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De cuando Villachica pidió una esfera, y se la dieron

La mayoría de la gente ve las esferas de piedra, y poco saben sobre sus historias; sobre las razones que provocaron que estén en determinado lugar, que estén deterioradas o cuidadas, que se conserven en el último lugar donde la dejaron los indígenas precolombinos, o que estén decorando un jardín o tiradas en medio campo.

Esfera Uvita
Esfera de Bahía Ballena, Uvita, Osa. El dulce encanto del abandono. Foto: I. Quintanilla, abril del 2014.

De la historia particular de cada esfera poco se conoce porque no se han estudiado ni conservado como objetos con historia. Han sido vistas como “bienes muebles“, como cosas que se llevan de un lugar a otro, donde cada traslado hace que se pierda su historia anterior. Y es que la historia de un objeto dice mucho sobre él, pero también de la gente que le dio vida mediante el uso o el desuso, de la gente que lo apreció, lo abandonó y hasta lo destruyó.

Hoy quiero contar una triste historia. Es la de una esfera “invisible“, de una de esas esferas que están ahí y que pocos ven, y si las ven es para una foto rápida.

La esfera de la historia tuvo una vida “gloriosa” hace unos 50 años. Sin embargo, hace unos 10 años fue “degradada” y enviada a un lugar donde no fue pedida, ni buscada, ni apreciada por la gente con las que hoy convive.

Sierpe
Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto Diego Matarrita, abril del 2014.

La esfera de la historia mide cerca de 160 cm de diámetro, está fabricada en roca de tipo gabroide, como la mayoría de esferas del Diquís y también, al igual que la mayoría de esferas de esta región, es de forma simétrica y de acabado fino.

Sierpe 2 parque
Esfera del parque de Sierpe, Osa. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Esta esfera tuvo sus días de gloria cuando la administración de la Compañía Bananera de Costa Rica -el nombre para el país de la United Fruit Company– decidió extraerla de una de las fincas bananeras donde formaba parte de un sitio arqueológico hoy desconocido y colocarla en la entrada de la “zona americana” de Palmar Sur.

En cada área de plantación, la United, tenía una “zona americana“. Era el espacio exclusivo para los altos mandos de la administración bananera. Era zona de acceso restringido para el resto de los mortales, salvo para cocineros, jardineros y para el servicio en general. En la “zona americana” estaban las casas grandes, el club con su cine, su bar, los grandes y cuidados jardines; ahí se concentraba el poder. Un poder encerrado en un mundo blanco, simétrico, limpio que se ejemplificaba en un paisaje tropical dominado por el orden y el progreso.

Antiguo Club Palmar Sur
Antiguo club social de la zona americana de Palmar Sur. Ahí había un gran salón con bar y cine, tenía un “bowling” o boliche y era el lugar de encuentro para la administración bananera. En el 2009 la Municipalidad de Osa lo restauró y ahora se usa para actividades sociales y culturales. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahí, en la entrada principal de la “zona americana” de Palmar Sur, estaba la esfera de la triste historia. Una esfera admitida en el mundo blanco, que decoraba y marcaba el lugar. No tengo a mano una foto de este tiempo de gloria. Tampoco la tengo de su período de “decadencia” cuando la Compañía Bananera se fue de la región y la “zona americana” dejó de ser lo que era.

Desde 1985, cuando la Compañía Bananera se fue, hasta el 2005 la esfera estuvo en la misma base de cemento que le habían construido en los años sesenta. A veces los jardines circundantes estaban cuidados; otras veces la vegetación crecía y la ocultaba un poco, pero ahí seguía como un recuerdo vivo de una parte de su historia, de la historia de Costa Rica y también del mundo capitalista y sus procesos.

En el 2005 la vida de la esfera de la triste historia cambió. Según parece, los funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica encargados de proteger el patrimonio cultural del país necesitaban equipo pesado para mover y trasladar una serie de esferas que consideraban que estaban en riesgo. El alcalde municipal de ese momento -un señor de apellido Villachica del pueblo pequeño de Sierpe- les facilitó la maquinaria y pidió a cambio, o como favor, una esfera para su pueblo.

A Villachica no le dieron una de las que estaban en riesgo -seguro eran pequeñas o estaban rotas o agrietadas- No, le dieron una grande y bonita. No estaba en riesgo, sólo estaba un poco abandonada, pero a diferencia de la gran mayoría de esferas tenía una base de cemento y estaba incorporada al paisaje de Palmar Sur. Eso no importó para tomar la decisión. Cuando se es funcionario público, se tienen “potestades de imperio” y principalmente si se tiene un cargador, cadenas de acero y un alcalde complaciente todo se decide con facilidad.

Dicen mis amigos de Sierpe que ellos solo vieron llegar una vagoneta y que en unos momentos había una esfera depositada en el parque. Nadie la esperaba. Ni una base de cemento, ni un parque adaptado para lucirla y recibirla. Tampoco estaban los niños de la escuela para la foto, ni las fuerzas vivas del pueblo para aplaudir y agradecer el regalo. Ahí la dejaron, sin mediar palabras ni condiciones y se olvidaron de ella.

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Otra vista de la esfera del parque de Sierpe. Foto: Diego Matarrita, abril del 2014.

Ahora, en abril del 2014, la esfera de la triste historia luce cada vez más abandonada. Nadie recuerda sus tiempos de gloria en la “zona americana“, ni nadie pide cuentas de por qué está ahí y así. Bueno, yo estoy pidiendo cuentas.

Por suerte los objetos, las esferas de piedra, viven en nosotros y somos nosotros quienes les damos sentido y significado. Por eso, porque me da pena y porque la esfera no tiene alma, ni voz para gritar por la injusticia cometida es que escribo esto hoy. Y es que desde el 2005 estoy atragantada por este desatino y porque cada vez que voy a Sierpe no dejo de mirar esta triste y abandonada esfera que no merece el trato que se le ha dado.

 

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¿Se puede orar por una esfera?

¿Se puede orar por una esfera?
Esfera del Sitio El Silencio- 250 cm de diámetro y 15 o 20 toneladas de peso. Osa. Foto: Diego Matarrita (18 de marzo del 2014)

Cada vez que voy a visitar la esfera del sitio El Silencio- la más grande de todas, la esfera emblema de todas las demás- se me rompe el corazón. Cada vez que voy a verla le falta un nuevo pedazo; cada vez que la visito tiene un poco menos de escultura y más de piedra sin forma.

Cuando la encontré en 1991 estaba algo deteriorada y se le miraba solo la parte superior; ahora está descubierta casi a un 90% y cada vez está peor.

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El deterioro en la esfera de El Silencio parece imparable. Detalle de la perdida reciente de un fragmento por exfoliación. Las exfoliaciones se producen por cambios bruscos de temperatura. La escultura va perdiendo fragmentos que se desprenden como capas de cebolla. Foto: Diego Matarrita, marzo del 2014.

¿Se puede orar por una piedra? ¿A quién se puede clamar para que se detenga su destrucción? Todos somos observadores pasivos, cómplices del clima, del biodeterioro, de la inacción institucional. Creo que este país no se merece este patrimonio. No nos merecemos ser los depositarios de esta obra precolombina, ni de muchas otras mas.

Vergüenza me da ser testigo de todo esto. Vergüenza de ser arqueóloga. Vergüenza de ir a verla y salir con las manos atadas de impotencia, frustración y desconsuelo.

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Ficciones arqueológicas

esferas falsas copia

Hace unos días se publicó en un períodico una noticia sobre la visita de una experta méxicana en gestión de sitios arqueológicos (http://www.crhoy.com/museo-nacional-busca-crear-conciencia-sobre-importancia-de-sitios-arqueologicos-w6k3x/). La nota se acompañó de esta foto. La vi, y algo se revolvió en mi interior.

Es increíble pero esta imagen circula en distintos medios como representativa de las esferas precolombinas del Diquís, pero no lo es. Son esferas falsas – es decir, replicas de las antiguas precolombinas– y el paisaje de fondo es el embalse del Proyecto Hidroeléctrico Angostura, en Turrialba.

Estas esferas ni son de manufactura indígena, ni están en el “lugar de las esferas precolombinas“. Esto no es el Pacífico Sur de Costa Rica; es el Valle de Turrialba. Tampoco son esferas de roca ígnea, ni esculturas talladas por manos indígenas. Son réplicas recientes.

Este fotogénico grupo de esferas es parte de la decoración exterior del hotel Hacienda Tayutic. Se ven bonitas, pero no representan nada más que una recreación de lo que fue lo precolombino.

Hay otras imágenes que se usan mucho, y que tampoco me gustan. Aunque son imágenes constituidas por esferas precolombinas y tienen como fondo un paisaje del Sur también recrean algo que no es, y que tampoco lo fue. Me refiero al conjunto de esferas de la zona de “esferas en tránsito” del sitio arqueológico de Finca 6.

Esferas y pilares 6

Estas esferas ni son de Finca 6, ni representan nada que tenga que ver con este importante sitio arqueológico. Por lo menos las esferas se vinculan al Delta del Diquís. Sin embargo, los pilares de piedra colocados en los últimos años, que fueron traídos desde Pérez Zeledón, no tienen ninguna vinculación con este sitio ni con otros de esta zona.

Mucha gente que visita Finca 6 muestra con gran alegría las esferas de este sitio de “tránsito” y no entienden que no tienen que ver con el pasado sino con decisiones del presente. Tampoco entienden que en un sitio arqueológico no se introducen elementos externos de otros sitios, ni mucho menos objetos sin contexto. Esto no provoca más que distorsión y confusión, y una mirada del objeto por el objeto.

Hace unos años la dueña de un hotel de Drake me comentó que le gustaría entregar unas piezas precolombinas para que fueran exhibidas en Isla del Caño. Ella no tenía ni idea del origen de estos objetos. Me pidió mi opinión. Le dije que era como introducir cerdos o gatos a la isla. No hablamos más al respecto porque ella entendió que cada cosa tiene su lugar, y eso siempre hay que tenerlo claro.

Esferas y pilares 3

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Un monseñor al que le gustaban los ídolos de piedra

En una entrada de este blog que escribí el pasado mes de julio comentaba el caso de un fraile – Juan de Dios Campos Diez, de la orden de los Observantes- que dedicó parte de su labor misionera a la destrucción de “idolos de piedra“. Dejó constancia de su tarea en un informe de 1804, una fecha bastante tardía para seguir rompiendo objetos indígenas con fines evangelizadores.

Ochenta años después del informe del fraile exterminador fue escrito otro sobre la misma región, pero esta vez decía algo diferente. Lo escribió Manuel Hidalgo Bonilla y aquí les transcribo una parte de su contenido:

El sábado salieron a la alta mar, el domingo, lunes y martes duró la navegación, en la tarde del 6 de mayo llegamos en frente de Boca Zacate. El miércoles 7 a las 8 de la mañana se hizo el desembarco.

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Vista aerea del extenso humedal de Sierpe-Térraba, el lugar por donde se adentró la expedición hacia tierra firme. Foto tomada de: http://www.google.es/imgres?imgurl=http://www.crhoy.com/wp-content/uploads/2013/02/terraba.jpg

En la playa estaban ya diez indios de Boruca con tres botes aguardando a S. Sia. De Boca Zacate se fueron a Boca Brava pasando por los esteros y pasando Boca Chica. En Boca Brava hubo necesidad de aguardar hasta las ocho de la noche por la marea. Toda la noche anduvimos por el río hasta llegar al Pozo.

En el Pozo quedó la embarcación del pailebote y nos fuimos en las estrechas canoas de los indios. A las 11 estuvimos en el Pozo y a las seis de la mañana llegamos. Inmediatamente se fue S.S. Ilmª con tres a visitar un lugar a dos leguas de distancia llamado las Pilas, en donde se encuentran grandes piedras de los antiguos indios. Encontró cuatro ídolos de piedra de dos varas, uno entero y tres en partes, tres figuras de animales de cuatro a cinco quintales de peso o piedra. Simbolizan venados o dantas o cariblancos. Dio después orden al alcalde de Boruca de sacar estas figuras a Boca Zacate, lo cual los indios de Boruca ejecutaron en la semana del 13 al 17 de mayo. S.S.Ilmª les pagó por la sacada $ 44 y un novillo de $16”.

¿Quien era Su Señoría o Su Ilustrísma, y qué hacía en el Pacífico Sur de Costa Rica?

Su Señoría no podía ser nadie más que el insigne e inquieto Monseñor Bernardo Augusto Thiel, quien viajaba por segunda vez a esta parte de Costa Rica, y lo hacía entrando por vía marítima desde Puntarenas para adentrarse a tierra firme en busca de los aislados y alejados territorios indígenas que la Iglesia Católica sentía como propios, en ausencia de acción del Estado costarricense.

En El Pozo -el viejo nombre de Ciudad Cortés- hizo un descanso para seguir el viaje en bote hasta Lagarto desde donde subiría hasta Boruca y a otros territorios indígenas. En realidad, no descansó -se fue a visitar el lugar del que le habían hablado en su primer visita donde habían restos de los pueblos antiguos que habían vivido en la zona.

Tristemente, el secretario que escribió el informe no dice nada sobre lo que observó y encontró Monseñor Thiel en este lugar. Solamente aporta los datos de lo que pagó para que se llevaran un grupo de esculturas de piedra  a un barco que las transportaría hacia San José, la capital. De lo poco que se dice lo único que se puede deducir es que a Monseñor Thiel le interesaban los restos arqueológicos y que destinaba parte de su tiempo en conocer de primera mano los lugares dónde estaban estos restos.

Figura 9 Claudio Barrantes
Imagen escaneada de la publicación de Claudio Barrantes con dos religiosos posando para la cámara. Como fondo se aprecian dos de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que se conservan en el Colegio Seminario.

El traslado de estas esculturas precolombinas hacia San José fue parte de un proceso que se estaba dando en otras partes del país y del mundo. El coleccionismo y el interés por lo antiguo se estaba instaurando como práctica común entre ciertas élites intelectuales. En Costa Rica, pocos años después del viaje de Monseñor Thiel, se institucionalizaría esta práctica con la creación del Museo Nacional de Costa Rica en 1887.

Thiel 1 copia
Fotografía que se conserva en el Smitsonian Institution en Washington de una de las esculturas que recolectó Monseñor Thiel y que todavía se conserva en el Colegio Seminario en San José.

Es curioso. Guardar, en lugar de destruir o dejar destruirse, constituye un cambio de mentalidad radical. Destinar un lugar para guardar cosas, exponerlas a la vista pública y dedicarles cuido y mantenimiento contrasta con el afán violento de las primeras etapas evangelizadoras. Sin embargo -no nos engañemos- el proceso no dejó de ser violento.

Una cosa son las cosas y otra la gente. Y la tarea de colonizar no se detuvo por la magia de unos objetos. No. Esto siguió y sigue. Y, quizá lo más triste de esta historia es que con las primeras recolecciones de objetos arqueológicos, como esta que hizo Monseñor Thiel, se inició otro proceso más violento todavía: la separación física y emocional entre los objetos y los descendientes de quienes los hicieron, los usaron y los dejaron ahí donde estaban en ese momento. Ya nunca más serían de ellos, ni parte de su memoria.

Se podría decir que esta separación entre los objetos y la gente vinculada a ellos fue el comienzo de un camino que no acaba. De un camino de separación intencional, de un camino donde esos objetos ya no son lo que fueron, ni de quienes fueron. Objetos que perdieron su sentido, su significado original y que ahora, con casi 130 años de coleccionismo institucional, forman parte del patrimonio de una nación, de un estado y de un aparato ideológico que los dota de nuevos valores donde lo indígena es accesorio y parte del decorado.

Buho en piedra INS
Búho con cabeza humana colgando de sus garras. Una escultura similar a esta fue recolectada por Monseñor Thiel en Osa, en 1884. Colección Museo del Jade, Instituto Nacional de Seguros, Costa Rica. Foto I. Quintanilla.

Viéndolo en perspectiva no sé que es más trágico. No sé si un fraile rompiendo esculturas es peor que un monseñor que se las lleva para la ciudad. El que las rompía lo hacía porque sentía que significaban algo para los indígenas. Los objetos recibían su rabia porque representaban algo. ¿Significarían lo mismo 80 años después cuando llegó Monseñor Thiel? ¿Brotaría alguna lágrima de los ojos de los borucas que ayudaron a subirlas al barco que las llevó a San José? ¿Hubo rabia o desgarro cuando las vieron desaparecer? o ¿Se pondrían a contar los reales que les dejó Monseñor Thiel, y no tuvieron ojos para lo que se iba? Eso si sería trágico, triste, desgarrador. Pero bueno… eso es la historia y la Historia.

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El enlace para leer mas sobre el fraile exterminador de ídolos:

(https://ifigeniaquintanilla.com/2013/07/07/sobre-un-milagro-indigena-en-el-sur-de-costa-rica/ )

Aquí la fuente de donde extraje la información del texto citado:

Anexo documental, segunda parte, Documento 6: Segunda visita de Monseñor Thiel al sureste de Costa Rica. Fuente:  AHABAT, serie libros Pastorales y Administrativos, Libro IV de Santa Visita del Ilm. Sr. Thiel, folios 62-67. Tomado del libro de escrito por Claudio Barrantes Cartín. Orígenes de la Diócesis de San Isidro del General. Una historia eclesiástica regional 1522-1954.

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Otra esfera atrapada en el cemento

Esfera del Parque La Merced. San José, Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de bases de cemento para emplazar las esferas de piedra precolombinas ha sido un recurso usado en distintos  lugares de Costa Rica, especialmente en espacios públicos. En la anterior entrada de mi blog comenté sobre la esfera del parque central de Pérez Zeledón. Hoy les muestro, a través de esta hermosa fotografía de Diego Matarrita, la esfera del Parque La Merced.

Este es un transitado parque de la ciudad de San José. Por aquí caminan y se sientan a conversar, o a esperar, cientos de personas cada día. Para muchos de ellos la esfera es parte del paisaje. Está ahí desde hace muchos años, y su ubicación en el centro del parque la hace visible y reconocible.

La Municipalidad de San José la incrustó en la base piramidal de cemento, le hizo una destacada placa y le puso una iluminación potente para que se viera de noche. No está mal si la comparamos con otras esferas. Sin embargo, sí está mal si la pensamos en lo que fue su contexto original.

Por cierto esta esfera, al igual que otras 150 o más, no tiene identidad. Aparte de que procede de la Zona Sur del país, no hay más datos. Es otra esfera a la que se despojó de su historia, de su gente y de su pasado. Hoy aparenta representar un símbolo; un símbolo vacío que se ha venido rellenando de ideología nacionalista e identitaria.

¿Representan las esferas el ser costarricense? ¿Han marcado nuestra historia? Mucha carga ideológica para unos objetos maltratados, mal cuidados y mal utilizados por quienes en nuestra Costa Rica deciden dónde se coloca cada cosa.

Por lo menos, sigue en marcha una candidatura como patrimonio mundial para un grupo de esferas ubicadas en su lugar original. Es lo de menos, ¿no?

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Mujeres de piedra del Diquís

Mujer con máscara
Escultura antropomorfa. Delta del Diquís, Costa Rica. Foto: Diego Matarrica.

¿Qué ven en esta escultura? A mí me llamó la atención el hecho de que representa a una mujer pero no lo hace en la forma en que se la suele encontrar en la escultura en piedra precolombina. Esta figura femenina, con pechos insinuados, se muestra erguida, en pose de autoridad, luce dientes o colmillos prominentes.

En la línea de mostrar el rico y variado conjunto escultórico que acompañó a las esferas de piedra precolombinas, hoy les muestro este ejemplar especial.
Es una de mis esculturas preferidas por su iconografía y la fuerza que transmite. Además hay tres elementos que la hacen especial:

1- Es un fragmento re-utilizado después de que se partió de una escultura completa.

2- Es uno de los ejemplares mejor conservados de las representaciones femeninas en escultura en piedra.

3- Conserva las huellas de los instrumentos de fabricación, los que se integran a su acabado de superficie y la dotan de textura.

Si estuviera completa, esta figura posiblemente mostraría genitales femeninos. Fracturada como está, todavía conserva sus protuberancias que simulan pechos. Estaría desnuda al igual que la mayoría de las esculturas del Sur de Costa Rica.

Un elemento especial de las esculturas de mujeres del Diquís es que no fueron representadas en los roles típicamente señalados como femeninos. Por el contrario, en el período Chiriquí y específicamente en el Delta del Diquís y sus alrededores inmediatos, entre los años 800 y 1500, las mujeres fueron representadas con elementos singulares que en otros contextos se relacionan con los hombres.

En el Diquís las mujeres de piedra tienen máscaras que simulan lagartos o felinos; muestran sus dientes y colmillos y se mantienen rígidas como muchas de las esculturas de base de espiga. A diferencia de las figuras masculinas no sostienen bastones, pero sí tienen lenguas o cinturones con forma de serpientes. No se presentan armadas, pero sí  acompañadas de animales poderosos y temibles en las cosmogonías del trópico americano.

Esta escultura se conserva en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica y algún día podrá ver la luz en alguna exhibición. Mientras tanto, es accesible para investigadoras como yo que podemos medirla, fotografiarla y documentarla para estudios académicos.

Pero esta no es la situación de todas las esculturas de este tipo tan singular. Lamentablemente, una escultura de su misma “familia” pronto saldrá a subasta y el mejor postor se la llevará a su casa o a su museo privado.

La escultura de la que les hablo está en el catalogo de Sotheby’s de Paris y es parte de la colección Barbier Mueller de Arte Precolombino que se subastará los días 22 y 23 de marzo de este año. Los mercaderes del coleccionismo la han tasado entre 150.000 y 200.000 euros.

Sacada ilegalmente, pasó de mano en mano, de coleccionista en coleccionista. Ahora cuenta con un expediente limpio después de haber sido exhibida en un museo público en Barcelona. Por eso, está pieza está disponible para el que ofrezca más. ¿Sabrá valorar quien haya pagado más su valor cultural, simbólico, patrimonial? ¿Qué les parece?

Fotografía tomada de:
Fotografía tomada de: http://www.sothebys.com/fr/auctions/ecatalogue/2013/collection-barbier-mueller-pf1340/lot.154.html
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Una esfera invisible en la ciudad

Imagen
Foto: Diego Matarrita.

Si hiciéramos una encuesta para preguntar dónde podemos ver esta esfera- quizá la más grande que hay en el Valle Central de Costa Rica- pocas personas podrían responder. Sin embargo, miles de personas circulan cada día cerca del lugar donde se encuentra.

¿Es que esta esfera es invisible? ¿Por qué sus 190 centímetros de diámetro y sus casi ocho toneladas son tan insignificantes? ¿Es que la ciudad la engulló y la hizo perder su sentido al estar fuera de su lugar natural? ¿O es que sus “dueños” no saben lo que tienen y de alguna manera la tienen invisibilizada?

O, peor todavía, ¿es que a la gente no le importa la escultura pública, mucho menos la precolombina?

Quizá otra imagen ayude a saber dónde se encuentra esta esfera:

Foto: Diego Matarrita.

Seguro que aquí muchos la pueden reconocer. Sí, está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica, en la sede de San Pedro de Montes de Oca. Ha estado ahí por mucho tiempo, posiblemente desde los años setenta del siglo pasado y fue traída, como muchas otras esferas precolombinas, del Sur del país; quizá de Osa o de otro cantón del Pacífico Sur, que son los lugares donde están los sitios arqueológicos con esferas de piedra.

Es curioso, pero ser esfera universitaria no le ha dado ningún privilegio excepcional a esta gran escultura precolombina. Sufre de ataque biológico y del mismo deterioro que la mayoría de las esferas expuestas al aire libre, sea en el Valle Central o en los lugares originales.

Foto. Diego Matarrita

Y es que aunque esta esfera haya sido removida de su lugar original y ahora esté ” sin contexto” merece ser cuidada y protegida en su integridad. El deterioro no es un problema de la piedra. El deterioro es un problema de la obra que fue plasmada en piedra y por lo tanto, es un problema del patrimonio y de la sociedad que debería tratarla como algo propio, valioso y frágil.

Con tantos años de estar ahí, esta esfera debería de tener título universitario. Un título que la reconozca en su valor y que la ayude a ser re-valorizada. Supongo que los importantes esfuerzos de inventario patrimonial que se han venido haciendo en los últimos años en la UCR incluyen esta esfera y que tanto la UCR como el Museo Nacional de Costa Rica habrán tomado medidas para conservar, proteger y especialmente poner en valor a una de las esferas de mayor tamaño que se conocen. Supongo que así será. ¿O no?

Nota: un pequeño video para ilustrar mejor el ataque biológico permanente que sufre esta esfera. No esta´hecho con cámara profesional, pero ilustra: http://youtu.be/T1bKCP9zrGQ

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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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De astrólogos, gobiernos locales y esferas de piedra

El día de hoy, el periódico La Nación de Costa Rica publicó un extenso reportaje de investigación sobre el “Proyecto Esferas”. Bajo el título “Municipalidad de Osa delega en astrólogo español proyecto de esferas ticas“, el periodista especializado en política nacional Alvaro Murillo, da a conocer de dónde surge la iniciativa del proyecto, su filosofía y, a través de una corta entrevista, da voz a Vicente Cassanya, el astrólogo nombrado embajador y director ejecutivo del proyecto, según decisión de la Municipalidad de Osa.

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/municipio-de-osa-da-a–astrologo-espanol-proyecto-de-esferas-ticas-.aspx

En abril de este año, fui contactada por el Sr. Cassanya a través de Facebook. Intercambiamos mensajes, hablamos dos veces por teléfono, le envié información sobre las esferas y quedamos en hablar personalmente. Su idea era venir a Barcelona o aprovechar un viaje que yo iba a hacer a Madrid para reunirnos. Ni él vino a Barcelona ni yo lo llamé cuando fui a Madrid. Ya no era necesario porque tanto él como yo sabíamos que la solicitud que me hacía de ir como invitada especial del “Proyecto Esferas” no me interesaba.

Las esferas de piedra son patrimonio cultural. No son objetos sin historia, ni pasado. No pueden ser juguetes de los pseudo-científicos ni de aficionados. Foto:: Diego Matarrita

¿Por qué siendo yo especialista en las esferas precolombinas de Costa Rica, autora del libro más reciente sobre el tema, arqueóloga dedicada por casi 20 años a la investigación y  la protección de las esferas, rechacé estar “situada en el lugar que me corresponde” o ser “valorada por mis conocimientos y mi gran experiencia“?

¿Por qué no consideré la propuesta de asesorar al “Proyecto Esferas”? ¿Por qué rechacé un viaje pagado a Costa Rica y me negué a figurar entre un grupo especial de personas que se reunirían entre el 15 y el 20 de octubre en Osa? No es porque sea tonta ni porque no me diera cuenta de que se podía “abrir una gran oportunidad personal”. No. Rechacé vincularme a este proyecto porque el patrimonio arqueológico no puede ser usado como pretexto para negocios que benefician a unos cuantos ni para construir imágenes públicas de personajes “pseudo-altruistas” con fines neo-coloniales.

Las conversaciones con el Sr. Cassanya y la revisión del material que poco poco fue poniendo en la web del “Proyecto Esferas” me dieron absoluta certeza de que estaba tratando con un vendedor. No era un filántropo ni una persona de gran consciencia social o ambiental. Lo suyo era el negocio y la venta de imagen. Ahí no había sustancia. No había ningún ideal de investigar, proteger, conservar o poner en valor las esferas como patrimonio cultural. Al contrario: sus opiniones me parecieron desde el principio dañinas, nocivas y muy perjudiciales. Percibí que este proyecto traería división, desconfianza y que debilitaría los frágiles procesos que se estaban construyendo en la región a partir del patrimonio arqueológico.

No quise participar de una iniciativa con un discurso altruista, porque inmediatamente descubrí que tenía un trasfondo económico dudoso. Dudoso en el sentido de que el objetivo era llevar gran cantidad de gente a la región, independientemente de si esto era pertinente o no, de si estaban las condiciones de infraestructura para recibir cientos de personas en los frágiles sitios arqueológicos de la región.

Tampoco quise ser participe de una iniciativa que salía de la nada. Un proyecto que ignoraba a una institución vital en la gestión del patrimonio arqueológico del país, como lo es el Museo Nacional. Ante la pregunta de si el Museo Nacional estaba participando, la respuesta del Sr. Cassanya fue que luego los contactarían.

No podía entender que la Municipalidad de Osa estuviera impulsando una iniciativa con un extraño, y que su socio en la protección del patrimonio arqueológico desde principios de los años noventa- el Museo Nacional- no estuviera siendo informado. Esto era inexplicable, especialmente porque en ninguna otra parte de Costa Rica, el Museo Nacional se ha volcado tanto con la comunidad como en Osa. Son muchos años de trabajo y no calzaba en mi cabeza el que estuviera en camino una iniciativa orientada al “desarrollo de Osa” y a dar a conocer las esferas al mundo, y que la principal institución del país no fuera un actor principal en esto.

Tampoco me pareció acertado que se fuera a impulsar una visión sobre las esferas patrimoniales donde todos los puntos de vista tenían igual valor. Esto era pseudo-ciencia en acción. No proponían un enfoque científico. Al contrario; lo científico constituía un problema porque limitaba las visiones “abiertas” que acompañan al proyecto. Tampoco tenía nada que ver con la gestión integral del patrimonio arqueológico y el buen uso del conocimiento científico.

En las últimas semanas el Sr. Cassanaya y asociados han iniciado una fuerte campaña de mercadeo para construir imagen pública y vender el “Proyecto Esferas”. Las fotos del Señor Cassanya entregando donaciones por el dinero recolectado en un baile,  o de niños agradeciéndoles sus aportes recuerda las viejas imágenes de personajes coloniales que necesitan un pueblo pobre donde esparcir su “filantropía”.

El Sur de Costa Rica ya fue república bananera por mucho tiempo. No es justo ahora que un gobierno local – un alcalde – someta a un pueblo a un trato indigno promoviendo el personalismo y las imágenes de millonarios, aristócratas y oportunistas paseando por la región como si de un desembarco colonial se tratara, posando para revistas superficiales y usando la pobreza de la región como escenario.

Tampoco es justo que vengan ahora a decir que les interesan las esferas y que están preocupados por su estado de conservación. Discursos vacíos, sin contenido y oportunismo puro. No sé quienes serán los beneficiarios de este proyecto, pero seguro que no será el patrimonio arqueológico de Costa Rica ni las comunidades locales, indígenas incluidos.

Otros enlaces de interés:

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/Vicente-Cassanya—Hay-gente-en-Costa-Rica-que-se-cree-duena-de-las-esferas-.aspx

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/brochazos-de–glamour–en–puente-del-terraba.aspx

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Don México y su esfera bonita: la esfera C de Finca 6

En 1999 un grupo de esferas de piedra precolombinas retornaron al cantón de Osa. El grupo había salido en distintos momentos y volvía a la región gracias a varias devoluciones voluntarias. El Museo Nacional de Costa Rica organizó el retorno junto con varios grupos locales de Osa.

Como parte de los actos de bienvenida se organizaron distintas actividades. Una de estas actividades fue la visita guiada al sitio arqueológico Finca 6, que en ese entonces no era propiedad del Museo Nacional como ahora, sino parte de las tierras que administraba la Corporación Bananera Nacional (CORBANA). El sitio estaba cubierto por mucha vegetación y había que prepararlo para las visitas. Por esa razón, uno de los encargados de CORBANA envió a Don México, un viejo trabajador bananero, para que limpiara y pusiera el lugar en condiciones.

Don México, sin más guía que su voluntad y su buen gusto, tomó sus propias decisiones. A él no le parecía bien que cinco de las seis esferas que se conocían en ese momento en el sitio estuvieran cubiertas de tierra, así que optó por “ponerlas bonitas“, según su decir. Con su experiencias de palero de toda la vida no le llevó ni media mañana hacer una excavación en forma de cráter lunar en una primer esfera. Él había empezado a trabajar muy temprano, casi de madrugada, y cuando llegué a media mañana a Finca 6 junto con otras funcionarias del Museo Nacional ( yo estaba colaborando de manera voluntaria en las actividades del retorno), Don México ya había consumado su obra en la que se conoce como Esfera C.

Don México posando junto con su esfera bonita. Esfera C, Finca 6 en 1999.

Por suerte, en Finca 6 el suelo arqueológico está a una profundidad que oscila entre los 120 y los 150 cm. Todo lo que hay arriba es relleno de sedimento acumulado a lo largo de 1000/1200 años. Don México eliminó ese relleno y llegó hasta el paleo-suelo, lo acicaló y lo puso “bonito“.

Vista de la esfera C de Finca 6 después de la excavación de Don México. Nótese que no había otro tipo de materiales en la base. La esfera C es de gabro y mide 150 cm de diámetro aproximadamente.

Como su intención no era saquear ni destruir intencionalmente, no fue acusado por daño al patrimonio arqueológico. Su explicación en el momento era una mezcla de ingenuidad, inocencia y sentido común campesino. Al escucharlo, y ver su cuerpo maltratado por el sol y por los años, solo daban ganas de sacarlo del pozo, de llevarlo a descansar y de decirle que no se preocupara, que nadie lo iba a despedir y que eso se arreglaba volviendo a poner la tierra en su lugar. Eso fue lo que pasó y ahora la esfera sigue ahí, cubierta de nuevo.

Esfera C de Finca 6 como se encuentra actualmente. Foto Diego Matarrita.

A don México no le habían explicado que la esfera C de Finca 6, junto con otras dos, forma una línea con orientación Este-Oeste y que otras dos esferas forman otra línea paralela a éstas. Él ignoraba que este era un conjunto único, que  otros parecidos habían sido destruidos al remover las esferas.

Ubicación de las esferas alineadas de Finca 6. Es importante destacar las distancias entre esferas.

Recientemente, se ha dado a conocer que este conjunto de esferas puede estar relacionado con algún tipo de calendario astronómico y que su posición está en relación con la salida del sol en determinadas fechas (12-14 de abril de cada año) (http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx). Esto, junto con los tamaños monumentales de las esferas que oscilan entre los 150 y los 190 cm de diámetro, convierten a Finca 6 en un sitio arqueológico único y de gran valor científico.

Ahora Finca 6 es propiedad del Museo Nacional de Costa Rica. Todavía no tiene ninguna declaratoria especial y sus restos salen a la luz ocasionalmente, cuando el equipo de investigación de esta institución hace excavaciones. Por suerte para todos ya no irán más trabajadores a ponerlo “bonito” por intuición, sino guiados por planes de manejo y por proyectos con fundamento técnico. Esa es la esperanza y la ilusión de gente como yo que sabe que debajo de esas capas de sedimento dejado por el río Térraba se conserva un patrimonio excepcional que algún día podrá conocerse en su real dimensión.

NOTA: este texto lo escribí antes de que Finca 6 y otros sitios fueran declarados patrimonio de la humanidad por UNESCO en junio del 2014. He preferido mantenerlo tal cual lo escribí, para no alterarlo.

Referencias:

Quintanilla, I. (2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

http://www.nacion.com/2012-04-15/AldeaGlobal/el-sol-se-desperto-ayer-al-ritmo-de-las-esferas-en-osa.aspx