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El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

El Diquís, las esferas de piedra y su valor cultural universal

Hoy, 23 de junio se celebran los dos años de la declaratoria de un conjunto de sitios arqueológicos del sur del país como patrimonio de la humanidad por parte de UNESCO. Con esta declaratoria, y por primera vez, una parte del patrimonio arqueológico de Costa Rica se elevó al mismo nivel que muchos otros sitios del mundo que se han distinguido por crear obras singulares y representativas de la capacidad humana a través de la historia.

Este reconocimiento mundial es para los pueblos indígenas que vivían en el Pacífico Sur del país en tiempos precolombinos y para sus descendientes. Es también un reconocimiento para el pueblo costarricense que tiene la responsabilidad de conservar y poner en valor este patrimonio.

Escribí este texto para el Suplemento Áncora del diario La Nación. Salió publicado el domingo 19. Lo comparto aquí para quienes no tuvieron oportunidad de leerlo.

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Un grupo de sitios arqueológicos (Finca 6, Batambal, Grijalba y El Silencio) constituyen el conjunto de patrimonio mundial denominado “Asentamientos cacicales precolombinos con esferas de piedra del Diquís”. Son asentamientos representativos de sociedades cacicales, una forma de organización socio-política definida desde la antropología.

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Los sitios del Diquís declarados patrimonio de la humanidad comparten una arquitectura basada en el uso de la piedra -cantos rodados sin uso de argamasa- para construir las bases de las viviendas. Grijalba es uno de ellos. Foto: Diego Matarrita.

Los cacicazgos, jefaturas o sociedades de rango se consideran como una “etapa” de desarrollo de la humanidad. Estas sociedades se caracterizan principalmente por ser pueblos sedentarios, agrícolas y con una significativa población. Son sociedades marcadamente territorialistas y con fuertes diferencias sociales a su interior. No son sociedades igualitarias; tampoco están conformadas por clases sociales. Son un paso intermedio; son la transición a lo que se define como sociedades estatales.

Aunque se han documentado distintas sociedades de tipo cacical en el mundo, el sitio de patrimonio mundial del Diquís tiene algo especial, que fue determinante para su declaratoria: las esferas de piedra.

Y ¿por qué tener esferas fue determinante?

Hay varias respuestas a estas preguntas, sin embargo hay algo fundamental: las esferas del Diquís son objetos escultóricos ante todo. Es piedra tallada; esculpida por manos humanas y no por la naturaleza. Son producto de la creación indígena precolombina, de su experiencia, de su capacidad de trabajo y de un pensamiento innovador materializado en mas de 350 ejemplares.

Esfera Parque palmar sur agosto 2014
Las esferas de piedra son mucho más que forma y tuvieron un uso y un significado más allá de símbolos de poder. Esferas en el parque de Palmar sur, Osa. Foto: Diego Matarrita.

 

Las esferas de piedra del Diquís se fabricaron mediante una tecnología basada en otros instrumentos de piedra y quizá de madera y otros materiales duros. En ese tiempo, en la Centroamérica precolombina no habían bueyes, caballos ni otros animales de tiro. Tampoco se usaba la rueda ni ninguna forma de transporte que no fuera la capacidad humana de cargar o mover individualmente o en grupo las cosas.

El gran valor de las esferas de piedra radica en que se hicieron bajo condiciones tecnológicas y sociales que hoy se consideran muy difíciles. No obstante, los indígenas hicieron varios cientos de ellas con forma casi perfecta, con acabados finos en muchos casos y con tamaños que van desde unos pocos centímetros hasta los 2,6 metros de diámetro.

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Elaboración actual de esferas de piedra con materiales propios de la zona. El gabro y la granodiorita fueron las rocas más utilizadas para hacerlas y ambas se encuentran en diversos puntos del Pacífico Sur. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. O sea, durante más de mil años. Este fenómeno creativo no fue común para todo lo que hoy llamamos Costa Rica. Las hicieron y usaron pueblos ubicados en la cuenca del Río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña en el Pacífico Sur.

En lo que hoy denominamos como los cantones de Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Coto Brus y Golfito se concentraron los asentamientos precolombinos con esferas. Estos lugares son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, que es el marco cultural al que se circunscriben los pueblos que vivían aquí. Eran pueblos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde milenios atrás.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, en la metalurgia, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era común a todos.

Es por lo anterior que entre los mas de mil sitios arqueológicos registrados en el Pacífico Sur solo en 57 había esferas. Esto es un indicio de la diversidad cultural que había en la región.

 

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Cada punto rojo corresponde a un sitio arqueológico del Pacífico Sur de Costa Rica donde se han registrado esferas de piedra. Mapa elaborado por Felipe Sol.

Las esferas fueron elementos integrados al paisaje cultural. Formaban parte de los espacios públicos en plazas, o estaban colocados en zonas de paso o a la entrada de viviendas de uso especial. También fueron usadas para demarcar lugares de significado especial, sea para conmemorar o para marcar el paso del tiempo y eventos astronómicos. Se usaron solas, o como parte de agrupamientos en distintos asentamientos.

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En Finca 6, uno de los cuatro sitios declarados patrimonio de la humanidad, se encuentra el único conjunto de esferas conservado en su lugar original. Los datos apuntan a que la posición de este conjunto y su orientación estén relacionados a un uso astronómico. Foto: Diego Matarrita.

¿Y cuánto pesan? Hay más de 50 esferas con pesos superiores a una tonelada. Las más grandes superan las 10 toneladas y excepcionalmente una de ellas –la del sitio El Silencio– alcanza las 26 toneladas. Esta capacidad de mover esculturas tan pesadas, a veces a lo largo de varios kilómetros, en terrenos con topografía irregular y con densa cobertura boscosa son parte del gran valor cultural que tienen.

El Silencio en su drama
La esfera del sitio El Silencio es la de mayor tamaño que se conoce. mide 2.66 m de diámetro y pesa cerca de 26 toneladas. Este dato se tiene después de haber sido medida con un escáner láser de alta resolución por un equipo del LANNAME de la UCR. Es una esfera conmemorativa o usada para demarcar un lugar de significado especial. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son diferentes entre ellas. A pesar de compartir la misma forma, no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción. Tampoco el mismo valor simbólico.

Los elementos que las definen y diferencian tienen que ver con el trabajo invertido en su fabricación: son diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y también en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Es posible que el valor social de las esferas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color y textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Las esferas fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante. También fueron objetos generadores de conocimiento y concentraron en su producción y uso formas de saber acumuladas por siglos.

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Día de sol cenital en el Pacífico Sur de Costa Rica. Esto ocurre dos veces al año -12 de abril y 30 de agosto. En el amanecer de esos días se puede ver el sol salir en la misma dirección que las esferas del sitio Finca 6. Foto: Diego Matarrita.

El uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas.

Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Pero el tiempo las transformó en objetos universales. Quinientos años después de que se hayan terminado de fabricar, estas magníficas esculturas de uso local se han convertido en orgullo y símbolo de todo un país, e incluso Patrimonio de la Humanidad.

Por eso, el 23 de junio es un día para celebrar. También es un día para honrar a los pueblos indígenas. Un día para reconocer quienes han sido y son. Y es un día para recordar la responsabilidad histórica que tenemos de cuidar, conservar y poner en valor el legado de estos pueblos.


Enlace de la publicación en el diario La Nación: http://www.nacion.com/ocio/artes/Diquis-esferas-piedra-cultural-universal_0_1567843233.html

 

 

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Cincuenta mil visitas y miles de gracias

Hace tres años empecé este blog. No tenía ni idea de cómo empezar ni qué decir exactamente; mucho menos sabía quienes lo iban a leer. Han pasado tres años, he escrito 89 entradas y lo han visitado mas de 50 000 veces.

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Esferas en Bahía Ballena, Osa, ejemplo del abandono y la desidia. Foto: Diego Matarrita.

A lo largo del camino he encontrado seguidores fieles, inquietos y amables que me animan a seguir adelante. He conocido mucha gente por lo que he escrito y he tenido encuentros gratificantes de personas que me agradecen lo que hago y digo.

Me siento feliz de este blog. Me llena de alegría comunicar, compartir, sufrir y llorar por las esferas, por los lugares donde están, por el estado en que se encuentran.

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Esfera del sitio El Silencio en su avanzado estado de deterioro. Foto: Diego Matarrita.

La voz en este blog es mía. Es mi opinión y mi conocimiento experto. Son mas de 20 años de estudio, de amor, de pasión y de un poco de locura -obsesión, dirán algunos- por las esferas, por la arqueología del Diquís y por una región a la que amo.

Rodrigo Rubí J.  Escultura antropomorfa P-299-BT-F. E-84 / Procedencia: Cd 80/82N 26W/42-65 cmb/d. Batambal, Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012.
Escultura sin rostro del Diuís. Sitio Batambal, colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Rodrigo Rubí.

Este blog es mi herramienta para compartir lo que sé y lo que voy sabiendo. Es mi máquina para pensar en voz alta y para reflexionar no solo sobre las esferas, sino sobre todo lo que las acompaña

Lo empecé cuando me ahogaba por el mal estado de conservación de la mayoría de las esferas y de los sitios donde están. Me lancé a compartir mi pesar y preocupación por este patrimonio olvidado y maltratado. Aunque algunas cosas han cambiado, otras siguen igual. Eso significa que la tarea continúa porque el patrimonio es cosa de todos y principalmente porque me siento responsable por muchas cosas que yo encontré y estudié.

Ahora hay cuatro sitios con esferas de piedra declarados patrimonio mundial ante la UNESCO. Un logro pero mas que todo un gran reto. Yo sigo comprometida, vigilante y deseosa de ayudar en su protección, conservación y puesta en valor.

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Amanecer del 12 de abril en Finca 6. El sol sale alineado con las esferas de uno de los alineamientos del sitio. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas son memoria; son memoria de los pueblos indígenas creativos, audaces y trabajadores que vivieron en el Diquís, en el Pacífico Sur de Costa Rica. Por esta gente que no conocí, por que ellos fueron capaces de hacerlas y tenerlas, por ellos, por respeto a su memoria y a sus descendientes, es que seguiré con este blog. Espero seguir contando con usted que me está leyendo. Acompañada, el camino es mas placentero

¡¡ Gracias!!!

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El drama del silencio o el drama de El Silencio

Cuando estaba pequeña, y éramos campesinas, mi mamá llamaba al viento para ventilar los frijoles recién recogidos y tirar las hierbas y basurillas que quedaban. Ella decía que el viento se llamaba Julián. Nosotros a veces nos poníamos a llamarlo a gritos: Julián, Julián, Julián, Julián… Pocas veces venía, y de ahí me di cuenta que a veces no vale la pena hablarle al viento.

Hoy me siento como en esos momentos en que llamábamos a Julián y no respondía.

Hoy tengo un sabor amargo en la boca y un sentimiento de renuncia. Le doy vueltas a la cabeza, analizo palabras escuchadas, consejos recibidos, experiencias pasadas y termino pensando que hay luchas en las que no vale la pena insistir. Luchas que son como llamar al viento.

Con melancolía y tristeza veo las imágenes de la esfera de El Silencio. La conozco desde hace 24 años y desde entonces la he visto destruirse. Ahora es uno de los sitios de patrimonio mundial de UNESCO y se supone que un tesoro de Costa Rica y del mundo. Veo las imágenes de la semana pasada, de hace 3 meses, de hace 7 meses, de hace 4 años, de hace 15 años y solo veo deterioro y mas deterioro.

El Silencio en su drama
Esfera del sitio El Silencio. Es la esfera de mayor tamaño conocida en Costa Rica. Tiene 2.50 metros de diámetro y unas 20 toneladas de peso. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Hace unos días mi amigo Robert Muñoz me envío el producto de su trabajo de meses: es una imagen en 3D de la esfera de El Silencio a partir de múltiples fotos sistematizadas e integradas para producir una visión tridimensional.

En este enlace se puede ver y jugar con la imagen que tantas horas de trabajo de campo y de gabinete le tomó a Robert: https://sketchfab.com/models/27828cc7bbe0456f9b21fda53863f079. Impresiona lo que se ve.

He seleccionado unas capturas de la imagen generada por él donde se puede ver el drama de esta esfera a través de las cicatrices de perdidas de fragmentos que ha sufrido, y que sigue sufriendo.

El Silencio Robert Muñoz copia
Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.

 

El Silencio Robert Muñoz 2 copia
Captura de imagen de fotogrametría generada por Robert Muñoz de la esfera de El Silencio, Costa Rica.Na hay que ser ciego para no ver. hay que ser ciego o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo.

No hay que ser ciego para no ver. Hay que ser ciego, o muy valiente, o muy cínico, para fotografiarse con esta esfera de fondo y presumir de ella ante el mundo. El deterioro irreversible es evidente, y se diga lo que se diga nada va a poder reparar lo perdido. Quizá se pueda mitigar, detener y salvar ese 30% o menos que conserva de la superficie labrada por manos antiguas. El resto se perdió.

Cuando se está fuera del sistema es muy difícil emprender ciertas luchas. Es difícil denunciar, emitir criterios que cuestionen las actuaciones institucionales. La respuesta es quedar fuera, ser invisibilidada, no ser contratada, no ser consultada, no salir en la foto. Eso no importa si se incide de alguna manera.

¿Para qué luchar contra el sistema? La respuesta siempre será que es por ser el Estado, que son los funcionarios, que es la legalidad, que son los recursos…Respuestas de esa pared de hule que me mencionaron hace unos días, de esa pared que todo lo rebota, que todo lo justifica y que todo lo esconde.

Pase lo que pase con esta esfera emblema no pasara nada con quienes han sido responsables de cuidarla y protegerla. Seguramente hasta los premiaran cuando hagan algo. Seguramente hasta serán reconocidos por salvarla.  Será irónico. Pero ojalá que así sea. Con tal de que hagan algo habrá que seguir llamando a Julián.

Mami lo llamó muchas veces, y de verdad que los frijoles quedaron limpiecitos. Quedaron relucientes, sin basurilla. Eso es una esperanza, por lo menos.

 

 

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No tocar; es patrimonio de la humanidad

 

esfera en Boruca

Patrimonio de la humanidad: no tocar. Eso dice el rótulo de la esfera instalada recientemente en el Museo Comunitario de Boruca. NO TOCAR, ¿por qué no tocar? Si es piedra, si está sana, si está al alcance de la mano.

NO TOCAR, ¿por qué es patrimonio de la humanidad? Esta esfera no lo es. Es una esfera sin contexto, sin datos de procedencia, que ha sido colocada ahí como préstamo del Museo Nacional de Costa Rica.

Primero el NO TOCAR. El objeto como símbolo. Como símbolo de la visión patrimonialista, como ejemplo del estigma del objeto de museo separado de la gente.

el silencio esfera

Y ¿por qué esta esfera no tiene el rótulo de: NO TOCAR: Patrimonio de la humanidad? Debería de tenerlo, pienso yo. Ésta SÍ es patrimonio de la humanidad; es la esfera del sitio El Silencio, la más grande de todas, la de las casi 20 toneladas.

Y ¿por qué no le ponemos el rótulo de SI TOCAR: patrimonio de la humanidad? Y más aún, ¿por qué no la tocan los especialistas? ¿por qué parece que no hayan manos que la toquen, que la cuiden, que la protejan del sol, de la lluvia, de las crueles condiciones ambientales que la están destruyendo?

Una mano posada en una esfera no hace daño. Ni dos ni tres ni mil si solo se posan en ella, o la abrazan. Lo que hace daño es el abandono, el no sanar grietas, el no proteger cuando se es frágil. Eso si hace daño.

Ojalá alguna mano sabia, o muchas manos sabias, puedan tocar la esfera de El Silencio y alivien su enfermedad. Urgen esas manos expertas, especialmente ahora que es PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.