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Otra esfera atrapada en el cemento

Esfera del Parque La Merced. San José, Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

El uso de bases de cemento para emplazar las esferas de piedra precolombinas ha sido un recurso usado en distintos  lugares de Costa Rica, especialmente en espacios públicos. En la anterior entrada de mi blog comenté sobre la esfera del parque central de Pérez Zeledón. Hoy les muestro, a través de esta hermosa fotografía de Diego Matarrita, la esfera del Parque La Merced.

Este es un transitado parque de la ciudad de San José. Por aquí caminan y se sientan a conversar, o a esperar, cientos de personas cada día. Para muchos de ellos la esfera es parte del paisaje. Está ahí desde hace muchos años, y su ubicación en el centro del parque la hace visible y reconocible.

La Municipalidad de San José la incrustó en la base piramidal de cemento, le hizo una destacada placa y le puso una iluminación potente para que se viera de noche. No está mal si la comparamos con otras esferas. Sin embargo, sí está mal si la pensamos en lo que fue su contexto original.

Por cierto esta esfera, al igual que otras 150 o más, no tiene identidad. Aparte de que procede de la Zona Sur del país, no hay más datos. Es otra esfera a la que se despojó de su historia, de su gente y de su pasado. Hoy aparenta representar un símbolo; un símbolo vacío que se ha venido rellenando de ideología nacionalista e identitaria.

¿Representan las esferas el ser costarricense? ¿Han marcado nuestra historia? Mucha carga ideológica para unos objetos maltratados, mal cuidados y mal utilizados por quienes en nuestra Costa Rica deciden dónde se coloca cada cosa.

Por lo menos, sigue en marcha una candidatura como patrimonio mundial para un grupo de esferas ubicadas en su lugar original. Es lo de menos, ¿no?

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La madre, su hijo y una esfera: una historia hecha en cemento

Esfera precolombina y escultura de madre con su hijo en brazos de manufactura moderna. Parque central de Pérez Zeledon. foto I . Quintanilla.

Cada vez que iba de San José a San Isidro o seguía camino hacia el Sur veía en un pequeño parque una escultura un poco extraña. En medio de la plazoleta alguien había colocado una escultura de una madre con su hijo en brazos sobre una esfera de piedra precolombina. Era un ensamble extraño que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la ciudad de San Isidro El General.

La escultura de la madre, que parecía hecha en cemento, estaba posada sobre una sólida roca granítica con forma de esfera que había sido hecha por escultores indígenas hace cientos de años… Suena un poco irónico y a la vez violento, pero así lo hicieron.

En el 2011 yo tenía que reunirme con una antropóloga que trabaja en San Isidro y quedamos de vernos en el parque principal de la ciudad. Mientras la esperaba fui a caminar por lo alrededores y para mi sorpresa encontré a la esfera y a la madre.

Habían sido trasladadas desde su rincón, a la orilla de la Carretera Interamericana, y ahora ocupaban una parte muy visible del parque recién remodelado. Las habían separado: la madre seguía mirando a su hijo con amor y la esfera lucía sin su carga anterior.

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Detalle de la esfera y a madre en su nueva ubicación. Foto: I.Quintanilla.

La esfera ahora estaba en posición más alta que la madre; ya no la sostenía. Estaba incrustada sobre una base de cemento -una aborrecible práctica que no deja de repetirse- y mostraba en su parte superior la gran cicatriz que atestigua la incrustación anterior.

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Es de imaginar que pocas personas de las que caminan y se sientan en el parque de San Isidro del General no harán ninguna relación entre el viejo ensamble de la madre-esfera y el nuevo conjunto de madre y esfera sobre anillos circulares de cemento. Mucho menos harán la relación entre la esfera atada a una base innoble y el hecho singular de vivir en el territorio de las singulares y únicas esferas precolombinas. Es muy probable que no se den cuenta siquiera que esa esfera es de origen indígena precolombino, y no una burda replica reciente.

Hoy es 26 de mayo del 2013. Estuve en el parque de San Isidro a principios de octubre del 2011. Ha pasado mucho tiempo y desgraciadamente todavía estoy molesta por lo que vi. Duele reconocer la impotencia. Ver y callar… no me gusta esa opción. Mejor tener un blog y decirlo.

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Una escultura de la Gran Chiriquí en Nueva York y su confusa identidad

Esta escultura es extraordinaria. Supongo que algunos de los lectores de este blog coincidirán conmigo. Es extraña, diferente, y a la vez cercana.
MET

Esta obra, que se exhibe en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York (MET),  ha sido muy admirada porque representa magníficamente el arte precolombino en piedra de América Central. Es un ejemplo de la tradición guerrera y del ritual de las cabezas trofeo, una práctica muy arraigada en la América prehispánica.

De acuerdo con los datos puestos por el MET a disposición de los usuarios on-line, esta escultura perteneció a “The Michael C. Rockefeller Memorial Collection, Bequest of Nelson A. Rockefeller“. Desde 1979 forma parte de  las colecciones del museo.

Hace varios años vi la foto de esta escultura. Me gustó mucho y me llamó la atención el estilo que tenía. También me intrigó que estuviera catalogada por el MET como procedente de la Vertiente Atlántica de Costa Rica.

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Vista dorsal de la escultura exhibida en el Metropolitan Museum of Art de New York. Foto tomada de la colección on-line del Museo.

El año pasado encontré un artículo publicado en 1958 por Jorge Lines – uno de los pioneros de la arqueología pre-académica de Costa Rica – donde habla de esta pieza. Ayer volví a leer este artículo y me pareció necesario recuperarla como parte del acervo escultórico de la región que estudio, que es la Gran Chiriquí. Por eso he decidido dedicarle el texto de hoy.

Según Lines, esta escultura fue encontrada en Cañas Gordas, en 1950. Cañas Gordas es una pequeña localidad ubicada en el límite fronterizo entre Costa Rica y Panamá, en lo que se define como las tierras altas. Se localiza relativamente cerca de San Vito de Coto Brus, en Costa Rica, y de Volcán Barú y Boquete, en Panamá.

Cañas Gordas ubicación copia
La marca roja de Google indica la ubicación de Cañas Gordas. Imagen de Google Maps.

Geográficamente, estamos hablando de un lugar ubicado en la estribación del Pacífico de la cordillera de Talamanca, y no del Caribe Central de Costa Rica.

Lines ofrece poca información sobre la escultura porque lo que le interesa es demostrar la influencia náhuatl en la escultura de Costa Rica, ejemplificada, según él, en el ritual del sacrificio humano. No dice quién la encontró, ni cómo, ni con qué otros objetos. Sí dice que es una escultura “brunka”, pero no del “estilo” Diquís.

Si nos basamos en el artículo de Lines, y a pesar de que los especialistas que la catalogaron para el MET la adscriben al Atlántico, por su origen estaríamos obligados a referirla a la región Gran Chiriquí. Asimismo, por sus características también habría que referirla a esta región, específicamente a la singular y única escultura originada en el sitio Barriles.

Para los que no son expertos en historia de Centroamérica, la Gran Chiriquí es una región cultural concebida desde la arqueología como un espacio donde una serie de grupos humanos compartieron un desarrollo común y toda una serie de elementos culturales y sociales. Abarca parte de la geografía de Costa Rica y de Panamá. Se divide caprichosamente en dos sectores: la sub-región Diquís que corresponde a la parte costarricense, y la de Panamá Oeste, en el lado panameño.

Gran Chiriquí
Mapa de Costa Rica y un sector de Panamá con la ubicación de la región arqueológica Gran Chiriquí. Dibujo: I. Quintanilla,

Viendo en detalle las imágenes de la escultura del MET,  lo que se puede deducir es que está “emparentada” con la tradición escultórica Barriles, sin ser propiamente Barriles: gorro cónico, colgantes, cabeza trofeo y arma en cada mano, individuo erguido, cuerpo redondeado, en bulto y no aplanado como en el Diquís. Sus pies son realistas y se apoya sobre una base cilíndrica, de manera muy semejante a las características esculturas del sitio Barriles.

Foto cortesía de
Escultura de guerrero que sostiene una cabeza trofeo y un hacha en cada mano. Sitio Barriles, Panamá. Foto cortesía de Tomás Mendizabal.

No es el mismo estilo del guerrero decapitado de Barriles, pero posee elementos similares vinculados a la práctica de mostrar cabezas humanas  e instrumentos que sugieren alguna forma de violencia, en este caso un cuchillo o algo semejante.

Tampoco es similar a los hombres con gorro cónico del mismo sitio Barriles, pero tiene ese elemento característico de la escultura masculina de esta parte de América Central. Asimismo, luce colgantes, al igual que los hombres del sitio Barriles.

Escultura sitio Barriles
Escultura antropomorfa a la que le falta la parte inferior del cuerpo. Luce gorro cónico y colgantes. Procede del Sitio Barriles. Se exhibe actualmente en el Museo de Antropología Reina Torres Arauz de Panamá. Foto cortesía de Tomas Mendizabal.

Si alguien me preguntara sobre el período de tiempo en que se podría ubicar la escultura que está en el MET diría que es Aguas Buenas, quizá de la parte final del mismo (300 d.C.- 800 d.C.). En este período son comunes las representaciones de cabezas trofeo y de hombres con emblemas de poder y de violencia. En el período siguiente, pareciera que en lugar de cabezas trofeo y armas, lo que se tiende a representar son prisioneros: hombres vivos que todavía conservan sus cabezas.

Soy de la opinión de que los objetos necesitan tener una identidad. Es muy triste que muchos de ellos la hayan perdido por el saqueo y que hayan circulado por mundos no concebidos originalmente para ellos.

Decir que esta escultura fue hecha en una parte del territorio de la Gran Chiriquí y que forma parte de una rica y expresiva tradición escultórica es importante y necesario. No es para que cobre mayor valor en el mercado de arte; es para entender mejor el mundo precolombino y para recuperar los pedazos de memoria afectados por el huaquerismo y el comercio de antigüedades.

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Enlace para acceder a la fuente de la fotos del MET:

http://www.metmuseum.org/works_of_art/collection_database/arts_of_africa_oceania_and_the_americas/warrior_with_trophy_head/objectview.aspx?page=1&sort=6&sortdir=asc&keyword=sculpture&fp=1&dd1=5&dd2=48&vw=1&collID=48&OID=50005223&vT=1&hi=0&ov=0

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Detalle esférico

Detalle esférico
Esfera precolombina. Facultad de Ciencias Agroalimentarias, UCR. Foto: Diego Matarrita.

Sería egoísta de mi parte no compartir imágenes como ésta, ¿no es cierto? Es un detalle de la esfera que está en la Facultad de Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Costa Rica en San José. La foto la tomó Diego Matarrita.
Sus casi 190 cm de diámetro y su curvatura perfecta nos recuerdan lo magníficas e imponentes que son las esferas precolombinas del Pacífico Sur. Hasta el musgo y los líquenes adheridos a ella se vuelven hermosos.

Esta esfera se encuentre fuera de su contexto original: se ha convertido en una esfera urbana en una ciudad que la ignora. Pero eso no le quita ni un ápice de su belleza y su valor.

 

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Esculturas sin rostro del Diquís

Esculturas sin rostro del Diquís
Escultura fragmentada excavada en el sitio Batambal, Palmar Norte, Osa en el 2011. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto Rodrigo Rubí. Catalogo P-299-Bt-F.E-84.

Una característica singular de algunas esculturas del Diquís es la ausencia de rasgos faciales. En unos casos parece que fueron borrados intencionalmente; en otros que la erosión natural los eliminó. También hay casos donde estos rasgos  no fueron tallados.

Otro elemento singular, además de la ausencia de rasgos faciales, es que todas las esculturas con estas características que he estudiado fueron reutilizadas, a pesar de haberse fragmentado. Esto indica que no eran pre-formas o formas fallidas. Fueron objetos integrados a determinadas prácticas sociales que contrastaban con esculturas finamente acabadas y de rasgos detallados.

Las esculturas sin rasgos faciales no parecen haber sido hechas para un solo uso y un único tiempo. Su permanencia y reutilización debieron haber trascendido a quienes las hicieron y usaron primeramente. Fueron objetos que vivieron distintas vidas y que acumularon distintas historias en su relación con otros objetos y con distinta gente. La ausencia de rasgos faciales  les dio un sentido y un significado a los que apenas estamos acercándonos.

Escultura sin datos de contexto que fue recolectada en el Pacífico Sur de Costa Rica en 1939. Sus rasgos faciales no fueron tallados. Está fragmentada y fue reutilizada en tiempos precolombinos. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Catalogo MNCR-14533.

Hoy puede que estas esculturas sin rostro no califiquen como “obras de arte”, ni sean consideradas atractivas para una exposición museográfica. Sin embargo, lo que les falta las hace tremendamente valiosas. En ellas están plasmados el paso del tiempo y la mano caprichosa del que decidió no tallar los rasgos, o del que la recogió cuando ya los había perdido. Está plasmado un gusto y un sentido estético. También están plasmados sentidos y significados que solo la excavación sistemática y las preguntas bien hechas nos podrán aclarar.

En el sitio Batambal, recientemente excavado por un equipo de investigación del Museo Nacional de Costa Rica, es posible ver con toda certeza que muchas esculturas tuvieron vida después de haberse roto y a pesar de la ausencia de rasgos detallados. Un grupo cercano a 170 fragmentos fueron recogidos en distintos lugares y fueron depositados junto con pequeñas esferas de piedra. Quizá eran objetos de memoria; objetos puestos como un conjunto en un sector de un área empedrada que estaban fuera de la vista y que quedaron enterrados. Fue su destino final. Antes estuvieron en otros lugares y tuvieron otra vida.

Conocer las distintas vidas de un objeto escultórico es una tarea apasionante. En el Diquís, en el Sur de Costa Rica, es posible hacer esto por el rico legado precolombino y por la gran capacidad de la piedra para comunicarnos cosas. Solo queda preguntar, ver, estudiar y dialogar con los objetos.