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Acerca de la técnica de suavizar la piedra y la escultura precolombina

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Es hermoso este metate, ¿no es cierto?  Es un metate “efigie“, también llamado “piedra tigre” entre la gente de algunas partes de Costa Rica y Panamá.

Es un artefacto usado para moler, para eso su superficie plana y algo cóncava. Se ha dicho que también pudieron servir como asientos, pero no hay nada claro sobre esto.

Es muy característico de la arqueología del sur de Centroamérica, donde se han encontrado como parte de ofrendas funerarias y en contextos domésticos.

Es muy curioso que en esta parte del mundo los indígenas precolombinos fabricaran objetos de piedra para resolver necesidades de su vida cotidiana y ritual a la vez que convirtieran a gran parte de estos objetos en medios para transmitir todo un mundo simbólico.

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En la Costa Rica precolombina destaca la talla de la piedra. Esto es algo compartido en las distintas regiones arqueológicas y compartido también con los vecinos países de Nicaragua y Panamá. 

Existe gran incertidumbre acerca de las técnicas y los instrumentos usados para convertir bloques de piedra en metates o en otras formas. Para mucha gente es muy difícil pensar que los fabricaron usando otros instrumentos de piedra y por la combinación de diversas técnicas escultóricas. Cuesta creerlo, pero así fue.

Cuando la ciencia no da las respuestas apropiadas o cuando el conocimiento científico está muy alejado de la gente, se generan explicaciones propias. En el caso de la escultura en piedra precolombina de Costa Rica existe una creencia entre indígenas y campesinos que sostiene que en tiempos antiguos los indígenas podían suavizar y moldear la piedra.

La capacidad de suavizar la piedra es un pensamiento que está muy arraigado en el Pacífico Sur donde se encuentran gran cantidad de esculturas precolombinas, especialmente las grandes esferas. Algunas personas mayores lo han transmitido a sus descendientes y acompañan la explicación al hallazgo de sustancias de color verde en vasijas encontradas en enterramientos que desaparecían misteriosamente al ver la luz.

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La fabricación de las esferas sigue generando dudas y algunas personas no aceptan que los indígenas hayan sido capaces de haberlas esculpido a partir de rocas propias de la región. Foto: I. Quintanilla

Hace unos meses estuvo de visita en mi casa Doña Margarita, una muy querida amiga indígena de Boruca. Es una señora mayor que ha estado siempre muy involucrada en la recuperación de la cultura tradicional, especialmente de los tejidos de algodón. Hablando y hablando ella me contó lo que su abuelita le había explicado sobre la manera antigua de fundir la piedra y me preguntó lo que yo pensaba.

Lo único que pude decirle fue que hasta ahora no hemos encontrado restos arqueológicos de moldes ni de otras cosas que nos den indicios de que la piedra se fundía. Del oro y del cobre, sí. Pero de piedra, nada.

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Indudablemente, la fundición de metales -oro y cobre- era una técnica conocida y magistralmente dominada en el Diquís. Esto no se puede decir para la piedra, a pesar de que algunos objetos puedan parecer “modelados” mas que tallados a partir de distintos instrumentos de talla.

Le puse el ejemplo de lo grandes que tenían que ser los moldes de las esferas y nos pusimos a imaginar cómo serían. Hasta nos reímos pensando en lo difícil que pudo haber sido moverlos y llevarlos de un lado a otro.

Le expliqué que muchas de las esculturas tenían las cicatrices de los instrumentos que se usaron para hacerlos y que a través de éstas se podía concluir que habían usado masas, martillos, cinceles, punteros, abrasivos y taladros. Le dije que después de hacerlos las alisaron o pulieron y hasta las pintaron. A fin de cuentas, le expliqué que fueron artesanos -muchos de ellos expertos escultores y grandes artistas- quienes hicieron esas esculturas. Que era gente de gran conocimiento y muy trabajadora.

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Escultura singular propia del Diquís. Fabricada en roca arenisca, esta escultura fue hecha usando un tipo de roca muy abundante en la región. Foto: Diego Matarrita.

También le expliqué que las piedras usadas para hacer todas esas esculturas, tanto las esferas como las esculturas de seres humanos y de animales, se encuentran de manera natural en la región y que no se ha visto que hayan cambiado cuando se convirtieron en esculturas.

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Afloramiento de gabro en la Quebrada Olla Cero en Osa. Es la misma roca utilizad para fabricar la mayoría de lase sferas precolombinas, pero en estado natural. Foto: Diego Matarrita.

Doña Margarita y yo conversamos hasta bien entrada la noche sobre esto y otras cosas. Sé que ella entendió y aceptó mi explicación. Sin embargo, también sé otra cosa, y lo entiendo perfectamente: ella siempre va a preferir lo que le dijo su sabia abuelita.

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Lo que pienso de ... Patrimonio cultural Trapitos de dominguear

Piedras con nombre propio

Hace unas semanas escuché a la antropóloga Carmen Murillo decir que el patrimonio no es lo que nombran o identifican los funcionarios de la cultura. Explicaba que el patrimonio es lo que la gente identifica como propio, como algo que le pertenece y que es a la gente a la que hay que escuchar para identificar, proteger y poner en valor eso que llamamos patrimonio cultural.

Muchas veces escuchamos algo y luego ese algo retorna ante una imagen o un recuerdo. Recordé lo que Carmen dijo mientras pensaba en una piedra que siempre he querido estudiar. Es una piedra que llaman “mano de tigre” y que está a la orilla de la carretera que va de Térraba a Boruca, allá en el Sur de Costa Rica.

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Piedra “mano de tigre“.

La piedra “mano de tigre” pasa desapercibida para cualquiera que no sea indígena. Es una piedra relativamente grande, está sola en el camino y no parece haber sido modificada por la acción humana. Sin embargo, esta roca tiene un gran significado para la gente de Térraba y la de Boruca, dos pueblos indígenas distintos étnicamente que han compartido espacio territorial en los últimos 300 años.

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Detalle de la huela de la “mano del tigre”. Foto: I .Quintanilla.

La piedra “mano de tigre” conserva la huella de un tigre. Esta huella no sabemos si fue tallada o si se formó por causas naturales. Lo importante es que las concavidades que conserva han sido interpretadas y dotadas de sentido por dos comunidades indígenas. Por lo tanto tiene un significado especial para ellos en términos de sus identidades y de sus memorias.

Esta piedra constituye un límite territorial no explícito entre Térrabas y Borucas. Estos pueblos han tenido sus diferencias durante los siglos que han tenido que compartir territorio por obligación colonial. Han tenido conflictos, han intercambiado cosas, se han casado entre ellos y han sufrido de la misma manera un proceso violento de colonización occidental. En todo esto hay una piedra que los une, que ambos pueblos reconocen, a pesar de que podría ser una piedra más a la orilla de una carretera.

Mientras escribía este texto leí en Facebook un comentario de Melvin Kamel González Rojas, un gran pintor y movilizador cultural boruca. Ponía Kamel un texto con una foto.

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Piedra “Mamran”. Foto: Kamel González.

Dice Kamel: “Piedra llamada MAMRAN. En este lugar hacía su aparición el espíritu del agua Di^Sujcra a veces como hombre a veces como nutria y a veces como espíritu, nutria y hombre. Aki nace la historia de las MAMRAN hijas del Di^Sujcra. Mitos de nuestro pueblo brunkajc de tiempos precolombinos“.

Es bonito que las piedras tengan nombres. Esto les da identidad, las humaniza y las hace diferentes. Si además de nombre tienen historias y son parte de la memoria pues mucho mejor aun. Son piedras naturales con valor social y eso las convierte en algo muy importante.

Con el ejemplo de estas dos piedras naturales con nombre propio, quisiera volver a lo que planteaba Carmen.

El patrimonio no solo son los bailes, las tradiciones gastronómicas o artesanales, o los objetos que los atestiguan. El patrimonio de un pueblo, además de eso, tiene como base su territorio y el territorio tiene nombres, lugares, piedras, montañas, ríos, cuevas, cielo, estrellas…

Cuidar todo lo que tenga significado social, cultural e histórico -no solo los objetos- debería de ser una tarea fundamental de quienes se ocupan de los temas patrimoniales. Es necesario volver los ojos al territorio, no solo para buscar atractivos turísticos y desarrollar el etnoturismo como se plantea para los pueblos indígenas, sino para revalorizarlo y para que la gente se reconozca y se reconstruya como parte de un pueblo con historia.