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Esferas de piedra con dibujos: un poco más allá del trabajo escultórico

Después de una semana plagada de pseudo-ciencia, astrólogos oportunistas y gobiernos locales que pierden el Norte quiero volver a las esferas. Y para volver nada mejor que dar a conocer la singularidad que presentan algunas esferas precolombinas del Diquís: los dibujos o  grabados que tienen en su superficie.

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Desde hace muchos años se exhibe en el Museo Nacional de Costa Rica una esfera que está partida. Antes estaba en uno de los pasillos exteriores y pasaba desapercibida. Ahora está dentro de la Sala de Arqueología junto con otras esferas,  y es más fácil verla y relacionarla con el conjunto, a pesar de que a primera vista no parece similar a las otras.

Esfera fabricada en piedra arenisca con grabados sobre superficie. Colección Museo Nacional de Costa Rica. La esfera procede del Sur del país pero no tiene datos exactos del lugar donde fue encontrada. Foto: Diego Matarrita.

Esta esfera es un caso especial porque es de las pocas que se fabricaron en piedra de tipo arenisca. Hasta la fecha se conocen nueve esferas hechas en este material; un tipo de roca relativamente suave para tallar, pero con el inconveniente de no alcanzar una superficie brillosa. Esta cualidad que sí la tienen el gabro y otras rocas plutónicas usadas en la mayoría de las esferas.

La arenisca no es muy resistente  y, dependiendo de lo homogéneo del material usado, son propensas a romperse. Quizá por eso, y porque es muy dificil encontrar bloques grandes es que se usaron poco en la fabricación de esferas. Esto contrasta con el uso casi exclusivo de este tipo de piedra que se dio en la escultura de tipo antropomorfa o zoomorfa de la misma región.

La esfera del Museo Nacional, además de la singularidad de la materia prima, tiene dibujos. Son grabados profundos, casi se podría decir que son acanaladuras, que oscilan entre 1 y 1.5 cm de ancho y  0.5 cm de profundidad. Su diseño es muy similar al de algunos petroglifos encontrados en la región, con sus líneas, círculos y espirales. Igualmente, es muy similar a otra esfera partida que se encontró en Pilas como parte de los estudios arqueológicos del Proyecto Hidroeléctrico El Diquís en el cantón de Buenos Aires..

Durante mucho tiempo, la esfera del Museo Nacional era la única que se conocía con grabados. Sin embargo, a partir de 1992 cuando empecé el inventario y la documentación detallada de esferas fui encontrando otros ejemplares que suman a la fecha un total de once. Esta cifra es el resultado de la revisión exhaustiva de muchas decenas de esferas. Esferas difíciles de documentar por las condiciones de conservación, ya que la mayoría tiene la superficie cubierta de musgos, líquenes y otros organismos.

Las representaciones de figuras sobre esferas en unos casos se hicieron durante el mismo proceso de alisado y pulido de la superficie de la escultura. En otros fueron hechas posteriormente.

Un caso especial de esfera con grabados hechos como parte del tratamiento de superficie es un ejemplar procedente de las antiguas fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe, en Osa.

Esfera de piedra con figuras grabadas. Hacienda Victoria Palmar Sur. Foto: I. Quintanillla

Actualmente esta esfera se encuentra en los jardines de Hacienda Victoria en Palmar Sur. A diferencia de las profundas acanaladuras de la esfera del Museo, en ésta se usó una técnica más delicada. Fue una combinación de desgaste de la superficie que dejó unas áreas en alto relieve y otras en bajo relieve. Estas diferencias son apenas perceptibles, y la mejor manera de observarlas es a través de los contrastes de luz o por el tacto. También hicieron incisiones que fueron alisadas para dar una imagen de conjunto.

Los grabados de la esfera de Hacienda Victoria ocupan la mitad de la esfera. Esta mitad está demarcada por dos circulos dentro de los cuales hay una figura compuesta de un animal con cara de saurio-lagarto y cuerpo de felino. El cuerpo del felino fue creado a partir de la combinación de alto y bajo relieve. La cara, compuesta por dos espirales y un ojo circular, fue elaborado mediante incisiones.

El motivo representado se encuentra en otros lugares de Costa Rica, como es el caso de uno de los petroglifos del sitio Guayabo de Turrialba. Es interesante que se haya plasmado sobre esta esfera monumental (152 cm de diámetro) un motivo pan-regional.

Dibujo esquematizado que resultó del calco que hice en 1992.

Además de las esferas mencionadas, hay otras con figuras grabadas que parecen haber sido hechas después del tratamiento de superficie vinculado al proceso de manufactura. En general, son grabados hechos con incisiones que fueron alisadas y no el juego de alto y bajo relieve como en la esfera de Hacienda Victoria.

Ejemplos de estos grabados se pueden ver en las dos grandes esferas del sitio Bolas que hoy están en la escuela del pueblo. Es posible que la esfera B de Finca 6 también tenga grabados de este tipo, así como una que hoy está enterrada en el sitio Pejilbaye. En uno de los jardines del Museo Nacional hay otra con leves líneas incisas.

Imagen tomada a mediados de los años sesenta de las esferas de mayor tamaño del Sitio Bolas. Las dos tienen figuras grabadas. Nótese un semicírculo en la esfera de la derecha. Foto tomada por funcionarios del Instituto Geográfico Nacional.
Detalle de figuras grabadas en una esfera del sitio Bolas, Buenos Aires de Puntarenas. Foto: I. Quintanilla

Un caso especial de esferas con grabados se da en el sitio Estero Rey ubicado en San Buena, Osa. Este es un sitio poco estudiado y dentro del grupo de 11 esferas que tiene -un grupo removido, pero que se encuentra en la misma área del sitio arqueológico- hay dos esferas muy interesantes en cuanto a sus grabados. Uno de ellos corresponde al mismo motivo de algunas piezas de oro en forma de mono con la cola enrollada colocada sobre la cabeza y con las manos y patas abiertas. La otra tiene un animal muy realista en altorelieve. Desgraciadamente, dos veces se me ha denegado el acceso a la propiedad -hace unos años entraba sin ningún problema- y no he podido documentar apropiadamente estos elementos.

Extremo plano de un barril o cilindro de piedra procedente de la zona de Coto Brus, Puntarenas. Una de las esferas del Sitio Estero Rey presenta una figura grabada muy parecida a esta.

El hallazgo de las esferas con figuras grabadas muestra una maximización comunicativa de estas esculturas en la que suman la forma, el color, el tamaño, el acabado de superficie y la representación grabada. Es probable que también se haya usado pintura para destacar estas representaciones, lo que dotaría a la esfera de mayor capacidad comunicativa e incrementaría su valor simbólico, pero no se ha encontrado evidencia, por lo que sólo es una hipótesis.

La presencia de figuras grabadas en la superficie de por lo menos 11 ejemplares constituye un nuevo elemento a considerar en el cuido y manejo de las esferas precolombinas del Sur de Costa Rica. El ataque biológico, la erosión y las prácticas de cuido inapropiado pueden llevar a la desaparición de este elemento.

La situación actual de muchas esferas quizá esté haciendo peligrar la conservación no sólo de ellas en términos de forma, sino también de muchos grabados. Es posible que nos estemos perdiendo de unos atributos que enriquecen al trabajo escultórico y de todo un mundo simbólico plasmado en las figuras grabadas.  Tenemos, por lo tanto, una tarea más para apuntar en nuestro compromiso por la investigación, conservación y protección de este patrimonio.

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De astrólogos, gobiernos locales y esferas de piedra

El día de hoy, el periódico La Nación de Costa Rica publicó un extenso reportaje de investigación sobre el “Proyecto Esferas”. Bajo el título “Municipalidad de Osa delega en astrólogo español proyecto de esferas ticas“, el periodista especializado en política nacional Alvaro Murillo, da a conocer de dónde surge la iniciativa del proyecto, su filosofía y, a través de una corta entrevista, da voz a Vicente Cassanya, el astrólogo nombrado embajador y director ejecutivo del proyecto, según decisión de la Municipalidad de Osa.

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/municipio-de-osa-da-a–astrologo-espanol-proyecto-de-esferas-ticas-.aspx

En abril de este año, fui contactada por el Sr. Cassanya a través de Facebook. Intercambiamos mensajes, hablamos dos veces por teléfono, le envié información sobre las esferas y quedamos en hablar personalmente. Su idea era venir a Barcelona o aprovechar un viaje que yo iba a hacer a Madrid para reunirnos. Ni él vino a Barcelona ni yo lo llamé cuando fui a Madrid. Ya no era necesario porque tanto él como yo sabíamos que la solicitud que me hacía de ir como invitada especial del “Proyecto Esferas” no me interesaba.

Las esferas de piedra son patrimonio cultural. No son objetos sin historia, ni pasado. No pueden ser juguetes de los pseudo-científicos ni de aficionados. Foto:: Diego Matarrita

¿Por qué siendo yo especialista en las esferas precolombinas de Costa Rica, autora del libro más reciente sobre el tema, arqueóloga dedicada por casi 20 años a la investigación y  la protección de las esferas, rechacé estar “situada en el lugar que me corresponde” o ser “valorada por mis conocimientos y mi gran experiencia“?

¿Por qué no consideré la propuesta de asesorar al “Proyecto Esferas”? ¿Por qué rechacé un viaje pagado a Costa Rica y me negué a figurar entre un grupo especial de personas que se reunirían entre el 15 y el 20 de octubre en Osa? No es porque sea tonta ni porque no me diera cuenta de que se podía “abrir una gran oportunidad personal”. No. Rechacé vincularme a este proyecto porque el patrimonio arqueológico no puede ser usado como pretexto para negocios que benefician a unos cuantos ni para construir imágenes públicas de personajes “pseudo-altruistas” con fines neo-coloniales.

Las conversaciones con el Sr. Cassanya y la revisión del material que poco poco fue poniendo en la web del “Proyecto Esferas” me dieron absoluta certeza de que estaba tratando con un vendedor. No era un filántropo ni una persona de gran consciencia social o ambiental. Lo suyo era el negocio y la venta de imagen. Ahí no había sustancia. No había ningún ideal de investigar, proteger, conservar o poner en valor las esferas como patrimonio cultural. Al contrario: sus opiniones me parecieron desde el principio dañinas, nocivas y muy perjudiciales. Percibí que este proyecto traería división, desconfianza y que debilitaría los frágiles procesos que se estaban construyendo en la región a partir del patrimonio arqueológico.

No quise participar de una iniciativa con un discurso altruista, porque inmediatamente descubrí que tenía un trasfondo económico dudoso. Dudoso en el sentido de que el objetivo era llevar gran cantidad de gente a la región, independientemente de si esto era pertinente o no, de si estaban las condiciones de infraestructura para recibir cientos de personas en los frágiles sitios arqueológicos de la región.

Tampoco quise ser participe de una iniciativa que salía de la nada. Un proyecto que ignoraba a una institución vital en la gestión del patrimonio arqueológico del país, como lo es el Museo Nacional. Ante la pregunta de si el Museo Nacional estaba participando, la respuesta del Sr. Cassanya fue que luego los contactarían.

No podía entender que la Municipalidad de Osa estuviera impulsando una iniciativa con un extraño, y que su socio en la protección del patrimonio arqueológico desde principios de los años noventa- el Museo Nacional- no estuviera siendo informado. Esto era inexplicable, especialmente porque en ninguna otra parte de Costa Rica, el Museo Nacional se ha volcado tanto con la comunidad como en Osa. Son muchos años de trabajo y no calzaba en mi cabeza el que estuviera en camino una iniciativa orientada al “desarrollo de Osa” y a dar a conocer las esferas al mundo, y que la principal institución del país no fuera un actor principal en esto.

Tampoco me pareció acertado que se fuera a impulsar una visión sobre las esferas patrimoniales donde todos los puntos de vista tenían igual valor. Esto era pseudo-ciencia en acción. No proponían un enfoque científico. Al contrario; lo científico constituía un problema porque limitaba las visiones “abiertas” que acompañan al proyecto. Tampoco tenía nada que ver con la gestión integral del patrimonio arqueológico y el buen uso del conocimiento científico.

En las últimas semanas el Sr. Cassanaya y asociados han iniciado una fuerte campaña de mercadeo para construir imagen pública y vender el “Proyecto Esferas”. Las fotos del Señor Cassanya entregando donaciones por el dinero recolectado en un baile,  o de niños agradeciéndoles sus aportes recuerda las viejas imágenes de personajes coloniales que necesitan un pueblo pobre donde esparcir su “filantropía”.

El Sur de Costa Rica ya fue república bananera por mucho tiempo. No es justo ahora que un gobierno local – un alcalde – someta a un pueblo a un trato indigno promoviendo el personalismo y las imágenes de millonarios, aristócratas y oportunistas paseando por la región como si de un desembarco colonial se tratara, posando para revistas superficiales y usando la pobreza de la región como escenario.

Tampoco es justo que vengan ahora a decir que les interesan las esferas y que están preocupados por su estado de conservación. Discursos vacíos, sin contenido y oportunismo puro. No sé quienes serán los beneficiarios de este proyecto, pero seguro que no será el patrimonio arqueológico de Costa Rica ni las comunidades locales, indígenas incluidos.

Otros enlaces de interés:

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/Vicente-Cassanya—Hay-gente-en-Costa-Rica-que-se-cree-duena-de-las-esferas-.aspx

http://www.nacion.com/2012-07-23/ElPais/brochazos-de–glamour–en–puente-del-terraba.aspx

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Esferas de piedra precolombinas Información fundamental

Lo que define a las esferas precolombinas: La forma, la textura, el color y el volumen

¿Qué define a las esferas precolombinas del Pacífico Sur de Costa Rica? Cuando me han hecho esta pregunta  insisto siempre en que no sólo las define la forma -que sean esferas casi perfectas-, sino también la suma de la simetría, el color, la textura y el volumen que caracteriza a cada una de ellas.

Esfera precolombina copia
La forma esférica es determinante y diferenciadora, pero no es el único atributo de estas esculturas precolombinas. El tratamiento de superficie, el color de la roca y el volumen también son fundamentales. Esfera colocada actualmente en la Municipalida dde Osa. Foto: Diego Matarrita.

No es lo mismo una esfera pequeña de 20 centímetros de diámetro y 4 kilos de peso, sin pulir, que una esfera de 210 centímetros de diámetro, 9 toneladas de peso y con una superficie alisada, o casi pulida. Aunque las dos hayan sido fabricadas en gabro o en otro tipo de roca, y aunque tengan la misma forma, lo que marca la diferencia es el grado de simetría, el volumen, la textura que haya adquirido por el tratamiento de superficie y el color que refleje por el impacto de la luz proyectada sobre su superficie.

Esfera monumental con superficie irregular que oscila entre el pulido y el alisado y con huellas de los instrumentos de talla..Foto. Diego Matarrita

Los elementos que definen y que hace que sean distintas entre ellas señalan diferencias en cuanto al trabajo invertido en su fabricación; diferencias en cuanto a tiempo dedicado a preparar sus superficies para obtener una textura fina, y diferencias en cuanto a los medios requeridos para transportarlas y ubicarlas en sus emplazamientos finales. Todas estas diferencias obedecen a criterios económicos y sociales, más allá del valor simbólico o significado que hayan tenido.

Detalle de una esfera precolombina de gabro. Foto: Diego Matarrita.

Es posible que el valor social de estas esculturas haya estado determinado por la suma de sus cualidades (simetría, materia prima, tamaño, color, textura). Estas cualidades, unidas al lugar donde fueron usadas y a las prácticas sociales de las que formaron parte, marcaron las diferencias entre ellas y entre las distintas comunidades que las poseían.

Esfera UCR Diego 3
Esfera monumental con cerca de 190 cm de diámetro. Foto: Diego Matarrita.

Es importante recordar que las diferencias que muestran entre sí las esferas son un claro indicio de que no todas se usaron igual, ni tuvieron el mismo valor social, ni el mismo valor de producción, tampoco el mismo valor simbólico.

A la fecha sabemos que se fabricaron más de trescientas esferas y que fueron usadas en por lo menos 56 comunidades. Algunas de estas comunidades eran sencillos poblados de pocos habitantes; otras, grandes aldeas con cientos de personas. Los espacios donde fueron colocadas también eran distintos, así como la percepción de cada una de ellas de manera individual, o como parte de un grupo de esculturas.

Esferas de Bahía Ballena en agosto del 2010
Esferas movidas de su  lugar original y ahora  situadas en  Bahía Ballena, Uvita. Algunos conjuntos de esferas pudieron lucir así, aunque quizá estuvieron mejor cuidadas que en la actualidad. Foto: I. Quintanilla.

Hubo otros elementos que marcaron las diferencias entre las esferas que escapan a nuestro conocimiento. No sabemos cuál fue la primera que se hizo, ni la que se colocó en un espacio de especial relevancia, ni la que hizo el gran escultor cuyo nombre desconocemos, ni la que se mandó a hacer para celebrar el acontecimiento no conservado en la memoria actual…

Esferas del sitio Bolas en una imagen de los años 60’s, cuando todavía no habían sido trasladadas a la escuela del pueblo. Estas son algunas de las mas antiguas.

A lo largo de los casi mil años en que fueron fabricadas y usadas las esferas cambiaron su sentido y significado. Todavía hoy siguen cambiando y generando nuevas formas de valor (identitario, de prestigio, de exhibición personal, de creación de sentidos de pertenencia, entre otros).

Hoy, al igual que pudo haber sucedido siglos atrás, se aprecian más y se les da mayor valor y relevancia a las grandes esferas, a las que están completas y con las texturas más finas. Las rotas o deterioradas, las pequeñas o poco simétricas no salen en las fotos, y nadie posa junto a ellas. Sin embargo, en cada una hay un valor más allá de lo estético y de nuestras subjetividad; un valor que radica en haber sido hechas, en ser parte de una expresión singular y en materializar una historia de vida que continúa hasta nuestros días.

Muchas cosas definen a las esferas precolombinas. Hoy las sigue definiendo nuestra mirada.

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Esferas de piedra precolombinas Información fundamental

Caprichos de la naturaleza y decisiones humanas: lo que marca la diferencia entre las esferas de piedra

A lo largo de los años que llevo dedicada al estudio de las esferas de piedra de Costa Rica ha sido una constante que me pregunten sobre la relación que hay entre las esferas precolombinas y otras rocas esféricas que se han encontrado en diversas partes del mundo.

En general, respondo que la gran mayoría de las rocas de forma esférica, o casi esférica, encontradas fuera del Pacífico Sur de Costa Rica son de origen natural. Las esferas de origen precolombino del Diquís -el Pacífico Sur de Costa Rica- son de fabricación humana y  fueron hechas mediante el trabajo escultórico.

Las esferas precolombinas, especialmente las de tamaño monumental, son muy simétricas, tienen superficies lisas y lustrosas. Estas calidades se obtienen a través del trabajo escultórico. Foto: Diego Matarrita.

Además, insisto mucho en el hecho de que en ningún otro lugar se encuentran tantas esculturas esféricas (más de 300), como en esta parte del mundo, tan simétricas y con superficies alisadas, pulidas y, en algunos casos, con figuras grabadas.

En otros lugares como en Izapa o San Lorenzo-Tenochtitlán en México hay una, dos, tres o unas pocas rocas redondeadas junto con restos arqueológicos, pero no son esculturas esféricas con las características que tienen las del Sur de Costa Rica. Éstas no sólo fueron talladas, sino también tratadas para conseguir texturas suaves y brillosas. Esto no lo tienen las rocas redondeadas de otros sitios arqueológicos, salvo que hayan sido pulidas por el uso como manos de moler, pero esto no es trabajo escultórico

Canto rodado muy pulido por el arrastre en el río y por su uso posterior como mano de moler. Es una piedra redondeada, pero no es una escultura.

Y este hecho marca una diferencia fundamental, ya que una cosa es una forma que se origina por fenómenos de la naturaleza y otra muy diferente es la que resulta de la creación humana, del proceso de abstracción y de la aplicación de conocimientos y técnicas y de gran inversión de trabajo para materializar una forma concebida mentalmente.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. 1:10 cm de diámetro aproximadamente. Foto: I. Quintanilla, 2008

Puede que un pueblo haya decidido aprovechar una forma natural, rendirle culto, usarla en sus prácticas rituales o ceremoniales o como instrumento de trabajo. Sin embargo esto es muy diferente  a que un pueblo haya fabricado, destinado recursos, creado espacios y mantenido determinadas prácticas rituales o simbólicas en objetos producidos socialmente, como en el caso del Diquís.

Lo que marca la diferencia entre lo natural y lo cultural es la intencionalidad y la capacidad de crear, cuidar y mantener a través del tiempo objetos producidos por la colectividad. Por eso los esferoides naturales no pueden ser comparados, ni estudiados ni entendidos de la misma manera que las esferas de origen cultural.

Esferas naturales

Hay causas naturales que pueden llevar a la formación de rocas esféricas o semi-esféricas. La más común de ellas es la que provoca el desgaste por abrasión, específicamente por la fricción entre rocas arrastradas por el agua en zonas de fuerte pendiente. Esto sucede con bloques rocosos desprendidos de afloramientos ubicados en las partes altas de las montañas, los cuales tienden a redondearse por la fricción que genera la fuerza del agua, el roce entre rocas y el arrastre a lo largo de muchos kilómetros. Ejemplo de esto son muchos de los cantos rodados que se encuentran a lo largo del cauce del Río Grande de Térraba, o sus afluentes en el Pacífico Sur de Costa Rica. Sin embargo, pocas rocas adquieren una forma esférica perfecta por este proceso.

Diversos cantos rodados a la orilla de un río. Destaca la roca casi esférica de material gabroide, el mismo usado para hacer las esferas.

Otra causa que lleva a que algunas rocas tiendan a redondearse tiene que ver con los procesos de exfoliación, especialmente en rocas graníticas o gabroides. La perdida de capas concoidales debido a factores físico-químicos producidos por cambios de temperatura y la exposición al ambiente puede provocar que bloques expuestos a la superficie por la erosión o por levantamientos de la corteza terrestre se redondeen. Esto se puede observar en laderas y piedemonte de zonas con afloramientos de rocas intrusivas en distintas regiones del mundo. Pero, al igual que en el caso anterior siempre quedan irregularidades en la roca y no son esferas perfectas.

Roca redondeada en el lecho de la Quebrada Olla Cero, Osa. Esta quebrada posiblemente fue un lugar de aprovechamiento de materia prima para fabricar las esferas de gabro precolombinas. Foto: I. Quintanilla.

Los huevos fosilizados son otro caso de rocas de forma esférica o semiesférica. Hay ejemplares de este tipo en yacimientos paleontológicos de España, China y Argentina, pero son pequeños. Aquí la sustitución de la materia orgánica por minerales provoca que se conserven los huevos con su forma casi intacta.

Uno de los casos más llamativos de esferoides naturales son las grandes rocas hallados en distintos puntos del planeta como es el caso de los hallados en la Sierra de Ameca, en el estado de Jalisco, Norte de México, donde se han encontrado varias decenas de ellas con diámetros que oscilan entre unos pocos centímetros y los tres metros. En otros lugares hay casos similares que tienen su origen en fenómenos geológicos de millones de años de antigüedad. Algunos de ellos han salido a la luz por procesos de erosión y generalmente no tienen ninguna asociación de restos culturales, salvo en caso de aprovechamiento humano del mismo espacio donde afloran estos restos.

Uno de mis esferoides naturales preferidos son los llamados “Moeraki boulders”. Estos se encuentran en South Island, en Nueva Zelanda, en una playa en la que han ido quedando expuestos por la erosión marina. Son un gran atractivo turístico y cientos de turistas visitan la playa y se fotografían junto a las emergentes formas redondas.

Conjunto de esferoides naturales conocidos como Moeraki boulders de Nueva Zelanda. Su superficie craquelada y sus fisuras corresponden a procesos naturales. Su exposición es producto de la erosión marina. Foto: Dani Tebé.

Esferas naturales vs. esferas culturales: diferencias en cuanto a cuido y manejo

Al principio de esta entrada decía que no había relación entre las esferas naturales y las de origen cultural producidas en tiempos precolombinos en el Sur de Costa Rica, ya que sus orígenes eran muy distintos. En vista de que hay una tendencia a agrupar a las esferas de piedra como si fueran un mismo fenómeno sean naturales o culturales quisiera llamar la atención sobre un aspecto muy importante: las esferas según sea su origen y características se estudian y se manejan de manera muy distinta.

La esferas precolombinas de Costa Rica son patrimonio arqueológico, patrimonio cultural. No se pueden vender, ni comprar; no pueden ser trasladadas sin permiso oficial y requieren de toda un serie de tratamientos para conservar y proteger las características de las que fueron dotadas por quienes las hicieron y usaron. Tampoco pueden ser entendidas en sí mismas sino como parte de un conjunto de objetos y elementos culturales asociados entre ellos.

Las esferas o esferoides naturales son diferentes. Si están en áreas protegidas naturales posiblemente su uso estará regulado; si no tienen ninguna protección como patrimonio geológico (una categoría que se aplica en pocos lugares del mundo) están expuestas a la venta y al uso no regulado.

En el caso concreto de las esferas precolombinas de Costa Rica éstas hablan de la tecnología, de la organización del trabajo, de las prácticas sociales y rituales, de la producción de objetos, de la ideología y del mundo simbólico de unas sociedades concretas. Hablan de gente, específicamente de poblaciones indígenas que vivieron en el Pacífico Sur de Costa Rica entre el 400 d.C. hasta la conquista española en el siglo XVI.

Las esferas naturales nos hablan de la naturaleza y sus caprichos y de procesos de formación geológica que sucedieron millones de años atrás. En este caso hablamos de la Geología y sus ramas; no de Arqueología ni de Historia. Por lo tanto, aunque nos puedan gustar las esferas de piedra como forma materializada es inconveniente darles el mismo valor social a unas que a otras.

Detalle de un Moeroaki Boulder y su uso turístico. Es muy distinto este tipo de rocas naturales a las esferas de Costa Rica que son patrimonio arqueológico. Foto Dani Tebé.

Referencias:

Quintanilla, I.(2004). Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología. Trabajo de especialización profesional. Programa de doctorado en Arqueología Prehistórica. España: Universidad Autónoma de Barcelona.

Quintanilla, I. (2007). Esferas precolombinas de Costa Rica/ Pre-Columbian Spheres of Costa Rica. San José: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

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De extraños personajes y sus historias: Sam Green y las esferas de piedra

Samuel Adams Green murió el 4 de marzo del 2011. Su muerte fue reseñada en varios medios de Estados Unidos. El New York Times  tituló su obituario “A Collector of People Along With Art” (Un coleccionista de gente,  y además de arte). Pero ¿quién era Sam Green y qué relación tuvo con las esferas de piedra de Costa Rica?

Samuel Green fue un personaje importante, pero secundario, de la vanguardia artística de Nueva York de los años sesenta y setenta. Fue amigo cercano y confidente de Andy Warhool, Greta Garbo y Yoko Ono, entre otros famosos. Después de una vida intensa rodeado de ricos y famosos decidió dedicarse a preservar sitios sagrados en distintas partes del mundo. En 1997 creó la Landmarks Foundation, organización que lo trajo a Costa Rica en 1998 por su interés en las esferas de piedra.

Conocí a Sam Green en 1998 cuando estaba a punto de dejar mi trabajo en el Museo Nacional de Costa Rica. En esos días estaba muy cansada y enojada con todo. La directora del Museo, Melania Ortiz, estaba encantada con el caballero norteamericano, que había venido a Costa Rica a promocionar la idea de retornar esferas a su lugar original. El Sr. Green le había ofrecido colaborar con el Museo en la repatriación de esferas a Osa. A nadie se le había ocurrido eso; se hablaba de la conveniencia de hacerlo pero no se concretaba en nada. Él la convenció y un año después, en octubre de 1999, un grupo de ocho esferas estaban siendo reinstaladas en distintos puntos del cantón de Osa.

Mi primera cita con Sam Green no fue muy productiva. Al principio no entendí que era lo que quería, no entendía cuál era el objetivo de su Landmarks Foundation, no sabía de dónde salía ni a que venía. Me hablaron de su relación con Andy Warhol, del Pop Art, de su experiencia como curador de colecciones de arte, de sus buenas relaciones con gente del “jet set”. Pero yo, persona poco dada a que me impresionen las personas famosas, no tenía nada que decirle aparte de la importancia de continuar con las investigaciones arqueológicas y de conservar los sitios con esferas. Mi pobre inglés no ayudo mucho y mis ganas de dejar todo, de romper con el Museo tampoco ayudaron. Sin embargo, en octubre de 1999, cuando se concretó el traslado de las ocho esferas ahí estaba yo, colaborando con el Museo, trasladada desde Washington D. C. a Costa Rica, gracias a la generosidad del Sr. Green.

Nos encontramos de nuevo en Palmar Sur durante los actos del traslado de las esferas el 18 de octubre de 1999. Casi que no cruzamos palabra. No sé por qué no me gustaba; tampoco yo le gustaba a él acostumbrado a Yoko Ono, Greta Garbo y otras señoras de renombre y dinero. Sin embargo, ahí estábamos compartiendo la alegría del retorno de las esferas. Pasaron los años y  no supe nada más de él hasta que en el 2007 encontré su nombre en un documento guardado en los archivos del Museo Nacional.

Su nombre estaba en un cruce de correspondencia entre la Embajada de Costa Rica en Washington y la Junta Administrativa del Museo nacional de Costa Rica en agosto de 1974. La embajada reclamaba y pedía cuentas por una esfera que al parecer les iban a enviar para colocar en su sede y que todavía no había llegado.

En el cruce de preguntas salió a relucir el traslado, en 1971, de tres esferas hacia los Estados Unidos de América (USA) gracias a la negociación que hizo Sam Green ante la Junta Administrativa del Museo, con auspicio de la Embajada de Costa Rica en Washington. Dos de estas esferas estaban destinadas al Fairmount Park Asosociation de Filadelfia, Pensilvania; un importante parque público especializado en escultura pública al aire libre. La tercera estaba destinada a la Embajada de Costa Rica.

Imagen de una de las esferas trasladadas a Filadelfia y exhibidas en Fairmount Park. Imagen tomada de: http://www.google.es/imgres?q=fairmount+park+international+sculpture+garden&um=1&hl=es&sa=N&biw=1272&bih=583&tbm=isch&tbnid=yVPISIs5jl4FfM:&imgrefurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%26g/fairmoun/fair1.shtml&docid=fY3FB9Apr9zGfM&itg=1&imgurl=http://www.sculpture.org/documents/parksdir/p%2526g/fairmoun/images/fair1.jpg&w=324&h=199&ei=2mzwT6r8BYu08QPoyrGYDQ&zoom=1&iact=hc&vpx=97&vpy=292&dur=649&hovh=159&hovw=259&tx=146&ty=72&sig=104258392749681381903&page=1&tbnh=106&tbnw=173&start=0&ndsp=19&ved=1t:429,r:7,s:0,i:94

Según la documentación, las tres esferas salieron con licencia de exportación con fecha del 10 de febrero de 1971 y el permiso le fue otorgado a Sam Green como representante de Fairmount Park. El argumento de la autorización dada por la Junta Administrativa del Museo Nacional  era que “las mismas se encuentran suficientemente representadas en las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica”. La institución recibió US $1.000 como donación. Según otra documentación, se pagaron US $1.500 por gastos de mano de obra para remover las esferas.

Aunque la información es escueta, se puede inferir que las esferas salieron de Palmar Sur, vía Golfito y en barco. La más grande media 66 pulgadas (167.64 cm de diámetro), la segunda 56 pulgadas (142.24 cm de diámetro) y la tercera 32 pulgadas (81.28 cms de diámetro). No hay datos sobre el lugar específico del que las extrajeron, ni de quienes fueron los encargados de seleccionarlas y de ponerlas camino a USA. Las dos de mayor tamaño pasaron a ser propiedad de Fairmount Park y la otra está en posesión de la Embajada de Costa Rica en Washington.

Esfera de la Embajada de Costa Rica en Washington. Imagen tomada de : http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6d/Esfera_precolombina_Embajada_de_Costa_Rica_en_Washington.JPG

Las tres esferas salieron con beneplácito intitucional y con el visto bueno no sólo del Museo Nacional sino también del Ministerio de Relaciones Exteriores y del recién estrenado Ministerio de Cultura. Hoy día las tres están fuera del país y sólo la de la Embajada de Costa Rica está en exhibición. Las de Fairmont Park están guardadas por procesos de reforma en el parque, según informa el bloguero Don Barker (http://marylandgis.blogspot.com.es/2012/06/philadelphias-phantom-sculpture-garden.html) .

Sam Green ha muerto. De sus ideas de repatriación de esferas quedaron siete esferas en el parque de Palmar Sur y una en la Municipalidad de Osa. Fueron esferas cedidas por la Caja Costarricense de Seguro Social, por el ex-Presidente de la República Rodrigo Carazo, por el coleccionista Alfonso Jiménez y por el mismo Museo Nacional de Costa Rica. En sus planes no parece haber estado el retorno de las de Fairmount Park, de las que no recuerdo que haya hecho mención. Aun así su aporte fue importante, y aunque en la memoria quedará como un acto institucional del Museo Nacional, su idea y su impulso fueron fundamentales para que la Directora General del Museo Nacional -Melania Ortiz- llevara adelante un acto que no se había dado nunca: el retorno de esferas al Sur; un hecho que dejaba atrás décadas de expolio y de arrogancia institucional.

Momento en que se bajaba del cargador la esfera que luce hoy día la Municipalidad de Osa. Octubre de 1999.

El momento del retorno de las esferas fue muy emotivo y se celebró con gran algarabía. Las esferas fueron recibidas por escolares, por bandas de música y por los dirigentes locales. Hubo desfiles, visitas a Finca 6, discursos y muchas palabras de agradecimiento.  Fueron días de alegría y de satisfacción. Días de celebración que marcaban un nuevo rumbo en el manejo del patrimonio arqueológico del país: el Museo Nacional cedía a una comunidad local una parte de su patrimonio y esto era nuevo y casi revolucionario dentro de las políticas centralizadoras estatales.

Estudiantes de Ciudad Cortés posando con la recién instalada esfera de la Municipalidad de Osa. 18 de octubre. de 1999.

Nunca volví a ver a Sam Green y no puedo saber qué fue lo que representó para él esta repatriación, a pesar de que había sido un  “exportador de esferas”.

Enlaces de interés:

Obituarios de Sam Green:

http://www.nytimes.com/2011/04/07/fashion/07GREEN.html?pagewanted=all

http://warholstars.org/sam_green_obituary.html