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Regalos de la vida y de la arqueología: un amanecer de abril en Finca 6

Sombras en Finca 6 copia
Sombras alargadas en Finca 6 al amaneces en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

El 12 abril y el 30 de agosto de cada año sucede algo muy especial en Finca 6. Estos días -y unos dos o tres días antes y después- el sol “sale” alineado con el conjunto de esferas que se conserva en su lugar original, es decir, tal y como las dejaron los indígenas que vivieron y usaron el sitio hace unos 1000 años.

Tuve la gran suerte y el privilegio de estar durante nueve días documentando este fenómeno. Uno de esos días, en el mes de abril viví una experiencia sensorial muy especial. Mientras Diego, el fotógrafo profesional, se afanaba en tomar las fotos que  necesitaba para mi libro, yo y otros acompañantes caminábamos de aquí para allá.  En un momento -5:45-5:50 de la mañana- fuimos bañados por una luz dorada y nuestras sombras se alargaron 10, 11, 12 y mas metros. Nos parábamos a la par de una esfera y nuestras sombras alcanzaban a la que estaba a 11 metros de distancia. Era muy impactante la luz, las sombras, el paisaje….El lugar se transformó en algo diferente al de color verde rabioso tropical del resto del día.

A medida que lo pienso, y veo y re-veo las fotos de esos días, me convenzo de que lo que acontece con estos alineamientos no sólo es lo que el antropólogo Federico Guevara me ayudó a descubrir recientemente –que el sol sale alineado a las esferas en las dos fechas en que el sol está en el cenit en esta zona intertropical-.

Creo que esta salida del sol alineado con las esferas y todo lo que pasa a partir de las 10:30 de la mañana, cuando las esferas empiezan a proyectar una sombra cada vez más concéntrica hasta reducirla a un circulo menor al diámetro de ellas, está unido a diversas experiencias sensoriales que debieron haber vivido las personas que hicieron y pusieron las esferas de Finca 6.

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El sol entre las esferas del alineamiento de Finca 6 en abril del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Ahora no les voy a contar otra de las experiencias sensoriales; la del sol blanco en forma de disco perfecto gracias a la bruma que observamos dos veces. Por ahora comparto con ustedes estas reflexiones porque necesito pensar e ir mas allá. El dato es el dato, pero que hermoso es vivir esta parte de la arqueología que nos lleva a situarnos en otros tiempos, en otras memorias. Envidio a la gente indígena que vivió esto. Yo solo puedo ver pedacitos, y aun así estoy feliz con lo poco que he encontrado.

Si les gustó este post y quieren saber más sobre esto, aquí dejo el enlace al post que escribí antes de esto y que trata sobre el efecto del sol cenital y las sombras de las esferas:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/09/01/sombras-sol-y-esferas-una-combinacion-perfecta/

 

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Sombras, sol y esferas: una combinación perfecta

Las esferas precolombinas del Diquís son más que una forma perfecta, o casi perfecta. Son más que un fino acabado, o una textura rugosa. Son más que volumen, mas que monumentalidad, más que un tamaño grande o uno pequeño.

Son objetos activos que actúan, se mueven o cambian de acuerdo con el lugar dónde están, de acuerdo con la luz,  si es de día o de noche. Sus tamaño, sus acabados, dónde estén, y cómo estén, las muestran de manera diferente, a la vez que las individualizan y las convierten en portadoras de información relevante.

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Esfera del Parque de Palmar Sur, Osa, fotografiada el 30 de agosto del 2014. Foto: Diego Matarrita.

Si un 30 de agosto una esfera de acabado fino y tamaño monumental recibe la luz mañanera se mirará como la de la foto. Es la misma esfera de cualquier día, solo que el 30 de agosto-uno de los dos días del año del sol cenital– habrá un movimiento de sombra que la mostrará diferente.

La foto muestra lo que Diego Matarrita -el fotógrafo que me ha acompañado a documentar las esferas- y yo vimos el pasado sábado. Vimos la sombra moverse hasta que las ramas de unos arboles taparon el sol y suspendieron el efecto visual. De haber seguido siendo alcanzada por los rayos del sol ésta esfera se hubiera visto como las siguientes:

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Esferas que reciben la luz del sol; esferas ocultas por arboles, edificios o bodegas. Depende de cómo estén las podemos ver actuar. Según cómo las hayan colocado en tiempos precolombinos, o cómo las hayamos colocado ahora, podremos conocer sus secretos.

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Esferas del Parque de Palmar Sur, Osa, a las 11:50 del 30 de agosto del 2014. Foto: I. Quintanilla.

Secretos de un día, secretos que se revelan por la luz, y según la luz. Secretos no tan secretos si hay observación, paciencia y personas generosas que comparten sus observaciones y conocimientos. Gracias Federico Guevara por el inquieto espíritu de investigación, por descubrir este secreto y por dármelo generosamente. Gracias Don José Alberto Villalobos por ayudarnos a ver más y a corroborar lo descubierto por Federico. Este viaje de agosto ha sido revelador y ahora ya podemos entender  lo que pasa el 12 de abril y el 30 de agosto de cada año cuando el sol “sale” en la misma dirección de las esferas del alineamiento de Finca 6. El sol cenital de cada año fue “fechado” a partir del alineamiento de las esferas y la salida del sol en la misma dirección.

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“Salida” del sol a las 5:44 de la mañana el 29 de agosto del 2014 en Finca 6 en la misma dirección del alineamiento de esferas. Foto: I. Quintanilla.
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Un tesoro de la arquitectura tropical precolombina en Osa: el sitio Grijalba al descubierto

Vista del área central del sitio arqueológico Grijalba, Balsar, Ciudad Cortes, Osa. Foto: Eduardo Volio.

Hoy he tenido la alegría del día. En uno de los recorridos por Facebook he encontrado unas fotos que me han iluminado. Mi amigo, mi ex-compañero de trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica, Eduardo Volio ha puesto unas fotos del sitio arqueológico Grijalba. Son fotos tomadas con su celular, hechas para compartir con sus amigos que están lejos y que no participan de las duras jornadas de trabajo que implican lugares como éste. He tomado el teléfono para transmitirle la alegría que me había dado y para pedirle permiso de reproducir las fotos. Aquí están algunas de ellas para que entiendan el por qué de mi emoción.

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Al igual que muchos otros poblados precolombinos de Costa Rica, en Grijalba hay extensos sectores empedrados con cantos rodados. Foto Eduardo Volio.

En estas semanas un equipo del Museo Nacional ha estado haciendo una limpieza de la vegetación que cubre el asentamiento precolombino. Poco a poco, y sin necesidad de excavación, han ido aflorando las bases de las antiguas casas, los empedrados, las terrazas de nivelación y otros elementos arquitectónicos de este antiguo poblado indígena. Son casi 9 hectáreas cubiertas de restos de un pueblo fundado ahí hace unos 1200 años, por lo menos.

Aunque no he estado en estas jornadas de trabajo sé que es así porque desde 1991 conozco este lugar. En el 93 lo limpiamos y pudimos ver una pequeña parte. Ahí estuvo Lucía de la Fuente haciendo su trabajo para el curso de Investigación de campo de la licenciatura en Arqueología de la Universidad de Costa Rica. En el 94 se volvió al limpiar para que  ella continuara sus estudios.

En esos años, cuando había sectores sin vegetación y se podían ver los restos de las estructuras precolombinas, organizamos las primeras visitas a un sitio arqueológico con gente de la comunidad. Gente acostumbrada al trabajo de los huaqueros, o que nunca habían visto lo que era un sitio arqueológico, tuvieron en Grijalba su primer encuentro con la arqueología y con la educación basada en el patrimonio.

Alumnos de escuelas y colegios, alcaldes, regidores, dirigentes comunales, amas de casa, obreros, jornaleros…. mucha gente pasó por el sitio de don Alejandro Grijalba. Todavía recuerdo la emoción y el agradecimiento por las visitas guiadas que les dimos. Recuerdo las caras de sorpresa, las risas de los niños caminando alrededor de las estructuras, las preguntas tímidas de las amas de casa que se lanzaron al potrero para ir a ver las casa de los indios. Ahí descubrí el encanto de la comunicación y el sentido de la arqueología.

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Grijalba tiene dos grandes montículos artificiales con la cualidad de que en su construcción se usó roca caliza. Da gusto ver como resplandece el blanco de sus piedra cuando están recién expuestas. Foto: Eduardo Volio.

Me ha dicho Eduardo que  la propiedad donde se encuentra el sitio está a punto de ser adquirida por el Estado. Ya lo sabía por el arqueólogo Francisco Corrales y conocía la forma expedita en que se estaban haciendo las gestiones para hacer la compra. Ha sido, quizá, una de las acciones de gobierno mas positiva y beneficiosa para la conservación del patrimonio arqueológico “in situ” que se haya hecho en los últimos años. Todo esto se enmarca en el Proceso de candidatura de una serie de sitios arqueológicos con esferas de piedra como patrimonio mundial ante la UNESCO que lleva adelante el Gobierno de Costa Rica con el Museo Nacional como institución responsable.

Y es que Grijalba, además de unas extraordinarias estructuras arquitectónicas construídas a partir del uso de piedra sin uso de mortero -un elemento característico de la arquitectura tropical de esta parte del mundo- también tiene su esfera de piedra. Es una esfera de 115 cm de diámetro, fabricada en roca de tipo gabroide. Como la gran mayoría de esferas ha estado a merced de la intemperie y sin ningún tipo de protección ni mantenimiento. Soy optimista y espero que dentro de poco sea dignificada porque ella ha sido el “pretexto” para proteger este sitio.

Es una buena noticia para todos que Grijalba se vaya a convertir en un verdadero patrimonio nacional. Osa y toda la zona sur  ganarán muchísimo con la adquisición de  este sitio arqueológico por parte del Estado, y especialmente se beneficiarán si se logra desarrollar una buena gestión del mismo.

Estamos enhorabuena. Hoy  siento la misma emoción del descubrimiento, de encontrar un tesoro para compartir que viví al trabajar en el sitio Grijalba años atrás. Muchas gracias, Eduardo. Tenía mucho días de no estar feliz.

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La madre, su hijo y una esfera: una historia hecha en cemento

Esfera precolombina y escultura de madre con su hijo en brazos de manufactura moderna. Parque central de Pérez Zeledon. foto I . Quintanilla.

Cada vez que iba de San José a San Isidro o seguía camino hacia el Sur veía en un pequeño parque una escultura un poco extraña. En medio de la plazoleta alguien había colocado una escultura de una madre con su hijo en brazos sobre una esfera de piedra precolombina. Era un ensamble extraño que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la ciudad de San Isidro El General.

La escultura de la madre, que parecía hecha en cemento, estaba posada sobre una sólida roca granítica con forma de esfera que había sido hecha por escultores indígenas hace cientos de años… Suena un poco irónico y a la vez violento, pero así lo hicieron.

En el 2011 yo tenía que reunirme con una antropóloga que trabaja en San Isidro y quedamos de vernos en el parque principal de la ciudad. Mientras la esperaba fui a caminar por lo alrededores y para mi sorpresa encontré a la esfera y a la madre.

Habían sido trasladadas desde su rincón, a la orilla de la Carretera Interamericana, y ahora ocupaban una parte muy visible del parque recién remodelado. Las habían separado: la madre seguía mirando a su hijo con amor y la esfera lucía sin su carga anterior.

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Detalle de la esfera y a madre en su nueva ubicación. Foto: I.Quintanilla.

La esfera ahora estaba en posición más alta que la madre; ya no la sostenía. Estaba incrustada sobre una base de cemento -una aborrecible práctica que no deja de repetirse- y mostraba en su parte superior la gran cicatriz que atestigua la incrustación anterior.

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Es de imaginar que pocas personas de las que caminan y se sientan en el parque de San Isidro del General no harán ninguna relación entre el viejo ensamble de la madre-esfera y el nuevo conjunto de madre y esfera sobre anillos circulares de cemento. Mucho menos harán la relación entre la esfera atada a una base innoble y el hecho singular de vivir en el territorio de las singulares y únicas esferas precolombinas. Es muy probable que no se den cuenta siquiera que esa esfera es de origen indígena precolombino, y no una burda replica reciente.

Hoy es 26 de mayo del 2013. Estuve en el parque de San Isidro a principios de octubre del 2011. Ha pasado mucho tiempo y desgraciadamente todavía estoy molesta por lo que vi. Duele reconocer la impotencia. Ver y callar… no me gusta esa opción. Mejor tener un blog y decirlo.

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Una esfera invisible en la ciudad

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Foto: Diego Matarrita.

Si hiciéramos una encuesta para preguntar dónde podemos ver esta esfera- quizá la más grande que hay en el Valle Central de Costa Rica- pocas personas podrían responder. Sin embargo, miles de personas circulan cada día cerca del lugar donde se encuentra.

¿Es que esta esfera es invisible? ¿Por qué sus 190 centímetros de diámetro y sus casi ocho toneladas son tan insignificantes? ¿Es que la ciudad la engulló y la hizo perder su sentido al estar fuera de su lugar natural? ¿O es que sus “dueños” no saben lo que tienen y de alguna manera la tienen invisibilizada?

O, peor todavía, ¿es que a la gente no le importa la escultura pública, mucho menos la precolombina?

Quizá otra imagen ayude a saber dónde se encuentra esta esfera:

Foto: Diego Matarrita.

Seguro que aquí muchos la pueden reconocer. Sí, está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica, en la sede de San Pedro de Montes de Oca. Ha estado ahí por mucho tiempo, posiblemente desde los años setenta del siglo pasado y fue traída, como muchas otras esferas precolombinas, del Sur del país; quizá de Osa o de otro cantón del Pacífico Sur, que son los lugares donde están los sitios arqueológicos con esferas de piedra.

Es curioso, pero ser esfera universitaria no le ha dado ningún privilegio excepcional a esta gran escultura precolombina. Sufre de ataque biológico y del mismo deterioro que la mayoría de las esferas expuestas al aire libre, sea en el Valle Central o en los lugares originales.

Foto. Diego Matarrita

Y es que aunque esta esfera haya sido removida de su lugar original y ahora esté ” sin contexto” merece ser cuidada y protegida en su integridad. El deterioro no es un problema de la piedra. El deterioro es un problema de la obra que fue plasmada en piedra y por lo tanto, es un problema del patrimonio y de la sociedad que debería tratarla como algo propio, valioso y frágil.

Con tantos años de estar ahí, esta esfera debería de tener título universitario. Un título que la reconozca en su valor y que la ayude a ser re-valorizada. Supongo que los importantes esfuerzos de inventario patrimonial que se han venido haciendo en los últimos años en la UCR incluyen esta esfera y que tanto la UCR como el Museo Nacional de Costa Rica habrán tomado medidas para conservar, proteger y especialmente poner en valor a una de las esferas de mayor tamaño que se conocen. Supongo que así será. ¿O no?

Nota: un pequeño video para ilustrar mejor el ataque biológico permanente que sufre esta esfera. No esta´hecho con cámara profesional, pero ilustra: http://youtu.be/T1bKCP9zrGQ

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Pequeñas maravillas en piedra

La escultura en piedra del Delta del Diquís no me deja de sorprender. Me gustaría que ustedes también se sorprendan y le encuentren el gusto a uno de los elementos característicos de la escultura precolombina del Sur de Costa Rica: los objetos de pequeño formato y de formas sencillas.

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Vista dorsal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, sitio El Silencio, Osa.

En apariencia esta foto muestra una piedra; un canto rodado como muchos de los miles que  se encuentran a la orilla de los ríos caudalosos y que la fuerza del agua y el roce con otras piedras ha alisado y redondeado.

Sin embargo, el ojo experto, la mirada que busca, ha logrado distinguir esta aparente simple piedra y ha encontrado en ella la huella del trabajo transformador, de la intención de comunicar algo recurriendo a la mínima modificación.

Gracias al trabajo generoso del fotógrafo Rodrigo Rubí es posible mirar en toda su dimensión la sencillez pero a la vez potente fuerza comunicativa de esta pieza en su parte frontal:

Rodrigo Rubí J.  Escultura amorfa P-257-ESC-1 / Procedencia: El Silencio. Palmar Norte, Puntarenas. Costa Rica. ft Rodrigo Rubí J. dic2012
Parte frontal de la escultura. Colección Museo Nacional de Costa Rica, Sitio El Silencio. Fotografía de Rodrigo Rubí.

Para algunos éste sería un ejemplo de arte primitivo, de las formas primigenias de expresión humana. Sin embargo, esta pequeña piedra tallada fue encontrada cerca de donde se encuentra la gran esfera del sitio arqueológico El Silencio que tiene 2.5 metros de diámetro y que pesa mas de 15 toneladas. Es un ejemplo de convivencia de distintas formas escultóricas, de obras monumentales y de piezas pequeñas usadas cada una de manera distinta, pero posiblemente complementarias.

En general insisto mucho en que la riqueza de la escultura del Diquís va más allá de las esferas de piedra. Hubo otro mundo de objetos, la mayoría de ellos pequeños y relativamnete sencillos, fabricados posiblemente por las mismas manos que tallaron las esferas. Cada uno fue hecho con una clara intención y desempeñaron un papel de acuerdo a su tamaño, forma e iconografía,  y de acuerdo también al lugar y a las prácticas sociales a los que fueron incorporados.

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Tres vistas de un mismo objeto escultórico del Diquís. Colección Peabody Museum, Harvard University. Foto: I. Quintanilla.

Samuel K. Lothrop en su libro sobre el Delta del Diquís llamó a algunas de estas sencillas esculturas como “fantasmas”. Realmente no sabemos como las llamaban y usaban en tiempos precolombinos. Lo que sí es evidente es que eran comunes, que eran de pequeño formato (no más de 2 kilos de peso), que están terminadas como esculturas y principalmente que convivieron con otras formas escultóricas más sofisticadas técnicamente y de mayor volumen.

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Pequeña escultura del Diquís, también fabricada sobre la base de un canto rodado. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: I. Quintanilla.

Nota: Agradezco al Dr. Francisco Corrales del Departamento de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica que me haya facilitado el acceso a todo un conjunto de esculturas recientemente recolectadas en investigaciones de campo. 

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El Tiempo, gran escultor: palabras de Marguerite Yourcenar

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Un metate excepcional del sitio Barriles o cuando la escultura en piedra no tiene límites

Los molinos, o metates, como se les conoce en buena parte del continente americano, han sido parte fundamental de la historia humana. Los primeros objetos de molienda eran sencillas piedras -cantos rodados, generalmente- a los que se les picaba una de sus superficies planas. Por fricción con otra piedra -mano o muela- los vegetales, fueran granos, raíces, frutos, eran triturados y usados de manera distinta para ser consumidos.

En la América precolombina los metates de piedra fueron muy importantes y abundantes, tanto es así que su uso continúa hasta hoy en día en muchas casas, sean de familias indígenas o no. En unos casos se conservan como recuerdos de la abuela, pero en muchos lugares son instrumentos vivos que están totalmente integrados a la vida cotidiana o en la preparación de bebidas o comidas especiales, como la chicha.

En pocos lugares del mundo los metates fueron esculpidos como se hizo en el Sur de Centroamérica. Metate efigie de jaguar. Foto: I. Quintanilla.

Los metates son de gran importancia en la arqueología para saber qué se comía, cómo se procesaban los alimentos y para conocer la tecnología de la piedra. Dependiendo de la cantidad, del desgaste que presentan, de los lugares donde se encuentran y junto con qué se encuentran, son de gran ayuda para establecer cálculos de población, para saber si había desigualdad en una sociedad o no, entre otros aspectos socio-económicos. También, en el caso de los metates decorados son una buena fuente de información sobre el mundo simbólico.

En Costa Rica y Panamá los metates fueron objetos muy importantes en la vida cotidiana de las antiguas poblaciones indígenas y por eso es común encontrar grandes cantidades de ellos en los sitios arqueológicos. Además, fueron medios muy importantes para plasmar el mundo simbólico y ritual. Por su riqueza iconográfica, muchos están exhibidos como ejemplos del arte precolombino en diversos museos del mundo.

Hoy quisiera compartir parte de la información que he recabado en mis estudios sobre el conjunto escultórico de la Gran Chiriquí. Se trata de un metate “gigante”, monumental, extraordinario, que estudié hace varios años en el Museo Nacional de Antropología Reina Torres de Panamá. Es un objeto conocido entre arqueólogos especialistas en la región y sale en muchas fotos relacionadas con el sitio o la “cultura” Barriles de Panamá.

El metate monumental del sitio Barriles tal y como se exhibe en el nuevo Museo de Antropología de Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Me interesa compartir esta información porque este metate es un ejemplo de la maestría con la que se tallaba la piedra en la misma región cultural de las esferas de piedra. Esto es importante para comprender que las esferas formaron parte de una tradición escultórica muy arraigada y desarrollada en este sector del continente americano.

Este metate, al igual que un grupo de esculturas humanas y otros materiales cerámicos y de piedra, fue encontrado en el sitio arqueológico Barriles, uno de los más importantes de la arqueología del Sur de Centroamérica. Es un sitio que está ubicado cerca del volcán Barú, en la Provincia de Chiriquí y forma parte del territorio que se ha definido como “región arqueológica Gran Chiriquí”, en la cual también se integra el Diquís de Costa Rica. Tanto este metate, como las esculturas antropomorfas y las cilíndricas (barriles) que le han dado nombre al sitio están relacionadas con la gente que hizo las primeras esferas de piedra en el lado costarricense de esta región.

Escultura de un guerrero decapitado con una cabeza trofeo y un hacha en sus manos. Es del  sitio Barriles y es contemporánea al metate. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

El metate monumental del sitio Barriles mide 220 centímetros de largo y  su ancho máximo es de 85,5 centímetros. Tiene cuatro soportes en forma de “atlantes”, es decir de seres humanos que sostienen con sus manos y su espalda el plato. Estos soportes miden cerca de 34-36 cms de alto, pero este no era su tamaño original. Es posible que hayan sido tan altos como otros que se han encontrado en el mismo sitio Barriles que miden entre 70 y 90 cms.

Detalle del metate con las cabezas humanas que bordean el plato. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

Todo el borde del plato tiene cabezas humanas esculpidas. No es posible identificarlas como cabezas trofeos, pero si es importante resaltar que en el período en que se hizo este metate (entre el 400 d.-C. y el 700 d.C. aproximadamente)  las representaciones de cabezas trofeo eran comunes en esculturas tanto de Costa Rica como de Panamá.

Todas las cabezas tienen la misma expresión y tienen el rostro orientado hacia el exterior. Suman un total de 48 y su disposición sobre el borde del metate muestra un diseño planificado, ya que los tamaños fueron adaptados en función del lugar que ocupaban. Las de los puntos extremos son un poco más grandes que las centrales.

Un aspecto muy importante de este metate-escultura es que su superficie está alisada y desgastada en unos puntos más que en otros. Al revisarlo en detalle se observa que fue usado y eso dejó huellas en forma desgastes, o de sectores con piqueteo que muestran una superficie “activa” para la molienda.

Detalle de uno de los extremos del plato de molienda. En cada extremo habían figuras en relieve que fueron eliminadas en tiempos precolombinos. Foto : I. Quintanilla

Si hacemos una reflexión sobre este metate,  su forma y sus decoraciones tenemos que poner la mirada en lo que fue el bloque base para hacer este artefacto-escultura.¿Cuánto tenía que medir ese bloque para “contener” esa forma y ese tamaño? ¿Cuánto volumen se necesitaba para labrar no solo el extenso “plato de molienda” sino también los grandes soportes?

Detalle de uno de los “sostenedores” del metate monumental de Barriles. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

A diferencia de las esferas, en este metate y en otros de forma similar pero más pequeños, las técnicas escultóricas fueron más delicadas, ya que se vaciaron áreas, se trabajaron los soportes que eran independientes entre sí y se tallaron cabezas y otros detalles que requerían mucho cuidado y herramientas más finas. Si analizamos todo el conjunto escultórico regional y el de otras regiones vecinas como el área Central de Costa Rica o la Gran Nicoya es evidente que el trabajo escultórico era sumamente especializado y que había artesanos/artistas con un conocimiento técnico extraordinario.

Es importante recordar y reconocer que  todo esto lo hicieron con la tecnología de la piedra (piedra contra piedra,; mazas, martillos, cinceles, punteros, taladros, abrasivos y pulidores) y en ausencia de animales de tiro y de la rueda. Todo, absolutamente todo, estuvo basado en la capacidad de acumular experiencia, de aprender, de dominar las técnicas escultóricas y en la capacidad de organizar el trabajo individual y el colectivo. Además, no era el hecho fortuito de hacer un objeto único y nada más. No; fabricaron objetos únicos y singulares y muchos otros más. Esto muestra que el trabajo escultórico en piedra fue una actividad económica muy importante, y cuando hablo de actividad económica me refiero a una actividad que implicó recursos materiales, trabajo, personas, decisiones técnicas y sociales y una intencionalidad.

En el caso del metate monumental de Barriles, y el de otros objetos como las grandes esferas de piedra, la intencionalidad de su fabricación estuvo orientada a prácticas rituales, ceremoniales y de plasmación de imágenes de alto contenido simbólico-ideológico. Además fueron una demostración de poder. De poder en el sentido de poder-hacer, poder-mover, poder-poder. Porque el poder se materializa, no solo se intuye a partir de sus representaciones.

Escultura característica del sitio Barriles. Se trata de una escultura de tamaño natural con un hombre sentado sobre los hombros de otro. Es una representación única en la arqueología americana y ha sido interpretada como una plasmación de la desigualdad y del poder de unos sobre otros. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

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Caprichos de la naturaleza y decisiones humanas: lo que marca la diferencia entre las esferas de piedra

A lo largo de los años que llevo dedicada al estudio de las esferas de piedra de Costa Rica ha sido una constante que me pregunten sobre la relación que hay entre las esferas precolombinas y otras rocas esféricas que se han encontrado en diversas partes del mundo.

En general, respondo que la gran mayoría de las rocas de forma esférica, o casi esférica, encontradas fuera del Pacífico Sur de Costa Rica son de origen natural. Las esferas de origen precolombino del Diquís -el Pacífico Sur de Costa Rica- son de fabricación humana y  fueron hechas mediante el trabajo escultórico.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.

Además, insisto mucho en el hecho de que en ningún otro lugar se encuentran tantas esculturas esféricas (más de 300), como en esta parte del mundo, tan simétricas y con superficies alisadas, pulidas y, en algunos casos, con figuras grabadas.

En otros lugares como en Izapa o San Lorenzo-Tenochtitlán en México hay una, dos, tres o unas pocas rocas redondeadas junto con restos arqueológicos, pero no son esculturas esféricas con las características que tienen las del Sur de Costa Rica. Éstas no sólo fueron talladas, sino también tratadas para conseguir texturas suaves y brillosas. Esto no lo tienen las rocas redondeadas de otros sitios arqueológicos, salvo que hayan sido pulidas por el uso como manos de moler, pero esto no es trabajo escultórico

Canto rodado muy pulido por el arrastre en el río y por su uso posterior como mano de moler. Es una piedra redondeada, pero no es una escultura.

Y este hecho marca una diferencia fundamental, ya que una cosa es una forma que se origina por fenómenos de la naturaleza y otra muy diferente es la que resulta de la creación humana, del proceso de abstracción y de la aplicación de conocimientos y técnicas y de gran inversión de trabajo para materializar una forma concebida mentalmente.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. 1:10 cm de diámetro aproximadamente. Foto: I. Quintanilla, 2008

Puede que un pueblo haya decidido aprovechar una forma natural, rendirle culto, usarla en sus prácticas rituales o ceremoniales o como instrumento de trabajo. Sin embargo esto es muy diferente  a que un pueblo haya fabricado, destinado recursos, creado espacios y mantenido determinadas prácticas rituales o simbólicas en objetos producidos socialmente, como en el caso del Diquís.

Lo que marca la diferencia entre lo natural y lo cultural es la intencionalidad y la capacidad de crear, cuidar y mantener a través del tiempo objetos producidos por la colectividad. Por eso los esferoides naturales no pueden ser comparados, ni estudiados ni entendidos de la misma manera que las esferas de origen cultural.

Esferas naturales

Hay causas naturales que pueden llevar a la formación de rocas esféricas o semi-esféricas. La más común de ellas es la que provoca el desgaste por abrasión, específicamente por la fricción entre rocas arrastradas por el agua en zonas de fuerte pendiente. Esto sucede con bloques rocosos desprendidos de afloramientos ubicados en las partes altas de las montañas, los cuales tienden a redondearse por la fricción que genera la fuerza del agua, el roce entre rocas y el arrastre a lo largo de muchos kilómetros. Ejemplo de esto son muchos de los cantos rodados que se encuentran a lo largo del cauce del Río Grande de Térraba, o sus afluentes en el Pacífico Sur de Costa Rica. Sin embargo, pocas rocas adquieren una forma esférica perfecta por este proceso.

Diversos cantos rodados a la orilla de un río. Destaca la roca casi esférica de material gabroide, el mismo usado para hacer las esferas.

Otra causa que lleva a que algunas rocas tiendan a redondearse tiene que ver con los procesos de exfoliación, especialmente en rocas graníticas o gabroides. La perdida de capas concoidales debido a factores físico-químicos producidos por cambios de temperatura y la exposición al ambiente puede provocar que bloques expuestos a la superficie por la erosión o por levantamientos de la corteza terrestre se redondeen. Esto se puede observar en laderas y piedemonte de zonas con afloramientos de rocas intrusivas en distintas regiones del mundo. Pero, al igual que en el caso anterior siempre quedan irregularidades en la roca y no son esferas perfectas.

Roca redondeada en el lecho de la Quebrada Olla Cero, Osa. Esta quebrada posiblemente fue un lugar de aprovechamiento de materia prima para fabricar las esferas de gabro precolombinas. Foto: I. Quintanilla.

Los huevos fosilizados son otro caso de rocas de forma esférica o semiesférica. Hay ejemplares de este tipo en yacimientos paleontológicos de España, China y Argentina, pero son pequeños. Aquí la sustitución de la materia orgánica por minerales provoca que se conserven los huevos con su forma casi intacta.

Uno de los casos más llamativos de esferoides naturales son las grandes rocas hallados en distintos puntos del planeta como es el caso de los hallados en la Sierra de Ameca, en el estado de Jalisco, Norte de México, donde se han encontrado varias decenas de ellas con diámetros que oscilan entre unos pocos centímetros y los tres metros. En otros lugares hay casos similares que tienen su origen en fenómenos geológicos de millones de años de antigüedad. Algunos de ellos han salido a la luz por procesos de erosión y generalmente no tienen ninguna asociación de restos culturales, salvo en caso de aprovechamiento humano del mismo espacio donde afloran estos restos.

Uno de mis esferoides naturales preferidos son los llamados “Moeraki boulders”. Estos se encuentran en South Island, en Nueva Zelanda, en una playa en la que han ido quedando expuestos por la erosión marina. Son un gran atractivo turístico y cientos de turistas visitan la playa y se fotografían junto a las emergentes formas redondas.

Conjunto de esferoides naturales conocidos como Moeraki boulders de Nueva Zelanda. Su superficie craquelada y sus fisuras corresponden a procesos naturales. Su exposición es producto de la erosión marina. Foto: Dani Tebé.

Esferas naturales vs. esferas culturales: diferencias en cuanto a cuido y manejo

Al principio de esta entrada decía que no había relación entre las esferas naturales y las de origen cultural producidas en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica, ya que sus orígenes eran muy distintos. En vista de que hay una tendencia a agrupar a las esferas de piedra como si fueran un mismo fenómeno sean naturales o culturales quisiera llamar la atención sobre un aspecto muy importante: las esferas según sea su origen y características se estudian y se manejan de manera muy distinta.

La esferas precolombinas de Costa Rica son patrimonio arqueológico, patrimonio cultural. No se pueden vender, ni comprar; no pueden ser trasladadas sin permiso oficial y requieren de toda un serie de tratamientos para conservar y proteger las características de las que fueron dotadas por quienes las hicieron y usaron. Tampoco pueden ser entendidas en sí mismas sino como parte de un conjunto de objetos y elementos culturales asociados entre ellos.

Las esferas o esferoides naturales son diferentes. Si están en áreas protegidas naturales posiblemente su uso estará regulado; si no tienen ninguna protección como patrimonio geológico (una categoría que se aplica en pocos lugares del mundo) están expuestas a la venta y al uso no regulado.

En el caso concreto de las esferas precolombinas de Costa Rica éstas hablan de la tecnología, de la organización del trabajo, de las prácticas sociales y rituales, de la producción de objetos, de la ideología y del mundo simbólico de unas sociedades concretas. Hablan de gente, específicamente de poblaciones indígenas que vivieron en el Pacífico Sur de Costa Rica entre el 400 d.C. hasta la conquista española en el siglo XVI.

Las esferas naturales nos hablan de la naturaleza y sus caprichos y de procesos de formación geológica que sucedieron millones de años atrás. En este caso hablamos de la Geología y sus ramas; no de Arqueología ni de Historia. Por lo tanto, aunque nos puedan gustar las esferas de piedra como forma materializada es inconveniente darles el mismo valor social a unas que a otras.

Detalle de un Moeroaki Boulder y su uso turístico. Es muy distinto este tipo de rocas naturales a las esferas de Costa Rica que son patrimonio arqueológico. Foto Dani Tebé.

Referencias:

Quintanilla, I.(2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

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De extraños personajes y sus historias: Sam Green y las esferas de piedra

Samuel Adams Green murió el 4 de marzo del 2011. Su muerte fue reseñada en varios medios de Estados Unidos. El New York Times  tituló su obituario “A Collector of People Along With Art” (Un coleccionista de gente,  y además de arte). Pero ¿quién era Sam Green y qué relación tuvo con las esferas de piedra de Costa Rica?

Samuel Green fue un personaje importante, pero secundario, de la vanguardia artística de Nueva York de los años sesenta y setenta. Fue amigo cercano y confidente de Andy Warhool, Greta Garbo y Yoko Ono, entre otros famosos. Después de una vida intensa rodeado de ricos y famosos decidió dedicarse a preservar sitios sagrados en distintas partes del mundo. En 1997 creó la Landmarks Foundation, organización que lo trajo a Costa Rica en 1998 por su interés en las esferas de piedra.

Conocí a Sam Green en 1998 cuando estaba a punto de dejar mi trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica. En esos días estaba muy cansada y enojada con todo. La directora del Museo, Melania Ortiz, estaba encantada con el caballero norteamericano, que había venido a Costa Rica a promocionar la idea de retornar esferas a su lugar original. El Sr. Green le había ofrecido colaborar con el Museo en la repatriación de esferas a Osa. A nadie se le había ocurrido eso; se hablaba de la conveniencia de hacerlo pero no se concretaba en nada. Él la convenció y un año después, en octubre de 1999, un grupo de ocho esferas estaban siendo reinstaladas en distintos puntos del cantón de Osa.

Mi primera cita con Sam Green no fue muy productiva. Al principio no entendí que era lo que quería, no entendía cuál era el objetivo de su Landmarks Foundation, no sabía de dónde salía ni a que venía. Me hablaron de su relación con Andy Warhol, del Pop Art, de su experiencia como curador de colecciones de arte, de sus buenas relaciones con gente del “jet set”. Pero yo, persona poco dada a que me impresionen las personas famosas, no tenía nada que decirle aparte de la importancia de continuar con las investigaciones arqueológicas y de conservar los sitios con esferas. Mi pobre inglés no ayudo mucho y mis ganas de dejar todo, de romper con el Museo tampoco ayudaron. Sin embargo, en octubre de 1999, cuando se concretó el traslado de las ocho esferas ahí estaba yo, colaborando con el Museo, trasladada desde Washington D. C. a Costa Rica, gracias a la generosidad del Sr. Green.

Nos encontramos de nuevo en Palmar Sur durante los actos del traslado de las esferas el 18 de octubre de 1999. Casi que no cruzamos palabra. No sé por qué no me gustaba; tampoco yo le gustaba a él acostumbrado a Yoko Ono, Greta Garbo y otras señoras de renombre y dinero. Sin embargo, ahí estábamos compartiendo la alegría del retorno de las esferas. Pasaron los años y  no supe nada más de él hasta que en el 2007 encontré su nombre en un documento guardado en los archivos del Museo Nacional.

Su nombre estaba en un cruce de correspondencia entre la Embajada de Costa Rica en Washington y la Junta Administrativa del Museo nacional de Costa Rica en agosto de 1974. La embajada reclamaba y pedía cuentas por una esfera que al parecer les iban a enviar para colocar en su sede y que todavía no había llegado.

En el cruce de preguntas salió a relucir el traslado, en 1971, de tres esferas hacia los Estados Unidos de América (USA) gracias a la negociación que hizo Sam Green ante la Junta Administrativa del Museo, con auspicio de la Embajada de Costa Rica en Washington. Dos de estas esferas estaban destinadas al Fairmount Park Asosociation de Filadelfia, Pensilvania; un importante parque público especializado en escultura pública al aire libre. La tercera estaba destinada a la Embajada de Costa Rica.

Imagen de una de las esferas trasladadas a Filadelfia y exhibidas en Fairmount Park. Imagen tomada de: http://www.google.es/imgres?q=fairmount+park+international+sculpture+garden&um=1&hl=es&sa=N&biw=1272&bih=583&tbm=isch&tbnid=yVPISIs5jl4FfM:&imgrefurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%26g/fairmoun/fair1.shtml&docid=fY3FB9Apr9zGfM&itg=1&imgurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%2526g/fairmoun/images/fair1.jpg&w=324&h=199&ei=2mzwT6r8BYu08QPoyrGYDQ&zoom=1&iact=hc&vpx=97&vpy=292&dur=649&hovh=159&hovw=259&tx=146&ty=72&sig=104258392749681381903&page=1&tbnh=106&tbnw=173&start=0&ndsp=19&ved=1t:429,r:7,s:0,i:94

Según la documentación, las tres esferas salieron con licencia de exportación con fecha del 10 de febrero de 1971 y el permiso le fue otorgado a Sam Green como representante de Fairmount Park. El argumento de la autorización dada por la Junta Administrativa del Museo Nacional  era que “las mismas se encuentran suficientemente representadas en las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica”. La institución recibió US $1.000 como donación. Según otra documentación, se pagaron US $1.500 por gastos de mano de obra para remover las esferas.

Aunque la información es escueta, se puede inferir que las esferas salieron de Palmar Sur, vía Golfito y en barco. La más grande media 66 pulgadas (167.64 cm de diámetro), la segunda 56 pulgadas (142.24 cm de diámetro) y la tercera 32 pulgadas (81.28 cms de diámetro). No hay datos sobre el lugar específico del que las extrajeron, ni de quienes fueron los encargados de seleccionarlas y de ponerlas camino a USA. Las dos de mayor tamaño pasaron a ser propiedad de Fairmount Park y la otra está en posesión de la Embajada de Costa Rica en Washington.

Esfera de la Embajada de Costa Rica en Washington. Imagen tomada de : http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6d/Esfera_precolombina_Embajada_de_Costa_Rica_en_Washington.JPG

Las tres esferas salieron con beneplácito intitucional y con el visto bueno no sólo del Museo Nacional sino también del Ministerio de Relaciones Exteriores y del recién estrenado Ministerio de Cultura. Hoy día las tres están fuera del país y sólo la de la Embajada de Costa Rica está en exhibición. Las de Fairmont Park están guardadas por procesos de reforma en el parque, según informa el bloguero Don Barker (http://marylandgis.blogspot.com.es/2012/06/philadelphias-phantom-sculpture-garden.html) .

Sam Green ha muerto. De sus ideas de repatriación de esferas quedaron siete esferas en el parque de Palmar Sur y una en la Municipalidad de Osa. Fueron esferas cedidas por la Caja Costarricense de Seguro Social, por el ex-Presidente de la República Rodrigo Carazo, por el coleccionista Alfonso Jiménez y por el mismo Museo Nacional de Costa Rica. En sus planes no parece haber estado el retorno de las de Fairmount Park, de las que no recuerdo que haya hecho mención. Aun así su aporte fue importante, y aunque en la memoria quedará como un acto institucional del Museo Nacional, su idea y su impulso fueron fundamentales para que la Directora General del Museo Nacional -Melania Ortiz- llevara adelante un acto que no se había dado nunca: el retorno de esferas al Sur; un hecho que dejaba atrás décadas de expolio y de arrogancia institucional.

Momento en que se bajaba del cargador la esfera que luce hoy día la Municipalidad de Osa. Octubre de 1999.

El momento del retorno de las esferas fue muy emotivo y se celebró con gran algarabía. Las esferas fueron recibidas por escolares, por bandas de música y por los dirigentes locales. Hubo desfiles, visitas a Finca 6, discursos y muchas palabras de agradecimiento.  Fueron días de alegría y de satisfacción. Días de celebración que marcaban un nuevo rumbo en el manejo del patrimonio arqueológico del país: el Museo Nacional cedía a una comunidad local una parte de su patrimonio y esto era nuevo y casi revolucionario dentro de las políticas centralizadoras estatales.

Estudiantes de Ciudad Cortés posando con la recién instalada esfera de la Municipalidad de Osa. 18 de octubre. de 1999.

Nunca volví a ver a Sam Green y no puedo saber qué fue lo que representó para él esta repatriación, a pesar de que había sido un  “exportador de esferas”.

Enlaces de interés:

Obituarios de Sam Green:

http://www.nytimes.com/2011/04/07/fashion/07GREEN.html?pagewanted=all

http://warholstars.org/sam_green_obituary.html