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Pequeñas maravillas en piedra

La escultura en piedra del Delta del Diquís no me deja de sorprender. Me gustaría que ustedes también se sorprendan y le encuentren el gusto a uno de los elementos característicos de la escultura precolombina del Sur de Costa Rica: los objetos de pequeño formato y de formas sencillas.

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Vista dorsal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, sitio El Silencio, Osa.

En apariencia esta foto muestra una piedra; un canto rodado como muchos de los miles que  se encuentran a la orilla de los ríos caudalosos y que la fuerza del agua y el roce con otras piedras ha alisado y redondeado.

Sin embargo, el ojo experto, la mirada que busca, ha logrado distinguir esta aparente simple piedra y ha encontrado en ella la huella del trabajo transformador, de la intención de comunicar algo recurriendo a la mínima modificación.

Gracias al trabajo generoso del fotógrafo Rodrigo Rubí es posible mirar en toda su dimensión la sencillez pero a la vez potente fuerza comunicativa de esta pieza en su parte frontal:

Rodrigo Rubí J.  Escultura amorfa P-257-ESC-1 / Procedencia: El Silencio. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Parte frontal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, Sitio El Silencio. Fotografía de Rodrigo Rubí.

Para algunos éste sería un ejemplo de arte primitivo, de las formas primigenias de expresión humana. Sin embargo, esta pequeña piedra tallada fue encontrada cerca de donde se encuentra la gran esfera del sitio arqueológico El Silencio que tiene 2.5 metros de diámetro y que pesa mas de 15 toneladas. Es un ejemplo de convivencia de distintas formas escultóricas, de obras monumentales y de piezas pequeñas usadas cada una de manera distinta, pero posiblemente complementarias.

En general insisto mucho en que la riqueza de la escultura del Diquís va más allá de las esferas de piedra. Hubo otro mundo de objetos, la mayoría de ellos pequeños y relativamnete sencillos, fabricados posiblemente por las mismas manos que tallaron las esferas. Cada uno fue hecho con una clara intención y desempeñaron un papel de acuerdo a su tamaño, forma e iconografía,  y de acuerdo también al lugar y a las prácticas sociales a los que fueron incorporados.

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Tres vistas de un mismo objeto escultórico del Diquís. Colección Peabody Museum, Harvard University. Foto: I. Quintanilla.

Samuel K. Lothrop en su libro sobre el Delta del Diquís llamó a algunas de estas sencillas esculturas como “fantasmas”. Realmente no sabemos como las llamaban y usaban en tiempos precolombinos. Lo que sí es evidente es que eran comunes, que eran de pequeño formato (no más de 2 kilos de peso), que están terminadas como esculturas y principalmente que convivieron con otras formas escultóricas más sofisticadas técnicamente y de mayor volumen.

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Pequeña escultura del Diquís, también fabricada sobre la base de un canto rodado. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Nota: Agradezco al Dr. Francisco Corrales del Departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica que me haya facilitado el acceso a todo un conjunto de esculturas recientemente recolectadas en investigaciones de campo. 

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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate “gigante”, monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la “cultura” Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como “región arqueológica Gran Chiriquí”, en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de “atlantes”, es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie “activa” para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para “contener” esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso “plato de molienda” sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los “sostenedores” del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.

Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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Lo que define a las esferas precolombinas: La forma, la textura, el color y el volumen

¿Qué define a las esferas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica? Cuando me han hecho esta pregunta  insisto siempre en que no sólo las define la forma -que sean esferas casi perfectas-, sino también la suma de la simetría, el color, la textura y el volumen que caracteriza a cada una de ellas.

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La forma esférica es determinante y diferenciadora, pero no es el único atributo de estas esculturas precolombinas. El tratamiento de superficie, el color de la roca y el volumen también son fundamentales. Esfera colocada actualmente en la Municipalida dde Osa. Foto: Diego Matarrita.

No es lo mismo una esfera pequeña de 20 centímetros de diámetro y 4 kilos de peso, sin pulir, que una esfera de 210 centímetros de diámetro, 9 toneladas de peso y con una superficie alisada, o casi pulida. Aunque las dos hayan sido fabricadas en gabro o en otro tipo de roca, y aunque tengan la misma forma, lo que marca la diferencia es el grado de simetría, el volumen, la textura que haya adquirido por el tratamiento de superficie y el color que refleje por el impacto de la luz proyectada sobre su superficie.

Esfera monumental con superficie irregular que oscila entre el pulido y el alisado y con huellas de los instrumentos de talla..Foto. Diego Matarrita

Los elementos que definen y que hace que sean distintas entre ellas señalan diferencias en cuanto al trabajo invertido en su fabricación; diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y diferencias en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Detalle de una esfera precolombina de gabro. Foto: Diego Matarrita.

Es posible que el valor social de estas esculturas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color, textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

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Esfera monumental con cerca de 190 cm de diámetro. Foto: Diego Matarrita.

Es importante recordar que las diferencias que muestran entre sí las esferas son un claro indicio de que no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción, tampoco el mismo valor simbólico.

A la fecha sabemos que se fabricaron más de trescientas esferas y que fueron usadas en por lo menos 56 comunidades. Algunas de estas comunidades eran sencillos poblados de pocos habitantes; otras, grandes aldeas con cientos de personas. Los espacios donde fueron colocadas también eran distintos, así como la percepción de cada una de ellas de manera individual, o como parte de un grupo de esculturas.

Esferas de Bahía Ballena en agosto del 2010
Esferas movidas de su  lugar original y ahora  situadas en  Bahía Ballena, Uvita. Algunos conjuntos de esferas pudieron lucir así, aunque quizá estuvieron mejor cuidadas que en la actualidad. Foto: I. Quintanilla.

Hubo otros elementos que marcaron las diferencias entre las esferas que escapan a nuestro conocimiento. No sabemos cuál fue la primera que se hizo, ni la que se colocó en un espacio de especial relevancia, ni la que hizo el gran escultor cuyo nombre desconocemos, ni la que se mandó a hacer para celebrar el acontecimiento no conservado en la memoria actual…

Esferas del sitio Bolas en una imagen de los años 60’s, cuando todavía no habían sido trasladadas a la escuela del pueblo. Estas son algunas de las mas antiguas.

A lo largo de los casi mil años en que fueron fabricadas y usadas las esferas cambiaron su sentido y significado. Todavía hoy siguen cambiando y generando nuevas formas de valor (identitario, de prestigio, de exhibición personal, de creación de sentidos de pertenencia, entre otros).

Hoy, al igual que pudo haber sucedido siglos atrás, se aprecian más y se les da mayor valor y relevancia a las grandes esferas, a las que están completas y con las texturas más finas. Las rotas o deterioradas, las pequeñas o poco simétricas no salen en las fotos, y nadie posa junto a ellas. Sin embargo, en cada una hay un valor más allá de lo estético y de nuestras subjetividad; un valor que radica en haber sido hechas, en ser parte de una expresión singular y en materializar una historia de vida que continúa hasta nuestros días.

Muchas cosas definen a las esferas precolombinas. Hoy las sigue definiendo nuestra mirada.

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Esferas de piedra precolombinas Información fundamental

Caprichos de la naturaleza y decisiones humanas: lo que marca la diferencia entre las esferas de piedra

A lo largo de los años que llevo dedicada al estudio de las esferas de piedra de Costa Rica ha sido una constante que me pregunten sobre la relación que hay entre las esferas precolombinas y otras rocas esféricas que se han encontrado en diversas partes del mundo.

En general, respondo que la gran mayoría de las rocas de forma esférica, o casi esférica, encontradas fuera del Pacífico Sur de Costa Rica son de origen natural. Las esferas de origen precolombino del Diquís -el Pacífico Sur de Costa Rica- son de fabricación humana y  fueron hechas mediante el trabajo escultórico.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.

Además, insisto mucho en el hecho de que en ningún otro lugar se encuentran tantas esculturas esféricas (más de 300), como en esta parte del mundo, tan simétricas y con superficies alisadas, pulidas y, en algunos casos, con figuras grabadas.

En otros lugares como en Izapa o San Lorenzo-Tenochtitlán en México hay una, dos, tres o unas pocas rocas redondeadas junto con restos arqueológicos, pero no son esculturas esféricas con las características que tienen las del Sur de Costa Rica. Éstas no sólo fueron talladas, sino también tratadas para conseguir texturas suaves y brillosas. Esto no lo tienen las rocas redondeadas de otros sitios arqueológicos, salvo que hayan sido pulidas por el uso como manos de moler, pero esto no es trabajo escultórico

Canto rodado muy pulido por el arrastre en el río y por su uso posterior como mano de moler. Es una piedra redondeada, pero no es una escultura.

Y este hecho marca una diferencia fundamental, ya que una cosa es una forma que se origina por fenómenos de la naturaleza y otra muy diferente es la que resulta de la creación humana, del proceso de abstracción y de la aplicación de conocimientos y técnicas y de gran inversión de trabajo para materializar una forma concebida mentalmente.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. 1:10 cm de diámetro aproximadamente. Foto: I. Quintanilla, 2008

Puede que un pueblo haya decidido aprovechar una forma natural, rendirle culto, usarla en sus prácticas rituales o ceremoniales o como instrumento de trabajo. Sin embargo esto es muy diferente  a que un pueblo haya fabricado, destinado recursos, creado espacios y mantenido determinadas prácticas rituales o simbólicas en objetos producidos socialmente, como en el caso del Diquís.

Lo que marca la diferencia entre lo natural y lo cultural es la intencionalidad y la capacidad de crear, cuidar y mantener a través del tiempo objetos producidos por la colectividad. Por eso los esferoides naturales no pueden ser comparados, ni estudiados ni entendidos de la misma manera que las esferas de origen cultural.

Esferas naturales

Hay causas naturales que pueden llevar a la formación de rocas esféricas o semi-esféricas. La más común de ellas es la que provoca el desgaste por abrasión, específicamente por la fricción entre rocas arrastradas por el agua en zonas de fuerte pendiente. Esto sucede con bloques rocosos desprendidos de afloramientos ubicados en las partes altas de las montañas, los cuales tienden a redondearse por la fricción que genera la fuerza del agua, el roce entre rocas y el arrastre a lo largo de muchos kilómetros. Ejemplo de esto son muchos de los cantos rodados que se encuentran a lo largo del cauce del Río Grande de Térraba, o sus afluentes en el Pacífico Sur de Costa Rica. Sin embargo, pocas rocas adquieren una forma esférica perfecta por este proceso.

Diversos cantos rodados a la orilla de un río. Destaca la roca casi esférica de material gabroide, el mismo usado para hacer las esferas.

Otra causa que lleva a que algunas rocas tiendan a redondearse tiene que ver con los procesos de exfoliación, especialmente en rocas graníticas o gabroides. La perdida de capas concoidales debido a factores físico-químicos producidos por cambios de temperatura y la exposición al ambiente puede provocar que bloques expuestos a la superficie por la erosión o por levantamientos de la corteza terrestre se redondeen. Esto se puede observar en laderas y piedemonte de zonas con afloramientos de rocas intrusivas en distintas regiones del mundo. Pero, al igual que en el caso anterior siempre quedan irregularidades en la roca y no son esferas perfectas.

Roca redondeada en el lecho de la Quebrada Olla Cero, Osa. Esta quebrada posiblemente fue un lugar de aprovechamiento de materia prima para fabricar las esferas de gabro precolombinas. Foto: I. Quintanilla.

Los huevos fosilizados son otro caso de rocas de forma esférica o semiesférica. Hay ejemplares de este tipo en yacimientos paleontológicos de España, China y Argentina, pero son pequeños. Aquí la sustitución de la materia orgánica por minerales provoca que se conserven los huevos con su forma casi intacta.

Uno de los casos más llamativos de esferoides naturales son las grandes rocas hallados en distintos puntos del planeta como es el caso de los hallados en la Sierra de Ameca, en el estado de Jalisco, Norte de México, donde se han encontrado varias decenas de ellas con diámetros que oscilan entre unos pocos centímetros y los tres metros. En otros lugares hay casos similares que tienen su origen en fenómenos geológicos de millones de años de antigüedad. Algunos de ellos han salido a la luz por procesos de erosión y generalmente no tienen ninguna asociación de restos culturales, salvo en caso de aprovechamiento humano del mismo espacio donde afloran estos restos.

Uno de mis esferoides naturales preferidos son los llamados “Moeraki boulders”. Estos se encuentran en South Island, en Nueva Zelanda, en una playa en la que han ido quedando expuestos por la erosión marina. Son un gran atractivo turístico y cientos de turistas visitan la playa y se fotografían junto a las emergentes formas redondas.

Conjunto de esferoides naturales conocidos como Moeraki boulders de Nueva Zelanda. Su superficie craquelada y sus fisuras corresponden a procesos naturales. Su exposición es producto de la erosión marina. Foto: Dani Tebé.

Esferas naturales vs. esferas culturales: diferencias en cuanto a cuido y manejo

Al principio de esta entrada decía que no había relación entre las esferas naturales y las de origen cultural producidas en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica, ya que sus orígenes eran muy distintos. En vista de que hay una tendencia a agrupar a las esferas de piedra como si fueran un mismo fenómeno sean naturales o culturales quisiera llamar la atención sobre un aspecto muy importante: las esferas según sea su origen y características se estudian y se manejan de manera muy distinta.

La esferas precolombinas de Costa Rica son patrimonio arqueológico, patrimonio cultural. No se pueden vender, ni comprar; no pueden ser trasladadas sin permiso oficial y requieren de toda un serie de tratamientos para conservar y proteger las características de las que fueron dotadas por quienes las hicieron y usaron. Tampoco pueden ser entendidas en sí mismas sino como parte de un conjunto de objetos y elementos culturales asociados entre ellos.

Las esferas o esferoides naturales son diferentes. Si están en áreas protegidas naturales posiblemente su uso estará regulado; si no tienen ninguna protección como patrimonio geológico (una categoría que se aplica en pocos lugares del mundo) están expuestas a la venta y al uso no regulado.

En el caso concreto de las esferas precolombinas de Costa Rica éstas hablan de la tecnología, de la organización del trabajo, de las prácticas sociales y rituales, de la producción de objetos, de la ideología y del mundo simbólico de unas sociedades concretas. Hablan de gente, específicamente de poblaciones indígenas que vivieron en el Pacífico Sur de Costa Rica entre el 400 d.C. hasta la conquista española en el siglo XVI.

Las esferas naturales nos hablan de la naturaleza y sus caprichos y de procesos de formación geológica que sucedieron millones de años atrás. En este caso hablamos de la Geología y sus ramas; no de Arqueología ni de Historia. Por lo tanto, aunque nos puedan gustar las esferas de piedra como forma materializada es inconveniente darles el mismo valor social a unas que a otras.

Detalle de un Moeroaki Boulder y su uso turístico. Es muy distinto este tipo de rocas naturales a las esferas de Costa Rica que son patrimonio arqueológico. Foto Dani Tebé.

Referencias:

Quintanilla, I.(2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

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De extraños personajes y sus historias: Sam Green y las esferas de piedra

Samuel Adams Green murió el 4 de marzo del 2011. Su muerte fue reseñada en varios medios de Estados Unidos. El New York Times  tituló su obituario “A Collector of People Along With Art” (Un coleccionista de gente,  y además de arte). Pero ¿quién era Sam Green y qué relación tuvo con las esferas de piedra de Costa Rica?

Samuel Green fue un personaje importante, pero secundario, de la vanguardia artística de Nueva York de los años sesenta y setenta. Fue amigo cercano y confidente de Andy Warhool, Greta Garbo y Yoko Ono, entre otros famosos. Después de una vida intensa rodeado de ricos y famosos decidió dedicarse a preservar sitios sagrados en distintas partes del mundo. En 1997 creó la Landmarks Foundation, organización que lo trajo a Costa Rica en 1998 por su interés en las esferas de piedra.

Conocí a Sam Green en 1998 cuando estaba a punto de dejar mi trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica. En esos días estaba muy cansada y enojada con todo. La directora del Museo, Melania Ortiz, estaba encantada con el caballero norteamericano, que había venido a Costa Rica a promocionar la idea de retornar esferas a su lugar original. El Sr. Green le había ofrecido colaborar con el Museo en la repatriación de esferas a Osa. A nadie se le había ocurrido eso; se hablaba de la conveniencia de hacerlo pero no se concretaba en nada. Él la convenció y un año después, en octubre de 1999, un grupo de ocho esferas estaban siendo reinstaladas en distintos puntos del cantón de Osa.

Mi primera cita con Sam Green no fue muy productiva. Al principio no entendí que era lo que quería, no entendía cuál era el objetivo de su Landmarks Foundation, no sabía de dónde salía ni a que venía. Me hablaron de su relación con Andy Warhol, del Pop Art, de su experiencia como curador de colecciones de arte, de sus buenas relaciones con gente del “jet set”. Pero yo, persona poco dada a que me impresionen las personas famosas, no tenía nada que decirle aparte de la importancia de continuar con las investigaciones arqueológicas y de conservar los sitios con esferas. Mi pobre inglés no ayudo mucho y mis ganas de dejar todo, de romper con el Museo tampoco ayudaron. Sin embargo, en octubre de 1999, cuando se concretó el traslado de las ocho esferas ahí estaba yo, colaborando con el Museo, trasladada desde Washington D. C. a Costa Rica, gracias a la generosidad del Sr. Green.

Nos encontramos de nuevo en Palmar Sur durante los actos del traslado de las esferas el 18 de octubre de 1999. Casi que no cruzamos palabra. No sé por qué no me gustaba; tampoco yo le gustaba a él acostumbrado a Yoko Ono, Greta Garbo y otras señoras de renombre y dinero. Sin embargo, ahí estábamos compartiendo la alegría del retorno de las esferas. Pasaron los años y  no supe nada más de él hasta que en el 2007 encontré su nombre en un documento guardado en los archivos del Museo Nacional.

Su nombre estaba en un cruce de correspondencia entre la Embajada de Costa Rica en Washington y la Junta Administrativa del Museo nacional de Costa Rica en agosto de 1974. La embajada reclamaba y pedía cuentas por una esfera que al parecer les iban a enviar para colocar en su sede y que todavía no había llegado.

En el cruce de preguntas salió a relucir el traslado, en 1971, de tres esferas hacia los Estados Unidos de América (USA) gracias a la negociación que hizo Sam Green ante la Junta Administrativa del Museo, con auspicio de la Embajada de Costa Rica en Washington. Dos de estas esferas estaban destinadas al Fairmount Park Asosociation de Filadelfia, Pensilvania; un importante parque público especializado en escultura pública al aire libre. La tercera estaba destinada a la Embajada de Costa Rica.

Imagen de una de las esferas trasladadas a Filadelfia y exhibidas en Fairmount Park. Imagen tomada de: http://www.google.es/imgres?q=fairmount+park+international+sculpture+garden&um=1&hl=es&sa=N&biw=1272&bih=583&tbm=isch&tbnid=yVPISIs5jl4FfM:&imgrefurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%26g/fairmoun/fair1.shtml&docid=fY3FB9Apr9zGfM&itg=1&imgurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%2526g/fairmoun/images/fair1.jpg&w=324&h=199&ei=2mzwT6r8BYu08QPoyrGYDQ&zoom=1&iact=hc&vpx=97&vpy=292&dur=649&hovh=159&hovw=259&tx=146&ty=72&sig=104258392749681381903&page=1&tbnh=106&tbnw=173&start=0&ndsp=19&ved=1t:429,r:7,s:0,i:94

Según la documentación, las tres esferas salieron con licencia de exportación con fecha del 10 de febrero de 1971 y el permiso le fue otorgado a Sam Green como representante de Fairmount Park. El argumento de la autorización dada por la Junta Administrativa del Museo Nacional  era que “las mismas se encuentran suficientemente representadas en las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica”. La institución recibió US $1.000 como donación. Según otra documentación, se pagaron US $1.500 por gastos de mano de obra para remover las esferas.

Aunque la información es escueta, se puede inferir que las esferas salieron de Palmar Sur, vía Golfito y en barco. La más grande media 66 pulgadas (167.64 cm de diámetro), la segunda 56 pulgadas (142.24 cm de diámetro) y la tercera 32 pulgadas (81.28 cms de diámetro). No hay datos sobre el lugar específico del que las extrajeron, ni de quienes fueron los encargados de seleccionarlas y de ponerlas camino a USA. Las dos de mayor tamaño pasaron a ser propiedad de Fairmount Park y la otra está en posesión de la Embajada de Costa Rica en Washington.

Esfera de la Embajada de Costa Rica en Washington. Imagen tomada de : http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6d/Esfera_precolombina_Embajada_de_Costa_Rica_en_Washington.JPG

Las tres esferas salieron con beneplácito intitucional y con el visto bueno no sólo del Museo Nacional sino también del Ministerio de Relaciones Exteriores y del recién estrenado Ministerio de Cultura. Hoy día las tres están fuera del país y sólo la de la Embajada de Costa Rica está en exhibición. Las de Fairmont Park están guardadas por procesos de reforma en el parque, según informa el bloguero Don Barker (http://marylandgis.blogspot.com.es/2012/06/philadelphias-phantom-sculpture-garden.html) .

Sam Green ha muerto. De sus ideas de repatriación de esferas quedaron siete esferas en el parque de Palmar Sur y una en la Municipalidad de Osa. Fueron esferas cedidas por la Caja Costarricense de Seguro Social, por el ex-Presidente de la República Rodrigo Carazo, por el coleccionista Alfonso Jiménez y por el mismo Museo Nacional de Costa Rica. En sus planes no parece haber estado el retorno de las de Fairmount Park, de las que no recuerdo que haya hecho mención. Aun así su aporte fue importante, y aunque en la memoria quedará como un acto institucional del Museo Nacional, su idea y su impulso fueron fundamentales para que la Directora General del Museo Nacional -Melania Ortiz- llevara adelante un acto que no se había dado nunca: el retorno de esferas al Sur; un hecho que dejaba atrás décadas de expolio y de arrogancia institucional.

Momento en que se bajaba del cargador la esfera que luce hoy día la Municipalidad de Osa. Octubre de 1999.

El momento del retorno de las esferas fue muy emotivo y se celebró con gran algarabía. Las esferas fueron recibidas por escolares, por bandas de música y por los dirigentes locales. Hubo desfiles, visitas a Finca 6, discursos y muchas palabras de agradecimiento.  Fueron días de alegría y de satisfacción. Días de celebración que marcaban un nuevo rumbo en el manejo del patrimonio arqueológico del país: el Museo Nacional cedía a una comunidad local una parte de su patrimonio y esto era nuevo y casi revolucionario dentro de las políticas centralizadoras estatales.

Estudiantes de Ciudad Cortés posando con la recién instalada esfera de la Municipalidad de Osa. 18 de octubre. de 1999.

Nunca volví a ver a Sam Green y no puedo saber qué fue lo que representó para él esta repatriación, a pesar de que había sido un  “exportador de esferas”.

Enlaces de interés:

Obituarios de Sam Green:

http://www.nytimes.com/2011/04/07/fashion/07GREEN.html?pagewanted=all

http://warholstars.org/sam_green_obituary.html

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Don México y su esfera bonita: la esfera C de Finca 6

En 1999 un grupo de esferas de piedra precolombinas retornaron al cantón de Osa. El grupo había salido en distintos momentos y volvía a la región gracias a varias devoluciones voluntarias. El Museo Nacional de Costa Rica organizó el retorno junto con varios grupos locales de Osa.

Como parte de los actos de bienvenida se organizaron distintas actividades. Una de estas actividades fue la visita guiada al sitio arqueológico Finca 6, que en ese entonces no era propiedad del Museo Nacional como ahora, sino parte de las tierras que administraba la Corporación Bananera Nacional (CORBANA). El sitio estaba cubierto por mucha vegetación y había que prepararlo para las visitas. Por esa razón, uno de los encargados de CORBANA envió a Don México, un viejo trabajador bananero, para que limpiara y pusiera el lugar en condiciones.

Don México, sin más guía que su voluntad y su buen gusto, tomó sus propias decisiones. A él no le parecía bien que cinco de las seis esferas que se conocían en ese momento en el sitio estuvieran cubiertas de tierra, así que optó por “ponerlas bonitas“, según su decir. Con su experiencias de palero de toda la vida no le llevó ni media mañana hacer una excavación en forma de cráter lunar en una primer esfera. Él había empezado a trabajar muy temprano, casi de madrugada, y cuando llegué a media mañana a Finca 6 junto con otras funcionarias del Museo Nacional ( yo estaba colaborando de manera voluntaria en las actividades del retorno), Don México ya había consumado su obra en la que se conoce como Esfera C.

Don México posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.

Por suerte, en Finca 6 el suelo arqueológico está a una profundidad que oscila entre los 120 y los 150 cm. Todo lo que hay arriba es relleno de sedimento acumulado a lo largo de 1000/1200 años. Don México eliminó ese relleno y llegó hasta el paleo-suelo, lo acicaló y lo puso “bonito“.

Vista de la esfera C de Finca 6 después de la excavación de Don México. Nótese que no había otro tipo de materiales en la base. La esfera C es de gabro y mide 150 cm de diámetro aproximadamente.

Como su intención no era saquear ni destruir intencionalmente, no fue acusado por daño al patrimonio arqueológico. Su explicación en el momento era una mezcla de ingenuidad, inocencia y sentido común campesino. Al escucharlo, y ver su cuerpo maltratado por el sol y por los años, solo daban ganas de sacarlo del pozo, de llevarlo a descansar y de decirle que no se preocupara, que nadie lo iba a despedir y que eso se arreglaba volviendo a poner la tierra en su lugar. Eso fue lo que pasó y ahora la esfera sigue ahí, cubierta de nuevo.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

A don México no le habían explicado que la esfera C de Finca 6, junto con otras dos, forma una línea con orientación Este-Oeste y que otras dos esferas forman otra línea paralela a éstas. Él ignoraba que este era un conjunto único, que  otros parecidos habían sido destruidos al remover las esferas.

Ubicación de las esferas alineadas de Finca 6. Es importante destacar las distancias entre esferas.

Recientemente, se ha dado a conocer que este conjunto de esferas puede estar relacionado con algún tipo de calendario astronómico y que su posición está en relación con la salida del sol en determinadas fechas (12-14 de abril de cada año) (http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx). Esto, junto con los tamaños monumentales de las esferas que oscilan entre los 150 y los 190 cm de diámetro, convierten a Finca 6 en un sitio arqueológico único y de gran valor científico.

Ahora Finca 6 es propiedad del Museo Nacional de Costa Rica. Todavía no tiene ninguna declaratoria especial y sus restos salen a la luz ocasionalmente, cuando el equipo de investigación de esta institución hace excavaciones. Por suerte para todos ya no irán más trabajadores a ponerlo “bonito” por intuición, sino guiados por planes de manejo y por proyectos con fundamento técnico. Esa es la esperanza y la ilusión de gente como yo que sabe que debajo de esas capas de sedimento dejado por el río Térraba se conserva un patrimonio excepcional que algún día podrá conocerse en su real dimensión.

NOTA: este texto lo escribí antes de que Finca 6 y otros sitios fueran declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO en junio del 2014. He preferido mantenerlo tal cual lo escribí, para no alterarlo.

Referencias:

Quintanilla, I. (2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx

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Para que el viento no se lleve las palabras: mi opinión sobre el estado actual del proceso de candidatura de sitios con esferas como patrimonio mundial

El 22 de mayo de este año escribí el texto principal de esta entrada del blog. Lo hice al leer la información que estaba saliendo en los medios de comunicación sobre la reunión que iba a mantener la Presidenta de la República, Laura Chinchilla con Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, en la que tratarían el tema de la candidatura de los sitios con esferas de piedra de Costa Rica como patrimonio mundial.

Lo escribí sin que nadie me lo pidiera y sin representar a nadie. Lo hice con la mejor intención y por el compromiso irrenunciable que tengo con mi país y su patrimonio. Se la envié a dos personas de la comitiva de la Sra. Presidenta y una semana después se lo envié al director del Museo Nacional de Costa Rica. Como las palabras se las lleva el viento, y como no he recibido ninguna respuesta al mismo, he decidido compartirla a través de este blog. Quizá sea de utilidad para otras personas vinculadas de una u otra manera al proceso de candidatura, o por lo menos ayudará a entender la complejidad de esta empresa. A continuación el texto sin la introducción que hice en ese momento

Barcelona, 22 de mayo del 2012

Antes de todo, quiero manifestar que he reflexionado mucho sobre estos aspectos. He estudiado abundante documentación a raíz de una consultoría que hice el año pasado para la oficina regional de UNESCO en Costa Rica orientada a generar una estrategia para integrar los recursos arqueológicos en el desarrollo de la Región Brunca. Asimismo, acabo de terminar un curso de alta especialización en patrimonio cultural, y el pasado mes de abril presenté en el I Congreso Internacional de Patrimonio Mundial y Buenas Prácticas la ponencia “La declaración de Patrimonio Mundial como camino hacia la conservación y puesta en valor: la candidatura ante la Unesco de los sitios con esferas de piedra de origen precolombino de Costa Rica”. Además, durante 20 años he estudiado a las esferas de piedra precolombinas y los lugares donde se encuentran. Por lo tanto, considero que mi opinión experta puede ser de ayuda en este momento de impulso a la candidatura.

Para empezar quisiera decir que existe un problema en la manera en que se está enfocando el proceso de candidatura. La candidatura no se logra con completar un formulario. El formulario es la última parte del proceso; previamente se han tenido que hacer toda una serie de adecuaciones administrativas, legales, financieras y políticas. Asimismo, la candidatura no es para las esferas de piedra como objetos, sino para una serie de lugares arqueológicos donde todavía se conservan en su lugar original. Esto tiene una serie de implicaciones que desde mi punto de vista no están siendo abordadas de manera correcta, lo que me lleva a asumir que a un corto plazo la presentación del expediente ante UNESCO será inalcanzable.

Enumero los aspectos que considero fundamentales:

1. El marco legal: En el caso concreto de esta candidatura, el país obligatoriamente tiene que hacer un cambio en el marco legal que cobija el patrimonio arqueológico. La ley 6703 fue pensada y creada en función de los objetos; el patrimonio mundial se enfoca en la conservación “in situ”, es decir en la conservación y puesta en valor de los lugares originales donde se encuentran los bienes declarados patrimonio mundial. La integridad y la autenticidad son los dos ejes básicos, y en este momento, en Costa Rica, lo que la ley impulsa es excavar y extraer. Tampoco contempla cómo gestionar o administrar propiedades con sitios arqueológicos, salvo el salvamento en caso de riesgo; ni dice nada sobre la participación de los gobiernos locales u otros actores en la gestión del patrimonio arqueológico inmueble.

Por otra parte, es un marco legal pensado para un Museo Nacional del siglo XIX. Un museo que guarda, acumula y exhibe objetos. El patrimonio arqueológico sometido al patrimonio mundial requiere otro tipo de estructura administrativa; una estructura que gestione, que planifique, que ordene y que coordine con los distintos actores institucionales del ámbito internacional, nacional y local. También necesita una estructura financiera que posibilite la sostenibilidad de las acciones de conservación y puesta en valor de sitios arqueológicos y de los paisajes culturales de los que forman parte. Igualmente, requiere regular el papel del estado y del sector privado en cuanto a los aportes en la gestión del patrimonio.

A la fecha, no existe ninguna iniciativa para generar un nuevo marco legal para el patrimonio arqueológico de Costa Rica. Es algo que no se ha contemplado en estos largos 10 años, desde que se incluyó la propuesta en la lista tentativa. Esto tiene serias consecuencias y se verá reflejado a la hora de desarrollar los planes estratégicos que se solicitan en las Líneas Guías del Centro de Patrimonio Mundial; planes sin los cuales no puede ser presentada ninguna candidatura.

Es importante recordar que la declaratoria como patrimonio mundial se puede obtener, pero también se puede perder con relativa facilidad. Conservarla es lo más difícil; por eso hoy en día hay 24 países con patrimonio mundial en la lista de patrimonio en peligro por incumplir los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional en cuanto a la protección y puesta en valor de su patrimonio. En el caso de la candidatura de los sitios con esferas existe un alto riesgo de fracaso por la debilidad legal y de los órganos de gestión.

2. El conocimiento científico: un requisito fundamental, básico y claramente establecido en las Líneas Guías de la UNESCO es que el conocimiento científico es el que sustenta las candidaturas. En mi opinión, este es uno de los aspectos más débiles del proceso actual. El proceso de investigación que se está llevando a cabo no está acompañado de un equipo multidiscilpinario de profesionales. No participan expertos de las universidades nacionales ni de fuera del país; no se llevan a cabo estudios especializados fundamentales y se financia con pocos recursos. Asimismo, está enfocado en preguntas de la investigación arqueológica, pero no en la conservación, ni en la puesta en valor; aspectos que también requieren ser estudiados.

El conocimiento que se requiere para un proceso de candidatura necesita un enfoque distinto al de las habituales investigaciones arqueológicas. Las preguntas son distintas en muchos sentidos, y requieren respuestas para resolver los aspectos pertinentes a la gestión integral (investigación, conservación, protección y puesta en valor), no sólo a la temática arqueológica en sí misma.

La investigación en un proceso como éste requiere necesariamente demostrar la integridad y la autenticidad de los recursos arqueológicos que se quieren proponer. Por lo tanto, la investigación no puede ser una amenaza para la conservación (es importante recordar que la excavación arqueológica implica destrucción). En este sentido, es importante valorar si la búsqueda de información para completar el expediente no está siendo una amenaza, ya que a la fecha se excava sin que existan planes de conservación y restauración paralelos al proceso de investigación arqueológica.

La tendencia actual es usar tecnologías modernas, poco invasivas, que permitan conocer lo que hay en el subsuelo con una mínima excavación (escaner láser, resistividad eléctrica, uso de imágenes de satélite, LIDAR, etc.). A la fecha, las investigaciones para sustentar la candidatura no se acompañan con estas herramientas, a pesar de que hay instituciones en el país que poseen parte de estas tecnologías y conocimiento técnico para aplicarlas. Tampoco hay en marcha convenios de cooperación técnica y científica orientadas a subsanar las debilidades que tiene el país en el campo de gestión del patrimonio, especialmente en cuanto a la conservación “in situ” y a la “presentación” pública del patrimonio (musealización, transmisión del conocimiento como herramienta para el desarrollo, por ejemplo).

Costa Rica es un país que no ha modernizado la conservación, la protección y la puesta en valor del patrimonio arqueológico inmueble. La candidatura ha sido la oportunidad para dar un salto cuantitativo y cualitativo, no solo para los sitios con esferas, sino para todo el conjunto del patrimonio cultural. Este salto no se ha dado, ni se perfila que se dará por el enfoque actual. Sin innovación y sin transformación del sistema no parece factible que se alcance un ideal tan alto como la declaratoria.

Si no se cambian los procedimientos, si no se forma un equipo de trabajo profesional, altamente competente e implicado de lleno en el proceso de formulación del expediente, poco se podrá hacer para que prospere.

Por otra parte, un expediente de candidatura requiere la participación del mayor número posible de especialistas. Aunque, la negociación de la declaratoria es un asunto político, el fundamento de la propuesta es eminentemente técnico. El expediente de candidatura necesita de la complicidad y del máximo apoyo del colectivo académico nacional e internacional. No es tarea de un grupo reducido de funcionarios; el liderazgo del proceso quizá, pero la elaboración del expediente y el producto final necesitan ir acompañados de muchas voces expertas para tener la solidez necesaria.

3. La debilidad de la propuesta: Un tercer aspecto que ha afectado al proceso de candidatura es la ambivalencia de la propuesta.

En 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces, algo que resta credibilidad e indica improvisación y falta de criterio. Inicialmente, lo propuesto fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

Como producto de la reunión, los expertos recomendaron toda una serie de acciones importantes relacionadas con el papel de las comunidades locales, el impacto de los proyectos de infraestructura sobre el área a incluir en la declaratoria (PH El Diquís, aeropuerto internacional en Osa, principalmente), la viabilidad económica de la propuesta y la necesidad de llevar a cabo estudios especializados de distinta índole.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas.

Bajo la perspectiva actual, es tarea fundamental identificar con precisión las propiedades donde están ubicados estos sitios, conocer su estado, caracterizarlos en todas sus vertientes (tenencia de la tierra, paisaje, población circundante, entre otras). Es importante destacar que lo que se someterá a la lista de patrimonio mundial es un conjunto de propiedades dispersas en distintos puntos de la región administrativa Brunca. Esto implica toda una serie de problemas y retos de gestión. Igualmente, implica distintas realidades sociales, económicas y políticas, ya que algunas propiedades están en territorios indígenas; otras son propiedades privadas y sólo dos son de titularidad estatal.

A la fecha, en Costa Rica no existe experiencia en la gestión de patrimonio en una escala como ésta. El proceso de candidatura requiere obligatoriamente claridad y en este momento no hay sobre la mesa una propuesta del modelo de gestión de estas propiedades y de sus áreas de amortiguamiento. Como en los casos anteriores, estos aspectos no se pueden improvisar y ni resolver de un día para otro. Es aquí donde se reflejarán las limitaciones del marco legal y donde se harán evidentes las carencias que sufre el país en la gestión integral de su patrimonio arqueológico.

4. Comunidades locales y desarrollo: El gobierno de Costa Rica necesita demostrar en el expediente de candidatura que tiene las condiciones para gestionar de manera integral el patrimonio que propone. Para esto requiere elaborar planes estratégicos de corto, mediano y largo plazo con toda una serie actores sociales implicados y con una clara asignación de recursos económicos que garanticen la sostenibilidad y viabilidad de las acciones. Estos planes no se pueden improvisar; requieren ser negociados, renegociados, necesitan importantes consensos sociales, académicos, económicos, en fin, del conjunto de la sociedad.

A la fecha, este aspecto no está siendo abordado en su conjunto, salvo para Finca 6, donde están buscando elaborar un plan de manejo, pero esto es insuficiente en el marco de la candidatura.

Un análisis de los planes estratégicos del ámbito cantonal y regional del Sur del país indica que los recursos arqueológicos no están incluidos dentro del planeamiento de los gobiernos locales ni dentro de los planes de otras instituciones, que también son actores importantes. Esta es una señal inequívoca de la falta de integración de estos recursos en las estrategias de desarrollo social y económico. En el caso de la región Brunca, la más pobre y con los más bajo índices de desarrollo humano del país, esta situación es paradójica.

Las candidaturas de sitios de patrimonio mundial tienen el desarrollo humano y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de las zonas donde se ubican estos sitios, como uno de sus principales estandartes. Hasta ahora no hay constatación de que la candidatura de sitios con esferas esté siendo integrada en los planes estratégicos que se están implementando en la región Brunca para paliar la pobreza y buscar nuevas alternativas en el desarrollo. Este es otro de los aspectos más críticos en el proceso. De no resolverse, el expediente adolecerá de una de sus partes fundamentales e indudablemente condenará la candidatura.

Hay otros aspectos importantes que requieren ser analizados. Sin embargo esa tarea le corresponde a quienes tienen a su cargo la tarea de llevar adelante el proceso. Personalmente, creo que en 10 años se ha construido poco y que es necesario un replanteamiento total del proceso. Es injusto para el país estar bajo la creencia de que estamos próximos a conseguir un alto reconocimiento mundial para una parte del patrimonio cultural que posee. Ya se consiguió para tres sitios de patrimonio natural y para uno de patrimonio inmaterial. No habría ninguna razón para no conseguirlo para un conjunto de sitios con esferas de piedra. Lo que se necesita es decisión política, recursos económicos y humanos apropiados, buenos criterios y trabajo experto.

Ese fue el texto que escribí. Es probable que hayan aspectos en los que esté equivocada. Ahora es un documento abierto y si lo que he planteado es incorrecto o si comete una injusticia en las apreciaciones, con mucho gusto lo corregiré y asumiré mis errores. Mientras tanto esta es mi opinión.

Supongo que todos los nudos se pueden desatar. No quiero ser prisionera de mis pensamientos ni de mis opiniones. Por eso los comparto.

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Compañeros de viaje de las esferas: la escultura precolombina de la Gran Chiriquí

Las esferas de piedra son uno de los objetos más conocidos dentro del conjunto de esculturas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica, también conocido como el Diquís. Sin embargo, esta producción escultórica fue mucho más rica en cuanto a formas, tamaños y motivos.

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Me gustaría compartir algunos ejemplos de las otras esculturas que acompañaron a las esferas durante su vida en tiempos precolombinos. Aunque también había otros objetos hechos de barro, de oro, de cobre, de madera, de algodón, etc, lo que me interesa ahora es mostrar  que las esferas formaron parte de un conjunto de objetos escultóricos singulares y propios en esta parte del mundo.

Armadillo tallado en hueso. Colección Museo nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita

La gente de las esferas no sólo hizo esferas; hizo muchísimas cosas más a partir de las piedras naturales que había en la región. Piedras usadas en unos casos como instrumentos, y en otros como soporte para plasmar  un complejo mundo simbólico donde lo natural se combinó con lo abstracto.

Piedras con las que se innovó en la creación de nuevas formas. Piedras que fueron esculpidas con técnica, ingenio y gran capacidad creativa. Piedras que no pudieron resistirse al trabajo humano y a la decisión colectiva de crear un conjunto de objetos que sirvieran en las prácticas rituales y ceremoniales, y quizá en otras prácticas relacionadas con el mundo del saber y del ejercicio del poder.

En la escultura del Sur se puede distinguir claramente que había esculturas pequeñas, móviles y de uso ritual vinculadas quizás al mundo doméstico o menos público. También se puede ver que había otro tipo de escultura de tipo monumental, megalítica en algunos casos que estaba relacionada a las plazas, a los espacios abiertos y de uso público y colectivo. Este es el caso de buena parte de las esferas y de unos pocos ejemplos de escultura antropomorfa.

Esta escultura es un caso excepcional por su tamaño y por haber sido fabricada en roca caliza. Mide cerca de 220 cm de alto con un ancho máximo de 60 cm.. Actualmente está expuesta en la sala Precolombina del Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de escultura en piedra en la región se dio alrededor del 400/500 d.C., es decir hace unos 1600 años aproximadamente.   Su uso surgió dentro de un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Formó parte de una serie de innovaciones tecnológicas donde se pasó del uso de las técnicas de picado y pulido usadas en la fabricación de objetos domésticos (metates, por ejemplo) a su aplicación en la creación de objetos de alto contenido simbólico. El uso de éstos indica nuevas formas de comunicación social y un nueva manera de usar los objetos de piedra. Éstos ya no sólo servían para cortar, talar, perforar o moler, entre otros usos, sino también para transmitir ideas, para plasmar conceptos y principalmente para permanecer y durar en el tiempo.

He preparado una presentación en PREZI para mostrar mejor el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Es un resumen y hay una serie de aspectos interesantes que no muestro como el el caso de la práctica de mutilar, romper o reutilizar esculturas. Tampoco he incluido información sobre el posible uso de pintura en algunos objetos ni las huellas de uso y desgaste que presentan la mayoría de ellas. Ha faltado también hablar sobre las representaciones del cuerpo humano, de los hombres, de las mujeres y de las combinaciones de ambos géneros. Falta también información sobre los ornamentos y la indumentaria.

Poco a poco iré tratando estos temas y otros muy interesantes. Como dije al principio, lo importante hoy es entender que las esferas no estuvieron solas, que su fabricación y uso estuvo unido a otros objetos y a una serie de prácticas sociales, económicas, rituales y políticas.Con un click en el siguiente enlace podrá hacer un recorrido por este conjunto. Seguro que después de conocerlo entenderá mucho mejor el fascinante mundo de la piedra esculpida con otras piedras.

http://prezi.com/dwqr7dgdfi3d/la-escultura-en-piedra-de-la-gran-chiriqui/

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Metate para dominguear

Hoy domingo 10 de junio quiero compartir una experiencia placentera, de esas que da la investigación y el trato con el mundo de los objetos arqueológicos. No trata sobre esferas, pero es parte del mundo de la escultura en piedra precolombina del Sur de Costa Rica de la que las esferas son protagonistas.

En el 2007 tuve la gran suerte de estudiar buena parte del conjunto escultórico en piedra del Diquís que se guarda en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR). El Departamento de Protección del Patrimonio Cultural del MNCR, el departamento encargado de estos depósitos, estaba estrenando sus nuevas instalaciones en la sede de Pavas. Por primera vez después de décadas de condiciones poco adecuadas, se podía apreciar en su real dimensión el vastísimo patrimonio arqueológico en forma de objetos que se venían guardando desde finales del siglo XIX.

Como mi tesis de doctorado está enfocada a todo el conjunto escultórico del Sur de Costa Rica, esferas incluidas, me di a la tarea de localizar en los depósitos del Museo todo lo que tuviera el “estilo” de la escultura del Sur. Caminando y rebuscando me encontré con un objeto que me llamó la atención. Era un metate o piedra de moler que tenía su parte “activa”, es decir la parte usada para la molienda, muy gastada, tan gastada que se había agrietado por la delgadez que había alcanzado ante tanto uso.

Metate con cuatro soportes procedente del Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Me gustan los objetos que muestran con claridad el contacto humano, su relación con la vida cotidiana. A pesar de que buscaba las esculturas me acerqué al metate gastado y toqué su superficie pulida en unas partes, más rugosa en otras. Como me llamó la atención lo gastados que estaban sus soportes le di la vuelta para verlos con más detalle. Puesto “patas arriba” me pareció que había un relieve más alto en algunas partes. Toqué la superficie, moví el metate buscando mejor luz y … gran sorpresa, me encontré con una serie de serpientes talladas en alto relieve situadas entre los soportes y la parte central del metate.

Vista del metate “patas arriba” con sus soportes gastados y sus serpientes talladas en alto relieve. Foto: Diego Matarrita

Por suerte para mí, el número de catálogo del metate indicaba que su procedencia era el Pacífico Sur de Costa Rica, así que pude incluirlo en mi estudio. Aunque no fue excavado por científicos ni tiene datos concretos de procedencia, este metate ilustra la combinación de dos mundos: el mundo simbólico y el mundo doméstico. Serpientes escondidas bajos los soportes de un instrumento de molienda usado hasta agotarlo. Ya tenía una buena documentación de metates-efigie con los felinos como motivo, sin embargo este pequeño y sencillo metate me estaba mostrando otra faceta de la cultura material del Diquís.

Me alegro de haberme agachado y de haberle dado vuelta a este metate. A veces, las formas sencillas esconden sorpresas. Quizá mi estudio sobre la escultura en piedra del Sur no cambie significativamente por este objeto, sin embargo revivirlo al estudiarlo trae a la luz    una pequeña parte de la vida de la gente del tiempo de las esferas. No sabremos nunca si la comida preparada con este metate alimentó a los escultores que tallaron a las esferas o si se usó en las celebraciones que implicaba una nueva esfera o una nueva escultura. Sea como sea, la piedra nos sigue dando pedacitos de luz de la gente que ya no está y  que no nos puede contar su historia.