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Mirando las esferas más allá de Osa: algunos datos sobre los sitios con esferas precolombinas

A veces, de tanto mirar las esferas y de enfocar la atención en Osa, se pierde la perspectiva de qué fue lo que representó este fenómeno en tiempos precolombinos y su relación con otros elementos culturales. Por esto es importante tener en mente que las esferas estuvieron insertadas en un mundo mayor y complejo, donde había otros objetos, muchas personas, y donde se dieron distintas dinámicas sociales, económicas, políticas e ideológicas como en cualquier sociedad o grupo humano.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. Foto: I. Quintanilla, 2008
Las esferas de piedra se encuentran en distintos lugares del Pacífico Sur. Buenos Aires es uno de esos lugares y el sitio Bolas uno de los más importantes sitios con esferas y otros elementos precolombinos. Esfera precolombina del sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla, 2008

Por otra parte, hay que mirar más allá de Osa, más allá de Finca 6 y de otros sitios cercanos, y enfocar las esferas y los sitios arqueológicos a los que están relacionadas desde una perspectiva más amplia, integral y regional.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el  mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era compartido. Esto indica que había diversidad cultural, al igual que la hay hoy día en la región.

Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Colección museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.
Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Es un tipo de objeto compartido en todo el Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas fueron un objeto más dentro de la variedad de producciones precolombinas del Pacífico Sur; no lo abarcan todo; no explican el todo sino una parte; tampoco determinan el conjunto. Independientemente de su singularidad, y en algunos casos monumentalidad, las esferas deben ser colocadas en el lugar que les corresponde dentro de la arqueología a partir de la investigación, y no por la subjetividad de las emociones que nos generan.

Fue en la sub-región Diquís de la región cultural Gran Chiriquí donde el fenómeno cultural de la producción y uso de objetos de forma esférica alcanzó unas dimensiones únicas y singulares en el mundo.

A la fecha existen registros de casi 1000 sitios arqueológicos en el Pacífico Sur. Lo registrado a la fecha comprende sitios habitacionales, funerarios, abrigos rocosos, petroglifos aislados o en conjunto y talleres, principalmente. La mayoría son ocupaciones que corresponden a los tres últimos milenos. En su mayor parte son poblados de grupos sedentarios, agrícolas, con alfarería, con la tecnología de la piedra picada y pulida, y en los períodos más recientes (después de 800 d.C. aproximadamente), con metalurgia basada en el oro y el cobre.

Cada punto indica un sitio arqueológico. Es importante destacar la concentración que hay en la cuenca del río Térraba. Otros lugares están sub-representados porque han sido poco estudiados, no por que no hayan sido ocupados en tiempos precolombinos .

De estos casi 1000 sitios arqueológicos hay información sobre esferas en 56 de ellos. Esto representa un porcentaje muy bajo, pero es importante recordar que los casi 1000 sitios constituyen el conjunto de lo conocido para más de 10 000 años de ocupación precolombina de esta parte del continente americano.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. Es decir que se usaron a lo largo de un milenio, en la parte más reciente de las ocupaciones precolombinas. Además de los 56 sitios con esferas, en ese mismo período hubo muchos más lugares con ocupación humana en la región.

cuadro cronosocial diquis

El número de sitios con esferas es relativamente bajo, mientras que el número de esferas es muy superior, con un número confirmado de 300 ejemplares. Esto quiere decir que se extrajeron esferas de sitios que no fueron documentados, o bien que había sitios donde se concentró una cantidad significativa de esferas. Lo más probable que las dos cosas hayan ocurrido.

Mapa del Pacífico Sur con la ubicación de los sitios arqueológicos con registros de esferas. Elaborado por Felipe Sol con información proporcionada por I. Quintanilla.

Un aspecto muy importante para dejar de mirar solo a Osa y al delta del Diquís, y para empezar a propiciar una imagen más amplia y acorde con lo que ofrecen los datos arqueológicos, es que los sitios con esferas que se conocen están vinculados principalmente al río Grande de Térraba y a la Cordillera Costeña, independientemente de si son más antiguos o más recientes. El Delta del Diquís fue un lugar  de gran importancia para las poblaciones con esferas, pero no fue el único ni parece haber sido el primero.

La cuenca del río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña son los dos ejes alrededor de los cuales se situán la mayor parte de sitio con esferas de piedra.

Dentro la cuenca del Grande de Térraba, las tierras cercanas a sus dos afluentes principales -los ríos General y Coto Brus- en la Cordillera Costeña formaron parte del territorio de la gente con esferas. La excepción parece haber sido la parte alta de la cuenca del General (río Chirripó Pacífico) donde los registros son inexistentes. Esto no se debe a la falta de estudios. Al contrario; se han hecho investigaciones intensivas en algunos sitios de gran importancia, como por ejemplo Rivas, donde además abundan las rocas de grandes dimensiones, y no se han registrado esculturas esféricas y casi que de ningún otro tipo.

Hay varios sitios arqueológicos con esferas ubicados fuera de la cuenca del río Térraba. Por ejemplo en Golfito y alrededores hay sitios registrados; en la isla del Caño también se han documentado, así como en Drake, en Uvita y otros puntos.

Fragmento de esfera precolombina del sitio arqueológico La Reina en Pérez Zeledón. Hay sitios poco conocidos y poco estudiados como éste. Todavía falta mucho por estudiar y proteger. Foto: I. Quintanilla.

Es curioso también el escaso número de sitios con esferas (dos nada más) registrados en el lado panameño. Es como si las esferas no hubieran cruzado la actual frontera política entre Costa Rica y Panamá, a pesar de que en tiempos precolombinos formaban parte de una misma región cultural (la Gran Chiriquí).

Esferas sitio Barriles 2
Esferas halladas en las cercanías del sitio barriles en Panamá. A pesar de los cercanos vínculos culturales, del lado panameño de la Gran Chiriquí no se han encontrado esferas de tamaño monumental como en el Diquís.

La parte baja de la cuenca del río Térraba -el delta del Diquís- es donde se ha registrado el mayor número de esferas. Sólo en el sector de Palmar Sur-Sierpe hay más de 120 documentadas. En este mismo lugar se han llevado a cabo excavaciones que han mostrado la complejidad arquitectónica de los lugares donde había esferas, como es el caso de Finca 4 y Finca 6 (excavaciones llevadas a cabo por el Museo Nacional de Costa Rica).

Esferas fabricadas en gabro y caliza procedentes de Finca 4. Todavía se conservan en los alrededores del sitio. De 30 esferas conocidas, sólo quedan unas pocas cerca del lugar y una o dos en su lugar original.

Con respecto a la diferencia entre número de sitios registrados y cantidad de esferas conocidas es destacable que al sumar los registros de esferas hay lugares como Finca 4 , en Palmar Sur-Sierpe donde se han extraído cerca de 30. También destaca Bolas con unas 20.  Desgraciadamente, en ambos lugares apenas quedan unas pocas esferas en su lugar original; en la gran mayoría no queda ninguna, salvo el caso excepcional y único de Finca 6, con su conjunto de esferas.

Uno de los aspectos más interesantes que genera pensar en las esferas y sus contextos arqueológicos es por qué en unos lugares las usaron y en otros no. No hablamos de lugares lejanos, sino de lugares vecinos, separados a veces por un río o unas montañas. ¿Qué hizo que unos dedicaran grandes esfuerzos, mucha energía y recursos para fabricar, trasladar y emplazar grandes esculturas esféricas y otros no?

Un gran número de esferas de piedra destacan por su monumentalidad, su forma casi perfecta y el acabado fino de sus superficies. Este es un exquisito ejemplo: 195 cm de diámetro, simetría esférica casi perfecta y unas 10 toneladas de peso. No fue tarea fácil crear estas esculturas. Foto: Diego Matarrita.

Además, surgen otras preguntas: ¿Cómo se generó tal diversidad cultural en un territorio relativamente pequeño como el Pacífico Sur? ¿Qué fue lo que hizo que un tipo singular de objeto se mantuviera en uso durante casi mil años, mientras otros objetos cambiaron o desaparecieron? ¿Qué pasó en el delta del Diquís donde se dedicaron a fabricar esferas y muchos otros objetos de piedra y metal? ¿A cuenta de qué tanto trabajo en objetos no básicos para la vida cotidiana? ¿Por qué en Rivas y zonas cercanas no incorporaron las esferas si eran contemporáneas a la metalurgia que sí fabricaron y usaron con gran profusión?

Hay muchas preguntas y poco misterio. Es en el ámbito del conocimiento donde las esferas requieren ser situadas para poder revalorizarlas, entenderlas y apreciarlas, y más que todo para que ayuden a entender a las sociedades que las produjeron y usaron y a las vecinas que no lo hicieron.

Por ahora hay un dato claro: las esferas de piedra no son un patrimonio exclusivo del Cantón de Osa. Ahí se concentra la mayoría, pero otros lugares como Golfito y Bolas tienen esferas de mayor antigüedad. Entender este pequeño detalle es algo importante. Y lo es porque el cuido, la investigación, la protección y la puesta en valor debe ir mas allá de Osa y de unos pocos sitios arqueológicos situados en este cantón.

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¿Cuántas esferas se conocen?

Una de las preguntas más habituales acerca de las esferas de piedra precolombinas se refiere al número de ejemplares que se han inventariado. En realidad, esta pregunta se puede dividir en dos:  ¿Cuántas fueron fabricadas en tiempos precolombinos? y ¿Cuántas conocemos hoy día?

Para la primera no hay una respuesta en este momento, ya que la región donde se localizan los sitios arqueológicos con esferas –Pacífico Sur de Costa Rica- no ha sido estudiada exhaustivamente. Su arqueología es fragmentaria y las excavaciones en gran escala han sido muy escasas. Por otra parte, ha habido gran destrucción de sitios arqueológicos completos o parcialmente. En los que había esferas se perdió la información, ya que no hubo ningún tipo de registro o documentación. Es por eso que hoy tenemos un rompecabezas con muchas piezas desaparecidas; los principales vestigios son las mismas esferas, aunque la mayoría de ellas son anónimas, sin datos de familia ni origen, salvo de que provienen del Sur del país.

Esferas del sitio Bolas fotografiadas en los años sesenta del siglo pasado en su lugar original. Hoy están situadas en la escuela del mismo pueblo de Bolas

Lo anterior no quiere decir, en absoluto, que no tengan valor; al contrario. Todavía tienen mucho que decir y los más importante es que lo poco que se conserva en su lugar original cobra un valor especial, ya que lo que fue nunca más será y lo que hay es un tesoro único e invaluable.

Con respecto a la segunda pregunta -¿cuántas se conocen?- a continuación se presenta un breve recorrido de lo que se ha hecho en términos de inventarios.

El primer listado de esferas lo hizo Samuel K. Lothrop a finales de la década de 1940, cuando estuvo en el Delta del Diquís llevando a cabo estudios arqueológicos. Lothrop publicó un libro en 1963 donde aporta información sobre 50 esferas halladas en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Además,  hizo una lista con otras 136 ubicadas en otras partes de la región, basándose en información que recopiló entre distintos informantes, pero que no confirmó personalmente.

La información que aportó Lothrop es muy importante porque él, al igual que Doris Stone, conocieron los sitios más importantes con esferas cuando aun no se había construido la carretera Interamericana ( a partir de ésta se inició el expolio y el traslado de muchas de ellas) y cuando estaba en proceso el desmonte de buena parte del Sur del país; proceso que iba dejando al descubierto diversos sitios arqueológicos.

Después de la publicación de Lothrop pasaron casi 40 años en los que hubo registros puntuales de esferas pero no listados ni inventarios. En 1991, cuando yo era funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y llevé a cabo una prospección en el Delta del Diquís y sus montañas circundantes (Serranías de Osa y Cordillera Costeña), empecé a encontrar sitios arqueológicos con esferas. Aunque no era el objetivo inicial del proyecto (Hombre y ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba), el hallazgo de esferas en 11 de los 57 sitios registrados, aunado a la gran cantidad de esferas removidas que se encontraban en distintos puntos de la región, me llevó a iniciar un inventario para el que diseñé un formulario.

Entre 1992 y 1998, año en que dejé mi cargo en el Museo Nacional, mantuve ese inventario, el cual se enriqueció con la ayuda de distintos colaboradores. En 1998 el inventario tenía 110 esferas que se localizaban en la región Sur, especialmente en los cantones de Osa, Buenos Aires y Pérez Zeledón.

Posteriormente, al iniciar mis estudios de doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona retomé el inventario de esferas para mi trabajo de especialización profesional (Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología) presentado en el 2004. Era un inventario dirigido tanto a ubicar como a describir las principales características de las esferas con fines de investigación. Mi trabajo concluyó con el inventario de 186 esferas que fueron la base de mis análisis.

Mi esposo, Roberto, ayudándome a medir la circunferencia de una de las esferas de Hacienda Victoria en el 2003. Palmar Sur, Osa.

Entre el 2005 y el 2008, la Auditoría Interna del Museo Nacional de Costa Rica llevó a cabo un inventario de esferas localizadas fuera de las instalaciones de la institución. Este inventario lo hizo la Auditoría con el fin de conocer cuántas esferas había, dónde estaban y en que condición.  Lo hizo en  coordinación con el Departamento de Protección del Patrimonio Cultura de la misma institución, departamento que a su vez tiene bajo su responsabilidad el Registro Público del Patrimonio Nacional Arqueológico, según la ley 6703 (Ley de Patrimonio Nacional Arqueológico).

En el último informe de Auditoría del 2008 (A.I. 002-2008-Inf) se presenta un listado ilustrado de 151 esferas registradas en distintos cantones de la región Sur: Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Golfito y Coto Brus. No se incluyeron las esferas ubicadas en residencias privadas o localizadas en instituciones públicas del Valle Central.

A la fecha el trabajo de la Auditoría Interna del MNCR constituye un importante e innovador esfuerzo a la vez que constituye una herramienta legal, ya que todo lo que fue inventariado figura como bien del estado. Esto es muy importante, ya que obliga tomar una serie de acciones en términos de la tenencia de este patrimonio.

En el 2007, cuando preparé el texto y la documentación para mi libro Esferas Precolombinas de Costa Rica que publicó la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica, actualicé la base de datos de mi inventario. Para el libro trabajé con un inventario de 210 esferas.

Como parte de mi tesis doctoral dedicada al estudio del conjunto escultórico de la Gran Chiriquí, reinicié mi propio inventario de esferas que al mes de mayo del 2012 suma 290. Aquí se incluyen todos los casos conocidos, los  publicados en libros, los ubicados fuera del país y lo que están guardados en depósitos de varios museos nacionales, especialmente del Museo Nacional de Costa Rica.

Todavía no se ha llevado a cabo un inventario de las esferas que se encuentran dispersas en el Valle Central ni en otras partes del país. Asimismo, el aumento de investigaciones arqueológicas en la región Sur está generando nuevos hallazgos de esferas, tanto por parte del Museo Nacional de Costa Rica como del ICE y otras instituciones como parte de estudios de impacto arqueológico.

Esferas de Finca 6 en 1993. Este es el único sitio que aun mantiene un conjunto de esferas en su lugar original. Cinco de ellas, incluidas las dos de la foto, forman un agrupamiento especial.

En conclusión, el dato mas concreto que hay en este momento en términos de ejemplares inventariados (medidos, descritos, fotografiados, ubicados geográficamente, entre otras variables) da un resultado de 290 esferas. Si se incluyeran las esferas removidas ubicadas en el Valle Central quizá el número sea superior a los 350 ejemplares. Lo que depare la investigación en sitios sin alterar será una sorpresa, sea para incrementar el número o para constatar que estos objetos son finitos, que lo que tenemos es lo que hay y que es con esto con lo que tenemos que trabajar.

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¿Dónde están las esferas precolombinas de Costa Rica?

¿Dónde están las esferas de piedra? 
Están en:
• Zonas verdes de instituciones públicas o propiedades privadas.
•Potreros o campos de cultivo en propiedades privadas.
•Cauces de ríos o quebradas.
•Depósitos institucionales (salas de exposición o bodegas).
•Bosques primarios o secundarios.
Ha sido usual ubicar las esferas en espacios abiertos como jardines o zonas de paso
¿En posesión de quienes están?

– Alrededor de un 20% de las esferas – especialmente las de pequeño formato – están en posesión del MNCR; el resto permanece en propiedades  privadas o en instituciones públicas de carácter no patrimonial.

– El espacio más común de ubicación de esferas actualmente son los jardines.

 

•A la fecha menos de 60 esferas se encuentran ubicadas dentro de instalaciones techadas y con temperaturas relativamente controladas.
•Son principalmente esferas de pequeño formato que se guardan en los depósitos de instituciones públicas, especialmente en el Museo Nacional de Costa Rica.
•El resto (más de 220) se encuentra expuesto a la intemperie.
•Salvo los pocos ejemplares que se encuentran in situ (menos de 14), algunas de las cuales están cubiertas por sedimentos, las demás están totalmente expuestas o semi-expuestas.
El abandono y el cuido inadecuado es uno de los mayores problemas que sufren las esferas. La tenencia en propiedades privadas impide el cuido, el mantenimiento y muchas veces la investigación de las mismas.

A la fecha no existe una política nacional definida de cómo se van a gestionar las esferas en su conjunto, ni de cómo se va a gestionar la complicada situación de su tenencia. 

 

 

 

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Las esferas de piedra y los abordajes pseudo-científicos

La especulación y la construcción del misterio como gancho. Estos dos elementos han estado siempre detrás de los relatos pseudo-científicos que rodean ciertas ideas sobre las esferas de piedra del Sur de Costa Rica

Las formas casi perfectas y los tamaños monumentales han llamado la atención de muchas personas alrededor del mundo. Su singularidad ha hecho que se construya una imagen de ellas como objetos misteriosos, cargados de energía o de misticismo.

Esfera precolombina copia

Periodistas, estudiosos de fenómenos para-normales, aficionados a la astronomía y a la astrología, artistas o aventureros se han dedicado a “resolver” lo que consideran un “misterio”. Sin embargo, para resolver dicho misterio pocas veces aceptan la ayuda de la arqueología, porque muchos de ellos rechazan que hayan sido fabricadas por manos indígenas y por lo tanto, rechazan buena parte de los datos arqueológicos.

esfera para encabezado copia

Las propuestas para resolver el misterio de las esferas ha llevado a vincularlas con visitantes extraterrestres –recurso ya gastado en muchos otros campos de la arqueología americana, como las líneas de Nazca –, con la mítica Atlántida, o con “altas civilizaciones” que trajeron el conocimiento y la técnica, o que las dejaron como testimonio de su presencia.

En estas interpretaciones que reniegan del carácter indígena de las esferas hay un trasfondo que se podría interpretar como racista porque ponen en duda la capacidad intelectual y organizativa de las poblaciones autóctonas.

Al cuestionar las capacidades indígenas se abre la vía para buscar explicaciones externas. En el caso de las esferas, no admiten los argumentos que sostienen que estos pueblos fueron capaces de fabricar objetos monumentales usando instrumentos de piedra. Tampoco asimilan que pudieran movilizarlos a través de largas distancias recurriendo únicamente a la fuerza humana, ya que no contaban con vehículos con ruedas ni animales de carga.

Otro problema es que la mayoría de los abordajes pseudo-científicos sobre las esferas se basan en elementos aislados de los registros materiales. Uno de los casos más habituales es recurrir a los alineamientos que se han documentado en Osa de manera aislada. A partir de ellos hacen interpretaciones, bien sea como guías para pueblos navegantes transoceánicos, como señales para viajeros interespaciales, o de lo que sea que pueda vender misterio.

En los enfoques seudocientíficos no existe un real interés por la información del contexto de las esferas; normalmente lo soslayan argumentando la escasez de datos, o que no hubo una necesaria relación entre éstas y los vestigios arqueológicos que se han encontrado junto con ellas.

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Las esferas de piedra de Costa Rica siempre se han encontrado con restos de otros vestigios de origen indígena y de tiempos precolombinos como es el caso del sitio Batambal, en Osa.. No se puede interpretar las esferas sin incorporar estos otros vestigios. Foto: Diego Matarrita.

Al despojar a las esferas de su contexto, las despojan también de su historia y de los vínculos sociales a los que estuvieron sujetas. Con objetos aislados e información parcial crean teorías sin necesidad de demostrar nada porque sus métodos de investigación no responden a los requerimientos de la ciencia.

No contribuyen, por lo tanto, al conocimiento de la Historia Precolombina; su afán se centra en satisfacer las necesidades de un sector que consume misterio, para el que los vestigios de sociedades arqueológicas sólo son materia prima para la ficción y la creación de relatos sobre mundos desaparecidos.

Los mundos desaparecidos no crean vínculos históricos; no crean sentimientos de identidad, ni lazos afectivos con esa gente del pasado de la que se han conservado restos materiales.

Reconocer las capacidades de los pueblos indígenas es parte del reconocimiento de su larga historia. Renegar de ellas es continuar con la colonización y la negación de su larga historia. La pseudo-ciencia no es algo inocente. Tiene un trasfondo ideológico, político y económico. Eso hay que tenerlo claro, muy claro.

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Esferas de piedra precolombinas: información para entenderlas mejor

Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Desde que se documentaron los primeros ejemplares de tamaño monumental en el Delta del Diquís a finales de los años 30 del siglo pasado no han dejado de generar interés científico y admiración por la maestría de su manufactura y acabado de superficie, la abundancia de ejemplares, la variabilidad de tamaños y las llamativas conformaciones de algunos agrupamientos.

Las esferas son una de las muestras más singulares en el uso de escultura pública precolombina; formaron parte de espacios públicos en poblados con estructuras arquitectónicas elevadas mediante rellenos artificiales y fueron objetos recurrentes en determinados asentamientos durante casi un milenio (400 d.C.-1500 d.C.).

La forma de las esferas y el acabado de superficie son producto de la creatividad y el trabajo humano. Aunque hay piedras de forma redonda en otras partes el mundo; las que hay en el Pacífico sur de Costa Rica son resultado del trabajo escultórico indígena.

La larga tradición de su producción y uso las convierten en un elemento de continuidad cultural y de prácticas sociales compartidas en un amplio espacio geográfico. Su producción es una muestra de resolución técnica en el manejo y transformación de rocas de gran volumen en grupos sociales que no utilizaban ni la rueda, ni los animales de tiro ni herramientas de metal pero si de piedra para la talla escultórica. Evidencian formas colectivas de organización de trabajo y constituyen la muestra material de saberes, experiencia, deseos y decisiones sociales.

Las esferas no fueron elementos esporádicos en un paisaje arqueológico, sino figuras recurrentes en los espacios públicos, a veces de manera individual, otras por agrupamientos en distintos asentamientos. Fueron objetos escultóricos fuertemente relacionadas con ejercicios de poder económico (poder hacer-poder tener-poder cuidar) y político-social (poder convencer-poder organizar) en sociedades en las que el uso de imágenes de alto contenido simbólico fue muy importante.

Las esferas en su forma y tamaño denotan maestría técnica en el trabajo escultórico. Como objetos artísticos y medios de comunicación visual son únicas y marcan distancias significativas con otras formas de representaciones precolombinas de la misma época.

Esfera de 210 centímetros de diámetro y cerca de 10 toneladas. Se encuentra en las instalaciones del Colegio de Palmar Norte. Es, junto con otras cuatro, el más claro ejemplo de la monumentalidad de estas esculturas precolombinas. Foto Diego Matarrita.

La producción y uso de esferas no fue un elemento aislado. A lo largo de casi mil años convivieron y fueron producidas para ser usadas y vistas junto con otros objetos escultóricos en asentamientos en los que muchas veces existían plazas y espacios abiertos en los que lucían como esculturas públicas. Los grandes asentamientos llegaron a tener hasta 30 esferas; los pequeños, unos pocos ejemplares. Fueron hechas para el consumo interno, no para el intercambio; de ahí que su circulación y uso haya sido relativamente restringido.

Cuando se empezaron a usar las primeras esferas, que desde entonces ya se fabricaban en tamaños monumentales (167 cm de diámetro) y medianos (100 cm de diámetro), se estaban dando cambios socio-políticos y económicos importantes que sugieren nuevas formas de diferenciación social. Algunas sencillas aldeas empezaron a crecer en tamaño y también empezaron a tener estructuras arquitectónicas diferenciadas. Estas nuevas estructuras fueron construidas con gran esfuerzo, ya que requerían movilizar miles de metros cúbicos de tierra de relleno para elevarlas sobre el terreno, así como cientos de piedras escogidas para elaborar los muros de las mismas para que no colapsaran.

A la vez que se desarrollaba la capacidad técnica para construir elementos arquitectónicos que cambiaban el paisaje natural, había otras expresiones materiales. Algunas fueron de corta duración y de distribución restringida, como los barriles de piedra o la escultura antropomorfa o zoomorfa. Otras, como la cerámica, tuvieron mayor circulación y cambiaron más lentamente sus formas, estilos y acabados.

Las esferas de piedra no fueron los únicos objetos escultóricos que se hicieron en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica. Había una producción muy importante de otras esculturas. Todas ellas formaban parte de un rico y sofisticado mundo simbólico. En la foto: escultura de ser humano con máscara de felino y cabeza trofeo en las manos. Colección Museo Nacional de Costa Rica.

En el Pacífico Sur de Costa Rica se dio una especial producción de objetos de oro y de la aleación oro-cobre que se puede distinguir de la metalurgia de otras partes del continente por sus diseños, concentración de metal y acabados de superficie. Cuando ya las esferas tenían alrededor de 400 años de uso, apareció la metalurgia en la misma región (después del 800 d.C.). Al parecer, la tecnología fue introducida desde los territorios de los actuales países de Colombia y Panamá. Coincidentemente, en la región –especialmente en la península de Osa- existían ricos depósitos de oro que eran lavados y arrastrados por los ríos. Ambas tecnologías fueron desarrolladas conjuntamente y alcanzaron exquisitos niveles de materialización, especialmente en el Delta del Diquís.

Las sociedades indígenas que fabricaron y usaron las esferas pertenecían a los grupos de largo arraigo territorial que habitaban la región desde siglos atrás. Tanto las esferas como otros objetos estuvieron fuertemente vinculados con prácticas sociales relacionadas con el mundo simbólico local. Su uso estuvo circunscrito a la cuenca del Río Grande de Térraba y unos pocos lugares vecinos como Golfito, Uvita y la Isla del Caño. Estos lugares sólo son un segmento del extenso territorio que abarcó la región arqueológica Gran Chiriquí, lo que indica que había diferencias importantes en la producción y uso de elementos simbólicos a nivel local, a pesar de que otros elementos eran compartidos.

Después de casi un milenio de estar vigentes en el Pacífico Sur, en lo que ahora se denomina como “tiempos precolombinos”, pasó un  período cercano a los 430 años (de la conquista a finales de la década de 1930) en los que las esferas y otros materiales asociados estuvieron invisibilizados y “fuera de uso”. En el siglo XVI se produjo el abandono de los asentamientos y la desestructuración general del mundo indígena por la colonización española. A esto se unió la densa cobertura vegetal y la sedimentación depositada sobre asentamientos abandonados antes y después de la conquista. Además, el escaso poblamiento de la región en el período colonial  convirtió a buena parte del territorio en tierra de nadie. No fue hasta que se inició un nuevo proceso de colonización a principios del siglo XX cuando estos objetos volvieron a figurar en un nuevo contexto histórico, social y económico.

Con la llegada de la Compañía Bananera de Costa Rica –el nombre para Costa Rica de la transnacional United Fruit Company– y con la migración de oleadas de campesinos y obreros desde el Valle Central y desde otras partes del país y de Centroamérica hacia el sureste cientos de esferas, junto con otra gran cantidad de objetos arqueológicos iniciaron un camino de integración a la actual sociedad costarricense. Este camino estuvo caracterizado por el expolio, la extracción sin control de sus lugares originarios y por un nuevo valor social y económico como mercancía y como objeto de colección.

Gran parte de las esferas fueron movidas y trasladadas fuera de la región y se convirtieron en adornos y objetos de distinción para una pequeña parte de la población acaudalada. Asimismo pasaron a ser objeto de exhibición en instituciones públicas y privadas. Junto con esta adquisición de nuevo sentido social, se produjo la destrucción sistemática de sus contextos originarios y la dispersión de la cultura material asociada a ellas.

Sólo a principios de la década de 1990 el estado costarricense empezó a tener incidencia en la investigación, conservación, protección y gestión de las esferas precolombinas. Desde entonces se han venido haciendo distintas acciones que han llevado a la toma de conciencia sobre la particularidad de estos objetos y de los sitios arqueológicos a los que están asociadas y el privilegio y responsabilidad colectiva que conllevaba su presencia en el territorio costarricense.

Este cambio de actitud ha estado fuertemente vinculado con el aumento de investigaciones, con los inventarios arqueológicos y con nuevas maneras de entender las sociedades precolombinas del sur de Centroamérica, que ya no eran meros puentes culturales entre las “áreas nucleares” del continente americano (puente entre Mesoamérica y las culturas andinas o sudamericanas), sino focos de desarrollo autóctono con formas sociales, económicas y políticas propias y con manifestaciones materiales locales, aunque también vinculadas con áreas vecinas.

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El drama de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

Inicio este blog con la intención de dar a conocer la situación de las esferas precolombinas de Costa Rica; un patrimonio precolombino único. La idea es crear conciencia sobre la necesidad urgente de llevar a cabo estudios científicos especializados, para entenderlas mejor, conservarlas apropiadamente y ponerlas en valor ante las comunidades locales, del resto del país y del mundo.

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Esferas de piedra precolombinas procedentes del sitio arqueológico Finca 4, Osa.