Categorías
Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas Información fundamental Lo que pienso de ... Sitios con esferas como patrimonio mundial

UNESCO, esferas de piedra de Costa Rica y patrimonio mundial

Recientemente, la Presidenta de la República de Costa Rica, Doña Laura Chinchilla, mantuvo una reunión con la Directora General de la UNESCO para ratificar el interés del gobierno para que “las esferas de piedra sean declaradas patrimonio mundial”. Al leer lo que publicaron algunos medios de comunicación como La Nación, La Extra o la web de Amelia Rueda queda la impresión de que está dependiendo de UNESCO que se le otorgue a las esferas precolombinas este reconocimiento.

Esta es una verdad a medias, porque efectivamente es la UNESCO la que otorga la declaratoria a través de su Comité de Patrimonio Mundial, pero es responsabilidad de cada país presentar un expediente de candidatura, el que será evaluado en distintas instancias de esta organización internacional y otros organismos colaboradores. A la fecha, nuestro país no ha presentado ningún expediente, así que no se puede esperar ninguna aprobación sin antes cumplir con el proceso.

Hasta ahora, la UNESCO ha otorgado 936 declaratorias como patrimonio mundial. De éstas,183 son patrimonio natural, 725 son patrimonio cultural y 28 son patrimonio mixto (cultural-natural) (http://whc.unesco.org/en/list/).

Costa Rica posee tres declaratorias en patrimonio natural (Isla del Coco, Parque Internacional La Amistad y Parque Nacional Guanacaste). También recibió el reconocimiento como patrimonio inmaterial de la humanidad la práctica del boyeo y la carreta. Esto indica que ya existe experiencia previa, y que salvo la candidatura del Parque Nacional Corcovado que fue rechazada, las otras postulaciones han sido exitosas. Tan exitosas que en ningún caso ha entrado en la lista de patrimonio en peligro, una categoría a la que caen los bienes declarados patrimonio mundial que no cumplen con los compromisos adquiridos.

Volviendo al tema de las esferas, me sorprende la poca claridad con que se ha venido manejando la información sobre la candidatura. A ciencia cierta casi nadie – ni a nivel político, ni de la administración pública, mucho menos el ciudadano común- parece conocer qué es lo que Costa Rica está proponiendo a UNESCO. Tampoco parece estar muy claro qué es lo que hay que hacer para cumplir con los requerimientos de una candidatura como esta.

En el 2001 nuestro país incluyó en la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial el proyecto “Plenitud bajo el cielo: el parque arqueológico de las esferas de piedra precolombinas”. La inclusión en esta lista fue el primer paso del proceso de candidatura. Lo que venía a continuación era preparar el expediente de candidatura para presentarlo al Comité del Patrimonio Mundial.

Desde que se incluyó la candidatura en la Lista Tentativa del Centro de Patrimonio Mundial de UNESCO hace más de 10 años el planteamiento ha cambiado tres veces. Primero fue “Plenitud Bajo el cielo: Parque arqueológico de esferas precolombinas”. Esta propuesta no atendía a los principios fundamentales de integridad y autenticidad por lo que fue necesario replantearla.

La segunda propuesta fue la de enfocar la candidatura bajo el concepto de Paisaje Cultural por recomendación del Centro de Patrimonio Mundial. Se propuso entonces el “Paisaje Cultural Delta del Diquís (Arqueología y cultura bananera)”. Entre el 2005 y el 2009 se trabajó esta perspectiva, pero tampoco logró formalizarse.

En el 2010, y bajo el amparo del mismo Centro de Patrimonio Mundial se re-enfocó la propuesta de candidatura, esta vez bajo el paraguas de la Iniciativa Temática “Patrimonio Mundial y Prehistoria”. Este replanteamiento coincidió con la reunión de expertos invitados por UNESCO y el gobierno de Costa Rica en marzo del 2010 (International Meeting on the Comparative Analysis of the Archaeological Site Delta of Diquis). Una reunión donde los expertos reconocieron que los sitios con esferas de piedra del Sur de Costa Rica o del Diquís tenían un valor excepcional y que era válido someterlos a la lista de patrimonio mundial.

A partir de entonces, una comisión de funcionarios del Museo Nacional de Costa Rica ha venido trabajando en definir un conjunto de sitios arqueológicos con esferas en su lugar original que mantienen su integridad y su autenticidad y que ejemplifican los distintos contextos y sentidos de las esferas. Esta es la propuesta actual. Sobre ésta es la que se requiere elaborar el expediente de candidatura. Sin éste no hay declaratoria. Pero para poder presentarlo se requieren toda una serie de acciones que involucran al gobierno central, a los gobiernos y comunidades locales y a otros actores importantes vinculados al patrimonio cultural y al desarrollo socio-económico de la región.

El expediente de candidatura no es un mero trámite burocrático. No es cosa de un año o dos –salvo que previamente el país haya dedicado muchos esfuerzos a la investigación, conservación y puesta en valor del patrimonio-, es un largo proceso que implica una gran inversión de recursos económicos y humanos. Es un proceso de toma de decisiones técnicas altamente especializadas, de toma de decisiones políticas con compromisos de corto, mediano y largo plazo y de adecuación del marco legal y administrativo para garantizar el cumplimiento de los compromisos adquiridos ante la comunidad internacional.

Hace unos meses la encargada de asuntos culturales de una Embajada de Costa Rica en un país europeo me preguntaba: ¿Contra quién competimos en la candidatura ante UNESCO? Mi respuesta fue que competíamos contra nosotros mismos, que competíamos por ser competentes en la gestión de nuestro patrimonio. Le dije que teníamos que elaborar planes estratégicos acordes con los tiempos actuales, que teníamos que cambiar nuestra maneras de hacer arqueología y de transmitir el conocimiento, que teníamos que trabajar mano a mano con las comunidades locales para que el patrimonio adquiriera un nuevo valor social gracias a los beneficios que podía aportar si estaba bien manejado. Sin esto no hay candidatura que valga, por más grandes, más redondas y singulares que sean las esferas.

La declaratoria de patrimonio mundial se basa en la singularidad de las esferas de piedra precolombinas. Sin embargo, la declaratoria tiene sentido en la medida en que éstas se conserven en su lugar original, en que estén ellas y sus lugares bien conservados y cuidados. Foto Diego Matarrita.

Muchos gobiernos aspiran a las declaratorias de patrimonio mundial por lo que aportan en términos de prestigio político y por el beneficio a las economías locales, especialmente en el turismo. Una declaratoria de patrimonio mundial otorgada por UNESCO es un reconocimiento tanto al bien propuesto como al país por sus esfuerzos en la investigación, conservación, protección y puesta en valor de ese patrimonio.

En el caso de los sitios con esferas de piedra el gran reto es demostrar que, a pesar de lo irresponsables que hemos sido con estos objetos y los sitios arqueológicos donde estaban originalmente, que a pesar del olvido al que estuvieron sometidas hasta hace pocas décadas, ahora hay conciencia clara sobre el valor de esta singular manifestación humana. Y que este valor está construido a partir de una solvente y clara investigación científica –factor clave en una declaratoria-, de un cuido y protección adecuadas y de su incorporación en las estrategias de desarrollo humano, especialmente en beneficio de las poblaciones más desfavorecidas.

Categorías
Información fundamental Trapitos de dominguear

Los boruca y el teñido de algodón con caracoles marinos

Los boruca y el teñido de algodón con caracoles marinos

A la memoria de Pío González

Este blog está dedicado a las esferas de piedra precolombinas. Sin embargo, detrás de las esferas hubo gente; gente indígena cuyos descendientes aún viven y mantienen muchas prácticas tradicionales. He rescatado este texto y estas imágenes de un trabajo de investigación que hice años atrás. Es un homenaje para los artesanos y artesanas indígenas que han sabido desentrañar la naturaleza y usarla de muy distintas e increíbles maneras. Esta es una de ellas.

Desde hace al menos cinco siglos, y hasta hace pocos años, cada vez que llegaba la luna menguante del mes de marzo, parte del pueblo indígena de Boruca se ponía en marcha para vivir una aventura fascinante, de la que hoy muy pocos tienen noticia.

Los boruca, quienes viven desde tiempos muy antiguos en las montañas de la zona sur de Costa Rica (Buenos Aires y Osa, Provincia de Puntarenas) tomaban sus botes de madera tallada e iniciaban un viaje aguas abajo del río Grande de Térraba para llegar a las playas de Ventanas, Piñuela y sus alrededores. Armados con madejas de algodón, bolsos, anzuelos y algunas armas de caza, estos viajeros acampaban durante unas semanas a la orilla del mar.

Ruta del recorrido desde Boruca hasta la costa del Pacífico.

Hombres y mujeres, viejos y jóvenes bruncas retornaban a una parte del territorio donde se habían movido sin barreras antes de la llegada de los españoles. En los escarpados acantilados de la costa y en los bosques enmarañados de los alrededores se proveían de sal, tintes, medicinas, resinas, moluscos, peces y otras valiosas maravillas que sólo se encontraban en esa breve franja costera.

El viaje a la costa era un momento de trabajo intenso, que rompía con la monotonía de las tareas agrícolas en la montaña. Ni bien llegaban a la orilla del Pacífico, se dedicaban a recolectar los troncos arrastrados por el mar para hacer fogatas que iluminaban las noches de campamento y cuyas cenizas procesaban para extraer sal. Después buscaban pequeños moluscos, extraían su carne y la ponían a modo de cuentas de collar en hilos; ahumaban estos collares y otras carnes de los animales cazados o pescados en el mismo viaje: sahinos, venados, tepezcuintles y todo lo que se pudiera. Había que aprovechar el tiempo al máximo. Pero también había ocasiones para la diversión: las noches que se llenaban de historias, de cantos y quizás de atrevidas aventuras a la orilla del mar.

El viaje a la costa tenía muchos objetivos, pero el principal era teñir las madejas de algodón que las mujeres habían preparado con antelación. Este era un trabajo que hacían los hombres. Se les podía ver durante las mareas bajas entre las escarpadas rocas de los acantilados, saltando de una a otra, o suspendidos en aristas de una pared de vértigo, y con una mano sosteniendo los hilos. En cualquier momento podían perder la vida por un pie mal puesto o por una traición del mar.

Don Pío González tiñendo con caracoles en Playa Ventanas, Osa, 1995

El conocimiento acumulado los llevaba a buscar dos especies de  caracoles que soltaban una sustancia blancuzca y lechosa que se convertía en morado horas después. Surem o surem-is le llaman ellos; Plicopurpura patula subsp. pansa (Gould, 1853) y Plicopurpura columellaris (Lamarck, 1816), las llaman los científicos. Son dos especies muy parecidas que viven pegadas en las rocas en las zonas donde sube y baja la marea. No sólo se encuentran en Costa Rica; se las encuentra a lo largo de la costa del Pacífico desde Baja California Sur hasta la costa norte de Perú.

Caracol usado para teñir. Playa Ventanas, Osa

En muchas partes del mundo se han usado distintas especies de caracoles para teñir. En la mayoría de los casos los moluscos morían durante el proceso, porque los trituraban para extraerles el tinte. Sin embargo, los boruca han usado una técnica de teñido directo, que consiste en extraer la sustancia tintórea del animal vivo mediante la estimulación individual de cada ejemplar.

Distribuidos entre las rocas, los hombres buscaban los caracoles, los despegaban, los sacudían para eliminar el agua salada y se los acercaban a la boca. Con la parte abierta del caracol a pocos centímetros, soplaban con fuerza suficiente para estremecer al animal escondido en el interior de su concha. El acosado animal expelía inmediatamente una sustancia lechosa, la que con cuidado de artesano era derramada sobre la madeja de algodón. “Ordeñado”, el caracol volvía al mismo lugar de donde había sido arrancado y así, caracol tras caracol, la madeja quedaba bañada en ese líquido que la convertiría en un apetecido y valioso material: algodón morado.

Caracol con el interior de su concha lleno del líquido que tiñe.

Cumplida su misión, cada hombre entregaba a su mujer las madejas teñidas. Ahora le tocaba a cada una de ellas enjuagarlas con agua salada y ponerlas a secar. Además de los caracoles, la naturaleza, ponía el oxigeno y la luz, sin los cuales no se produciría la reacción química que permitía el tinte directo y que garantizaba a los caracoles seguir viviendo y ser reutilizados tiempo después.

Madeja de algodón recién teñida con caracoles.

Después de por lo menos una o dos semanas a la orilla del mar y aprovisionados de todo lo que podían aprovechar de la costa, los hombres y mujeres boruca regresaban río arriba. Ya tenían mucho de lo que necesitaban para el resto del año y podían dedicarse de nuevo a las labores de cada uno. Las mujeres que habían conseguido teñir madejas podían incorporarla a sus tejidos o bien intercambiar parte de ellas con vecinas que no tenían la suerte de contar con marido o familiares que le convirtieran el simple algodón blanco en la valiosa fibra morada.

El hilo teñido con caracoles adquiría un valor especial dentro de la gama de colores que utilizaban las tejedoras boruca en sus telares. Además del blanco tradicional y del raro algodón café o tocolote, que también cultivaban, los tejidos se coloreaban con fibras de color verde, amarillo, azul, negro y anaranjado, todas ellas teñidas de manera natural y con  materiales conocidos y manejados desde tiempos antiguos.

El hilo morado obtenido mediante el “ordeño” de los caracoles era altamente valorado. Los boruca de mayor edad dicen que era el color relacionado con las personas poderosas. Un color que en tiempos precolombinos era usado por la gente importante al que no todos tenían acceso. En tiempo de la colonia los tejidos con hilo morado siguieron teniendo gran valor: los misioneros y gobernadores obligaban a los boruca a tributar grandes cantidades como se puede leer en varios documentos de la época.

Detalle de manta boruca con fibras moradas teñidas con caracoles. Trabajo de Doña Margarita Lázaro, 2001.

Todo lo narrado anteriormente suena a pasado remoto. Sin embargo, los boruca son uno de los seis pueblos indígenas que todavía existen en Costa Rica. En tiempos precolombinos habitaban en buena parte del Pacífico Sur, pero durante el proceso de conquista y colonización española fueron concentrados en el actual poblado de Boruca y en sus cercanías. En la actualidad, siguen desplazándose hacia la costa para teñir con caracoles. Ahora vienen  en autobús o vehículos alquilados; donde antes acampaban a sus anchas ahora es propiedad privada o zona natural protegida. No pueden cazar porque ya no hay qué cazar y porque aunque hubiera, está prohibido. La sal ya la pueden comprar en la pulpería y hay toda una variedad de hilos teñidos de manera industrial  a su disposición, siempre y cuando puedan comprarlos.

A pesar de la mercantilización y de la fuerte presión externa, las tejedoras boruca siguen cultivando su algodón, tiñendo y tejiendo. Cuando pueden, algunos hombres y mujeres se desplazan hacia la costa y tiñen unos puñados de algodón con el color que siguen extrayendo de los caracoles. Es por eso que no es extraño encontrar en tiendas de recuerdos para turistas alguna manta, mochila o un bolsito elaborado con hilos de un color morado acuoso. Posiblemente el comprador no sabrá nada acerca de esas pocas fibras y la historia que contienen. Quizás no se enteren de que los boruca, junto con los mixtecos de Pinotepa de San Luis, Oaxaca, México, son posiblemente los únicos pueblos indígenas que todavía usan el sistema de teñido directo con caracoles. Tampoco sabrán que ésta es una técnica muy antigua y que es un sistema sostenible, tanto en términos ecológicos como sociales, ya que ni muere el caracol ni mueren socialmente quienes la practican.

Nota: este texto es un resumen de los  siguientes artículos:

Quintanilla, I. 2002. “Moluscos, tintes y textiles: historia del uso del tinte morado entre las artesanas borucas de Costa Rica”. Actas de las II Jornadas Internacionales sobre textiles precolombinos (V. Solanilla, ed), Universitat Autònoma de Barcelona-Institut Catalá de Cooperació Iberoamericana, Barcelona, pp:43-59.

Quintanilla, I. 2004. “La técnica de teñido directo con caracoles: el ejemplo de los boruca de Costa Rica”. PURPURAE VESTES. I Simposium Internacional sobre Textiles y Tintes del Mediterráneo en época Romana (C. Alfaro, J.P. Wild y B. Costa, eds.), España, pp.245-252.

Aquí también está sintetizada gran parte de la información facilitada por el finado Pío González, su esposa Margarita Lázaro y otras personas de Boruca y Uvita quienes gentilmente tuvieron la paciencia y la amabilidad de orientarme en este tema.


Categorías
Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas Esferas en riesgo

La triste belleza del abandono: esferas y patrimonio histórico-arquitectónico en Bahía Ballena

Esferas de Bahía Ballena, Osa,

La vida de las esferas en el trópico húmedo es una historia de resistencia permanente. Esferas de Bahía Ballena, Osa.

 

 

Otra vista de dos de las ocho esferas removidas de su contexto original y hoy día situadas en Bahía Ballena, Osa.

 

 

Esfera y casa declarada patrimonio histórico-arquitectónico según la Ley 7555. La ruina domina el paisaje y muestra como se trata una parte del patrimonio cultural en el Sur de Costa Rica.
Otra vista de la casa patrimonial y una de las esferas precolombinas de Bahía Ballena, Osa.
Esfera-ecosistema tropical. Bahía Ballena, Osa
Categorías
Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas

Una esfera para honrar

Esfera precolombina. Municipalidad de Osa. Foto: Diego Matarrita

En 1999 la Municipalidad de Osa recibió un gran regalo: el Museo Nacional de Costa Rica decidió ubicar una de las nueve esferas “repatriadas” a Osa en la sede de la Municipalidad. Fue parte de un acontecimiento muy importante, ya que se devolvían a la región Sur, específicamente a Osa, un grupo de esferas que habían sido trasladadas hacia el Valle Central en distintos momentos de los años 60´s y 70´s del siglo pasado.

En la Municipalidad de Osa se ubicó la más grande del grupo. Con sus 175 centímetros de diámetro y sus más de cuatro toneladas, esta esfera constituye uno de los más bellos y mejor conservados ejemplares de la monumentalidad y del fino acabado de las esferas precolombinas fabricadas en gabro.

Su lugar preciso de procedencia arqueológica se perdió porque fue movida sin ningún tipo de control. En San José estuvo ubicada en uno de los jardines de la sede principal de la Caja Costarricense de Seguro Social. Esta institución la cedió al Museo Nacional en 1999 y fue entonces cuando se reinstaló en Osa, en un nuevo espacio y con un nuevo sentido.

Hoy, la Municipalidad de Osa luce este bello ejemplar que se ha convertido en uno de sus símbolos. Ojalá que este privilegio sea honrado y que el gobierno local sepa defender, dignificar y poner en el lugar que le corresponde a este importante patrimonio arqueológico.

Categorías
Esferas de piedra precolombinas Esferas en riesgo Lo que pienso de ...

Estrellas de vidrio a cambio de esferas de piedra: por qué digo NO al Proyecto Esferas

En estos tiempos de indignación hasta por las esferas precolombinas de Costa Rica hay que gritar. No sólo es el abandono y descuido de muchas, muchísimas de ellas; es también el inapropiado uso que se hace de ellas, no sólo como objetos materiales, sino también por el uso malintencionado de la información acerca de ellas y todo lo que las rodea.

En estos meses un astrólogo de Madrid -Vicente Cassanya- está promocionando un encuentro internacional en Osa. Lo llama el Proyecto Esferas y está respaldado por la Municipalidad de Osa. A continuación un video promocional sobre la actividad que planean celebrar en el próximo mes de octubre:

http://lapiramide.tv/terra/esferas/

Ya me había formado una idea de las intenciones de este señor y su proyecto. Ahora al ver su video promocional y leer lo que presenta en  distintas páginas web no tengo la menor duda: ESPECULACIÓN, PSEUDO-CIENCIA, INTERESES ECONÓMICOS OSCUROS, NEGACIÓN DEL CONOCIMIENTO GENERADO DESDE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, IMPROVISACIÓN Y PRINCIPALMENTE, USO INESCRUPULOSO DEL PATRIMONIO CULTURAL DE UN PAÍS QUE NO ES EL SUYO.

Es lamentable que en el contexto de formulación de un expediente de candidatura de los sitios con esferas de piedra como patrimonio mundial salga una institución pública, el gobierno local más involucrado hasta ahora con la protección de las esferas, respaldando un proyecto como éste.

Un elemento fundamental en los procesos de candidatura como patrimonio mundial es el conocimiento. Este tiene que ser un conocimiento de calidad, solvente, reconocido social y académicamente y , principalmente, generado desde los procedimientos científicos. No pueden venir a decir ahora que no se sabe nada sobre las  esferas, que nadie las conoce, que no es importante estudiarlas -para qué medirlas, según el señor Cassanya-. Lo que importa y vale es la “experiencia vivencial”, la capacidad transformadora de las esferas”, “recibir la energía que emiten”. Pero en qué cabeza cabe apoyar un proyecto que devalúa el objeto patrimonial que le ha dado realce a una región. Es absurdo, irresponsable y sospechoso.

¿Cómo es posible que desde una municipalidad se apoye un proyecto que niega los estudios arqueológicos, que subestima el trabajo que se ha generado a lo largo de muchos años y que alimenta la idea de las esferas desconocidas, sin pasado, sin historia? ¿Por qué han dado este paso en la Municipalidad de Osa? ¿Por qué importantes dirigentes locales, algunos de ellos muy comprometidos con el trabajo del Museo Nacional de Costa Rica, apoyan esta iniciativa? ¿Es por la promesa de traer turistas? ¿Es por salvar la temporada verde con la llegada de cientos de turistas interesados en las esferas y la riqueza natural de Osa?

Es irresponsable promover el turismo alrededor de las esferas y de los sitios con esferas en un momento como éste, donde no existe la infraestructura para desarrollar un turismo cultural de calidad. Todavía no hay planes de manejo para la gestión de los sitios con esferas, no hay medidas permanentes de protección y de puesta en valor. ¿Cómo entender este salto al vacío?¿Cómo entender que no haya comunicación entre  la Municipalidad de Osa y el Museo Nacional, que es el que lleva adelante el proceso de candidatura y es el que tiene a su cargo el patrimonio arqueológico que está siendo utilizado como señuelo por el Proyecto Esferas del señor Cassanya?

Con las esferas de piedra ha pasado de todo: destrucción, expolio, traslados sin control, mala gestión por parte del Estado. Quizá sea hora de decir BASTA, de poner las cosas en su sitio, de exigir respeto, responsabilidad y buen hacer. Ya se han cometido muchas barbaridades con el patrimonio arqueológico del Sur. Ahora no va a venir un señor barbado ofreciendo estrellas de vidrio a cambio de esferas de piedra. NO, NO y NO.

Categorías
Biografías de esferas Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Escultura en piedra Escultura precolombina de la gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas Información fundamental Sitios arqueológicos con esferas Sitios con esferas como patrimonio mundial

Mirando las esferas más allá de Osa: algunos datos sobre los sitios con esferas precolombinas

A veces, de tanto mirar las esferas y de enfocar la atención en Osa, se pierde la perspectiva de qué fue lo que representó este fenómeno en tiempos precolombinos y su relación con otros elementos culturales. Por esto es importante tener en mente que las esferas estuvieron insertadas en un mundo mayor y complejo, donde había otros objetos, muchas personas, y donde se dieron distintas dinámicas sociales, económicas, políticas e ideológicas como en cualquier sociedad o grupo humano.

Esfera precolombina del sitio Bolas. Por razones desconocidas se encuentra en el lecho de una quebrada, muy cerca del sitio arqueológico. Foto: I. Quintanilla, 2008
Las esferas de piedra se encuentran en distintos lugares del Pacífico Sur. Buenos Aires es uno de esos lugares y el sitio Bolas uno de los más importantes sitios con esferas y otros elementos precolombinos. Esfera precolombina del sitio Bolas. Foto: I. Quintanilla, 2008

Por otra parte, hay que mirar más allá de Osa, más allá de Finca 6 y de otros sitios cercanos, y enfocar las esferas y los sitios arqueológicos a los que están relacionadas desde una perspectiva más amplia, integral y regional.

En el Pacífico Sur de Costa Rica había otros pueblos, anteriores y contemporáneos a los de las esferas, que no fabricaban ni usaban estos objetos. Pueblos que compartían unas cosas, y otras no. Por eso hay similitudes en los objetos cerámicos, en los instrumentos de trabajo, en la manera de ocupar el territorio, entre otros aspectos. Sin embargo, parece ser que el  mundo de objetos simbólicos materializados en piedra no era compartido. Esto indica que había diversidad cultural, al igual que la hay hoy día en la región.

Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Colección museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.
Vasija hecha de barro con tres soportes en forma de peces. Es un tipo de objeto compartido en todo el Pacífico Sur. Colección Museo Nacional de Costa Rica. Foto: Diego Matarrita.

Las esferas fueron un objeto más dentro de la variedad de producciones precolombinas del Pacífico Sur; no lo abarcan todo; no explican el todo sino una parte; tampoco determinan el conjunto. Independientemente de su singularidad, y en algunos casos monumentalidad, las esferas deben ser colocadas en el lugar que les corresponde dentro de la arqueología a partir de la investigación, y no por la subjetividad de las emociones que nos generan.

Fue en la sub-región Diquís de la región cultural Gran Chiriquí donde el fenómeno cultural de la producción y uso de objetos de forma esférica alcanzó unas dimensiones únicas y singulares en el mundo.

A la fecha existen registros de casi 1000 sitios arqueológicos en el Pacífico Sur. Lo registrado a la fecha comprende sitios habitacionales, funerarios, abrigos rocosos, petroglifos aislados o en conjunto y talleres, principalmente. La mayoría son ocupaciones que corresponden a los tres últimos milenos. En su mayor parte son poblados de grupos sedentarios, agrícolas, con alfarería, con la tecnología de la piedra picada y pulida, y en los períodos más recientes (después de 800 d.C. aproximadamente), con metalurgia basada en el oro y el cobre.

Cada punto indica un sitio arqueológico. Es importante destacar la concentración que hay en la cuenca del río Térraba. Otros lugares están sub-representados porque han sido poco estudiados, no por que no hayan sido ocupados en tiempos precolombinos .

De estos casi 1000 sitios arqueológicos hay información sobre esferas en 56 de ellos. Esto representa un porcentaje muy bajo, pero es importante recordar que los casi 1000 sitios constituyen el conjunto de lo conocido para más de 10 000 años de ocupación precolombina de esta parte del continente americano.

Las esferas se produjeron y usaron aproximadamente desde el 400/500 después de Cristo (d.C.) hasta la conquista española. Es decir que se usaron a lo largo de un milenio, en la parte más reciente de las ocupaciones precolombinas. Además de los 56 sitios con esferas, en ese mismo período hubo muchos más lugares con ocupación humana en la región.

cuadro cronosocial diquis

El número de sitios con esferas es relativamente bajo, mientras que el número de esferas es muy superior, con un número confirmado de 300 ejemplares. Esto quiere decir que se extrajeron esferas de sitios que no fueron documentados, o bien que había sitios donde se concentró una cantidad significativa de esferas. Lo más probable que las dos cosas hayan ocurrido.

Mapa del Pacífico Sur con la ubicación de los sitios arqueológicos con registros de esferas. Elaborado por Felipe Sol con información proporcionada por I. Quintanilla.

Un aspecto muy importante para dejar de mirar solo a Osa y al delta del Diquís, y para empezar a propiciar una imagen más amplia y acorde con lo que ofrecen los datos arqueológicos, es que los sitios con esferas que se conocen están vinculados principalmente al río Grande de Térraba y a la Cordillera Costeña, independientemente de si son más antiguos o más recientes. El Delta del Diquís fue un lugar  de gran importancia para las poblaciones con esferas, pero no fue el único ni parece haber sido el primero.

La cuenca del río Grande de Térraba y la Cordillera Costeña son los dos ejes alrededor de los cuales se situán la mayor parte de sitio con esferas de piedra.

Dentro la cuenca del Grande de Térraba, las tierras cercanas a sus dos afluentes principales -los ríos General y Coto Brus- en la Cordillera Costeña formaron parte del territorio de la gente con esferas. La excepción parece haber sido la parte alta de la cuenca del General (río Chirripó Pacífico) donde los registros son inexistentes. Esto no se debe a la falta de estudios. Al contrario; se han hecho investigaciones intensivas en algunos sitios de gran importancia, como por ejemplo Rivas, donde además abundan las rocas de grandes dimensiones, y no se han registrado esculturas esféricas y casi que de ningún otro tipo.

Hay varios sitios arqueológicos con esferas ubicados fuera de la cuenca del río Térraba. Por ejemplo en Golfito y alrededores hay sitios registrados; en la isla del Caño también se han documentado, así como en Drake, en Uvita y otros puntos.

Fragmento de esfera precolombina del sitio arqueológico La Reina en Pérez Zeledón. Hay sitios poco conocidos y poco estudiados como éste. Todavía falta mucho por estudiar y proteger. Foto: I. Quintanilla.

Es curioso también el escaso número de sitios con esferas (dos nada más) registrados en el lado panameño. Es como si las esferas no hubieran cruzado la actual frontera política entre Costa Rica y Panamá, a pesar de que en tiempos precolombinos formaban parte de una misma región cultural (la Gran Chiriquí).

Esferas sitio Barriles 2
Esferas halladas en las cercanías del sitio barriles en Panamá. A pesar de los cercanos vínculos culturales, del lado panameño de la Gran Chiriquí no se han encontrado esferas de tamaño monumental como en el Diquís.

La parte baja de la cuenca del río Térraba -el delta del Diquís- es donde se ha registrado el mayor número de esferas. Sólo en el sector de Palmar Sur-Sierpe hay más de 120 documentadas. En este mismo lugar se han llevado a cabo excavaciones que han mostrado la complejidad arquitectónica de los lugares donde había esferas, como es el caso de Finca 4 y Finca 6 (excavaciones llevadas a cabo por el Museo Nacional de Costa Rica).

Esferas fabricadas en gabro y caliza procedentes de Finca 4. Todavía se conservan en los alrededores del sitio. De 30 esferas conocidas, sólo quedan unas pocas cerca del lugar y una o dos en su lugar original.

Con respecto a la diferencia entre número de sitios registrados y cantidad de esferas conocidas es destacable que al sumar los registros de esferas hay lugares como Finca 4 , en Palmar Sur-Sierpe donde se han extraído cerca de 30. También destaca Bolas con unas 20.  Desgraciadamente, en ambos lugares apenas quedan unas pocas esferas en su lugar original; en la gran mayoría no queda ninguna, salvo el caso excepcional y único de Finca 6, con su conjunto de esferas.

Uno de los aspectos más interesantes que genera pensar en las esferas y sus contextos arqueológicos es por qué en unos lugares las usaron y en otros no. No hablamos de lugares lejanos, sino de lugares vecinos, separados a veces por un río o unas montañas. ¿Qué hizo que unos dedicaran grandes esfuerzos, mucha energía y recursos para fabricar, trasladar y emplazar grandes esculturas esféricas y otros no?

Un gran número de esferas de piedra destacan por su monumentalidad, su forma casi perfecta y el acabado fino de sus superficies. Este es un exquisito ejemplo: 195 cm de diámetro, simetría esférica casi perfecta y unas 10 toneladas de peso. No fue tarea fácil crear estas esculturas. Foto: Diego Matarrita.

Además, surgen otras preguntas: ¿Cómo se generó tal diversidad cultural en un territorio relativamente pequeño como el Pacífico Sur? ¿Qué fue lo que hizo que un tipo singular de objeto se mantuviera en uso durante casi mil años, mientras otros objetos cambiaron o desaparecieron? ¿Qué pasó en el delta del Diquís donde se dedicaron a fabricar esferas y muchos otros objetos de piedra y metal? ¿A cuenta de qué tanto trabajo en objetos no básicos para la vida cotidiana? ¿Por qué en Rivas y zonas cercanas no incorporaron las esferas si eran contemporáneas a la metalurgia que sí fabricaron y usaron con gran profusión?

Hay muchas preguntas y poco misterio. Es en el ámbito del conocimiento donde las esferas requieren ser situadas para poder revalorizarlas, entenderlas y apreciarlas, y más que todo para que ayuden a entender a las sociedades que las produjeron y usaron y a las vecinas que no lo hicieron.

Por ahora hay un dato claro: las esferas de piedra no son un patrimonio exclusivo del Cantón de Osa. Ahí se concentra la mayoría, pero otros lugares como Golfito y Bolas tienen esferas de mayor antigüedad. Entender este pequeño detalle es algo importante. Y lo es porque el cuido, la investigación, la protección y la puesta en valor debe ir mas allá de Osa y de unos pocos sitios arqueológicos situados en este cantón.

Categorías
Biografías de esferas Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas Esferas en riesgo Información fundamental

¿Cuántas esferas se conocen?

Una de las preguntas más habituales acerca de las esferas de piedra precolombinas se refiere al número de ejemplares que se han inventariado. En realidad, esta pregunta se puede dividir en dos:  ¿Cuántas fueron fabricadas en tiempos precolombinos? y ¿Cuántas conocemos hoy día?

Para la primera no hay una respuesta en este momento, ya que la región donde se localizan los sitios arqueológicos con esferas –Pacífico Sur de Costa Rica- no ha sido estudiada exhaustivamente. Su arqueología es fragmentaria y las excavaciones en gran escala han sido muy escasas. Por otra parte, ha habido gran destrucción de sitios arqueológicos completos o parcialmente. En los que había esferas se perdió la información, ya que no hubo ningún tipo de registro o documentación. Es por eso que hoy tenemos un rompecabezas con muchas piezas desaparecidas; los principales vestigios son las mismas esferas, aunque la mayoría de ellas son anónimas, sin datos de familia ni origen, salvo de que provienen del Sur del país.

Esferas del sitio Bolas fotografiadas en los años sesenta del siglo pasado en su lugar original. Hoy están situadas en la escuela del mismo pueblo de Bolas

Lo anterior no quiere decir, en absoluto, que no tengan valor; al contrario. Todavía tienen mucho que decir y los más importante es que lo poco que se conserva en su lugar original cobra un valor especial, ya que lo que fue nunca más será y lo que hay es un tesoro único e invaluable.

Con respecto a la segunda pregunta -¿cuántas se conocen?- a continuación se presenta un breve recorrido de lo que se ha hecho en términos de inventarios.

El primer listado de esferas lo hizo Samuel K. Lothrop a finales de la década de 1940, cuando estuvo en el Delta del Diquís llevando a cabo estudios arqueológicos. Lothrop publicó un libro en 1963 donde aporta información sobre 50 esferas halladas en las fincas bananeras de Palmar Sur-Sierpe. Además,  hizo una lista con otras 136 ubicadas en otras partes de la región, basándose en información que recopiló entre distintos informantes, pero que no confirmó personalmente.

La información que aportó Lothrop es muy importante porque él, al igual que Doris Stone, conocieron los sitios más importantes con esferas cuando aun no se había construido la carretera Interamericana ( a partir de ésta se inició el expolio y el traslado de muchas de ellas) y cuando estaba en proceso el desmonte de buena parte del Sur del país; proceso que iba dejando al descubierto diversos sitios arqueológicos.

Después de la publicación de Lothrop pasaron casi 40 años en los que hubo registros puntuales de esferas pero no listados ni inventarios. En 1991, cuando yo era funcionaria del Museo Nacional de Costa Rica y llevé a cabo una prospección en el Delta del Diquís y sus montañas circundantes (Serranías de Osa y Cordillera Costeña), empecé a encontrar sitios arqueológicos con esferas. Aunque no era el objetivo inicial del proyecto (Hombre y ambiente en el Delta de Sierpe-Térraba), el hallazgo de esferas en 11 de los 57 sitios registrados, aunado a la gran cantidad de esferas removidas que se encontraban en distintos puntos de la región, me llevó a iniciar un inventario para el que diseñé un formulario.

Entre 1992 y 1998, año en que dejé mi cargo en el Museo Nacional, mantuve ese inventario, el cual se enriqueció con la ayuda de distintos colaboradores. En 1998 el inventario tenía 110 esferas que se localizaban en la región Sur, especialmente en los cantones de Osa, Buenos Aires y Pérez Zeledón.

Posteriormente, al iniciar mis estudios de doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona retomé el inventario de esferas para mi trabajo de especialización profesional (Las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica: descifrando el “enigma” desde la arqueología) presentado en el 2004. Era un inventario dirigido tanto a ubicar como a describir las principales características de las esferas con fines de investigación. Mi trabajo concluyó con el inventario de 186 esferas que fueron la base de mis análisis.

Mi esposo, Roberto, ayudándome a medir la circunferencia de una de las esferas de Hacienda Victoria en el 2003. Palmar Sur, Osa.

Entre el 2005 y el 2008, la Auditoría Interna del Museo Nacional de Costa Rica llevó a cabo un inventario de esferas localizadas fuera de las instalaciones de la institución. Este inventario lo hizo la Auditoría con el fin de conocer cuántas esferas había, dónde estaban y en que condición.  Lo hizo en  coordinación con el Departamento de Protección del Patrimonio Cultura de la misma institución, departamento que a su vez tiene bajo su responsabilidad el Registro Público del Patrimonio Nacional Arqueológico, según la ley 6703 (Ley de Patrimonio Nacional Arqueológico).

En el último informe de Auditoría del 2008 (A.I. 002-2008-Inf) se presenta un listado ilustrado de 151 esferas registradas en distintos cantones de la región Sur: Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Golfito y Coto Brus. No se incluyeron las esferas ubicadas en residencias privadas o localizadas en instituciones públicas del Valle Central.

A la fecha el trabajo de la Auditoría Interna del MNCR constituye un importante e innovador esfuerzo a la vez que constituye una herramienta legal, ya que todo lo que fue inventariado figura como bien del estado. Esto es muy importante, ya que obliga tomar una serie de acciones en términos de la tenencia de este patrimonio.

En el 2007, cuando preparé el texto y la documentación para mi libro Esferas Precolombinas de Costa Rica que publicó la Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica, actualicé la base de datos de mi inventario. Para el libro trabajé con un inventario de 210 esferas.

Como parte de mi tesis doctoral dedicada al estudio del conjunto escultórico de la Gran Chiriquí, reinicié mi propio inventario de esferas que al mes de mayo del 2012 suma 290. Aquí se incluyen todos los casos conocidos, los  publicados en libros, los ubicados fuera del país y lo que están guardados en depósitos de varios museos nacionales, especialmente del Museo Nacional de Costa Rica.

Todavía no se ha llevado a cabo un inventario de las esferas que se encuentran dispersas en el Valle Central ni en otras partes del país. Asimismo, el aumento de investigaciones arqueológicas en la región Sur está generando nuevos hallazgos de esferas, tanto por parte del Museo Nacional de Costa Rica como del ICE y otras instituciones como parte de estudios de impacto arqueológico.

Esferas de Finca 6 en 1993. Este es el único sitio que aun mantiene un conjunto de esferas en su lugar original. Cinco de ellas, incluidas las dos de la foto, forman un agrupamiento especial.

En conclusión, el dato mas concreto que hay en este momento en términos de ejemplares inventariados (medidos, descritos, fotografiados, ubicados geográficamente, entre otras variables) da un resultado de 290 esferas. Si se incluyeran las esferas removidas ubicadas en el Valle Central quizá el número sea superior a los 350 ejemplares. Lo que depare la investigación en sitios sin alterar será una sorpresa, sea para incrementar el número o para constatar que estos objetos son finitos, que lo que tenemos es lo que hay y que es con esto con lo que tenemos que trabajar.

Categorías
Biografías de esferas Esferas de piedra precolombinas Esferas en riesgo Información fundamental

La salud de las esferas de piedra precolombinas de Costa Rica

He preparado una presentación en PREZI sobre algunos aspectos relacionados con la salud de las esferas precolombinas y los problemas que las aquejan. Invito a tod@s a entrar en el siguiente enlace:

http://prezi.com/qntehrvwnjts/salud-esferas-precolombinas/

Categorías
Biografías de esferas Conjunto escultórico de la Gran Chiriquí Esferas de piedra precolombinas Esferas en riesgo Información fundamental Sitios arqueológicos con esferas Sitios con esferas como patrimonio mundial

¿Dónde están las esferas precolombinas de Costa Rica?

¿Dónde están las esferas de piedra? 
Están en:
• Zonas verdes de instituciones públicas o propiedades privadas.
•Potreros o campos de cultivo en propiedades privadas.
•Cauces de ríos o quebradas.
•Depósitos institucionales (salas de exposición o bodegas).
•Bosques primarios o secundarios.
Ha sido usual ubicar las esferas en espacios abiertos como jardines o zonas de paso
¿En posesión de quienes están?

– Alrededor de un 20% de las esferas – especialmente las de pequeño formato – están en posesión del MNCR; el resto permanece en propiedades  privadas o en instituciones públicas de carácter no patrimonial.

– El espacio más común de ubicación de esferas actualmente son los jardines.

 

•A la fecha menos de 60 esferas se encuentran ubicadas dentro de instalaciones techadas y con temperaturas relativamente controladas.
•Son principalmente esferas de pequeño formato que se guardan en los depósitos de instituciones públicas, especialmente en el Museo Nacional de Costa Rica.
•El resto (más de 220) se encuentra expuesto a la intemperie.
•Salvo los pocos ejemplares que se encuentran in situ (menos de 14), algunas de las cuales están cubiertas por sedimentos, las demás están totalmente expuestas o semi-expuestas.
El abandono y el cuido inadecuado es uno de los mayores problemas que sufren las esferas. La tenencia en propiedades privadas impide el cuido, el mantenimiento y muchas veces la investigación de las mismas.

A la fecha no existe una política nacional definida de cómo se van a gestionar las esferas en su conjunto, ni de cómo se va a gestionar la complicada situación de su tenencia. 

 

 

 

Categorías
Esferas de piedra precolombinas Información fundamental Sitios arqueológicos con esferas Sitios con esferas como patrimonio mundial

Reflexiones sobre patrimonio arqueológico y turismo en Costa Rica

Artículo que escribí y fue publicado en la revista TECNITUR de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (ACOPROT). Número especial del 2011 dedicado al turismo cultural

Enlace: http://tecnitur.com/site/articulo.php?id=48#

La arqueología como recurso turístico ha sido predominantemente visualizada y desarrollada bajo el criterio de la monumentalidad. En general, esta monumentalidad está relacionada con antiguas sociedades de tipo estatal; los restos de otras sociedades menos complejas, y que son la mayoría en la historia de la humanidad, han tenido menos suerte. En el caso del continente americano, esto tiene importantes implicaciones ya que afecta la visión del pasado, la percepción de las comunidades indígenas y la inversión en investigación, protección, divulgación y puesta en valor de los restos arqueológicos.

En Costa Rica los recursos arqueológicos han tenido un uso muy limitado en la oferta turística. Esta limitación obedece básicamente a dos razones. Por una parte, la visión predominantemente academicista contraria a la “mercantilización” que caracteriza en gran medida a quienes trabajan con el patrimonio cultural en América Latina. Por otra parte, el prejuicio de los desarrolladores turísticos por la falta de monumentalidad de nuestro patrimonio y la consideración de que no puede competir con lo que poseen países como Guatemala, México o Perú.

El Monumento Nacional Guayabo es el único sitio precolombino con estructuras arquitectónicas de gran complejidad que está habilitado para la visitación turística en Costa Rica.

El patrimonio arqueológico de Costa Rica tiene un gran potencial turístico. Es un patrimonio singular porque produjo una cultura material propia en cada región. Lo que hay en Costa Rica difícilmente se encuentra en otros sitios arqueológicos de América. La diferencia radica en cómo distintos pueblos produjeron distintas expresiones, transformaron la naturaleza y la utilizaron a través del tiempo.

Por las características del patrimonio arqueológico del país es necesario fortalecer al máximo la generación de conocimiento, ya que ésta es la vía para entender el valor que tienen los restos precolombinos como acervo del desarrollo de la humanidad. El conocimiento es vital para tomar decisiones de qué, cómo, por qué y para qué desarrollar un sitio arqueológico y no otro; de qué exponer o no en un museo, entre otras cosas. También es fundamental para educar, crear valores y convertir el pasado en historia.

El conocimiento como creador de valor requiere el uso de métodos y técnicas acordes con los tiempos actuales. Esto implica el cambio de las estrategias de investigación, conservación y preservación del patrimonio. Implica el cambio de pequeños proyectos individuales a equipos de investigación interdisciplinarios, con visión de mediano y largo plazo. Pero este cambio necesario en la manera de hacer la Arqueología, no puede llevarse a cabo sin mayor inversión pública y privada. Un ejemplo de necesidad inmediata de diálogo y de establecimiento de alianzas estratégicas es la intención de proponer la candidatura de los sitios con esferas de piedra del Pacífico Sur como patrimonio mundial ante la UNESCO.

Una declaratoria de este tipo no es un asunto burocrático-institucional. Es la constatación de un acuerdo colectivo de qué es lo quiere el país, por qué pide que el mundo reconozca el valor de ese patrimonio y cuál es el compromiso que adquiere ante la humanidad si le otorgan tan alto estatus.

Para que las esferas de piedra y los sitios arqueológicos que todavía las conservan en el lugar original tengan un valor universal primero que todo deben ser reconocidas localmente. Sabemos que las esferas de piedra del Pacífico Sur de Costa Rica son uno de los ejemplos más destacados del arte y de la tecnología precolombina y que constituyen uno de los objetos más singulares del patrimonio arqueológico mundial. Su valor no sólo radica en la forma casi perfecta y que se hayan hecho más de 300 o que se hayan fabricado a lo largo de casi mil años; valen por lo que representan en la historia de la humanidad. Su creación es un ejemplo de la grandiosa capacidad humana de crear objetos que superan las limitaciones técnicas y las condiciones del ambiente.

Esferas removidas de su contexto original pero de gran valor social actual. Parque público de Palmar Sur, Osa

Hace unos años el I+D –Investigación y Desarrollo– era una aspiración en muchos países. Ahora se aspira al I+D+i, con la Innovación como nuevo eje. En la arqueología nacional, los dos primeros apenas se vislumbran y la innovación suena a quimera. Sin embargo, una postulación como patrimonio mundial por un recurso arqueológico como los son los sitios con esferas de piedra precolombinas nos obliga a ir hacia estos tres ejes. A la fecha poco se ha avanzado.

No obstante, esta aspiración puede generar una profunda transformación en la manera de hacer arqueología y en la manera en que se hace turismo cultural en este país. Es necesario pasar cuanto antes a la acción, y la acción empezará cuando se conjugue la ciencia con la gestión y cuando haya una real inversión económica pública y privada.