Categorías
Escultura en piedra Escultura precolombina de la gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas protección del patrimonio arqueológico Trapitos de dominguear

Extraño personaje de piedra con bastones y serpientes

Actualmente tenemos una visión muy simple sobre los especialistas en el mundo indígena. Mucha gente habla sobre chamanes o sukias para referirse a las personas dedicadas a la medicina tradicional y a las labores relacionadas con el mundo espiritual. También se habla de los caciques para designar a quienes ocupan un rol importante en términos políticos y económicos. Sin embargo, el mundo de los especialistas indígenas y sus roles en la organización política, económica y social ha sido, y es, mucho mas compleja de lo que pensamos.

Ayer leí un artículo que escribió la antropóloga María Eugenia Bozzolli donde habla sobre los cargos tradicionales entre los indígenas bribris. El artículo se llama La posición social entre los especialistas en la medicina aborigen de Talamanca y es un interesante texto donde explica los diferentes cargos y su relación con la jerarquía social. Habla sobre los seis tipos de cargos conocidos ( Useköl, Jtösköl, BLu’, Awá, BikakLa, y Óköm), los procesos de aprendizaje por el que pasan para acceder a estos cargos, sus rasgos característicos y cómo se diferencian en sus tareas uno del otro.

Antonio Saldaña (izquierda) fue rey de Talamanca por 30 años.
Antonio Saldaña, último “rey” de Talamanca con un bastón en su mano y un colgante con águilas de oro.

 Un elemento muy relevante de lo que menciona doña María Eugenia es el uso de bastones por algunos de ellos, especialmente los de mayor rango. El uso de bastones es algo universal en términos de la materialización de poder y los especialistas talamanqueños no son la excepción en su uso.

Entre los talamanqueños, los bastones son objetos eminentemente masculinos. Hechos de madera por ellos mismos, muchas veces son pintados y usados como portadores de relatos o de atrapador de seres como los que provocan las enfermedades. Los bastones ayudan a los especialistas en sus prácticas rituales y los acompañan a donde van denotando su cargo.

En el mundo talamanqueño existe un estrecho vínculo entre los bastones que llevan en sus manos los especialistas y las serpientes. Estos objetos no se pueden poner en el suelo porque se convierten en serpientes peligrosas que causan daño. Sobre esto existen varias historias que los etnógrafos, como doña María Eugenia, han recopilado y que son el sustento de la cosmovisiçon bribri y cabécar,

Después de leer el artícuo de doña María Eugenia me acordé de una de las esculturas del Diquís que mas me ha impresionado. Aquí les comparto fotos de ellas.

Esta escultura forma parte de la extraordinaria colección de objetos que resguarda el Museo Nacional de Costa Rica en sus depósitos. No tiene datos de procedencia precisos, pero está registrada como del Diquís.

Su cabeza es redondeada y no tiene pelo. El rostro es una mezcla de humano y de saurio o felino. Tiene grandes y notorios dientes y boca; sus labios son gruesos y están claramente marcados. Probablemente tuvo colmillos pero esa parte de la boca se perdió antiguamente.

Este personaje tiene orejas que son inexpresivas cabezas humanas hechas mediante un prominente alto-relieve.

MNCR-ESC-21364 lado b rec

De su cabeza, en la parte dorsal, y como si fuera una cesta por la larga banda que lo rodea, cuelga un ser humano con los piernas hacia arriba. Las piernas semi-dobladas se apoyan sobre la cabeza del personaje. La cabeza del ser colgado, que es desproporcionadamente grande, se apoya en la espalda del cargador.

Está escultura parece corresponder a un cazador con su presa: una presa humana que cuelga mientras él sostiene los bastones /serpientes en sus manos. Probablemente corresponda a un personaje mítico del que no sabemos nada, porque esta tradición escultórica no tiene un correlato etnográfico.

Esta escultura es muy  singular aparte de sus características formales por otras dos cosas. Una de ellas es que tiene restos de pigmentos de color crema y rojo lo que indica que estuvo pintada. Además, en la parte de la cara que perdió hicieron un retoque para afinar los puntos angulosos de la fractura. Esto indica que la escultura se siguió usando a pesar de “haberse dañado“.

No podemos interpretar esta escultura del Diquís dentro del contexto etnográfico bribri o cabécar de la Cordillera de Talamanca. Sabemos que las cosmovisiones indígenas del sur de Centroamérica tienen un sustrato común y por eso podemos relacionarlas. Es muy probable que esta práctica de uso de bastones y la simbología de las serpientes corresponda a una antigua cosmovisión que los talamanqueños todavía mantienen.

En el delta del Diquís tenemos objetos de piedra que nos recuerdan lo que pudo haber sido esa cosmovisión. Esta escultura es un buen recordatorio y una muestra de la piedra domesticada mediante el trabajo escultórico que nos dice cosas del pasado que nos llegan fragmentadas. Por suerte, doña María Eugenia con su trabajo nos ayuda a entender mejor este pasado.

______________________________________________________________________________

Nota: el artículo que menciono de doña María Eugenia Bozzoli está publicado en el libro: La mirada antropológica de María Eugenia Bozzoli 1960-1985. Editorial UNED. 2015. Este libro contiene diversas publicaciones de ella que fueron recopilados por Olga Echeverría y Margarita Bolaños en un esfuerzo por poner a disposición de todos la obra  de la gran pionera de la antropología de Costa Rica. Los invito a que lo adquieran y disfruten y aprendan del aporte de esta gran señora.
Categorías
Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Escultura en piedra Escultura precolombina de la gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas Información fundamental Patrimonio cultural

Sobre el arte de hacer figuras de piedra entre los bribris

Hace unos meses publiqué en este blog un texto sobre la idea tan arraigada en el sur de Costa Rica de que los indígenas fundían la piedra para fabricar esculturas. Esta idea la comparten indígenas de distintas etnias y campesinos no indígenas, que la han incorporado a su bagaje, quizá de oírla de sus vecinos.

Ayer estaba revisando unos viejos libros y encontré una narración que recopiló la antropóloga MªEugenia Bozzolli en Amubri, un pueblo bribri del Caribe Sur de Costa Rica. El relato lo hizo Albir Morales en 1986. Como me gusta la historia, he decidido transcribirla tal cual está publicada:

                                                                 ***********

MEMORIA DE CÓMO SE HACÍAN FIGURAS DE PIEDRAS

Narrador: Albir Morales (Clan Dojkwak, Amubri), 1986

En aquel tiempo, en Blo’bta, lugar en Alto Lari, había un hueco en la tierra, especie de túnel que se convierte en horno para hacer la materia de hacer figuras. Este sitio estaba por la cabecera del Río Dpari.

Del río se sacaban veinte o treinta piedras y se llevaban a un fuego que se enciende en el horno de tierra. Estas pìedras eran/wiñe/, piedras macho alargadas. Cuando estaban ardiendo se echaban en el agua y se enfriaban. Se volvían a poner al horno.

Cuando esto se había hecho cuatro veces, había ocurrido /ák Wíköl dwö/, había muerto el espíritu de la piedra. Entonces se llevaban a una piedra de moler y se convertían en polvo. Ese polvo se mezclaba con una tierra roja pegajosa que se conseguía en ese lugar. La arcilla era /alaki/ hembra. De la mezcla, se esculpían las figuras. Cuando se estaba haciendo la mezcla, el polvo de piedra, que es azul, cambiaba el color de la arcilla roja y lo enfriaba, dejando la argamasa con un tono grisáceo oscuro o azulado.

Hacer las figuras de esta mezcla se llamaba /iyi wiköl ywöie/, hacer animalitos y otros seres de las historias. Algunas eran /sorkula diököl/, por ejemplo, tigre, gavilán y monos congos.

Tomado de: Tradición Oral Costarricense. ¿1995?. Volumen III, Año III, Nº 3-4: 50. Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, San José.

                                                                           ************

Para nadie es un secreto que el trabajo en piedra precolombina de lo que ahora llamamos Costa Rica es impresionante en términos tecnológicos e iconográficos. En esta parte del mundo no sólo se tallaron esculturas de diversas formas; también se tallaron, a veces de manera exquisita, objetos utilitarios como los metates o piedra de molienda.

Metates Costa Rica
Metates precolombinos finamente esculpidos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Fotos: Diego Matarrita.

Es muy interesante, que los bribris, un pueblo que habita tanto en la estribación Caribe como la del Pacífico de la Cordillera de Talamanca, guarde una historia y conserve una concepción sobre la manera en que se hacían las figuras de piedra.

Piedras con espíritu. Piedras con adscripción de género. Piedras vivas que se transforman. Seres humanos capaces de fundirlas y modelarlas. Es historia oral que es verdad por ser eso: historia transmitida de generación en generación para explicar el mundo y sus cosas.

A través de la investigación arqueológica la información acerca de la fabricación de los objetos escultóricos nos dan otros datos. Sin embargo, la manera en que la gente indígena los entiende y mantiene la memoria acerca de ellos, es tan importante como nuestros resultados. Y es que nuestros resultados son para nosotros, que también necesitamos entenderlos y tener nuestro propio relato.

La piedra y su transformación para crear objetos fue fundamental en el mundo indígena anterior a la introducción del hierro y otros metales duros por los conquistadores europeos. América precolombina tuvo en la piedra el soporte para el mundo doméstico. Igualmente, encontró en la piedra un medio para plasmar un rico y complejo mundo simbólico. La piedra estuvo siempre presente en la vida indígena. Ahora, la piedra es cosa del pasado hasta para los mismos indígenas.

Necesitamos muchas maneras de hacer memoria. No se nos puede olvidar que en gran parte somos seres humanos porque hicimos cosas de piedra.

*************

Este es el enlace del texto anterior sobre la técnica de fundir piedra:

https://ifigeniaquintanilla.com/2014/06/13/acerca-de-la-tecnica-de-suavizar-la-piedra-y-la-escultura-precolombina/

Categorías
Biografías de esferas Escultura en piedra Esferas de piedra precolombinas Información fundamental

Gente que “jala piedras”: cuando el trabajo colectivo y el conocimiento sirven para mover grandes cosas

Desde hace unos meses no he podido escribir nuevos aportes en éste, mi querido blog. Hay momentos en los que las cosas no son como quisiéramos, momentos en los que la vida nos atropella, cuando la enfermedad y la perdida de seres queridos nos llegan de manera brutal, nos rompen el alma y nos sitúan en lugares y estados emocionales “inconocibles“, al decir de mi papá.

No sé si podré volver con el impetú anterior, con los mismos deseos de compartir que animaron la creación de este espacio desde su origen hace mas de un año. Lo intentaré y espero que sea medicina, consuelo y alegría. 

´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´

Gente que “jala piedras”: cuando el trabajo colectivo y el conocimiento sirven para mover grandes cosas

Hace unas semanas me reuní con unos niños que estaban preparando una presentación sobre las esferas de piedra precolombinas para una feria científica. Me hicieron una exposición sobre lo que iban a decir y me entrevistaron como experta en el tema. Los escuché, los interrumpí varias veces y no pude resistirme a preguntarles algunas cosas.

Les pregunté si ellos entendían lo que significaba que una esfera pesara dos, tres, diez y hasta quince toneladas. Les pregunté si sabían lo que era una tonelada, lo que equivalía tener 100, 150 o 250 centímetros de diámetro. Les pregunté si sabían lo duro que era un gabro  o una grano-diorita, y si podían imaginarse lo que era fabricar una esfera casi perfecta usando instrumentos de piedra.

Las pobres criaturas, inspiradas por sus madres para hacer la investigación, se me quedaron mirando con cara de asombro que pasó a ser frustración, posiblemente decepción y, quizá en lo mas profundo de su inocencia pre-adolescente, rabia. No tenía derecho a preguntarles eso. Sé que los presioné. Quizá los forcé a pensar en cosas de la materia difíciles de visualizar. Es posible que me haya excedido en lo que quería transmitirles.

Trate de suavizar mi actitud y quise ayudarlos a pensar. Les dije que algo especial de las esferas precolombinas del sur de Costa Rica era que muchas de ellas pesaban mucho y que  parte de lo maravilloso de estas esculturas era que habían sido trasladadas a través de muchos kilómetros sin ayuda de maquinaria con ruedas, sin caballos, ni bueyes, ni búfalos de agua,  y unas pocas hasta en bote por el mar.

Les expliqué que en el Pacífico Sur, el lugar donde fueron hechas las esferas, llovía mucho; que había muchos ríos, grandes y pequeños; que era montañoso y que trasladar una gran piedra entre la frondosa vegetación debió haber sido una tarea dura que sólo con habilidad, ingenio y trabajo bien organizado se podía hacer.

Ahora que lo veo en perspectiva debí haber parecido una pastora evangélica, una pastora del culto al conocimiento de las esferas de piedra ¡Necesitaban comprender lo que significaba una tonelada en una roca esférica! Tenían que saber la verdad, iluminarse, sorprenderse, caer rendidos ante estos asombrosos objetos.

Hablé solo una vez con estos niños y sus madres. No me llamaron de nuevo y no sé como acabó su trabajo de investigación. Cuando los dejé en la heladería donde nos habíamos reunido y me fui caminando por la calle me entró un sentimiento extraño, pero nada nuevo para mí. Era el sentimiento de no tener respuestas suficientes, de no saber decir ni explicar aspectos fundamentales sobre la gente que hizo y usó  las esferas de piedra.

¿Cómo explicar ese aspecto maravilloso de las esferas de piedra del sur de Costa Rica que tiene que ver con su traslado? ¿Cómo explicarle a gente acostumbrada a grúas, a medios mecánicos, algo que se dio sin que existiera lo que ahora es parte de nuestra vida cotidiana? ¿Cómo hablar de otra gente y de su manera de trabajar y de organizarse en un mundo lleno de máquinas y de artificios? ¿Cómo explicar y convencer si no tenemos talleres de fabricación de esferas documentados, si no tenemos la “fotografía” de la gente transportándolas?

Traslado de una esfera de piedra precolombina en 1999 usando cargadores de gran capacidad y cadenas de acero. Aparte del conductor del cargador y de unos pocos ayudantes, el resto de la gente era mera espectadora del proceso. Era otro tiempo, otra gente, otra tecnología y había otro sentido en este traslado. La única que no había cambiado era la esfera.

Pasaron los días y mientras masticaba mis pensamientos sobre la reunión con los niños encontré una información en Facebook que me iluminó y me dio esperanza en encontrar respuestas a mis inquietudes. En la página del Proyecto Jirondai (https://www.facebook.com/proyectojirondai) se anunciaba una actividad en Amubri, Talamanca. Se trataba de la “jala de la piedra” (Ak kuk, en idioma bribri), una práctica ancestral de traslado de piedras de moler donde participa gran cantidad de gente.

En Costa Rica, “jalar” es un verbo. Se usa de distintas maneras, y la de mover cosas es una de sus acepciones. La gente jala cosas, las mueve a través del uso de la fuerza. Yo puedo jalar algo, pero entre muchos podemos jalar más. En Talamanca, los bribris jalan piedras de manera colectiva, al igual que lo hacen con otras muchas cosas.

La radio La Voz de Talamanca hacía la convocatoria para llevar una vieja piedra de moler hacia sus instalaciones. Me emocioné con la invitación, hice algunos contactos y el 27 de septiembre me fui para Amubri.

Quería ver con mis propios ojos esta práctica tradicional, documentar el proceso y encontrar argumentos para explicar el trabajo colectivo que implicó la fabricación, traslado y uso de las esferas de piedra a través de un pueblo indígena vivo. Fui hasta allá y apenas tuve tiempo para dormir una noche.  Al día siguiente regresé a la casa de mis padres porque mi mamá no se encontraba bien. He tenido que ver el traslado a través de los ojos de la gente del proyecto Jirondai y de mi amigo Ricardo Araya. Es a través de ellos como sé lo que les voy a explicar.

Las piedras que trasladan los bribris son para las mujeres. Son piedras grandes para moler distintas cosas, pero especialmente el maíz que se usa en la preparación de la chicha. Su traslado sigue toda una serie de rituales y actividades que comienzan muchos días antes del traslado propiamente.

Piedra de moler Amubri
La piedra de moler cuando recién llegó a su destino final. ¿Cuánto pesa? ¿200 kilos? ¿250 kilos? Pesa lo suficiente como para requerir toda una inversión de trabajo colectivo. Culminar el proceso de traslado es un logro de todos y todas. Son mas comunidad cada vez que hacen esto y otras cosas colectivas. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

Hay personas que juegan un papel especial porque son quienes organizan el trabajo, hacen las proyecciones de lo que se necesita, convocan a la gente y montan la infraestructura del traslado, entre otras cosas.

Especialistas en el traslado de la piedra de moler copia
Atar bien sin tocar. Atar para cuidar a la piedra y a quienes la transportan. Solo el saber y la experiencia posibilitan que todo vaya bien y se cumpla la tarea. Foto cortesía Ricardo Araya Rojas.

El traslado de estas grandes piedras de moler se hace gracias al trabajo colectivo. El motor que mueve las piedras son los muchos hombros sobre los que se asientan troncos y lianas que sostienen la roca que nadie puede tocar- solo su propietaria, la mujer que escogió la piedra-.

Traslado de piedra de moler Amubri
La organización del trabajo es fundamental en el traslado de la piedra de moler. Ni que decir de la fuerza y de la gran capacidad de física de quienes cargan el peso de la misma. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

No hay bueyes, ni carretas, ni grúas. Solo gente organizada que lo hace de manera muy alegre, que comparte y pone sus hombros.

Traslado de piedra de moler Amubri 2
Hombres y hombros cargando la pesada piedra que se asienta en cuerdas vegetales y en troncos cortados expresamente para soportarla. Foto cortesía de Ricardo Araya Rojas.

Cruzan ríos, suben laderas, caminan entre el lodo y la vegetación tropical.La llevan a su lugar de destino siguiendo la cuerda vegetal guía que lleva la mujer dueña y sus acompañantes.

Jirondai traslado por rio
No hay obstáculos para el traslado de la piedra de moler. La fuerza colectiva supera la naturaleza. Foto cortesía del Proyecto Jirondai.

Hombres y mujeres participan en el traslado. Jóvenes y mayores. Cada uno ocupa el rol que le corresponde. Participar del traslado crea comunidad que a la vez es un requisito indispensable para hacerlo una y otra vez. No hay dinero de por medio, solo trabajo, fuerza, coordinación y experiencia acumulada. Sí, hay chicha -la bebida de maíz que fue molido en otras piedras que vivieron el mismo proceso-. También hay voces, cantos, solidaridad entre la gente; gente que se une para hacer cosas grandes; gente que se une para ser y seguir siendo.

Traslado Jirondai 5 copia
Las mujeres van guiando el traslado de la piedra de moler a través de una liana o cuerda vegetal. Foto cortesía de Proyecto Jirondai.

Todos jalan para el mismo lado, y jalan lo mismo. A veces unos más que otros pero siempre con el mismo objetivo. En este caso jala mas un bejuco, una liana llevada por mujeres, que un bak-hoe o unas cadenas de acero.

Es posible que no vuelva a ver a los niños de la feria científica. Supongo que les habré aportado algo. Ellos a mí mucho. Volvieron a sembrar en mi las ganas de saber más, de buscar nuevas respuestas. En Talamanca puede que estén muchas de ellas. Habrá que ir hacia allá a buscar lo que las esferas y los sitios arqueológicos donde están o estuvieron no me puedan dar.

___________________________________________________________________________

Nota: Aquí pueden ver un pase de diapositivas con fotos del traslado que se hizo el 29 de septiembre. del 2013 Todas son imágenes tomadas por Ricardo Araya Rojas: http://www.youtube.com/watch?v=6XVl1ixTYPI. Le agradezco su gentileza al autorizarme a reproducirlas. Igualmente le agradezco a Luis Porras del proyecto Jirondai la autorización para usar sus fotos y el poco pero enriquecedor tiempo compartido.

Categorías
Escultura en piedra Escultura precolombina de la gran Chiriquí Lo que pienso de ... Trapitos de dominguear

Sobre un milagro indígena en el Sur de Costa Rica

Me pasa muchas veces. Mi cabeza se va para otro lugar mientras leo, veo una película, escucho una canción, o simplemente mientras camino por la calle. Me pasó hace poco cuando estaba leyendo el libro “Orígenes de la Diócesis de San Isidro del General:  Una historia eclesiástica regional 1522-1954” de Claudio Barrantes. Lo sé … el nombre invita a dejarlo y buscar otras cosas mas interesantes, pero no es cosa del libro- que sí es interesante- sino un breve texto que encontré.

Cuando lo leí inmediatamente vino a mi memoria el libro “Arrancad la semilla, fusilad a los niños” de Kenzaburō Ōe, el gran escritor japonés. La historia de los niños huérfanos, la violencia ejercida contra ellos, su lucha y resistencia me dejó impresionada cuando lo leí hace varios años.  Ahora una nota del período colonial referente al sur de Costa Rica me ha hecho volver a este libro, y mas que a este libro, me ha hecho sentir la desagradable sensación que me provoca la violencia del poder que unos ejercen contra otros.

La nota que encontré, y que Claudio resume, hace referencia a un informe que  el fraile Juan de Dios Campos Diez de la orden de los Observantes envió a Tomás de Acosta, Gobernador de Costa Rica, en 1804. Dice Claudio:

“… aprovechó en febrero de 1804 para quejarse al gobernador de que dos indias de aquel pueblo hacían maleficios y practicaban brujerias, y que una de ellas tenía dos piedras, de la redondez y tamaño de un peso fuerte que cuando las soplaba respondían por los acontecimientos futuros.

El mismo reductor decía que habiendo ido hacia la costa del mar halló varios ídolos de piedra en un lugar llamado Draque, de una y dos varas de altura, y que no descansó hasta dejarlos todos desfigurados, no habiendo podido arrojarlos al mar por su mucho peso” .

Es 1804. Habla del Sur de Costa Rica, de Boruca y sus alrededores, y de la parte norte de la península de Osa, de Drake.

MNCR-ESC-CAL-02 DIEGO
“Ídolo” de piedra semejante a los que desfiguró el fraile Campos en Drake, según su informe. Estatua precolombina del Diquís, Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Me imagino la escena: un fraile enfurecido en plena selva golpeando, rompiendo, aniquilando, desterrando la idolatría… cumpliendo su deber. Ataca objetos, bautiza gente, erradica malas prácticas mientras recorre un territorio selvatico, hostil, caliente, lluvioso. Es el poder colonial que todavía lucha por dominar y someter a los pueblos indígenas que han logrado sobrevivir al exterminio.

Se nota frustrado. La Iglesia no logra consolidar su obra civilizadora. No es resistencia guerrera; es resistencia cultural. Los indios  se  resisten; se mueren, se escapan, hacen cosas a escondidas. Los religiosos y los administradores coloniales podían romper o desfigurar objetos, podían prohibir, podían imponer y aun así los indígenas sobrevivieron siendo lo que eran, o siendo algo nuevo, pero no lo que el poder colonial quería.

Ahora que lo veo en perspectiva me doy cuenta que en el Sur de Costa Rica ocurrió un milagro. Hay cinco pueblos indígenas que han superado siglos de violencia, de despojo, de negación. Ahí están. Siguen dando la guerra, peleando por sus derechos, re-inventándose y recuperando su historia.

En el largo camino de dolor, muerte y destrucción del proyecto colonial cristiano y civilizatorio ha ocurrido un milagro, y esto hay que celebrarlo.