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No todos miramos igual, ni miramos lo mismo, pero ahí hay un sola realidad

El mundo que nos rodea y nos acompaña se nos presenta de distintas maneras; lo vemos desde diversos puntos de vista y con miradas diferentes. Todo depende de las preguntas que tengamos, de lo que busquemos y de toda una serie de experiencias de vida previas. En el caso de las esferas de piedra, y todo lo que las acompaña, es normal que no exista ni sea válido un sólo punto de vista. Pueden haber muchas maneras de acercarse o de relacionarse a ellas, de sentirlas o inspirarse a partir de ellas.

Sin embargo, hay algo que no tiene que ver con puntos de vista, ni con opiniones, ni con sensaciones o emociones. Es lo que nos dice la “materialidad” de esos objetos. La formas que tienen, el tamaño, el peso, las cicatrices que presentan de cuando fueron esculpidas, las alteraciones provocadas por el uso o por el ambiente al que han estado expuestas, el color de la roca usada para fabricarla. Individualmente, cada esfera habla de ella misma y de quienes la hicieron y usaron y desecharon y volvieron a usar. Hablan también de los lugares dónde han estado, del ambiente donde han vivido y de su salud. No son seres vivos en el sentido biológico; pero sí son material sensible. Por que la materia se transforma y la transforman, y cada transformación deja huella.

Esfera fabricada en material muy frágil que sumado al abandono hace que se encuentre en muy mal estado. Pejibaye, Pérez Zeledón

En conjunto, podemos ver las diferencias. Ver que unas son más grandes que otras; que unas fueron hechas y trabajadas con mucho cuidado, otras no tanto; que unas fueron hechas en piedra de primera calidad, otras no. En algunos casos las herramientas dejaron huellas profundas; en otros estas huellas fueron borradas por tratamientos de acabado que buscaban afinarlas y conseguir brillo.

Esfera del Sitio Cansot. Su superficie muestra las cicatrices del uso de punteros como parte del proceso de fabricación. El musgo y los líquenes cubren estas cicactrices y esconden parte de la historia de la esfera.

Cuando las vemos en un conjunto mayor, junto con otros objetos, conjugadas y relacionadas, podemos saber mucho más. Son múltiples materialidades que hablan de vidas pasadas, de personas que las hicieron y usaron, que las cuidaron, las disfrutaron o que sufrieron por ellas o a causa de ellas. No son objetos sin vida. Tuvieron vida, sentido social, su propia historia e historias compartidas.

Ahora podemos opinar, dar puntos de vista, especular o inventar. No obstante, ahí están los objetos para hablar, para ser interrogados,  para responder sobre sus vidas pasadas. En este momentos podemos inventarles un pasado o darles una nueva vida o un nuevo sentido. Pero esto tiene que ver con nosotros y con nuestro tiempo, no con el tiempo pasado.

Esfera precolombina pintada a tono con otros elementos de la plaza del pueblo de Pejibaye, Pérez Zeledón. Esfera fabricada en roca arenisca.

Quienes nos dedicamos a la Arqueología y a otras ciencias relacionadas con el estudio de las sociedades pasadas nos corresponde hacer las preguntas y responderlas adecuadamente con las posibilidades que nos ofrece la ciencia. Nos corresponde entrevistar y aportar conocimiento. Si este sirve para formar opinión, mejor. Pero ni la opinión ni los puntos de vista pueden ocupar el lugar de lo que dice la investigación científica y metódica. Es a través de ésta, a través del conocimiento experto, como nos acercamos a las sociedades pasadas y a su legado.

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UNESCO, esferas de piedra de Costa Rica y patrimonio mundial

Recientemente, la Presidenta de la República de Costa Rica, Doña Laura Chinchilla, mantuvo una reunión con la Directora General de la UNESCO para ratificar el interés del gobierno para que “las esferas de piedra sean declaradas patrimonio mundial”. Al leer lo que publicaron algunos medios de comunicación como La Nación, La Extra o la web de Amelia Rueda queda la impresión de que está dependiendo de UNESCO que se le otorgue a las esferas precolombinas este reconocimiento.

Esta es una verdad a medias, porque efectivamente es la UNESCO la que otorga la declaratoria a través de su Comité de Patrimonio Mundial, pero es responsabilidad de cada país presentar un expediente de candidatura, el que será evaluado en distintas instancias de esta organización internacional y otros organismos colaboradores. A la fecha, nuestro país no ha presentado ningún expediente, así que no se puede esperar ninguna aprobación sin antes cumplir con el proceso.

Hasta ahora, la UNESCO ha otorgado 936 declaratorias como patrimonio mundial. De éstas,183 son patrimonio natural, 725 son patrimonio cultural y 28 son patrimonio mixto (cultural-natural) (http://whc.unesco.org/en/list/).

Costa Rica posee tres declaratorias en patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). También recibió el reconocimiento como patrimonio inmaterial de la humanidad la práctica del boyeo y la carreta. Esto indica que ya existe experiencia previa, y que salvo la candidatura del Parque Nacional Corcovado que fue rechazada, las otras postulaciones han sido exitosas. Tan exitosas que en ningún caso ha entrado en la lista de patrimonio en peligro, una categoría a la que caen los bienes declarados patrimonio mundial que no cumplen con los compromisos adquiridos.

Volviendo al tema de las esferas, me sorprende la poca claridad con que se ha venido manejando la información sobre la candidatura. A ciencia cierta casi nadie – ni a nivel político, ni de la administración pública, mucho menos el ciudadano común- parece conocer qué es lo que Costa Rica está proponiendo a UNESCO. Tampoco parece estar muy claro qué es lo que hay que hacer para cumplir con los requerimientos de una candidatura como esta.

En el 2001 nuestro país incluyó en la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial el proyecto “Plenitud bajo el cielo: el parque arqueológico de las esferas de piedra precolombinas”. La inclusión en esta lista fue el primer paso del proceso de candidatura. Lo que venía a continuación era preparar el expediente de candidatura para presentarlo al Comité del Patrimonio Mundial.

Desde que se incluyó la candidatura en la Lista Tentativa del Centro de Patrimonio Mundial de UNESCO hace más de 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces. Primero fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas. Esta es la propuesta actual. Sobre ésta es la que se requiere elaborar el expediente de candidatura. Sin éste no hay declaratoria. Pero para poder presentarlo se requieren toda una serie de acciones que involucran al gobierno central, a los gobiernos y comunidades locales y a otros actores importantes vinculados al patrimonio cultural y al desarrollo socio-económico de la región.

El expediente de candidatura no es un mero trámite burocrático. No es cosa de un año o dos –salvo que previamente el país haya dedicado muchos esfuerzos a la investigación, conservación y puesta en valor del patrimonio-, es un largo proceso que implica una gran inversión de recursos económicos y humanos. Es un proceso de toma de decisiones técnicas altamente especializadas, de toma de decisiones políticas con compromisos de corto, mediano y largo plazo y de adecuación del marco legal y administrativo para garantizar el cumplimiento de los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional.

Hace unos meses la encargada de asuntos culturales de una Embajada de Costa Rica en un país europeo me preguntaba: ¿Contra quién competimos en la candidatura ante UNESCO? Mi respuesta fue que competíamos contra nosotros mismos, que competíamos por ser competentes en la gestión de nuestro patrimonio. Le dije que teníamos que elaborar planes estratégicos acordes con los tiempos actuales, que teníamos que cambiar nuestra maneras de hacer arqueología y de transmitir el conocimiento, que teníamos que trabajar mano a mano con las comunidades locales para que el patrimonio adquiriera un nuevo valor social gracias a los beneficios que podía aportar si estaba bien manejado. Sin esto no hay candidatura que valga, por más grandes, más redondas y singulares que sean las esferas.

La declaratoria de patrimonio mundial se basa en la singularidad de las esferas de piedra precolombinas. Sin embargo, la declaratoria tiene sentido en la medida en que éstas se conserven en su lugar original, en que estén ellas y sus lugares bien conservados y cuidados. Foto Diego Matarrita.

Muchos gobiernos aspiran a las declaratorias de patrimonio mundial por lo que aportan en términos de prestigio político y por el beneficio a las economías locales, especialmente en el turismo. Una declaratoria de patrimonio mundial otorgada por UNESCO es un reconocimiento tanto al bien propuesto como al país por sus esfuerzos en la investigación, conservación, protección y puesta en valor de ese patrimonio.

En el caso de los sitios con esferas de piedra el gran reto es demostrar que, a pesar de lo irresponsables que hemos sido con estos objetos y los sitios arqueológicos donde estaban originalmente, que a pesar del olvido al que estuvieron sometidas hasta hace pocas décadas, ahora hay conciencia clara sobre el valor de esta singular manifestación humana. Y que este valor está construido a partir de una solvente y clara investigación científica –factor clave en una declaratoria-, de un cuido y protección adecuadas y de su incorporación en las estrategias de desarrollo humano, especialmente en beneficio de las poblaciones más desfavorecidas.

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La triste belleza del abandono: esferas y patrimonio histórico-arquitectónico en Bahía Ballena

Esferas de Bahía Ballena, Osa,

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

 

 

Otra vista de dos de las ocho esferas removidas de su contexto original y hoy día situadas en Bahía Ballena, Osa.

 

 

Esfera y casa declarada patrimonio histórico-arquitectónico según la Ley 7555. La ruina domina el paisaje y muestra como se trata una parte del patrimonio cultural en el Sur de Costa Rica.
Otra vista de la casa patrimonial y una de las esferas precolombinas de Bahía Ballena, Osa.
Esfera-ecosistema tropical. Bahía Ballena, Osa
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Estrellas de vidrio a cambio de esferas de piedra: por qué digo NO al Proyecto Esferas

En estos tiempos de indignación hasta por las esferas precolombinas de Costa Rica hay que gritar. No sólo es el abandono y descuido de muchas, muchísimas de ellas; es también el inapropiado uso que se hace de ellas, no sólo como objetos materiales, sino también por el uso malintencionado de la información acerca de ellas y todo lo que las rodea.

En estos meses un astrólogo de Madrid -Vicente Cassanya- está promocionando un encuentro internacional en Osa. Lo llama el Proyecto Esferas y está respaldado por la Municipalidad de Osa. A continuación un video promocional sobre la actividad que planean celebrar en el próximo mes de octubre:

http://lapiramide.tv/terra/esferas/

Ya me había formado una idea de las intenciones de este señor y su proyecto. Ahora al ver su video promocional y leer lo que presenta en  distintas páginas web no tengo la menor duda: ESPECULACIÓN, PSEUDO-CIENCIA, INTERESES ECONÓMICOS OSCUROS, NEGACIÓN DEL CONOCIMIENTO GENERADO DESDE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, IMPROVISACIÓN Y PRINCIPALMENTE, USO INESCRUPULOSO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE UN PAÍS QUE NO ES EL SUYO.

Es lamentable que en el contexto de formulación de un expediente de candidatura de los sitios con esferas de piedra como patrimonio mundial salga una institución pública, el gobierno local más involucrado hasta ahora con la protección de las esferas, respaldando un proyecto como éste.

Un elemento fundamental en los procesos de candidatura como patrimonio mundial es el conocimiento. Este tiene que ser un conocimiento de calidad, solvente, reconocido social y académicamente y , principalmente, generado desde los procedimientos científicos. No pueden venir a decir ahora que no se sabe nada sobre las  esferas, que nadie las conoce, que no es importante estudiarlas -para qué medirlas, según el señor Cassanya-. Lo que importa y vale es la “experiencia vivencial”, la capacidad transformadora de las esferas”, “recibir la energía que emiten”. Pero en qué cabeza cabe apoyar un proyecto que devalúa el objeto patrimonial que le ha dado realce a una región. Es absurdo, irresponsable y sospechoso.

¿Cómo es posible que desde una municipalidad se apoye un proyecto que niega los estudios arqueológicos, que subestima el trabajo que se ha generado a lo largo de muchos años y que alimenta la idea de las esferas desconocidas, sin pasado, sin historia? ¿Por qué han dado este paso en la Municipalidad de Osa? ¿Por qué importantes dirigentes locales, algunos de ellos muy comprometidos con el trabajo del Museo Nacional de Costa Rica, apoyan esta iniciativa? ¿Es por la promesa de traer turistas? ¿Es por salvar la temporada verde con la llegada de cientos de turistas interesados en las esferas y la riqueza natural de Osa?

Es irresponsable promover el turismo alrededor de las esferas y de los sitios con esferas en un momento como éste, donde no existe la infraestructura para desarrollar un turismo cultural de calidad. Todavía no hay planes de manejo para la gestión de los sitios con esferas, no hay medidas permanentes de protección y de puesta en valor. ¿Cómo entender este salto al vacío?¿Cómo entender que no haya comunicación entre  la Municipalidad de Osa y el Museo Nacional, que es el que lleva adelante el proceso de candidatura y es el que tiene a su cargo el patrimonio arqueológico que está siendo utilizado como señuelo por el Proyecto Esferas del señor Cassanya?

Con las esferas de piedra ha pasado de todo: destrucción, expolio, traslados sin control, mala gestión por parte del Estado. Quizá sea hora de decir BASTA, de poner las cosas en su sitio, de exigir respeto, responsabilidad y buen hacer. Ya se han cometido muchas barbaridades con el patrimonio arqueológico del Sur. Ahora no va a venir un señor barbado ofreciendo estrellas de vidrio a cambio de esferas de piedra. NO, NO y NO.

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La salud de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

He preparado una presentación en PREZI sobre algunos aspectos relacionados con la salud de las esferas precolombinas y los problemas que las aquejan. Invito a tod@s a entrar en el siguiente enlace:

http://prezi.com/qntehrvwnjts/salud-esferas-precolombinas/

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Sitio El Silencio: ¿De qué hablamos cuando hablamos de este sitio?

El sitio El Silencio fue excavado recientemente por arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica. Pronto se sabrá qué se halló en los alrededores de la esfera. Lo que es conocido desde 1991, cuando se documentó el sitio por primera vez es que ahí está la esfera más grande de las conocidas hasta la fecha. A su alrededor se han hallado unos pocos fragmentos cerámicos e instrumentos de piedra como hachas, pero no grandes montículos artificiales ni otros elementos arquitectónicos como los que se han encontrado en otros asentamientos precolombinos de la región Sur.

El sitio El Silencio es singular, ya que la esfera es el elemento principal. Esto es importante porque es la más grande de todas, pero no fue colocada ni en el asentamiento más grande de la región (Finca 4 o Finca 6, por ejemplo), ni en el espacio más visible, sino en media ladera, al pie de una fila montañosa situada en un punto cercano a donde se abre el delta-abanico del río Grande de Térraba. Es muy probable que corresponda a un espacio sagrado o a un lugar de significado especial por algún acontecimiento importante; o que haya sido un punto de referencia significativo para quienes la fabricaron y colocaron en ese lugar.

Es lógico pensar que lo que tenía valor para quienes colocaron la esfera en ese punto específico, de espaldas al Delta, y muy cerca del río Térraba, no era precisamente la esfera, sino más bien el lugar. Pusieron la esfera más grande en un lugar de gran importancia: una ladera que forma parte de la Fila Grisera que tuvo un significado, un sentido especial. Esto obliga a cambiar la mirada para dejar de ver sólo la esfera y mirar también el paisaje donde se encuentra. Este cambio de mirada implica mirar de manera nueva el lugar, el espacio en su conjunto, que necesita ser protegido igual que la esfera.

La esfera es un elemento conmemorativo que que no figura en la memoria de los pueblos indígenas que viven en la región. Es tarea de la investigación científica, de la arqueología y otras ciencias, recuperar esa memoria, darla a conocer y garantizar su re-valorización y conservación.

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Esferas de piedra precolombinas: información para entenderlas mejor

Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Desde que se documentaron los primeros ejemplares de tamaño monumental en el Delta del Diquís a finales de los años 30 del siglo pasado no han dejado de generar interés científico y admiración por la maestría de su manufactura y acabado de superficie, la abundancia de ejemplares, la variabilidad de tamaños y las llamativas conformaciones de algunos agrupamientos.

Las esferas son una de las muestras más singulares en el uso de escultura pública precolombina; formaron parte de espacios públicos en poblados con estructuras arquitectónicas elevadas mediante rellenos artificiales y fueron objetos recurrentes en determinados asentamientos durante casi un milenio (400 d.C.-1500 d.C.).

La forma de las esferas y el acabado de superficie son producto de la creatividad y el trabajo humano. Aunque hay piedras de forma redonda en otras partes el mundo; las que hay en el Pacífico sur de Costa Rica son resultado del trabajo escultórico indígena.

La larga tradición de su producción y uso las convierten en un elemento de continuidad cultural y de prácticas sociales compartidas en un amplio espacio geográfico. Su producción es una muestra de resolución técnica en el manejo y transformación de rocas de gran volumen en grupos sociales que no utilizaban ni la rueda, ni los animales de tiro ni herramientas de metal pero si de piedra para la talla escultórica. Evidencian formas colectivas de organización de trabajo y constituyen la muestra material de saberes, experiencia, deseos y decisiones sociales.

Las esferas no fueron elementos esporádicos en un paisaje arqueológico, sino figuras recurrentes en los espacios públicos, a veces de manera individual, otras por agrupamientos en distintos asentamientos. Fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante.

Las esferas en su forma y tamaño denotan maestría técnica en el trabajo escultórico. Como objetos artísticos y medios de comunicación visual son únicas y marcan distancias significativas con otras formas de representaciones precolombinas de la misma época.

Esfera de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad de estas esculturas precolombinas. Foto Diego Matarrita.

La producción y uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas. Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Cuando se empezaron a usar las primeras esferas, que desde entonces ya se fabricaban en tamaños monumentales (167 cm de diámetro) y medianos (100 cm de diámetro), se estaban dando cambios socio-políticos y económicos importantes que sugieren nuevas formas de diferenciación social. Algunas sencillas aldeas empezaron a crecer en tamaño y también empezaron a tener estructuras arquitectónicas diferenciadas. Estas nuevas estructuras fueron construidas con gran esfuerzo, ya que requerían movilizar miles de metros cúbicos de tierra de relleno para elevarlas sobre el terreno, así como cientos de piedras escogidas para elaborar los muros de las mismas para que no colapsaran.

A la vez que se desarrollaba la capacidad técnica para construir elementos arquitectónicos que cambiaban el paisaje natural, había otras expresiones materiales. Algunas fueron de corta duración y de distribución restringida, como los barriles de piedra o la escultura antropomorfa o zoomorfa. Otras, como la cerámica, tuvieron mayor circulación y cambiaron más lentamente sus formas, estilos y acabados.

Las esferas de piedra no fueron los únicos objetos escultóricos que se hicieron en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica. Había una producción muy importante de otras esculturas. Todas ellas formaban parte de un rico y sofisticado mundo simbólico. En la foto: escultura de ser humano con máscara de felino y cabeza trofeo en las manos. Colección Museo Nacional de Costa Rica.

En el Pacífico Sur de Costa Rica se dio una especial producción de objetos de oro y de la aleación oro-cobre que se puede distinguir de la metalurgia de otras partes del continente por sus diseños, concentración de metal y acabados de superficie. Cuando ya las esferas tenían alrededor de 400 años de uso, apareció la metalurgia en la misma región (después del 800 d.C.). Al parecer, la tecnología fue introducida desde los territorios de los actuales países de Colombia y Panamá. Coincidentemente, en la región –especialmente en la península de Osa- existían ricos depósitos de oro que eran lavados y arrastrados por los ríos. Ambas tecnologías fueron desarrolladas conjuntamente y alcanzaron exquisitos niveles de materialización, especialmente en el Delta del Diquís.

Las sociedades indígenas que fabricaron y usaron las esferas pertenecían a los grupos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde siglos atrás. Tanto las esferas como otros objetos estuvieron fuertemente vinculados con prácticas sociales relacionadas con el mundo simbólico local. Su uso estuvo circunscrito a la cuenca del Río Grande de Térraba y unos pocos lugares vecinos como Golfito, Uvita y la Isla del Caño. Estos lugares sólo son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, lo que indica que había diferencias importantes en la producción y uso de elementos simbólicos a nivel local, a pesar de que otros elementos eran compartidos.

Después de casi un milenio de estar vigentes en el Pacífico Sur, en lo que ahora se denomina como “tiempos precolombinos”, pasó un  período cercano a los 430 años (de la conquista a finales de la década de 1930) en los que las esferas y otros materiales asociados estuvieron invisibilizados y “fuera de uso”. En el siglo XVI se produjo el abandono de los asentamientos y la desestructuración general del mundo indígena por la colonización española. A esto se unió la densa cobertura vegetal y la sedimentación depositada sobre asentamientos abandonados antes y después de la conquista. Además, el escaso poblamiento de la región en el período colonial  convirtió a buena parte del territorio en tierra de nadie. No fue hasta que se inició un nuevo proceso de colonización a principios del siglo XX cuando estos objetos volvieron a figurar en un nuevo contexto histórico, social y económico.

Con la llegada de la Compañía Bananera de Costa Rica –el nombre para Costa Rica de la transnacional United Fruit Company– y con la migración de oleadas de campesinos y obreros desde el Valle Central y desde otras partes del país y de Centroamérica hacia el sureste cientos de esferas, junto con otra gran cantidad de objetos arqueológicos iniciaron un camino de integración a la actual sociedad costarricense. Este camino estuvo caracterizado por el expolio, la extracción sin control de sus lugares originarios y por un nuevo valor social y económico como mercancía y como objeto de colección.

Gran parte de las esferas fueron movidas y trasladadas fuera de la región y se convirtieron en adornos y objetos de distinción para una pequeña parte de la población acaudalada. Asimismo pasaron a ser objeto de exhibición en instituciones públicas y privadas. Junto con esta adquisición de nuevo sentido social, se produjo la destrucción sistemática de sus contextos originarios y la dispersión de la cultura material asociada a ellas.

Sólo a principios de la década de 1990 el estado costarricense empezó a tener incidencia en la investigación, conservación, protección y gestión de las esferas precolombinas. Desde entonces se han venido haciendo distintas acciones que han llevado a la toma de conciencia sobre la particularidad de estos objetos y de los sitios arqueológicos a los que están asociadas y el privilegio y responsabilidad colectiva que conllevaba su presencia en el territorio costarricense.

Este cambio de actitud ha estado fuertemente vinculado con el aumento de investigaciones, con los inventarios arqueológicos y con nuevas maneras de entender las sociedades precolombinas del sur de Centroamérica, que ya no eran meros puentes culturales entre las “áreas nucleares” del continente americano (puente entre Mesoamérica y las culturas andinas o sudamericanas), sino focos de desarrollo autóctono con formas sociales, económicas y políticas propias y con manifestaciones materiales locales, aunque también vinculadas con áreas vecinas.

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El drama de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

Inicio este blog con la intención de dar a conocer la situación de las esferas precolombinas de Costa Rica; un patrimonio precolombino único. La idea es crear conciencia sobre la necesidad urgente de llevar a cabo estudios científicos especializados, para entenderlas mejor, conservarlas apropiadamente y ponerlas en valor ante las comunidades locales, del resto del país y del mundo.

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Esferas de piedra precolombinas procedentes del sitio arqueológico Finca 4, Osa.