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La salud de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

He preparado una presentación en PREZI sobre algunos aspectos relacionados con la salud de las esferas precolombinas y los problemas que las aquejan. Invito a tod@s a entrar en el siguiente enlace:

http://prezi.com/qntehrvwnjts/salud-esferas-precolombinas/

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¿Dónde están las esferas precolombinas de Costa Rica?

¿Dónde están las esferas de piedra? 
Están en:
• Zonas verdes de instituciones públicas o propiedades privadas.
•Potreros o campos de cultivo en propiedades privadas.
•Cauces de ríos o quebradas.
•Depósitos institucionales (salas de exposición o bodegas).
•Bosques primarios o secundarios.
Ha sido usual ubicar las esferas en espacios abiertos como jardines o zonas de paso
¿En posesión de quienes están?

– Alrededor de un 20% de las esferas – especialmente las de pequeño formato – están en posesión del MNCR; el resto permanece en propiedades  privadas o en instituciones públicas de carácter no patrimonial.

– El espacio más común de ubicación de esferas actualmente son los jardines.

 

•A la fecha menos de 60 esferas se encuentran ubicadas dentro de instalaciones techadas y con temperaturas relativamente controladas.
•Son principalmente esferas de pequeño formato que se guardan en los depósitos de instituciones públicas, especialmente en el Museo Nacional de Costa Rica.
•El resto (más de 220) se encuentra expuesto a la intemperie.
•Salvo los pocos ejemplares que se encuentran in situ (menos de 14), algunas de las cuales están cubiertas por sedimentos, las demás están totalmente expuestas o semi-expuestas.
El abandono y el cuido inadecuado es uno de los mayores problemas que sufren las esferas. La tenencia en propiedades privadas impide el cuido, el mantenimiento y muchas veces la investigación de las mismas.

A la fecha no existe una política nacional definida de cómo se van a gestionar las esferas en su conjunto, ni de cómo se va a gestionar la complicada situación de su tenencia. 

 

 

 

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Reflexiones sobre patrimonio arqueológico y turismo en Costa Rica

Artículo que escribí y fue publicado en la revista TECNITUR de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (ACOPROT). Número especial del 2011 dedicado al turismo cultural

Enlace: http://tecnitur.com/site/articulo.php?id=48#

La arqueología como recurso turístico ha sido predominantemente visualizada y desarrollada bajo el criterio de la monumentalidad. En general, esta monumentalidad está relacionada con antiguas sociedades de tipo estatal; los restos de otras sociedades menos complejas, y que son la mayoría en la historia de la humanidad, han tenido menos suerte. En el caso del continente americano, esto tiene importantes implicaciones ya que afecta la visión del pasado, la percepción de las comunidades indígenas y la inversión en investigación, protección, divulgación y puesta en valor de los restos arqueológicos.

En Costa Rica los recursos arqueológicos han tenido un uso muy limitado en la oferta turística. Esta limitación obedece básicamente a dos razones. Por una parte, la visión predominantemente academicista contraria a la “mercantilización” que caracteriza en gran medida a quienes trabajan con el patrimonio cultural en América Latina. Por otra parte, el prejuicio de los desarrolladores turísticos por la falta de monumentalidad de nuestro patrimonio y la consideración de que no puede competir con lo que poseen países como Guatemala, México o Perú.

El Monumento Nacional Guayabo es el único sitio precolombino con estructuras arquitectónicas de gran complejidad que está habilitado para la visitación turística en Costa Rica.

El patrimonio arqueológico de Costa Rica tiene un gran potencial turístico. Es un patrimonio singular porque produjo una cultura material propia en cada región. Lo que hay en Costa Rica difícilmente se encuentra en otros sitios arqueológicos de América. La diferencia radica en cómo distintos pueblos produjeron distintas expresiones, transformaron la naturaleza y la utilizaron a través del tiempo.

Por las características del patrimonio arqueológico del país es necesario fortalecer al máximo la generación de conocimiento, ya que ésta es la vía para entender el valor que tienen los restos precolombinos como acervo del desarrollo de la humanidad. El conocimiento es vital para tomar decisiones de qué, cómo, por qué y para qué desarrollar un sitio arqueológico y no otro; de qué exponer o no en un museo, entre otras cosas. También es fundamental para educar, crear valores y convertir el pasado en historia.

El conocimiento como creador de valor requiere el uso de métodos y técnicas acordes con los tiempos actuales. Esto implica el cambio de las estrategias de investigación, conservación y preservación del patrimonio. Implica el cambio de pequeños proyectos individuales a equipos de investigación interdisciplinarios, con visión de mediano y largo plazo. Pero este cambio necesario en la manera de hacer la Arqueología, no puede llevarse a cabo sin mayor inversión pública y privada. Un ejemplo de necesidad inmediata de diálogo y de establecimiento de alianzas estratégicas es la intención de proponer la candidatura de los sitios con esferas de piedra del Pacífico Sur como patrimonio mundial ante la UNESCO.

Una declaratoria de este tipo no es un asunto burocrático-institucional. Es la constatación de un acuerdo colectivo de qué es lo quiere el país, por qué pide que el mundo reconozca el valor de ese patrimonio y cuál es el compromiso que adquiere ante la humanidad si le otorgan tan alto estatus.

Para que las esferas de piedra y los sitios arqueológicos que todavía las conservan en el lugar original tengan un valor universal primero que todo deben ser reconocidas localmente. Sabemos que las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica son uno de los ejemplos más destacados del arte y de la tecnología precolombina y que constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Su valor no sólo radica en la forma casi perfecta y que se hayan hecho más de 300 o que se hayan fabricado a lo largo de casi mil años; valen por lo que representan en la historia de la humanidad. Su creación es un ejemplo de la grandiosa capacidad humana de crear objetos que superan las limitaciones técnicas y las condiciones del ambiente.

Esferas removidas de su contexto original pero de gran valor social actual. Parque público de Palmar Sur, Osa

Hace unos años el I+D –Investigación y Desarrollo– era una aspiración en muchos países. Ahora se aspira al I+D+i, con la Innovación como nuevo eje. En la arqueología nacional, los dos primeros apenas se vislumbran y la innovación suena a quimera. Sin embargo, una postulación como patrimonio mundial por un recurso arqueológico como los son los sitios con esferas de piedra precolombinas nos obliga a ir hacia estos tres ejes. A la fecha poco se ha avanzado.

No obstante, esta aspiración puede generar una profunda transformación en la manera de hacer arqueología y en la manera en que se hace turismo cultural en este país. Es necesario pasar cuanto antes a la acción, y la acción empezará cuando se conjugue la ciencia con la gestión y cuando haya una real inversión económica pública y privada.

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El sitio Cansot, ¿un taller de esferas?

Si uno revisa un mapa del Sur de Costa Rica puede encontrar montañas, riachuelos, pueblos y otros puntos con nombres de origen indígena. En los estudios que hizo la lingüista Carmen Rojas sobre lugares que tienen nombres derivados de la lengua boruca está Fila Cansot, un segmento de la Fila Grisera que a su vez forma parte de la Cordillera Costeña.

cansot
Ubicación de la Fila Cansot en el cantón de Osa. Fuente: Google Maps..

En un artículo especializado que publicó en el 2001, Carmen dice que “es posible encontrar varias formas mediante las que se les puso nombre a lugares, ríos o quebradas que fueron conocidos por los borucas: tomando en cuenta las características topográficas del lugar, haciendo referencia a un animal que frecuentaba el sitio o a una planta o a un árbol característicos de ese lugar, o bien, indicando un acontecimiento histórico que hubiera ocurrido en ese sitio” .

Lo que ella dice es muy interesante e importante en el caso de un sitio arqueológico que encontré en 1991 y que llamé Cansot porque así aparecía en el mapa topográfico que tenía a mano. Años después, y gracias a un comentario que me hizo el arqueólogo Francisco Corrales de que en lengua Boruca “Can” significaba piedra, me preocupé por saber si había una relación entre el topónimo de la Fila Cansot con las esferas de piedra.

Al buscar en el diccionario Boruca-Español efectivamente encontré que esta palabra, en una de sus dos acepciones, se traduce como piedra. Por otra parte, la palabra “Sót”, también tiene dos acepciones. La primera se define como sustantivo y se traduce como “genio, modo de ser, carácter, modo de hacer algo, costumbre” y la segunda como verbo: “hacer, realizar”.

Las información anterior podría parecer anecdótica o llamativa. Sin embargo, es más que eso, ya que en esa fila montañosa se encuentran de manera natural grandes bloques de piedra que están ahí por razones geológicas, y que son del mismo material en que están fabricadas la mayor parte de esferas. Este material se llama gabro, una roca de origen ígneo muy parecida al granito.

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Rocas de gabro sobre la superficie. Son parte de los afloramientos que hay en los alrededores de las dos esferas del sitio Cansot. Foto: I.Quintanilla.

El sitio arqueológico Cansot está situado en la parte alta de la fila montañosa, a unos 200 m de altitud. Para llegar a él hay que caminar, o ir a caballo. Una vez en el lugar lo que se puede ver son dos esferas; una está completa y la otra sólo conserva poco menos de un tercio. La completa mide 163 centímetros de diámetro y la otra pudo haber medido unos 180 centímetros.

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Esfera completa del sitio Cansot, 1.63 m de diámetro. Foto: I. Quintanilla.

Si el hallazgo de estas dos esferas en la parte alta de una fila montañosa es importante, más lo es que alrededor de ellas hayan cientos de grandes bloques de piedra del mismo material. Es más que probable que sea un lugar de aprovechamiento de materia prima y de manufactura de esferas. Es posible, además, que buena parte de las esferas de Osa provengan de acá o de otros puntos cercanos.

Cansot con fernando copia
Detalle de la esfera completa del sitio Cansot. Destaca en ella una superficie rugosa con huellas del picado. Esto indica que la esfera estaba en un proceso de manufactura previo al alisado o pulido. Foto: I. Quintanilla.

Es muy relevante que en la memoria boruca se conserve un topónimo que puede estar relacionado con una práctica de aprovechamiento de materia prima vinculada a la manufactura de esferas. Esto es un claro indicio de territorialidad y de vinculación histórica.

A la fecha no se han llevado a cabo estudios arqueológicos en Cansot, salvo recorridos de superficie con recolección de unos pocos fragmentos cerámicos. El lugar necesita ser estudiado con profundidad y se requieren estudios especializados para documentar diversos aspectos que den luz sobre el uso de la piedra, el transporte, los procesos de producción y otros temas fundamentales para comprender el mundo del trabajo vinculado a la fabricación de las esferas y otros objetos precolombinos.

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Las esferas de piedra y los abordajes pseudo-científicos

La especulación y la construcción del misterio como gancho. Estos dos elementos han estado siempre detrás de los relatos pseudo-científicos que rodean ciertas ideas sobre las esferas de piedra del Sur de Costa Rica

Las formas casi perfectas y los tamaños monumentales han llamado la atención de muchas personas alrededor del mundo. Su singularidad ha hecho que se construya una imagen de ellas como objetos misteriosos, cargados de energía o de misticismo.

Esfera precolombina copia

Periodistas, estudiosos de fenómenos para-normales, aficionados a la astronomía y a la astrología, artistas o aventureros se han dedicado a “resolver” lo que consideran un “misterio”. Sin embargo, para resolver dicho misterio pocas veces aceptan la ayuda de la arqueología, porque muchos de ellos rechazan que hayan sido fabricadas por manos indígenas y por lo tanto, rechazan buena parte de los datos arqueológicos.

esfera para encabezado copia

Las propuestas para resolver el misterio de las esferas ha llevado a vincularlas con visitantes extraterrestres –recurso ya gastado en muchos otros campos de la arqueología americana, como las líneas de Nazca –, con la mítica Atlántida, o con “altas civilizaciones” que trajeron el conocimiento y la técnica, o que las dejaron como testimonio de su presencia.

En estas interpretaciones que reniegan del carácter indígena de las esferas hay un trasfondo que se podría interpretar como racista porque ponen en duda la capacidad intelectual y organizativa de las poblaciones autóctonas.

Al cuestionar las capacidades indígenas se abre la vía para buscar explicaciones externas. En el caso de las esferas, no admiten los argumentos que sostienen que estos pueblos fueron capaces de fabricar objetos monumentales usando instrumentos de piedra. Tampoco asimilan que pudieran movilizarlos a través de largas distancias recurriendo únicamente a la fuerza humana, ya que no contaban con vehículos con ruedas ni animales de carga.

Otro problema es que la mayoría de los abordajes pseudo-científicos sobre las esferas se basan en elementos aislados de los registros materiales. Uno de los casos más habituales es recurrir a los alineamientos que se han documentado en Osa de manera aislada. A partir de ellos hacen interpretaciones, bien sea como guías para pueblos navegantes transoceánicos, como señales para viajeros interespaciales, o de lo que sea que pueda vender misterio.

En los enfoques seudocientíficos no existe un real interés por la información del contexto de las esferas; normalmente lo soslayan argumentando la escasez de datos, o que no hubo una necesaria relación entre éstas y los vestigios arqueológicos que se han encontrado junto con ellas.

Grijalba
Las esferas de piedra de Costa Rica siempre se han encontrado con restos de otros vestigios de origen indígena y de tiempos precolombinos como es el caso del sitio Batambal, en Osa.. No se puede interpretar las esferas sin incorporar estos otros vestigios. Foto: Diego Matarrita.

Al despojar a las esferas de su contexto, las despojan también de su historia y de los vínculos sociales a los que estuvieron sujetas. Con objetos aislados e información parcial crean teorías sin necesidad de demostrar nada porque sus métodos de investigación no responden a los requerimientos de la ciencia.

No contribuyen, por lo tanto, al conocimiento de la Historia Precolombina; su afán se centra en satisfacer las necesidades de un sector que consume misterio, para el que los vestigios de sociedades arqueológicas sólo son materia prima para la ficción y la creación de relatos sobre mundos desaparecidos.

Los mundos desaparecidos no crean vínculos históricos; no crean sentimientos de identidad, ni lazos afectivos con esa gente del pasado de la que se han conservado restos materiales.

Reconocer las capacidades de los pueblos indígenas es parte del reconocimiento de su larga historia. Renegar de ellas es continuar con la colonización y la negación de su larga historia. La pseudo-ciencia no es algo inocente. Tiene un trasfondo ideológico, político y económico. Eso hay que tenerlo claro, muy claro.

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Sitio El Silencio: ¿De qué hablamos cuando hablamos de este sitio?

El sitio El Silencio fue excavado recientemente por arqueólogos del Museo Nacional de Costa Rica. Pronto se sabrá qué se halló en los alrededores de la esfera. Lo que es conocido desde 1991, cuando se documentó el sitio por primera vez es que ahí está la esfera más grande de las conocidas hasta la fecha. A su alrededor se han hallado unos pocos fragmentos cerámicos e instrumentos de piedra como hachas, pero no grandes montículos artificiales ni otros elementos arquitectónicos como los que se han encontrado en otros asentamientos precolombinos de la región Sur.

El sitio El Silencio es singular, ya que la esfera es el elemento principal. Esto es importante porque es la más grande de todas, pero no fue colocada ni en el asentamiento más grande de la región (Finca 4 o Finca 6, por ejemplo), ni en el espacio más visible, sino en media ladera, al pie de una fila montañosa situada en un punto cercano a donde se abre el delta-abanico del río Grande de Térraba. Es muy probable que corresponda a un espacio sagrado o a un lugar de significado especial por algún acontecimiento importante; o que haya sido un punto de referencia significativo para quienes la fabricaron y colocaron en ese lugar.

Es lógico pensar que lo que tenía valor para quienes colocaron la esfera en ese punto específico, de espaldas al Delta, y muy cerca del río Térraba, no era precisamente la esfera, sino más bien el lugar. Pusieron la esfera más grande en un lugar de gran importancia: una ladera que forma parte de la Fila Grisera que tuvo un significado, un sentido especial. Esto obliga a cambiar la mirada para dejar de ver sólo la esfera y mirar también el paisaje donde se encuentra. Este cambio de mirada implica mirar de manera nueva el lugar, el espacio en su conjunto, que necesita ser protegido igual que la esfera.

La esfera es un elemento conmemorativo que que no figura en la memoria de los pueblos indígenas que viven en la región. Es tarea de la investigación científica, de la arqueología y otras ciencias, recuperar esa memoria, darla a conocer y garantizar su re-valorización y conservación.

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Breve información sobre las esferas precolombinas

Comparto otro texto sobre las esferas. Lo  preparé para el Departamento de Proyección Museológica del Museo Nacional de Costa Rica en el 2011. Fue la base de folleto que distribuyeron en el Festival de las Esferas de Osa de ese año.

Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica son uno de los ejemplos mas destacados del arte y de la tecnología precolombina. Hace unas décadas se consideraban un gran misterio. Sin embargo, recientes investigaciones arqueológicas permiten responder a muchas de las preguntas que surgen al conocer tan extraordinarias esculturas.

¿Por qué constituyen un ejemplo del arte y de la tecnología precolombina?

Como objeto escultórico, estas esferas son singulares dentro de riqueza y variedad de representaciones precolombinas. La esfera, una forma abstracta, fue materializada en piedra. Y no sólo una vez, sino cientos de veces en diversos tamaños.

Son un ejemplo del dominio de las técnicas de picado y pulido por la forma casi perfecta y por los acabados finos de la superficie de la mayoría de ellas. También son una muestra de la capacidad para organizar un trabajo escultórico difícil y de gran precisión, para transportarlas y para emplazarlas en sitios muchas veces muy alejados de donde se tomó piedra natural.

Debe tenerse en cuenta que estas esferas llegan a pesar hasta 15 toneladas y que fueron producidas por sociedades que no utilizaban ni la rueda, ni los animales de tiro.

¿Dónde están las esferas?

 El territorio de los sitios arqueológicos con esferas de piedra es el Pacífico Surde Costa Rica. Hay otros lugares en el mundo donde se han encontrado esferas en asentamientos antiguos, y muchos más donde se han encontrado piedras redondeadas de origen natural. Sin embargo, las esferas del Pacífico Sur son únicas porque en ningún otro lugar hay tal concentración, ni son tan perfectas ni alcanzan los tamaños ni las cantidades como en esta región.

Su uso estuvo circunscrito a la cuenca del Río Térraba y unos pocos lugares vecinos como Golfito, Uvita y la Isla del Caño. Estos lugares sólo son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí.

¿Cuándo y en qué contexto social fueron hechas?

 Las esferas más antiguas se empezaron a fabricar hace unos 1.500 años (alrededor del 400 d.C.), en el período Aguas Buenas. Eran tiempos de cambios económicos, sociales, políticos y de nuevas prácticas culturales

Los lugares con las primeras esferas están situados en distintos puntos del Pacífico Sur. No se conoce cuál fue la primera esfera ni el primer asentamiento que las usó. Lo que se sabe es que las primeras ya eran grandes y que en el caso del sitio Bolas, eran monumentales (hasta 156 cm de diámetro).

Hace unos 1.200 o 1.300 años aproximadamente, con el inicio del período Chiriquí (800 d.C.-1500 d.C.) se dieron nuevos cambios en la región. Aumentó la población, los asentamientos se hicieron más grandes y se consolidó el uso de montículos artificiales como estructuras principales dentro de las aldeas. Se intensificó la agricultura, la metalurgia del oro y del cobre se desarrolló con gran maestría, y se empezaron a fabricar esculturas y cerámica con nueva iconografía y formas.

A partir de esta fecha se va a incrementar el número de esferas y se van a elaborar gran cantidad de ejemplares monumentales. El delta del Diquís va a ser el centro principal de los poblados con esferas en este período.

Como se elaboraron a lo largo de casi mil años se infiere que las esferas fueron parte de contextos sociales diferentes y cambiantes. Sin embargo, su uso estuvo relacionado con sociedades jerarquizadas y complejas, quizá de tipo cacical o jefaturas.

¿Quiénes las elaboraron?

No es posible vincular las esferas a un único pueblo, como tampoco es posible explicarlas según un único significado o uso.

En el Pacífico Sur actualmente habitan cinco etnias indígenas y no se ha encontrado suficiente evidencia para adscribir las esferas a ninguna de ellas. Es altamente probable que estén vinculadas a los antecesores de los actuales borucas. Pero, hay que tener cuidado con esto, ya que el proceso de conquista provocó la desaparición de otros pueblos como los chánguenas o dorasques que habitaban en el mismo territorio que los borucas.

¿Cuánto miden y en qué tipos de roca se hicieron?

Se calcula que el número de esferas elaboradas en el Pacífico Sur superan los 300 ejemplares. Tienen diámetros que oscilan entre los 10 cm hasta los 254 cm. Sin embargo, los tamaños más comunes se ubican entre los 60 y los 120 cm. El tamaño promedio es de 90 cm de diámetro, con un peso cercano a los 900 kilogramos.

Las esferas fueron elaboradas con materia prima local, pero hubo diferencias en el uso o no de cierto tipo de rocas. La mayor parte de las esferas fueron hechas de rocas gabroides (más de 200) y grano-dioritas. Un grupo pequeño (no más de 6) fueron hechas en calizas y tienen la particularidad de haber sido usadas sólo en el delta del Diquís.

Otro grupo de esferas fue hecho con areniscas, de las que se han encontrado 11 en la zona de Pilas-Pejibaye. Un quinto grupo de seis esferas fue elaborado con andesita, las que se han localizado principalmente en el valle del río Coto Brus.

¿Cómo las hicieron?

Hasta ahora no se ha excavado ningún taller de fabricación, pero gracias al estudio detallado de las características de muchas esferas se ha podido identificar las huellas que han dejado distintas herramientas y procesos de trabajo.

Las esferas se hicieron con la tecnología de la piedra. En su fabricación se usó el conocimiento antiguo de picar y pulir rocas usando otras más duras. Estas técnicas de trabajo se basaban en un profundo conocimiento de la naturaleza y de los procesos para transformar piedras naturales en herramientas o en objetos artísticos.

Los instrumentos utilizados para fabricarlas fueron mazas, martillos, cinceles y punteros. También se usaron rocas de arenisca o bien arenas y cueros para alisar o pulir las superficies y darles un buen acabado.

Las esferas, según el tamaño que tuvieron, necesitaron diversas etapas de trabajo, y mayor o menor participación de gente en la búsqueda y selección del bloque, en su reubicación para trabajarlo, en la talla y en el traslado a su emplazamiento final. También se necesitó la participación de la gente en su cuido y mantenimiento.

La manufactura de esferas estuvo en manos de artesanos especializados, quienes elaboraron cientos de esferas de distintos tamaños a lo largo de más de mil años.

¿Cómo se usaron?

Las esferas se usaron principalmente en lugares habitacionales y en espacios de uso público. Fueron ubicadas entre estructuras arquitectónicas, sobre montículos y en la base de las rampas de acceso a ellos, en zonas de paso y en plazas o espacios públicos.

Hay una estrecha relación entre el tamaño y el uso de las esferas. Las de tamaño común se usaron de manera indiferenciada, pero las más grandes y las monumentales fueron colocadas en grupo, en espacios abiertos de los grandes asentamientos. Además, éstas fueron trabajadas y cuidadas para que su superficie fuera lisa y, en algunos casos, brillante o lustrosa. A algunas también se les hicieron dibujos.

Los sitios con esferas generalmente estaban asociados a montículos con rellenos artificiales y muros de hasta tres metros de alto. Estos montículos eran circulares, ovalados, y rectangulares. Sus tamaños variaban entre los 10 y los 30 o más metros de diámetro. También se han hallado basamentos de viviendas, caminos empedrados y áreas funerarias en los alrededores de las áreas con esferas.

Pocas esferas se han encontrado asociadas a sitios de carácter funerario, lo que indica que se fabricaron y colocaron en función de un uso público de carácter político-ceremonial, donde la ubicación, conformación, tamaño, acabado y número determinaron su uso y significado.

La producción y uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos. Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio.

¿Qué se buscaba representar con ellas?

 Tanto las esferas como otros objetos estuvieron vinculados con prácticas sociales relacionadas con el mundo simbólico local. Las esferas reprodujeron el concepto de esfericidad. No es posible determinar a qué hacían referencia.

Mientras que las representaciones comunes en las otras manifestaciones artísticas giraban en torno al mundo natural, sea animal o vegetal; las esferas representaban una abstracción no presente en el mundo natural. Es muy probable que esto se relacione con la concepción de mundo, con su cosmología o  quizá con conocimientos astronómicos.

Independientemente de sus significados, con las esferas se creaba comunidad y pertenencia. La posesión de este tipo de objetos, en especial de los de mayor tamaño, posiblemente otorgó prestigio a la colectividad y a sus dirigentes. Es probable que también fueran indicadores de diferencias étnicas, ya que la región estaba habitada por distintos pueblos.

Las esferas involucraron conocimiento, valor simbólico y significados que escapan a la investigación arqueológica. Sin embargo, la investigación científica poco a poco va aportando nuevas luces para entender estas creaciones indígenas excepcionales.

Esferas y patrimonio

Las esferas de piedra representan una parte de la riqueza patrimonial que alberga el territorio costarricense. Son únicas, pero forman parte de un conjunto mayor que necesita ser entendido y protegido como un todo. Los científicos, las comunidades locales, el Estado, las empresas y demás actores sociales deben ser protagonistas en la conservación, preservación y mejor conocimiento de este legado.

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Esferas de piedra precolombinas: información para entenderlas mejor

Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Desde que se documentaron los primeros ejemplares de tamaño monumental en el Delta del Diquís a finales de los años 30 del siglo pasado no han dejado de generar interés científico y admiración por la maestría de su manufactura y acabado de superficie, la abundancia de ejemplares, la variabilidad de tamaños y las llamativas conformaciones de algunos agrupamientos.

Las esferas son una de las muestras más singulares en el uso de escultura pública precolombina; formaron parte de espacios públicos en poblados con estructuras arquitectónicas elevadas mediante rellenos artificiales y fueron objetos recurrentes en determinados asentamientos durante casi un milenio (400 d.C.-1500 d.C.).

La forma de las esferas y el acabado de superficie son producto de la creatividad y el trabajo humano. Aunque hay piedras de forma redonda en otras partes el mundo; las que hay en el Pacífico sur de Costa Rica son resultado del trabajo escultórico indígena.

La larga tradición de su producción y uso las convierten en un elemento de continuidad cultural y de prácticas sociales compartidas en un amplio espacio geográfico. Su producción es una muestra de resolución técnica en el manejo y transformación de rocas de gran volumen en grupos sociales que no utilizaban ni la rueda, ni los animales de tiro ni herramientas de metal pero si de piedra para la talla escultórica. Evidencian formas colectivas de organización de trabajo y constituyen la muestra material de saberes, experiencia, deseos y decisiones sociales.

Las esferas no fueron elementos esporádicos en un paisaje arqueológico, sino figuras recurrentes en los espacios públicos, a veces de manera individual, otras por agrupamientos en distintos asentamientos. Fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante.

Las esferas en su forma y tamaño denotan maestría técnica en el trabajo escultórico. Como objetos artísticos y medios de comunicación visual son únicas y marcan distancias significativas con otras formas de representaciones precolombinas de la misma época.

Esfera de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad de estas esculturas precolombinas. Foto Diego Matarrita.

La producción y uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas. Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Cuando se empezaron a usar las primeras esferas, que desde entonces ya se fabricaban en tamaños monumentales (167 cm de diámetro) y medianos (100 cm de diámetro), se estaban dando cambios socio-políticos y económicos importantes que sugieren nuevas formas de diferenciación social. Algunas sencillas aldeas empezaron a crecer en tamaño y también empezaron a tener estructuras arquitectónicas diferenciadas. Estas nuevas estructuras fueron construidas con gran esfuerzo, ya que requerían movilizar miles de metros cúbicos de tierra de relleno para elevarlas sobre el terreno, así como cientos de piedras escogidas para elaborar los muros de las mismas para que no colapsaran.

A la vez que se desarrollaba la capacidad técnica para construir elementos arquitectónicos que cambiaban el paisaje natural, había otras expresiones materiales. Algunas fueron de corta duración y de distribución restringida, como los barriles de piedra o la escultura antropomorfa o zoomorfa. Otras, como la cerámica, tuvieron mayor circulación y cambiaron más lentamente sus formas, estilos y acabados.

Las esferas de piedra no fueron los únicos objetos escultóricos que se hicieron en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica. Había una producción muy importante de otras esculturas. Todas ellas formaban parte de un rico y sofisticado mundo simbólico. En la foto: escultura de ser humano con máscara de felino y cabeza trofeo en las manos. Colección Museo Nacional de Costa Rica.

En el Pacífico Sur de Costa Rica se dio una especial producción de objetos de oro y de la aleación oro-cobre que se puede distinguir de la metalurgia de otras partes del continente por sus diseños, concentración de metal y acabados de superficie. Cuando ya las esferas tenían alrededor de 400 años de uso, apareció la metalurgia en la misma región (después del 800 d.C.). Al parecer, la tecnología fue introducida desde los territorios de los actuales países de Colombia y Panamá. Coincidentemente, en la región –especialmente en la península de Osa- existían ricos depósitos de oro que eran lavados y arrastrados por los ríos. Ambas tecnologías fueron desarrolladas conjuntamente y alcanzaron exquisitos niveles de materialización, especialmente en el Delta del Diquís.

Las sociedades indígenas que fabricaron y usaron las esferas pertenecían a los grupos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde siglos atrás. Tanto las esferas como otros objetos estuvieron fuertemente vinculados con prácticas sociales relacionadas con el mundo simbólico local. Su uso estuvo circunscrito a la cuenca del Río Grande de Térraba y unos pocos lugares vecinos como Golfito, Uvita y la Isla del Caño. Estos lugares sólo son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, lo que indica que había diferencias importantes en la producción y uso de elementos simbólicos a nivel local, a pesar de que otros elementos eran compartidos.

Después de casi un milenio de estar vigentes en el Pacífico Sur, en lo que ahora se denomina como “tiempos precolombinos”, pasó un  período cercano a los 430 años (de la conquista a finales de la década de 1930) en los que las esferas y otros materiales asociados estuvieron invisibilizados y “fuera de uso”. En el siglo XVI se produjo el abandono de los asentamientos y la desestructuración general del mundo indígena por la colonización española. A esto se unió la densa cobertura vegetal y la sedimentación depositada sobre asentamientos abandonados antes y después de la conquista. Además, el escaso poblamiento de la región en el período colonial  convirtió a buena parte del territorio en tierra de nadie. No fue hasta que se inició un nuevo proceso de colonización a principios del siglo XX cuando estos objetos volvieron a figurar en un nuevo contexto histórico, social y económico.

Con la llegada de la Compañía Bananera de Costa Rica –el nombre para Costa Rica de la transnacional United Fruit Company– y con la migración de oleadas de campesinos y obreros desde el Valle Central y desde otras partes del país y de Centroamérica hacia el sureste cientos de esferas, junto con otra gran cantidad de objetos arqueológicos iniciaron un camino de integración a la actual sociedad costarricense. Este camino estuvo caracterizado por el expolio, la extracción sin control de sus lugares originarios y por un nuevo valor social y económico como mercancía y como objeto de colección.

Gran parte de las esferas fueron movidas y trasladadas fuera de la región y se convirtieron en adornos y objetos de distinción para una pequeña parte de la población acaudalada. Asimismo pasaron a ser objeto de exhibición en instituciones públicas y privadas. Junto con esta adquisición de nuevo sentido social, se produjo la destrucción sistemática de sus contextos originarios y la dispersión de la cultura material asociada a ellas.

Sólo a principios de la década de 1990 el estado costarricense empezó a tener incidencia en la investigación, conservación, protección y gestión de las esferas precolombinas. Desde entonces se han venido haciendo distintas acciones que han llevado a la toma de conciencia sobre la particularidad de estos objetos y de los sitios arqueológicos a los que están asociadas y el privilegio y responsabilidad colectiva que conllevaba su presencia en el territorio costarricense.

Este cambio de actitud ha estado fuertemente vinculado con el aumento de investigaciones, con los inventarios arqueológicos y con nuevas maneras de entender las sociedades precolombinas del sur de Centroamérica, que ya no eran meros puentes culturales entre las “áreas nucleares” del continente americano (puente entre Mesoamérica y las culturas andinas o sudamericanas), sino focos de desarrollo autóctono con formas sociales, económicas y políticas propias y con manifestaciones materiales locales, aunque también vinculadas con áreas vecinas.

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El drama de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

Inicio este blog con la intención de dar a conocer la situación de las esferas precolombinas de Costa Rica; un patrimonio precolombino único. La idea es crear conciencia sobre la necesidad urgente de llevar a cabo estudios científicos especializados, para entenderlas mejor, conservarlas apropiadamente y ponerlas en valor ante las comunidades locales, del resto del país y del mundo.

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Esferas de piedra precolombinas procedentes del sitio arqueológico Finca 4, Osa.