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¿Quién paga los platos rotos? Acerca del pago por el rescate arqueológico

Crecí en la arqueología escuchando y viviendo las palabras “rescate arqueológico“. Mi primer trabajo fue en un rescate: había que recuperar, salvar e investigar el sitio Aguacaliente en vista de que iban a construir una urbanización. En esos años -1983- todavía no había una ley del ambiente, ni una Secretaria Técnica Nacional Ambiental (SETENA).

El Monumento Nacional Guayabo fue hasta hace poco el único sitio arqueológico de uso público. No ha sido política cultural de Costa Rica investigar, conservar y hacer de uso público los sitios arqueológicos. Foto: I.Quintanilla.

Había una ley que sigue estando vigente -la 6703- que dice que hay que avisar al Museo Nacional de Costa Rica cuando se encuentre un sitio arqueológico. El MNCR tiene 10 días para decidir qué hacer con ese sitio, especialmente si está en riesgo por saqueo o por obras de infraestructura. Casi siempre, cuando se determina que hay “riesgo de destrucción” se hace un rescate arqueológico.

Pero, ¿qué es un rescate, un salvamento arqueológico? Un rescate se hace a través de una serie de operaciones de campo orientadas a recuperar la evidencia cultural en riesgo. Se ejecuta por medio de excavaciones en las que se recolecta la mayor cantidad de material arqueológico, se documentan los distintos contextos y al final se da el visto bueno para cubrir o para arrasar el terreno. En unos pocos casos se dejan sectores en “reserva” que no pueden ser afectados.

A mediados de los años 90 del siglo pasado se aprobó la Ley del ambiente y se creó la SETENA. Sin que desde la arqueología se hubiera pedido, se incluyó la variable arqueológica en los novedosos estudios de impacto ambiental. El desarrollador tendría que pagar por los estudios y la SETENA aprobaría la viabilidad del proyecto a partir de la información técnica proporcionada por distintos especialistas.

Muchos sitios arqueológico de Costa Rica tienen a los fragmentos cerámicos como su principal indicador.

Por primera vez, iríamos antes que los tractores. Por primera vez se pedía opinión técnica sobre el valor de un sitio arqueológico y se sgeneraban medidas para investigarlo, protegerlo -si era el caso- y para recuperar los restos sin la presión de máquinas, obreros e ingenieros.

Desde 1996 hasta la fecha, o sea desde hace 20 años, se han aprobado cientos o quizá miles de proyectos de infraestructura a lo largo y ancho del país. No sé decir en este momento cuántos sitios arqueológicos se han localizado. Tampoco sabría decir cuántos se salvaron, o cuántos han sido rescatados. Eso es tema de estudio para una tesis doctoral.

Lo que si sé es que a lo largo de estos años el patrimonio arqueológico de Costa Rica se ha salvado sacrificándolo. Suena a tragedia griega, y lo es. No griega, pero si tragedia en el sentido de que gran parte de lo que se ha investigado ha sido a costa de extraer para “liberar“.

Liberar“. La palabra que muchos evitan pero que está latente en todo lo que gira alrededor de las inspecciones, evaluaciones o rescates arqueológicos. Liberamos para que se puedan desarrollar los proyectos de desarrollo. Liberamos para no limitar la propiedad privada. “Liberamos”, o nos liberamos del patrimonio arqueológico. Limpiamos el suelo de restos; limpiamos el pasado para que otros construyan un presente y un futuro.

Supongo que estoy en crisis existencial. Sé que si quiero hacer arqueología de campo también tengo que ir a liberar. Cual trágica Ifigenia, en lugar de sacrificar a los extranjeros que llegan a la isla, debo ser participe del sacrificio patrimonial. Y eso duele.

Por mucho tiempo hemos estado convencidos de que por lo menos llegamos antes. Estamos convencidos de que por lo menos las empresas o las instituciones de gobierno pagan para que salvemos el patrimonio. Estamos convencidos de que con guardar lo que recogemos es suficiente.

¿Es suficiente?

No… no es suficiente. Al contrario: ya es momento de decir ¡basta! Basta de entregar, basta de fragmentar el patrimonio; basta de destruir lo que no es nuestro bajo la legitimidad profesional y un marco legal al servicio de un modelo económico depredador.

Cada día los depósitos del Museo Nacional aumentan. Cajas y cajas de patrimonio salvado, rescatado. Cajas y cajas con restos de pueblos, de gente, de cosas de esa gente. Cajas que son cuidadas, numeradas y mantenidas mediante nuevos rituales de cuido y devoción profesional.

Cada día hay mas informes técnicos; cada día hay mas información. Proporcional a ese aumento es la perdida de sitios arqueológicos. Sitios que ya nunca más volverán a ser. Lugares habitados, ocupados, creados, construidos, pensados, adaptados que ya dejan de ser espacios con sustancia social e histórica para convertirse en esqueletos vacíos de los que quedan solo las piedras.

Sin conservación in situ, con demarcación de “reservas arqueológicas” sin marco legal para protegerlas y ponerlas en valor, sin mecanismos para un seguimiento a mediano y largo plazo. ¿Qué estamos haciendo? ¿Somos mejores que los antiguos saqueadores? ¿Estamos realmente protegiendo, investigando y poniendo en valor la historia antigua? O, ¿no será que el sistema nos convirtió en técnicos especializados en la limpieza/vaciamiento del patrimonio?

Sé que desde la academia o pseudo-academia muchos se lavarán las manos diciendo que no hacen “arqueología gris“. Que no están en función del sistema. Pero ¿es así? Todos somos participes de este sacrificio. Por mirar hacia otro lado; por complicidad; por lucro; por negligencia; por egoísmo; por falta de visión; por creer que cumplen lo que la ley dice.

¿Quién paga el sacrificio patrimonial? ¿Porqué nos importa tan poco lo que estamos haciendo? ¿Por qué los desarrolladores contratan a arqueólogos baratos? ¿Por qué los arqueólogos se abaratan?¿Por qué piden descuentos para quitar de ahí lo que les obstaculiza sus proyectos? ¿Por qué tanta complacencia y tan poco interés en ir más allá, en buscar nuevas manera de hacer arqueología?

Proteger no es extraer para guardar. No puede significar despojo para las comunidades locales. No puede ser solo escribir un informe, catalogar los objetos y almacenarlos. Se necesita comunicar lo estudiado, mostrar la importancia de los hallazgos, socializar el conocimiento generado por esos estudios.

Debemos pensar y analizar lo que estamos haciendo con ese legado antiguo. Nada nos da legitimidad para ser sus depredadores. Y esto no es problema de los arqueólogos: no es un problema gremial. Esto es problema de un país sin memoria, que niega su historia indígena. Si la historia indígena nos importara como país, como parte de la historia nuestra y de la humanidad quizá actuáramos de manera diferente.

Creo que en última instancia seguimos en el proceso colonizador. Seguimos borrando la historia profunda que no es otra que la historia indígena. La metemos en cajas o exhibimos las piezas bonitas y estamos felices y orgullosos de ello.

Creo que ya es momento de decir ¡basta!, ¡suficiente! ¡paremos! ¡pensemos! no tenemos derecho a seguir haciendo lo que hacemos con eso que llamamos patrimonio arqueológico nacional.

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Una escultura de la Gran Chiriquí en Nueva York y su confusa identidad

Esta escultura es extraordinaria. Supongo que algunos de los lectores de este blog coincidirán conmigo. Es extraña, diferente, y a la vez cercana.
MET

Esta obra, que se exhibe en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (MET),  ha sido muy admirada porque representa magníficamente el arte precolombino en piedra de América Central. Es un ejemplo de la tradición guerrera y del ritual de las cabezas trofeo, una práctica muy arraigada en la América prehispánica.

De acuerdo con los datos puestos por el MET a disposición de los usuarios on-line, esta escultura perteneció a “The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, Bequest of Nelson A. Rockefeller“. Desde 1979 forma parte de  las colecciones del museo.

Hace varios años vi la foto de esta escultura. Me gustó mucho y me llamó la atención el estilo que tenía. También me intrigó que estuviera catalogada por el MET como procedente de la Vertiente Atlántica de Costa Rica.

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Vista dorsal de la escultura exhibida en el Metropolitan Museum of Art de New York. Foto tomada de la colección on-line del Museo.

El año pasado encontré un artículo publicado en 1958 por Jorge Lines – uno de los pioneros de la arqueología pre-académica de Costa Rica – donde habla de esta pieza. Ayer volví a leer este artículo y me pareció necesario recuperarla como parte del acervo escultórico de la región que estudio, que es la Gran Chiriquí. Por eso he decidido dedicarle el texto de hoy.

Según Lines, esta escultura fue encontrada en Cañas Gordas, en 1950. Cañas Gordas es una pequeña localidad ubicada en el límite fronterizo entre Costa Rica y Panamá, en lo que se define como las tierras altas. Se localiza relativamente cerca de San Vito de Coto Brus, en Costa Rica, y de Volcán Barú y Boquete, en Panamá.

Cañas Gordas ubicación copia
La marca roja de Google indica la ubicación de Cañas Gordas. Imagen de Google Maps.

Geográficamente, estamos hablando de un lugar ubicado en la estribación del Pacífico de la cordillera de Talamanca, y no del Caribe Central de Costa Rica.

Lines ofrece poca información sobre la escultura porque lo que le interesa es demostrar la influencia náhuatl en la escultura de Costa Rica, ejemplificada, según él, en el ritual del sacrificio humano. No dice quién la encontró, ni cómo, ni con qué otros objetos. Sí dice que es una escultura “brunka”, pero no del “estilo” Diquís.

Si nos basamos en el artículo de Lines, y a pesar de que los especialistas que la catalogaron para el MET la adscriben al Atlántico, por su origen estaríamos obligados a referirla a la región Gran Chiriquí. Asimismo, por sus características también habría que referirla a esta región, específicamente a la singular y única escultura originada en el sitio Barriles.

Para los que no son expertos en historia de Centroamérica, la Gran Chiriquí es una región cultural concebida desde la arqueología como un espacio donde una serie de grupos humanos compartieron un desarrollo común y toda una serie de elementos culturales y sociales. Abarca parte de la geografía de Costa Rica y de Panamá. Se divide caprichosamente en dos sectores: la sub-región Diquís que corresponde a la parte costarricense, y la de Panamá Oeste, en el lado panameño.

Gran Chiriquí
Mapa de Costa Rica y un sector de Panamá con la ubicación de la región arqueológica Gran Chiriquí. Dibujo: I. Quintanilla,

Viendo en detalle las imágenes de la escultura del MET,  lo que se puede deducir es que está “emparentada” con la tradición escultórica Barriles, sin ser propiamente Barriles: gorro cónico, colgantes, cabeza trofeo y arma en cada mano, individuo erguido, cuerpo redondeado, en bulto y no aplanado como en el Diquís. Sus pies son realistas y se apoya sobre una base cilíndrica, de manera muy semejante a las características esculturas del sitio Barriles.

Foto cortesía de
Escultura de guerrero que sostiene una cabeza trofeo y un hacha en cada mano. Sitio Barriles, Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

No es el mismo estilo del guerrero decapitado de Barriles, pero posee elementos similares vinculados a la práctica de mostrar cabezas humanas  e instrumentos que sugieren alguna forma de violencia, en este caso un cuchillo o algo semejante.

Tampoco es similar a los hombres con gorro cónico del mismo sitio Barriles, pero tiene ese elemento característico de la escultura masculina de esta parte de América Central. Asimismo, luce colgantes, al igual que los hombres del sitio Barriles.

Escultura sitio Barriles
Escultura antropomorfa a la que le falta la parte inferior del cuerpo. Luce gorro cónico y colgantes. Procede del Sitio Barriles. Se exhibe actualmente en el Museo de Antropología Reina Torres Arauz de Panamá. Foto cortesía de Tomas Mendizabal.

Si alguien me preguntara sobre el período de tiempo en que se podría ubicar la escultura que está en el MET diría que es Aguas Buenas, quizá de la parte final del mismo (300 d.C.- 800 d.C.). En este período son comunes las representaciones de cabezas trofeo y de hombres con emblemas de poder y de violencia. En el período siguiente, pareciera que en lugar de cabezas trofeo y armas, lo que se tiende a representar son prisioneros: hombres vivos que todavía conservan sus cabezas.

Soy de la opinión de que los objetos necesitan tener una identidad. Es muy triste que muchos de ellos la hayan perdido por el saqueo y que hayan circulado por mundos no concebidos originalmente para ellos.

Decir que esta escultura fue hecha en una parte del territorio de la Gran Chiriquí y que forma parte de una rica y expresiva tradición escultórica es importante y necesario. No es para que cobre mayor valor en el mercado de arte; es para entender mejor el mundo precolombino y para recuperar los pedazos de memoria afectados por el huaquerismo y el comercio de antigüedades.

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Enlace para acceder a la fuente de la fotos del MET:

http://www.metmuseum.org/works_of_art/collection_database/arts_of_africa_oceania_and_the_americas/warrior_with_trophy_head/objectview.aspx?page=1&sort=6&sortdir=asc&keyword=sculpture&fp=1&dd1=5&dd2=48&vw=1&collID=48&OID=50005223&vT=1&hi=0&ov=0

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Mujeres de piedra del Diquís

Mujer con máscara
Escultura antropomorfa. Delta del Diquís, Costa Rica. Foto: Diego Matarrica.

¿Qué ven en esta escultura? A mí me llamó la atención el hecho de que representa a una mujer pero no lo hace en la forma en que se la suele encontrar en la escultura en piedra precolombina. Esta figura femenina, con pechos insinuados, se muestra erguida, en pose de autoridad, luce dientes o colmillos prominentes.

En la línea de mostrar el rico y variado conjunto escultórico que acompañó a las esferas de piedra precolombinas, hoy les muestro este ejemplar especial.
Es una de mis esculturas preferidas por su iconografía y la fuerza que transmite. Además hay tres elementos que la hacen especial:

1- Es un fragmento re-utilizado después de que se partió de una escultura completa.

2- Es uno de los ejemplares mejor conservados de las representaciones femeninas en escultura en piedra.

3- Conserva las huellas de los instrumentos de fabricación, los que se integran a su acabado de superficie y la dotan de textura.

Si estuviera completa, esta figura posiblemente mostraría genitales femeninos. Fracturada como está, todavía conserva sus protuberancias que simulan pechos. Estaría desnuda al igual que la mayoría de las esculturas del Sur de Costa Rica.

Un elemento especial de las esculturas de mujeres del Diquís es que no fueron representadas en los roles típicamente señalados como femeninos. Por el contrario, en el período Chiriquí y específicamente en el Delta del Diquís y sus alrededores inmediatos, entre los años 800 y 1500, las mujeres fueron representadas con elementos singulares que en otros contextos se relacionan con los hombres.

En el Diquís las mujeres de piedra tienen máscaras que simulan lagartos o felinos; muestran sus dientes y colmillos y se mantienen rígidas como muchas de las esculturas de base de espiga. A diferencia de las figuras masculinas no sostienen bastones, pero sí tienen lenguas o cinturones con forma de serpientes. No se presentan armadas, pero sí  acompañadas de animales poderosos y temibles en las cosmogonías del trópico americano.

Esta escultura se conserva en los depósitos del Museo Nacional de Costa Rica y algún día podrá ver la luz en alguna exhibición. Mientras tanto, es accesible para investigadoras como yo que podemos medirla, fotografiarla y documentarla para estudios académicos.

Pero esta no es la situación de todas las esculturas de este tipo tan singular. Lamentablemente, una escultura de su misma “familia” pronto saldrá a subasta y el mejor postor se la llevará a su casa o a su museo privado.

La escultura de la que les hablo está en el catalogo de Sotheby’s de Paris y es parte de la colección Barbier Mueller de Arte Precolombino que se subastará los días 22 y 23 de marzo de este año. Los mercaderes del coleccionismo la han tasado entre 150.000 y 200.000 euros.

Sacada ilegalmente, pasó de mano en mano, de coleccionista en coleccionista. Ahora cuenta con un expediente limpio después de haber sido exhibida en un museo público en Barcelona. Por eso, está pieza está disponible para el que ofrezca más. ¿Sabrá valorar quien haya pagado más su valor cultural, simbólico, patrimonial? ¿Qué les parece?

Fotografía tomada de:
Fotografía tomada de: http://www.sothebys.com/fr/auctions/ecatalogue/2013/collection-barbier-mueller-pf1340/lot.154.html