia. La verdad es que nada se puede esperar de la pseudo-ciencia porque en el fondo se trata de un negocio muy rentable, y entre más misterio y dudas siembre, más beneficios económicos genera.

Dejando a J.J.Benitez, sus enigmas y sus super-ventas, si hay algo que de verdad me irrita, me duele y me genera frustración son esas “esferas de nadie” que abundan en el Sur, en el territorio de estas maravillosas formas escultóricas precolombinas. Son las esferas que nadie cuida, que nadie ve y que están ahí, dejadas a la mano de Dios, … o del Diablo.

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Esfera de nadie en El Progreso, Drake. Está en una propiedad privada tan abandonada como la misma esfera. Foto: I. Quintanilla, diciembre del 2014.

Uno de los casos que ejemplifica esta situación de “esferas de nadie” son las cinco que se encuentran en El Progreso de Drake. Éstas son el único caso conocido de esferas en esta parte de la península de Osa y están asociadas a un sitio arqueológico con montículos, restos cerámicos y de piedra trabajada. Es un lugar poco estudiado pero que sí está registrado en el Museo Nacional de Costa Rica.

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Niño vecino de El Progreso de Drake mostrando su colección personal de fragmentos arqueológicos recogidos en el pueblo. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Las esferas de El Progreso de Drake tienen un carácter excepcional por el lugar donde están. Son muy  importantes en términos de la procedencia de las rocas con las que las fabricaron (rocas gabroides o graníticas) porque no se sabe si es piedra tomada de las cercanías, o si fue traída de la cordillera Costeña.

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Dos de las cinco esferas ubicadas en El progreso de Drake. Se encuentran en el jardín de una casa. Miden cercad e 120 cm de diámetro y tienen un acabado fino. Pesarán más de una tonelada. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

Resolver la procedencia de las esferas de El Progreso es muy importante porque nos estaría mostrando el traslado desde largas distancias de objetos muy pesados -mas de una tonelada- y el uso de embarcaciones capaces de soportarlas, además de un complejo sistema para emplazarlas en el pequeño valle de El Progreso.

Si la piedra utilizada procediera mas bien de las montañas cercanas nos daría luz sobre el uso de otras zonas de aprovisionamiento distintas a la Cordillera Costeña y a la Cordillera de Talamanca. Por otra parte, permitiría entender mejor la dinámica de los asentamientos con esferas de piedra fuera del delta del Diquís y la cuenca del río Grande de Térraba.

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Esta es quizá la única esfera de El progreso de Drake que no ha sido desplazada del todo de su lugar original. Se encuentra en un portero, cerca del aeropuerto. Foto: I. Quintanilla, diciembre de 2014.

A pesar de su importancia, el sitio arqueológico y las esferas de El Progreso parecen ser invisibles. Ni la gente de la comunidad, ni la de la turística Drake, mucho menos los funcionarios de San José, las miran nunca. Las han desplazado de su lugar original, y ahí están a la orilla del camino que lleva al aeropuerto -porque en El Progreso está el pequeño aeropuerto por que el que se mueve buena parte de los adinerados turistas que van a Corcovado- invisibles, perdidas y descuidadas.

Otro caso difícil de digerir por el abandono es el de las esferas del sitio arqueológico Estero Rey. Este es un importante sitio arqueológico situado entre Ciudad Cortes y San Buenaventura en el cantón de Osa.

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En el sitio Estero Rey hay 9 esferas. Dos de ellas tienen figuras grabadas y una más ten e evidencias de haber sido tratada en tiempos antiguos después de que perdió un fragmento. Foto aporte anónimo. Abril del 2014.

En Estero Rey hay nueve esferas que fueron extraídas con maquinaria pesada y puestas en la superficie actual. Yo estudié el sitio brevemente en el 1991 y desde entonces no se volvió a estudiar. A pesar del poco interés hacia este sitio arqueológico hay varios aspectos notorios que hacen de él un lugar de gran importancia.

El lugar donde se ubica Estero Rey está conformado por suelo arenoso y de abundante sedimento. Esto contrasta con los alrededores que son pantano o humedal. Si no me equivoco, Estero Rey fue una especie de isla de tierra fértil y no inundable en plena zona de manglar o de bosque inundado.

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Esferas del sitio Estero Rey en el 2014. Foto aporte anónimo.

 

El hecho de que hayan nueve esferas en el lugar es una muestra del traslado de estas esculturas dentro de zonas pantanosas y en zonas de bosques inundados. ¿Cómo las llevaron hasta ahí? Esta pregunta y otras más hacen que Estero Rey merezca atención. Ya de por si el hecho de que hayan nueve esferas -un número considerable comparado con otros lugares- lo ameritaría.

La esferas de Estero Rey tienen tamaños que van desde los 60 hasta los 130 cm. Dos de ellas presentan figuras grabadas y una tiene evidencias de reparación por el daño que le generó la perdida de un fragmento. Esto parece significar nada para cuidarlas y protegerlas.

Aparte de los cuatro sitios declarados como patrimonio mundial por UNESCO, hay muchísimos sitios arqueológicos más en el Pacífico Sur de Costa Rica con esferas. Es una pena que no exista una política, mas allá de lo que exige la ley, para investigarlos, protegerlos y ponerlos en valor.

Ubicación de sitios arqueológicos con esferas de piedra en el Pacífico Sur de Costa Rica. Mapa elaborado por Felipe Sol.

En este panorama triste de abandono que observo cuando voy al Sur, cada cierto tiempo otras personas lo hacen más evidente. Hace unos días una amiga me preguntó si sabía acerca de unas esferas halladas dentro de un arrozal en Osa. Yo no lo sabía y me puso en contacto con su amigo Marco Castro, quien compartió conmigo sus fotos e información.

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Esferas del sitio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Marco Castro vio las esferas del sitio La Julia en una gira de trabajo. Le llamó la atención que estuvieran ahí, así, de esa manera. Es raro ir caminando por un extenso campo de cultivo y encontrarse de pronto con cuatro esferas de piedra en la nada.

Y es que no solo gente como Marco se encuentra con esferas de piedra cuando anda por el campo. Mucha gente las ve, opina, dice, piensa, pero no pasan de ahí. No actúan, no piden cuentas, no reportan, no avisan. Por indiferencia o por falta de fe en el estado, pero no hacen nada.

En el caso del sitio La Julia, el Museo Nacional ya está notificado. Ya conocen el lugar, ya lo tienen registrado. Y ahora ¿qué? ¿Tendrán estas esferas la suerte de que decidan “rescatarlas”, “cuidarlas”? ¿Serán depositadas en el cementerio de esferas de Finca 6? ¿Pasará otro Marco Castro dentro de unos años y se volverá a extrañar de verlas ahí, así, de esa manera?

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Esferas del sio La Julia. Foto: Marco Castro, 2015.

Y es que existe un gran problema con las esferas de piedra del sur de Costa Rica: son muchas y están en lugares dispersos. La gran mayoría han sido movidas de sus lugares originales y están a merced de los propietarios de los terrenos. La institución encargada de cuidarlas no tiene la capacidad ni los medios para cumplir de manera expedita su tarea.

¿Qué hacer? Es doloroso que la mayoría esté sin ningún cuido. Que parezcan no ser de nadie. Pero,  las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica sí son de alguien. Son de un pueblo que tiene la obligación de cuidarlas, investigarlas, protegerlas. Están a cargo de una institución, pero la responsabilidad es compartida.

Pero, ¿Cómo compartir esa responsabilidad, ese deber? Si no queremos que sean esferas de nadie habrá que hacer algo. Ya no se puede mirar para otro lado.

 

 

 

 

 

 

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Compañeras de viaje de las esferas: las otras esculturas de piedra del Diquís

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, ésta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Esferas de piedra precolombinas en el Parque de Palmar Sur, Osa. Foto: I. Quintanilla.

La gente de las esferas no sólo hizo estas esculturas; hizo muchísimas otras cosas a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

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Afloramiento de rocas posiblemente utilizado para fabricar esferas y otras esculturas. Quebrada Olla Cero, Fila Cansot, Osa. Foto: Diego Matarrita.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

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Metates precolombinos del Diquís. Estos metates ejemplifican el concepto de “art-tool” que definió años atrás Mark Graham para referirse a objetos utilitarios que a su vez, hoy en día, se consideran objetos artísticos por lo agregados que tienen. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto composición a partir de fotos de Diego Matarrita.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico.

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Esculturas de pequeño formato propias del Delta del Diquís. Colección Peabody Museum. Foto: I. Quintanilla.

También había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos, que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región Diquís se inició alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente, y continuó hasta la conquista española.  Su uso surgió en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico.

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Escultura femenina del Diquís. Tomado de Lothrop 1963: Plate XVIII.

El uso de la escultura en el Diquís sugiere nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

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Escultura de felino muy característica del Diquís. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esculturas del Diquís muestran una serie de aspectos interesantes que tienen que ver con las historias de vida de cada una de ellas. Ejemplo de esto es la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas.

De objetos rotos, de manera intencional o no, surgieron nuevas esculturas que se siguieron usando, cuidando y enterrando. Son nuevos objetos surgidos de otros anteriores que pudieron estar vinculados a practicas de fragmentación y transmisión -“herencias” u “objetos de memoria”-. También pudieron ser objetos recuperados y puestos de nuevo en uso.

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Cabeza de escultura reutilizada como busto y que antes fue parte de una escultura con cuerpo. Sitio Batambal, Osa. Foto: Rodrigo Rubí.

Otro elemento importante de las esculturas el Diquís es el uso de pintura. Esto es algo muy interesante, ya que hasta hace unos años no había evidencia directa del uso de pigmentos ni se podían imaginar las esculturas mas allá de la monocromía de la materia prima.

Ademas, las esculturas del Diquís muestran cicatrices que hablan sobre los instrumentos que se usaron para hacerlas. Cicatrices de cortes, de desgastes y de perdidas de fragmentos que se dieron por el uso al que fueron sometidas.

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Escultura del sitio Batambal que presenta restos de pigmentos ocres, huellas de los instrumentos con los que se talló y cicatrices de cortes y golpes recibidos durante el uso. Es un ejemplo de la rica información contenida en este tipo de objetos.

La escultura del Diquís da para mucho. Es una escultura rica en representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros, o de seres sin ninguna indicación de género.

Fotografía tomada de:
Escultura del Diquís. Antigua colección Barbier-Mueller.

La escultura del Diquís también muestra aspectos inquietantes y sorprendentes que tienen que ver con una serie de prácticas sociales de las que conocemos muy poco. Es el caso de las esculturas sin rostro o con rasgos borrados.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Fragmento de escultura sin rasgos faciales. No está en proceso de manufactura y tiene indicios de haber sudo usada y reutilizada. Sitio Batambal, Osa. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

En el Diquís, las compañeras de viaje de las esferas son tan interesantes y ricas en información como sus famosas hermanas. Entenderlas como un conjunto, como parte de una práctica social, económica y políticas es fundamental.

Hace un tiempo preparé un resumen en PREZI donde se puede hacer un recorrido por la escultura en piedra del Diquís. Este es el enlace:

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

Haga un clik en él y podrá saber más sobre este increíble y potente mundo de la escultura del Diquís.

Nota: este post es una actualización de otro anterior. Lo actualizo en función de la conferencia que daré el miércoles 18 de febrero en el Museo de Arte Costarricense. Todos invitados.

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Un poco de historia sobre las bolas de Bolas

En el Pacífico Sur de Costa Rica, en el cantón de Buenos Aires, hay un pueblo que se llama Bolas. Se llama así porque ahí había muchas esferas de piedra precolombinas. Bolas de piedra, así es como se le conoce a las esferas en Costa Rica, y Bolas tenía por los menos 20. De ahí su nombre.

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Niños camino a la escuela de Bolas. Foto: Diego Matarrita

Bolas es un pueblo especial porque está asentado sobre la parte alta de una alargada fila montañosa. Cuando uno está ahí puede sentir una fresca brisa que contrasta con el calor sofocante de muchos lugares de esta parte del país. Ese aire fresco y el sentido de inmensidad hacia cualquier lado que se mire, convierte a este lugar en un magnifico espacio para vivir.

Bolas es como una isla entre montañas. Para llegar al pueblo hay que subir desde El Brujo a la cresta de la fila montañosa. Hay un momento, unos pocos kilómetros antes de llegar al pueblo, en que se estrecha la fila y solo hay lugar para la carretera.

Desde ese delgado punto la vista es maravillosa: por un lado se puede ver la Cordillera de Talamanca y sus altas montañas, el valle donde está San Rafael y todo un montón de puntos de colores que son las casas dispersas de la gente que vive en el territorio indígena de Cabagra.

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Una vista desde el camino antes de llegar a Bolas. Foto: Diego Matarrita.

Del otro lado de la fila se ven las montañas de la Cordillera Costeña y el cauce del río General antes de unirse con el Coto Brus y formar el río Grande de Térraba.

Bolas es un pueblo hermoso y con larga historia. Si embargo, quienes viven ahí conocen muy poco sobre la historia antigua del lugar. Los colonos agrícolas y ganaderos que llegaron a mitad del siglo pasado llegaron, según ellos, a zonas de selva virgen, sin historia humana ni pasado.

A pesar de las esferas y de los restos que brotaban en cada movimiento de tierra, o cada vez que se trabajaba el campo, parecía que ahí no había nada. Y sí que lo había, y lo hay.

La selva cubrió el asentamiento abandonado antes de la conquista española. Los madereros destaparon lo cubierto, y desde entonces, cada día, y poco a poco, va apareciendo y desapareciendo la historia antigua.

Bolas es un pueblo bonito ahora. Y seguro que fue un pueblo bonito antes, en tiempos precolombinos. Un pueblo en la parte llana de una fila montañosa donde hay tierra fértil, pequeñas lagunas estacionales y un clima fresco. Un pueblo con amplias vistas, tan amplias que pueden alcanzar el Volcán Barú, en tierras chiricanas.

Del pueblo antiguo, del arqueológico, sabemos muy poco. Los estudios de principios de los años ochenta que hicieron Robert Drolet y Robert Markens dicen que este pueblo era tan extenso como el actual. Dicen también que hace unos 1 500 años ya vivía gente ahí, en pequeños caseríos, y que hubo un momento en que se construyó un pequeño centro con montículos artificiales y esferas de piedra.

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Antiguos montículos precolombinos del sitio arqueológico Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Los estudios recientes de Scott Palumbo y su equipo han ayudado a saber mas sobre el Bolas precolombino. Nuevos montículos, un área densa de ocupación en estrecha relación con las lagunas y muchos restos de cerámica y piedra son indicadores de la importancia que tuvo el poblado en lo que se conoce como el Período Aguas Buenas (4000 años antes de Cristo al 700 después de Cristo) y principios del Período Chiriquí (700 después de Cristo hasta los 900 o 1 000 después de Cristo).

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Fragmento de escultura de forma humana encontrada en el sitio arqueológico de Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Hasta donde llegan mis cuentas, en Bolas se han encontrado por lo menos 20 esferas. Aparte de Finca 4, en el Delta del Diquís, con 30 esferas registradas, en ningún otro sitio arqueológico se conocen tantas esferas

Bolas es un caso triste de expolio y de perdida de patrimonio. De las 20 esferas, sólo una se encuentra en su lugar original, entre la zona con montículos artificiales de origen precolombino. Hay otra en el lecho de un quebrada, en la parte baja del sitio arqueológico, que no se sabe bien por qué está ahí. Además, hay otra esfera pequeña en una zona de ladera, también cerca del sitio arqueológico.

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Esta es la única esfera que se conserva en la zona arqueológica del sitio Bolas. Está muy dañada y fragmentada. Foto: I. Quintanilla.

Las restantes esferas han sido removidas y están en los alrededores del pueblo, o se las llevaron. Las que salieron están en Pérez Zeledón centro, en las casas de la familia Sánchez.

Son unas 10 esferas que lucen bonitas en las lindas casas de esta próspera familia pezeteña forjada gracias a sus actividades madereras de los años 50`s y 60´s del siglo pasado. Décadas en las que se “coloniza” Bolas y se funda el pueblo.

Las esferas de Bolas parecen ser de las más antiguas de la región. Si hacemos caso a los datos que ofrecen la cerámica y otros materiales hallados en el sitio arqueológico, estas esferas se fabricaron hace por lo menos 1 500 años.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.

Algo interesante de las esferas de Bolas es la variabilidad de los tamaños que tienen. En mis registros hay esferas pequeñas de unos 20 cm de diámetro, otras de 60, 90, 100 y 120 cm de diámetro. Además, hay dos mayores, gemelas, que miden 156 y 157 cm de diámetro.

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Esfera pequeña que se encuentra en una zona de ladera cerca de la zona con montículos artificiales en el sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla.

Las dos esferas grandes de Bolas son las de mayor tamaño que se conocen fuera del delta del Diquís. Este es importante porque por la antigüedad del lugar es posible pensar que el tamaño de las esferas no fue aumentando según el paso del tiempo, sino que desde los inicios ya se fabricaban esferas voluminosas.

Por otra parte, el haber fabricado esferas “gemelas” que estaban colocadas juntas, muestra la capacidad técnica de replicar y de elaborar esculturas esféricas de igual tamaño. Esto no fue fácil y por eso es significativo.

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Los niños de la escuela de Bolas tienen el privilegio de estudiar rodeados de las dos grandes esferas encontradas en el lugar. Son dos esferas de 156 y 157 cm de diámetro, de fino acabado y con figuras grabadas. Foto: Diego Matarrita.

Un aspecto muy interesante de las esferas de piedra del sitio Bolas es que fueron hechas con rocas procedentes de la Cordillera de Talamanca. Esto las diferencia de las de otras partes de la región que proceden de afloramientos intrusivos de la Cordillera Costeña.

Por otra parte, las esferas de Bolas, al igual que todo el conjunto arqueológico del lugar, tienen la particularidad de estar relacionadas con lagunas de altura. Esto ha sido poco estudiado, pero puede ser un elemento paisajístico muy significativo.

Aparte de Bolas, el otro sitio arqueológico con esferas que está asociado con este tipo de lagunas es el sitio Cuasrán. Este sitio ha sido poco estudiado. Fue localizado en el 2004 por Francisco Corrales del Museo Nacional de Costa Rica. Está cerca de Puerto Nuevo, en Buenos Aires, dentro del actual territorio Boruca. Ahí se conserva una esfera junto con montículos artificiales.

El pueblo de Bolas de ahora es un pueblo lindo, de casas dispersas, gente trabajadora y buena. También es un pueblo límite, de frontera. Es un pueblo lindero entre dos mundos: el mundo indígena bribri de Cabagra y el mundo blanco, campesino, de colonos meseteños. Dos mundos que conviven a pesar de los pesares, y a pesar de las mutuas resistencias.

En Bolas confluyen muchas historias. Tristemente, son historias que hasta ahora no han servido para construir una relación de respeto y convivencia intercultural. La larga historia precolombina puede ayudar a comprender que ese lugar no estuvo vacío de gente, que antes de los campesinos de raíces meseteñas, vivía gente ahí.

La gente del antiguo Bolas era gente de las esferas. No puedo decir que ahí se hicieron las primeras, pero sí que fueron de los primeros y que hicieron muchas.

La gente de Bolas de ahora es la gente de las bolas de piedra. Las que se quedaron en el pueblo son cuidadas, queridas y mimadas como en ninguna otra parte.

Por amor a las esferas, por amor a las bolas, es que vale la pena recuperar la historia antigua y actual. Unir pasado y presente para convivir y respetar. No a las piedras, si no a la gente que ha estado vinculada a ellas gracias a vivir en ese hermoso y maravilloso lugar.

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Esfera de la Escuela de Bolas. Al fondo se aprecia parte de la Cordillera de Talamanca. Foto: I. Quintanilla.
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Hablemos de las esferas y de lo que es patrimonio mundial en el Diquís

Ultimamente se habla mucho acerca de las esferas de piedra, y eso está bien. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas para gran parte del pueblo costarricense, y ya era hora de que se les diera el valor que les corresponde como parte del patrimonio arqueológico del país.

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Mas de un 95% de las esferas fueron removidas de su lugar original. Durante mucho tiempo han sido parte del decorado de espacios públicos o de viviendas particulares. En muy pocos sitios arqueológicos se conservan esferas sin mover. Esto los convierte en lugares de gran valor patrimonial. Esfera en parque público de sierpe. Foto: Diego Matarrita.

Tanto interés en las esferas tiene que ver con la declaratoria de cuatro sitios con esferas como patrimonio mundial por parte de UNESCO. Ha habido mucha cobertura de los medios de comunicación desde que el pasado mes de junio se otorgara este reconocimiento a Costa Rica.

El próximo miércoles 13 de noviembre se colocará la placa indicativa de Finca 6 como uno de estos sitios de patrimonio mundial. Tener esta placa es algo muy apetecido y constituye un gran logro para el país. Por lo tanto, el acto que se realizará en Finca 6 será todo un acontecimiento político y cultural.

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Logo de los sitios que obtienen la declaratoria como patrimonio mundial de la Organización de las Naciones UnIdas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO-.

Es curioso pero mucha gente cree que la declaratoria de patrimonio mundial es para las esferas de piedra precolombinas. De hecho en algunos lugares les han puesto esa identificación, pero esto no es correcto. Las declaratorias de patrimonio mundial no se le dan a objetos; se le da a propiedades con elementos patrimoniales.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto:Diego Matarrita.

El Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró cuatro sitios arqueológicos ubicados en el Cantón de Osa –Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio- como patrimonio cultural mundial. Estos, solo estos, serán los que podrán lucir esta placa.

Además de la confusión sobre a qué fue lo que se declaró patrimonio mundial, también existe inquietud acerca de cuál es la categoría de los otros sitios arqueológicos con esferas y de las esferas movidas de su lugar original. La única categoría que queda para ellos es la de “patrimonio arqueológico nacional” y para las esferas como elemento individual la de “símbolo patrio“.

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Las esferas precolombinas no han sido declaradas patrimonio mundial. No pueden serlo como elementos individuales. Lo que si es patrimonio mundial son cuatro sitios arqueológicos con esferas de Osa. Foto: I. Quintanilla.

Esto no quiere decir de ninguna manera que no tienen valor mundial. Lo que pasa es que quienes elaboraron el expediente de la candidatura decidieron presentar cuatro sitios porque consideraron que eran representativos del fenómeno de las esferas y de las sociedades de tipo cacical, que es como se identifican a las que hicieron estas esferas y los otros elementos que las acompañan.

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Finca 6 con sus alineamientos de esferas y sus montículos Es uno de los cuatro sitios de patrimonio mundial. Foto: Diego Matarrita.

Aparte de los cuatro sitios ahora patrimonio cultural mundial hay muchos otros con y sin esferas de piedra que son de gran importancia y de gran valor patrimonial. Ahora empieza la tarea de conservar la placa de UNESCO cumpliendo con los compromisos adquiridos en el expediente de candidatura. Además, continúa la tarea de investigar más, de proteger adecuadamente y principalmente de poner en valor los más de 4 000 sitios arqueológicos que están registrados en el país.

Finca 6, Grijalbe, El Silencio y Batambal son el principio, de ninguna manera el final. Hay mucho por hacer todavía en la arqueología de Costa Rica.

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Saúl y su esfera para el Yadé

El lunes 27 de octubre de este año murió Yorleni Leiva, una maestra boruca. Era amiga mía en Facebook, pero no la conocía personalmente. He empezado a conocerla ahora que ya no está a través de sus amigos reales. Me he dado cuenta que era una persona muy activa, muy comprometida con su identidad indígena y muy emprendedora. Su partida ha sido una gran perdida no solo para su familia y amigos, sino para todo el pueblo bruncaj.

Restaurante Yadé.
Esfera elaborada por Saúl Morales que hoy en día adorna las afueras el restaurante Yadé, en Boruca. Foto tomada del Facebook del restaurante Yadé.

 

A Yorleni le gustaba el arte tradicional y estaba empezando a sembrar esculturas en el restaurante que montó en Boruca, su pueblo, al que había regresado después de muchos años enseñando a niños de otro territorio indígena.

Yo no lo sabía hace unos meses, pero el azar y la amistad con Saúl Morales, otro bruncaj especial como Yorleni, me llevaron a documentar parte del proceso de elaboración de una esfera que hoy luce en las afueras del restaurante Yadé, el proyecto empresarial de ella.

Me pareció interesante documentar fotograficamente la elaboración de una esfera por alguien indígena y con formación académica en escultura. Le pedí a Diego Matarrita que fotografiáramos a Saúl, amigo al que estimo y respeto profundamente. Las siguientes fotos son parte de ese proceso, que ilustra una manera actual de labrar esferas del mismo material que la mayoría de las esferas precolombinas.

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Saúl haciendo cortes en la roca para luego desbastarla. Agosto 2014. Foto: Diego Matarrita.

Saúl no tuvo reparos en usar sus herramientas habituales para desbastar el bloque de piedra que encontró en las cercanías de su casa, en Cañablancal de Osa. Él no pretendía hacer una réplica precolombina. Hizo una esfera de acuerdo a sus conocimientos,  a su capacidad técnica actual y, principalmente, a sus deseos.

Labrar una piedra para obtener una escultura, sea de la forma que sea, implica unos procedimientos básicos. Eliminar materia innecesaria, limpiar para ir buscando la forma deseada, es lo que hacen habitualmente los escultores. Lo mismo pasó con la esfera de Saúl.

Saúl usó su experiencia, su ojo clínico y puso todo su empeño en la dura tarea de buscar la simetría en el bloque amorfo que escogió para hacer la esfera. Poco a poco, entre el polvo en que se convirtieron los cristales del gabro, fue dando forma a la esfera. Ni una vez se detuvo a medir. A ojo, moviendo el bloque y trabajándolo todo de manera simultánea, fue encontrando lo que buscaba.

Algo que me llamó la atención fue su manera de ir dando vueltas al bloque para tener distintas facetas para tallar. No hizo falta maquinaria pesada ni ayudantes. Él sólo, con su fuerza y su ingenio, movió el bloque a placer. Y no es que Saúl sea un Superman. No…él es bajito, pero robusto. Está acostumbrado al duro trabajo del campo y ha peleado muchas veces con pesadas rocas que transformó en esculturas propias.

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Saúl moviendo la pre-forma de esfera. Agosto 2014. Foto: Diego Matarrita.

Fue hermoso verlo mover la piedra. Imaginé a sus antepasados en igual posición, de manera individual o en grupo. Muchos Saúles moviendo grandes bloques …debió haber sido grandioso en los casos de las esferas monumentales. Cinco, ocho, diez toneladas movidas en una época en que no había rueda, ni animales de tiro, solo fuerza humana, ingenio y capacidad de organizar el trabajo. Eso es parte de lo maravilloso de las esferas precolombinas.

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Saúl con maza y puntero eliminando irregularidades. Agosto 2014. Foto: Diego Matarrita.

Después de usar mazas, martillos y un cortador con disco diamantado para perforar la piedra, y ya con una forma básica de esfera, Saúl pasó a la maza y al puntero para afinar la superficie. Poco a poco afloraba la esfera. Quedaba eliminar irregularidades y dejar lo que él consideraba su sello, su marca para que no se confundiera con una esfera antigua.

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No pude ver la parte final del proceso de afinado de la esfera. Sé, porque me lo dijo Saúl, que una parte quedó con cortes y evidencias del proceso de trabajo actual para que no hubiera duda de que la esfera era de ahora. Era un pedido de Yorleni. Un pedido que pudo disfrutar antes de su trágica muerte.

 

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Haber sido grande no significa nada: una pequeña crónica de la gran desgracia de Finca 4

Era 1996.  Era un día horrorosamente caluroso, seguramente en marzo. Yo estaba de gira en Osa como arqueóloga del Museo Nacional encargada del Pacífico Sur y al pasar por Finca 4 vi a un montón de hombres cargando piedras. ¿Cuántos eran? 50, 70 o más. Eran muchos trabajadores; todos ellos doblados por el brutal sol del Sur. Buscaban en el suelo, se agachaban y se levantaban con una piedra entre las manos. Caminaban un trecho y las apilaban.

No podía creer lo que estaba viendo. Le pedí a mi compañero que manejaba el carro que parara. Bajé corriendo, pregunté por el mandador, pregunté qué era lo que estaban haciendo, aunque ya lo había deducido. Me dijeron: son órdenes, tenemos que limpiar esto de piedras para montar un sistema de riego. Les pedí que no siguieran. Me repitieron que eran órdenes, que hablara con el jefe en San José.

Hablé con el mandador, el mandador llamó al jefe, yo me fui a buscar a la Guardia Rural, llamé a la directora del Museo Nacional. Vino la policía, vinieron las fuerzas vivas del cantón de Osa, vino el Jefe de San José, vino el alcalde, vinieron los vecinos, vino quien quiso venir.

El Jefe había tomado una avioneta desde San José y en un plis plás estaba ahí. Lo recuerdo enorme, rubicundo, ojos verdes, cara de niño gigante, vestido con ropa caqui de reminiscencias coloniales, imponente, como sólo lo son los que nacieron en el poder. Él y las fuerzas vivas me pedían explicaciones, gestualizaban, amenazaban. Me gritaban que nada iba a detener el progreso; nada iba a detener el nuevo proyecto bananero para Osa. Bananeras Térraba y Changuina estaban ahí para reemprender lo que la Compañía Bananera de Costa Rica había abandonado en 1984. Un nuevo proyecto con capital nacional, con empresarios nacionales y con nuevas tecnologías. ¿Cómo se me ocurría a mí pedir que se detuvieran, que no destruyeran el sitio arqueológico de Finca 4, que no arrasaran con las secciones 23 y 36 del legendario estudio de Samuel Lothrop? ¿A ellos que les importaba un sitio arqueológico?

Yo soy bajita y en ese momento pesaba unos 48 kilos. El jefe era alto, enorme y quizá pesaba más de 100 kilos. Cuando vino hacia mí sentí su rabia, su ira y su prepotencia. A pesar de su tamaño y de su actitud no me intimidó en absoluto. Había que hacer lo que tocaba y eso era parte de mi trabajo. Hubo una agria discusión, argumentamos, nos enojamos. Todo esto pasaba bajo un sol asesino de media mañana. La gente miraba expectante, la policía no sabía cómo actuar, los trabajadores seguían cargando piedras….

Esa no era época de teléfonos celulares. Para consultar algo había que ir a un teléfono público. Ir y venir; consultar y negociar. Después del mediodía hubo trato. Había que cumplir la ley. Se detenía la movilización de las piedras y se iniciaría un proyecto de rescate arqueológico de urgencia. La empresa ayudaría con trabajadores y el Museo Nacional enviaría personal de inmediato. Algo se podía salvar de Finca 4, del famoso sitio arqueológico de Lothrop, del sitio donde se habían sacado 186 piezas de oro, del sitio con muchas esferas de piedra.

Finca 4 fue el centro principal de los poblados con esferas de piedra del Diquís. Mi inventario ubica 30 esferas de piedra solo en las secciones 23 y 36, muchas de ellas monumentales, así como las únicas hechas de rocas de caliza con datos de contexto. Lothrop lo estudió en 1949 y recolectó la información de un saqueo donde se extrajeron 186 piezas de oro de dos enterramientos, hoy distribuidas entre el Museo del Oro del Banco Central de Costa Rica y Dumbarton Oaks, en Washington D.C..

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Sección de un muro de retención de un montículo precolombino de Finca 4. Foto: Museo Nacional de Costa Rica, 1996.

En las secciones 23 y 36 y en las colindantes se han encontrado montículos, basamentos, esculturas de piedra, vasijas cerámicas y otros elementos arqueológicos. Desde la instalación misma de la Compañía Bananera hace casi 80 años, el lugar  ha sido saqueado y atacado constantemente por las obras de infraestructura de las plantaciones extensivas.

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Dos esferas, una de gabro y otra de caliza, encontradas en Finca 4 y ahora colocadas en la orilla de la carretera que va de Palmar Sur a Sierpe.

El rescate arqueológico que estuvo a cargo de Adrian Badilla, en 1996, permitió conocer que había muchas estructuras bien conservadas en Finca 4. Imponentes muros de piedra, estructuras elevadas con esferas en su parte superior, basureros con restos de la vida cotidiana del sitio fueron encontrados en muy buen estado de conservación.

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El sitio arqueológico Finca 4 ha sido uno de los lugares de procedencia de objetos de oro de gran riqueza forma e iconográfica. En el Museo del Oro de la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica se exhiben algunas de estas maravillosas creaciones precolombinas. Pieza de oro del estilo Diquís, Colección Banco central de Costa Rica.

Veo hacia atrás y creo que estar ese día en Osa fue providencial. Sin embargo, tengo el sabor amargo de haber hecho lo de siempre: ir a evaluar, rescatar lo que se podía y dejar el lugar a merced de los poderosos. Me amarga que hayan construido un helipuerto sobre el enorme montículo precolombino del sitio, me atormentan las estructuras arquitectónicas detectadas y dejadas sin estudiar; me hace sufrir la recolecta y dispersión de las pocas esferas que quedaban en el sitio.

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Ocupación precolombina de la zona ubicada entre Palmar Sur y Sierpe hace unos mil años. Ahí destaca Finca 4 y sus secciones 23 y 36 por la gran concentración de restos arqueológicos. Mapa basado en el estudio de Claude Baudez y su equipo en 1990).

¿Por qué Finca 4 ha quedado fuera de todo? ¿Por qué si fue el corazón de los asentamientos con esferas de piedra, quizá el centro del cacicazgo, sigue ahí abandonado?

El proyecto bananero nacional fue un fracaso. Un banco de mas de 100 años de historia quebró en gran parte por los millonarios créditos concedidos a los “empresarios ticos”; la Caja Costarricense del Seguro Social no cobró millones deducidos a los trabajadores; la tierra arrendada por la Cooperativa a los empresarios quedó hipotecada y ahora va a ser rematada por otro banco.

En 18 años, Finca 4 ha sido el centro de disputas más injusto y desigual que he conocido en el Sur.  Se ha visto lo vil y canalla de una parte del empresariado nacional; se ha visto hambre, humillación y vidas extenuadas por luchar contra gigantes creados por el poder. Salarios no pagados; el Estado al servicio de los ricos en detrimento de los pobres; el Estado perdonando a los grandes y castigando a los chicos.

A todo esto, el sitio arqueológico Finca 4 tampoco fue incluido dentro de la lista de sitios patrimonio de la humanidad sometida a UNESCO y aprobada en junio de este año. La gente que vive alrededor del sitio vive con la incertidumbre de un desalojo anunciado para estos días. El Museo Nacional quiere la propiedad del sitio. Pero quiere el pasado; no el presente.

Pasado sin presente no tiene sentido. En Finca 4 existe la oportunidad de salvar el pasado de un sitio arqueológico de gran relevancia y también existe la posibilidad de salvar parte del presente y del futuro de mucha gente que ha sufrido hasta la saciedad. Solo se necesita un cambio; mayor sensibilidad por parte del Estado. Mayor sensibilidad de todos y acciones concretas para que no haya más impunidad y para que no siempre ganen los mismos.

Para conocer más sobre Finca 4:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/bolmuseo/1997/enjn42/enjn06a.htm

http://www.doaks.org/resources/publications/doaks-online-publications/goldandpower/goldandpower05.pdf

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Sombras, sol y esferas: una combinación perfecta

Las esferas precolombinas del Diquís son más que una forma perfecta, o casi perfecta. Son más que un fino acabado, o una textura rugosa. Son más que volumen, mas que monumentalidad, más que un tamaño grande o uno pequeño.

Son objetos activos que actúan, se mueven o cambian de acuerdo con el lugar dónde están, de acuerdo con la luz,  si es de día o de noche. Sus tamaño, sus acabados, dónde estén, y cómo estén, las muestran de manera diferente, a la vez que las individualizan y las convierten en portadoras de información relevante.

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Esfera del Parque de Palmar Sur, Osa, fotografiada el 30 de agosto del 2014. Foto: Diego Matarrita.

Si un 30 de agosto una esfera de acabado fino y tamaño monumental recibe la luz mañanera se mirará como la de la foto. Es la misma esfera de cualquier día, solo que el 30 de agosto-uno de los dos días del año del sol cenital– habrá un movimiento de sombra que la mostrará diferente.

La foto muestra lo que Diego Matarrita -el fotógrafo que me ha acompañado a documentar las esferas- y yo vimos el pasado sábado. Vimos la sombra moverse hasta que las ramas de unos arboles taparon el sol y suspendieron el efecto visual. De haber seguido siendo alcanzada por los rayos del sol ésta esfera se hubiera visto como las siguientes:

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Esferas que reciben la luz del sol; esferas ocultas por arboles, edificios o bodegas. Depende de cómo estén las podemos ver actuar. Según cómo las hayan colocado en tiempos precolombinos, o cómo las hayamos colocado ahora, podremos conocer sus secretos.

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Esferas del Parque de Palmar Sur, Osa, a las 11:50 del 30 de agosto del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Secretos de un día, secretos que se revelan por la luz, y según la luz. Secretos no tan secretos si hay observación, paciencia y personas generosas que comparten sus observaciones y conocimientos. Gracias Federico Guevara por el inquieto espíritu de investigación, por descubrir este secreto y por dármelo generosamente. Gracias Don José Alberto Villalobos por ayudarnos a ver más y a corroborar lo descubierto por Federico. Este viaje de agosto ha sido revelador y ahora ya podemos entender  lo que pasa el 12 de abril y el 30 de agosto de cada año cuando el sol “sale” en la misma dirección de las esferas del alineamiento de Finca 6. El sol cenital de cada año fue “fechado” a partir del alineamiento de las esferas y la salida del sol en la misma dirección.

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“Salida” del sol a las 5:44 de la mañana el 29 de agosto del 2014 en Finca 6 en la misma dirección del alineamiento de esferas. Foto: I. Quintanilla.
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Acerca de la técnica de suavizar la piedra y la escultura precolombina

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Es hermoso este metate, ¿no es cierto?  Es un metate “efigie“, también llamado “piedra tigre” entre la gente de algunas partes de Costa Rica y Panamá.

Es un artefacto usado para moler, para eso su superficie plana y algo cóncava. Se ha dicho que también pudieron servir como asientos, pero no hay nada claro sobre esto.

Es muy característico de la arqueología del sur de Centroamérica, donde se han encontrado como parte de ofrendas funerarias y en contextos domésticos.

Es muy curioso que en esta parte del mundo los indígenas precolombinos fabricaran objetos de piedra para resolver necesidades de su vida cotidiana y ritual a la vez que convirtieran a gran parte de estos objetos en medios para transmitir todo un mundo simbólico.

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En la Costa Rica precolombina destaca la talla de la piedra. Esto es algo compartido en las distintas regiones arqueológicas y compartido también con los vecinos países de Nicaragua y Panamá. 

Existe gran incertidumbre acerca de las técnicas y los instrumentos usados para convertir bloques de piedra en metates o en otras formas. Para mucha gente es muy difícil pensar que los fabricaron usando otros instrumentos de piedra y por la combinación de diversas técnicas escultóricas. Cuesta creerlo, pero así fue.

Cuando la ciencia no da las respuestas apropiadas o cuando el conocimiento científico está muy alejado de la gente, se generan explicaciones propias. En el caso de la escultura en piedra precolombina de Costa Rica existe una creencia entre indígenas y campesinos que sostiene que en tiempos antiguos los indígenas podían suavizar y moldear la piedra.

La capacidad de suavizar la piedra es un pensamiento que está muy arraigado en el Pacífico Sur donde se encuentran gran cantidad de esculturas precolombinas, especialmente las grandes esferas. Algunas personas mayores lo han transmitido a sus descendientes y acompañan la explicación al hallazgo de sustancias de color verde en vasijas encontradas en enterramientos que desaparecían misteriosamente al ver la luz.

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La fabricación de las esferas sigue generando dudas y algunas personas no aceptan que los indígenas hayan sido capaces de haberlas esculpido a partir de rocas propias de la región. Foto: I. Quintanilla

Hace unos meses estuvo de visita en mi casa Doña Margarita, una muy querida amiga indígena de Boruca. Es una señora mayor que ha estado siempre muy involucrada en la recuperación de la cultura tradicional, especialmente de los tejidos de algodón. Hablando y hablando ella me contó lo que su abuelita le había explicado sobre la manera antigua de fundir la piedra y me preguntó lo que yo pensaba.

Lo único que pude decirle fue que hasta ahora no hemos encontrado restos arqueológicos de moldes ni de otras cosas que nos den indicios de que la piedra se fundía. Del oro y del cobre, sí. Pero de piedra, nada.

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Indudablemente, la fundición de metales -oro y cobre- era una técnica conocida y magistralmente dominada en el Diquís. Esto no se puede decir para la piedra, a pesar de que algunos objetos puedan parecer “modelados” mas que tallados a partir de distintos instrumentos de talla.

Le puse el ejemplo de lo grandes que tenían que ser los moldes de las esferas y nos pusimos a imaginar cómo serían. Hasta nos reímos pensando en lo difícil que pudo haber sido moverlos y llevarlos de un lado a otro.

Le expliqué que muchas de las esculturas tenían las cicatrices de los instrumentos que se usaron para hacerlos y que a través de éstas se podía concluir que habían usado masas, martillos, cinceles, punteros, abrasivos y taladros. Le dije que después de hacerlos las alisaron o pulieron y hasta las pintaron. A fin de cuentas, le expliqué que fueron artesanos -muchos de ellos expertos escultores y grandes artistas- quienes hicieron esas esculturas. Que era gente de gran conocimiento y muy trabajadora.

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Escultura singular propia del Diquís. Fabricada en roca arenisca, esta escultura fue hecha usando un tipo de roca muy abundante en la región. Foto: Diego Matarrita.

También le expliqué que las piedras usadas para hacer todas esas esculturas, tanto las esferas como las esculturas de seres humanos y de animales, se encuentran de manera natural en la región y que no se ha visto que hayan cambiado cuando se convirtieron en esculturas.

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Afloramiento de gabro en la Quebrada Olla Cero en Osa. Es la misma roca utilizad para fabricar la mayoría de lase sferas precolombinas, pero en estado natural. Foto: Diego Matarrita.

Doña Margarita y yo conversamos hasta bien entrada la noche sobre esto y otras cosas. Sé que ella entendió y aceptó mi explicación. Sin embargo, también sé otra cosa, y lo entiendo perfectamente: ella siempre va a preferir lo que le dijo su sabia abuelita.

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Piedras con nombre propio

Hace unas semanas escuché a la antropóloga Carmen Murillo decir que el patrimonio no es lo que nombran o identifican los funcionarios de la cultura. Explicaba que el patrimonio es lo que la gente identifica como propio, como algo que le pertenece y que es a la gente a la que hay que escuchar para identificar, proteger y poner en valor eso que llamamos patrimonio cultural.

Muchas veces escuchamos algo y luego ese algo retorna ante una imagen o un recuerdo. Recordé lo que Carmen dijo mientras pensaba en una piedra que siempre he querido estudiar. Es una piedra que llaman “mano de tigre” y que está a la orilla de la carretera que va de Térraba a Boruca, allá en el Sur de Costa Rica.

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Piedra “mano de tigre“.

La piedra “mano de tigre” pasa desapercibida para cualquiera que no sea indígena. Es una piedra relativamente grande, está sola en el camino y no parece haber sido modificada por la acción humana. Sin embargo, esta roca tiene un gran significado para la gente de Térraba y la de Boruca, dos pueblos indígenas distintos étnicamente que han compartido espacio territorial en los últimos 300 años.

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Detalle de la huela de la “mano del tigre”. Foto: I .Quintanilla.

La piedra “mano de tigre” conserva la huella de un tigre. Esta huella no sabemos si fue tallada o si se formó por causas naturales. Lo importante es que las concavidades que conserva han sido interpretadas y dotadas de sentido por dos comunidades indígenas. Por lo tanto tiene un significado especial para ellos en términos de sus identidades y de sus memorias.

Esta piedra constituye un límite territorial no explícito entre Térrabas y Borucas. Estos pueblos han tenido sus diferencias durante los siglos que han tenido que compartir territorio por obligación colonial. Han tenido conflictos, han intercambiado cosas, se han casado entre ellos y han sufrido de la misma manera un proceso violento de colonización occidental. En todo esto hay una piedra que los une, que ambos pueblos reconocen, a pesar de que podría ser una piedra más a la orilla de una carretera.

Mientras escribía este texto leí en Facebook un comentario de Melvin Kamel González Rojas, un gran pintor y movilizador cultural boruca. Ponía Kamel un texto con una foto.

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Piedra “Mamran”. Foto: Kamel González.

Dice Kamel: “Piedra llamada MAMRAN. En este lugar hacía su aparición el espíritu del agua Di^Sujcra a veces como hombre a veces como nutria y a veces como espíritu, nutria y hombre. Aki nace la historia de las MAMRAN hijas del Di^Sujcra. Mitos de nuestro pueblo brunkajc de tiempos precolombinos“.

Es bonito que las piedras tengan nombres. Esto les da identidad, las humaniza y las hace diferentes. Si además de nombre tienen historias y son parte de la memoria pues mucho mejor aun. Son piedras naturales con valor social y eso las convierte en algo muy importante.

Con el ejemplo de estas dos piedras naturales con nombre propio, quisiera volver a lo que planteaba Carmen.

El patrimonio no solo son los bailes, las tradiciones gastronómicas o artesanales, o los objetos que los atestiguan. El patrimonio de un pueblo, además de eso, tiene como base su territorio y el territorio tiene nombres, lugares, piedras, montañas, ríos, cuevas, cielo, estrellas…

Cuidar todo lo que tenga significado social, cultural e histórico -no solo los objetos- debería de ser una tarea fundamental de quienes se ocupan de los temas patrimoniales. Es necesario volver los ojos al territorio, no solo para buscar atractivos turísticos y desarrollar el etnoturismo como se plantea para los pueblos indígenas, sino para revalorizarlo y para que la gente se reconozca y se reconstruya como parte de un pueblo con historia.